La serie Once upon a time, sus personajes y demás mencionados aquí no me pertenecen.

Un capítulo más y resolveremos esto. Apunten sus peticiones especiales. Gracias por seguir leyendo.

PD: 15marday tu comentario fue el 666! Qué creepy :O


CAPÍTULO 47

EMMA

—Henry ve a la habitación con tu madre, está al final del pasillo, no le digas nada ¿ok?

—¿Ella está bien?

—Lo está. Si pregunta, David te trajo.

Observé a Henry correr a la habitación de su madre y fue entonces cuando toda la amabilidad se me terminó.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¿Cómo nos encontraste0? —dije entre dientes para no gritar—. ¿Tu padre está aquí?

—No tengo que darte explicaciones.

—¿Está aquí?

—¡No! —gritó molesto—. Pero te aseguro que muy pronto sabrás de él.

—No hablaremos aquí —lo empujé prácticamente, en lugar de tomar el ascensor fuimos por las escaleras hasta llegar a la parte trasera de la clínica.

—¿De qué se supone que vamos a hablar? ¡Me abandonaste! Me dejaste en el Bosque Encantado sin siquiera advertirme sobre lo que estaba pasando.

—¡¿Estás hablando en serio?! ¡¿Estás hablando jodidamente en serio?!

—De no ser porque mi padre se negó a ayudar al Hada Azul ella jamás me habría ayudado otra vez.

—¿Fue ella quien te convirtió en un adulto?

—¡Sí! ¡Ni siquiera te molestaste en decirme la verdad! —Gritó furioso.

—No tienes nada que reclamar. Secuestraste a mi mujer.

—Te libré de la Reina Malvada para ayudarte y lo hice porque tus padres me lo pidieron. Intenté ayudarte y mira cómo me pagas.

—¡Vete al diablo! ¡Nunca me has ayudado! ¡Me abandonaste y enviaste a la cárcel!

—¡Para que cumplieras tu destino!

—¡Eso es una mierda y lo sabes! ¿Cuándo vas a asumir tu responsabilidad? Ser un niño es lo que mejor te va porque nunca has asumido nada, eres un maldito cobarde igual que tu padre.

Eso pareció golpearlo más que cualquier otra cosa, su enojo se evaporó lo suficiente para calmarse.

—¿Cómo me encontraste?

—¿Sería difícil para ti? Solo tuve que buscar a Henry y listo. Mi padre debe haber hecho lo mismo y ya que soy un cobarde estaré encantado de dejarte entre las piernas de esa bruja mientras te quitan esa cosa que está por nacer.

—¿De qué diablos estás hablando? —Lo agarré de la camiseta y lo estrellé contra la pared—. ¡Dime! —Lo golpeé una vez más contra la pared y no solté mi agarre en él—. ¿Qué es lo que tu padre va a hacer?

—¡No tengo por qué decirte nada!

—Voy a arrancarte cada palabra de la boca si tengo que hacerlo.

Un fuerte ruido se escuchó sobre nuestras cabezas. Los dos miramos en la misma dirección y vimos las farolas de la clínica encenderse y explotar.

—Es cierto… tu magia funciona aquí. —Parecía casi confundido pero al mismo tiempo como si al fin pudiese ver toda la verdad ante sus ojos.

—¿Por qué estás aquí? ¿Estás con él?

Me empujó logrando soltarse, caminó unos pasos lejos de mí, pasó sus manos por su cabello casi halándolo.

—Neal… piensa en Henry… piensa en la clase de hombre que quieres ser para tu hijo.

—¿Ahora es mi hijo? ¿Por qué no pensaste en eso cuando me dejaste en el Bosque Encantado?

—Terminaste donde tus decisiones te llevaron. Hice lo que era mejor para mi hijo y te estoy pidiendo que hagas lo mismo… no tenemos que ser como nuestros padres.

—Es por eso que estoy aquí, para advertirte sobre él, pero tú no lo estás haciendo fácil.

Respiré profundo. No podía hacer de Neal mi enemigo, lo necesitaba de aleado, aunque no fuera el más confiable necesitaba toda la ayuda posible.

—Dime lo que está sucediendo, necesito saberlo todo… por favor.

—Eso no hará ninguna diferencia. Nadie se interpone en el camino del oscuro, si mi padre quiere algo lo conseguirá a cualquier precio.

