LA TENTACIÓN ES DE MADERA
Había algo que Uchiha Madara no entendía... ¿Cómo ese jodido niño raro y feo de su infancia se había convertido en esa voluptuosa mujer que le ponía tan cachondo? Le resultaba algo imposible de reconocer y si otro se lo dijera le llamaría mentiroso, pero lo estaba viendo ante sus ojos. Realizó los sellos para asegurar que eso no fuera un genjutsu por onceaba vez, pero no... Realmente era la realidad.
¿Pero que estaba viendo Madara Uchiha que lo tenía con el pene erecto y las bolas doliendo de la necesidad de liberarse?
Pues nada más y nada menos que a Hashirama Senju y su cuerpo de diosa voluptuosa. Se apretó el miembro con un gruñido lujurioso.
Recordaba, de sus tiempos de infancia cuando conoció a un niño tonto con peinado de tazón y algo simple, pero con grandes sueños de esperanza y paz. Un niño rarito con cambios de humor algo dados a la exageración y al dramatismo. Reconocía que ese niño llamado Hashirama era fuerte y era divertido, por eso se hicieron amigos. Pero era el niño más extraño que había visto nunca, pero ¿quien era él para juzgarle?. Su amistad se fortaleció tanto que incluso se puso a mear delante del otro, eso si... ¡Que no se le ocurriera ponerse a su espalda! Le avisó con una mueca. Y él chico cabeza de tazón se puso a su lado y se quedó observando maravillado su cosa. Incluso abrió la boca asombrado.
"Es el quinto que veo..., el primero que no es de alguien de mi familia" Y luego de eso le sonrió mientras seguía mirándole fascinado. Eso le dio mala espina a Madara.
"No es de buena educación quedarse mirando el pene de otros... Te llamarán mariquita". Y según su padre, Tajima, ser mariquita era malo.
"¿Una chica puede ser mariquita por mirar la colita de los chicos?"
El pipí de Madara se cortó en ese momento y se giró hacia el extraño amigo que había hecho y con el cual se reunían casi cada día después de sus quehaceres. Y viendo que el otro seguía mirando su cosa con una sonrisa mientras le decía que estaba muy arrugada y era pequeñita, aunque luego añadió que la de su hermano menor también era pequeña. El Uchiha corrió a guardársela.
"Eres... ¿Eres un chico verdad?"
Hashirama había negado.
"No, yo soy niña. Yo no tengo pene, tengo vagina. Yo hago pipí acuclillada, aunque debe ser una suerte poder hacer pis de pie..."
Ese día Madara se despidió corriendo de ese... esa niña con ese ridículo peinado y a la que encontraba fea y desgarbada. Ahora entendía porque lo había visto extraño, porque era una niña. La niña más horripilante que había visto nunca, según sus criterios de niño repelente y centrado en las batallas y en proteger a los suyos. Una niña que era más alta que él, corpulenta, con el pelo corto y sin cuidar, a la que no le importaba pelear como hombre y vestirse como tal y, con un poder increíblemente fuerte.
Uchiha Madara estuvo más de dos días sin acudir a sus citas, sin tener en cuenta que Hashirama acudía allí sin falta y le esperaba durante horas. Después de dos días se aburrió y quiso ir a mirar si esa muchacha desgarbada le seguía esperando... Hashirama seguía en ese mismo sitio y al sentirle había levantado la cabeza y le había sonreído sin rencor.
El azabache había levantado los hombros y decidió que podía seguir reuniéndose para jugar y entrenar con esa fea niña. Después de todo, se divertía peleando con ella y, él no era nadie para decirle que las chicas no se comportaban de esa forma, ni se encontraban con chicos extraños en medio del bosque... No la juzgaría por sus gustos y aficiones. Y de esa forma su amistad siguió adelante... O siguió adelante hasta que sus padres se enteraron y fueron a tenderles una emboscada junto a sus hermanos menores.
Después de eso, sólo vio a Hashirama Senju en el campo de batalla. Siempre vistiendo ropas anchas, armadura aparatosa y, una larga melena lacia de color chocolate. Por suerte se había dejado crecer el pelo y ya no seguía luciendo ese patético peinado. Pero seguía siendo una mujer alta, corpulenta (o eso parecía con esos ropajes anchos, pesados y densos) y una excelente luchadora. Para nada era una fémina con atributos dulces y generosos, cualquiera que la viera seguiría pensando que era un hombre con el rostro algo más fino y estilizado, lo único atractivo en su persona, si le preguntaban.
