Kageyama llegó corriendo hasta un complejo de apartamentos, subió rápidamente las escaleras con la mano en el barandal, paranoico por las cosas que le habían ocurrido hacía algunos minutos. Estaba consciente de que lo mejor era quedarse en un lugar concurrido, pero la persona que vivía en aquel departamento lo hacía sentir más seguro que cualquier multitud; al tocar el timbre, un joven de cabello grisáceo abrió la puerta, vestía una sudadera con un hombro caído y pantalones cortos; Kageyama se sonrojó al verlo.

-Tobio, te estaba esperando ¿Cómo supiste que hoy no tengo turno nocturno? - le preguntó el chico apoyado en el dintel de la puerta, tenía una sonrisa cálida y coqueta.

-Suga ¿Puedo quedarme a dormir esta noche? - le preguntó mirando hacia el lado, si lo miraba de frente no podría evitar que sus ojos se desviaran hacia las piernas del muchacho; Suga rió suavemente al escuchar su pregunta.

-¿Dormir? - le respondió con coquetería, Kageyama se puso nervioso.

-Bueno... ya sabes.

-Por supuesto, quédate a "dormir" - Suga lo invitó a entrar - ¿Ya comiste? Puedo prepararte algo si quieres - ofreció dulcemente.

-Te lo agradecería mucho, siento las molestias - mientras entraba, recibió un tierno y suave abrazo, cerró los ojos por esa agradable sensación.

-Jamás sería una molestia…

Sugawara Koushi se había convertido en la adoración de Tobio cuando empezó a cursar su primer año de universidad, Suga estaba cercano a su último periodo de carrera, enfermería, una carrera más corta que la que Kageyama había escogido, la medicina; no dejó que esa inminente despedida fuera una separación total, se las ingenió para mantener contacto con ese agradable y lindo sempai que había llamado su atención. Verse era algo difícil, Sugawara usualmente debía trabajar de noche, y Tobio tenía encontrar la manera de tener buenas notas y al mismo tiempo coincidir con él, ese esfuerzo de cualquier forma valía la pena.

Se instaló en la pequeña mesa de la cocina para observar a Suga, quien se había puesto un delantal para preparar un plato de sopa de fideos para Kageyama; verlo tan sonriente le derretía el corazón a Tobio, ese hombro desnudo era como un imán que tarde o temprano terminó por atraerlo a espaldas de su pareja, para abrazarlo y besar su tersa piel descubierta por la sudadera con el hombro caído. Sugawara cerró los ojos con paz, gimió suavemente y tomó las manos de su chico que lo abrazaban, llevando una de ellas hasta sus labios para besar la palma con ternura.

Cuando la cena estuvo lista, Kageyama comió vorazmente, olvidándose por completo de sus preocupaciones y miedos, Suga se sentó frente a él, no paraba de sonreírle y reír suavemente, Tobio parecía un niño grande con mucho apetito. Al terminar, ambos se lavaron los dientes y caminaron juntos hasta un futón de gran tamaño, metiéndose bajo las mantas, Kageyama quería mantener las luces encendidas, pero Sugawara las apagaba con insistencia, prefirió no batallar más. Estaba dispuesto a dormirse profundamente en brazos de su pareja, ignorando al maldito fantasma que podría aparecer en cualquier momento, pero Suga tenía otros planes; el bello enfermero se irguió y sigilosamente se sentó en el regazo de Kageyama, mirándolo directamente a los ojos.

-¿De verdad quieres dormir cariño? Mañana tendré turno completo, no podremos vernos - le dijo susurrando y haciendo pequeños pucheros.

-Suga… estoy algo cansado y adolorido, ya te dije que casi me atropellan, eso me bajó mucho el ánimo - le rechazó con inseguridad, Sugawara tomó sus manos y las guió lentamente hasta sus glúteos, inclinándose hacia adelante para besarle el cuello.

-Pobrecito, quizás no debas moverte, déjame hacer todo el trabajo - le propuso susurrándole en el cuello, levantando sus poros y lo que no eran los poros; Tobio tragó saliva, su mente decía no, pero sus manos acariciaban y amasaban por voluntad propia las nalgas de su adoración.

-Pero Suga… - su pareja puso su fino dedo en sus labios para callarlo, Kageyama cerró suavemente sus ojos, dejándose llevar, era imposible resistirse a esa preciosura.

-Tranquilo, no debes esforzarte después de este duro día - Sugawara deslizó su traviesa mano bajo los pantalones de Tobio, retirando su ya erecto miembro para acariciarlo - el enfermero Suga te cuidará hoy…

Sencillamente era imposible negarse a su dulce voz, a su fogoso cuerpo que lo invitaba a acariciarlo olvidando todo lo demás, Kageyama cerró los ojos mientras su amado Sugawara le desabrochaba la camisa que usaba para dormir, recorriéndole el cuerpo con los labios, deslizándose hasta la entrepierna de Tobio para atrapar su pene entre sus fauces y chuparlo con delicadeza. La tenue luz azul de la noche iluminaba el cabello claro de Suga, su cabeza se movía sobre el regazo de su pareja, que bufaba y suspiraba con placer, ni siquiera recordaba porque en un principio se había negado a hacerle el amor a su amado.