—¿Por qué quiere a mi hija? ¡Vamos Neal! ¡Maldición! ¡Sé un hombre por una vez en tu vida!

—No todos podemos ser tan hombres como tú ¿no es así? —Volvió a enojarse—. Te sientes diferente porque embarazaste a la Reina Malvada, estoy seguro que no es demasiado difícil conseguir que abra las piernas.

Eso fue todo lo que pude soportar, me lancé sobre él y lo siguiente que supe es que mi puño conectó con su cara más de una vez. Me sentí elevada en el aire por unos brazos que me sujetaron con fuerza y si quedaba alguna farola útil debió explotar también, fue como si la tierra crujiera bajo mis pies y la persona detrás de mí saliera expedida por el aire.

—¡Emma! —Escuché un gritó ronco detrás de mí y fue entonces cuando supe que era David.

Respiré pesadamente, con mis puños rojos goteando algo de la sangre que caí de la nariz rota de Neal. David se levantó despacio, parecía casi sin aliento.

—Wow… —dijo David respirando con dificultad—. Tu magia funciona en este mundo.

—¡Maldición! Mi nariz está rota.

—Y más te vale que empieces a hablar si no quieres que siga rompiendo huesos mucho más importantes de tu cuerpo.

—¿Qué está pasando aquí? Fui a buscar a Henry y me dijeron que se fue con el tío Neal.

—Soy su padre… solo lo dijo para que lo dejaran venir conmigo.

—¿Henry eligió venir contigo? ¿Qué le dijiste? ¿Qué serías el héroe y nos ayudarías?

—Cálmate Emma, necesitamos resolver esto, no empeorarlo. —David me regañó.

Les di la espalda y me alejé unos pasos para intentar calmarme una vez más.

—Ten —David sacó un pañuelo, siempre el príncipe encantador, y se lo entregó a Neal—. ¿Estás bien? ¿Necesitas que te vea un médico?

—Estoy bien.

Neal se puso de pie con la ayuda de David, se apretó el tabique acomodándoselo y se limpió la sangre con el pañuelo.

—¿Crees que puedas ayudarnos? Debes conocer mejor que nosotros a tu padre. Imagino que no debe estar feliz de haberte perdido.

—Pues se lo devolveremos si es necesario.

—Emma. —Me dio una mirada severa y se dirigió de forma más amigable a Neal—. Neal, nos ayudaste cuando creímos que Emma corría peligro con Regina, no lo hicimos por maldad, creímos que era lo correcto. Tenemos que hacer lo correcto esta vez.

—¿Incluso si eso significa ayudar a quién te aleja de las personas que amas? —Lo dijo mirándome.

—Sí. Es lo que hacen las buenas personas, es lo que haces por quiénes amas.

¿Así era cómo funcionaban los discursos inspiradores? Tenía que admitir que David logró convencerme hasta a mí y Neal no pudo esquivar su encanto tampoco.

—El Hada Azul necesitaba ayuda, todos estaban detrás de su cabeza, las hadas le dieron la espalda y la desterraron a vivir como una simple mortal.

—Creí que ella y Gold tenían una especie de acuerdo —David estaba mucho más al tanto que yo.

—Qué hagas un trato con el oscuro no te convierte en su mejor amigo. Así que en venganza me ayudó. Mi padre intentó convencerme de quedarme con él, que juntos podríamos tenerlo todo. La historia se repite y estoy aquí. Solo que esta vez sé lo que planea. No quiero que Henry sufra por mi culpa.

—¿Qué tiene que ver Tinker Bell en todo esto? —Pregunté.

—Es una distracción, necesitaba probar las aguas y la envió primero, y así también podía seguir el rastro hasta ustedes sin meterse en problemas.

—El maldito es astuto. Pero no entiendo por qué ella estaría de acuerdo.

—No lo estuvo. Puso un hechizo en ella para sacar a relucir su lado oscuro y usarlo contra Regina, así estarían entretenidas mientras él continuaba con su plan.

—¿Qué es lo que quiere?

—Vamos, Emma. Piensa. Dejaste embaraza a una mujer en un mundo sin magia.

—Sí pero…

—Él dijo que Regina siempre fue especial, sumamente poderosa, dijo algo sobre su magia y cómo siempre se negó a usarla hasta que la obligó a hacerlo.

—¿Las quiere a las dos? ¿A mi nieta y a Regina?

