La serie Once upon a time, sus personajes y demás mencionados aquí no me pertenecen.
Muchas gracias a todos por leer y comentar.
CAPÍTULO 43
Una vez, hace muchos años atrás, cuando estaba embarazada de Henry y mi barriga empezó a crecer como una calabaza, pensé que de no estar en una prisión disfrutaría realmente tener una vida creciendo dentro de mí, eso no impidió seguirme viendo a mí misma por completo como una alienígena; mi piel era pálida, mis mejillas estaban rellenas y mi barriga no era un círculo perfecto, siempre estuvo como en punta y un poco inclinada hacia la izquierda. Me senté en la cama con las piernas cruzadas y acaricié suavemente la barriga redonda y perfecta que albergaba a mi pequeña princesa.
Regina lucía espléndida. Su cabello parecía haber oscurecido un poco y se formaba en ondas que caían hasta la mitad de su espalda, su piel había perdido un poco de su tonalidad bronceada pero además de unas cuantas pecas no podía encontrar ni una sola estría. Esperé pacientemente hasta que pude sentir la presión bajo mi mano.
—¡Hola mi princesita! —Susurré a la barriga de Regina, no quería despertarla, ni siquiera había amanecido, pero tras la horrible pesadilla que acababa de tener necesitaba un poco de luz que calme mis malos pensamientos—. Tú eres mi hermosa lucecita.
Hace casi dos meses la doctora nos había mostrado que nuestro bebé era una niña. Nos sentamos en la sala y vimos el video de la ecografía más veces de las necesarias. Los celos de Henry no disminuyeron en un principio, fue después de varios días que asimiló y aceptó que definitivamente se convertiría en un hermano mayor.
—Será divertido, y nunca jamás estarás solo, incluso cuando tu mamá y yo ya no estemos ustedes se tendrán el uno al otro —dijo Regina pacientemente.
—Está bien —dijo sin demasiada emoción mientras comía el desayuno antes de irse a la escuela.
Los días siguieron pasando y él empezó a tomarse su papel muy en serio, se encargó del carro de compras todas las veces, ayudó a cargar las bolsas pesadas y ayudó a pintar la habitación, porque no dudó que eso era algo que haría un hermano mayor cuando se lo dijimos.
Sarah aseguró que la noticia no la tomó por sorpresa. Haber vivido más tiempo en el mundo real la había mantenido al tanto de la tecnología, a diferencia de mis padres que no podían creer que estaban viendo a su nieta cuando les mostramos el ultrasonido, sus falsos recuerdos se mezclaban con la realidad de sus vidas en el Bosque Encantado donde ver algo así era aún imposible.
—Tiene la nariz de Regina —dijo Mary Margaret con una gran sonrisa, como si no estuviera hablando de la mujer que juraba odiar—, y la forma en que pone la boca, mira ese pucherito.
—Creo que te quedaste dormida —bromeó David.
—Ni siquiera se ve —protesté.
—Ya verás cuando nazca —dijo David riendo.
Todo fue demasiado normal y precisamente eso hizo que todo fuera más doloroso. Al día siguiente tuve que hablar con David, debía saber si estaban listos para continuar por su cuenta.
—Está bien si necesitan un poco más de tiempo. Regina lo entenderá.
—El dinero no es el problema... es un muy buen trabajo y están contentos conmigo. Estar aquí nos ha permitido ahorrar para poder mudarnos. Es solo… Siento que si nos vamos no nos volveremos a ver.
—Son los abuelos de mis hijos.
—Somos tus padres.
—Me hubiese gustado que las cosas fueran así desde el inicio. Los últimos días han sido buenos entre nosotros.
—Pudimos haber hecho las cosas de una mejor manera pero lo que sentimos no habría sido diferente.
—No tenemos que dejar de vernos, pero quizá un poco de distancia ayude a sanar las heridas.
—Espero que así sea.
