No poseo los derechos de autor. Los personajes son de Stephenie Meyer. La historia es completamente de Sylvia Day.
Orgullo y Placer
10
—¡Bella! —gritó, tratando de acercarse, aunque era imposible.
La plataforma volvió a crujir y la rueda problemática salió rodando por el pasillo.
Los acontecimientos se precipitaron. El estruendo de la escultura al romperse fue ensordecedor en aquel espacio cerradov. Los restos rotos de la obra de arte levantaron una espesa nube de polvo.
Edward no veía a Bella en medio de la polvareda.
Pasando por encima de la plataforma, llegó hasta donde la había visto por última vez. El torso de la estatua estaba a un lado, de una pieza.
Edward estaba tan angustiado que no podía respirar y mucho menos pensar. Se tambaleó.
Le llegaron gritos desde distintas zonas del edificio, que competían con los fuertes latidos que lo ensordecían.
—Cielo santo —oyó decir a Bella—, qué desastre.
Se volvió hacia la voz. Ella estaba bajo el marco de una puerta cercana, contemplando la destrucción.
«Dios mío, gracias».
Pisando los trozos rotos de la estatua, Edward llegó hasta ella y la abrazó con fuerza.
—Parecía como si la cuerda hubiera sido parcialmente cortada. —Con la tercera copa de brandy en la mano, Edward paseaba frente a la chimenea apagada de su despacho. Se había quitado la chaqueta y el chaleco y los había tirado sobre una silla, pero seguía sofocado, como si le faltara el aire—. Pero no hay manera de estar seguro. Sólo me dejaron echarle un vistazo rápido.
—Pero tú no crees que fuera un accidente —dijo Westfield desde el sofá—, a pesar de que se encontraba en un sitio público y que le hubiera podido pasar a cualquiera.
—La señorita Swan dice que la estatua estaba en un pasillo lateral cuando entró en los servicios. Fue al salir cuando se la encontró en medio del paso.
—A aquellos dos hombres les estaba costando mucho manipularla. Parece tarea imposible para una persona sola.
—Pero una rueda estaba en mal estado. Mucha casualidad. —Edward se acabó la copa de un trago, buscando calentarse las entrañas, que se le habían quedado heladas con el accidente—. ¿Es posible que una persona sufra tantos accidentes de manera natural?
Dejó la copa sobre el escritorio ruidosamente y miró la hora en el reloj de sobremesa. Faltaban horas para que volviera a ver a Bella en casa de los Lansing.
Sabía que no iba a poder relajarse hasta ese momento. Haber asignado más vigilantes para que no perdieran de vista la casa de los Melville no lo tranquilizaba demasiado.
Westfield hizo un sonido muy parecido a un ronquido.
—Estás muy nervioso con todo este asunto. Toma ejemplo de la señorita Swan.
Ella parece tomárselo muy bien.
—Porque confía en que yo me ocuparé de todo y la mantendré a salvo —replicó Edward secamente.
—Como yo. Tú eres el único que no pareces convencido de tu capacidad para protegerla.
—Su tranquilidad se debe en parte a la gravedad del accidente. Es irónico, pero ha sido tan peligroso que está convencida de que no tiene nada que ver con los anteriores.
—¿Me estás diciendo que está más tranquila porque ha estado a punto de morir?
Al mirar a su amigo, Edward vio un brillo divertido en su mirada. Por un momento se sintió furioso. Le molestaba que Westfield se divirtiera a costa de sus inquietudes.
Pero suponía que el tipo de vida libre de preocupaciones que llevaba lo aburría tanto que hasta los accidentes ajenos le servían para romper la monotonía.
Controlándose, se dio la vuelta, masajeándose la nuca con firmeza.
—Estoy haciendo todo lo que está en mi mano, pero no puedo quitarme de encima la sensación de que no es suficiente.
Al día siguiente se reuniría con el hombre de confianza de Bella. Juntos visitarían sus propiedades. Tenía gente investigando ya a los arrendatarios actuales y a los del pasado reciente. Tenía pensado hablar esa misma noche con lord Collingsworth sobre el fondo de inversiones que tenía contratado Bella y esperaba que lord Melville lo citara un día para hablar con él. Todavía le quedaba investigar a sus dos padres —el señor Swan y el señor Chilcott—, pero quería encargarse personalmente de ello, así que lo haría más adelante. A pesar de que tenía plena confianza en su plantilla de ayudantes, no pensaba encargarle a nadie que investigara los secretos de la familia directa de Bella.
