Kenma se quedó en su sitio cuando el semáforo cambió a verde, estaba absorto en la figura de ese chico pelirrojo y la sombra que caminaba a sus espaldas; a medida que ese jovencito caminaba, pudo identificar mejor sus rasgos. Ojos cafés, nariz pequeña, una piel que lucía suave, y una sonrisa que a Kenma le producía mucha paz; pero esa sensación desapareció cuando su concentración se fijó en la sombra; apenas podía distinguir un par de ojos entre toda esa oscuridad, esa cosa observaba fijamente al chico, lo seguía totalmente pendiente de lo que hiciera, esperando algo; a Kenma le dio escalofríos.

El pelirrojo pasó caminando al lado de Kenma, los segundos resultaban inusualmente largos, la vigorosa energía del aura anaranjada produjo un fuerte contraste en el cuerpo de Kenma cuando la sombra pasó por su lado; sintió la mayor calidez del mundo, para bruscamente pasar a sentir un gélido aire rozando su brazo. ¿Qué hacer? ¿Qué decir? Era lamentable que cada vez que veía algo similar, nadie le creyera, que lo llamaran loco por advertirles sobre el inminente peligro; y era una verdadera lástima que le ocurriera a una persona tan luminosa, a alguien tan agradable para todos los sentidos de Kenma; debía hacer algo a toda costa, o al menos intentarlo.

Decidió dar la vuelta y seguir al muchacho pelirrojo, con sus ojos miel clavados en esa presencia maligna, acechándola, atento a cualquier cosa que quisiera hacerle a ese pobre joven; el aire se sentía pesado al estar tan cerca de la sombra, pero debía aguantar, seguir mirándola fijamente. El aura de Kenma estaba empezando a producirle un pequeño calor nada usual, como si estar tan concentrado lo fortaleciera de alguna forma; su corazón casi se detiene cuando vio, o más bien sintió, que esa cosa lo miró de reojo.

Segundos después, Kenma cambió su expresión, de asustada a atenta, él y la sombra se miraban al caminar, sus ojos y los de esa cosa se observaban directamente, Kenma sonrió para dejarle un mensaje claro a ese espectro: "si, te estoy viendo". El ambiente era tenso, como un peso enorme para un simple humano como él, pero no se rendiría, estaría todo el tiempo viendo a esa cosa, no lo dejaría hacer lo que quisiera, así tuviera que estar en esa sofocante situación todo el día.

La sombra se detuvo de golpe, Kenma también lo hizo; se quedaron parados un rato, la sombra se volteó a verlo; ambos se analizaban, probablemente esa presencia maligna aún se preguntaba si alguien lo podía ver; se miraban frente a frente, separados por algunos metros. El pánico casi se apodera de Kenma cuando la sombra comenzó a correr a toda velocidad hacia él, su corazón se aceleró y su respiración se agitó, no tuvo tiempo para voltearse y correr; dio un paso en falso para retroceder y cayó de espaldas al suelo.

Algunas cosas de sus bolsas rodaron por la acera, miró hacia adelante y vio que la sombra avanzaba rápidamente para alcanzar al pelirrojo, Kenma jadeó y empezó a recoger rápidamente sus cosas, no debía perderlos de vista, no sabía que cosas ocurrirían si no le advertía a ese chico sobre el peligro. La gente lo observaba como si estuviera loco, pero eso era lo de menos, debía correr, debía hacer algo, esa presencia le llevaba la ventaja por metros, en el fondo de su pecho una desesperada preocupación fue el motor que necesitó para correr y alcanzar al chico; solo para que este se volteara en seco, mirándolo algo intimidado.

-Esto… ¿Se te ofrece algo? - preguntó el pelirrojo, mirando con desconfianza pero sin prejuicio a Kenma, quien sintió que se le heló la sangre por lo incómodo y extraño que debió verse que siguiera al joven con tanto apuro.

-Yo… - no sabía que decir, no había forma de advertirle sobre ese espíritu sin parecer un demente, para empezar lo estaba siguiendo como un acosador, la cerecita sobre el pastel para que ese chico llamara a la policía sería decirle que una sombra quería hacerle daño.

-¿Por qué me sigues? - dijo ese muchacho, empezando a sentirse intranquilo, manteniendo una prudente distancia de Kenma, este último solo quería que se lo tragara la tierra. Hubo un incómodo y largo silencio, Kenma intentaba encontrar la manera de decirle sobre el peligro, pero solo había una; tomó aire para desembuchar.