Definitivamente Hashirama Senju no podría casarse nunca con ese físico tosco y poco agraciado que poseía, ningún varón con ojos en la cara y buen gusto la escogería... O eso es lo que pensaba Madara al verla cuando se enfrentaban en las batallas...
Pero ahora ahí la tenía, con sólo un diminuto taparrabos en esa cintura fuerte pero muy femenina, con ese trasero respingón, mostrando unas piernas torneadas y de infarto; y esas bandas intentando cubrir un pecho grande y lleno, unas tetas que daban ganas de engancharse a ellas y mamarlas. Madara se sentía turbado por la vista, muy excitado y con el cuerpo vibrando para bajar a esa cascada y reunirse con la Senju. Arrancarle las tiras en el pecho y apretar esas tetas mientras, echándole el taparrabos a un lado, se enterraba en ese delicioso interior. Su pene saltó y mojó sus pantalones en una más que evidente mancha con el pre semen que liberó de forma instintiva.
Menudo descubrimiento había realizado al salir a dar un reconocimiento a la tierras del clan y luego permitirse alejarse algo más recordando esa misma inhóspita cascada, era un lugar recóndito y muy escondido a la vista... Y quizás fue eso mismo lo que había llevado a que Hashirama estuviera bañándose en ese maravilloso e íntimo lugar.
Sin poder controlar más los impulsos, saltó. Terminando delante de la Senju que se puso en posición de pelea con los ojos muy abiertos al ser pillada sorpresivamente, había estado totalmente relajada y ajena a los posibles peligros en ese paradisiaco lugar.
–Ma-madara... ¿Qué haces a-aquí?– Mientras reculaba un poco hacía sus ropas. Movimiento que tuvo que detener, al lanzar un kunai el Uchiha en esa dirección.–¿Vienes a matarme? ¿Estando en estas circunstancias? Tu armado y yo, sin poder defenderme... ¡No te creía tan cruel!
–No me hagas reír Hashirama. ¿Tu queriendo representar el papel de damisela en apuros? Ni aunque te cercara todo un ejército de 100 shinobis, armado hasta los dientes y tu estuvieras completamente desnuda estarías indefensa.– La recorrió de forma lenta con el sharingan detallando cada suculenta parte de ese cuerpo y tragó mientras se relamía– Aunque reconozco que si me gustaría que estuvieras completamente desnuda, mujer. Tenías ese delicioso cuerpo muy bien escondido...
Hashirama no se esperó que el Uchiha la mirara con ese descarado deseo y le dijera esas picantes palabras.
–¡No-no me digas estas cosas! Voy a vestirme...– Volvió a intentar recular hacia su ropa. No le había pasado desapercibido del bulto en el pantalón del azabache, ni tampoco esa mancha donde terminaba el bulto. Enrojeció rabiosamente, sabía que el Uchiha estaba excitado por su cuerpo y aunque sentía cierto temor, a la vez se sentía poderosa y fuerte, por una vez estaba provocando deseo en un hombre... Un hombre como el fuerte y temible Uchiha Madara. Un hombre al que quería desde niña.
Pero esta vez una fuerte sujeción en su muñeca se lo impidió. Tiraron de ella hacía un pecho firme y duro. Y jadeo al notar ese cuerpo apretándola, haciendo que sus pechos se presionaran contra esos pectorales.
Le miró algo atemorizada y más al sentir la mano apretar sus nalgas y luego meterse debajo del taparrabos y sentir esos callosos dedos pasando por encima de su ano y bajando hacia su raja. Retuvo la respiración unos segundos.
–Sue-suéltame... ¡Esto no es correcto!
–Pero todo y esas palabras noto la humedad entre tus pliegues, mujer.–Madara la apretó más– Sabes tan bien como yo que podrías liberarte de mi con facilidad, eres más poderosa– Sus labios recorrieron su cuello y mordió, oyendo el jadeo de la fémina– Entrégate a mi, Hashirama... Te enseñaré lo que es el placer. Un placer que jamás has conocido.
–¡Ya basta, Madara!– Elevó la voz la Senju, aunque sus labios se abrieron en un mudo jadeo cuando sintió los dedos en su interior. Frotándola, incitándola de forma suave mientras ese poderoso hombre de pelo azabache sonreía victorioso por esa reacción.–Basta... Por favor
–No Hashirama. Tu cuerpo será mío, tu serás mía.–Su voz sonaba inflexible y lujuriosa, sintiendo la calidez del interior de la vagina de la morena presionando y envolviendo sus falanges.–Te voy a llenar con mi polla.