—Sí.

—¿Por qué ella? ¿Por qué no yo? Mi magia funciona aquí, yo la dejé embarazada.

—¿Realmente quieres saberlo?

—No. No me importan sus razones retorcidas voy a destruirlo, acabaré con él de ser necesario.

—¿Estás con tu padre en esto? —Preguntó David.

—Fui la parte de su plan que salió mal. No quiero saber nada de él, estoy aquí por Henry, es mi hijo, no iba a dejarlo en medio de esta guerra.

—No tienes ningún derecho sobre él, puedo enviarte a la cárcel solo por lo que hiciste hoy y lo sabes.

—La policía nunca ha sido un problema para mí pero no te preocupes, no voy a llevármelo… me dejó muy en claro que jamás vendría conmigo.

Él estaba siendo sincero, parecía un poco enojado pero no era una amenaza, lo que no sabía era si sería un aliado.

—Huir de él desató todo esto ¿cierto? Es por eso que todo esto está pasando, él estaba bien jugando a ser el padre contigo, rompiste su burbuja y ahora todo empezó otra vez.

—¿Acaso importa?

—Solo tengo que entregarte.

—¿Lo harías? ¿Qué pasa con Henry y la clase de mujer que debes ser por él?

—Haré lo que sea necesario para mantener a mi familia a salvo.

—Emma esta no es la forma, créeme, lo sé mejor que nadie —dijo David y luego miró a Neal—. ¿Vas a ayudarnos?

—Ya hice más que suficiente.

—Me lo debes, se lo debes a Henry —me acerqué a él y lo miré fijamente a los ojos.

—Yo no…

—Se lo debes —lo interrumpí—. Si no me hubieses abandonado… no cambiaría el pasado por nada pero sabes lo diferente que habría sido nuestras vidas de no haberme dejado.

—Creo que de todas formas nunca hubiésemos terminado juntos. Estabas destinada a romper la maldición.

—Nosotros hacemos nuestro propio destino.

—No me quedaré. Mi padre no tiene magia pero debe tener uno que otro truco y quizá algunos viejos amigos en este mundo, si juegas según sus reglas perderás, debes aprovechar que está en tu campo de juego. Cuida del chico por mí, dile que lo quiero y que lamento no haber podido ser su padre.

—Puedes decírselo tú mismo.

—Todos somos un poco como nuestros padres, Emma. Despídeme de él.

Así como apareció en mi vida se alejó, sin regresar a ver atrás, caminando por un largo callejón. Una vez había creído amarlo, seguramente lo hice, pero creo que aún en mi juventud sabía que él nunca sería el hombre con quien pasaría el resto de mi vida. Dejarme ir a la cárcel fue una clara demostración de su cobardía pero abandonar a Henry es lo que lo hace igual a su padre, al fin y al cabo se eligió a él mismo por encima de todo.

—¿A qué se refería con que estamos en tu campo de juego?

—Que no es con magia cómo vamos a deshacernos de Gold. Creo que sé cómo hacerlo —sonreí.

XXXSQXXX


REGINA

Me sentí mucho mejor al tener a Henry conmigo, no quería que se despegara de mi vista. Me di cuenta que estuvo muy silencioso durante el camino a casa, Emma parecía extraña también pero tuve que esperar a que llegáramos para poder hacer las preguntas necesarias.

—¿Quién va a contarme lo que está sucediendo?

—Regina.

—Henry, cariño. —Abrí mis brazos y él se sentó conmigo en el sofá—. Puedes contarme lo que sea, te prometo que todo estará bien.

—Está bien, Henry —Emma le dio su permiso para hablar.

—Neal fue por mí, fue él quien me llevó al hospital porque insistí en despedirme primero, sabía que estaba mintiendo cuando me dijo que ustedes lo habían enviado por mí para llevarme lejos y mantenerme a salvo.

Eso no era en absoluto lo que esperaba oír.

—Lamento que hayas pasado por esto Henry. Lamento que Neal se haya ido así —dijo Emma realmente apenada.

—Me asustó que quisiera llevarme, él es mi papá pero no lo es. No sé si eso es correcto.

—Lo es, chico.

—Es que no lo conozco, antes quería tener un papá pero ahora las tengo a ustedes dos. Desde que estamos juntos ni siquiera había pensado en él. ¿Está mal si no estoy triste porque se fue?