—Henry estará encantado de ir al rancho, Regina estuvo de acuerdo.
—Regina es tu familia ahora, necesita estar en calma para traer a mi nieta a este mundo… solo no te olvides de nosotros ¿ok? Siempre seremos tu familia.
—Lo sé.
No estaba segura de lo que pasaría, Regina no iba a perdonarlos, quizá permitiría a Henry visitarlos algunas veces y podría aprovechar ese tiempo para acercarme también, pero no sabía cómo debía sentirme al respecto.
Tuvimos varios días para asimilar la nueva situación, demoraron dos semanas en conseguir una casa, no quedaba tan cerca de nosotros como ellos esperaban, pero el sector era bueno y el precio excelente, lo suficientemente amplia para recibirnos a todos si llegábamos a ir de visita alguna vez; la casa tenía dos habitaciones grandes y una pequeña, la cocina tenía un montón de anaqueles con una gran ventana que daba hacia el patio trasero, en la parte delantera había un pequeño jardín que Mary Margaret creía poder cuidar ella misma. David necesitaría conducir alrededor de media hora para ir al trabajo, pero Mary Margaret podría ir caminando, y estaban mucho más cerca de la escuela de Henry que nosotras.
Subimos las últimas cosas al auto y me acerqué a Regina para decirle que no demoraría en volver.
—Los dejo instalados y regreso enseguida.
—Tómate tu tiempo. Estoy segura que Henry estará de acuerdo en pedir unas pizzas y comer con sus abuelos en su nueva casa.
—¿Quieres venir con nosotras?
—No.
—¿Estás segura?
—Claro que sí. Son tus padres, Emma.
—Tú también eres parte de la familia, doblemente porque estás llevando a su nieta.
—Diviértete. —Besó mis labios—. Lo digo en serio. Ellos están haciendo un gran esfuerzo por ti, no tienes que evitarlos solo por mí.
No quería dejarla, sentía que era como excluirla de mi vida, pero la única manera de solucionar nuestros problemas familiares era avanzar poco a poco. Me quedé un poco más tranquila sabiendo que Sarah se quedaría con ella mientras yo ayudaba a mis padres. Fue un día extraño, por lo general son los hijos quienes dejan el hogar para formar su propia familia, pero a pesar de todo pudimos dar ese paso sin ningún tropiezo. Mary Margaret estuvo mucho más feliz al tenernos todo el día con ella, pasó todo el tiempo hablando de los planes que había formulado para pasar tiempo en familia: cenas familiares, festividades, vacaciones..
—Llama apenas lleguen a casa. Conduce con cuidado.
—No te preocupes, estaremos bien.
—Emma… —tomó mis manos y me contempló por un momento—. Puedes llamarme en cualquier momento, así sea para preguntarme cómo preparar una comida saludable.
—Estamos a veinte minutos de distancia.
—Prométeme que te cuidarás.
—Lo haré.
—Cuida a Henry… y a Regina.
—Lo haré.
Esa noche, en los brazos amorosos de mi hermosa esposa me sentí nostálgica, no supe entender cómo me sentía pero Regina logró calmar cada una de mis dudas. Pasó sus dedos por mi cabello enredado, y besó mi cabeza inquieta.
—Creo que será bueno para Henry pasar algo de tiempo con sus abuelos. Un domingo al mes y un día entre semana.
—Él no lo hará si no quieres.
—No quiero, pero es lo correcto. Son tus padres, y hablo en serio cuando digo que no voy a separarte de ellos otra vez.
—Tú no me separaste de ellos.
—De no ser por mí…
—No estaríamos aquí, no tendríamos a Henry y a esta pequeñita —besé su barriga y la acaricié pacientemente, la doctora había dicho que podríamos sentirla moverse en cualquier momento.
—Empezaremos con dos visitas al mes y luego veremos qué pasa.
—¿Vendrás con nosotros?
—Quizá un día.