-Sé que no me creerás, pero… un espíritu maligno te está siguiendo, corres peligro… - dijo mirando hacia abajo, inseguro, esperando ser llamado un loco, un pervertido acosador, era lo más lógico, la otra opción hubiera sido explicarle al chico que era capaz de ver cosas que otros no. Se sintió muy frustrado, no quería mirar a los ojos al pelirrojo, estaba listo para dar la vuelta y huir de allí antes de que el joven pidiera ayuda a gritos para que lo arrestaran; al levantar la cabeza, en lugar de ver un rostro atemorizado, vio la expresión de sorpresa del pelirrojo.

-¿Puedes verlo? - preguntó el muchacho, Kenma abrió los ojos, nunca nadie le había respondido algo así, se relajó un poco al ver que el chico no se veía alarmado.

-Sí, puedo verlo… - respondió Kenma, con una voz insegura, no miraba a los ojos a ese joven, pero no por sentirse incómodo, sino más bien porque no miraba a nadie a los ojos en general.

-!Genial! - exclamó el pelirrojo, Kenma lo miró extrañado, se esperaba todo, menos la palabra genial para describir esa situación.

-¿Genial…?

-!Es genial! !¿Cómo es?! !¿Tiene cara?! !¿Es feo?! !¿Tiene cuernos?! - eran demasiadas preguntas, tan animosas que Kenma comenzó a cuestionarse si el pelirrojo se estaba burlando de él.

-Esto... - pensó en todas las preguntas, debía encontrar una respuesta para todas - no tiene cara, es solo una sombra…

-!Ohhh! !Un hombre sombra! - el chico se veía extrañamente emocionado, Kenma miraba hacia todos lados, preguntándose si la gente pensaba que estaban locos.

-Está detrás de ti… - dijo Kenma, el pelirrojo volteó a ver detrás de sí mismo.

-¿Y que está haciendo?

-Nos está escuchando… no parece contento.

-Sorprendente… que bueno que me está siguiendo a mi - pronunció, Kenma lo miró aún más desconcertado.

-¿Por qué te alegra?

-Bueno… - el chico le hizo una señal para que se acercara, quería decirle algo al oído, Kenma se agachó un poco y el muchacho le susurró algo con una voz muy baja - es mejor que me siga a mí que a mis amigos…

-¿Por qué dices eso? - preguntó con curiosidad, antes de que el chico respondiera, Kenma levantó la cabeza de golpe, viendo a la sombra marcharse dándoles la espalda - se fue…

-Oh no… - el chico sacó rápidamente su celular para enviar un audio a un grupo de whatsapp - chicos, intenten estar en un lugar con mucha gente, estoy casi seguro de que Shintarou va tras ustedes ahora.

-¿Shintarou? - dijo Kenma con confusión, su nuevo amigo empezó a revisar los audios que le enviaban sus amigos.

-!Hinata idiota! !Esta sí que no te la perdono! - gritaba alguien gruñón en uno de los audios, Kenma se preguntó a que se refería ese alguien.

-!Qué miedo! !Akaashi, busquemos un lugar concurrido por favor! - decía un chico que alargó algunas A en el nombre Akaashi, otro joven respondió en ese mismo audio.

-De acuerdo, si te sientes más seguro podemos ir a una discoteca.

-!Mejor un karaoke! - en ese punto el audio había llegado a su final, Kenma estaba algo desconcertado, pudo detectar que solo dos de ellos se encontraban realmente preocupados por su situación.

-Disculpa, no te he preguntado tu nombre - le dijo el pelirrojo al terminar de oír los audios, Kenma de repente se sintió un poco cohibido.

-Kozume… Kozume Kenma - le respondió sin poder mirarlo a los ojos.

-Me llamo Hinata Shouyou, es un placer conocerte.

-Shouyou… - dijo Kenma, luego se quedó callado, no sabía cómo seguir la conversación, una parte de él quería preguntar muchas cosas sobre la sombra, sobre Shouyou y la charla que tuvo con sus amigos, pero se cuestionaba demasiado si era prudente inmiscuirse de esa forma en su vida; hubo un silencio de varios segundos antes de que Hinata rompiera el hielo.

-Supongo que quieres una explicación...

-Sí, si no es mucha molestia…

-Puedo contarte todo, pero no aquí ¿Te parece si te invito un café? - propuso Shouyou, Kenma dio un pequeño respingo de nervios, esa invitación saliendo de los labios de alguien tan lindo como Hinata le parecía un panorama demasiado repentino, nunca se hubiera esperado que alguien así le pidiera una salida en pareja, se sentía algo abochornado, por la situación y por estar sobre analizándola.

