La serie Once upon a time, sus personajes y demás mencionados aquí no me pertenecen.
CAPÍTULO 46
REGINA
—¿Emma? —susurré contra ella, distinguiéndola entre la oscuridad de la habitación—. ¿Estás despierta?
Ella se movió contra mí abriendo los ojos de inmediato, sobresaltada y lista para saltar de la cama.
—¿Qué pasa? ¿Te sientes mal?
—Estoy bien.
—¿Quieres que llame al médico? —Preguntó adormilada y llena de preocupación.
—No. No quise asustarte.
—¿Qué pasa, bebé?
—Me desperté y se me quitó el sueño.
—¿Te sientes mal?
—No.
Fue al baño, encendió la luz dándonos un poco de claridad en la habitación y me dio un vaso con agua que rechacé.
—No tengo sed.
—¿Qué sucede?
—¿En serio crees lo que tu mamá dijo de Tink?
—Es raro que esté aquí —se subió otra vez a la cama y se sentó frente a mí—. No voy a correr el riesgo.
—¿Qué es lo que has estado soñando?
—No es nada, solo tonterías.
—Dime.
—Ni siquiera lo recuerdo bien. Estoy en algún lugar donde no puedo llegar a ti y llamo a Mary Margaret pidiendo ayuda. Es como si algo hubiese ocurrido. Siempre es el mismo sueño y no puedo recordarlo, me levanto con una horrible sensación.
—¿Por qué no me habías contado?
—Porque no es nada y no quería preocuparte.
—Somos un equipo, ¿recuerdas?
—Estás embarazada, es mi trabajo mantenerte a salvo.
—No quiero que me guardes nada.
—Mira, vamos a enviar a Tink con mis padres hasta que estemos seguras de que esto no es el principio de otro drama.
—Tink jamás me haría daño, no hay ningún motivo, estoy por completo segura.
—No vamos a correr el riesgo.
Suspiré y acaricié mi barriga, me sentía preocupada y lo odiaba. Emma se acercó a mí, sobó mi espalda y puso su mano en mi vientre.
—No quiero que te preocupes.
—¿Crees que soy ingenua por creer en Tink?
—No.
—Es que no quiero que nuestra felicidad termine, no quiero pasar por una nueva pesadilla.
—Eso no va a pasar —besó mi mejilla y acarició mi barriga—. No quiero que te preocupes por nada, solo de la habitación de nuestra princesita. Me ocuparé de todo para tener a mi familia a salvo.
—Se supone que debemos trabajar juntas, se supone que…
—Piensa que estás de vacaciones, licencia por maternidad.
—Está bien —sonreí y le di un beso.
No iba a mantenerla despierta, no tenía sentido. En el fondo sabía que algo estaba mal, ya sea por Tink o por alguien más… podría estar a punto de enfrentarme con las verdaderas consecuencias de todo lo que hice en mi pasado.
—Sigamos durmiendo. Mañana lo resolveremos todo.
Nos recostamos, me acomodé en sus brazos pero preferí ponerme de lado y de espaldas a ella para más comodidad. Emma me abrazó, besó mi hombro y sobó mi barriga todo el tiempo hasta que no me quedó más que obligarme a cerrar los ojos y dormir.
Cuando desperté en la mañana encontré una nota de Emma explicándome que había salido con Tink, pero lo que me sorprendió fue ver a David en la cocina preparándome el desayuno.
—Hola.
—¿Qué haces aquí?
—Emma no quería que te quedaras sola.
—¿No trabajas los sábados?
—Saltando un sábado, hoy tengo libre. Siéntate para que comas, Sarah debe llegar en unas horas, la pusimos al tanto de lo que está ocurriendo.
—No sabemos si está ocurriendo algo.
—Mary Margaret…
—Tu mujer está demente.
—Es posible, pero estoy de acuerdo con ella.
—Raro sería que no lo estuvieras.
—Debemos ir un paso adelante, cambiar las cosas, hacer lo que normalmente no haríamos.