—Si esto se convierte en un problema sabes que siempre te elegiré a ti.
—No voy a hacerte elegir entre ellos y yo. Estoy aprendiendo a lidiar con lo que siento de una manera saludable y ellos siempre serán los abuelos de mis hijos me guste o no.
—¿Qué harás mientras no estamos?
—Tomar una siesta sin ser molestada.
—Estás tomando muchas siestas.
—No lo suficiente.
Las náuseas aparecieron a mediados del segundo trimestre, no demasiado, pero Regina sentía que era lo peor del mundo; todas las veces me senté con ella en el baño, recogí su cabello y sobé su espalda mientras ella vomitaba. No tenía idea de lo que era enfrentar verdaderos malestares, y me alegraba que fuera así. Sus antojos se volvieron sumamente dulces, no había un solo día que no la encontrara con una copa de helado en la mano.
—Es nuestra princesa, le gusta el helado. —Lo decía como si fuese cierto y nadie en casa se atrevía a contradecirla, sabíamos que podíamos provocar su mal humor o que se resintiera todo el día.
Fue ella quien comenzó a llamarla nuestra princesa. Henry dijo que era lógico ya que él siempre había sido su pequeño príncipe. A veces olvidaba que ella realmente había sido una reina.
—¿Cómo crees que hubiese sido nuestras vidas de quedarnos en el bosque encantado?
—No es algo en lo que me gusta pensar.
—Seríamos reinas. Tendríamos obligaciones reales como en las películas.
—No todo es como en las películas.
—Tendrías que organizar bailes y recibir a extraños en nuestro castillo mientras llevas a todos nuestros bebés. Mínimo unos cuatro.
—No vamos a tener cuatro hijos y no sé por qué asumes que esas serían mis funciones.
—Eres mi reina.
—Quizá tú serías mi reina y organizarías todos esos bailes.
—Admítelo, yo iría a la guerra mientras me esperas en casa embarazada de nuestro quinto hijo.
—Eres imposible —dijo cruzando los brazos sobre su creciente barriga y me torció los ojos.
Me acosté a su lado y la envolví en mis brazos, continué molestándola mientras acariciaba su barriga a la espera de cualquier movimiento de nuestra hija.
Entre los múltiples planes y exigencias de Regina sobre el diseñó de ensueño de la habitación de nuestra hija, hubieron ciertos momentos en los que creí que ella me volvería loca. Afortunadamente los clientes necesitados de descubrir si sus parejas les eran infieles hicieron que pudiera cubrir los gastos, ni siquiera podía creer que alguien pagara tanto dinero por algo que yo hubiese hecho por la cuarta parte de lo que Regina me obligó a cobrar.
—Eres una investigadora de alto nivel, debes cobrar como tal —fue su última palabra.
Una de mis clientas me recomendó una tienda donde podía mandar a construir los muebles de la habitación con que Regina y yo soñábamos, porque aunque todo fue idea de ella terminé enamorándome de cada detalle.
—No estoy segura que quiero nubes en el techo de la habitación de nuestra hija.
—Acabamos de pintarlas hace dos días, quedaron perfectas.
—No me gustan, y a mi hija tampoco —dijo casi haciendo un puchero y colocando sus manos sobre su creciente barriga.
Respiré profundo e intenté ser lo más positiva que me fue posible.
—Por qué no esperamos unos días y vemos si tú y nuestra pequeñita cambian de opinión —dije con voz melosa y acaricié su barriga en un intento de convencerla.
—Es definitivo. No nos gusta —contestó altanera y malcriada.
Salió de la habitación y fue directo al computador a buscar nuevas opciones para pintar un techo que nuestra hija no vería jamás, a los bebés ni siquiera les importa. Me quedé un momento en la habitación eliminando toda la frustración que sentía. Gastamos mucho dinero contratando a alguien para que pinte el techo tal como Regina había decidido, yo ni siquiera estuve de acuerdo.
