Desde que entró en la habitación, Charlotte no pudo mirar otra cosa más que a Stan. No se esperaba verlo directamente en ropa interior, no dejaba mucho a la imaginación. Y lo que no pudo evitar pensar, fue que, sólo bajando esa pequeña prenda, iba a encontrarse con la desnudez divina de aquel hombre. Mientras llegaba a la habitación, pensaba cómo empezaría aquella noche íntima. Si hablarían, si él tendría algo preparado, si ni bien verse darían rienda suelta a su pasión... todavía no tenía la respuesta, pero dudaba que fueran a hablar mucho si Stan la estaba recibiendo tan tentadoramente.
Para su sorpresa, pronto descubrió que estaba más cerca de la primera y la segunda opción. La habitación del rubio era impersonal como todas las demás, muy pocos se habían molestado en decorarla, como Xeno o Luna, pero sí tenía una mesa y dos sillas, además de la cama. En la mesa había una botella de vidrio oscura, y dos copas, así como un plato con bocaditos de maíz. "Qué detallista", pensó, y una parte de ella se emocionó y alivió de ver que Stan tenía algo más en mente que acostarse con ella. Sí, sabía a qué estaba yendo cuando aceptó la invitación de ir a su habitación por la noche, no esperaba otra cosa, pero que la recibiera con ese detalle considerado y galante era mucho más agradable como preparación, más allá del estado de escasa vestimenta que él llevaba, de lo cual decidió no comentar.
- ¿Quieres una copa de vino, Charlotte? Es de los buenos, cosecha especial para los altos mandos –le dijo con una sonrisa confiada.
- Sí, gracias.
- Quizás Xeno se ocupa de detalles excesivos, pero nunca vamos a reclamarle el viaje que hicimos hasta Napa Valley para cosechar estas uvas, más allá de que haya usado el alcohol también para sus experimentos científicos. Yo no soy tanto de los vinos, me gusta más una buena cerveza, pero es lo que hay, y este es de lo mejor que hemos hecho.
Stan le dio la copa a medio llenar, y él tomó la otra, brindaron sonriéndose mutuamente, antes de tomar un sorbo. Charlotte lo saboreó por toda su boca antes de tragarlo, y asintió satisfecha.
- Es el Cabernet Sauvignon, ¿cierto?
- Oh, ¿sabes de vinos? –Agarró la botella de la mesa, y leyó la etiqueta escrita a mano– Acertaste, nada mal.
- Un poco, mi tío era enólogo de una de las bodegas de Napa Valley, por lo cual siempre traía vinos a las comidas familiares y se pasaba horas hablando del tema, algo aprendí.
- Ahora entiendo por qué estabas ahí en el medio, ayudando a hacerlo, pensé que solamente te gustaba dar una mano... o aprovechar y probar mucho vino –sonrió con malicia, ante el ceño fruncido de ella– Pero era mucho más que eso, parece que tenemos que agradecerte a ti por el buen resultado de este brebaje.
- N-no es para tanto –Contestó tímida.
- No te quites mérito, lo fue. Gracias, bonnie.
Stan la rodeó por la cintura, atrayéndola delicadamente hacia él para darle un suave beso en los labios. Sin poder evitarlo, Charlotte sintió humear su cara, a lo cual él se rió.
- ¿En serio te cohíbes con tan poco? Qué tierna eres.
- ¡No puedo evitarlo! No estoy acostumbrada a que seas así conmigo. Ya sabía que eras un hombre amable y con buen corazón, pero todavía no termino de creer lo que pasó esta tarde, y que estamos aquí para... bueno...
- Sí, aunque no te creas que eres la única sorprendida. Yo no tenía en mente todo lo que sucedió, simplemente se dio, y me gustó mucho. Si no te hubiera visto imitándome, no estaríamos aquí, al menos no hoy. Eventualmente sí, ya te había echado el ojo.
- ¿De verdad? –Preguntó sorprendida, con un brillo en los ojos.
- No pasas desapercibida –Admitió con una media sonrisa– No creo ser el único, pero me alegro de haber sido el primero de aquí. ¿A menos que hayas tenido un amante secreto en este tiempo?
- ¡No! No estuve con nadie aquí –Se apuró a aclarar y luego bajó la mirada, murmurando– Sólo tenía ojos para usted... para ti.
- Entonces lamento no haberme decidido antes, perdóname por hacerte perder el tiempo, Charlotte –Le dijo con suavidad, dándole un beso en la mejilla.
La rubia negó con la cabeza con timidez, y se puso roja como un tomate. ¿Dónde tenía guardada Stan toda aquella dulzura? ¿Acaso siempre había sido así, pero por su posición de alta jerarquía militar y sus responsabilidades, no lo mostraba excepto a las personas más cercanas? No debía sorprenderle tanto, comenzaba a entender que cuando él le dijo que la estaba invitando como "Stan", se estaba refiriendo a que quería compartirlo con ella como hombre, y no como militar, lo cual también le había dicho a la tarde, con notable frustración cuando ella sólo lo llamaba "capitán" y lo trataba formalmente. Se sintió un poco culpable de aquello, tal vez Stan resentía en algún punto el hecho de que su profesión y sus prodigiosas habilidades tuvieran la consecuencia de alejar a la gente de su vida, más que acercarla.
- ¿Un dólar por tus pensamientos? –Bromeó él– ¿Estás bien? Te quedaste muy callada.
- Ah... sí, perdón. Todo está bien, sólo estoy muy feliz de estar aquí contigo, gracias, Stan.
No quería ponerse emocional ni bien empezaba la noche, por lo que tomó un buen sorbo de vino, apoyó la copa en la mesa, y con valentía se acercó luego a darle un beso en los labios, delicado pero juguetón, jalando suavemente del labio inferior de él. No tenía ropa de la que agarrarse, por lo que le apoyó su mano en el pecho. Stan se sorprendió un poco de que ella decidiera empezar así, había considerado que pasarían un rato hablando, o que ella le haría algunas preguntas, pero no iba a quejarse ni detenerla. Le correspondió mientras dejaba su copa en la mesa, provocándola con un beso deliberadamente lento y profundo, como si fuera en cámara lenta. Como esperaba, a Charlotte le costó seguirle el ritmo al principio, era evidente que pensaba que todo iba a escalar muy pronto en intensidad, y no cejaba en su intento de llevarlo a un beso más apasionado.
- ¿Estás apurada? –Le preguntó, con una pequeña sonrisa en los labios.
- No...
- Porque parece que quieres que esto se termine rápido –La provocó, entrecerrando los ojos.
- Oh, no. Perdona, estoy un poco nerviosa... no hago esto hace tiempo. Es decir, lo que...vamos a hacer –se estaba poniendo torpe y atropellada, por lo que prefirió callar.
- No te preocupes, en eso estamos parejos, yo tampoco estuve con otra persona estos años. Pero la noche es larga, tenemos mucho tiempo para recordar y practicar.
Charlotte respiró hondo y se relajó un poco ante eso. No tenía que ponerse secretamente contenta de saber que Stan no había tenido otra amante últimamente, pero lo hizo. Un cosquilleo la recorrió cuando oyó que tenían toda la noche para "practicar". Decidió hacer una broma coqueta para retomar el clima, rozándole el torso con sus dedos.
- El que me pareció que estaba saltándose unos pasos fuiste tú, no tengo mucha ropa que quitarte ya.
- Depende cómo lo veas, quizás nos ahorré el tiempo de que me desvistas, para que podamos disfrutar más tiempo de sentirnos –Retrucó seductoramente, y soltó una suave risa cuando ella se volvió a sonrojar, no podía resistir su propia coquetería– Pero si te soy sincero, no pensé en eso. Duermo así, y hace calor, tampoco es que tenemos un amplio guardarropa, y no iba a ponerme el traje otra vez después de la ducha.
