No poseo los derechos de autor. Los personajes son de Stephenie Meyer. La historia es completamente de Sylvia Day.
Orgullo y Placer
12
—Está usted deslumbrante esta noche, señorita Swan —dijo sir Richard mientras giraban por la sala junto a las demás parejas.
—Gracias.
Bella se preguntó si debería decir algo más. Pero ¿qué podía decir que no sonara falso?
Los halagos siempre le habían parecido tópicos poco sinceros. Era consciente de que no era una belleza en el sentido clásico. Sin embargo, tenía que admitir que esa noche se había esforzado en resultar más atractiva, por lo que tal vez los elogios fueran sinceros. Sobre todo teniendo en cuenta que se había puesto un vestido de su madre.
Seguía sorprendida de su decisión. Nunca había querido parecerse a su madre.
Lady Georgina había sido una mujer irresponsable e impetuosa, que no se había preocupado por las consecuencias que sus actos pudiesen acarrear, ni para ella ni para los demás.
Durante años, Bella se había preguntado «¿Qué habría hecho mi madre?», sólo para poder hacer justo lo contrario. Pero tras lo sucedido en el museo, había querido hacer algo agradable por Edward.
Él se había disgustado mucho por el accidente y para ella era importante que alguien se preocupara por su bienestar. Y, para ser sincera del todo, esperaba que su atuendo lo impulsara a darle una respuesta con relación a su anterior pregunta sobre el apareamiento.
Pero por si él le preguntaba, tenía preparada una respuesta lógica y racional: aquel cambio de imagen era su manera de anunciar públicamente que había tenido lugar una importante transformación en su vida.
El día que su madre se había enamorado del señor Chilcott, los ojos le habían vuelto a brillar y se le habían encendido los labios y las mejillas. Canturreaba por los pasillos y se ponía a cantar en voz alta en los momentos más inesperados. Durante una semana no había podido dejar de sonreír. Pero lo más significativo habían sido los cambios en su vestuario. Había empezado a ponerse vestidos de colores más intensos, con pocos complementos, como si supiera que el rubor de su piel era su mejor adorno. Y Bella había tomado buena nota. Si quería que los demás creyeran que se había enamorado, no podía seguir vistiendo como hasta ese momento.
Sir Richard se aclaró la garganta.
—Le ruego que disculpe mi atrevimiento, señorita Swan, pero estoy preocupado por usted.
—¿Preocupado?
—Odio meterme en asuntos que no son de mi incumbencia —dijo, aunque su tono de voz hacía creer justo lo contrario—, pero me temo que su hasta ahora loable criterio a la hora de elegir pretendientes se ha vuelto un tanto negligente.
—¿Negligente? —Bella alzó las cejas—. ¿A qué se refiere?
—Me refiero al señor Cullen , por supuesto.
—Entiendo.
Aunque Tolliver llevaba dos temporadas cortejándola, aquélla era la primera ocasión en que se mostraba condescendiente. No le gustaba su tono de voz en absoluto. Le estaba hablando como si fuera su padre o su maestro y ella una niña testaruda.
—Hay algo en el señor Cullen —insistió Tolliver— que no me acaba de gustar. No sabría decirle de qué se trata todavía, pero hay algo en él que no me encaja.
Bella volvió la cabeza hacia el objeto de las críticas. Edward estaba junto a una estrecha columna, mirándola a ella con los brazos cruzados y los ojos entornados.
Una vez más, se fijó en que su mirada ya no era como la del primer día. Ahora era más intensa, más ardiente, y despertaba un calor parecido en su interior. Un calor que le nacía en el vientre y se le extendía por todo el cuerpo.
Se conocían desde hacía pocos días, pero haberlo conocido la había cambiado mucho. Ahora se fijaba en cosas que antes le pasaban desapercibidas.
En cuanto a las afirmaciones de Tolliver, aunque no le gustaba su manera de expresarlo, sabía que no le faltaba razón. La ropa era lo único civilizado de Edward.
Aunque por fuera parecía inofensivo, los que se fijaran un poco en él se darían cuenta de que su lugar no estaba entre la manada. Había algo amenazador en sus elegantes movimientos que lo señalaba como un depredador solitario.
—No sé qué le hace decir eso —mintió Bella—. De hecho, me parece un pretendiente totalmente aceptable.
—Pues debo decir que eso me alarma. ¿Qué sabe de su familia, señorita Swan?
—Lord Melville conocía a su padre —respondió ella, mientras su compañero de baile la guiaba en un giro demasiado brusco.
Sir Richard siempre había destacado por ser un bailarín excepcional. Su falta de atención era reveladora.
—Supongo que va detrás de su fortuna.
—Eso podría aplicarse a más de uno de mis pretendientes. ¿Qué le hace pensar que el señor Cullen es un cazafortunas? ¿Y qué le hace creer que sea más peligroso que los demás? Su apariencia no permite llegar a esa conclusión.
Edward estaba impecable esa noche. Llevaba una chaqueta de terciopelo gris oscuro y un chaleco azul pálido, que le daban un aspecto de hombre elegante y respetable. El traje estaba hecho a medida y mostraba sus poderosos músculos.
