La serie Once upon a time, sus personajes y demás mencionados aquí no me pertenecen.

Muchas gracias a todos por seguir leyendo. Gracias Caballeroswan por recordarme actualizar.

Espero que disfruten el capítulo.

PD: Lunediose me sigues debiendo ese prompt, no voy a olvidarlo, ni darme por vencida.


CAPÍTULO 48

MARY MARGARET

Inútil, es la palabra que usaría para describir cómo me sentía. No había sido muy sensato usar un arma, pero tiempos desesperados exigen medidas desesperadas, fue prácticamente lo mismo que Sarah me dijo.

—No he pasado por todo lo que he pasado para que las cosas tomen este rumbo. No puedo permitirlo. No voy a quedarme de brazos cruzados y ver cómo todo se desmorona a mi alrededor —dijo Sarah muy seriamente.

—Pienso igual. Deberíamos deshacernos de Tink.

—Va a estar bien, ella no es el problema. Rumple lo es. No puede utilizarnos cuando se le antoje. Hay que detenerlo.

—Ni siquiera sabemos dónde buscarlo, Emma dice que sí pero es muy poderoso.

—Todos tenemos debilidades… y este mundo no es como el nuestro. Sé lo que tengo que hacer.

—¿Sí? ¿Qué?

—Quédate aquí…

—No. Quiero hacer algo, es mi hija.

—No tienes magia.

—Emma dijo que no solucionaríamos esto con magia.

—Emma está en negación, su hija va a nacer y ella elegirá creer que fue una cigüeña quién se la trajo.

—Es un mundo sin magia.

—No es así. Deberías escuchar más a tu nieto.

No tuve más opción que dejarla ir, por muy tentada que estuve a seguirla, Emma llamando a mi celular me detuvo. No dudé en correr a su lado, dejé a David cuidando de Tinker Bell, recogí a Henry y a Emma donde me dijeron y fuimos juntos por Regina a la estación de policía. No podía creer lo que Emma había hecho, aunque no abrí la boca al respecto mis ojos debieron decirle lo que pensaba.

Emma llevó su carro de regreso mientras que yo me encargué de llevar a un Henry silencioso en el asiento trasero y una Regina enojada en el asiento de copiloto. No éramos amigas, no sabía qué decir así que no dije nada, solo la observé de reojo, sus manos frotaron suavemente su vientre durante todo el camino. Cuando llegamos Emma ya estaba en casa, esperando por nosotros en la puerta de entrada, Regina se bajó y pasó de largo sin ni siquiera mirarla.

—¿Por qué no le das un momento? Si hablan estando enojadas solo conseguirán discutir.

—No tengo pensado hablar con ella en este momento. ¿Dónde está Sarah?

—Dijo que se encargaría de todo.

—¿De Rumple?

—Al parecer el viaje que hizo fue para conseguir ciertos ingredientes mágicos de un tal Dragón.

—Estoy pensando seriamente que si tuviera pleno uso de mi magia podría resolver esto en un instante.

—No me gusta admitirlo pero quizá Sarah puede ocuparse de esto mejor que nosotras.

Emma hizo un par de llamadas y me pidió que cuidara de Regina y de Henry, que no tardaría en volver.

Henry comió y fue directo al cuarto de visitas a tomar una siesta. David me entregó dos tazas humeantes de té de manzanilla y me dejó a solas con Regina. Ciertamente no esperaba verla sentada en mi sofá cerca de la chimenea secando las lágrimas que resbalaban por sus mejillas rosadas. Le entregué la taza y por suerte ella la aceptó.

—No es bueno para el bebé que te alteres. Bebe un poco, quizá te ayude a dormir.

No dijo nada, continuó secando sus lágrimas y bebió el té despacio, su mano derecha frotaba de vez en cuando su redonda barriga.

—Sarah va a resolver esto, ella ha vivido mucho tiempo en este mundo, sabe muy bien lo que está haciendo.

—¿Emma fue con ella? —Preguntó con la voz ronca.

—Sí. Rumple no tiene ninguna oportunidad, lo que sea que haya planeado no va a funcionar. No tienes que preocuparte por eso.

—Lo sé.

Esperé pacientemente que ella decidiera contarme que era lo que le estaba molestando realmente, no había ninguna duda que más allá de la amenaza inminente de Rumple el problema era exclusivamente entre Emma y Regina debido a la forma en que las dos habían manejado la situación.