—No, cariño. Él es tu padre pero no quieres a alguien solo porque estés relacionado, el cariño es algo que crece, como una planta.

—Él quiso hacer lo correcto por ti. No creo que haya estado listo para ser padre pero hizo lo que era correcto y sabe que tienes una familia que te ama.

—Me gusta nuestra familia.

—Te amo, mi principito. Te amo con todo mi corazón.

Lo estreché en mis brazos con fuerza más del tiempo suficiente, Henry tuvo que recordarme que necesitaba dejarlo respirar.

—Vamos a empacar, nos tomaremos unos días para olvidarnos de este susto.

—Tengo escuela el lunes.

—Y no hemos resuelto el problema.

—Sarah está en casa de mis padres encargándose de Tink, estoy segura que solo necesita un cambio de corazón y volverá a la normalidad.

—No entiendo.

—No hay nada que entender. Justificaremos la falta de Henry en la escuela…

—Emma.

—Este es un mundo sin magia, excepto para mí. Les aseguro que estamos a salvo.

Emma parecía demasiado segura pero había algo que no me estaba diciendo. Henry y yo no tuvimos más opción que hacer exactamente lo que ella nos pidió, arreglamos un par de maletas y después de una cena temprana salimos para la cabaña que Emma había rentado a las afueras de la ciudad. El lugar parecía bastante concurrido, había muchos restaurantes cerca de la zona, jóvenes bulliciosos alrededor de fogatas en la playa, el clima era demasiado frío pero aun así casi todas las cabañas estaban ocupadas. Era evidente que Emma había elegido un lugar que no estuviera vacío, que no fuera un blanco fácil.

Nos quedamos con Henry hasta que se quedó dormido y luego fuimos a nuestra habitación, me sentía cansada pero no iba a dormir sin obtener respuesta.

—No me mires así. Lo tengo todo bajo control.

—Quiero que me digas todo lo que está ocurriendo.

—Ya te lo dije, Sarah se hará cargo de Tink.

—No soy idiota. Sé que Rumple debe estar detrás de todo esto.

—Necesitamos descansar, debemos levantarnos antes que Henry si queremos un poco de tiempo a solas.

—No tendremos tiempo a solas nunca más si no hablas conmigo.

—Bebé.

—No me digas así.

—Tienes razón, Rumple la envió a hacernos la vida imposible pero no puede hacer nada más. No tiene magia.

—Seguro que encontrará la manera.

—Si él se acerca a nosotros va a terminar encerrado.

—¿Por qué lo encerrarías? Necesitarías hacer algo malo para hacer que lo encierren.

—Tengo unos cuantos amigos y una denuncia importante en su contra.

—Emma.

—Vamos a atraparlo, solo es cuestión de tiempo.

Entre besos y mimos logró llevarme a la cama. Solo me rendí porque estaba cansada, pero obtendría las explicaciones que quería. Me dormí pensando en todas las cosas que podían salir mal, en todos los planes que él podría estar fraguando en nuestra contra, tuve suerte de no tener pesadillas.

Unos labios tibios me despertaron, me sentía tan necesitada. Sus labios continuaron recorriendo la piel de mi cuello, su respiración erizó mi piel, mis pezones se pusieron erectos bajo sus dedos. Llevé su mano por debajo de mi pijama, apretó suavemente mis senos mientras su boca chupaba mi punto de pulso. Podía sentir mi ropa interior humedeciéndose.

Emma acarició la curva de mi estómago, estiró el borde de mi ropa interior para que sus dedos continuaran su camino.

—Estás tan mojada —susurró a mi oído.

Su cadera se movió contra mi trasero, moviendo su pelvis en un ritmo constante; uno de sus muslos se interpuso entre mis piernas. Me mordí el labio para evitar que mis gemidos se escucharan pero fue difícil cuando Emma dejó de frotar sus dedos entre mis labios vaginales y me penetró.

—Me encanta lo apretada que estás —dijo a mi oído enterrando sus dedos profundamente en mí—. ¿Quieres venir en mis dedos?

—Sí —soné demasiado necesitada.

Apreté un poco las piernas para aumentar la fricción. Su pulgar presionó mi clítoris y sus dedos comenzaron a moverse dentro de mí. Mis paredes vaginales parecían querer atrapar sus dedos que no dejaban de moverse deliciosamente, mi humedad resbaló por mis muslos dejando mi ropa interior hecha un desastre y ni siquiera me importó.