Bella apreciaba mucho que fuera un hombre fuerte y hábil. Se sentía segura sabiendo que estaba cerca. La única persona que podía hacerle daño cuando Edward estaba cerca era el propio Edward.
—Señorita Swan. —Tolliver parecía estar pasando un mal rato—. Tengo que decirle que resulta desconcertante para su pareja bailar el vals con usted mientras no deja de admirar a otro caballero.
—No lo estoy admirando, sir Richard. —Al menos, no en voz alta—. Sólo estaba esperando a que usted me dijera qué métodos de deducción ha utilizado para llegar a sus conclusiones. Afirma que es un cazafortunas, pero yo no veo nada que así lo indique. Me gustaría saber qué ve usted que a mí se me escapa.
—Que sea usted una dama con un razonamiento tan fino es una desventaja en este caso. —Los ojos castaños de Tolliver estaban apagados—. Me explicaré. La está mirando de un modo inapropiado, señorita Swan.
—¿Me está diciendo —preguntó ella, con cautela— que el señor Cullen tiene que estar interesado en mi fortuna porque no puede quitarme los ojos de encima? No estoy segura de estar entendiéndolo bien. ¿No le parece posible que vea algo atractivo en mi persona? Tal vez mi figura haya llamado su atención.
—Su figura es ciertamente atractiva —admitió él a regañadientes.
—¿O quizá mi cabello? Me han dicho que hay hombres que se obsesionan con ciertos tonos de pelo.
Sir Richard se ruborizó desde el cuello hasta las mejillas.
—Su pelo es realmente bonito.
—Y, sin embargo, ni mi figura ni mi pelo le parecen suficiente explicación para la admiración del señor Cullen . Supongo que se debe a que es un hombre extremadamente guapo, como puede ver cualquier persona con ojos en la cara.
Corríjame si me equivoco. Lo que quiere decir es que mis limitados encantos no están a la altura de los de un hombre como el señor Cullen , que podría conseguir a una mujer mucho más atractiva que yo. —Bella arrugó la nariz como si estuviera muy concentrada—. En ese caso, tal vez esté interesado en mi cerebro.
—Estoy de acuerdo en que es usted extremadamente lista, señorita Swan —corroboró sir Richard, aferrándose al cambio de tema como a un salvavidas en un naufragio—. Es lo que más me gusta de usted y lo que me convence de que podríamos disfrutar de nuestra mutua compañía durante mucho tiempo. Sin embargo, el señor Cullen parece prestar más atención al exterior que al interior. Esos músculos no se obtienen mediante trabajo intelectual. Dudo que sea capaz de valorar su valía en ese campo. De hecho, yo en su lugar me plantearía si es posible tener una conversación inteligente con él.
Bella asintió.
—Ya veo lo que quiere decir. Si descartamos mis atributos físicos e intelectuales, sólo queda mi fortuna como posible reclamo para un hombre guapo como el señor Cullen . Le estoy muy agradecida por hacérmelo notar, sir Richard.
El vals llegó a su fin. En cuanto hubieron sonado las últimas notas, ella se apartó.
—Gracias. Ha sido una conversación muy instructiva. Sin embargo, me gustaría que me aclarara una cosa: si los hombres atractivos sólo pueden sentirse atraídos por mi fortuna y usted me encuentra atractiva por mi mente, ¿quiere eso decir que es usted poco atractivo?
Tolliver abrió la boca y volvió a cerrarla. Y, aunque la abrió una vez más, nada salió de ella.
Con una rápida reverencia, Bella se volvió para ir junto a Edward, pero él no estaba donde lo había visto por última vez.
Edward localizó a la señorita Tolliver en la pista de baile. Poco después, Westfield se le acercó.
—Me estoy planteando casarme cuanto antes —comentó— para así evitarme toda esta tortura prematrimonial.
—Claro, porque la tortura posmatrimonial es mucho más tolerable, ¿no? —ironizó Edward.
—No espero cosas fuera de lo razonable en una esposa —respondió su amigo como si tuviera que justificarse—, sólo que no me moleste demasiado. Y no me opongo a acostarme con ella. Estoy abierto a cualquier candidata con los orígenes adecuados.
—Qué progresista por tu parte.
Westfield alzó una ceja.
—Tu tono deja bastante que desear. ¿Qué vamos a hacer ahora? Me aburro.
—Cuando la señorita Tolliver acabe de bailar, quiero comentarle mi teoría sobre los acontecimientos de esta tarde.
—Ah, quieres ver cómo reacciona. Personalmente, no creo que una mujer pueda haber movido esa estatua. Por no hablar de sir Richard, que no podría levantar ni a su hermana.
—No se puede descartar nada de antemano.
Cuando el vals acabó, ambos se aseguraron de ponerse en el camino de la señorita Tolliver. Ésta saludó al conde con una reverencia muy ensayada.
—Señorita Tolliver. —Westfield se inclinó hacia ella con elegancia—. Es un placer verla.
—Gracias, milord. —Luego se volvió hacia Edward con una sonrisa compasiva—.¿Qué tal su pie, señor Cullen ?
—Mucho mejor, señorita Tolliver. Gracias.