Le hacía mucho sentido el estereotipo de que los enfermeros eran sexys, Suga era muy bueno dándole atención con su lengua, escucharlo saborear y gemir con la boca llena era algo mágico, sentía cosquillas en esa parte aprisionada dentro de la boca de su amado, se quejó un poco con un simple ruido, no había razón aparente, pero fue una sutil forma de decirle a Sugawara que ya no podía soportarlo más, que quería estar dentro de un lugar que no era su boca. Suga lo captó muy bien, dejó de succionar y bajó sus pantalones, retirándolos sin moverse de encima de los muslos de Tobio; por su parte, Kageyama estiró su mano para entregarle el lubricante a su pareja, Sugawara lo tomó con una sonrisa, colocó un poco en sus dedos y los llevó hasta su propia parte trasera, lubricándose mientras reía suave y coquetamente.

Cuando estuvo listo, tomó el miembro de Tobio para encajarlo poco a poco en su interior, sus ojos cerrados y un tierno gemido eran el indicativo de que estaba disfrutando mucho la inserción. Kageyama llevó sus manos a las nalgas de su chico, agarrándolas mientras lo cabalgaba moviendo las caderas de arriba a abajo, de adelante hacia atrás; el interior de Suga lo apretaba y sus movimientos mantenían el control sobre él, respiró profundamente, concentrado en deslizar sus dedos por todo el culo que lo estaba devorando, haciendo un semi circulo alrededor de la entrada, se sentía duro, un tanto rugoso y caliente.

No pudo resistir más, tomó a Sugawara y le dio la vuelta, posicionándose sobre él, abrazando sus piernas y besándole el cuello; Suga sonrió y cerró los ojos con satisfacción, gimiendo y suspirando como un ángel, Tobio buscó sus labios para fundirse en ellos a la par que movía las caderas a un ritmo suave pero persistente; su pareja le sonrió y tocó su mejilla, diciéndole que no se esforzara. Kageyama se estremeció al escuchar su dulce voz, era como un canto angelical, sus genitales sentían un calor abrasador, pero no era algo molesto, era más bien mágico.

Ambos llegaron al clímax casi al mismo tiempo, Tobio se dejó caer hacia adelante, sujetando su peso con las palmas en el futón, para no aplastar a Sugawara mientras lo besaba con pasión y depositaba el resto de su semilla en su interior. Respiraron agitados y se abrazaron, Suga besó su frente, levantando levemente algunos mechones desordenados y sudorosos con la nariz; se acomodaron para dormir, Kageyama se acurrucó en el pecho de su dulce Sugawara, quedándose dormido en sus brazos, era el lugar más cómodo y reconfortante después de un duro día.

Se quedaron dormidos, Suga dormía con una dulce sonrisa, puede que fuera el pasivo de la relación, pero cuando Tobio se dormía en su pecho, acomodado entre sus brazos como un bebé, notaba que la leve diferencia de edad tomaba algo de peso, se sentía pleno protegiendo los sueños de su amado. La habitación oscura que había preocupado a Kageyama hacía un rato, ya no se sentía de esa forma, poseía dos fuentes de luz que lo tranquilizaban, la luz azul con pequeños toques anaranjados que entraba por la ventana, y el propio Sugawara, una lucecita cálida que le daba protección, una protección que de seguro no le gustaba para nada al maldito espectro que lo seguía.

Suga abrió los ojos, miró su teléfono celular para ver la hora, las 3:30 aproximadamente, porque no sabía cuantos minutos de adelanto o atraso tenía su reloj; levantó un poco la cabeza para ver mejor a Tobio, seguía dormido profundamente, pero se había movido un poco, dejándole espacio a Sugawara para que se acomodara mejor a su lado. Kageyama dormía plácidamente, Suga lo miraba enternecido; sus suaves dedos trazaban un camino delicado sobre los moratones y raspones que su chico había adquirido en su accidente, lo que le hizo pensar en que habría sentido si lo hubiera perdido, si, en un hipotético caso, algo malo le ocurriera.

Besó su pecho y se acurrucó para volver a dormir, era tonto ponerse pesimista y asustarse, lo más sano era dormir y reponer energías para el siguiente día, quería despertar un poco más temprano y desayunar con Kageyama, exprimiendo al máximo su poco tiempo juntos. Cerró los ojos, quería descansar, pero algo se lo impedía, no sabía que, simplemente le era imposible quedarse dormido; apretó los ojos tratando de forzarse a dormir, sintió que estaba teniendo éxito, poco a poco empezaba a desconectarse y sumergirse en sus sueños, hasta que un brusco tirón en sus pies lo volvió a despertar segundos después de sentir que se dormía.

