— Recuérdame porque estamos haciendo esto. –

El viento golpeaba suavemente la mano que permanecía con la palma en dirección de la desolada carretera que atravesaban. El cielo azulado sobre ellos y el fresco clima disipaba hasta la mínima pizca de duda frente a la aventura que atravesaban.

— Vamos, tú y yo necesitamos un día de descanso de todos esos idiotas. Además me dijiste que nunca habías acampado, ni habías hecho una fogata antes. Había que corregir eso. –

Con el brazo recargado sobre la ventana abierta del automóvil, Sukuna tranquilamente conducía. Las sombras de nubes se intercalaban junto a los dulces rayos dorados que bañaban su piel y el viento que resbalaba por sus mejillas llevaba consigo el humo pesado del cigarrillo que sostenía entre sus rosados labios.

— No me gusta el olor. –

— Nunca antes te habías quejado de eso. –

— Creí que sería buen momento para decirlo. –

— No dejaré de fumar por ti. –

— Entonces ni creas que te besaré hoy. –

— Tomaré el riesgo. No creo que puedas resistirte. –

— Te estimas de más. –

— Solo sé lo que soy. –

La mano del brazo externo tomó el volante, dejando a la contraria libre para tomar la blanquecina mano de un indiferente Megumi que no separaba la vista del camino, pensando en la forma tan brusca como simplemente decidieron escaparse de todos sin avisarle a nadie.

Tal vez a su regreso les esperaban abrazos preocupados de sus amigos y uno que otro regaño de Gojo por haber tomado "prestada" la preciada camioneta que recientemente había conseguido simplemente por un capricho y de la cual se hacían múltiples apuestas por adivinar el precio de tremenda preciosidad de doble cabina.

Suave música de fondo y unas cuantas horas en el más cómodo de los silencios fueron necesarias hasta arribar al lugar en que finalmente Sukuna había decidido quedarse a pasar la noche. Tal como se lo había prometido a Megumi, lejos y desconectados del mundo entero.

Tan solo el calor de la fogata que había encendido justo al arribo del ocaso, fue suficiente para iluminar la solitaria noche cuyo cielo se inundaba de miles de estrellas que en la ciudad parecían desaparecer ante las grandes luces.

— Desde aquí se puede ver mucho mejor Venus pero solo las primeras tres horas después de que se pone el sol. –

Las manos escondidas en sus bolsillos jugueteaban discretamente con el contenido dentro. Por su parte, Megumi se había acomodado fácilmente sobre el aún cálido cofre del automóvil, buscando formas con la mirada puesta sobre el inmenso mar de un denso azul salpicado de brillos.

— Pensé que solamente se podía ver en la mañana. –

— Ambas. Es la única estrella que se sobrepone a la luz incandescente de las calles. Podríamos decir que es una estrella valiente. –

La diestra había tomado la mandíbula del azabache con firmeza, acercando ambos rostros peligrosamente.

— No es la única estrella valiente que tengo la suerte de admirar, Fushiguro. –

— Te dije que no te besaría con tu aroma a cigarro. –

— Ambos sabemos cuánto en realidad te encanta su sabor. –

Los felinos rubíes se clavaron frente al reto de los oscuros orbes que le correspondían en una pequeña lucha en la que terminaron por ceder, cerrándose ante los encantos de los tentadores labios carnosos que efusivamente recibía sobre los suyos, sintiendo como en su danzar impregnaban su esencia en el otro.

A Megumi podían desagradarle muchas cosas pero su voluntad se veía doblegada ante su secreto amante, pues era sorprendente lo despistados que podían ser las demás personas a las discretas miradas que se dedicaban cuando estas coincidían ocasionalmente.

— Te dije que no podías resistirte. –

Chasqueó la lengua como respuesta, desviando la mirada al paisaje nocturno que les regalaba la nada. Sukuna por su cuenta sacaba nuevamente otro cigarro del bolsillo en el que tanto había entretenido su mano con la cigarrera y su encendedor.

La columna de humo que subía frente a ellos, terminó por volver a unir sus miradas cuándo Megumi comenzó a ver con insistencia el pequeño cilindro esbelto relleno de tabaco.

— Dame al menos. –

— ¿Siquiera sabes fumar? –

— Puedo aprender ¿No? –

Levantando ambos hombros, entregó el cigarro depositándolo en los labios delgados que recibían la sensación del objeto entre ellos.

Una tos se hizo presente tras imitar la forma en que veía como el contrario jalaba humo junto con una bocanada de aire, despertando una carcajada grave de parte de Sukuna.

— Te dije que no sabías. –

— Bueno, enséñame. –

De manera delicada bajó al pelinegro dejándose recoger por los brazos que se habían acercado a él en la búsqueda de sus muslos, sosteniéndole hasta llegar a la cajuela abierta de la camioneta y sentarlo ahí.

— Yo te lo paso y tú solo aspira. –

El humo del recién atizado cigarro inundaba los pulmones del pelirosado, recorriendo el mismo camino de llegada hacia su salida en un camino horizontal recibida por una boca ajena para llegar a rellenar otros pulmones que le liberaron tras unos segundos.

— Bien hecho, Fushiguro. –

Nuevamente ambos labios se unieron y pronto el peso de un cuerpo sobre otro hundió ligeramente el vehículo junto a un rechinido casi imperceptible.

Los jadeos no se hicieron esperar al ritmo del crepitar de la fogata testigo del amor apasionado que se desenvolvió en esa noche sobre el montón de cobijas previamente arregladas en la cama improvisada y bajo la luz plateada que les cobijaba esa dulce noche de verano.


Me alegra mucho inaugurar esta cuenta con este pequeño OneShot Sukufushi que tenía guardado desde hace tiempo.

Para quienes ya me conocen, me alegra mucho estar leyéndolos aquí también y para quiénes no, me presento:

Pueden referirse a mi por el nickname que utilizo tanto aquí cómo en Wattpad y AO3; PaonBlanc. También me gustaría recordarles que todo lo publicado aquí, también podrán leerlo en las demás plataformas, por lo que los invito a seguirme por allá.

Les dejo la cuenta de Twitter de la imagen del /K00S_?s=09