La bonita morena le sonrió coqueta. Llevaba un vestido color amarillo pastel, mucho más recargado que el que se había puesto Bella. No era habitual en él fijarse en cosas como la elección del vestido o el peinado de una mujer, pero el aspecto de Bella era tan distinto del que le había visto antes de esa noche, que sospechó que había estado descuidando su apariencia expresamente para disimular su belleza.
Fijarse en ella hacía que, por comparación, se fijara también en las demás mujeres. Sólo hacía unos días que se conocían, pero ya podía afirmar que le iba a costar separarse de ella en un futuro cercano. También tenía claro que estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta para conseguirla.
—Me han contado el desafortunado incidente en la Royal Academy —comentó la señorita Tolliver, negando con la cabeza—. Tiene que haber sido espantoso para la señorita Swan. Si me hubiera sucedido a mí, me habría pasado una semana en cama.
—Lo está llevando muy bien, tiene razón.
—Sobre todo teniendo en cuenta las circunstancias —intervino Westfield en tono confidencial.
Ella frunció el ceño.
—¿Qué circunstancias?
El conde se acercó para responderle al oído.
—He oído que la cuerda que sujetaba la estatua podría haber sido cortada deliberadamente.
—¡No! —exclamó la joven, llevándose una mano al cuello—. ¿Quién podría hacer algo tan horrible? Especialmente a la señorita Swan.
—No he dicho que ella fuera la víctima elegida —especificó lord Westfield, enderezando la espalda—. Tal vez simplemente estaba en el lugar equivocado en el momento más inoportuno.
—Bueno, eso sería un consuelo. —Soltó el aire con fuerza—. ¿Cortada expresamente, dice? ¿Me pregunto con qué finalidad…?
La señorita Tolliver apartó la vista, mordiéndose el labio inferior.
—No me atrevo a aventurar una explicación —dijo el conde—. No me gustaría que luego mi nombre se viera ligado a una historia tan truculenta.
—Lo comprendo. Nos pasa a todos —replicó ella, despidiéndose con otra reverencia.
Mientras se alejaba, Edward la siguió con la vista. Se dirigió directamente a un grupo de mujeres.
—Va a contarlo —murmuró Westfield, dándole la espalda.
—Eso no prueba su inocencia. De hecho, una persona inteligente actuaría justamente así para no despertar sospechas. Al fin y al cabo, ¿qué culpable airearía sus delitos a los cuatro vientos?
Edward se dijo que haría seguir a los dos hermanos una temporada. No pensaba correr ningún riesgo.
—Bien visto —comentó Westfield.
—¿Qué sabes del fondo de inversión de lord Collingsworth?
—Participé en él durante un tiempo —respondió su amigo—, pero Collingsworth es demasiado conservador para mi gusto. Creo que también lo sería para el tuyo.
Qué propio de Bella ser prudente en sus inversiones. El dinero era muy importante para ella, no por lo que podía comprar con él, sino por la libertad que le proporcionaba.
—¿Conoces a los demás inversores?
—A unos cuantos. No a todos. ¿Por qué?
—La señorita Swan es uno de ellos.
—¿De veras? —Westfield alzó las cejas—. No tenía ni idea. ¿Me convierte eso en sospechoso?
Sonriendo, Edward respondió:
—Es posible.
El conde se hizo con una copa de champán de una bandeja que le pasó por delante.
—Qué divertido.
—No si eres culpable. —Edward se puso de nuevo en movimiento.
—¿Es una amenaza, Cullen ?
—No si eres culpable —repitió—. En ese caso, sería una promesa.
—¿Adónde vas?
—A la sala de juego. Tal vez el aroma de la desesperación me aporte nuevas pistas.
—No respondiste a mi pregunta sobre la propiedad de Montague. ¿Qué piensas hacer con ella cuando sea tuya? —Aunque había sido él quien había hecho la apuesta en su nombre, Edward nunca le había explicado para qué la quería.
Ahora le respondió con voz firme:
—Derribaré la casa. No dejaré ni piedra sobre piedra de ella. Y luego me iré de Inglaterra.
—¿Sin rumbo fijo?
—¿No te lo he dicho? —Edward se volvió hacia él—. He comprado una plantación en los Mares del Sur.
—¡Santo Dios! —Su amigo se atragantó con el champán—. Sólo tú buscarías la paz entre salvajes.
—Es lo mismo que pienso yo cuando miro a tu alrededor.
Un destello color azul zafiro atrajo su atención. Volvió la cabeza y vio que Bella se dirigía a uno de los tres ventanales que daban a la terraza.
Ella lo miró un momento por encima del hombro. No era la mirada calculada de una coqueta experimentada, sino una mirada sencilla y sincera que le comunicaba que se alegraba de verlo y que esperaba que la siguiera.
Él sonrió, inclinando la cabeza.
—Seguiré sin ti —murmuró Westfield.
—Sólo será un momento.
—Me decepcionas, Cullen . Cuando una mujer hermosa te mira así, tienes que dedicarle un poco más de tiempo.
Espero que les guste y sigan...estaré por aquí muy pronto xoxo
¶Love¶Pandii23