Se sentó, dedujo que había sufrido un caso de mioclonía del adormecimiento, o un brinco al despertar, así que volvió a acurrucarse; no pasaron ni dos segundos, ni siquiera se estaba quedando dormido, cuando volvió a sentir el mismo fuerte tirón en sus pies. Abrió los ojos con una sensación de escalofríos, un temor a mirar su habitación para comprobar que había provocado el jalón en sus pies; su cabeza no podía moverse por la sensación de miedo e incertidumbre, como si al voltear la cabeza fuera a encontrarse con un monstruo.

Suga miró de reojo inicialmente, y a un ritmo lento e inseguro se incorporó para sentarse y ver el cuarto; lentamente observó de forma panorámica toda su habitación, debía mirar con cuidado, el corazón le palpitaba a mil por hora, el ambiente se sentía pesado y el reprimía el pánico. Por el rabillo del ojo pudo ver que una de sus chaquetas se deslizó en el suelo, sus ojos giraron rápidamente para ver eso, pero ya no había más movimiento, quiso creer que solo fue su imaginación; volvió a mirar panorámicamente la habitación, no parecía haber nada, pero una vez más, cuando sus ojos pasaron por la puerta, apenas pudo darse cuenta de una silueta parada que no pudo ver cuando sus ojos volvieron a enfocarse de golpe en ese sitio.

Comenzó a sentirse agitado, miraba de un lado a otro tratando de ver algo, identificar cualquier cosa, ni siquiera sabía por qué lo hacía si estaba aterrado, se sentía como un animal con todos los sentidos alerta, percibiendo la presencia de un depredador que lo acechaba. Observaba sin parar de un lado a otro con taquicardia, varias veces vio la silueta mientras movía sus ojos frenéticamente, hasta que, al decidir que debía detenerse, enfocó su mirada de frente, viendo una silueta negra parada inmóvil delante de la puerta; observó bien su cabeza, entre toda esa oscuridad podía notar una boca excesivamente grande con afilados y abundantes colmillos formando una sonrisa, y unos ojos rojos que lo miraban fijamente.

Hubo un largo silencio, Sugawara y esa cosa se miraban directamente a los ojos; el pobre muchacho, paralizado de miedo, no era capaz de emitir un solo ruido, tenía un grito atorado en la garganta y un frio que congelaba todo su cuerpo. Las fauces del espectro se abrieron lentamente en una grotesca y amplia sonrisa que conectaba las mandíbulas con hilos de saliva viscosa; se puso en posición, y dio un gran salto hacia un aterrorizado Suga que se sobresaltó dejando escapar todo el pánico reprimido con un grito lleno de pavor.

Kageyama se sobresaltó abriendo los ojos de golpe, confundido y alterado; lo había despertado el grito de su pareja, miró rápidamente la habitación en estado de alerta; al ver a Sugawara, que estaba a su lado, notó que estaba quieto, apretando el futón con desesperación, tenía los ojos muy abiertos y emitía extraños ruidos, como si le faltara el aire. Tobio lo miró asustado y comenzó a moverlo y llamarlo, pero su chico seguía con la misma expresión, apenas moviendo un poco su abierta boca, estaba ahogándose.

Verlo así desesperó a Tobio, movía sin parar a Suga, lo llamaba a gritos; no sabía qué hacer, casi termina llorando de impotencia, hasta que decidió encender la luz, ponerse sobre él y mirar hacia la puerta, gritándole al espíritu que le hiciera daño a él y no a Sugawara, insultándolo con ira, desafiándolo y gritándole con un valor que nunca habría tenido si no se hubieran metido con la persona que amaba. Suga fue soltado, se tocó el cuello respirando con dificultad, Kageyama lo abrazó con todas sus fuerzas, ambos apretaron los parpados conteniendo las lágrimas por el temor mutuo a perder al otro.

Abrieron los ojos de a poco al darse cuenta que se desplazaban lentamente, uno de los extremos del futón estaba más tenso y estirado que los demás; al mirar en dirección a esa esquina se quedaron inmóviles, aterrorizados. De pronto, el futón comenzó a arrastrarse rápidamente de un lado a otro con ellos encima, gritando y estrellándose contra las paredes y muebles, eran incapaces de levantarse por la rapidez de los movimientos, la luz de la habitación parpadeaba y los ruidos de los golpes que se daban y de sus propios gritos inundaban el lugar, incluso llegando a oídos de los vecinos, que escuchaban todo y notaban la luz intermitente de su departamento.

