Hola a todos.

Este capítulo estará relatado en primera persona por Booth. Espero les guste.


Capítulo 4

Cambios

Son cerca de las 10 de la noche, han sido semanas difíciles. Recuerdo perfectamente cuando la abogada de Hodgins, la señorita Linke, nos informó que tanto Jack como Ángela nos habían designado como tutores de su hijo.

"-Pueden tomar la custodia en lo individual o en conjunto. Eso les corresponde a ustedes decidirlo, solo debe especificar el domicilio donde residirá el menor para efectos legales."

La situación ya era complicada y se había complicado aún más, o al menos así se siente.

Recién nos han dado al pequeño Michael del hospital y ya debemos instalarlo en su casa. Huesos decidió que se quede en su casa y me parece buena idea, mi departamento es más pequeño y yo debo recibir a Parker los fines de semana, sé que en el departamento de Huesos estará más cómodo.

Observo el retrovisor de la camioneta, Huesos está acomodando al bebé en su portabebé para que deje de quejarse, debe sentirse extraño en ese pequeño asiento después de tantos días en el cunero.

La verdad, verla así es hermoso, siempre supe que sería buena madre, lamentablemente no pudo cumplir su sueño cuando lo deseó, sé que en algún momento lo será, solo espero estar allí para verla, o incluso ser el padre…

-Deja de pensar en eso – me regaño mentalmente, por ahora debemos ocuparnos de Michael.

Llegamos al edificio de Huesos después de un largo camino desde el hospital.

-Iré subiendo para abrir el departamento. –Me dijo mientras abría con cuidado la puerta de la camioneta, tenía poco tiempo de haberse dormido, lo necesitaba.

Entré al estacionamiento, ocupé el espacio que tenía ella designado para sus visitas. Apagué la camioneta y dejé escapar un pesado suspiro.

-Esto parece sacado de una película… -murmuré para mí mismo.

Ser padre era lo mejor que me ha pasado, pero ¿esto? Podría decirse que me hicieron padre de nuevo de la noche a la mañana.

Siendo sincero conmigo mismo muero de miedo. No es igual ser responsable del hijo de alguien más que de tu propio hijo. Agradezco a Dios que Michael no tenga problemas de visión, eso le agregaría más complicaciones a lo que ya es complicado.

Después de unos minutos decido bajar del auto, abrí con cuidado la puerta trasera para retirar el cinturón de seguridad del portabebé. Michael se mueve un poco. No debo dejar que despierte, tuvo un día pesado en el hospital según lo que nos comentaron las enfermeras, en definitiva, dormir le haría bien.

Me acerco con el portabebé al ascensor, allí me topo con una mujer de mediana edad, creo que me mira con ternura al verme con el pequeño en su pequeño asiento. Subimos todos al ascensor.

-Es hermoso ver a un hombre involucrado en la crianza de su hijo.

No supe qué decirle, solo pude sonreír, no creo que sea la persona ideal para contarle la situación completa. Para mi buena fortuna se bajó un piso antes que nosotros.

Salí del ascensor y caminé hasta la puerta del departamento de Huesos. Iba a llamar a la puerta, pero sabía que estaría abierta, a fin de cuentas, nos estaba esperando. Lo estaba esperando.

Entré al departamento y vi algunas cosas diferentes. Hay un esterilizador de biberones en la barra de la cocina, un pequeño columpio mecedora en la sala, color crema. En la mesa de la sala tenía unos libros sobre maternidad. Conociéndola, sé que tiene tiempo leyendo y estudiando sobre cómo cuidar a un bebé.

Después de unos minutos, dejo el portabebé en el suelo de la sala, la verdad no sé a dónde debo llevar al niño a acostar, tengo ya varias semanas que no entro a su departamento y no sé cómo tiene todo dispuesto.

-¿Huesos? –la llamo pero no responde.

Caminé hacia el pasillo de las habitaciones y la alcanzo a ver en el umbral de la puerta del cuarto de huéspedes. Se veía perdida pero hermosa. Su vida también estaba dando un vuelco como la suya.

-¿Huesos? –me acerqué a ella.

-Perdón, no te ayudé con las cosas.

Noté que tenía los ojos vidriosos, o tal vez fue mi imaginación.

-No te preocupes. Michael está dormido en el portabebé, ¿dónde colocaste la cuna?

-En mi habitación.

Fui por Michael a la sala y después nos dirigimos a su recámara, pocas veces había estado allí. Con cuidado tomé al bebé en brazos, susurrando para mantenerlo dormido. Lo coloqué con cuidado en la cuna y me percaté que en la otra orilla de la cuna estaba el pequeño conejo de peluche que le habíamos comprado semanas atrás.

El pequeño renegó un poco pero después se quedó tranquilo. Gracias Dios por no dejar que se despierte en este momento.

-Bien Huesos, salgamos. –Le dije en voz baja para no despertarlo.

Salimos de la habitación, dejé la puerta a medio cerrar para poder escucharlo si lloraba, pero confiaba en que estará así, Huesos se sentó en el sillón grande.

No nos atrevíamos a decir nada, ambos estábamos aturdidos con la situación.