—Si Nieve tiene razón ¿no deberían estar ayudando a Tink a acabar conmigo?
—¿Tienes idea de lo que eso significaría para Emma y Henry?
No pude responder, tomé un tenedor y comí las frutas para no tener que mirarlo. Sirvió chocolate caliente para los dos y se sentó frente a mí.
—Ella te ama, a pesar de todos tus defectos.
—Lo único que tengo según ustedes.
—La haces feliz. Henry es el niño más feliz del mundo y esa pequeña lo será también.
—Son mi familia.
—Lo somos todos. Tú y yo no elegimos ser una familia pero lo somos, me costó mucho aceptarlo y posiblemente tengas razón en que siempre estoy de acuerdo en todo con Nieve pero es lo que pasa a veces cuando amas a alguien, tu juicio se nubla. Si la maldición no nos hubiese congelado en el tiempo te diría que estoy demasiado viejo para esto, en serio estoy cansado de luchar todo el tiempo.
—Me secuestraron, se comportaron igual que yo. Ni siquiera les importó su hija, solo ustedes mismos… Nieve siempre fue así.
—Hicimos lo que creímos era lo mejor para Emma. No puedes juzgarnos por no creer en ti.
—No lo he hecho. Así como tampoco me he puesto en el camino entre ustedes y ella.
—Lo sé y sé que eso no hace que nos odiemos menos.
—Seguramente piensas que este es un justo castigo.
—Sí. Lo es. Deberías sentir el mismo dolor que nos causaste a nosotros, deberías tener que saber lo que se siente tomar la terrible decisión de renunciar a tu hija. ¿Imaginas lo que sería no verla crecer?
—Lo imagino —mis ojos se llenaron de lágrimas sin que pudiera evitarlo.
—Podemos odiarnos y guardarnos rencor por siempre pero nadie va a lastimar a un solo miembro de esta familia nunca más y si de mí depende nunca tendrás que pasar por lo mismo que yo. Vas a criar a tu hija, Regina.
—Yo no estaría tan segura.
—Creo que no conoces del todo a tu hijastra, aunque ahora es tu suegra, eres prácticamente nuestra hija ahora —dijo con una tonta sonrisa claramente para molestarme.
Torcí los ojos y bebí mi chocolate.
—Asegúrate de dejar limpia mi cocina.
—Lo digo en serio —tomó mi mano y me miró a los ojos—. Vamos a protegerte a ti y a tu pequeña.
Lo observé en silencio casi segura de que sus palabras eran ciertas y sin embargo podía sentir el miedo embargando mi corazón.
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MARY MARGARET
Emma, Tink y yo nos sentamos en la sala en silencio.
—¿Por qué querrías lastimar a Regina? No tiene ningún sentido. Regina tiene razón en eso. No tienes ningún motivo. ¿Qué pasó en el Bosque Encantado?
—Esperaremos a que Sarah llegue, ella sabrá cómo arreglar esto.
—¿No vas a decir nada? Ayer parecía que tenías mucho qué decir —me crucé de brazos sintiéndome frustrada.
Tink continuó sin decir nada, su postura se había vuelto un poco hostil y defensiva.
—Es evidente que no tienes magia —Emma la observó detenidamente, como si intentara descubrir algo en ella que la delatara.
—No va a hablar. Al menos nos hemos adelantado y cambiado el transcurso de las cosas.
—Puedes mover un par de fichas pero lo que tenga que pasar en tu vida pasará. —Tink se decidió a hablar al fin.
—Uno hace su propio destino.
—Los sueños que dicen tener son premoniciones, nadie puede evitar que se cumplan, de una manera u otra sucederá.
—Le dijiste a Regina que Robin era su verdadero amor… nunca pasó.
—Fue una oportunidad que ella desaprovechó arruinando la vida de todos.
—¿Por eso estás aquí? ¿Por qué Regina me eligió a mí en lugar de a él? Dañó tu trabajo como hada madrina.