La miró apreciativamente de arriba abajo, Charlotte vestía un top de color claro, liviano y pegado al cuerpo, que exponía parcialmente su abdomen, y unos pantaloncillos cortos haciendo juego.
- Tú estás bien bonita. ¿Así duermes todas las noches? Es una buena imagen para recordar, nada mal.
- Oh... –Se quedó callada ante eso, todavía no sabía aceptar los cumplidos de Stan sin ponerse tímida, menos cuando tenían un dejo picante.
- O tal vez no tenga que recordarte, sino verte –le dijo con voz candente.
Charlotte sintió sus rodillas aflojarse ante esa insinuación, la sola posibilidad de que Stan le estuviera sugiriendo verse por las noches con más frecuencia era más de lo que podía soñar. Levantó la vista hacia él, encontrándolo un poco más cerca, y recortó la distancia entre ellos para besarlo una vez más, eso era mucho más fácil que tener que pensar algo que contestarle, más que un "SÍ" mayúsculo. Colgó sus manos en el cuello de él, mientras sentía cómo los fuertes brazos la envolvían cálidamente, hasta que sus cuerpos se chocaron. Stan subió una mano para acariciarle la mejilla para mantenerla bien cerca, a la vez que la besaba de una forma más abierta, permitiendo que su lengua juguetona le acaricie los labios a su amante entre besos, además de empujarse y danzar con la de ella, pasando a llevar el control y el ritmo de aquel contacto, por si seguía estando nerviosa. Se perdieron en el tiempo disfrutando ese momento, hasta que se separaron con un suave jadeo, y Stan le tomó la mano.
- Ven...
Le susurró, y la jaló con delicadeza mientras caminaba hacia atrás, hasta que sus piernas chocaron contra la cama y se sentó en ella, atrayéndola por la cintura con la otra mano hasta que Charlotte se sentó a horcajadas de él. Se miraron a los ojos unos segundos, sonriéndose con serenidad, antes de volver a besarse largamente y el rubio deslizó sus manos por todo el costado, recorriendo la hermosa figura de la joven, hasta acariciarle los fuertes muslos. No podía esperar para besarla y saborearla entera, pero tendría que esperar a que profundizaran un poco más aquel clima, siguiendo su propio comentario de que tenían una larga noche para disfrutar. Ese primer encuentro quería que fuera con dedicación y cuidado, memorable, y Charlotte parecía necesitarlo especialmente
Ella también lo recorrió con largas caricias, y Stan respiró profundamente cuando sintió sus cálidas y suaves manos en su pecho, su abdomen, y luego por toda su espalda, se sentían muy bien, así como la sensación de ser acariciado con dulzura, se notaba que Charlotte lo adoraba más allá de su cuerpo, lo que no sucedía con muchas mujeres con las que había estado anteriormente. No sabía cómo iba a resultar todo aquello, no habría vuelta atrás de aquel encuentro íntimo, tampoco querría que lo hubiera. Estaba cada vez más seguro que no sería algo ocasional o esporádico, no lo tomaría como una simple satisfacción sexual, sus intuiciones sobre las personas tampoco fallaban, cuando algo o alguien atraía poderosamente su atención y dedicación, era por algo.
Fue muy lindo para ambos ese momento, podía sentirse que tenían una conexión especial, tal vez habían tardado mucho en darse cuenta, pero nunca era demasiado tarde. Stan interrumpió aquellos largos besos para posar sus labios en el fino cuello de cisne de Charlotte, un agradable cosquilleo invadiéndolo cuando oyó el dulce gemido de ella contra su oído, a la par que le acariciaba el cabello. Depositó un sendero de tentadores besos allí, así como luego en su clavícula y su hombro, y bajó un poco más hasta el borde del top que vestía. Antes de que pudiera continuar, la rubia le apoyó sus manos en el pecho y lo empujó suavemente contra la cama.
Sin demora, la joven se inclinó para comenzar a acariciarlo con sus labios, además de pasar mínimamente el filo de sus dientes por la marcada mandíbula de Stan, hasta alcanzar el lóbulo de la oreja y tentarlo con sensuales mordisquitos y su tersa lengua. El hombre gimió grave en apreciación, y llevó sus manos hasta las caderas de ella, apretando ligeramente sus dedos allí cuando se sentía especialmente bien. Estaban al borde de la cama, por lo que se arrastró de a poco hacia el centro de la misma para estar más cómodos, sonriendo al verla gatear sensualmente sobre él, "arrinconándolo" contra el colchón sin detener sus atenciones, era una mujer hipnotizante cuando se liberaba de su timidez y se mostraba decidida. Charlotte continuó bajando, al fin pudiendo deleitarse con el sabor y el tacto de la piel de su adorado capitán, dedicándose completamente a no dejar un pedacito de piel sin besar o acariciar. Todo de él era adictivo, y oír sus suaves jadeos y gemidos no hacía más que entusiasmarla a dar todo de ella para complacerlo.
Sonrió para sí misma cuando lo sintió estremecerse al besarle los pequeños pezones, notando su sensibilidad, y cuando buscó fugazmente sus ojos fue que sintió un tirón en su bajo abdomen, al verlo sonrojado y con esos orbes azules oscuros y entrecerrados de gozo. Eso fue como combustible para ella, era una visión de otro mundo la evidencia de su disfrute, por que continuó complaciéndolo y bajando por su abdomen, otra deliciosa tentación. Al fin podía ver y tocar esa maravillosa "V" diabólicamente sensual, particularmente delineada por lo muscular que Stan era, y no se contuvo de mordisquearlo con poca delicadeza. Lo oyó gemir de forma gutural, al tiempo que sentía cómo la mano de él buscaba acariciarle la cabeza, incentivándola a seguir. Charlotte no podía detenerse, aunque quisiera, cada segundo le resultaba más adictivo hacer sentir bien al hombre que se había adueñado de sus sueños, y no dudó en agarrar el borde del calzón y jalarlo un poco hacia abajo. No lo desnudó del todo, pero alcanzó a exponer su ingle, depositando unos provocadores besos allí, sobre los suaves vellos que precedían su intimidad.
Stan gruñó sensualmente y tragó duro, no se esperaba que ella le avanzara tan decidida y sin pudor alguno, considerando que antes se había mostrado tan cohibida con unos pocos halagos. Se apoyó en sus codos, y la vista fue tan erótica que soltó un gemido más alto de lo que pretendía, lo cual llamó la atención de la rubia, que sonrió satisfecha.
- Si quiere puede mirar, capitán –dijo intencionalmente.
Él abrió mucho los ojos y quedó boquiabierto, no sólo ante la audaz propuesta, sino por la provocación de transgredir la consigna de esa noche. No iba a quedarse atrás e ignorar eso, por lo que se sentó rápidamente en la cama y le agarró ambas manos con firmeza, pero sin lastimarla.
- Me pareció haber sido claro con la condición de esta noche, Charlotte –Dijo en voz baja y ligeramente amenazante.
- Ah, sí... se me olvidó –Mintió, juguetona, su corazón latiendo fuerte por animarse a desafiarlo.
- Nunca vi a nadie sentirse menos culpable, eres una chica traviesa después de todo, bonnie. No sé dónde quedó la dulce Charlotte que se sonrojaba por todo, pero nada mal, naaaada mal, me excita mucho esta. Mira cuánto.
Antes de que ella pudiera reaccionar, él llevó una de las manos de la joven hasta su abultada entrepierna, jadeando ambos al unísono, una por sorpresa y el otro por la sensación. Sonrió victorioso cuando la vio sonrojarse nuevamente, aunque ella luchó por mantenerse impasible y seguir con aquella actitud audaz.
- ¿Qué sucede, Charlotte? ¿Te gusta lo que sientes y no puedes ocultarlo?