-Está bien…

Un joven de cabello negro y expresión irritada ordenaba sus cosas en una mochila azul oscuro, tenía algunos cuadernos con muchos apuntes escritos en el sobre la mesa, donde había una hilera de computadoras; solo tres alumnos de la facultad de medicina seguían utilizando el salón, incluyéndolo. Entre las páginas que visitaba había varias sobre semiología, debía estudiar para un examen que tendría en unos días; había un sitio web que destacaba entre todas las pestañas que tenía abiertas, una página que no tenía nada que ver con las demás: "como deshacerse de un espíritu de la ouija"; revisó varios métodos, el del agua bendita no le agradó, no era sencillo encontrar una iglesia católica donde pudiera robar un poco de agua; los métodos de la sal de mar y el fuego le parecían más efectivos para hacer desaparecer esa infame tabla y el espíritu que salió de ahí.

-Kageyama kun ¿Qué haces aquí a estas horas? Pronto cerraremos - el chico dio un respingo y cerró por inercia todas las páginas que tenía abiertas.

-Lo siento Takeda sensei, ya estaba por irme - le respondió Kageyama, tomando su mochila y cliqueando para apagar la computadora.

-Se nota que te estas esforzando mucho para ese examen - el profesor hizo una pequeña reverencia de despedida - gracias por tu trabajo, ten buenas noches.

-Igualmente, buenas noches Takeda sensei - Kageyama repitió la reverencia y dio media vuelta en dirección a la puerta de la sala.

Salió del lugar con el ceño fruncido, volviendo a su estado natural luego de meterse en un gran lio junto a sus amigos; observó el pasillo, no había nadie en la universidad a esas horas, todo tenía una luz tenue y una soledad que lo puso nervioso, Hinata les había recomendado mantenerse en lugares concurridos, y su universidad a esas horas no era precisamente un lugar con mucha gente. Tragó saliva y empezó a caminar para salir de ahí, tratando de distraerse repasando mentalmente los contenidos de su examen, aun le quedaban algunos años en la carrera de medicina, no había tenido altibajos durante todo ese tiempo, lo irritaba pensar que por un maldito fantasma su rendimiento decaería.

Caminó por el iluminado pero solitario pasillo que lo conduciría al ascensor; se quedó quieto de repente, sintiendo escalofríos y tensión, no sabía si voltear un poco la cabeza para ver detrás de él, no quería comprobar que cosa le había respirado un gélido aire en la nuca. Disimuladamente miró de reojo hacia atrás, no se veía a ninguna persona a sus espaldas, pero se sentía observado, era una sensación inquietante; miró hacia adelante y continuó caminando, estaba tenso, con todos los sentidos alerta, escuchando a su alrededor; sudaba y sentía que su corazón se aceleraba por el miedo.

Escuchaba sus propios pasos haciendo eco, o más bien, quería creer que el otro par de pasos que escuchaba eran el eco de los suyos; aceleró el paso con agitación, comprobó entonces que los otros pasos se descoordinaban de los suyos y se oían más lentos. Apretó los ojos y caminó rápidamente hacia el ascensor; se quedó parado frente a él, dudando con temor; se preguntaba si sería buena idea encerrarse ahí para bajar, solo, entre tres espejos en los que quizá podría ver a esa presencia muy cerca de él, encerrado en un lugar donde nadie lo oiría gritar.

Retrocedió y corrió para bajar por las escaleras, mantenía una mano cerca del barandal y bajaba muy rápido, evitando mirar atrás; sabía que era su turno, que esa cosa ahora lo perseguiría a él, no quería voltear y encontrarse algo grotesco, solo quería correr, solo quería salir de ahí. Pasó por el lado de unas escobas del conserje, y las escuchó caer a sus espaldas; estaba agitado, entrando en pánico, no dejaba de pensar que el aire estaba más denso, que estaba siendo muy lento, que quería salir de ahí inmediatamente.

Algo lo hizo tropezar, de no ser por su mano cercana al barandal, hubiera caído rodando por las escaleras; se reincorporó con dolor y continuó bajando, saltando algunos escalones, casi corriendo con peligro de resbalar. Llegó a la recepción de la universidad, la gente se preguntaba por qué corría, no era nada común que alguien saliera tan acelerado de la universidad; Kageyama solo quería encontrar un lugar seguro.