Tink se tensó, hubo un cambio en ella, algo fugaz pero presente.
—No has hecho nada. Si realmente eres tú, puedes detener todo esto, volver al Bosque Encantado o comenzar una nueva vida. No hay razón para lastimar a nadie. Sé que Regina hizo mucho daño a muchas personas pero ahora es diferente, en serio lo es y está embarazada. Esa pequeña es inocente —necesitábamos llegar a un acuerdo con Tink para solucionar las cosas lo antes posible.
—Le dijiste a mi madre que no viniste a hacerles daño, ¿por qué estás aquí?
Cuando Emma nos llamó en la maña y nos contó que creía que Tink no estaba siendo honesta y podía ser un peligro me sentí aliviada, le conté todo y casi celebré cuando ella me creyó; eso cambió el plan de Emma obviamente, enviamos a David con Regina para que cuidara de ella sin ponerla al tanto de la nueva situación y llamamos a Sarah de inmediato.
—Te descubrimos, qué más da si nos dices la verdad, igual no podrás seguir con tu plan. —Emma insistió, se estaba frustrando al igual que yo, como si el robar el clímax de la situación nos hubiese dejado atoradas en un barranco. No teníamos una celda mágica para encerrarla.
—Podemos crear toda una historia sobre ti, la gente va a la cárcel un montón de años por drogas y no es difícil plantar pruebas falsas, he visto un montón de televisión, sé cómo hacerlo —si la amabilidad no funcionaba debía intentar por lo menos amenazarla, sin embargo, Emma me dio una mirada de reproche—. Podemos hacerlo.
—No haremos nada de eso.
—¿Entonces qué?
Emma apretó sus manos y las miró fijamente por un momento, de pronto se acercó a Tink y tomó su mano a la fuerza.
—Quiero que me digas la verdad. Quiero saber por qué estás aquí —su mano se apretó alrededor de la mano de Tink quien luchó por soltarse.
—¿Qué crees que haces? —preguntó Tink un poco extrañada.
—Mi magia funciona en este mundo y voy a usarla para que me digas la verdad.
—¡Eso no es posible!
—¿No lo es?
Me quedé sin saber qué hacer. Emma siguió forcejeando con Tink. Era evidente que nos habíamos quedado sin opciones. Éramos un equipo patético que no podía resolver nada, cualquiera que observara a Emma juraría que había perdido la cabeza.
—En serio no sé qué haremos con ella. Déjala ya, vas a arrancarle la mano —dije exasperada.
Emma se levantó y empujó a Tink a nuestro pequeño cuarto de visitas, el que no habíamos arreglado aún y no tenía ventana, apenas habíamos puesto la cama pequeña que compramos y unas cuantas cajas vacías que pensábamos podríamos utilizar para guardar algunas cosas en la bodega. Atrancó bien la puerta y volvió a la sala conmigo.
—Siento que voy a volverme loca.
—Cálmate.
—¡No puedo! Estaba teniendo una vida fantástica y de pronto todo volvió a arruinarse.
—Nada se ha arruinado aún.
—Mi fin de semana romántico está arruinado, no se suponía que estaría aquí intentando descubrir quién sabe qué.
—Es un problema que hemos atapado a tiempo, solo debemos descubrir cómo solucionarlo.
—Creo que Regina está en negación, en el fondo sabe que algo está mal con Tink pero admitirlo sería romper nuestra burbuja.
—Su burbuja no tiene que romperse, si lo vemos desde otro punto de vista esto es bueno.
—¿Cómo podría ser bueno?
—Porque estamos trabajando en equipo, como una familia, vamos a poder dejar todo lo malo atrás, de esta forma podemos demostrarles que en serio queremos que todo mejore y seamos una familia de verdad. No voy a echar a perder esta oportunidad.
—No los estamos poniendo a prueba.
—Lo sé. Pero en serio quiero mejorar las cosas entre nosotras. Quiero ser tu mamá y ser la abuela de Henry y… ¿han pensado en un nombre?
