"Sí, Capitán"

Esa era la frase que Stan le oía más seguido de Charlotte, su compañera y colega subordinada, cuando le decía algo. Podía ver en esos ojos claros la admiración y el respeto que le tenía, desde el primer día en que ella se unió a su escuadrón militar de élite de las fuerzas armadas de los marines de Estados Unidos. Y miles de años después, cuando revivieron en el nuevo mundo de piedra y su relación y jerarquía se mantuvo, eso no cambió. La había elegido personalmente de entre el grupo de militares novatos que había ingresado a la armada, esa joven le había pateado el trasero en destreza a más de la mitad de los hombres del grupo, sin dejarse intimidar por los comentarios y burlas de sus compañeros por ser una de las pocas mujeres del grupo, además de llamar la atención de aquellos por su escultural y curvilínea figura. No podía culparlos por lo segundo, incluso un militar tan disciplinado y controlado como él había dejado sus ojos vagar más de la cuenta por aquellas curvas, en especial cuando el uniforme militar le marcaba esa figura de reloj de arena tan seductora. Y cuando los nuevos trajes estilo catsuit estuvieron listos para vestir en aquel nuevo mundo, no dejaba mucho a la imaginación cada bendita curva y músculo que ella tenía, Charlotte era sin duda una preciosura.

El problema era que entre la política de "no mezclar trabajo con placer", la jerarquía de capitán y subordinada, y el hecho de que ella lo respetaba demasiado, no habían tenido una interacción a nivel personal en el siglo XXI. Eso cambió un poco en el mundo de piedra, cuando la eligió como su mano derecha y le otorgó la confianza de acompañarlo en variadas misiones de vigilancia y reconocimiento, así como en pilotar los aviones que Xeno había diseñado. Varios días y noches habían compartido el trabajo de vigilancia del área, así como de cazar animales salvajes que podrían peligrar la vida del ganado que estaban manteniendo como fuente de comida. No hablaban mucho, ella rara vez iniciaba la conversación y él no era muy hablador, se había acostumbrado a ser de lo que oían, más teniendo a Xeno como amigo desde la infancia. Pero que no estuvieran forzándose a sacar temas de conversación para evitar la incomodidad del silencio era más bien una ventaja, ya que sabían acompañarse y comunicarse a un nivel sutil y natural.

Por un momento, Stan había dudado si ella sería una de esas admiradoras sosas y demasiado dependientes, sin personalidad propia y tratando de complacerlo en todo, aun a costa de expresarse fuera de sus propios valores con tal de caerle bien. Pero no pasó mucho tiempo hasta que se dio cuenta que ese no era el caso, y que Charlotte tenía mucha confianza en sí misma, además de dar opiniones con seguridad, por lo que poco a poco se volvió más interesante compartir algunas charlas, así como buscar su compañía por fuera de aquellas misiones. Siempre lo había hecho desde un lado amistoso y casual, sin segundas intenciones, aunque como hombre no podía ignorar la curiosidad que le despertaba ella como mujer, y había una pizca de satisfacción en verla pendiente de él. Pese a ello, el problema seguía siendo que Charlotte lo respetaba demasiado, y siempre los inicios de las conversaciones o ratos a solas eran un tanto incómodo, como si ella no terminase de creer que su adorado capitán le hablara por voluntad e interés propio, ese adorable y sutil sonrojo tiñendo sus mejillas frecuentemente.

Los primeros dos años del nuevo mundo todos habían estado demasiado ocupados forjando su imperio, además de construir el enorme castillo y las primeras armas. Eso había llevado a que naturalmente las relaciones personales a nivel sexual o romántico no fueran consideradas, además de que eran apenas un puñado de cincuenta personas, la mayoría hombres. Luego las cosas se fueron calmando, los progresos no eran tan demandantes ni requerían la ayuda de todos, además de que constataron que tampoco había personas con las que pelear por dominio o poder. Y eso, poco a poco, hizo pensar a Stan en que quizás sería así de pacífico por muchos años, en los que normalmente serían los mejores y más provechosos de su vida. No estaba mal aquella nueva y tranquila normalidad, por más que contrastaba terriblemente con su anterior vida, pero tampoco tenía que incluir la vida célibe de un monje, nada les impedía realmente hacer algo un poco más emocionante a nivel personal.

Lo había hablado con Xeno, tanteando cómo consideraba su amigo y "líder" de aquel grupo, y había resultado que le importaba poco y nada lo que él o los demás hicieran con sus vidas privadas. Si bien Stan no había mencionado a ninguna compañera en particular, el científico lo había mirado con una media sonrisa y le había dicho que ciertamente Miss Bony era una opción elegante. Era más que obvio que la rubia gustaba de él, como mínimo, con lo cual no tendría ni que esforzarse en conquistarla. Y el hecho de que la eligiera como su persona de mayor confianza en las misiones, así como que buscara interactuar con ella más allá de esas circunstancias, siendo que no era el hombre más sociable y abierto de aquel grupo, no había pasado desapercibido para Xeno.

El problema era que Charlotte, con todo lo segura y fuerte que era, irremediablemente se sonrojaba y ponía tímida al principio de las interacciones entre ambos fuera de las órdenes o indicaciones, era hasta tierno y gracioso ver eso. Por lo cual, antes de intentar cualquier tipo de seducción intencional, tenía que insinuarle que ese interés más allá del trabajo o la amistad bien podía ser mutuo. Y Stan encontró la oportunidad justa para aquello cuando la ronda de vigilancia semanal del terreno más allá del castillo le tocaba a ella.

- Capitán, ¿alguna indicación especial más allá de la exploración de siempre? –preguntó Charlotte, seria y disciplinada, por la noche antes de irse a dormir.

- No, no hubo reportes destacables. Sólo mantente atenta como siempre.

- Sí, capitán –Asintió, y se dio la vuelta.

- Charlotte, espera. Voy contigo mañana.

- ¿Capitán? –Preguntó extrañada- No es una tarea exigente, puedo hacerla perfectamente, se lo aseguro.

- Sí, lo sé, no dudo que puedes hacerlo.

- No es necesario que pierda su tiempo con algo así –insistió, aunque con voz suave y sin mirarlo directamente a los ojos.

- ¿Estás diciendo que no quieres mi compañía? –Le preguntó Stan, alzando una ceja, provocándola.

- N-no, capitán, no quise decir eso –Se apresuró a aclarar la rubia, sonrojándose. ¿Que no quería contar con su compañía? No tenía idea lo lejos que estaba eso de ser verdad.