No creo que había pasado demasiado tiempo, Emma ni siquiera había acelerado el ritmo, simplemente siguió penetrándome en un ritmo constante, su boca chupó mi cuello seguramente dejando una marca en mi piel delicada y ni siquiera tocó mi clítoris. No pude aguantar más, giré mi rostro contra la almohada y la mordí amortiguando mis gritos de placer.

—Eso fue rápido —la escuché decir detrás de mí.

En la sensibilidad del momento, agitada y sin aliento, en lo único que podía pensar era que podría perder a mi familia. Me sentí paralizada, a la espera de un golpe de adrenalina que me impulsara a hacer lo que debía hacer. Nos estábamos engañando al pensar que nuestros problemas desaparecerían con solo ignorarlos, así no funcionaban las cosas, no podíamos fingir que nada ocurría y esperar que todo se cayera a pedazos. Necesitaba hacer algo para evitarlo, debía hacerlo.

Sus manos se inquietaron nuevamente y tuve que esforzarme por alejarla de mí.

—Tengo hambre —fue lo único que se me ocurrió.

—Yo también estoy hambrienta.

Sus manos intentaron sumergirse debajo de mi ropa otra vez. Sus dedos rozaron mis pliegues sensibles y su boca chupó mi cuello.

—Necesito comer primero… por favor.

Besó mi cuello, acomodó mi ropa interior y se lamió los dedos.

—¿Al menos podemos darnos un baño juntas?

Solo oír su voz me hizo apretar las piernas.

—Claro que sí.

No le permití ningún juego entre burbujas, no tenía tiempo que perder, solamente dejé que sus manos me enjabonaran delicadamente, jugando con la curva de mi barriga y sonriendo a los suaves besos esparcidos por mis hombros.

Me vestí rápidamente tratando de igualar la ligereza con que Emma se vestía sin importarle lo que llevase puesto. Fue un alivio ver a Henry despierto y en camino a buscar algo de comer.

—Ve con Emma a comprar algo saludable, no la dejes escoger lo primero que ve.

—Podemos ir todos juntos —dijo Emma recogiéndose el cabello.

—Tengo como náuseas —fingí una cara extraña esperando que su detector de mentiras no me delatara—. Quiero descansar un poco antes de empezar nuestro día.

—¿Estás bien?

—Estoy perfecta, y lo estaré aún más cuando me traigas algo delicioso.

—No nos demoramos —dijo dándome un beso.

La sostuve besándola hasta que nos faltó el aliento, tanto que Henry protestó.

—Ven aquí mi niño hermoso, déjame besar esas mejillas.

Lo abracé, puse un beso en su cabeza y besé sus mejillas hasta hacerlo protestar nuevamente.

—Los amo —dije sinceramente, esperando no estar a punto de cometer un error.

Cuando los perdí de vista fui por un abrigo y las llaves del auto. Conecté el GPS, tal como Emma me había enseñado y conduje lejos de mi familia, esperaba que la nota que dejé sobre la cama hiciera que Emma se preocupara un poco menos por mí.

Tomé mi celular y llamé a Sarah, seguramente estaba haciéndose cargo de Tinker Bell.

—Sarah, no digas que soy yo —dije rápidamente en cuanto contestó el teléfono.

—¿Estás bien?

—Sí. Necesito conseguir unos ingredientes para realizar un hechizo localizador.

—¿Emma está contigo?

—No.

—¿Dónde estás?

—¿Vas a ayudarme?

—Dime dónde estás.

Colgué. Ella no iba a ayudarme. No sé por qué pensaban que estar embarazada me hacía débil.

—No soy débil, soy una hechicera poderosa, lancé una maldición y terminé con más vidas de las que puedo recordar. ¡Maldición! —Recordé que Emma seguramente podía rastrearme por medio de mi teléfono—. Debo buscar los ingredientes.

Me detuve a un lado de la carretera y busqué en Google. No fue difícil encontrar un listado de tiendas de magia y hechicería. Mi tiempo era limitado, sabía que Emma me encontraría, así que debía encontrar a Rumple primero.

XXXSQXXX


EMMA

Lo siento, pero no puedo sentarme a esperar que alguien destruya nuestra felicidad.

Te amo.

Fue lo único que decía la nota que Regina dejó sobre la cama. Sabía que estaba extraña, lo sabía.