—No.
—Elizabeth es un nombre hermoso, he estado leyendo…
—¿Has pensado en tener otro hijo?
—No.
—¿Por qué?
—Porque intento ser una mamá de tiempo completo contigo, muero de ganas por ser tu mamá.
Ella se levantó de su asiento y se estrelló en mis brazos. Fue mejor que la primera vez que la reconocí como mi hija, fue como si hubiese estado esperando por ese abrazo toda mi vida. Fue torpe e incómodo en todos los ángulos y aun así fue perfecto.
Se alejó evidentemente avergonzada pero se dejó caer a mi lado en el sofá, me mordí la lengua para no decir nada que lo arruinara y esperé.
—Gracias… por ayudarme a cuidar de mi familia… por estar aquí.
—Siempre lo estaré, y si Regina llega a romper tu corazón prometo que no me volveré loca otra vez, la odiaré en silencio.
—Ella no va a romperme el corazón, siento que seremos felices siempre.
—Claro que sí.
—Lamento haber sido dura con ustedes.
—Tenías razón, fuimos horribles, fuimos… eras nuestro bebé, nos volvimos locos cuando supimos que estabas con ella, creí que quería hacerte daño, que lo hacía por vengarse, y en cierto modo yo también quise vengarme de ella por todo lo que me hizo. Pero debemos romper ese círculo horrible de venganza.
—No sé qué hacer con esto.
—Ve con Regina a casa, tengan su fin de semana romántico y nosotros nos haremos cargo de Tink junto con Sarah.
Emma sonrió, sus ojos delataron que la idea le parecía atractiva, parecía ser que la sola mención de pasar tiempo con ella era suficiente para emocionarla, una felicidad que antes me había negado a ver.
—No lo sé…
—Estaremos al pendiente de Henry. Todo estará bien. Sea cual sea el plan este mundo nos da una ventaja, siempre y cuando me devuelvas mi arma.
—No lo haré. Nunca has debido tener una.
—La tengo. Tengo permiso de portarla y usarla en defensa propia.
—Eres precisamente la clase de persona que no debería tener un arma.
Iba a protestar, las palabras se quedaron en la punta de mi lengua cuando el teléfono de Emma sonó, era David quien llamaba.
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DAVID
En el momento que Emma me pidió cuidar de Regina no pude hacer otra cosa que aceptar, solo debía estar en su casa con ella, me había convertido en la única opción aceptable después de lo que Nieve casi había hecho al presentarse con una arma gritando que Tinker Bell era una amenaza. No recordaba la última vez que Regina y yo estuvimos solos, lo único en lo que solía pensar cuando la veía era mi lucha contra sus guardias mientras sostenía Emma en mis brazos, mi pequeña niña a la que no vi crecer, a quien no pude proteger y que ahora me había encomendado cuidar de Regina como si fuese ella.
Éramos una extraña familia, desde que supimos de su boda no había pensado en lo que eso representaba con respecto a Regina, era mi nuera, prácticamente una hija. Reí ante la ironía de la situación.
Saqué las manos de los bolsillos de mi pantalón y las froté para conseguir un poco de calor, era difícil estar en la misma habitación que Regina, así que me senté un momento en el patio trasero para pensar un poco. Aunque le había dado incondicionalmente mi apoyo a Emma con el afán de no perderla mis sentimientos seguían un poco mezclados. La última vez que estuvimos en el Bosque Encantado utilizamos todo nuestro tiempo y energía en apartar a Emma de Regina, fue un gran error haber actuado de la manera que lo hicimos y todo lo ocurrido después fue una justa consecuencia… Respiré profundo con la mirada puesta en la nada e intenté no pensar.