Se detuvo al llegar a la calle, ahí si había mucha gente, caminando de allá para acá, estaba seguro otra vez; respiraba jadeando de cansancio, se mezcló entre una multitud de transeúntes, entre ellos no tendría ningún problema al llegar a su departamento. Avanzó unos pasos y quedó frente a la calle cuando el semáforo estaba en rojo; no solía alegrarse con la gente y disfrutar de estar con mucha compañía, pero en ese momento agradecía estar en esa situación. Kageyama se quedó en la orilla de la acera, esperando el momento para cruzar con el resto de la gente; en esos momentos incluso el smog le parecía agradable.

De pronto, todo su peso se fue hacia adelante, vio el mundo en diagonal y luego horizontalmente, mientras miraba a un automóvil dirigirse hacia él; había sido empujado bruscamente, no pudo reaccionar, su cuerpo caía y sus ojos observaban fijamente las luces del vehículo acercándose. Azotó su cuerpo contra el suelo y apretó los ojos con el corazón paralizado de terror; el ruido del vehículo frenando en seco, las ruedas rechinando con brusquedad en el pavimento, y algunas personas gritando y exaltándose, eliminaron la relativa paz de las calles.

Kageyama abrió los ojos, las ruedas del auto estaban a milímetros de su cuerpo; empezó a temblar y a bufar, estaba en shock, vio la muerte frente a sus ojos y escapo de ella por pura suerte. El conductor del vehículo descendió para ver si se encontraba bien, un hombre adulto de cabello rubio y sudadera naranja, que le preguntó nervioso: "¿Estas bien?"; Kageyama no contestó, escuchaba los murmullos de la gente, pero todo se oía tan lejano; apretó los puños y maldijo lleno de frustración, se levantó dándole la espalda a ese hombre y salió corriendo a toda velocidad, desconcertando a todos los transeúntes.

Kenma y Hinata se instalaron en un café, Shouyou le había dicho que pidiera todo lo que gustase, que él lo pagaría; Kenma le propuso dividir la cuenta, pero Hinata le recalcó que él invitaba y le dijo que no aceptaría un no como respuesta; como no quería aprovecharse de su amabilidad, Kenma solo pidió un café expreso y unos bizcochos de vainilla, Shouyou por su parte pidió tantas cosas que le fue imposible memorizar todo. Cuando les sirvieron su café, Hinata comenzó a comerse un Taiyaki, un pastel de queso muy esponjoso, rollos de canela y donas glaseadas; solo a veces se detenía a beber de su mocaccino. Kenma lo miraba devorar todo, y empezaba a cuestionarse como alguien tan pequeño podía comer tanto; él lo imitó con más discreción; Shouyou rebosaba de energía positiva, era tan agradable estar con él, que por un momento olvidó que estaban ahí por otra razón.

-Oye… Shouyou... - le llamó tímidamente, el pequeño pelirrojo se había concentrado más en comer que en ir al grano.

-¿Hm? !Oh cierto! - se bebió un sorbo de café y se limpió con una servilleta antes de seguir hablando - debo explicarte cómo es que esa cosa empezó a seguirme.

-De casualidad… ¿Usaste la ouija? - preguntó Kenma, obviamente lo sabía, pero a Hinata le llamó mucho la atención que Kenma le preguntara eso.

-Si ¿Cómo lo supiste? ¿Tus poderes te permiten ver también eso? - se veía muy curioso y fascinado, Kenma aún no estaba lo suficientemente confiado como para hablar de sus poderes, prefirió mentirle.

-Bueno… solo pensé en lo más común.

-Oh ya veo, bueno, estaba jugando a la ouija con tres amigos, Kageyama, Bokuto y Akaashi, estos últimos son mis compañeros de trabajo, escribimos para la editorial Shiroi Karasu, Akaashi hace reportajes de periodismo convencional, yo y Bokuto escribimos para una de las revistas de la editorial, Qrow, una revista de entretenimiento - Kenma mantenía la boca cerrada, le resultaba interesante escuchar algo sobre la vida de Shouyou, pero se preguntaba que tenía que ver todo eso con el problema - Ambos iniciamos una sección de entretenimiento paranormal, Bokuto se encarga del rescatar el folklore nacional, yo me encargo de los mitos internacionales.

-¿Jugaste a la ouija por tu trabajo? - preguntó Kenma, curioso.

