Capítulo 3

No hay mucho qué hacer para matar el tiempo, estoy en el jardín dando una vuelta. El clima es perfecto para caminar y el jardín de la mansión es majestuoso.

Durante estos paseos pienso en mi vida anterior, en todo lo que deje, no sé cómo puedo volver o si algún día lo haré, pero mientras este aquí no seré una duquesa acosada ni perezosa.

"Tengo que pedírselo."

Todo lo que ame en mi vida anterior, lo he perdido al venir aquí, por ello me gustaría recuperarlo. Si lo hago, podré sobrellevar el permanecer en este mundo.

Hoy, en la cena de rutina, hablaré con el duque de Granchester.

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Terruce Greum Granchester, el duque de Granchster, mi esposo. Un hombre con riqueza, poder, belleza y habilidades. Él no estaba interesado en el amor, rechazo todas las propuestas de matrimonio que recibió. Sin embargo, debido a su estatus, Terruce necesitaba una esposa. Una que debía cumplir condiciones muy simples. La familia de la joven debía ser noble, pero sin más poder e influencia que la del duque, una mujer simple y que nunca pudiera llegar a amar ni mucho menos, interfiriera en sus asuntos. Aquella mujer fue Candice Andley.

Y fue como de esa manera que, Candice se casó con Terruce. Por supuesto, no había amor entre ellos, por el contrario, Terruce era el peor esposo del mundo. Le dio a Candice el estatus digno de una duquesa, una mansión enorme y hermosa; cientos de vestidos y joyas preciosas. Pero no le dio afecto ni interés, ni siquiera el más mínimo.

Candice tenía miedo de Terruce. En los 3 meses que llevaban casados, Candice nunca le había pedido nada a Terruce. Temblaba cada que debía dirigirle la palabra.

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Terruce estaba sentado frente a mí, ambos comíamos en silencio. Yo lo miraba de reojo, no cabía duda que el duque era un hombre apuesto, con el porte de un típico noble, cabello castaño amarrado en una coleta, pero dejando algunos mechones sueltos, sus ojos eran de un azul verdoso.

Suspiré.

―Duque, quisiera pedirte algo.

Él había tomado su copa de vino, pero la bajo en cuanto escucho mi voz.

―¿Qué es lo que deseas, esposa?

―Me gustaría convertirme en doctora.

El duque me miró como si me acabaran de salir 3 cabezas.

"Sí, seguro se sorprenderá. Es la primera vez que le pido algo."

―Esposa, ¿eso quieres en verdad?

―Sí, es verdad ―respondí, segura de mí. Si tenía que quedarme para siempre en este mundo quería una vida como doctora. Sentir el metal del bisturí en mis manos, el poder de los latidos de un corazón abierto, pero, sobre todo, la felicidad de salvar una vida.

―Será un camino difícil, más de lo que puedas imaginar. ―No lo dijo con burla, más bien con incredulidad, como si aquello fuera a desalentarme.

―Lo entiendo, duque, pero sé que todo valdrá la pena. Sé que mi estatus como la duquesa no hace diferencia en esta cuestión…

―Silencio. ―La mirada que me dirigió Terruce fue fría. Yo había dicho "mi estatus como la duquesa". Acaba de hablar sobre el orgullo del hombre que tenía frente a mí.

Ser doctor en una de las profesiones más honorables en el imperio de este mundo, lo mismo que ser abogado o administrador. Por ello los doctores son muy respetados y la competición entre ellos es feroz. No importa demasiado el estatus, pero naturalmente, es una profesión con ciertas reservas, no cualquiera puede aplicar para el examen que organiza el concejal de medicina, se tiene que ser un noble o un ciudadano rico para convertirse en uno.

―Le pediré a Alfonso que organice todo para que puedas presentar el examen, si es lo que realmente deseas, esposa.

Le sonreí, radiante.

―Gracias por tu generosidad, duque. Daré lo mejor de mí.

Terruce y yo abandonamos el comedor, rumbo a nuestras respectivas habitaciones. En el camino, yo sentía que flotaba en una nube.

Nuevamente, me convertiría en doctora. Tenía que lograrlo.

Continuará...