Seguí observando el departamento, parecía que tenía las cosas bajo control. Vi la caja vacía de monitores de bebé, seguramente ya los tendría cargados y listos en su habitación, los biberones en un estilador especial, sabía que las cosas de bebé se lavaban separadas de las de adultos, al menos al principio. Recuerdo que al final del pasillo de las habitaciones vi una carreola, debe ser el juego del portabebé que tuvimos que comprar para que nos pudieran entregar a Michael.

La mesa tenía protectores en las esquinas, creo que no sabe que aún no está en edad de gatear como para hacerse daño, pero así es ella, siempre piensa en todo.

-Creo que tenemos que hablar…

Me dijo esas palabras con una voz muy baja. ¿De qué quería hablarle?

-¿Qué pasa Huesos? –recargué mis codos en mis piernas para verla mejor.

-Yo… bueno… ahora que Michael está en casa... –titubeba, eso no era algo propio de ella.

-Huesos, tranquila. –Me estiré para tomar su mano –sabes que puedes contar conmigo. –Le hablé más bajo para tratar de calmarla, se veía que estaba incomoda o nerviosa, no estoy seguro.

-Booth… no sé cómo hacerme cargo del bebé.

Me miró asustada, pocas veces la he visto asustada.

-No sé cómo cuidarlo correctamente. He tratado de aprender en los libros pero entre ellos se contradicen. Hay libros que dicen que debes dejar al bebé llorar para que aprenda a auto consolarse, otros dicen que debes mantenerlo cerca de ti lo más posible. En un libro dice que las tomas de leche deben ser cada 4 horas, sin excepción, pero otro libro dice que la leche debe ofrecerse a libre demanda…

La vi llevar sus manos a su cabeza, ofuscada con tanta información.

-¿Cómo rayos voy a cuidar a un bebé?

-Eh, tranquila, la verdad es que la paternidad se aprende día a día. Los libros son útiles, pero no siempre tienen las respuestas, especialmente cuando se trata de niños. Cada niño crece y se desarrolla a su ritmo. No es como una máquina que se programa.

-¿Y si lo hago mal? ¿Qué le diré a Ángela? –me miró profundamente. Volví a sujetar su mano para tratar de transmitirle confianza.

-Lo harás bien, tranquila. –Además, para eso me tienes a mí, te voy a apoyar en todo. Ambos somos "los padres" de ese bebé –usé un tono diferente para hacer referencia a "los padres", éramos sus cuidadores temporales. Primero Dios, Ángela se recuperaría pronto.

-Por eso quiero hablar contigo…

Se quedó en silencio un rato. Le tomé la cara de la barbilla para levantarle la mirada, quería verla a los ojos.

-¿Y en qué puedo ayudarte? –le dije sin soltar el agarre de su mandíbula.

-Quiero que te quedes a vivir aquí, con nosotros.

Sus palabras me tomaron por sorpresa. Retiré mi mano de su rostro, me dejé caer pesadamente sobre el respaldo del sillón. Debía tener una expresión desencajada porque al momento siguiente Huesos cambió de opinión.

-Perdón Booth, no debí pedirte eso. Fue un atrevimiento de mi parte. –Se levantó del sillón en el que estaba y se dirigió a la cocina. -¿Te ofrezco un café?

-Espera un segundo, Huesos, no puedes soltar una petición como la que hiciste y hacer como si no lo dijiste para tener una fiesta de té. –Me levanté para seguirla.

-No Booth, fue una mala idea pedírtelo. Es mi miedo hablando. –Comenzó a buscar tazas para preparar café.

-Ey, ey, calma. Hablemos.

Le quité la taza de las manos y la dirigí a sentarnos en los bancos de la isla de la cocina.

-¿Qué te hizo pedirme eso?

-La lógica, creo. Si estamos en el mismo lugar podríamos encargarnos del bebé, juntos. Tengo poca experiencia con bebés, tú eres padre, un maravilloso padre con Parker, sé que tu experiencia me podría ayudar a cuidar al bebé de Ángela y Hodgins mientras Ángela está en el hospital. La verdad es que me siento perdida, y me sentiré más perdida estando yo sola con él. Tendrás tu propia habitación, no quiero que pienses mal de mí.

-No pensaba nada malo, Huesos, Pero... ¿Estás segura de esto? No quiero cambiar tu vida más de lo que ya la ha venido a cambiar el bebé y…

-También a ti te la está cambiando. –Me interrumpió.

Tenía razón, mi vida estaba cambiando, pero no podía desamparar a ese niño, sus padres nos habían confiado lo más preciado de sus vidas y no iba a negarme a eso.

-Sí Huesos, pero no voy a dejarte sola con el bebé.

-¿Aceptarás entonces?

Me quedé en silencio, las cosas eran serias, su petición iba muy en serio. Sus ojos reflejaban súplica.

¿Cómo podría decirle que no a ella?

-Yo… -titubeé un momento.

Huesos, por ti haría cualquier cosa.

-Sí.


Nos leeremos muy pronto. Gracias por leer. Espero sus comentarios

Jen