—La amo. No es ella, son sus malditas hormonas dementes.
—¡Emma! —me llamó desde la otra habitación.
—¡Ya voy! —Grité en respuesta, respiré profundo, me arreglé el cabello y fui con ella.
—¿Por qué tardaste tanto?
—Tardé como tres segundos.
—¿Estás molesta conmigo? —me preguntó con sus ojos llenos de lágrimas y sus manos cubriendo su barriga, parecía que no pudiera dejar de tocarse la barriga, eso y sus lágrimas era la razón por la cual no podía ni siquiera decir que no.
—Claro que no, bebé.
Me senté junto a ella y besé su frente.
—Quiero que todo sea perfecto. Lamento ser tan molesta.
—No lo eres.
—¿Pintaremos el techo otra vez? —Rozó sus labios contra los míos en un suave besito y me miró fijamente con sus grandes ojos de color chocolate esperando por mi respuesta.
—Claro que sí.
Se iluminó como un hermoso amanecer y comenzó a mostrarme fotos en internet sobre todos los cambios que quería hacer.
Bostecé y estiré mis brazos quitándome un poco de la pereza tras haberme levantado demasiado pronto. Puse mis manos sobre el vientre de Regina buscando algún movimiento de mi pequeña.
—Necesitas nacer pronto princesa, antes que tu mami acabe conmigo.
Besé su hermosa barriga y salí de la cama. Fui por un vaso de leche fría a la cocina con la intención de aplacar la horrible sensación que siempre me deja la pesadilla que había estado teniendo repetidas veces. Me sentía demasiado tensa, obviamente estaba preocupada, Henry era mi primer hijo pero esta sería la primera vez que tendría que criar y cuidar de un bebé. ¿Y si no estaba lista? ¿Y si lo echaba todo a perder?
—¿Regina te echó de la cama?
Me giré y vi a Sarah, ya vestida y lista para su viaje, estaría dos días fuera de la ciudad finiquitando unos asuntos que quedaron pendientes con su anterior casa.
—No. Estoy en mi mejor comportamiento.
—Mantente así hasta que yo regrese. Estoy segura que no serán más de tres días.
—Creí que serían solo dos.
—Con este clima y todo lo que tengo que hacer creo que tres es muy poco.
—¿Segura que no vas en un encuentro amoroso?
—No digas tonterías.
Le di una media sonrisa y bebí mi leche.
—¿Seguro que estás bien?
—Sí… es solo ese sueño horrible que tengo… al menos no es igual que la pesadilla de Hugh Grant en Nueve meses.
—Solo deben ser nervios. No creo que ser madre sea fácil.
—En especial si la madre de mi bebé es Regina.
—Y sin embargo quieres tener más bebés.
—Cuatro es la meta.
—¿Por qué no hablas con tu madre? Ella pasó por lo mismo.
—Suena raro escucharte decir eso.
—Lo que sea por el bien de nuestra familia.
—Quizá tienes razón, puede ser alguna razón mágica que tiene mis nervios en el borde.
—Despídeme de Regina.
—Lo haré.
—Intenta relajarte y no estreses a tu esposa embarazada.
Acompañé a Sarah hasta la puerta y cuando volví a la cama encontré a Regina despierta.
—¿Dónde estabas? —preguntó adormilada.
—Sarah acaba de irse.
—Vuelve a la cama, tengo frío.
No dudé en meterme a la cama. Ella se acomodó en mis brazos y de forma sincronizada pusimos las manos sobre su barriga.
—No creo ser buena en esto de estar embarazada.
—Eres la mejor.
—¿Sientes eso?
Sonreí al sentir la presión contra mi mano.
Regina encontró un poco difícil distinguir los primeros movimientos, pero cuando en su pequeña barriga se distinguió visiblemente un pequeño bultito las dos estuvimos por completo seguras que esa era nuestra pequeña.
—¿Lo sientes? —Preguntó emocionada.