El aterrador momento no duró demasiado, Suga y Kageyama escucharon golpes en la puerta, los dependientes del departamento y unos pocos vecinos los llamaban, preocupados por todo ese extraño ruido; al darse cuenta de que seguían en paños menores, Sugawara corrió al baño para tomar dos batas. Al ponérselas, abrieron la puerta para explicarlo todo; esas personas vieron moratones y un gran rasmillón en la cabeza de Suga, e insinuaron que estaban frente a un caso de violencia domestica; pero la pareja insistía que no era el caso, que cosas extrañas ocurrieron en su apartamento; algunos les creyeron, otros solo murmuraron incrédulos, pero si el mismo Sugawara negaba que fue víctima de abusos por parte de su pareja, no les quedaba de otra más que mantener la boca cerrada y volver a sus hogares, dejando a los enamorados paranoicos e incapaces de dormir o siquiera apagar las luces.

A la mañana siguiente, Bokuto y Hinata se juntaron en la editorial, llegando puntualmente a la zona de la revista Qrow para tomarse un café antes de ponerse a trabajar; Kaori y Yukie, la chica pelirroja, aparecieron para hacerles compañía, Kaori estaba algo quejica de sueño, diciendo que Bokuto insistió mucho en que fueran a un karaoke la noche anterior cuando ni siquiera era viernes, Yukie por su parte dijo que al menos fue divertido. Bokuto sacó su celular para enviarle un mensaje a Akaashi, preocupado porque no aparecía, este le respondió que se había quedado dormido y que aún no salía de su departamento; no sería conveniente para su amigo el que llegara tarde, pero le alegraba saber que estaba lo suficientemente bien como para responder su mensaje.

Mientras ojeaba su whatsapp, Bokuto vio el grupo donde él y sus amigos solían hablar de cosas paranormales; le entraron una gran cantidad de mensajes por parte de Kageyama, explicando en audios lo que le había ocurrido esa noche a él y a Suga. Bokuto apretó los dientes con nerviosismo y le hizo una señal a Hinata para que también escuchara los audios; Tobio pedía, o más bien, exigía hacer algo pronto contra ese demonio, irritado a más no poder, puesto que Sugawara había recibido más heridas que él mismo, y eso era indignante.

Hinata se golpeó la frente por olvidar comentarles de algo importante, rápidamente escribió texto tras texto, contándole a sus amigos que había conocido a alguien con un don especial, que prometió ayudarlos con su problema. Bokuto le preguntó escribiendo (aun estando a su lado) si ese tipo no era un farsante, a lo que Shouyou respondió que no lo era en absoluto, explicando lleno de entusiasmo que Kenma ya sabía exactamente la apariencia de cada uno de ellos sin siquiera conocerlos; a Bokuto le dio una mezcla de admiración y temor.

Las horas pasaban dentro de la editorial, no sabían si Akaashi había llegado, él trabajaba para el periódico de Shiroi Karasu, una sección diferente a la suya, con más salidas a terreno para reportear asuntos locales. Hinata escribía una nota y al mismo tiempo se encargaba de ilustrar parte de la próxima edición de la revista, de publicación semanal; se caracterizaba por hacer su trabajo a un ritmo muy acelerado, por lo que le quedaban espacios de tiempo libre que utilizaba para revisar su celular; vio que Kenma estaba en línea, por lo que decidió saludarlo.

-!Hola Kenma! - escribió con algunos emojis alegres, pocos segundos después su mensaje fue visto, Kenma estaba escribiendo.

-Hola Shouyou - decía uno de los mensajes, Kenma seguía escribiendo algo más - ¿Dormiste bien? - empezó a escribir otra pregunta adicional - ¿Eso no te dio muchas problemas?

-Dormí bastante bien, no me molestó en toda la noche - agregó el emoji de una carita sonrojada y sonriente, Kenma no los utilizaba - ¿Tu dormiste bien?

-Si - decía un mensaje, parecía cortante, por lo que Kenma quiso arreglarlo rápidamente - nunca tengo problemas de sueño, aun cuando mi compañero ronca mucho - comentó intentando seguir la conversación aunque le costara un poco.

-!Qué bien! Debes tener el sueño muy pesado.

-En realidad solo duermo 3 horas, por eso no despierto fácilmente - agregó Kenma, era increíble que algo tan poco interesante como sus hábitos de sueño sirviera para seguir hablando con Shouyou.

-!¿3 horas?! ¿Por qué tan pocas? - dijo Hinata con un emoji que demostraba su preocupación, Kenma se preguntó si debía usarlos también.

-Me quedo jugando videojuegos hasta que me da sueño.

-Ohhhh, es por eso ¿Cuantas consolas tienes?

-Esto… - Kenma hizo memoria, tenía desde una Nes como reliquia hasta una Switch - varias, las portátiles como la 3DS, la PSP y la NDS son un gusto culposo - se lo pensó mejor y quiso arreglar eso ultimo - bueno, no tan culposo, esto…

-!Genial! !Vives en el paraíso! - sus palabras hicieron sonreír a Kenma, pero de pronto recordó lo que era realmente importante.

-Oye Shouyou - escribió para luego continuar con un mensaje más largo - cuando salga del trabajo intentaré buscar a algún espíritu para que los ayude, pero… no aseguro que un fantasma cualquiera pueda hacerle frente a ese espíritu, puede que sirva para un fantasma cualquiera, pero si es un yokai… intentaría probar quemando el tablero y purificando sus hogares.