- Sí, capitán –insistió con la "falta", mirándolo a los ojos, lo cual internamente le estaba derritiendo las entrañas del calor que le provocaba la terriblemente sensual y ardiente actitud de Stan, ni que hablar de sentir con bajo su mano el generoso miembro excitado, aunque fuera por encima de la tela.
- ¿Vas a insistir con eso? –Se acercó más a ella– Ok, como quieras, pero creo que sabes que, en ese caso, estás desafiando a un superior, y la insubordinación tiene por consecuencia un castigo.
- A menos que... pueda hacer algo por usted, capitán.
- ¿Algo como qué, Charlotte? Cuéntame...
La rubia se mordió el labio tentadoramente, con una pequeña sonrisa en los labios, mientras sus mejillas se teñían de un sonrojo más intenso. Se acercó al oído de su deseado capitán, y le susurró sus planes al oído. Stan alzó ambas cejas ante tal obscenidad, pero estaba encantado, al fin había despertado a la tigresa oculta en esa bella mujer. Lo tenía todo, podía ser adorablemente dulce e inocente, así como también una diosa atrevida, y le interesaba particularmente conocer el lado oscuro de la última, prometía mucho. Ya se imaginaba que una mujer militar tan habilidosa y capaz que había superado a tantos hombres no podía ser débil o blanda, pero la pregunta de cuánto tardaría en mostrarle esa parte de ella quedó resuelta antes de lo pensado.
- ¿Tienes idea lo hermosa que eres, Charlotte? –Le susurró, mirándola intensamente– Me haces desearte tanto ahora mismo que estás jugando con el límite de mi autocontrol.
- Entonces no tengo tiempo que perder.
- Me tienes todo para ti, aprovéchame.
Stan no quería perderse de ver ni un segundo de aquello, si ella iba a cumplir con lo que le había dicho, por lo que se mantuvo apoyado en sus codos cómodamente para verla, sería jodidamente excitante. La rubia asintió, sintiéndose envalentonada con el deseo que le había profesado su amado, y se prometió que le daría placer para superar toda expectativa de él, era su oportunidad y pensaba aprovecharla. Lo besó apasionadamente, aprovechando lo cerca que lo tenía, mientras dejaba que la mano que seguía cerca del sexo de él comenzara a acariciarlo por encima de la tela, recorriendo así su longitud. Nunca había estado con un hombre tan bien dotado, pero imaginaba que iba a gozar de un placer indescriptible ante tal sensación. Luego de tantearlo así, interrumpió el beso para volver a bajar por el cuerpo de él sin quitarle los ojos de encima, tampoco podía hacerlo, esos magnéticos ojos zafiro la atraían irremediablemente. Jugando con eso, tampoco interrumpió el contacto visual cuando sus labios se posaron en aquel deseable bulto, imitando con sus labios abiertos el recorrido que había hecho antes su mano.
Stan gruñó y apretó la mandíbula con fuerza, empujando suavemente su cadera hacia adelante para buscar más de ese contacto. Pero eso recién empezaba, e inspiró bruscamente cuando Charlotte pasó descaradamente la lengua como si de un helado se tratara, y jugueteó luego sólo con la punta, mientras una de sus manos acunaba sus gemelos. El hombre silbó con aprobación, asintiendo con la cabeza mientras sonreía ampliamente, estaba seguro que no se olvidaría en toda su vida de esa noche. Sin dudas la rubia era una loba vestida de ovejita, sabía perfectamente qué hacer para no darle tregua, ansiaba y temía eso al mismo tiempo.
Jugar con Stan también la estaba colmando de deseo, toda inhibición de su mente había desaparecido, más cuando él la motivaba así a continuar. Por lo que no se aguantó un segundo más para posar sus manos en el borde del calzón de él, y jalárselo con decisión para bajárselo completamente. Abrió los ojos y quedó boquiabierta unos segundos, al contemplar y comprobar las dimensiones de esa magnífica erección liberada, sin dudas Stan era todo un semental de pies a cabeza, y ella era más que afortunada de poder disfrutarlo. Titubeó un poco a la hora de tocarlo por primera vez íntimamente, y cerró los ojos unos instantes al sentir la tersa, cálida y a la vez dura sensación de su miembro, era perfecto. Cuando agregó su otra mano, tomó consciencia de que debía medir casi tres palmas suyas, definitivamente era intimidante lo bien dotado que estaba, además que acompañaba con una apreciable grosura. Movió sus manos lentamente en sentido contrario, tanto horizontal como vertical, lo cual robó un sonoro gemido de parte de él, que además se sonrojó notablemente.
- Oh, Charlotte... nada mal. Sí, sigue así, es perfecto...
Continuó un poco más para contentarlo, sin entusiasmarse con la intensidad para no irritarlo. La tentación era demasiado fuerte, y tenía que cumplir cada palabra de lo que había prometido, por lo que se acomodó para apoyarse en sus codos mientras lo tocaba, y de paso poder comenzar a derretirlo usando su boca. Lo recorrió entero con la punta de su lengua, y poco a poco comenzó a introducirlo en su boca, oyéndole a Stan soltar una maldición que sonó de lo más lujuriosa en sus oídos. Como no podía ir muy lejos ya que no estaba acostumbrada a tanto, optó por complacerlo con apasionadas lamidas y succiones, compensando con el movimiento de sus manos para darle más placer. Comenzaba a ser adictivo verlo desarmarse en gemidos y apretando las manos en las sábanas, y se esforzó por continuar a pesar del cansancio que comenzaba a sentir en su mandíbula, aprovechando los "descansos" para acariciarlo y besarlo.
Cuando Stan llegó a un punto peligroso de excitación, volvió a sentarse ágilmente y le apoyó la mano en la barbilla para alejarla con delicadeza, para luego besarla profundamente mientras la abrazaba con fuerza y la giraba para cambiar de posición y recostarla sobre la cama. Todavía tenía los calzones a la altura de las rodillas, pero la urgencia por besarla y agradecerle en ese momento el increíble placer que le había dado eran más fuertes. Sin detenerse, intenso y apasionado, bajó entre besos y lamidas por el cuello y el pecho de ella, subiéndole el top que cubría sus voluptuosos senos hasta descubrirlos finalmente, quitándole aquella prenda en un decidido y fluido movimiento hacia arriba.
- Hermosos... –susurró apreciativamente, masajeando uno con destreza y cariño, mientras se volvía a acercar a ella para continuar devorándola.
Charlotte se tapó la boca para ahogar su gemido, fue demasiado bueno sentir la cálida y húmeda boca de él saboreando sin piedad sus sensibles pechos, su implacable lengua y el roce de sus dientes haciendo un maravilloso trabajo en endurecer sus pezones a un punto casi doloroso de tanta estimulación. Pero Stan le quitó la mano de la boca, e interrumpió sus caricias para subir rápidamente hasta quedar cara a cara, mirándola intensamente.
- No te contengas mi bella Charlotte, canta para mí con tu dulce vocecita, necesito oírte.
- Stan... –jadeó, y se abrazó a la espalda de él, adelantando su cabeza para alcanzar sus labios y compartir un largo y apasionado beso. Necesitar... ella lo necesitaba, aunque tenía un poco miedo de volverse loca de tanto placer y amor que sentía por él, potenciado por las expresiones de que era suya y su necesidad.
- ¿Volví a ser Stan, ahora? –Sonrió divertido– Bien, mejor así. Pienso darte todo de mí, te lo ganaste, y cuánto. Pero como Stan, tal como te dije antes, basta de juegos.
- Sí, Stan... por favor...
- No tienes que pedírmelo –contestó, besándole la comisura de los labios con suma dulzura.