—Sí —dije tocando su vientre.
Pasamos casi toda la noche en vela la primera vez que la sentimos moverse. A veces era como si ella pudiera reconocerme, como si cada vez que yo tocaba el vientre de Regina ella sintiera también mi presencia.
—Están conectadas —dijo Sarah cuando le conté lo que pensaba—. Fue concebida debido a tu magia. Es una niña muy especial, Emma.
—Es como si algo en mí fuera diferente. Cuando estoy con Regina casi…
—¿Qué?
—Es como si pudiera sentirla. Como si con solo pensarlo se hiciera realidad lo que deseo. Es extraño.
Sarah no dijo nada al respecto y yo no pregunté. No quería pensar en lo que eso significaba, así como tampoco quería pensar en que todo indicaba que Regina había quedado embarazada en este mundo y no en el Bosque Encantado.
—Creo que debemos comprar un moisés —dijo Regina de repente interrumpiendo mis dulces recuerdos.
—¿Qué? —froté su vientre y puse toda mi atención en ella.
—Un moisés.
—Debemos terminar de pintar la habitación antes de continuar comprando cosas.
—Una habitación lila no combina con nubes pintadas en el techo.
No me importaría si no hubiese tenido que buscar en tres tiendas diferentes el tono exacto de lila para pintar la habitación, y tampoco he olvidado todo el drama que pasamos porque yo fui incapaz de distinguir entre madera real y falsa; poco me faltó para desplumar un ganso con tal de conseguir el colchón ideal para la cuna. Todas las veces Regina utilizó su embarazo en mi contra, poniendo sus manos sobre su redonda y creciente barriga para dejar muy en claro que ella tenía la última palabra.
—¿Por qué necesitamos un moisés? —Dije sin pensar—. Ni siquiera sé para qué sirve, va a tener una cuna, un cochecito, un…
—Compraremos el moisés. —Se alejó de mis brazos y se levantó de la cama—. Compré uno para Henry y nuestra hija también tendrá uno.
—Yo también tengo una opinión —dije sentándome en la cama.
—¿Quién está llevando a nuestra hija? —dijo poniendo las manos sobre su redonda barriga y se dirigió al baño dando por finalizada nuestra discusión. Era como si su comportamiento empeorara a medida que el embarazo avanzaba.
Refunfuñé mientras me ponía algo de ropa, lista para empezar mi día de trabajo más temprano de lo habitual, al menos podría llevar a Henry a la escuela y usarlo como excusa para salir de casa.
—No voy a comprar un moisés —dije entre dientes—. No lo voy a comprar.
Tomé un par de guantes, un gorro y mi chaqueta. Fui en busca de Regina hasta la cocina y decidí decir lo que pensaba.
—No voy a comprar un moisés, no vamos a comprarlo.
—¿Por qué?
—¿Por qué deberíamos hacerlo? Es ridículo, y tampoco vamos a pintar el techo otra vez. Ella ni siquiera sabrá si son nubes o globos. Acepté que contratáramos a alguien porque no quería que tú lo hicieras y te lastimaras, y porque tú no crees que soy capaz de pintar unas estúpidas nubes.
—Si no te gustaba…
—No se trata de si me gusta o no. Tus hormonas te están volviendo loca y me estás volviendo loca a mí.
—¡Estoy embarazada!
—No lo digas como si eso lo decidiera todo.
—Estoy llevando a nuestra bebé, al menos podría intentar ser más considerada.
—Eso no significa que debo decir a todo sí.
—Te molesta no tener el control. Quieres que yo sea tu esposa obediente.
—Claro que no.
—Sí. —Se cruzó de brazos mirándome desafiante.
—Pues… —me frustraba no pensar una respuesta rápida—. Quizá te hacen falta unas buenas nalgadas.
—Olvídate de hacer el amor conmigo de aquí en adelante.
—Dormiré en el sofá pero no vamos a comprar el moisés ni pintar el techo otra vez.