- Entonces no te preocupes por mí y por la utilidad de mi tiempo, soy yo el que decidió ir. Además, es un buen ejercicio, y me vendría bien alejarme un poco de este lugar, entre la fábrica y el taller de Brody tengo los oídos zumbando –Si bien no era la razón principal, no había mentira en aquello.

- Entendido, capitán –Contestó con un renovado tono neutral y profesional, pero sus ojos brillaban con emoción contenida.

- Bien, hasta mañana. Descansa bien, Charlotte, buenas noches.

- Sí, capitán, igualmente. Buenas noches.

Al alba del día siguiente, ambos se encontraron en el comedor para tomar un desayuno ligero y nutritivo. Cuando estuvieron listos para partir, la rubia se excusó brevemente para ir a buscar algo, y volvió unos pocos minutos después con una mochila de cuero que cargó en su espalda. Stan no le preguntó que llevaba, suponiendo que debía haber unas botellas de agua. Estaban a mediados de verano, con lo cual el calor era fuerte y molesto, tanto que los hacía maldecir internamente la elección del traje negro tan pegado al cuerpo. En otras ocasiones no le hubiera molestado hacer esa ronda esperando a llegar al río para beber algo de agua, pero con ese calor era otro cantar.

Pasaron la mañana entera caminando por los senderos que ya conocían de memoria, desde los cuales tenían las mejores vistas del área. Como era de esperar, no hubo ninguna novedad, ni rastros de nada más que animales salvajes. Incluso hubieran deseado encontrar rastros de algún animal desafiante como un puma o un oso, pero ni siquiera eso. Charlotte lo seguía a Stan, caminando unos pasos detrás como era costumbre considerando su jerarquía, y se aguantó la curiosidad cuando él cambió de rumbo, alargando el trayecto. Llegaron a lo alto de una colina, una de las tantas que había allí, ya que la zona donde miles de años antes se encontraba la ciudad de San Francisco, era conocida por las numerosas colinas sobre y alrededor de las cuales se había construido la ciudad.

- Es una buena vista, ¿no, Charlotte? –Le preguntó de pronto, sereno.

- Eeh... sí, capitán. ¿Quería comprobar algo al venir aquí?

- Sí –contestó, pero sin aclarar qué.

Por más que estaba acostumbrado al ejercicio y a esa ropa, Stan no podía ignorar que se estaba cocinando dentro de ese traje, y el sol casi encima de sus cabezas indicaba que estaban cerca del mediodía, el peor horario para estar allí a la intemperie. La miró de reojo, y vio que ella también estaba sudando un poco, aunque lo disimulaba perfectamente, tratando de mostrarse eficiente e impasible.

- ¿Te parece que bajemos al río, Charlotte, y tomemos un descanso antes de volver?

- Sí, capitán, lo que usted diga –Asintió ella, más que aliviada por dentro.

- Vamos entonces, antes de que nos rosticemos aquí.

Dijo eso al tiempo que abría parcialmente el cierre de su traje, suspirando aliviado cuando sintió un poco de frescura en su pecho. La acción no pasó desapercibida para Charlotte, que siguió con la mirada y con un poco más de calor –interno– cómo su más que atractivo capitán exponía su esculpida musculatura del torso. Podía quedarse mirándolo y babeándose con todo gusto, ni que hablar cuánto deseaba al menos rozar con sus dedos aquel firme cuerpo, pero tuvo que contener su deseo y fingir indiferencia.

- ¿Tienes mucho calor? Estás bien roja –Le dijo Stan conteniendo una sonrisa.

Lo había hecho adrede, sabiendo que no era precisamente el clima caluroso lo que la había puesto así de pronto. Pero ver ese bonito rostro sonrojarse por él comenzaba a ser un placer culposo, aunque claro que tenía en mente dejar de jugar y compensarla eventualmente.

- S-sí, capitán, es un día sofocante –respondió atropelladamente, maldiciendo su ingobernable reacción– Vamos, antes de que el sol se ponga más fuerte.

Ignorando el hecho de que estaba adelantándose a su superior, se dio la vuelta y caminó a paso rápido para comenzar a bajar de aquella colina. El rubio se tomó unos segundos antes de seguirla, sonriendo con malicia. La alcanzó con pasos largos, sin decir nada cuando se puso a la par, sin buscar adelantarse a ella, aun cuando la joven ralentizaba deliberadamente sus pasos para dejarlo ubicarse al frente.

- Charlotte, no aflojes el paso para que me adelante. No es necesaria la pantomima.

- Perdón, capitán. La costumbre de respetar el rango es más fuerte.

- Lo sé, pero desde que nos despertamos en este mundo primitivo tampoco te pedí nunca que seas protocolar conmigo, relájate.

- Hm, sí –Murmuró tímida, su corazón dando unos latidos de más ante esas palabras. Sólo pensar que pudiera ser más informal con él, llamarlo por su nombre...

- Charlotte, por aquí.

La rubia se sobresaltó, y volvió su atención al presente. Miró a su superior, del cual se había separado unos pasos y desviándose del camino, perdida en sus pensamientos.

- Ah, perdón...

- Si te tropiezas vas a rodar hasta la base, seguro llegarás más rápido, pero no sería lo ideal.

Charlotte quedó ligeramente boquiabierta ante la broma del capitán, y se sonrojó furiosamente a causa de la anticipada vergüenza que le dio aquella imagen. Eso sin dudas la volvió a concentrar en sus pasos, hasta que llegaron al dichoso río. Allí se mojaron con la fresca agua la cabeza entera, permitiendo que escurra por dentro de sus ropas, lo que les proporcionó un agradable alivio frente al calor, y se sacaron las botas para meter los pies en el agua, poniendo idéntica cara de satisfacción ante la sensación. Cuando salieron del agua y se sentaron en el pasto cercano para descansar las piernas, uno junto al otro, la joven sacó de la mochila las botellas de agua.

- ¿Quiere, capitán?

- Sí, gracias –Le sonrió un poco, y le dio largos sorbos a la refrescante y necesaria bebida.

- ¿Y quiere comer? Le preparé algo.

- "Me" preparaste algo, ¿dices? –Repitió, alzando las cejas.

- Sí... no es nada elaborado, sólo pan de maíz –aclaró, encontrando el pasto más fácil de mirar que los intensos ojos azules que la observaban.