-Sobre eso… - escribió Hinata, no quería presionar a Kenma, pero debía serle sincero y no ocultarle nada - hay algo que aún no te he dicho.

-¿Qué cosa?

-Kageyama fue atacado dos veces, casi es atropellado en la primera, y por la noche, tanto el cómo su pareja fueron agredidos, y están algo heridos… - quiso arreglar la última frase para no presionar a Kenma - !No es algo grave! Son solo algunos rasguños y golpes, pero están bien.

-Hay que actuar ya - respondió secamente Kenma - apenas consiga varios espíritus que me ayuden, te llamaré para ponerle fin a esto, dile a tus amigos que pase lo que pase, no deben demostrar debilidad y miedo, eso es peor en estas situaciones.

-De acuerdo - Hinata se veía un tanto preocupado y avergonzado, de seguro estaba quitándole tiempo valioso a Kenma por un error que ellos mismos cometieron - te agradezco todo lo que quieres hacer por mí, no sé cómo compensártelo - Kenma sonrió y sin pensarlo mucho escribió una respuesta.

-Tal vez hay una manera.

-¿De qué forma puedo pagar tu ayuda? - Kenma dimensionó lo que su simple frase significaba, la había dicho sin razonar, no sabía cómo responder.

-Bueno… - estaba nervioso y abochornado, quería decir algo, pero eran palabras muy vergonzosas, buscó la forma de decirlas - tal vez… me preguntaba si… - era imposible, volvió a hablar sin pensar - ¿Qué lugar te gustaría visitar?

-Um… Hay muchos, la mansión Winchester en California, Islandia, las catacumbas de Paris. Oh !Y el mercado de fetiches en Togo! Es el paraíso del vudú - Hinata parecía emocionado, Kenma en cambio miró extrañado el celular, Shouyou no había comprendido que se refería a lugares locales, lugares que ambos pudieran visitar. Además, involuntariamente imaginó otras cosas cuando leyó "mercado de fetiches".

-Esto… ¿Y lugares que queden en Tokio? - preguntó nervioso, Hinata leyó el mensaje e hizo la conexión con los anteriores, dándose cuenta de lo obvio y sonrojándose con una agradable sensación en el estómago y las mejillas.

-Cualquier lugar abandonado estaría bien, o ir al cine… ¿Quieres que vayamos juntos?...

-Me gustaría - respondió con sinceridad pero muriendo de vergüenza al mismo tiempo - pero primero debo asegurarme de que no te pase nada, solo después de eso, podríamos salir al cine un fin de semana - Hinata sonrió con ternura.

-Gracias…

-¿Por qué me agradeces Shouyou?

-Gracias por protegerme - le respondió, a Kenma se le aceleró el corazón, pensó en muchas respuestas para escribir, "te protegería por siempre", "es un honor cuidar de ti", "tu seguridad es lo que más me importa".

-De nada… - dijo, se decepcionó de sí mismo por escribir algo tan insípido. Hinata sonreía con los ojos cerrados y tocaba sus mejillas, entusiasmado por seguir hablando, hasta que Bokuto apareció a su lado hablándole en susurros.

-Hinata amigo ¿Puedes ayudarme con la corrección? - Shouyou se sobresaltó y volteó a ver a su amigo.

-!Si, ya voy! - rápidamente cubrió su teléfono, cuando Bokuto volvió a su PC, pudo volver a escribirle a Kenma - lo siento Kenma, ya debo volver al trabajo.

-Está bien, nos vemos pronto - dudó por un momento si debía escribir lo que quería decirle, al final se decidió a hacerlo - cuídate mucho por favor…

-Tendré cuidado, nos vemos pronto, o en nuestra cita, adiós Kenma - agregó un emoji de una sonrisa con las mejillas sonrojadas, Kenma no pudo evitar sonreír, sus compañeros de trabajo lo miraban totalmente desconcertados.

Akaashi estaba parado frente a la puerta de su departamento, ubicado en un primer piso, por lo que fácilmente llegaría a la calle, pero, por más que acercara su mano al pomo para salir, esta se devolvió a su lugar; no había muchas ventanas en su hogar y ninguna luz estaba encendida, por lo que el lugar estaba pintado de una oscuridad leve. Respiraba profundamente, guardando la calma para no desesperarse, no lograba comprender nada de lo que estaba ocurriendo, si intentaba abrir la puerta, su mano se detenía, y si trataba de sacar su celular para avisar que llegaría tarde al trabajo, sus dedos no le permitían marcar, solo pudo revisar su whatsapp y ver una conversación que había tenido en la mañana con Bokuto y que no recordaba haber tenido.