Regina era la felicidad de mi hija, la madre de mis nietos. La pequeña niña que quizá un día nos llamará abuelos lleva su sangre, quizá tenga sus mismos ojos o su terquedad. Me da miedo pensar que no sea capaz de quererla de la misma manera que quiero a Henry, la sola idea me hace sentirme mal conmigo mismo. He llegado a comprender que debo esperar que un día el odio se desvanezca por completo, no será fácil, veo a Regina embarazada y recuerdo a Nieve preocupada por la amenaza que no nos dejó disfrutar plenamente nuestra experiencia como padres. Una parte de mí cree que este es un castigo por lo que ella hizo pero aun así jamás permitiría que nadie le hiciera daño o le quitara a su hija, sé que la defendería del mismo modo que lo hice con mi hija.
El frío comenzó a llegar a mí a través de mi ropa, froté mis brazos, observé por última vez el lago congelado esperando que la calma de la naturaleza tuviera un efecto tranquilizador en mis sentimientos y pensamientos encontrados. Fui hasta donde sabía Regina estaba, la habitación de mi nieta casi parecía lista, de no ser porque Regina tenía nuevas ideas para volver a pintar la habitación bien podrían acomodar los muebles y dar por terminado el trabajo.
—¿Cansada? —Pregunté al verla sentada en la mecedora.
—Me duele un poco la cabeza —dijo frotando su frente con su mano derecha.
—Vamos, será bueno que te acuestes un rato.
—No, no. Solo necesito un minuto. Debe ser que estoy mareada.
Eso me preocupó, al observarla detenidamente me di cuenta de la palidez en su rostro, lo último que necesitábamos era que toda la tensión tuviese un peaje en su estado. Fui a la cocina y le llevé un vaso con agua endulzada.
—Bebe un poco, te hará sentir mejor.
No protestó ni dijo nada ingenioso, hizo exactamente lo que le dije.
—Quizá deba acostarme un rato.
—Déjame ayudarte.
La ayudé a levantarse de la silla y ella me dejó tomarla de la mano para llevarla a la habitación, se sentó en la cama y me permitió quitarle los zapatos.
—Gracias.
Se puso de lado ocultando su rostro en la almohada, casi cubriendo su frente con el antebrazo y comenzó a respirar profundamente.
Eso no me gustó en absoluto.
Volví a la cocina, verifiqué las anotaciones que Emma había dejado para mí en la puerta del refrigerador, tomé una foto con mi celular para tener a mano la dirección de la clínica y marqué el número de la ginecóloga de Regina.
—Soy… —¿cómo iba a explicar mi relación familiar?—. David Nolan. Regina Mills es su paciente y no parece estar sintiéndose bien, le duele la cabeza, la veo demasiado pálida. ¿Usted está en la clínica?
Su guardia empezaba a las dos, así que llegaríamos casi al mismo tiempo.
—¡Hey! —Sacudí suavemente a Regina—. Debemos ir a la clínica, será mejor si te ve un médico.
—¿Llamarías a Emma?
—Lo haré en el camino. Vamos.
Puse un grueso abrigo sobre sus hombros, la ayudé a subir a la camioneta y llamé Emma para decirle que llevaría a Regina a la clínica para una revisión.
Fue un viaje silencioso y extraño. No conocía a esta Regina, casi me pareció una mujer normal sin rastro de haber sido un ser humano tan lleno de odio. Sus manos no abandonaron su redonda barriga ni un solo momento, incluso cuando la enfermera la llevó en la silla de ruedas por el pasillo de la clínica pude ver sus manos seguir frotando su barriga.
—¿Qué fue lo que pasó? ¡¿Dónde está?! —Emma estaba al borde de la histeria cuando llegó.
—Está bien. Tranquila.
—¿Qué pasó?
—Estoy seguro que no es nada, solo la traje porque me pareció correcto que un médico la atendiera, solo para prevenir.
—¡Oh Dios! Esto es una pesadilla.
—Cálmate. Todo está bien.
—No deberíamos estar pasando por esto.
—Todo va a estar bien —la abracé y besé su cabeza—. Van a revisarla y enviarle un poco de descanso. Solo debe estar tensa por lo que está pasando, pero todo estará bien.
—Gracias papá.