—Cuando estaba embarazada de Emma, David siempre quería que me quedara sin hacer nada mientras él hacía todo el trabajo. No me molestaba el descanso, mi espalda dolía todo el tiempo y los últimos meses mis pies pasaban hinchados. El punto es que David solo quería cuidar de mí, al igual que Emma. Ella jamás se perdonaría si te pasa algo, no es la mejor hablando pero tú tampoco lo eres, es algo en lo que deben trabajar.

—¿No debería alegrarte que mi matrimonio no funcione con tu hija?

—Debería, pero tú la haces feliz —Regina dejó de mirar las llamas de la chimenea y me miró fijamente a los ojos—. Es innegable, así como también el hecho de que ella te hace feliz.

—Hoy no.

—Tampoco debiste huir de la forma en que lo hiciste, estás muy embarazada y es mi nieta la que estás llevando.

—No ha dejado de patear —dijo sobando su barriga—. ¿Crees que sepa que está pasando algo malo?

—Creo que está preocupada por ti. Vamos a la cama, duerme un poco, cuando despiertes todo se habrá solucionado.

—Gracias.

—Gracias a ti. No lo vi antes pero me has dado más de la familia que esperaba, con Henry y la pequeña Emmy que está por nacer.

—No se llamará Emma.

—Puede ser Emma II, es una heredera al trono. En realidad sería Emma III, le puse ese nombre por mi abuela.

Regina torció los ojos, le di la mano ayudándola a ponerse de pie y la acompañé hasta la habitación de invitados, se quitó los zapatos y se acurrucó con Henry en la cama.

Esa pequeña aún sin nacer ya había robado mi corazón por completo, es por eso que debía ser mi responsabilidad que su familia se mantuviera siempre unida y a salvo. Ella y Henry necesitaban de sus madres para tener un hogar lleno de amor, mucho mejor que el de cualquiera de nosotros.

XXXSQXXX


EMMA

Conduje despacio por las calles de la fría ciudad, recordando cada momento que había originado un cambio absoluto en mi vida, pensando cómo pasé de ser una persona solitaria que no creía en nadie a alguien que amaba profundamente a su familia y que no veía llegar la hora de ser mamá una vez más.

Suspiré con cansancio, revisé la dirección que me habían enviado, constatando que estuviese correcta. Lo único que me sorprendió cuando entré al lugar fue encontrar a Gold sentado cómodamente en un sillón, bebiendo una taza de té y esperando por mí.

—Si hubiese sabido que tardarías tanto habría dado un paseo por la ciudad.

—No creo que sea bueno para tu cojera.

—Es cierto —dijo respingando la nariz y bebiendo un sorbo más de té—. ¿Cómo está Regina? Espero no haberla perturbado, no querría que su embarazo se adelante demasiado.

—Si sabías que no lograrías nada contra nosotras por qué hiciste todo esto.

—Porque puedo. Tu adorable esposa me dejó una gota de su sangre para poder venir a visitarla cuando quisiera.

—¿Qué quieres Gold?

—Creo que lo sabes.

—Neal no volverá contigo voluntariamente, y aunque lo hiciera no tardaría en volver a huir. ¿No estás cansado de todo esto?

—No he perdido el don de poder ver lo que sucederá.

—Solo pequeños fragmentos.

—Suficiente para saber que siempre eres tú quien me guía a él.

—No estoy obligada a ayudarte, puedo deshacerme de ti sin ensuciarme las manos.

—Es por eso que haremos un trato.

—Jamás haré un trato contigo.

—Los dos sabemos que mueres de ganas de conocer el futuro de tu hija. Una niña que no debería existir en este mundo.

XXXSQXXX


SARAH

Si pudiera volver atrás y corregir todo lo malo en mi vida lo haría sin dudarlo; Emma, Regina y Henry se habían convertido en mi familia, pero el lugar que ocupan mis hermanas en mi corazón es irremplazable. Es por eso que sabía exactamente lo que motivaba a Rumpelstiltskin.

La luz seguía iluminando el camino en el mapa, gracias a uno de los tantos hechizos que el Dragón me había facilitado cuando supe de la premonición de Blancanieves y Emma.

Me presenté en el motel barato donde Bealfire se hospedaba y toqué su puerta.

—Hola Baelfire.

—¿Quién eres tú?

—No necesitas saberlo.