Y con un gruñido presionó los dedos más en el cálido interior de la mujer, mientras sus labios degustaban la dulce y suave piel bronceada de su cuello. Mientras Hashirama le clavaba las uñas en sus brazos y soltaba un jadeo.
–No... No sigas... Aaah, suave, Madara.– Se quejó por esa brusquedad.
El Uchiha había empezado a frotar sus dedos en su interior, moviéndolos y retorciéndolos, buscando algo. Y de pronto sintió un ramalazo de algo desconocido, un calorcito mezclado con un cosquilleo que la hizo soltar un gemido y sujetarse a los hombros del hombre mientras abría algo más las piernas. Y luego el azabache había usado un dedo grueso para frotar su botoncito rosado. Mordió sus labios y apoyó la cabeza en el varón mientras gemía aun más fuerte, sentía un placer nunca experimentado. Sus gritos subieron de tono al igual que la humedad en sus piernas cuando Madara movió sus dedos de forma veloz frotando esa zona en su interior ante cada estocada de sus falanges. Hasta que finalmente soltó un largo jadeo y pequeños estremecimientos le recorríeron el cuerpo.
Madara quitó los dedos de su interior y ante su vergüenza se los llevo a la boca saboreándola.
–¡No hagas eso, Mady!– Un furioso sonrojo adornaba sus mejillas.
–Haré lo que desee.– Le dijo mientras la sujetaba de la cintura y la hacía girar, sin que pudiera evitar nada.
Lo sintió agachándose entre sus piernas y apartándole la tela que la cubría.
–¿Q-qué vas a hacer?– Intentando girarse para evitar eso.
–¡Quédate quieta, mujer!– Ordenó y llevó un brazo a presionarle la espalda baja para que se inclinara hacia el frente.
Llevó las manos a sujetarse del tronco de un árbol ante esa fuerte mano que la obligaba a ir hacia delante, inclinando un poco su torso.
–Bien. Ahora no te atrevas a moverte, Senju Hashirama.– Le volvió a apartar el taparrabos hacia un lado, dejando a su vista esos mojados labios vaginales, le parecían tan apetitosos.
Apretó la madera entre sus dedos al sentir la mano de Madara ahuecando su sexo y luego abriéndole los labios, se sentía muy expuesta, pero no se movió. Y una humedad caliente la lamió, se tensó y jadeo por la sorpresa que le produjo. Y luego de eso, la lengua del Uchiha, se hundió en su interior sorbiendo, para luego volver a salir y lamer su clítoris. Gimió en alto y arqueó su espalda. A partir de ese momento sólo pudo gemir y mover su cadera hacia atrás, buscando más de lo que le hacía el Uchiha.
Tras unos minutos, en los cuales también se acabó uniendo un par de dedos a esa lengua, un nuevo orgasmo la sacudió. Y notó la boca del Uchiha lamiendo con ansias su esencia y su lubricante. Sus piernas temblando ante esos dos largos orgasmos.
Lo sintió levantarse y pegarse a su espalda.
–Prepárate, Hashirama. Tu dulce vagina va a acoger mi dura polla, querida.
–¿Qué?– Intentó girarse, pero el Uchiha la sujetó con firmeza–!No, no lo hagas! Me puedes dejar preñada...
–¡Shht! Va a suceder, Senju. No te he pedido permiso, te he informado.–Le mordió la oreja con suavidad a la morena.– Tranquila, te convertiré en mi mujer.
¿Era cierto lo que le decía a Hashirama? ¿O sólo fueron palabras dichas en el momento de la pasión? La verdad es que la Senju era demasiado apetitosa para dejarla sucumbir a los avances de otro hombre, de un cualquiera muy inferior a ellos. Ese cuerpo había sido descubierto por él y lo estaba reclamando como de su propiedad. Además desde niños habían tenido una gran relación con la Senju, una fuerte amistad que se había truncado por la rivalidad y por ser descubiertos por sus padres. Ahora había descubierto a una diosa en su desgarbada amiga de la infancia, una diosa que sería suya si lo satisfacía como hasta ahora. Hashirama era perfecta a sus ojos, para sus manos y para su boca. Se daría un banquete con la morenaza.