Bajó nuevamente para continuar con su tarea, complaciendo ambos senos uno a la par del otro, entre sus hábiles dedos y su diestra boca, hasta dejarlos sonrosados y súper sensibles a causa de toda esa estimulación. Luego bajó por su abdomen, también devolviéndole la gentileza de no dejar centímetro de piel sin acariciar y besar. Fue entonces cuando volvió a percatarse de su molesto calzón inútilmente en el medio, y tuvo que alejarse de ella para quitárselo. Aunque sonrió felinamente, cuando se dio cuenta de una nueva posibilidad. Se levantó de la cama y le agarró a la rubia ambos tobillos en cada mano, jalándola para arrastrarla hasta el borde de la cama, su trasero apenas sobresaliendo. Le bajó los pantaloncillos y las bragas juntos de una vez, tomándose un momento para apreciar la exquisita belleza de su completa desnudez, toda para él. Se arrodilló en el piso, apoyando las pantorrillas de ella en sus hombros, y esperó a que ella lo mirara notoriamente sonrojada y con expectativa para decirle con voz acaramelada:
- ¿Qué se siente tener a tu "capitán" de rodillas frente a ti?
- Oh...
- Sí, así me tienes, bonnie. Y con gusto.
Sin dejar de mirarla, tal como ella había hecho antes, Stan comenzó a acariciarle y besarle las piernas, subiendo sin apuro hasta alcanzar sus muslos internos. Allí le dio una larga y casi obscena lamida casi hasta la entrepierna mientras la taladraba con su ardiente mirada azul, y sonrió al verla morderse el labio inferior de gusto. Seguía en plan de complacerla sin darle tregua, por lo cual repitió aquella pecadora lamida directamente en su intimidad, recorriéndola entera. Se estremeció involuntariamente al oírla gemir con lujuria, no había música más perfecta para sus oídos. Repitió aquella húmeda caricia, una, otra y otra vez, pero cada vez separando menos su lengua de aquel contacto, hasta volverlo un movimiento circular e ininterrumpido.
Sabía que estaba jugando con la cordura de su amante, pero sólo pensaba darle lo mejor, todo el placer que supiera y pudiera darle. No pensaba terminar sus atenciones orales hasta no verla temblar a causa de un orgasmo, sin importar el tiempo que demorara. Tampoco se conformaría con uno, sabía que podía hacerla acabar dos veces en ese mismo encuentro, podía, e iba a hacerlo, todo sea por y para ella. Aunque parecía una mujer bastante sensible y se la notaba relajada y entregada, por lo que no pensaba que le costaría mucho hacerla llegar al clímax, al menos al primero.
Recorrió sus labios exteriores con dedicación y alternando el uso de su boca, para después separarlos ligeramente con los dedos de una mano para poder hacer lo mismo con los interiores, haciéndola gimotear y respirar agitadamente. Tenía que estimularle cada centímetro de su intimidad para facilitar el orgasmo y hacerlo más intenso, y podía sentir cómo ella se estremecía de forma intermitente fuera de control, su cuerpo reaccionando por cuenta propia al placer. Luego se dedicó a la cereza del postre, aquel divino botoncito de placer exquisitamente sensible, que no dudaba que la haría apretar los dedos de los pies cuando se concentrara en adorarlo. Lo rodeó completamente con sus labios en una firme y constante succión, dejando su lengua repiquetear contra aquel punto, para luego concentrarse en mantener ese movimiento circular e ininterrumpido.
- Ooooh... Stan... ¡Stan!... –gimió Charlotte con desesperación, su cuerpo tensándose, esa ola de placer comenzando a amplificarse e inundarle el cuerpo.
Como broche de oro, el rubio aprovechó la abundante humedad en el interior de ella para acariciarle la entrada con el dedo del medio, sin contener su propio gemido de satisfacción al sentirla tan cálida y resbaladiza, sonido que reverberó y estremeció a la joven de placer aún más, ya que seguía acariciando su clítoris con su boca. No le costó nada introducir ese dedo, más bien parecía que el cuerpo de ella estaba deseoso de recibirlo, por lo cual aprovechó dicha facilidad para llevarlo un poco más profundo, y moverlo rápidamente en un gesto muy rápido, intenso y repetido de "ven aquí". Eso fue demasiado para Charlotte, y le desencadenó un brutal y completo orgasmo que la hizo temblar de pies a cabeza, anulando su respiración por varios segundos mientras el intenso placer la recorría entera.
Stan detuvo finalmente sus caricias para no excederse, y mientras ella no podía dejar de temblar, su cuerpo absorbiendo y replicando los ecos de extático placer, volvió a subirse a la cama y recostarse al lado de ella, dándole suaves besos en todo el rostro hasta que se hubiera recuperado, sin dejar de mirarla, en ese momento era él el que se encontraba irremediablemente atraído por la expresión de placer de su amante, y esos hermosos ojos celestes brillantes que lo buscaban, aunque no terminaban de enfocarse en él. Cuando la vio al fin serenarse y volver plenamente en sí, entrelazó sus dedos con los de ella, sonriéndole.
- ¿Lista para seguir, Charlotte?
- Creo... oh dios, eso fue demasiado –soltó una risa nerviosa– ¿Hasta en esto tienes que ser perfecto? Es injusto... es casi cruel.
- ¿Cruel? –Preguntó sorprendido, frunciendo el ceño, no era el adjetivo que tenía en mente.
- Porque no sé cómo podría olvidarte después de esto, ni creo que otro hombre podría estar a tu altura y volver a hacerme sentir así, y eso que no terminamos todavía.
- Ya veo –Frunció el ceño ante la mención de otro hombre, sintiendo un escozor en su pecho, por más que fuera hipotético. Suspiró y le dijo con voz suave– Quién sabe, tal vez no tengas que olvidarme... ni tengas que pensar en otro hombre.
- No digas eso –Charlotte cerró los ojos, y miró a un costado, sus ojos turbios– No me des esa esperanza tan pronto, Stan... no cuando sabes... mis sentimientos por ti. No juegues con mi corazón, no puedo evitarlo, ya es todo tuyo.
- No estoy jugando ni dándote falsas esperanzas, Charlotte –le dijo con seguridad y serio, mirándola intensamente– Pero perdón, tienes razón. Es que no me gustó nada siquiera imaginar otro hombre contigo, no me fue indiferente, pero no por una cuestión de ego o de posesión. Olvídalo, no tiene sentido darle vueltas a todo eso ahora, estamos aquí, juntos, y tengo mucho más para darte... y tú a mí, ¿cierto? –La animó con una sonrisa más dulce.
- Sí, así es –Asintió, volviendo a mirarlo, y le acarició el rostro, para luego compartir un beso.
- Bien. Ven, sigamos entonces, súbete a mí...
Charlotte siguió la indicación, y se volvió a sentar a horcajadas de él, solo que esa vez ambos jadearon al sentir sus intimidades rozarse cálidas y suaves, piel con piel. Sabía que iba a resultarle abrumador y posiblemente un tanto incómodo al principio el tamaño de Stan, pero se sentía más que preparada gracias a él y sus dedicadas caricias. Comenzó a frotarse contra él, ambos volviendo a gemir suavemente ante la maravillosa sensación. Cuando consideró que ambos estaban listos, levantó las caderas y se ayudó con una mano para alinear sus intimidades, bajando un poco hasta sentir que entraba en ella. La rubia ahogó un fuerte gemido, quedándose muy quieta y con la boca abierta. Tal como pensaba, resultaba abrumador, y por más preparada que estaba, sentía un ligero ardor de tanto que la estaba llenando y expandiendo repentinamente.
- ¿Charlotte? ¿Estás bien? –Preguntó con un dejo de preocupación Stan, al ver que ella seguía quieta y con los ojos cerrados. Él había apretado la mandíbula, se sentía deliciosamente apretado.
- S-sí... sólo que... aaaah... –No, definitivamente no podía hablar mientras seguía bajando su cuerpo.