Extendí mi mano delante de su rostro y soplé. Retrocedió cayendo pesadamente en el suelo. Ingresé a la habitación y cerré la puerta tras de mí. Un dedo pinchado para obtener una gota de su sangre fue suficiente para completar la poción, la agité un poco, me incliné sobre Baelfire, abrí su boca y lo hice beber la poción. Sus ojos me miraron fijamente, quizá en su estado era consciente de lo que sucedía.

—Te ganaste esto cuando abandonaste a mi Emma en la cárcel y al abandonar a tu hijo. No se abandona a la familia sin pagar las consecuencias.

Puse mi mano sobre su pecho, cerré los ojos y dejé que el copo de nieve que había estado guardado desde que estuvimos por última vez en el Bosque Encantado hiciera su trabajo. Me concentré en mi familia, en protegerlos. Cuando Regina acudió a Rumple supe que las oportunidades de volverlo a ver eran infinitas. Mi magia no funcionaba al igual que la de Emma en este mundo, pero todos los años viviendo en esta tierra me había permitido conocer los puntos ciegos. Sentí mis dedos casi congelarse, ese pequeño dolor familiar que me hacía sentir tan bien, la magia se esparció por el cuerpo del joven Baelfire dando una apariencia azulada a la piel de su pecho.

Me senté junto a la ventana a esperar, creía que Emma haría lo correcto pero una pequeña parte de mí seguía pensando que quizá no. Emma no estaba del todo segura de esto, tenía otros planes, pero sabía tan bien como yo que Rumple no se detendría jamás.

Abrí la puerta cuando los vi bajarse del auto. Él se abalanzó de inmediato asegurándose que su hijo se encontrara con vida.

—¿Qué hiciste con él?

—No me digas que pensabas que todo sería tan fácil —dijo Emma—. No haremos un trato, harás exactamente lo que te digo.

—Es hora de volver a casa Rumple y quedarte allí para siempre —me acerqué un poco para mostrarle la piel azulada del pecho de su hijo—. Solo puede vivir en el Bosque Encantado, un lugar lleno de magia es lo que necesita para que mi magia se mantenga dormida en él sin hacerle daño, de lo contrario se congelará hasta morir.

—¿Cómo pueden estar tan seguras que no volveré por ustedes?

—Creo que ya hemos dejado en claro que no puedes hacer nada contra nosotros en este mundo —dijo Emma permitiéndole ver sus manos brillar.

La miré sin poder evitar sonreír, después de tantos años ella al fin estaba abrazando quien era.

—No voy a decirte nada sobre el futuro de tu hija.

—Es mi hija, voy a asegurarme que su futuro sea maravilloso.

Rumple acarició la frente de su hijo, sonriendo al verlo despertar.

—¿Dónde estoy? —dijo Baelfire con una voz rasposa y agitando la ropa que colgaba de su cuerpo al ser un poco grande para su talla, al menos los pantalones necesitarían ser ajustados para que no resbalen de su cuerpo delgado.

—Eso no importa, iremos a casa.

XXXSQXXX


REGINA

Desperté al sentir a alguien acomodándose detrás de mí en la cama, aún con los ojos cerrados y un poco adormilada supe que era Emma. Rodeó sus brazos alrededor de mí y sus labios besaron mi hombro. Ella seguramente sabía que yo había despertado, pero no dijo nada. Nos quedamos en silencio, tratando de no pensar, al menos yo. No quería decir nada incorrecto que empeorara cómo nos sentíamos.

Fue una patada en mi vientre lo que rompió nuestra burbuja.

Emma acarició mi vientre y puso un beso donde nuestra hija estaba presionando al parecer su pequeño pie.

—Estas a salvo, mi pequeña. Ya puedes continuar jugando ahí adentro hasta que nazcas.

Una patadita un poco más fuerte me hizo suspirar, a veces era un poco doloroso todo el movimiento en mi interior, me hacía pensar que quizá se encontraba estrecha dentro de mi barriga pequeña; pero lo que llenó mis ojos de lágrimas no tuvo que ver con eso.

—Lo siento —dije.

—Hey. No te disculpes. Hablaremos luego.

—Me vas a decir que no estás enojada conmigo.

—Claro que lo estoy —secó mis lágrimas con sus pulgares y besó mi frente—, estoy enojada porque fuiste imprudente, te pusiste en un riesgo innecesario, y sé que fue mi culpa por pretender que te quedarías sin hacer nada pero en serio pensé que confiarías en mí.