—Por si te sirve de consuelo —dijo Westfield, levantándose—, estás llevando a cabo una investigación compleja que te obliga a jugar un papel al que no estás acostumbrado. Es normal que temas que algo se te escape, pero quiero que sepas que puedes contar conmigo. Tengo más experiencia que tú en algunas cosas. De hecho, si quisieras, podría encargarme de cortejar a la señorita Swan mientras tú te centras en la investigación.
Edward le enseñó los dientes.
—No hará falta, gracias.
Su amigo se echó a reír.
—La oferta sigue en pie si cambias de idea. Mientras tanto, voy a comer algo y a cambiarme para la velada. Tú también deberías comer algo y dejar de beber, o esta noche no servirás para nada.
Despidiéndolo con un impaciente movimiento de muñeca, Edward se dejó caer pesadamente en la silla. Repasó toda la información de la que disponía, buscando alguna pista que pudiera haber pasado por alto.
No podía fallar. No era una cuestión de orgullo profesional ni de dejar satisfecho al cliente. Se había convertido en una cuestión personal. Recordó el momento en que había creído que Bella estaba herida… o algo peor… No quería volver a pasar por algo así.
—Maldita sea —gruñó Westfield, cogiendo dos copas de champán de la bandeja de un camarero que pasaba por delante. Le alargó una a Edward con tanto ímpetu que casi se derramó su contenido—. Me había olvidado de lo irracional que se pone lady Lansing cuando se entusiasma. No he entendido ni una palabra de lo que ha dicho.
¿Cuánto tiempo nos ha tenido prisioneros? ¿Veinte minutos? ¿Media hora?
—Diez minutos como máximo —respondió Edward, examinando el salón de baile de punta a punta. Era una estancia estrecha y alargada, con suelos de mármol y tres grandes lámparas. Unas delgadas columnas rodeaban el perímetro, así como macetas con helechos. En la pared del fondo había unos grandes ventanales, que en ese momento estaban abiertos para que entrara el aire de la noche.
—Se me ha hecho eterno. —Westfield se bebió la copa de un trago—. Las cosas que hago por ti, Cullen .
—Deberías sentirte halagado. Tu ilustre presencia ha hecho que el baile de lady Lansing sea un éxito.
—No me compensa.
—De acuerdo, te debo una —murmuró Edward, más pendiente de localizar a Bella que de la conversación con su amigo—. ¿Te consuela eso?
El salón de baile de los Lansing no era demasiado grande ni estaba demasiado lleno. Había un nutrido grupo de invitados, pero no podía considerarse una aglomeración. ¿Por qué entonces no podía localizar su glorioso cabello cobrizo?
«¿Es usted de esos hombres que sienten fascinación por las pelirrojas?», recordó que le había preguntado ella.
No lo era. Nunca hasta entonces se había fijado en el color de pelo de las mujeres con las que se relacionaba. Pero ahora era el único color que le interesaba.
Westfield lo agarró del brazo para que se pusiera en movimiento.
—Salgamos de aquí —le pidió, tirando de él—. Se acerca alguien con quien preferiría no hablar.
Edward se dejó arrastrar a regañadientes. Dieron la vuelta al salón a paso de tortuga por culpa de todos los invitados que querían saludar al conde. Edward estaba a punto de dejarlo solo cuando por fin vio a Bella.
Tropezó y Westfield chocó contra él.
—Pero ¿qué demonio estás…? —Su amigo se interrumpió en seco.
Edward apenas pudo reprimir un silbido de admiración. Sabía que era un gesto grosero que dejaba al descubierto sus orígenes humildes, pero se había quedado sin palabras.
—Vaya, vaya —comentó Westfield—. Es evidente que no le he prestado a la señorita Swan la atención que merece.
Bella estaba en medio de un círculo de conocidos, casi todos ellos caballeros.
Llevaba el pelo recogido formando una cascada de rizos que le rodeaban la cara y le acariciaban la nuca. El vestido, de raso color azul zafiro, contrastaba con los tonos pálidos de los de las demás asistentes. Habría sido imposible no verla, de no ser por el círculo de hombres que babeaban a su alrededor.
¿Por qué demonios se había vestido así?
Sorry! tuve una semana muy complicada...
Espero que les guste y sigan...estaré por aquí muy pronto xoxo
¶Love¶Pandii23