- Será sencillo, pero eso quiere decir que, o te acostaste tarde para cocinar, o te levantaste un par de horas antes. ¿Es así?

- Sí, capitán –Admitió, sonrojándose y con una tímida y dulce sonrisa dibujada en el rostro.

- Entonces acepto con gusto, Charlotte, más si te tomaste esa consideración por mí, muchas gracias.

Que el capitán Stanley le agradeciera de esa forma, con una sonrisa amplia y hermosa, detuvo el corazón de la rubia por unos momentos. Tan hipnotizada quedó, que tardó unos segundos de más en darse cuenta que se le había quedado mirando, probablemente con una sonrisa tonta plasmada en su cara, pero no podía evitarlo. Que él le agradeciera con esa expresión más abierta y relajada era todo lo que estaba bien en el mundo, su corazón se comprimía y explotaba al mismo tiempo de felicidad. Sacó el pan, que ya había cortado previamente en cómodos trozos, y le dio uno a él, estremeciéndose involuntariamente cuando la mano grande del adorado hombre le quitó el pedazo de pan de una forma que parecía una suave y sutil caricia.

Stan probó bocado, y se sorprendió de lo gustoso que estaba, trayéndole recuerdos familiares de su infancia, ya que su madre solía preparar aquel tradicional pan, tanto dulce como salado. No tenía hambre realmente, pero se había sentido un tanto conmovido del tierno gesto de su compañera, era la primera vez que ella cocinaba algo para él, y además de sorpresa. Dulce Charlotte, era mucho más que una cara y cuerpo bonito, y una admirable soldado. Estaba comenzando a asegurarse que realmente no estaría nada mal tener un tipo de acercamiento más personal con ella.

- Oye... esto está muy bueno, Charlotte. De verdad, gracias. ¿Me das otro pedazo?

- ¡Me alegro mucho, capitán! –Exclamó con súbita emoción, feliz de que le haya gustado tanto– Claro que sí, tome...

Tan feliz y satisfecha estaba, que sus ojos celestes se iluminaron cálidos y hermosos como dos soles, y le sonrió de forma deslumbrante, olvidándose por un momento de su recato y su timidez. Stan sabía que la rubia era una mujer hermosa, pero al fin ver una expresión tan genuina y bella, al fin relajada y natural, sin dejarse llevar por el respeto y el protocolo, lo dejó anonadado.

- Bonnie Bony –susurró con voz calma y acaramelada.

- ¿Qué, capitán? –Preguntó, sin entender por qué la llamaba por el apellido, dos veces.

- Nada, que recordé que tu apellido suena tal como una palabra que usaba un amigo hace muchos años. "Bonnie lassie" era su expresión para referirse a las chicas bonitas, guapas –y agregó, pronunciando su sonrisa– Te queda bien.

A Charlotte le tomó unos segundos darse cuenta que su capitán le estaba diciendo que era bonita, el primer halago no profesional que le escuchaba en su vida, y cuando lo hizo se puso un poco nerviosa, sonrojándose furiosamente. No pudo contestarle nada porque apenas podía gobernar los latidos de su corazón que martillaban contra su pecho de emoción, pero su sonrisa se amplió.

- Gracias, capitán –Murmuró, apenas mirándolo de reojo.

- Stan –Le contestó con tono suave, acercándose unos centímetros a ella.

- ¿Eh? –Soltó, mirándolo con los ojos muy abiertos, y otra ola de emoción recorriéndola cuando le pareció que él estaba un poco más cerca.

- Que puedes decirme "Stan", en lugar de "capitán" –aclaró él, sonriendo– Ya deberías haberlo hecho hace tiempo.

- Oh... es que... lo respeto tanto, y siento tanta admiración por usted, que no me animo... –confesó, mirando nuevamente el pasto, y más sonrojada si era posible.

- Entonces empieza por "capitán Stan", ¿qué te parece? Un poco de cada una.

- Sí, puede ser... capitán... Stan.

Ni bien lo dijo, una agradable electricidad la recorrió entera, llamándolo así por primera vez. Solía referirse a él como "Capitán Stanley" frente a otros compañeros, pero nunca directamente a él, y menos con el apodo, mucho más cercano. Stan sonrió satisfecho, al oírle decir por primera vez su nombre, sonaba hasta más agradable en los labios de ella. Pero tendría que conformarse con ese acercamiento por el momento, entre esa confianza y el haberle reconocido su belleza, aunque sea indirectamente, aunque sabía que ella se había dado cuenta, dada su repentina tímida e inocente actitud.

Se quedaron bebiendo y comiendo, a ratos en silencio, a ratos hablando algunas nimiedades, hasta que el sol bajó su intensidad y emprendieron la vuelta mucho más agradable y cómoda. Charlotte se animó a mantenerse a la par, venciendo su impulso de ubicarse detrás de él. Soñaba con tomarle la mano, aun a través de los guantes de ambos, pero eso sólo sucedería en su corazón y su imaginación. Unas horas después llegaron finalmente al castillo, donde se separaron y se dieron una buena ducha cada uno. La rubia se volvió a vestir y se fue a su habitación, dejándose caer en la cama, una enorme e imborrable sonrisa en su rostro. No podía creer que su adorado capitán, en el mismo día, le había halagado su platillo, le había dicho que era guapa, y le había permitido llamarlo por su nombre en total confianza. Si antes lo amaba secretamente, en ese momento lo hacía mucho más.

- Stan...

Susurró sólo para sus oídos, disfrutando cómo sonaba y reverberaba en el ambiente decir solamente ese nombre con confianza, permitiéndose imaginar vivamente a quién le pertenecía, y añorando las circunstancias en que pudiera llamarlo así, tan personal, tan íntimo.

Por su parte, Stan fue a notificarle a Xeno el resultado de la ronda de vigilancia. Como siempre, sabía que lo encontraría o en su despacho, o en el enorme laboratorio, por lo que se dirigió al primero. Efectivamente, allí se encontraba, haciendo cuentas y escribiendo algún procedimiento científico demasiado complejo para cualquier ser humano vivo en ese momento, seguramente.

- Xeno.

- Stan –lo miró un tanto extrañado– ¿Recién vuelves? ¿Qué sucedió?

- ¿De la vigilancia? Nada, ninguna novedad.

- Bien, lo dices frustrado, pero es algo bueno, que nadie nos moleste. ¿Por qué la aclaración? ¿Sucedió algo más?