Trataba de encontrar una explicación lógica para todo, quizás estaba estresado, quizá le había respondido a Bokuto estando medio dormido y por ende no lograba recordar; se conformó con esa deducción, suspiró y caminó hasta la cocina, aun se sentía muy débil, sus piernas le pesaban mucho y su cabeza no se sentía del todo conectada con la realidad. Estaba hambriento, tan hambriento que su estómago dolía, durante sus días de malestar no había podido alimentarse bien, cuando masticaba, sentía la mandíbula floja, de hecho, todos sus movimientos le estaban significando un esfuerzo sobrehumano.

Se agachó para buscar en la despensa, tratando de encontrar cualquier cosa, pero no había ni un solo fideo instantáneo; suspiró irritado, debía reincorporarse, era muy cansador en su estado, y sumándole que tenía un hambre dolorosa y desesperante, sentía cada uno de sus movimientos como algo eterno que lo acongojaba. Al estar al fin levantado, abrió la nevera, buscando sobras para recalentar; observó el interior, su cabeza se fue hacia adelante como si no pudiera sostenerla, al levantarla otra vez, su cuerpo comenzó a sentirse peor, sudaba frio y la debilidad incrementó de golpe, dándole la sensación de que se estaba desmayando.

Pero antes de que eso pasara, su cuerpo se irguió en una postura recta y firme, Akaashi no comprendía porque estaba así, su mente seguía en un estado semi consciente, pero su cuerpo de repente estaba bien, actuando literalmente como si se mandara solo. La mano de Akaashi tomó un pepino japonés que estaba en el refrigerador, luego se movió a los cajones y retiró un palillo; su mente no entendía porque su cuerpo se movía solo, sus pies no le obedecían y lo llevaban hasta su habitación, quería hacer que su cuerpo reaccionara y le hiciera caso, pero no lograba nada.

Su mano tiró al piso su celular y su cuerpo se estrelló contra el futón causándole un fuerte y repentino dolor; comenzó a temblar atemorizado, era la única reacción que podía controlar, porque sus extremidades ahora pertenecían a alguien más. Su cuerpo se puso de costado y sus manos abrieron su pantalón, Akaashi estaba confundido y empezaba a sentir terror, sobre todo cuando sintió que sus manos agarraban su parte íntima con brusquedad y la sacaban; abrió los ojos al máximo y quiso gritar con dolor y miedo cuando, sus manos, comenzaron a introducir el palillo en su uretra; Akaashi no podía dejar de preguntarse con desesperación que estaba ocurriendo.

Sintió escalofríos, un sudor frio y una respiración agitada eran lo único que podía considerar suyo, pues sus piernas y su cuerpo actuaban solos, volviéndolo a colocar boca abajo con los pantalones a medio muslo. No lo podía creer, eso definitivamente no podía ser real, debía estar soñando, o quizás estaba enloqueciendo, pero no concebía la idea de que le estuviera ocurriendo algo así, se repetía sin parar en su cabeza, incapaz de abrir la boca y los ojos: "esto no es real… esto no es real…".

Su cuerpo se tensó, quiso gritar por un desgarrador dolor en su parte trasera, el de algo duro metiéndose como una puñalada dentro de él, rasgándolo por dentro de forma tan repentina que lloró por el ardor y la dolorosa sensación. Era humillante y al mismo tiempo aterrador, sus propias manos le estaban haciendo padecer un martirio, su corazón estaba desbocado por el pavor, tenía tanto miedo que creía que sufriría un ataque cardiaco.

Otras puñaladas empujaban su cuerpo, no podía gritar, su voz no salía de sus labios, solo lograba derramar lágrimas y gritar hacia dentro que alguien lo ayudara; de repente, sintió que su propia cabeza se hundía en el futón, entró en pánico, gritaba sin poder abrir la boca, se estaba asfixiando y sus angustiados gritos se ahogaban contra una almohada. Su cuerpo se desvaneció, su cabeza ya no estaba siendo empujada y su retaguardia volvía a estar desocupada; pudo girar con muy pocas fuerzas el cuello, las lágrimas empapaban su rojo rostro, en su mente seguía pidiendo ayuda una y otra vez, no podía dejar de pedir que alguien apareciera para salvarlo de lo que sea que fuera esa cosa.

Por sus muslos se deslizaban ríos de sangre, su interior estaba desgarrado, podía sentir las heridas internas, produciéndole un dolor como si se estuviera quemando, cada minúsculo movimiento lo hacía llorar, era tan humillante verse reducido a eso, a alguien débil e indefenso que perdió el control de sí mismo. Estiró casi sin fuerzas su brazo, sollozando mientras trataba de alcanzar su teléfono para pedir ayuda, la persona que más invadía sus pensamientos era Bokuto, decía su nombre y rogaba por su ayuda; pero antes de poder alcanzar el celular, sus pies comenzaron a ser arrastrados, y él se desplomó, viendo como lentamente lo alejaban del teléfono y perdía el conocimiento.