-Nop, verás… yo y mis amigos tenemos algo en común, somos aficionados al esoterismo, a los yokai, a las criaturas mitológicas y a las leyendas, no es la primera vez que jugamos a la ouija y a otro tipo de juegos que involucran tener contacto con espíritus - Kenma suspiró con algo de decepción.

-Entiendo… ¿Cómo ocurrió todo este problema? ¿Qué tipo de conversación tuviste con ese espíritu?

-Estábamos jugando como de costumbre, todo iba bien hasta que se apareció esa cosa. Le preguntamos su nombre, y el formo la palabra "Shintarou", así que comenzamos a llamarlo de ese modo; Shintarou comenzó a escribir insultos, así que dedujimos que no era un fantasma de los buenos, por lo que decidimos decirle adiós con el tablero. Él siguió deletreando cosas como "no me iré" y varias palabrotas, pero nosotros seguimos forzando la despedida; en un momento pareció irritado, nos decía gallinas, nos insultaba y decía cosas repulsivas; volvimos a insistir diciéndole adiós, entonces, explotó la bomba. Él nos desafío a no usar ciertas vocales si queríamos seguir vivos; Bokuto entró en pánico, Kageyama empezó a lanzarle insultos; me puse tan nervioso que volví a marcar la palabra "adiós", que tenía una de las vocales prohibidas…

-Ya veo… Por eso uno de tus amigos te gritó cuando estaban usando el tablero... - al oírlo, Hinata abrió los ojos.

-¿Cómo sabes que hizo eso? - le preguntó sorprendido, Kenma solo se quedó callado sin saber que responder - !Eres increíble!

-¿Increíble?...

-Eres genial, como quisiera tener el don que tú tienes !Es fascinante! - Kenma se sonrojó, jamás le habían dicho algo así sobre su poder.

-No es la gran cosa…

-A ver, dime, cuando ese amigo me gritó ¿Que hacían los otros dos? - le preguntó Shouyou con muchísimo interés.

-Uno estaba muy asustado, casi lloraba, tenía el cabello grisáceo en punta, el otro se veía más tranquilo, su cabello era negro… - respondió Kenma, a Hinata le brillaron los ojos.

-!Genial! !Eres genial! - sus palabras abochornaban a Kenma, el agradable calor que emanaba el aura de Shouyou lo hacía sentir excesivamente bien.

-Shouyou… ¿No estás asustado? - le preguntó para sacarse la duda.

-No, no me da miedo, bueno, me siento un poco asustado cuando tira algunas cosas de mi casa, pero al mismo tiempo me parece divertido - dijo con una tierna sonrisa, Kenma lo miró entre preocupado y desconcertado.

-¿En serio?

-Sí, desde pequeño me han gustado las películas de terror, he explorado lugares abandonados y hasta he tratado de grabar psicofonías, la sensación de adrenalina y el peligro… !Es genial! - a kenma le resultaba muy raro, pero a la vez, amaba la forma en que Hinata transformaba el miedo en energía positiva.

-Ya veo… Es muy bueno que no le tengas miedo, de algún modo eso te está protegiendo.

-Pero… Bokuto y Kageyama se asustan con más facilidad, y Akaashi, a pesar de que se describa como alguien escéptico, creo que en el fondo lo dice solo para aparentar que es más maduro y valiente.

-Ellos son los que corren más peligro…

-¿Que debemos hacer?

-Convencer a los espíritus benignos es sencillo, porque están dispuestos a escucharte, pero en el caso de los malignos, las cosas son muy difíciles, no quieren razonar, solo quieren consumir a sus víctimas - Shouyou lo miró con preocupación, Kenma miró hacia abajo, no quería decepcionarlo, pero debía ser sincero - hay formas de purificar y espantarlos, con humo, sal, el fuego que es muy efectivo, agua bendita, pero, lo que se me ocurre es encomendarte a ti y a tus amigos a otros espíritus para que los protejan, es más efectivo enfrentar no vivos con no vivos.

-¿Puedes pedirle a otros fantasmas que nos cuiden?

-Por supuesto, pero, ahora es algo tarde, podría intentarlo mañana.

-Entiendo… - Hinata sonó algo desanimado, aunque su aura seguía vigorizante.

-No te preocupes, todo saldrá bien - lo consoló Kenma con una tenue sonrisa.

-Confiaré en ti - le respondió, sonaba muy sincero, Kenma sintió un pequeño calor en su pecho y en sus mejillas - ¿Puedes darme tu numero?

-¿Mi numero? - repitió Kenma sorprendido, se sentía algo abochornado por la pregunta - claro… será bueno que tengas mi número, en caso de que algo ocurra, puedes llamarme si necesitas ayuda.