- Charlotte "bonnie" Bony sucedió –Contestó con una media sonrisa– Nada mal, naaada, nada mal.

- ¿Al fin te confesó su interés?

- No, lejos de eso, todavía se pone tímida y nerviosa conmigo, al menos cuando hablamos en un plano más personal.

- ¿Entonces qué sucedió? Estás curiosamente motivado, lo veo en tu rostro.

- Me cocinó un pan de maíz, y fue toda una lindura, lo admito. No me suelen importar esas cosas, pero tampoco tengo una roca por corazón, es evidente que la chica se dedica y esfuerza. Así que la halagué y le agradecí, pero no sucedió nada más.

- Entiendo –Xeno asintió y sonrió a medias– Creo que por las dudas debería darte algo que podrías llegar a necesitar pronto.

- ¿Condones? –Preguntó, con un dejo burlón.

- Stan, sabes que no tenemos el látex natural ya que no hay árboles de caucho por aquí. Se pueden hacer de tripas animales, pero son un dolor de cabeza y tampoco tan seguros.

- Tanta ciencia y avances, un castillo de Disney pero oscuro, y no tenemos condones –bufó– ¿Entonces qué?

En lugar de responderle, Xeno lo hizo seguirlo hasta el laboratorio, donde en un mueble tenía varios frascos con hierbas secas y otros con extractos. Tomó un frasco con líquido y se lo dio.

- Esto. Si no te puedes resistir a hacerlo con Miss Bony, entonces mejor reducir las probabilidades de que les deje algo más palpable que un recuerdo. Los días posteriores, que eche unas gotas de esto en sus bebidas, es un extracto concentrado de plantas que se dice que dificultan la implantación. Es saber popular, no tiene rigurosidad científica comprobada, exceptuando las propiedades de sus componentes naturales, y no es totalmente efectivo. Pero no está de más la precaución.

- Hmm ya veo. Gracias por esto, Xeno. Luego te cuento.

- No, por favor, no –Sonrió el científico en respuesta.

Unos días después, por la tarde, Stan estaba caminando en dirección al laboratorio, donde estaba Xeno trabajando, cuando oyó unas risillas femeninas, a la vuelta de donde estaba. Identificó a Luna y a Maya, una por la risa chillona, la otra por las carcajadas potentes. No se iba a molestar en curiosear, hasta que se extrañó cuando oyó una voz particular, grave y rasposa, pero no tanto como la de un hombre, y sonaba forzada. Un rincón de su mente recordó que había una mujer que solía tener esa cadencia grave y un tanto masculina en la voz, y para comprobar su suposición fue que se acercó, sin alcanzar a revelarse.

- ¡Oh dios mío, eres lo máximo Charlotte! –Rió Luna con picardía– ¡Lo imitas muy bien!

- Ojalá pudiera imitarlo en sus habilidades también, pero está más allá del nivel humano –se apenó ella, aunque también riendo suavemente.

- Stanley es demasiado intimidante y frío, no puedo con él... pero cuando haces esto, al menos puedo relajarme cuando lo imagino.

- ¿Frío? –Preguntó Charlotte– Nada más lejos, Luna, en serio. Sí es muy eficiente y profesional, y por eso se expresa así a veces, pero si lo conocieras un poco más, verías que el capitán es un hombre de gran corazón, y cuando sonríe...

- Espera, ¡¿te sonrió?! –Interrumpió Maya, sorprendida– ¡¿Cómo?! ¡¿Cuándo?! ¡¿Dónde?!

- No me lo creo... –Acotó Luna, boquiabierta– Sí le vi alguna sonrisita, pero más por compromiso o burla que por diversión.

- El otro día, cuando me acompañó a la ronda.

- ¿Qué esperas para insinuarte a él, querida? –Inquirió Maya, dándole una fuerte palmada en la espalda– Eres muy buena en tu trabajo, pero muy lenta y torpe en lo personal...

- ¡Calla! ¿Insinuarme al capitán? No podría, no sé si le intereso de esa forma. Que me sonría un poco o sea amable no significa que le guste, ni que lo hiciera seguido... –bajó la voz, un poco desanimada– Y sí, sé que soy torpe, no soy femenina y tengo una voz ruda y más de hombre que de fina mujer, no sé si soy su tipo...

- Charlotte... se nota que no te ves en el espejo seguido –Bufó Luna, alzando una ceja y señalándole los pechos– Ya quisiera tener tu figura y tus habilidades, hasta la cara de muñeca tienes. No creo que le seas indiferente a ningún hombre, y si hay alguna mujer con chances de cautivar a Stanley aquí, esa eres tú.

- Pero no quisiera arruinarlo, si él no se siente igual conmigo. Somos pocos aquí, y soy su soldado de mayor confianza, no puedo arriesgarme. Soy una tonta que se enamoró sola de alguien inalcanzable...

- Oh, basta ya, no digas eso. Haz una última imitación de él para que volvamos al trabajo con una sonrisa, anda.

- Hmm, bueno –Carraspeó y cuadró los hombros, pensando en algo más que imitar.

- "Oh, Stanley, ¿puedes regarme el jardín?" –Dijo Luna con voz sugerente, llena de picardía y burla.

- "Sí, puedo" –Contestó Charlotte, simulando la voz y la frase insignia de su capitán, al tiempo que ponía ambas manos en su cinturón y empujaba suavemente su cadera hacia adelante, tal como era la costumbre de él.

Las tres mujeres estallaron en carcajadas ante eso, y más por el atrevimiento oculto en la frase de Luna. Por supuesto que Stan había oído toda esa conversación, que la rubia no se animaría nunca a buscar algo más con él, y la posterior burla, alzando una ceja entre divertido y un poco picado. Bien, era hora de cobrarse una dulce venganza, por lo que salió de su "escondite", y con su cara y tono de voz más serio, caminó tranquilo pero imponente hasta dejarse ver. La cara de mortificación de Luna fue más valiosa que el oro, mientras que Maya abrió los ojos y se quedó muy quieta, apenas tocando a Charlotte con el pie. Cuando la imitadora notó la repentina expresión de sus amigas, siguió la mirada de ambas, y ahogó un jadeo cuando vio al objeto de su burla delante de ella, muy lejos de mostrar una sonrisa, el cigarro entre sus labios más bien sostenido con sus dientes en casi una fiera mueca.

- Charlotte, sígueme al despacho de Xeno, ahora –Ordenó, autoritario.