Madara que ya se había bajado el pantalón, guió su necesitado y ansioso miembro hacía la apetitosa vagina lubricada de Hashirama. Movió su cadera hacia el frente presionando y pidiéndole a la fémina que se relajara. Volvió a apretar y se introdujo un poco en esa húmeda calidez, abriendo esas paredes con su grosor. Un suave quejido salió de los labios de la voluptuosa mujer y él sintió crecer su excitación. La sujetó con fuerza y se clavó hasta la empuñadura, sus cargados huevos golpearon la piel sensible de la Senju al balancearse por la fuerza empleada.
El gimió ronco de gozo, ella gimió de dolor y se tensó.
–Me la estás estrujando delicioso, mujer.
–Duele... Bruto.– Salió ahogado de sus labios.
–Eso es bueno, significa que eras pura para mi.– Llevó una mano a acariciar su punto de unión y masajeó esos labios, para subir y recoger entre dos dedos el rosado clítoris de la Senju y presionarlo, para luego soltarlo y frotarlo en círculos. Buscando que Hashirama se relajara y empezara a jadear de placer.
Sabía que era virgen, pero también sabía que Hashirama no sangraría como otras mujeres vírgenes en su primera vez; era una guerrera ávida e intrépida, seguro que la membrana que marcaba su pureza se habría roto en el fragor de alguna batalla, ante los rápidos y fuertes movimientos y golpes que se intercambiaban los shinobis al pelear con salvajismo. Las batallas eran a muerte y muy duras.
En pocos minutos sintió las caderas de Hashirama removerse y rotar, creándole una deliciosa estimulación a su pene. Un susurró ronco salió de sus labios antes de recular sintiendo como esas paredes le apretaban como si no quisieran quedarse vacías, para luego enterrarse de nuevo con poderío en el interior de la Senju. Sintió sus propias bolas golpearle en sus dedos que estaban estimulando el clítoris de la morena. Y de ahí ya no pudo detenerse, alcanzando un ritmo rápido mientras estimulaba manualmente a la otra y marcaba la piel de hombros y cuello con chupones y dientes. Los dos dirigiéndose de forma precipitada a un nuevo orgasmo.
Salió de Hashirama luego de bombear toda su simiente dentro, con el pene medio flácido y se apoyó en un árbol para recuperar la respiración. Hashirama se había dejado caer de rodillas, algo acelerada y con el cuerpo tembloroso tras ese tercer orgasmo.
Madara la contempló, con ese cuerpo lleno de curvas deliciosas, mientras sus costillas se movían al rápido ritmo de su respirar, su largo pelo enganchado en su espalda por el sudor. Era deliciosa. Siguió contemplándola desde su posición y vio que de su coño sonrosado caían gotas blancas hasta el suelo... Era su semen saliendo de ese canal acogedor. Sus ojos brillaron con lascivia y con hambre. Esa visión era tan ardiente que al poco empezó a notar que su pene volvía a endurecerse de nuevo, deseando poseer a esa bella fémina.
–No, no Senju. Lo estás dejando caer, estás desperdiciando mi semilla. Eso no me gusta, tendré que seguir llenando hasta que tu útero éste a rebosar de mi esencia.
Esa visión de ese coñito goteando era demasiado excitante, ya no podía esperar más. En un poderoso paso se acerca a la mujer y tira fuerte de su muñeca para que se de la vuelta, ella termina de culo en el suelo con las piernas algo separadas, dejando una visión lujuriosa para el Uchiha.
–¡No me seas bruto!– Se queja con un puchero por ese trato rudo y el golpetazo que se dio contra el suelo. Y levanta sus ojos para mirarle, viendo ese grueso pene erectándose ante su mirada.–¿O-otra vez?
–Es tu culpa, Senju. Eres demasiado tentadora para mi vista.
Se arrodilló entre esas piernas, obligándola a abrirse más, a mostrarse más, a exhibirse. Y tiró de sus caderas para acercarla a su intimidad. Haciendo que su piel se ensuciara y raspara contra la tierra, a Madara no le importó.
Le levantó las piernas poniéndoselas a cada lado del cuello y sin más preámbulos la penetró de nuevo. No estaba siendo nada suave con la morena, estaba demasiado urgido para reclamarla una y otra y otra vez, hasta que uno o los dos estuvieran agotados y cayeran desmayados.
–Espera... Estoy... Aaaah –Sentía su interior tan sensibilizado y rozado.
Llevó una mano a los muslos del otro, para intentar detener ese veloz ritmo de caderas que el Uchiha había iniciado. –Más despacio... Mady... ¡Mngh!