—Confío en ti.

Me senté en la cama, sequé mis propias lágrimas y me sentí agradecida que Henry despertara antes que yo y no se encontrara en la habitación para escucharnos discutir.

—No lo parece. Mira solo quiero que descanses y…

—No vamos a hacer de esta discusión un problema de confianza, porque confío en ti, el problema es que quieres que yo me quede de brazos cruzados mientras alguien amenaza con destruir nuestra familia.

—Tienes razón, era eso lo que quería que hicieras porque estás embarazada. ¿En serio creías que yo no haría todo lo posible por cuidar de nuestra familia?

—Sé qué lo harías, incluso si eso significa sacrificarte y dejarnos solos. Dime que no es cierto.

—Sí, porque te amo y si algo así vuelve a pasar volveré a tomar la misma decisión.

—Pretendía disculparme pero ya no quiero hacerlo.

—Bien.

—Bien.

Crucé los brazos sobre mi barriga, ella suspiró, se arregló el cabello que salía desordenado de su cola de caballo y se inclinó para besar mi barriga.

—Te amo, Regina… pero en este momento sigo enojada contigo, y aunque no lo creas también estoy enojada conmigo misma. Así que puedo estar enojada por las dos para que estés tranquila.

La dejé alejarse de mí, sin importar lo que dijera y aunque en parte sabía que tenía razón, mi enojo no podía esfumarse aun sabiendo que debía estar en calma por el bien de mi bebé, me era inevitable.

Escuché brevemente la explicación de Sarah sobre cómo ella y Emma habían resuelto todo, ni siquiera me importaba, era evidente que solo nos estaban dando una versión apta para Henry. Comimos algo que Nieve preparó rápidamente y solo entonces nos dejaron volver a casa. Tink se quedaría con ellos, esperaba que al día siguiente volviera a ser ella misma, empezaba a sentir que necesitaba alguien de mi lado.

—Mamá. —Acomodé sus cobijas y esperé que me dijera lo que tenía en su cabecita durante el silencio viaje de regreso—. Sabes que ma tenía razón ¿cierto? Ella quería mantenernos a salvo y tú estabas embarazada, no debiste haber hecho lo que hiciste.

—No me sorprende que siempre termines de su lado —dije suavemente.

—No es así, es lo correcto, así como ella no debió ocultarte cosas y ni hacer que te arresten.

—No me arrestaron.

—El punto es que no deberían seguir enojadas, las dos hicieron algo malo, deben pedir perdón y prometer no volverlo a hacer.

—Lo haremos, solo queremos estar un poquito más de tiempo enojadas.

—¿Cuánto tiempo?

—No demasiado. Ahora duerme, tuvimos un largo día.

—Te quiero, y me alegra que todo haya terminado.

—Yo también te quiero, mi pequeño príncipe.

Fui a la habitación, donde se suponía Emma estaría metida en su lado de la cama, Henry y yo nos alistamos primero con nuestros pijamas dejando que Emma asegurara las puertas y ventanas de la casa, pensé que seguramente estaría abajo comiendo algo y luego pasaría por la habitación de Henry. El cansancio me venció apenas puse la cabeza sobre la almohada, así que solo me di cuenta que Emma no durmió conmigo al levantarme temprano para ir a orinar.

La encontré en el cuarto de visitas, no hice ningún ruido y volví a la cama aún más enojada que antes. Si ella iba a comportarse de esa manera, entonces yo también lo haría.

La segunda vez que desperté, ella había salido. Evité preguntarle a Sarah, me entretuve preparando algo complicado en la cocina y un postre para que Henry no me persiguiera con sus ojos acusadores. Tuve muchas ganas de llamarla y pedirle que volviera a casa, que no podía seguir enojada con ella y que no quería que lo estuviera conmigo.

—Le dije a Tink que sería bueno si esperaban unos días para verse, podrán tener tiempo para pensar y dejar que las cosas se asienten.

—No eres mi madre, Sarah. Si quiero hablar con Tink lo haré, no necesito que arregles mi tiempo como si fuese una niña pequeña.

—Tienes razón, no soy tu madre, porque si lo fuera te habría regañado por ser tan terca.

—No te permito que me hables de esa manera.