- Despacio, tranquila, tómate tu tiempo para acostumbrarte a mí. Sólo quiero saber si estás bien.
- Sí... sí.
Muy lentamente continuaba bajando, acostumbrándose a la invasión, y luego probó de subir un poco, antes de volver a bajar más que antes, toda su atención puesta en cada sensación que la inundaba. Eventualmente alcanzó a tenerlo casi todo adentro, y en lugar de subir y bajar seguidamente, optó por moverse de forma circular sobre él. Eso era delicioso realmente, y cuando Stan le posó las manos en el trasero, y comenzó a empujarse contra ella a la par de esos otros movimientos, fue demasiado. Tuvo que apoyarse en el pecho de él, aunque ese cambio de posición provocó que la sensación fuera incluso más intensa, y tembló perceptiblemente. Sus movimientos se volvieron un poco más verticales luego, con más ímpetu, su interior cediendo hasta que tenerlo dentro se sintió natural, muy placentero.
- Oh, Stan... me colmas tanto... –Y en más de un sentido lo decía, no sólo la sensación física.
- Y tú me recibes tan bien, bonnie, justa y perfecta para mí. Cómo te mueves, eres una diosa.
Stan la ayudaba a mantener el ritmo ideal con la guía de una mano, mientras la otra la deslizaba por el suave y firme cuerpo de ella, hasta acariciarle tentadoramente los pechos. Pero la tentación de hacer algo más que tocarlos para hacerla sentir bien era demasiado grande, por lo que la abrazó para acercarla a su cuerpo mientras ella no dejaba de moverse sobre él, y cuando la tuvo al alcance levantó la cabeza para usar su boca. Charlotte gimió con voz trémula, ese cambio hacía que Stan la estuviera estimulando en los mejores lugares. Sus sexos fundiéndose de tanto calor y humedad allí dentro, su clítoris rozando contra el pubis de él de forma intermitente, lo que le producía agradables corrientes eléctricas, y luego sus pechos siendo besados y devorados con ternura y a la vez pasión. No sabía si iba a poder con tanto, y enterró los dedos de una mano en la cabellera sedosa de él para abrazarse de alguna forma, cerrando los ojos. El tiempo había dejado de existir, y estaba gozando tanto, en todos los sentidos, que no quería que aquello termine.
Pero unos minutos después sintió que todo daba vueltas, y cuando abrió sus ojos notó que efectivamente había sucedido, Stan los había girado rápidamente para colocarse encima de ella, sin interrumpir la conexión, tan medido y perfecto como sólo él podía hacerlo. Buscó los orbes zafiro, que ya estaban mirando los de ella, y jadeó de lo hermoso y sensual que se veía su hombre, tan sonrojado, despeinado y con una expresión de goce que no debía ser permitida en el mundo mortal. Agradeció el cambio de posición para descansar un poco, y a la vez poder abrazarlo, rodeando su amplia y fuerte espalda. El placer que sentía la hacía cerrar sus ojos y dejar caer la cabeza, pero Stan le acunó la parte trasera de su cabeza en la mano, exigiendo su atención.
- Mírame, Charlotte.
No supo por qué fue tan cautivadora esa suave orden, pero una ola de placer la colmó al instante, en especial cuando se animó a hacerlo y se conectaron así. La mirada de Stan era muy intensa y poderosa, siempre había pensado que él expresaba mucho más con sus ojos que con sus escuetas palabras, y sin dudas ese era otro momento para constatarlo. Se sintió tan atraída a él que adelantó su cabeza para besarlo largamente, otra ventaja de aquella posición que los mantenía unidos. Por un momento podía permitirse fantasear con que los unía un vínculo y un cariño mucho más profundo que el de intimar por primera vez, y deseaba con todo su corazón que eventualmente fuera una realidad.
Stan continuó con su entrega, pero cambiando a un ritmo lento y cadencioso desde el momento en que volvieron a besarse. Estaba disfrutando ese momento íntimo más de lo que había pensado, no parecía que fuera la primera vez que compartían algo así, era una sensación de simbiosis y continuidad muy particular. Se acoplaban perfectamente en sus movimientos, y le fascinaba que Charlotte no se quedara quieta recibiéndolo, sino que continuamente empujaba sus caderas hacia él, además de acariciarlo. Las respiraciones se estaban volviendo laboriosas de tanta excitación, pero a la vez parecían hacerlo al unísono, como si fuesen un solo cuerpo, más allá de que así parecía por la unión física.
Coló una mano por debajo del trasero de la rubia, y lo levantó un poco hacia él, no sólo para aumentar la fricción de su botoncito de placer y darle más placer a su amante, sino para lograr con ese pequeño cambio de ángulo que su miembro roce íntimamente una zona muy sensible de ella. La esperada respuesta llegó pronto, cuando Charlotte inspiró bruscamente y gimió de una forma que inconscientemente lo hizo aumentar el ritmo y la profundidad de sus empujes, pasando a ser embestidas con el objetivo de hacerla estallar de placer, quería oírla y verla deshacerse en sus brazos y alrededor de él.
- Oooh... Stan... Stan... –gimoteó.
- ¿Qué? ¿Qué quieres? –le dijo con voz acaramelada.
- Sigue así, por favor...
- Lo sé, sí.
Sonriendo satisfecho de ver que estaba en buen camino y que ella se animara a expresarlo, sus gemidos y jadeos ya imposibles de reprimir, mantuvo ese exacto ritmo un buen rato, hasta que la sintió comenzar a tensarse, y que el interior de ella lo comprimía cada vez más. La besó apasionadamente mientras Charlotte parecía aferrarse a él como si su vida dependiera de ello, y continuó así hasta que la sintió temblar fuera de control, su interior contrayéndose tanto que parecía buscar exprimirlo y succionarlo dentro de ella. Stan siseó de placer, entrecerrando los ojos ante tal gozo, un terrible impulso instintivo de acompañarla en la liberación, pero tenía que resistirlo. Cuando el intenso orgasmo la atravesó completamente, Charlotte quedó laxa y todavía temblando, mientras su respiración peleaba por volver a la normalidad. Con eso el rubio se relajó, la soltó un poco, y se permitió concentrarse en él mismo para también acabar. Estaba cerca, y la miró para avisárselo, pero de pronto ella lo agarró fuerte del trasero y lo empujó para que no se aleje, él abrió mucho los ojos.
- Bonnie, suéltame, necesito salir para...
- No... quiero todo de ti.
Stan jadeó y quedó boquiabierto unos segundos, entendiendo lo que ella pretendía. No estaba muy convencido, la idea era reducir las posibilidades de embarazo, no aumentarlas. Claro que tenía ese brebaje que Xeno le había dado, aunque no sabía su eficacia.
- Pero, Charlotte...
- Ya tomé algunas medidas, y es un buen momento en mi ciclo. Por favor, Stan...
- Oh...
El capitán no sabía si resistirse un poco más, pero se la jugó por confiar en ella y en Xeno, además de que culposamente tenía que admitir que no habría nada más delicioso y hermoso que liberarse dentro de ella, compartir esa unión de principio a fin. Al menos esa vez... sólo por esa vez.
Miró a Charlotte y asintió, y la rubia le devolvió una sonrisa tan dulce y brillante que sabía que no se arrepentirían de aquello. Volvió a concentrarse en el momento, sus empujes comenzando a volverse más superficiales, frenéticos y erráticos a medida que el clímax le inundaba el sistema nervioso, colmándolo de placer. Y cuando llegó a su límite, explotó maravillosamente, gimiendo guturalmente y largo, mientras Charlotte lo abrazaba con sus brazos y piernas para sostenerlo y acompañarlo, soportando su peso. La joven también gimió cuando sintió el ya generoso miembro de Stan incluso un poco más grande, palpitando en su interior y luego soltando su descarga. Ella no lo soltó, aunque sí aflojó su abrazo para dejarlo volver a respirar normalmente, ambos estaban tan agitados que parecían haber corrido una maratón, un tanto "perdidos" de tanto placer.