A la hora del almuerzo, Kenma aprovechó el tiempo que tenía libre para deambular por las calles, observando la caminata de auras en diferentes tonalidades, a veces era más interesante fijarse en eso que en la propia gente de la cual salían esas luces. No estaba seguro de un sitio exacto donde encontrar espíritus, pero probaba con el único método que conocía: simplemente caminar sin rumbo fijo.

Observaba de un lado a otro, buscando sin parar, había cosas que llamaban su atención, algunas personas poseían colores vivos y agradables, pero, cuando otra persona, a la cual seguramente conocían, se les acercaba, sus auras gradualmente se ensuciaban de un color ocre. No sabía determinar si lo que más odiaba era a la gente toxica, o la susceptibilidad a la energía negativa; era algo obvio que siempre existirían personas molestas que gustaran de bajarle el ánimo a otros, por eso le disgustaba la falta de resiliencia que contaminaba a las buenas personas.

Por eso Shouyou le parecía único, él seguía siendo alguien deslumbrante incluso estando en una situación de peligro, como una llama que no se apaga con nada; le gustaba el calor que emanaba esa llama. Continuó observando el mundo, identificar a un fantasma era algo sencillo, sus auras pasaban a ser su cuerpo, seguían teniendo la misma apariencia de siempre, pero resplandecían; pudo identificar a uno solo cuando quedaba muy poco tiempo para volver al trabajo; se le acercó tímidamente y se paró frente a él, mirándolo directamente a los ojos.

-Disculpe señor… ¿Podría seguirme? Quiero hablar con usted en otro lugar más privado - le dijo frente a frente, dejándole claro que podía verlo, pero que definitivamente no podían hablar delante de los vivos.

Bokuto y Hinata salieron de la zona de la revista, caminaron por el edificio de la editorial para encontrar a Akaashi y almorzar juntos; lo buscaron con la vista en las oficinas y notaron que no estaba, así que bajaron para preguntarle a Saeko, la recepcionista, si lo había visto llegar al trabajo. Ante la negativa de la guapa rubia, los dos amigos se miraron y sacaron sus celulares al mismo tiempo, Hinata texteaba para saber de Akaashi, mientras Bokuto lo llamaba insistentemente, pensando lo peor.

Hinata se preguntó si debían llamar a la policía o si debían irse de la editorial para buscarlo y comprobar si se encontraba bien, Bokuto en cambio se colocó la chaqueta y estaba dispuesto a salir corriendo a ver a Akaashi sin siquiera pensar en avisarle a la empresa, Shouyou tuvo que detenerlo pidiéndole que se calmara. Bokuto forcejeó un poco, consumido por su preocupación, casi logra escapar cuando su teléfono empezó a vibrar; le brillaron los ojos cuando vio que la llamada entrante era de Akaashi.

-!Akaashi! !¿Estas bien?! - le preguntó Bokuto al contestar, preocupadísimo.

-Si eso creo… solo me siento algo débil.

-Qué alivio… Hinata, Akaashi está bien - le avisó a su amigo, luego volvió a concentrarse en Akaashi - ¿Estas demasiado débil como para venir a trabajar? Si quieres puedo acompañarte al médico.

-No es necesario, lo único que quiero es acabar con ese fantasma hoy mismo - dijo Akaashi, Bokuto puso una cara de extrañeza, Akaashi solía negar la existencia de lo paranormal, diciendo que solo se juntaba con el grupo para divertirse estando unidos, así que era extraño escucharlo hablar así - hemos esperado mucho, creo que hoy mismo deberíamos quemar el tablero juntos.

-!Oh cierto! ¿Has visto los mensajes del grupo? Hinata dijo que encontró a alguien que puede ayudarnos - hubo un silencio por parte de Akaashi, hasta que se decidió a responder.

-¿Seguro que podemos confiar en él?

-Por supuesto, Hinata dijo que es muy poderoso, y que está buscando refuerzos en seres del mas allá - Bokuto escuchó un sonido extraño del otro lado del teléfono, como unos rasguños en la pared.

-¿Pero cuánto tiempo tardará en encontrarlos? Ese espíritu lleva días atacándonos ¿Quién nos asegura que mañana no apareceremos muertos?

-Oh… en eso tienes razón.

-¿Por qué no nos juntamos a quemar el tablero para ver si funciona? Primero hay que agotar todas las posibilidades.

-!Tienes razón! Le comentaré tu idea a Hinata y a Kageyama, es mejor actuar ya.

Cayó la noche y Kenma regresó al departamento que compartía con Kuroo, su amigo se estaba poniendo el uniforme de policía, tenía que patrullar las calles de noche, por lo que se estaba casi atragantando con comida mientras subía sus pantalones dando pequeños saltos. Kenma jugaba en su consola portátil mientras Kuroo se vestía, lo escuchó darse un golpe en la cabeza mientras daba saltos; de vez en cuando ojeaba su teléfono para comprobar si Shouyou le había enviado algún mensaje; estaba algo decepcionado de sí mismo, en todo el día solo pudo conseguir dos espíritus para que lo ayudasen, temía que si demoraba, la vida de Hinata correría peligro.