El Uchiha le agarró ambas muñecas juntas, haciendo que sus grandes pechos quedaran presionados entre si. Y siguió follándola duro. Observando como esas tetas se balanceaban ante cada una de las embestidas que le proporcionaba. Y cuanto más fuerte la penetraba más se movían esos suculentos pechos enormes, al compas del sonido de sus pieles chocando. Llevó su mano libre a pellizcar, retorcer y tirar de esos pezones que se alzaban clamando atención.
Hashirama chillaba ante cada profunda y rápida estocada y eso le subía el ego y le proporcionaba un gran placer.
–Gime fuerte Hashirama, di quien es tu jodido amo ahora. ¡Grítalo a los cuatro vientos!– Jadeo ronco. –Me encanta como me la estrujas, como si no desearas quedarte vacía de mi.
–Ma-madaraaaaaa–Echó la cabeza hacia atrás con la boca abierta, buscando recuperar el aire que parecía no llegarle a los pulmones. Y se tensó llegando a un nuevo y bestial orgasmo– ¡Siiiiiiii! ¡No pares!
Sentía las contracciones del interior de la Senju y como sus piernas temblaban por el clímax, sus ojos abnegados en lágrimas por el placer que estaba sintiendo. Se apretó con fuerza en ese interior, bombeando y con un gemido gutural llegó a un nuevo orgasmo, vaciándose en ese canal que le ordeñaba tan deliciosamente.
Soltó las piernas y las manos de la morena, que sin fuerza cayeron hacia la tierra y ahí se quedaron desmadejadas, mientras su propietaria respiraba acelerada. Se dejó caer contra ella, disfrutando de esos estremecimientos y ese calor que desprendía la mujer. Sus enormes pechos al alcance de su boca, ocasión que no desperdició para lamer esas aureolas y besar esa carne blanda. Notó su miembro rodeado de la humedad producto de la lubricación y su propio esperma.
–Déjame– Soltó la Senju caprichosa y agotada, mientras intentaba empujarle de encima suyo sin imponer mucha fuerza en sus movimientos– Sal de mi interior. ¡Estoy cansada, Mady!
–Pero yo aun quiero más de ti, no te voy a dejar... Ya te lo he dicho, Hashirama.–Mientras se apretaba más encima suyo y rotaba sus caderas.– Haz el favor de ser más colaboradora, querida.
Le sujetó las manos mientras ella jadeaba por sus movimientos y la estimulación que le causaba, justo en su clítoris. Las bronceadas piernas femeninas rodearon sus caderas y le presionaron más en su contra, sonrió ante el movimiento de la Senju y la recompensó chupando su pezón derecho. Su espalda se arqueó con suavidad mientras gemía su nombre.
–Así me gusta, Senju. Muy bien pequeña.
El movimiento de caderas inició, siendo suave y rápido, con poco recorrido, causando que la mujer bajo suyo gimiera por la estimulación y jadeara su nombre. Sacó su pene algo más para adentrarlo con fuerza, lo hizo una, dos, tres veces. Y la Senju gritó con fuerza cada vez, mientras suplicaba y lloraba por culpa del placer y la sobrestimulación de sus terminaciones nerviosas internas. Le fascinó verla de esa forma y oír esa reacción que le aumentaba, aun más, el ego. Siguió sin darle descanso, esa mujer era perfecta y le excitaba demasiado.
A Hashirama parecían gustarle esos movimientos bruscos de vez en cuando, pero cuando gemía y suplicaba más era con la estimulación rápida y algo brusca causada por su pene al penetrarla, era un movimiento corto y veloz de cadera, su pene casi no salía, apenas uno o dos centímetros y luego su cabeza hinchada golpeaba contra las terminaciones nerviosas de Senju Hashirama.
El sudor los recorría a ambos, el sonido de pieles chocando con rapidez y los jadeos roncos y gemidos por parte de ambos.
Con un grito Hashirama se tensó y los pequeños espasmos la recorrieron al llegar al clímax, un par de estocadas más el Uchiha también alcanzo su liberación, corriéndose, de nuevo, dentro de la mujer. Se dejó caer encima de la morena, los dos con el corazón a mil por hora y el sudor perlando sus pieles, jadeantes.
–Esto no ha terminado aun, querida Hashi...– Mientras apoyaba su cabeza en el blando cojín que era el pecho izquierdo de su amiga de la infancia.
–Estoy cansada, Mady... No puedo más...– Se quejó con un puchero, mientras se deprimía de esa forma exagerada como cuando eran críos con sueños demasiado grandes para sus capacidades.