Stan se dejó caer a su lado, pero manteniendo una mano abrazada a la cintura de Charlotte, atrayéndola contra él. Sentía un calor infernal en el cuerpo, ambos estaban un poco sudados, pero inmensamente satisfechos. La rubia sonrió feliz, y apoyó su cabeza en el pecho de él, abrazándolo también.
- Gracias, Stan... eso fue increíble.
- Sí, lo fue, y gracias a ti también, bonnie. Nada mal –Asintió y sonrió, acariciándola.
- Nunca había tenido dos orgasmos en el mismo encuentro –confesó sonrojada, su voz tímida– Fue intenso. Gracias por eso también.
- De nada, un placer, un verdadero placer –Le contestó, y le levantó la barbilla para darle un suave beso en los labios– Charlotte...
- ¿Sí?
- Quédate a dormir.
No fue una pregunta, tampoco una orden, y la serenidad y calidez de la voz de Stan cautivó y emocionó a Charlotte profundamente. Claro que quería quedarse a dormir, era casi una obviedad, más bien una parte de ella tenía esa duda de si él la haría volverse luego para no generar rumores o cotilleos en el castillo, si alguien se daba cuenta. Pero que pudieran dormir juntos, así de cercanos y abrazados, era toda la felicidad que podía pedir.
- Sí, Stan –contestó, y se acurrucó contra él.
- Ah, espera... por las dudas, antes de dormir. Perdón, tengo que buscar algo. Y... hmmm... debería darte una tela húmeda para que te limpies por dentro.
- Sí, gracias, iba a pedirte eso, para no tener que ir al baño –Murmuró sonrojada.
Stan se levantó de la cama, sin inmutarse por su desnudez, y agarró un recipiente que llenó con un poco de agua de un bidón de vidrio que tenía, así como un paño de tela limpia que tenía. Se lo dio a Charlotte, y se dio vuelta para que no fuera incómodo, mientras buscaba el frasco que Xeno le había dado. Se terminó de beber la copa de vino que había quedado en la mesa, y la llenó con agua fresca, para luego echarle un chorrito de aquel brebaje.
- ¿Estás lista? –Preguntó sin mirar.
- Sí. ¿Qué le echaste al agua?
Stan se dio vuelta y se acercó a ella, que estaba sentada en el borde de la cama, y se había tapado un poco con las sábanas, a diferencia de él que no le importaba seguir desnudo y expuesto. Notó que ella tenía una pequeña sonrisa y sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas mientras lo miraba fijamente a los ojos, lo cual le causó ternura. Le dio el vaso y le explicó.
- Es un extracto que Xeno me dio, está hecho de plantas que en teoría evitan un embarazo. Como es muy concentrado, me dijo que te lo dé diluido en agua, durante varios días, para asegurarnos.
- Oh, gracias. Sí... yo sabía de algo de eso, gracias a Luna. Eeh, ella no sabe nada de lo de hoy, pero alguna vez lo hablamos, cuando pensábamos cómo serían los próximos años si seguíamos siendo sólo nosotros los que revivimos.
- Es inevitable, todos lo hemos pensado o conversado alguna vez desde que estamos aquí –Stan sonrió y se encogió de hombros– Somos humanos, y adultos, eventualmente iba a pasar que hubiera atracción entre algunos de nosotros. Y está bien, la vida hay que disfrutarla, no es divertido reprimirnos, más si no tenemos una excusa real, ¿no crees?
- Sí. Pero, Stan... dijiste que Xeno te dio ese extracto. ¿Él sabe?
- Un poco –confesó, con una sonrisa pícara– Sabe que de mi parte había interés en que tuviéramos un acercamiento más personal en el corto o mediano plazo, y bueno... ya sabía que tú gustabas de mí. Así que se adelantó y me lo dio antes de que se lo pidiera, bien elegante como es él.
- Oh, ya veo –Se sonrojó y sonrió tímida, mirando el vaso entre sus manos– Creo que todo el castillo sabe que me gustabas.
- Parece que no eres lo suficientemente buena para disimular algunas cosas –Le dijo, volviendo a sentarse en la cama, y le quitó el vaso vacío para apoyarlo a un lado en el suelo. Luego le rodeó la cintura y la guió a acostarse junto a él– Pero no estuvo mal, porque gracias a eso es que estamos aquí ahora –y agregó, con voz seductora– Y eres más que buena en otras cosas, parece.
- Stan... –murmuró avergonzada, pero sin contener una sonrisa de orgullo.
- Nada mal, nada mal, me gustó mucho ver ese lado atrevido tuyo, ya sabía yo que no eras tan inocente, sólo faltaba darte un empujoncito, dulce y picante Charlotte.
- Ay, ya basta –rió, ocultando su cara en el cuello de él– No lo pensé mucho.
- A veces no hay que pensar tanto. Sino no oiríamos nuestra intuición y nuestros instintos, que rara vez fallan. ¿Y sabes lo que me dicen ahora los míos?
- No... ¿qué? –Preguntó, mirándolo con los ojos brillantes, "intuía" que la respuesta iba a ser una bonita.
- Que esto que compartimos es sólo el principio para nosotros.
Charlotte inspiró hondo mientras se derretía por dentro, oír de parte de Stan ese "nosotros", que no creía que fuera casual. Era todo lo que había soñado escuchar de los labios de él, y podía sentir que él no lo estaba diciendo solamente de seductor o por compromiso, sino porque lo creía. Al fin y al cabo, si había entendido bien, también él le había dicho a Xeno que quería avanzar en un plano más personal con ella, por lo cual no era tan exagerado que pensara en continuar y profundizar el nuevo vínculo y las posibilidades que surgían. Asintió con la cabeza, ampliando su sonrisa, mientras recortaba la distancia entre ellos para besarlo una vez más. Stan la abrazó con más firmeza, y continuó ese contacto con un ritmo tan sereno y dulce que Charlotte sentía que el corazón le iba a explotar. Terminaron con unos tiernos besitos más cortos, y la rubia se acurrucó una vez más contra él, dejando la sábana de lado, era suficiente con el calor ambiental, sumado al de sus cuerpos. El sueño llegó rápidamente al capitán, que a los pocos minutos de cerrar los ojos ya respiraba suavemente, evidenciando que estaba dormido. Ella tardó un poco más en dormir, todavía estaba demasiado emocionada y llena de sensaciones como para conciliar el sueño, pero eventualmente se durmió también.
Cuando abrió los ojos, Charlotte se percató de que se filtraban ya tenues rayos de luz por la ventana, por lo que mínimo ya había amanecido. Seguía abrazada a Stan tal como se había dormido, pero él, no sabía si despierto o en sus sueños, se había girado de lado y la rodeaba con ambos brazos. Suspiró profundamente, deleitándose con la vista de tan bello hombre a su lado, lo veía dormir sumamente relajado y en paz, hasta parecía más joven y despreocupado. No sabía cuánto más iba a dormir, le apenaba despertarlo, pero tendría que hacerlo porque la actividad en el castillo no tardaría en empezar. No quería sobresaltarlo, por lo cual aprovechó la mano que tenía en la espalda de él para moverla arriba y abajo en una larga caricia. No resistió la tentación de llevar sus traviesos dedos un poco más, y tocar el precioso y firme trasero que tenía su capitán, hasta en eso no escatimaba su físico. Pensó que él seguía dormido, hasta que vio que las comisuras de los cincelados labios se elevaron repentinamente, y esos orbes azules adornados con esas abundantes y largas pestañas se encontraron con sus ojos.