"Oh, mierda" Pensó la rubia, temblando por dentro. La había cagado, fuerte. No sólo el capitán había seguramente oído la burla, sino que encima ella lo había hecho poco después que él había mostrado más confianza y acercamiento con ella. Si antes dudaba que pudiera pasar algo entre ambos, en ese momento ya podía dejarlo eternamente sólo para sus sueños, estaba muy jodida. Y posiblemente no sólo a nivel personal, sino también profesional, ya veía venir una buena reprimenda, y quizás hasta él consideraría otra persona más leal y confiable para ser su mano derecha, si ella lo "traicionaba" así, burlándose por detrás. Caminaba muy rígida, pensando lo peor, internamente hasta con ganas de llorar. Llegaron al despacho del científico, que estaba vacío, y el alma se le cayó al piso cuando vio que el capitán había trabado la puerta tras ella. Eso sólo podía significar que las cosas se podían poner feas, y que él quería asegurarse que nadie curioseara la reprimenda más temida en años.

- Parece que se estaban divirtiendo mucho–Dijo Stan con voz firme y fría, soltando una pitada de humo, y luego agregó– A costa mío.

- P-perdón capitán, sé que no hay excusas ni disculpas posibles para mi falta, pero lo siento tanto, no pretendí burlarme con mala intención, sólo...

- Si no hay excusas, entonces no las pongas –La interrumpió, mirándola fijamente.

- Sí, señor –Contestó Charlotte inmediatamente, bajando la mirada, luchando con una mezcla de miedo y angustia en su garganta y pecho. Enojado era poco, pocas veces lo había visto así.

- ¿Así que te gusto mucho? ¿Me deseas? –Preguntó, con su voz más grave, y a la vez más serena.

Charlotte abrió mucho los ojos y quedó boquiabierta, su alma más que en el piso ya se había alejado de su cuerpo. ¿Encima había oído esa confesión? ¿Su devoción, y a la vez la burla? Oh, oh, no...no. Se quedó callada unos segundos, sin saber qué contestar, eso estaba lejos de ser una confesión como tal vez la hubiera imaginado si alguna vez se animaba. No podía negarlo, cuando él ya sabía la respuesta, o se enojaría más con la evasiva mentira.

- Sí, capitán –Murmuró, sin atreverse a mirarlo, sonrojándose furiosamente.

- Ya veo –Caminó alrededor de ella, como un felino acechando a su presa, hasta detenerse detrás de ella– ¿O sea que pensabas ocultarlo y fingir normalidad por siempre, cuando por dentro me mirabas con otros ojos? Qué mal.

La joven sintió sus rodillas flaquear, pero se mantuvo de pie. No sólo por la cercanía de su amado capitán, sino porque notó el reproche en su voz, y contrastando con el "nada mal", más bien había dicho lo contrario. Sí, tal como pensaba, él lo veía como una falsedad, no podía ser peor.

- No quería importunarlo con mis sentimientos, capitán –Se animó a contestar, desolada– Le agradezco tanto su confianza en mi trabajo y capacidades, que no quería interponer algo tan trivial como eso, ni perjudicar nuestro trabajo y relación.

- Y de paso, privarme de la posibilidad de más –Susurró cerca del oído de su subordinada, con voz seductora, quedándose a escasos centímetros de ella.

- ¿Eh?

Charlotte se quedó de piedra ante eso, su corazón se detuvo, pero por otro motivo distinto al miedo. ¿El capitán acababa de decir lo que ella creía...? No podía ser, debió haber interpretado mal, quizás ese "más" se refería a un ascenso en la jerarquía de trabajo, o misiones más complejas, o...

- Que pretendías alejarme, antes de saber qué tan cerca quería estar yo de ti, como ahora –Aclaró, poniéndose tan cerca que su cuerpo rozó la espalda y el voluptuoso trasero de ella, y el aire cálido que salía de su boca le alcanzó la oreja, haciéndola estremecerse.

- ¿Capitán? –Preguntó con un hilo de voz, sin poder creerlo. No, no se había equivocado, la estaba...seduciendo. Parecía irreal, pero era innegable, a menos que estuviera jugando muy feo con su corazón.

- Date la vuelta, Charlotte, y mírame –Le ordenó con voz suave.

Con las rodillas tan flojas que apenas podía mantenerse en pie, la cara hirviéndole de calor, y el estómago retorcido en anticipación, lentamente se dio vuelta hasta quedar frente a él. Inspiró bruscamente cuando lo vio tan cerca de ella, imponente, sus magnéticos y preciosos ojos azules de larguísimas y pobladas pestañas la observaban entrecerrados, era una visión de lo más cautivadora. Podía haber gemido, pero se contuvo, y en su lugar lo miró con cautela, sin atreverse a quitarle la mirada, tal como le pidió.

- Ya que te gusta tanto imitarme, imita esto –Susurró, con una pequeña sonrisa desafiante.

Stan se inclinó un poco más y lentamente recortó la distancia entre ambos, quedándose unos segundos a milímetros del rostro de ella, tentándola con la cercanía y sus respiraciones mezclándose en el aire entre ellos. Le oyó un suave jadeo, y la miró intensamente, esos ojos celestes y cristalinos demasiado honestos y sin poder ocultar sus sentimientos. Luego le miró los carnosos labios, y le pasó suave como una pluma la lengua por ellos, delineándolos así. La sintió estremecerse notoriamente, y se alejó apenas, quieto, esperando.

- ¿Y? ¿Me vas a hacer esperar mucho más? No me gusta hacerlo.

- Oooh...

Si era posible, abrió aún más sus ojos, dándose cuenta que él lo decía en serio lo de que lo imite. Con un casi imperceptible asentimiento de su cabeza, Stan la animó, y Charlotte lenta y tímidamente se acercó a él, asomando la punta de su lengua fuera de su boca para imitar la caricia en los deseables y cincelados labios de él. Fue ella la que volvió a temblar, sin poder creer que eso estaba sucediendo de verdad, sus sueños y fantasías comenzando a hacerse realidad.

- Muy bien, mi bonnie Bony, sabía que tú también "podías" –Susurró complacido, ampliando su seductora sonrisa, y se rió por dentro cuando la vio derretirse y tragar duro, temblando como una hoja– Sigamos...