—¿Están discutiendo? —Preguntó Henry apareciendo de pronto en la cocina.
—¡Sí! —contestamos al mismo tiempo.
Ni siquiera dejé que Henry se despidiera de Regina, tomé su mochila y lo empujé hasta el auto. Me quejé durante todo el camino sobre lo equivocada que Regina estaba. No podía creer que se hubiese referido a mí como si yo fuese alguna clase de marido machista que oprime a su mujer.
David tenía el día libre así que tras dejar a Henry en la escuela me instalé en su cocina mientras él nos preparaba el desayuno.
—Es posible que me guste tener el control en la cama pero ella es la más beneficiada. No es mi culpa que yo tenga más experiencia y a ella le guste dejarse llevar. Y le encanta todo lo que hacemos, puede parecer muy inocente pero no duda en cumplir todos mis deseos…
—No creo que quiero escuchar más detalles ni lo experimentada que eres en la cama.
—Ella siempre quiere obligarme a usar ropa que no me gusta y a comer cosas verdes, un montón de vegetales horribles, ni siquiera en mi trabajo puedo hacer lo que quiero porque ella siempre tiene algo que decir al respecto. No le dije que se quedara en casa jugando a la esposa perfecta, fue su decisión.
—Quizá solo está un poco aburrida, no es fácil estar embarazada.
—No es mi culpa. Yo ni siquiera sabía que podía embarazarla. Ella es la experta en magia y la que quería un montón de bebés. Se la pasa leyendo libros de bebés e incluso vemos películas aburridas sobre bebés. Tengo pesadillas por todo el estrés, me la paso soñando que algo horrible le sucede y yo no estoy allí, nunca estoy allí y tengo que llamarlos a ustedes porque no puedo salvarla.
—Es bueno saber que cuentas con nosotros incluso en tus sueños.
—Tengo razón ¿cierto?
—Aún no me has dicho por qué discutieron.
—Porque quiere cambiar el techo que acabamos de pintar y comprar un moisés.
—Solo hazlo.
—¡Qué! ¿No me escuchaste?
—Yo estaría satisfecho, que importa si quiere poner unicornios en el techo, la amas y tienes el control donde realmente importa.
—¡David Nolan! —Mary Margaret casi nos mata de un susto, apareció de la nada cuando debería estar de camino a la escuela—. ¡No puedo creer que le estés diciendo esas cosas a nuestra hija! El sexo no lo es todo, y si ella debe comprar y pintar lo que su esposa le dice es porque está portando una vida, ¿tienen idea de lo que es pasar más de diez horas en trabajo de parto?
—Tuve a Henry.
—Con mayor razón. Voy por los libros que olvidé y espero que mediten sobre su comportamiento.
No creíamos que Mary Margaret tuviera razón pero decidimos salir a buscar el mejor moisés que pudiésemos encontrar. Le envié un mensaje a Regina diciéndole que lo sentía y que iría al otro lado de la ciudad a su tienda favorita de bebés para encontrar el moisés perfecto para nuestra pequeña.
—Es increíble que no me conteste.
—Por suerte tienen cuarto de visitas, porque es mucho tiempo el que vas a estar castigada.
—Muy posiblemente tú también por ser una mala influencia para mí.
—Sé cómo evitar los castigos de tu madre, soy sumamente encantador.
Los dos reímos y conversamos todo el tiempo, fue la primera vez que sentí que David realmente era mi padre.