Por su parte, Shouyou, Bokuto y Akaashi caminaban desde el departamento de Hinata, ubicado en el segundo piso, hasta el estacionamiento del edificio; Akaashi había propuesto quemar el tablero en ese lugar, que era un tanto más abierto y discreto para poder iniciar el fuego. Kageyama llegó al lugar, se veía muy serio, traía consigo una pequeña botella con gasolina, para acelerar el proceso de quemado; Hinata puso el tablero de ouija en el piso, y saludó a su Tobio con una sonrisa nerviosa, porque sabía que su amigo seguía sumamente enfadado.

-¿Ahora si podemos empezar? - preguntó Kageyama al llegar al lado de sus amigos.

-¿Te encuentras bien Kageyama? - dijo Bokuto, aun no sabían del todo que tan grave fue el problema de Suga y Tobio, solo sabían todo de forma superficial.

-Estaré mejor cuando nos deshagamos de ese demonio y dejemos de perder el tiempo, Suga tuvo que ir con varias vendas en el cuerpo y una gaza en la cabeza ¿Ahora que pensarán sus colegas? Maldición - Kageyama rezongaba irritado, Hinata se encogió con culpa.

-Lo siento Kageyama… - pronunció Shouyou algo triste.

-Que importa ¿Tienen un encendedor?

-Yo traje uno - Bokuto mostraba su encendedor, moviéndolo y enseñando una amplia sonrisa.

-Menos mal, también traje uno por si acaso - dijo Tobio enseñando el que traía en el bolsillo de su pantalón.

-!Bien, ya podemos hacerlo! - Hinata lucia entusiasmado, abrieron su círculo de conversación y miraron al piso; el problema fue que en el suelo no había nada, ninguna tabla ni nada que se le pareciera; se quedaron mudos.

-¿D-donde está el tablero? - preguntó Bokuto, Kageyama miraba hacia todos lados, como era quien más había recibido ataques, estaba más paranoico que cualquiera de sus amigos.

-Estaba ahí hace un momento, no lo entiendo - dijo Shouyou, sin lograr comprender lo que ocurría. Akaashi estaba frente a un pilar, dándoles la espalda y con las manos hacia adelante; todos lo miraron al notar que era el único que no estaba buscando la tabla.

-¿Akaashi?... - le llamó Bokuto, comenzando a sentirse intrigado.

-Hey, Akaashi - Hinata lo miraba con desconfianza y preocupación, Akaashi no respondía.

-!Oye idiota, te estamos hablando! - le gritó Kageyama, más furioso debido a su psicosis. Se puso tenso al notar la pequeña punta del tablero que se asomaba por un costado de Akaashi, Shouyou también lo notó, abrió los ojos gradualmente con miedo.

-¿Eh?... - Hinata observaba al silencioso Akaashi, todos comenzaron a mirarlo como si comprendieran que de él provenía el peligro. Un frio intenso les recorrió el cuerpo cuando notaron el filo metálico de un cuchillo bajo la manga de Akaashi, que se iba asomando lentamente.

En el hogar de Kenma, Kuroo terminaba de arreglar su ropa, poniéndose un cinto con sus armas y el radio que usaba para comunicarse con otras patrullas. Miró hacia atrás para ver a su compañero, que estaba completamente inmóvil en el sillón.

Por la mente de Kenma una repentina imagen lo hizo desconectar su concentración del juego. Veía a Hinata en un estacionamiento, corriendo desesperadamente entre los autos estacionados.

Kuroo miró con extrañeza a su amigo, lo normal era que tuviera la cabeza agachada con los ojos pendientes de la portátil, pero en esos momentos, Kenma tenía una postura totalmente recta.

La visión de Hinata corriendo se hacía cada vez más confusa y frenética, lo veía huyendo de algo, pero no lograba distinguir si se trataba de una persona o de la sombra.

Como Kenma estaba en un trance, Kuroo se le acercó curioso, le llamaba sin alzar la voz; logró notar que la expresión de su amigo demostraba un profundo miedo.

-Hey Kenma ¿Qué te pasa?

Lo que Kenma estaba viendo no se trataba del pasado, era todo lo contrario, era una premonición, en la que Shouyou estaba escondido tras un automóvil, cubriéndose la boca, llorando y temblando como un niño pequeño. Una mano lo levantó jalándole sus pelirrojos cabellos, elevándolo para que quedara justo frente a los ojos azul-grisáceos de uno de sus amigos. Kenma se levantó de golpe cuando presenció como el amigo de Hinata le atravesaba la garganta con un gran cuchillo, causando que una cascada de sangre ensuciara sus zapatos, al mismo tiempo que la pantalla de su consola lanzaba un rojo "Game Over".

-!Shouyou! - gritó Kenma mientras salía corriendo con desesperación hacia la puerta.