- Atrapada –Le dijo, sonriendo con malicia, y alzó una ceja– Qué atrevidas esas manitos, bonnie...
- Me declaro culpable –Contestó ella, con una risilla– Perdón, no quería aprovecharme de ti mientras dormías.
- Mentirosa. Y sólo para que lo sepas, al contrario, te hubieras aprovechado más, no me molestaría ni un poco. Ya lo sabes para la próxima.
- Oh...
Que Stan volviera a hablar con tanta naturalidad de una "próxima" oportunidad la llenó de emoción, de verdad que no lo había dicho solamente porque su mente estaba atontada y satisfecha de tanto placer. Asintió con picardía, y le dio un buen beso de los buenos días, enredando sus piernas juntas. No había nada mejor en el mundo que despertarse a su lado, hombre maravilloso, él también tan dulce como picante. Pero tenían que levantarse, por lo cual ella reunió la fuerza de voluntad para hacerlo, y con un último beso se sentó en la cama, mientras buscaba con la mirada sus ropas de dormir. Cuando las encontró y comenzó a levantarse, sintió que la mano de Stan rodeaba su muñeca con firmeza, y se volteó hacia él.
- ¿A dónde crees que vas? –Le preguntó el rubio, con una sonrisa peligrosamente felina.
- Eeh... a vestirme. Tenemos que...
- No lo creo, ven aquí.
Muy rápido, se estiró para rodearle la cintura y jalarla hacia él, haciéndola caer en la cama, encima suyo. Con una sonrisa maliciosa, deslizó las manos hacia abajo hasta posarlas en el trasero de ella, apretándoselo un poco, y empujándolo contra él. Charlotte jadeó ante la excitante movida y sensación, además de sorprenderse al sentir que su adorado capitán estaba más que despierto, su fiel soldado también, chocando directamente con su intimidad.
- Buen día, Charlotte –le susurró, con voz acaramelada.
- Buen día, Stan. Y buen día al capitán –Agregó con picardía, con una rápida mirada hacia abajo, antes de devolverle la sonrisa juguetona.
- Él también te saluda, como ves. Pero es un poco más exigente, le gusta el ejercicio matutino. Gajes del oficio, ya sabes.
- Hmmm sí. Pero... ¿no se nos hará tarde?
- Hasta donde recuerdo, yo soy el capitán, no respondo a nadie. Tú respondes a mí. Y los demás... que presenten su queja, los espero.
- Sabes que eso jamás sucederá.
- Entonces asunto resuelto, ya ves. Volviendo a lo que nos ocupa, ¿quieres hacerlo?
- Te gusta hacer preguntas que ya sabes la respuesta.
- Mi instinto me dice algo, pero siempre me gusta comprobarlo.
- Tu instinto nunca falla.
- Me conoces bien.
Stan se giró de lado, recortando la distancia entre ambos para besarla apasionadamente. No podían tomarse todo el tiempo de la noche anterior, por lo que ese encuentro estaba destinado a ser intenso y breve. Abandonó los carnosos y deseables labios de Charlotte para volver a recorrer y saborear sus preciosos pechos, sin contenerse ni ser delicado. Como la eficiencia y el tiempo lo era todo, bajó la mano para agarrarle el muslo y subirlo a su cadera, facilitando el acceso hasta la intimidad de ella, para comenzar a tentarla y estimularla. Con tan poco ya la podía oír gemir contra su cuello para acallar los sonidos, tal como esperaba. Cuando comenzó a sentir su húmeda prueba de excitación, introdujo un dedo en su sexo, dibujando círculos en su interior para buscar que ceda lo más rápido posible. Un dedo más se agregó, y apoyó la palma contra el pubis de ella mientras sus dedos buscaban más profundidad, estimulándola doblemente con el roce de su sensible clítoris.
En pocos minutos ya podía sentirla empapada y lista para más, por lo que quitó sus dedos de allí y agarró su miembro, para frotarlo contra la entrada de la rubia, tomando contacto con aquella abundante humedad para facilitar las cosas. Una vez listo, se alineó y empujó con decisión para entrar un poco. Charlotte jadeó fuerte al sentirlo, esa sensación de repentina expansión interna era demasiado intensa, pero se sorprendió que Stan no avanzó más profundo que eso. De hecho, se dio cuenta que él empezó una tortuosa secuencia de salir totalmente, sólo para volver a introducir sólo la punta de su sexo, una y otra vez, ayudado con su mano para controlar el preciso movimiento, y por supuesto aprovechando para frotar de camino su botoncito de placer. Era malditamente enloquecedora aquella acción, y para colmo el rubio lo hacía con una lentitud pasmosa, haciéndola sentir cada milímetro de roce y de entrar en ella.
Charlotte temblaba ligeramente con cada empuje, derritiéndose completamente de placer y expectativa, su mente jugándole el truco de que ya esperaba exactamente cuándo y cuánto él iba a tomar contacto con su intimidad. Sí que tenía buenos trucos su capitán, y uno era más adictivo que el otro. Pero pronto, la ansiedad y el deseo pudieron más en ella, y se empujó al mismo tiempo que él para buscar que la llenara con mayor profundidad, de esa forma que tal como la noche anterior le hacía apretar hasta los dedos de los pies. Lo logró un poco, gimiendo por la sensación tanto más deliciosamente invasiva, pero Stan sonrió a medias y salió de ella, privándola de más.
- No... Stan –rogó con un dejo de reproche, intentando pegarse a él nuevamente– Por favor...
- ¿Qué? ¿No te alcanzaba con eso? –Amplió su sonrisa con diablura, y pegó sus labios al oído de ella– Glotona, ¿lo quieres todo?
Sin dejarla responder, aunque ya veía cómo la expresión de Charlotte reflejaba con claridad un "sí", le bajó la pierna de su cadera, y le apoyó luego su mano en el hombro para empujarla contra el colchón, poniéndola boca abajo. Ágil, pasó una pierna sobre el cuerpo de ella, para así acostarse encima, cubriéndola enteramente con su cuerpo, incluso aprisionándola con buena parte de su peso. Sabía que la iba a sofocar un poco, pero también que esa restricción iba a ser malditamente excitante para ambos, sus cálidos y firmes cuerpos totalmente acoplados, cada curva, cada músculo, como una segunda piel.
- Todo de mí –Le dijo con voz grave y sensual, presionándose más contra ella, y empujando su miembro contra su trasero, haciéndola gruñir y jadear.
Charlotte apenas pudo asentir, no encontraba palabras para contestar ya que su cerebro se había fritado por la lujuriosa actitud de Stan, además de la deliciosa y al mismo tiempo agobiante sensación de sentir su peso sobre ella. No estaba siendo delicado, estaba segura que eso iba a ser mucho más salvaje e intenso que lo que habían compartido a la noche, pero estaba encantada con la idea, siempre se había imaginado en sus poco inocentes fantasías que su capitán tenía un potencial dominante y potente en la intimidad, e iba a conocer ese lado también, además del tierno y cuidadoso que le había mostrado en demasía. Aun así, no estaba del todo preparada mentalmente cuando él se empujó e introdujo en ella en un solo movimiento, ya no sólo la tentadora punta, sino todo entero, aunque con cierta lentitud para no lastimarla con la repentina y abrumadora invasión. Charlotte tuvo que morder la almohada para sofocar su fuerte gemido gutural, y sus dedos se aferraron a las sábanas como garras.
- Oh, sí, Charlotte, como si estuvieras hecha para mí –gimió Stan también, demasiado buena la fricción y calzando justo como un guante a medida.