XXXSQXXX
REGINA
Sonreí complacida cuando leí el mensaje de Emma. Realmente me había mal acostumbrado a ser complacida por ella, Emma me hacía sentir segura en todo momento y que su amor hacia mí era más real que cualquier cosa. No solo era mi esposa, era mi mejor amiga, alguien con quien podía incluso discutir y saber que nuestro amor permanecería intacto, que podía expresarme libremente sin temor a ser reprendida. Me mordí el labio y pensé que quizá podría aceptar mi mal comportamiento y recibir un castigo muy merecido esta noche. Pensé en responder dándole una pista de mi nuevo estado de ánimo y mi reciente antojo por ella, pero alguien llamando a mi puerta mi impidió hacerlo. Era extraño, las madres de los compañeros de Henry con quienes había comenzado a interactuar muy habitualmente nunca llegarían a mi casa sin avisar, nos habíamos reunido unas cuantas ocasiones en algún restaurante para discutir las actividades de la escuela mientras disfrutamos de la comida de un lugar agradable y no había perdido ningún mensaje donde acordáramos algún tipo de reunión en nuestras casas.
Abrí la puerta y vi ante mí a la última persona que creí vería otra vez: Tink.
—Creí que no te encontraría.
—Tink.
Se acercó y me dio un abrazo, sus manos de inmediato fueron a mi vientre.
—Si no es una hermosa niña la que tienes aquí.
—¿Cómo sabes que es una niña?
—Soy un hada. Las hadas sabemos esas cosas.
—Incluso en un mundo sin magia.
—Si este mundo no tuviera magia no estarías embarazada. —Acarició mi barriga y me dio una gran sonrisa—. ¿No me invitas a entrar?
—Claro que sí. —Me hice a un lado y la dejé pasar—. ¿Cómo llegaste hasta aquí?
—Usé un hechizo localizador para saber dónde encontrarte, una habichuela mágica y unos medios de transporte sumamente extraños.
—¿Más extraños que un portal?
Las dos reímos a eso.
—Espero que a Emma no le importe que esté aquí.
—Claro que no. Estoy muy feliz de verte.
—Pensé en lo que me dijiste. Debí haber venido contigo desde un principio. No queda nada para mí en el Bosque Encantado.
—¿Cómo están las cosas?
—Todos se han establecido. George dejó el Bosque Encantado, estoy segura que dónde sea que esté logró un gran acuerdo por traicionar a Azul.
—Siento todo eso tan lejano. Te veo y es como despertar de un sueño.
—Seguro no quieres escuchar todas esas tonterías.
—¿Qué pasó con Azul?
—La derrotamos, le quitamos sus alas y nunca más podrá regresar al Bosque Encantado.
—Es poco para lo que se merece. ¿Y Rumple?
—No creo que sea alguien de quién debas preocuparte.
—¿No me has dicho qué te hizo venir aquí?
—Quería asegurarme que estuvieras bien. No volví a saber nada de ti. Soy tu hada madrina después de todo. —Se acomodó la chaqueta jean que llevaba puesta y apretó entre sus manos la bufanda alrededor de su cuello. Las botas planas que llevaba puestas la hacían ver un poco más baja, aunque sin mis habituales tacones casi no había diferencia entre ella y yo—. Y por lo visto he llegado en el mejor momento. ¿Cuánto tiempo falta para su llegada?
—Solo tengo veinticuatro semanas, siento que falta una eternidad.
—Nieve debe estar tan feliz.
—¿Nieve?
—Es su nieta… supongo que las cosas ya se arreglaron entre ustedes.
—No del todo, y de eso sí no quiero hablar. —Salí de la cocina dirigiéndome a las escaleras y ella me siguió—. Voy a prepararte una habitación, puedes elegir algo de mi ropa o de Emma hasta que podamos ir de compras, se supone que debemos comprar un auto para mí pero he estado muy ocupada preparando la habitación…
—¿En serio no te molesta que me quede aquí?
—Claro que no.
—¿Y a Emma?
—Despreocúpate de eso, puede que esté casada con Emma pero es muy diferente a cualquier matrimonio del Bosque Encantado.
—Seguro que sí.
—No puedo creer que estés aquí. —Me detuve frente a la habitación que arreglaría para Tink, tomé su mano y la apreté.
—Yo tampoco. —Apretó mi mano y me dio una gran sonrisa.