Ambos intercambiaron números telefónicos, Kenma se dio cuenta de que tenía llamadas perdidas de Kuroo y varios audios de whatsapp, prefirió ignorarlo por un rato; Shouyou extendía la conversación, era muy agradable hablar con él, por primera vez Kenma mantuvo sus ojos en una persona y no en su consola portátil por más de media hora. Hinata le preguntó a que se dedicaba, él respondió que trabajaba en el desarrollo de videojuegos, a Shouyou le pareció increible, repetía sin parar la palabra "genial", y toda la energía positiva que emanaba reconfortaba a Kenma y lo hacía dedicarle agradables sonrisas. Al terminar su conversación, Kenma se ofreció para llevar a Hinata hasta su hogar, este aceptó entregándole su total confianza; no tuvieron que viajar a un lugar muy lejano, llegaron hasta un edificio y se despidieron con un gentil "hasta pronto"; Kenma sentía mucha paz, una alegría que lo sonrojaba y lo hacía sentir muy bien; en el trayecto a casa revisó los audios de Kuroo, y todos tenían las mismas palabras berrinchudas: "hambreeeeee", "trae la comidaaaaa", "alimentameeeee".

En un salón de karaoke, 6 personas compartían bocadillos y bebidas alcohólicas, una chica pelirroja permanecía callada para no llamar la atención, y devoraba todo lo que podía con una dulce sonrisa; otra chica con una cola de caballo estaba utilizando su teléfono para hacer llamadas y enviar mensajes, se paseaba de un lado a otro con una postura erguida, le daba un aire de buena organizadora. Un joven de cabello gris cantaba a todo pulmón con otros dos amigos, se sentía más seguro y alegre estando con tanta gente; solo una persona del grupo parecía no compartir los ánimos de los demás, alguien de cabello negro y ojos de un peculiar azul grisáceo; se encontraba tendido en un sillón, lucía cansado y decaído, su rostro estaba vacío de expresión y sus parpados le pesaban; el desafinado pero carismático chico de cabellos grises se le acercó preocupado, abandonando el micrófono.

-Akaashi ¿Estás bien? - le preguntó agachándose a su lado, posteriormente le tocó la frente para comprobar su temperatura - no tienes fiebre, de hecho, estas algo frio…

-Me he sentido algo débil desde hace unos días, solo necesito descansar…

-Bokuto san, Akinori me dijo que no puede venir, y Haruki y Wataru aún no responden mis mensajes - dijo la chica de la cola de caballo acercándose a los dos amigos.

-Sigue insistiendo Kaori chan, mientras más seamos mejor - le respondió Bokuto, aun tratando de verificar la temperatura de Akaashi.

-De acuerdo, pero con 6 creo que ya somos multitud - la joven se retiró para seguir haciendo llamadas y regañar a la pelirroja por casi acabarse los bocadillos que habían ordenado.

-¿Tienes frio Akaashi? - le preguntó Bokuto, quitándose la chaqueta y depositándola sobre su amigo a modo de manta sin esperar su respuesta.

-Estoy bien, el salón está temperado… - Bokuto mantenía su mano en su frente, Akaashi la retiró con gentileza - vuelve y diviértete, yo estaré bien…

-¿Estás seguro?

-Seguro, ve - insistió, Bokuto lo arropó y se despidió revolviéndole suavemente el cabello.

Bokuto volvió con sus amigos para divertirse y cantar desenfrenadamente, de vez en cuando volteaba para comprobar cómo se encontraba Akaashi; este seguía en la misma posición, tendido, sin muchas fuerzas, sus ojos seguían entre abiertos y con poca vitalidad, ni siquiera las fuertes melodías servían para despertarlo de su semi inconsciencia. Por su mente pasaban rápidas imágenes que le daban una sensación de inquietud, no lograba distinguir nada claro, pero lo hacían sentir asustado; una imagen de un grotesco rostro oscurecido lo hizo abrir los ojos de golpe.

Se preguntó si de verdad no tenía fiebre, pues tenía entendido que la fiebre intensa causaba alucinaciones, consideró por un momento ir al médico, sobre todo cuando recordó una cosa que había encontrado en su cuerpo durante una mañana al despertar. Subió las mangas izquierdas de su ropa para observar su brazo, tenía incontables moratones de gran tamaño, y unos cuantos rasguños que no había visto la mañana anterior.

-¿Y esto?...