Le besó y mordisqueó el cuello desde atrás, provocándola de una forma que evocaba más bien su instinto animal, y unos segundos después consideró que ya le había dado tiempo de acostumbrarse y comenzó a empujarse contra ella. Sus cuerpos no se despegaban ni un centímetro, cada empuje y salida perfectamente controlado para mantener aquel ardiente contacto. Luego de un rato así, en que ya la podía ver casi babeando la almohada ya que la rubia no podía ni cerrar la boca de tanto placer que sentía, sí le dio un poco de respiro y se apoyó en sus manos. Pero no lo había hecho sólo con intención piadosa, sino que ese apoyo más bien le daba el impulso para embestir mucho más fuerte y profundo, y la sintió estremecerse de pies a cabeza cuando lo hizo.
- ¡Aaaaaaah! ¡Stan! –Exclamó, sin poder evitar el volumen de su voz. Con ese intenso movimiento estaba llegando a rincones de su intimidad que nunca había sentido.
- Sí, siéntelo todo, mi bonnie, tal como querías, ¿no? Tú puedes...
Para sorpresa de Stan, en lugar de verla quedarse ahí quieta y recostada, apenas lidiando con su placer, la rubia levantó un poco su trasero hacia él, entregada a recibirlo completamente y hasta aumentando aún más la fricción, además de que con eso nuevamente el ángulo en que el rubio entraba en ella le frotaba inclemente otro punto brutalmente sensible de su anatomía. Eso lo encendió más allá de la razón, y aumentó su ímpetu y su ritmo un poco más. Y cuando Charlotte giró la cabeza para mirarlo con aquella expresión rezumante de placer, Stan perdió el hilo de cordura que todavía lo mantenía controlado. Apoyó los puños contra la cama, uno a cada lado del cuerpo de su amante, y embistió con más potencia que nunca en su vida, dándole todo de sí. No sabía si aquellas camas resistirían tanta presión y movimiento, o si la terminarían partiendo al medio, pero tampoco le importaba, no existía nada más que ellos dos en ese momento.
- Oooh mi dios... oh mi dios... ¡S-STAN!
Charlotte gimoteaba casi en sollozos, sus ojos entrecerrados y ausentes, apenas lidiando con su respiración, ahogándose de sobre-estimulación y placer. En su vida la habían hecho sentir así, no había palabras para describirlo, ya dudaba de que Stan fuera humano. Podía percibir ya cómo la ola del clímax se iba formando y creciendo, por un momento incluso tuvo miedo de cuan intenso iba a resultar cuando llegara, no tenía margen de comparación con nada. Jadeando aceleradamente, aferró una de sus manos al brazo de Stan, para luego volverlo a mirar y suplicarle así que no se detuviera. Por supuesto que él lo entendió, y continuó con su intensa entrega hasta que el cuerpo de ella comenzó a temblar incontrolablemente menos de un minuto después, su boca abierta y sus ojos apretados en un grito ahogado que su cuerpo no alcanzó a emitir de tan sobrepasado que estaba con el tsunami de placer.
Stan gruñó ronco y fuerte cuando se quedó quieto a causa de que el interior de ella lo exprimió imposiblemente, y resistió todo lo que pudo para esperar que aquella tenaza interna afloje, sin dudas a causa del brutal orgasmo que la debía estar consumiendo. Fiel a su palabra de la noche se obligó a salir de ella, justo a tiempo, pidiéndole perdón mentalmente por lo brusco y rápido que tuvo que hacerlo, su liberación llegando una fracción de segundo después de que salió. Stan también tembló como una hoja, posiblemente nunca había tenido sexo con esa intensidad salvaje, pero no había podido evitarlo, Charlotte lo había hechizado completamente.
Ambos tenían visibles gotas de sudor en el cuerpo, sus rostros y cuerpos sonrojados y casi hirviendo. El capitán se dejó caer pesadamente en la cama junto a la rubia, no podía mover un músculo más a pesar de su excelente estado físico, pero en ese momento no era sólo el cansancio corporal por el "ejercicio", sino que su mente se encontraba en otro plano, en un limbo de placer. Cuando pudo recobrar su consciencia y el control de su cuerpo, soltó una risa grave e incrédula que reverberó en su cuerpo, contagiando eventualmente a Charlotte, que lo miraba sin moverse, negando con la cabeza sin poder creer lo que había sucedido. Cuando las risas acabaron, la rubia suspiró, para hablar con voz ligeramente ronca.
- Me parece que voy a dar parte de enferma, no estoy en condiciones de trabajar hoy... ¿Me da permiso, capitán?
- Sí, permiso concedido. Lamentablemente no puedo darme el lujo yo también, pero me lo merezco, me pasé un poco.
- ¿Un poco? Pensé que me ibas a romper.
- La cama íbamos a romper si seguíamos mucho más –bromeó Stan, y soltaron una suave carcajada– Ah, maldición, al menos yo tengo que levantarme. No te muevas, voy a limpiarte un poco.
- Como si pudiera moverme.
- ¿Pero valió la pena? –preguntó con una nota de orgullo en la voz.
- Totalmente.
- Ahora sí que no habrá otro hombre que te haga sentir así –Murmuró, soberbio y confiado.
Stan se levantó de la cama pesadamente, y buscó un paño de tela para limpiar los restos de semen que habían aterrizado sobre el trasero de Charlotte. Cuando terminó, le dio un beso juguetón en una nalga, y le dio un pellizco que la sobresaltó, ganándose una mirada que intentó ser reprobatoria de parte de la rubia, pero terminó siendo casi adorable. Unos minutos después ella también se levantó, y se vistió con su ropa, que Stan le había alcanzado. El capitán sí se puso su traje negro, y le ofreció ir a la habitación de la joven a buscar el suyo, para evitar que ella se exponga y caminara así vestida por el castillo, cuando ya muchos compañeros debían estar circulando. Charlotte asintió agradecida, y esperó pacientemente a que él volviera, sonriendo sola, todavía sin poder creer cómo había sido de intenso ese último encuentro íntimo. El rubio regresó varios minutos después, con unas sábanas que envolvían y ocultaban el traje y las botas de la joven.
- ¿Te vio alguien de camino?
- Sí, Leonard. Pero tranquila, nadie me vio entrar sigilosamente a tu habitación, y este paquetito bien puede ser la excusa de las sábanas que se van a lavar o algo así. Ten, vístete.
- Gracias.
Charlotte se puso el traje por encima de sus ropas de dormir, luego iría a su habitación para quitárselas, aunque más bien tenía que darse una buena ducha. Todavía tenía las mejillas sonrojadas, pero pensó que le servirían para simular que se sentía un poco afiebrada, y que se pediría el día de trabajo, la coartada perfecta, aunque por un motivo que nadie sospecharía. Cuando ambos estuvieron listos, Stan se asomó a su puerta para comprobar que nadie anduviera por allí y pudiera ver a Charlotte saliendo de su habitación. Pero antes de salir, agarró a la joven por la cintura y la atrajo hacia él para darle un último y tentador de beso.
- ¿Paso a verte a la noche, para chequear si te recuperaste y puedes volver a la actividad... quiero decir, al trabajo, bonnie?
- Sí, capitán.
Buenaaaaaas! Cómo se nota cuando la ricura fluye y no cuesta escribirla en poco tiempo, ¿eh? xD. Es culpa de la inspiración rikolina que me inspiran estos dos gringos bellos, y todo el potencial que tienen para darse como cajón que no cierra. Y tanto, que tengo ya un dibujito muy hot en mente para retratar esa casi partida de cama jajaja.
Hasta acá llegó esta historia, espero que la hayan gozado, digo, disfrutado... hmmm creo que es el primer lemon de esta ship, siempre innovando la muchacha xD. Gracias por leer, por dejar sus comentarios y todo el amor!
Aviso parroquial: El final del Hyohaku tendrá que esperar una actualización más de por medio, porque ahora me pican los dedos por escribir "Cautivos" y ***ya saben qué*** que se viene.
Hasta pronto, mucho amor, y buena semana!