El pasillo estaba vacío pero no me hubiese importado que alguien escuchara. Las palabras fluyeron libremente de su boca como si siempre me hubiese llamado así.
Caminé detrás de ella y me detuve frente a la puerta. Emma se sentó en la cama donde Regina estaba, una enfermera ya le había tomado los signos vitales, Regina pareció iluminarse al ver a Emma, recibió un beso de mi hija y luego pasó los dedos suavemente por el cabello rubio de Emma mientras besaba sin parar su redonda barriga.
Sin importar todo lo ocurrido entre nosotros ahora Regina era mi familia y debía cuidar de ella como si fuese mi propia hija.
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EMMA
—Me asusté tanto. El corazón me latía rapidísimo.
—Me sentí muy mareada, solo por eso dejé a tu padre traerme. Me siento mejor ahora, no tienes que preocuparte.
—Siempre me preocupo por mis princesas.
Besé su hermosa barriga redonda y luego besé sus mejillas.
—Deberíamos ir por Henry, quiero saber dónde está todo el tiempo. Manda a tu padre por él.
—Está bien. —Acepté al notar lo nerviosa que parecía, por más que intentara tranquilizarme diciéndome que estaba bien podía ver a través de ella.
David fue por Henry, esperé de pie cerca de la puerta mientras la doctora revisaba a Regina. Salimos al pasillo porque no quería hablar con ella a solas.
—¿Ella está bien?
—Su tensión está alta, voy a mantenerla aquí hasta que se estabilice. ¿Sucedió algo?
—Un problema familiar.
—Hemos tenido un embarazo bastante estable, intentemos continuar así. Estamos por entrar en el tercer trimestre y es cuando debe estar más relajada.
—Sí. Lo sé.
—Estoy segura que podrás llevarla a casa hoy mismo. Voy a ordenar unos exámenes, la enfermera vendrá en un momento.
Una enfermera tomó una muestra de sangre y le dio un par de pastillas a Regina.
—Te harán sentir mejor, linda. Descansa un poco —dijo la enfermera y salió de la habitación.
Volví a su lado en la cama y la besé nuevamente.
—Vamos a tomarnos unos días libres, iremos a un lugar bonito, Henry estará encantado.
—No podemos hacer eso ahora.
—Claro que sí. Mis padres se harán cargo.
—Emma.
—Bebé —sonreí y le di un beso—, deje que me haga cargo de mis princesitas, Henry estará de acuerdo conmigo y seremos mayoría. ¡Oh! —me sorprendí al sentir a mi pequeña moviéndose—. Esa fue una gran patada. Ella también está de acuerdo conmigo —dije riendo y sintiéndola moverse aún más.
—Parece que despertó. No estará quieta el resto de la tarde.
—Vamos a empeorarlo. Te traeré un chocolate caliente.
—Y galletas de coco. Si puedes encontrar helado…
—Te traeré helado.
Tomó mis mejillas y me dio un beso.
—Te amo.
—Te amo, princesa.
Fui a conseguir todos los dulces para Regina, que tuviera antojos era una buena señal, pensé positivamente en todo lo que estaba pasando, cualquiera se estresaría con lo ocurrido pero no por eso debíamos permitir que nos afecte. Necesitábamos tomarnos un descanso. Tinker Bell no iba a arruinar nuestra felicidad, iba a enviarla a la cárcel o a un manicomio de ser necesario.
Compré un par de barras de chocolate en la máquina expendedora. Mi teléfono comenzó a sonar y lo saqué del bolsillo de mi chaqueta. Era David.
—¡Mamá! —Sostuve el teléfono sonando en mi mano y volteé a ver detrás de mí. Henry corrió a mis brazos y aunque lo abracé mi mirada se fijó en el hombre frente a mí.
—Neal.
No era el niño que dejamos en el Bosque Encantado, era el hombre que había secuestrado a Regina para ayudar a mis padres a separarla de mí, el hijo de Rumpelstiltskin.