Stan la rodeó por la cintura, pegándola a él, y se mostró satisfecho cuando ella también lo imitó en eso, sin tanta duda, había entendido al pie de la letra lo que él pretendía... eso podía ser divertido. Necesitaba saber a cuánto se animaría la chica, si le daba la chance, su intuición le decía que no era tan tímida ni tan tranquila como se mostraba ante él, seguramente porque le ganaba el respeto y el protocolo. Apoyó sus labios contra los de ella, un primer contacto de ese tipo, quería disfrutarlo sin apurar las cosas. La oyó soltar un suavísimo gemido, que pese a la ternura lo encendió, si ella tanto lo deseaba, lo iba a tener, y no se iba a olvidar nunca de él. Una vez que ella le correspondió con decisión, profundizó el beso, primero atrapando el carnoso y delicioso labio inferior de ella entre los suyos, dejando el filo de sus dientes rozarlos con provocación, y luego succionando su labio superior. Charlotte no se había olvidado la primera orden, por lo que lo sorprendió también respondiéndole a ese beso con intensidad, incluso más ansiosa que él, imitándolo y superándolo a su forma.

La arrinconó lentamente contra la pared, abrazándola por la cintura con ambas manos, y la besó con más pasión, permitiendo que su lengua se empuje contra la de ella, consumiendo toda su pequeña y deliciosa boquita. Sin dudas la rubia era exquisita en todos los sentidos, y ya podía sentir el deseo despertando rápidamente en él, en conexión directa con su entrepierna. Charlotte no dudó en devolverle el beso con igual pasión, dejándose llevar y colgando los brazos en los fuertes hombros de él. Era una ventaja que tuvieran una altura similar, ella un poco más baja, pero lo justo para que siga siendo cómodo.

Stan no pensaba dejar sus manos quietas, le quemaban por explorar el voluptuoso cuerpo de la hermosa mujer que tenía entre sus brazos. Tanto, que sólo la soltó para quitarse los guantes, dejarlos caer al piso, y volvió a abrazarla con una mano, dejando a la otra recorrer todo el costado de la sinuosa figura. Ella soltó un adorable y suave jadeo de deseo que lo estremeció agradablemente, y sin pena apoyó su mano en el precioso trasero y se lo apretó, jalándola hacia él para que sus caderas conecten más. Charlotte entrecerró los ojos ante eso, parecía más un sueño que la realidad, que ese semi-dios la estuviera besando y tocando con tanta pasión y deseo, todavía no entendía cómo había sucedido tan rápido, pero no pensaba dejar a su mente vagar en aquel inútil pensamiento, quería disfrutar y saborear a su amado todo lo posible, al fin. Bajó las manos por los musculosos brazos de él, deleitándose con cada fibrosa y dura curva, se sentía demasiado bien sostenerse en aquellos brazos.

Notando que ella se soltaba y comenzaba a tocarlo por su cuenta, siendo ella misma y dejando el juego de imitación a un lado, la tentó acariciándole suavemente los pechos con su pulgar, hasta que llegó al centro donde estaban sus pezones, ocultos bajo la tela del traje. Charlotte soltó un dulce gemido, que él ahogó en su boca, besándola intensamente, y continuó con sus caricias hasta que sintió cómo ese botoncito tan sensible se endureció. Eso lo encendió, e hizo lo mismo con el otro, para luego dejar de provocarla y colmar su mano abierta con todo ese hermoso y gran seno, mientras comenzaba a empujar su pelvis contra la de ella, sin disimular su excitación, más bien buscando aumentarla, que ella lo sienta. El agudo y sonoro gemido que ella soltó con eso le produjo una corriente eléctrica que subió por su columna, e interrumpió el beso para susurrar contra sus labios.

- ¿Qué pasa, Charlotte? ¿Acaso pierdes tu grave voz si te toco así? Pero tienes una dulce voz, nada mal.

- Aah... hmm –Gimoteó, embelezada con la sensación y con la sensual actitud del hombre.

- ¿Quieres más? –Insistió, jalándole el trasero, haciendo que sus entrepiernas choquen, robándole otro fuerte jadeo a la joven.

- Sí, capit...

- "Capitán, capitán", ¿sólo me puedes ver como tu capitán, Charlotte? –Gruñó él, de pronto un poco irritado, señalando su bulto excitado– ¿Aun en esta situación y cuando me tienes así? Tengo un maldito nombre, y lo sabes, úsalo.

- L-Lo siento, es que lo respeto tanto que...

- Sí, lo sé. Pero antes que un capitán, soy un hombre, no nos conocimos ayer. Ni siquiera me tuteas, más allá de que parece que olvidaste incluso el punto medio con "Capitán Stan" como te sugerí, al menos. ¿O es que necesitas ver más de mí para reconocerme como "Stan" de una vez por todas?

Sin esperar respuesta, arrebatado, la agarró por detrás de la cabeza y la atrajo hacia él para darle un beso largo y profundo, salvaje y descontrolado, mientras se abría con la otra mano el cierre delantero de su traje, hasta que hizo tope con su cinturón.

- Quítamelo –Le ordenó con voz grave, y le agarró las manos para ponerlas en su torso.

Sorprendida con el impulso de urgente pasión, Charlotte no dudó en acatar esa orden, aunque no por cumplirla, sino porque tanto tiempo había deseado hacer eso mismo. Sin delicadeza alguna le jaloneó el traje para bajárselo por los hombros mientras él la devoraba con otro apasionado beso que apenas le permitía respirar, hasta quitárselo por los brazos, y así dejarlo colgando. Interrumpió el beso, necesitaba verlo, necesitaba grabar en su retina aquel cincelado, musculoso y perfecto pecho, esos firmes pectorales duros como el acero, y a la vez cálidos y suaves al tacto; así como ese abdomen maravillosamente marcado, incluso alcanzando a ver un poco de esa tentadora y diabólicamente sensual "V" en el inicio de sus caderas, lamentando no poder ver más porque el cinturón no se lo permitía. ¿Podía ser más hermoso, más perfecto? No sólo su cuerpo, y su fina y a la vez masculina cara, sino también todo él, también como hombre, como colega, como compañero. Lo acarició con sus dos manos desde el cuello hasta la cadera, maldiciendo llevar puestos todavía los guantes, pero estaba tan urgida por sentirlo que no se los quitó.