—No eres una reina aquí, y si lo fueras yo también lo soy, y con más años que tú, así que siéntate un momento y escúchame.

—No lo haré. Crees que estoy equivocada pero Emma también, debimos resolver esto juntas.

—No. No siempre es posible, no digo que funcione todas las veces, lo sé mejor que nadie, pero cuando amamos a alguien queremos protegerlo. Rumple iba tras de ti porque aún falta para que tu hija nazca y sabemos que haría con ella mucho más de lo que hizo contigo, no es ningún secreto, no tuvimos que preguntarle para saber lo que planeaba.

—¿Y crees que yo no lo sé? Por eso necesitaba enfrentarlo, lo conozco mejor que nadie.

—Y por eso Emma debió ser más comunicativa contigo pero era correcto mantenerte al margen, por la pequeña que estás llevando. Tú habrías hecho lo mismo. Lo sabes, y hablar sobre esto es inútil y repetitivo.

Me dejó sola con mis pensamientos, con la molestia de no poder dar mi brazo a torcer y llamar a Emma. Ni siquiera cuando la tarde cayó, o las dos veces que llamó a Henry y habló con él sobre lo que estaba haciendo, me quedé un poco lejos escuchándolo reír mientras le relataba lo divertido que había sido ayudar a Sarah cortando leña. La extrañaba demasiado, moría de ganas por escuchar su voz o decirle que la amaba, aun así me aferré a mi terquedad el mayor tiempo posible.

Emma llegó demasiado tarde, Henry se había ido a la cama hace una hora y Sarah hizo lo mismo cuando escuchó el auto llegar. Sonreí cuando cruzó la puerta, se quitó las botas cubiertas de nieve y su cabello revuelto quedó libre de su horrible gorro de lana, me levanté de mi lugar caliente junto a la chimenea y fui hasta ella, la abracé con todas mis fuerzas y puse un beso en una de sus heladas mejillas.

—¿Tienes hambre? Hay leche caliente, si tomas chocolate no vas a poder dormir y debes estar cansada. Ve a ponerte algo seco —dije fingiendo total normalidad.´

—Solo tomaré la leche.

Acarició mi vientre y subió sin decir una palabra. Bebí un poco de leche tibia, afanada por calmar mis nervios antes de ir tras ella llevándole un vaso con leche. Me senté en el borde de la cama y esperé que terminara de darse una ducha. Salió del baño secando su cabello con una toalla, vestida con un pijama celeste de algodón que yo misma se lo había comprado y que ella juraba que la hacía ver como un oso, bebió toda la leche y al fin se sentó en la cama.

—Trabajé todo el día, tenía algunas cosas pendientes que no podían esperar. No quería preocuparte. —Las puntas de sus dedos tocaron tímidamente mis manos—. Pensé que un día sin mí te ayudaría a enojarte menos.

—Eres una idiota. —Me apresuré a tomar sus manos entre las mías—. Si no hubieses dormido en el cuarto de invitados habrías descubierto que mi enojo se esfumó por la mañana.

—Hice que te detengan.

—Fue estúpido y voy a cobrártelo un día.

—Un Lannister siempre paga sus deudas —dijo sonriendo.

—No es gracioso.

—Son tus favoritos, pensé que era acorde.

—Tú eres mi favorita, aunque me hagas enojar y te enojes conmigo por algo que tú mismo provocas.

Besó mis manos y luego besó mis labios.

—Es increíble que no pueda enojarme contigo ni un día completo.

—Prácticamente lo fue.

—El día más largo de toda mi vida.

Nos acomodamos debajo de las pesadas cobijas, no importó que su cabello mojara la almohada, apoyé mi cabeza en su hombro y enredé mis pies con sus pies fríos. Sus manos frotaron mi espalda y sus labios besaron mi frente.

—Prometo que hablaré más contigo, pero siempre voy a protegerte. Sé que no estás acostumbrada a que alguien cuide de ti, para mí también es difícil a veces.

—Intentaré no ser tan impulsiva, lo prometo.

—Lo resolveremos todo siempre juntas.

La abracé un poco más fuerte, cerrando los ojos al sentirla acariciar mi cabeza con la yema de sus dedos.

—¿Por qué no le preguntaste a Rumple sobre el futuro de nuestra hija?

—Es nuestra hija, va a ser perfecta —dijo sin dudar—, nos hará tan felices como nosotras a ella, al igual que Henry.