—Quizá fue a dar una vuelta.

—No. Fue a hacer algo estúpido —dije enojada—. No podía quedarse tranquila, no podía dejarme solucionar esto.

—¿Cómo vamos a encontrarla?

—Tu madre está en serios problemas, es muy serios problemas. Voy a demostrarle cómo solucionamos los problemas en este mundo.

Tomé mi teléfono y llamé a un viejo amigo.

—Jimmy, soy Emma. Emma Swan. Necesito un favor.

—Swan. Creí que estabas muerta o en prisión —contestó siempre risueño el viejo Jimmy, mi ex compañero de trabajo que me había enseñado demasiados trucos sucios.

—¿Crees que puedas ayudarme con algo?

—Por supuesto, solo dame los detalles de quién te está causando problemas.

—Es mi esposa embarazada y hormonal.

La risa casi lastimó mi oído, tuve que esperar unos segundos a que dejara de reír.

—Siempre supe que las nenas eran lo tuyo, así de buena eres que la embarazaste —otro montón de segundos perdidos esperando a que dejara de burlarse.

—Escúchame, ¿sí? Se llevó mi auto, puedo localizarla pero no quiero perder el tiempo, voy a darte la placa del carro y asegúrate de que alguien la detenga.

—Prometo ser amable con tu nenita, envíame una foto de tu princesa y me haré cargo.

—Asegúrate que la mantengan a salvo hasta que yo llegue.

—Así será. Esto va a costarte, Swan. Ya sabes que no mezclo los negocios con la amistad.

—Lo sé.

Colgué el teléfono y comencé a recoger nuestras cosas. Henry se cruzó de brazos con el ceño fruncido, muy parecido a Regina.

—¿Hiciste lo mismo para localizar al Señor Gold?

—Algo así.

—¿Hiciste algo malo?

—No —mentí—. Él es un hombre malo que quiere hacernos daño.

—No soy un niño pequeño, sé que hiciste algo malo.

—Yo no hice nada malo, solo le pedí a alguien que me ayudara a que la policía lo busque.

—¿Por qué van a buscarlo si nadie sabe que él es malo?

—Te lo explicaré luego, necesitamos encontrar a tu mamá antes que se haga daño.

—Hiciste que tus amigos la buscaran y la detuvieran, hiciste lo mismo con Gold pero… ¿les pediste que le hicieran daño?

—No. Una paliza no va a detenerlo. Necesitamos que esté encerrado en la cárcel o en un hospital psiquiátrico. Nadie va a hacerle daño, te aseguro que estará bien. Lo que hice no está bien, dije mentiras, pero si hubiese dicho la verdad sobre las cosas reales que él ha hecho, nadie me creería. Él quiere perseguirnos, vamos a invertir el juego y perseguirlo a él.

—Creo que mamá debe estar haciendo lo mismo.

—Lo sé. Por eso necesitamos encontrarla pronto.

—Si le hubieses dicho la verdad ella no habría hecho esto.

Tuve que tomar un taxi. Pensé en la pesadilla extraña que no había vuelto a tener. ¿Habíamos cambiado lo que sucedería? No tenía la menor idea, y tampoco sabía si las decisiones que habíamos tomado eran las correctas, solo podía esperar que Regina estuviera bien.

Mi teléfono sonó y era Mary Margaret.

—Emma —sonaba alterada—. Regina llamó a Sarah. ¿Están bien?

—Sí. Ella… no sé dónde está. Estoy con Henry, estamos yendo por ella, un viejo conocido la está buscando.

—Debe querer buscar a Gold, la única manera en la que puede hacerlo es con magia.

—No. Hay otras maneras. Esto no es un cuento de hadas, la gente muere de verdad y no hay besos de amor verdadero que lo impidan. Si le pasa algo… —las lágrimas resbalaron por mi rostro —Henry se arrimó contra mí y me abrazó.

—Nada va a pasar. Vamos a encontrarla y resolveremos esto de una buena vez. Lo prometo.

—Mamá —dije tratando de no llorar al teléfono.

—Emma, no estás sola. Estoy aquí.

—En serio necesito tu ayuda.

Me quedé en silencio, con mi corazón agitado al caer en cuenta la similitud de lo que acababa de hacer con respecto a la pesadilla, no era igual, pero me sentí exactamente como en el sueño.