Stan volvió a arremeter contra ella, pegando su cuerpo y abrazándola con fuerza por la cintura con una mano, mientras la otra se dirigía a la parte trasera del cuello de ella, donde tenía el zipper del traje. Una pena que tenía que desvestirla desde allí, descubrir sus pechos poco a poco hubiera sido una vista celestial, aunque sin dudas hubiera disparado su deseo inmediatamente, sin vuelta atrás y sin control, quizás era mejor así por el momento, quería disfrutarla y saborearla a fuego lento. Le bajó el zipper hasta el máximo, también haciendo tope con el cinturón, y pasó su mano desnuda por toda la columna de ella, estremeciéndola con el toque y la calidez de su fuerte mano. Stan jadeó de gusto cuando notó que ella no llevaba sostén, con razón había sentido tan bien sus duros pezones. La oyó gemir suavemente, y decidió provocarla un poco más, deslizando su mano por dentro de la parte frontal del traje, alcanzando al fin a sentir la piel de sus cálidos pechos directamente. Cuánto deseaba llenarse la boca con ellos, razón por la cual maldijo nuevamente que ese maldito traje tuviera torpemente el cierre por detrás, pero al menos se deleitó con ver y tocar lo que alcanzaba.

De pronto abrió mucho sus ojos, cuando sintió la atrevida mano de Charlotte en su trasero, y sintió su miembro palpitar cuando vio aquellos ojos claros un tanto más oscuros, entrecerrados y seductores bajo las largas pestañas que ella también tenía, así como los carnosos labios entreabiertos, hinchados de tanto que se los había besado y mordisqueado apasionadamente.

- Cierto que querías más de mí, de nosotros... –Le susurró al oído, provocador– Bueno, aprovechemos que mi traje tiene una ventaja exclusiva más.

Stan coló una mano su entrepierna para abrir las dos cremalleras, una en cada muslo, dejando caer ese trocito de tela y pudiendo exponer su calzón, al menos una capa menos de ropa aumentaría la sensibilidad para ambos. Satisfecho, el rubio le agarró un muslo y se lo levantó, haciéndola enredar esa pierna casi alrededor del trasero de él. Charlotte subió las manos por la amplia espalda de él, haciéndole entrecerrar sus ojos de gusto, y lo estremeció una vez más cuando enredó los dedos en su cabellera, jalándolo un poco para atraerlo hacia ella y así besarlo con profundidad y devoción.

Los orbes zafiro se encontraron y fijaron con los que parecían las más hermosas celestitas, y mantuvieron ambos esa mirada mientras sus lenguas danzaban deliciosamente. Stan bajó su otra mano para acariciarle el trasero, y aprovechó ese íntimo contacto en que sus entrepiernas se chocaban para comenzar a empujarse contra ella. La joven gimió entre besos, aferrándose a él mientras imitaba ese suave empuje, frotándose a la par contra él, y sintiendo esa deliciosa electricidad que la recorría de pies a cabeza al sentir el duro y generoso miembro del capitán contra su intimidad, rozándole ese punto tan sensible y orgásmico de su intimidad, deseando sentirlo cálido y piel con piel contra ella, pero tendría que conformarse con eso por el momento. Se dejaron llevar por la pasión y mantuvieron aquel ritmo. De pronto, Stan dijo contra los labios de ella, con voz forzada y ronca, rezumante de gozo.

- Di mi nombre, Charlotte...

- Stan... –susurró, al fin pudiendo cumplir su deseo de decir ese nombre en voz alta, íntimamente, tal como había imaginado, y sonrió ampliamente mientras lo miraba con intensidad a los ojos.

- Otra vez... –La urgió, empujándose con más intensidad contra ella, disfrutando cómo aquella dulce voz lo llamaba con necesidad.

- Stan... –gimió, aferrándose más fuerte a él, apenas controlando su cuerpo que comenzaba a vibrar internamente con olas eléctricas de placer, la estaba rozando sin piedad y hermosamente en el punto justo para derretirla y provocarle un orgasmo, no estaba muy lejos de tan excitada, colmada de placer y feliz que estaba.

- Otra vez, mi dulce Charlotte, quiero oírte más, hasta que no puedas más que sólo decir mi nombre –Le dijo con voz acaramelada, besándole la comisura de los labios.

- Stan, Stan...

- ¡Más fuerte!

- ¡Stan! Oooh... –gimió, tensándose, cuando pudo sentir lo cerca que estaba del clímax, una tensión deliciosa y a la vez insoportable– ¡S-STAN!

Stan continuó con ese ritmo intenso y casi frenético de frotarse y embestirse contra ella, intuyendo que la rubia estaba a punto de ser atravesada por un orgasmo, por lo irregular y trabajosa que se estaba volviendo su respiración, y lo rígida que se estaba poniendo. Él no estaba mucho más lejos, haberla oído decir su nombre con tanto deseo y pasión lo había llevado al límite, había sido demasiado excitante junto con los jadeos y gemidos que llegaban a sus oídos. Se iba a manchar los calzones con su liberación sin duda, pero no podía importarle menos y no iba a quedarse con las ganas, hacía mucho que no gozaba de acabar con alguien más, aunque fuera lamentablemente con algo de ropa de por medio. Cuando sintió que el cuerpo de Charlotte se comenzaba a convulsionar de placer, unió sus labios en un largo beso para ahogar los gemidos de ambos, no quería que eso llegara a oído de nadie más que él, además de que sospechosamente había cerrado con traba la puerta de una habitación que no era suya.

Finalmente, Charlotte alcanzó su clímax, la cúspide de su placer en más de un sentido, nada menos que con el hombre que tanto adoraba y del cual ya no era un secreto para sí misma que estaba enamorada, no le importaba que no fuera mutuo en aquel momento. Se había emocionado con la pasión que Stan le había profesado, un nivel de intimidad y de perfecto emparejamiento y satisfacción mutua, como si se conocieran en ese plano desde mucho antes, y no fuera realmente la primera vez que compartían besos, caricias y tanto placer juntos. Mientras el orgasmo terminaba de recorrerla, pudo sentir cómo su amado era el que temblaba de placer con su liberación, su generoso miembro palpitando fuera de control, y ella lo abrazó con toda la fuerza que pudo para soportarlo y acompañarlo. No había imagen más perfecta para sus ojos que aquella, el hermoso rostro de Stan atravesado por los ecos del intenso placer que había sentido, nada menos que junto a ella. Le acarició el pelo con dulzura, mientras le daba un largo y tierno beso en los labios, que él apenas correspondió ya que todavía su cerebro se encontraba embotado de placer.