La verdad es que Hashirama se sentía algo desfallecida con tanto orgasmo, era una actividad a la que no estaba acostumbrada y aunque le gustaba tocar el cielo gracias a Madara, si que sentía la cabeza algo ida, un leve mareo asaltándola, aunque no era nada preocupante.
–¡Tsk! Eres una quejica y una exagerada, Senju.– Una leve sonrisa de burla en su agraciado rostro. Hashirama podía haber crecido y ser considerada una diosa entre los shinobis, pero seguía con ese carácter de cuando críos.
Hashirama aun tuvo que aguantar un par de rondas más de ese intenso sexo con el insaciable líder Uchiha. Éste la puso de lado y la folló con dureza mientras la sujetaba de las caderas con una mano y con la otra le levantaba una pierna para conseguir mayor profundidad, su cuerpo se mecía de arriba abajo con el constante movimiento. Y luego Madara se tendió en el suelo y se la tumbó encima con su espalda encima de su pecho y volvió a proporcionarle un veloz movimiento de caderas, mientras sus tetas eran estimuladas, haciendo que se precipitara a un intenso orgasmo que la dejó desmayada.
Cuando Madara terminó la dejó en el suelo mientras él recomponía sus ropas, mirando con orgullo como de ese coño rojizo, por tanto sexo, caía una buen hilo de su espeso esperma. Esa visión era sublime. Estaba fascinado por todo lo que habían realizado con Hashirama, el sexo con esa bella mujer había sido el mejor que había podido probar nunca. Esa mujer que había sido pura hasta que él la tomó, esa mujer que ahora sería suya, la madre de sus hijos, la esposa perfecta... La diosa de los shinobis con el temible líder de los Uchiha. De niños habían deseado la paz... Ahora la tendrían. Agarrando los ropajes que encontró de la Senju, la vistió y se la cargó al hombro. Se la estaba robando para él. Hashirama estuvo a su lado de niños como amigos, ahora estaría a su lado de adultos como esposa.
Ese día Uchiha Madara llegó a su clan con un gran trofeo sobre el hombro, una mujer que proclamaba como suya y que ordenaba que nadie tocara. Una mujer que hasta ese encuentro en la cascada había sido su enemiga más acérrima, la poderosa líder de sus mayores rivales y que ahora se convertía en su nueva líder, la nueva matriarca Uchiha.
La guerra entre ambos clanes terminó poco después, al comprender la Senju que estaba en territorio enemigo pero que nadie la consideraba como tal, sino que se inclinaban a su paso de forma respetuosa. Madara le dijo que se casarían en breve, pero que los Uchiha ya la consideraban su mujer. La morena objetó un poco, pero el cuerpo de su futuro marido supo convencerla, Madara quizás no fuera bueno con las palabras, pero si con sus apasionadas acciones. Ella melosa y enamorada accedió, en un futuro no muy lejano también descubrió que estaba embarazada, razón de más para seguir con sus deseos de la infancia, de crear una aldea donde todos los clanes que lo desearan pudieran vivir en paz y protegidos. No pensaba arriesgar a sus futuros hijos con una vida como la que tuvieron que llevar ellos.
Izuna y Tobirama, protestaron un poco por ese repentino cambio, pero ambos cerraron la boca de forma reticente al ver la felicidad que irradiaba el nuevo matrimonio; Uchiha-Senju, según Izuna y todo el clan Uchiha; Senju-Uchiha, según Tobirama y los demás Senju.
Konoha nació casi al mismo tiempo que la primogénita de los dos grandes líderes. Los primerizos padres no podían estar más satisfechos, tanto por su bebé como por la aldea que crearon.
–Y habrá más...– Anunció Madara con una suave sonrisa algo maliciosa en sus labios.
–¿Bebés? ¿O aldeas que seguirán nuestro ejemplo?– Preguntó la agotada Senju.
–¿Tu que crees, querida?– Mientras observaba a su hija mamar con gula de esos llenos y grandes pechos de su esposa, se relamió un poco el labio inferior.
–Mady... Déjame descansar... Eres insaciable.– Captando el doble sentido en las palabras de su esposo.
–Es tu culpa, Hashirama. Me tientas demasiado– Rió divertido al ver el exagerado puchero de su bella morena. La besó sin querer profundizar más.
Y es que Hashirama seguía siendo su mayor tentación, su mayor deseo, la causa de su lujuria desmedida. No se cansaría nunca de su fuerte, poderosa y curvilínea mujer. Era tan perfecta para él.