Se quedaron unos segundos así, en los que Charlotte volvió a apoyar ambos pies en el suelo, feliz de sentir cómo Stan se había relajado y había hundido su rostro contra el cuello de ella. Nunca se hubiera imaginado que aquella "reprimenda" pudiera haber terminado así, y confiaba con todo su corazón que esa no sería la última vez que compartirían un momento así de íntimo, al fin y al cabo, había sido él quien había abierto esa puerta. Quería sentirlo completamente, no en un rapto de pasión y urgencia, en un lugar que no era de ninguno de ellos, era casi cruel que tuvieran que separarse pronto. Quería abrazarlo y dormirse acobijada cálidamente en sus brazos, si podía soñar aún más felicidad y plenitud.

- Charlotte... –murmuró Stan, con una sonrisa relajada y satisfecha, volviendo a erguir su cabeza para mirarla a los ojos.

- ¿Sí, cap...? –Se corrigió a tiempo, con una sonrisa culpable– ¿Sí, Stan?

- Buena chica, necesitabas algo como lo de recién para aprender la lección –Le dijo con una sonrisa– Charlotte, no te habrás conformado solamente con eso, ¿cierto?

- Ah...

La rubia se sonrojó intensamente, mirando a un costado. ¿Acaso le había leído el pensamiento? No quería ser demasiado blanda y cursi de admitir que quería mucho más con él, pero no podía negarlo tampoco. Se sorprendió cuando sintió la mano de él en su barbilla, levantándosela con suavidad para obligarla a mirarlo a los ojos.

- Porque yo no, hay mucho más que quisiera disfrutar y compartir contigo. ¿Tú quieres?

- Qué pregunta es esa, si sabes la respuesta –Admitió en un murmullo, aunque con una sonrisita dulce y feliz.

- Entonces tengo una condición. Ven esta noche a mi habitación, estaremos más tranquilos. Pero solamente si prometes que no me llamarás "capitán" ni una sola vez, te estoy invitando como "Stan", y quiero y espero ese trato de parte tuya, si aceptas la invitación. ¿Qué dices?

- Oh... –Charlotte respiró hondo antes de contestar, no podía creer lo que estaba escuchando, pero era hermoso, y lo quería con todo su ser– Sí, está bien... Stan.

- Bien, entonces volvamos a trabajar. Te espero esta noche, mi bonnie Bony

- Te gustó ese apodo y juego de palabras, ¿eh? –Dijo ella con una risilla, su corazón latiendo fuerte y enternecido al oír que era "su" bonita.

- Sí, nada mal, fue gracioso y realmente te queda. Nadie más te llama así, será nuestro secreto, como esto que sucedió, al menos por ahora. No creo que a Xeno le parezca "elegante" que hayamos usado su despacho para complacernos así.

- No, no lo creo... sí, de acuerdo –Se animó a ponerse de puntillas y darle un beso en los labios, que él correspondió con igual suavidad, y luego le sonrió juguetona– Hasta luego, entonces, capitán Stan.

- Tampoco suena mal así, pero sólo puedes llamarme de esa forma puertas para afuera de mi habitación, o de la tuya en otra ocasión, quién sabe.

- Trato hecho, sí señor. ¿Me subes el cierre, por favor?

- Claro.

Una vez bien vestida y prolija como si nada hubiera sucedido, con un paso coqueto y mucho más segura –aunque apenas podía caminar bien de la emoción que rezumaba de ella– Charlotte se adelantó y destrabó la puerta, esperando a que él se volviera a acomodar su traje y cerrarlo para salir.

Hizo lo posible por concentrarse en sus tareas el resto del día, aunque estaba demasiado emocionada e impaciente por lo que sucedería esa noche como para ser tan eficiente como solía ser. Todavía no podía creer lo que había sucedido, las imágenes y sensaciones calientes se agolpaban en su mente, provocando que se sonrojara en cualquier momento y lugar. Cuando se encontró con Luna y Maya, tuvo que mentir con picardía y decir que se había ganado una buena reprimenda del capitán, pero que al final el oculto buen sentido del humor de él la había perdonado por esa vez, y no se había perjudicado la relación personal ni de trabajo. Se cruzó un par de veces con Stan, y compartieron unas breves miradas y mínimas sonrisas cómplices, el resto ignorantes de lo que había sucedido entre ellos, y lo que estaba por suceder en la larga noche que los esperaba.

Luego de cenar, y de una buena ducha refrescante, se vistió con sus ropas de dormir y salió así de la habitación, no le preocupaba caminar por el castillo así ya que no era la única, más de una vez había ido a la cocina a buscar algo de beber a mitad de la noche, descubriendo que otros compañeros estaban relajadamente en esas ropas también, charlando y bebiendo, así como entreteniéndose con algún juego, tampoco era tan estricta y rigurosa la vida en el castillo día y noche. Claro que se puso un poco nerviosa cuando tocó suavemente la puerta de la habitación de su capitán, pero ya había pensado una excusa en caso de que alguien la viera allí, dudaba que alguien se atreviera a cuestionarlos, más por sentirse intimidados por el líder militar, que por ella. Para su sorpresa, cuando Stan le abrió la puerta con una sonrisa seductora, se encontró con que las ropas de dormir de él eran solamente unos calzones negros ligeros, y se sonrojó intensamente, a pesar de sentirse tonta e inocente porque sabría que un momento más vería mucho más que eso. Pero no podía evitarlo, no dejaba de sorprenderle y de babearse internamente por el increíble y deseable cuerpo que tenía él.

- Buenas noches, Stan... –Dijo con vos suave, llamándolo por su nombre para demostrarle que iba a cumplir con la condición de esa noche.

- Buenas noches, Charlotte. Bienvenida, pasa.

Buenaaaaaas! Aaay los dejé antojando jeje... lo sé, perdón! Por supuesto que no lo voy a dejar así, y van a tener toda la ricura que merecen estos gringos hermosos, pero para no hacer una biblia de capítulo, lo divido en dos. Pero tengo tanto hype por completar este fic con todo el delicioso, que no quiero postergarlo y voy a seguirlo ahorita mismo, publicaré en cuanto termine.

Gracias por leer esta historia y por todo el apoyo, amor y los comentarios que me regalan! Hace rato que quería escribir sobre esta preciosa ship, que voy a hacerlo largo y tendido con el fic de época "Imposición y deseo" (XenKoha/StanChar), pero quise dar una probadita y explorar la ship en el tiempo original del manga también.

Me despido por ahora, hasta el próximo y último capítulo! :)