Capítulo 6
Me despierto emocionada, ayer Terruce me ha dicho que la solicitud para aprender en el Santa Juan ha sido aprobada. Tengo una semana para prepararme.
Llaman a mi puerta.
―Adelante.
El trío de sirvientas entra encabezado por Elisa.
―Buenos días, duquesa.
―Buenos días. ―respondo, mirándolas fríamente.
Esta vez estoy lista en un menor tiempo. Aunque de mala gana, han hecho todo lo que les corresponde en cuanto a asistirme con mis necesidades.
Las sirvientas se retiran y en ese momento Alfonso entra a mi habitación.
―¿Me mandó llamar, mi lady?
―Sí, Alfonso, quisiera pedirte me consigas algunos libros de medicina o solicites un carruaje para que me lleve a la biblioteca más cercana.
―No será necesario, mi lady, me he tomado el atrevimiento de pedir una lista más que adecuada para que se instruya antes de ir al hospital Santa Juana.
―¿De verdad? Eres muy amable, Alfonso.
El mayordomo se retira dejando en mi escritorio algunos enormes ejemplares, ha querido ver mi cara de sorpresa o de asombro, pero lo que ha visto es simplemente satisfacción.
Tengo que leer tantos libros como sea posible, empaparme de los avances médicos de este mundo para diagnosticar y dar los tratamientos correctos.
/
Alfonso preparó la biblioteca de la casa para mi comodidad, he estado aquí los últimos tres días, solo saliendo para probar alimentos y estar en la cena con Terruce.
―Adelante ―digo sin levantar la vista de mi lectura.
―Mi lady… ―es Dorothy, la única doncella que me agrada y que nunca se mostró altanera con la verdadera Candy ―No quisiera interrumpirla, pero debo prepararla para esta noche.
El desconcierto se pinta en mi rostro, ya he cenado, para qué se supone que debo prepararme.
―Mi lady, el duque ira a su habitación en una hora.
Siento que me cae un balde de agua helada. ¡Lo había olvidado! Las tradiciones de las familias nobles obligan a una pareja casada a compartir la habitación una vez al mes.
Aunque en teoría Terruce y yo deberíamos tener relaciones para concebir un heredero pronto, lo cierto es que el duque solo entra a mi habitación, me desea las buenas noches y se recuesta a mi lado. Quizá aún no se siente lo suficientemente cómodo con este matrimonio para tener algún tipo de contacto físico con su esposa, lo cual, es mis circunstancias, agradezco infinitamente, pero sé que la presión de su título y responsabilidades pronto lo forzarán a tener que tocarme, ante el simple hecho se me eriza la piel. Y no es que yo, Skyler, no haya tenido intimidad, después de todo a mis 28 años estuve comprometida en una ocasión e incluso viví con mi prometido, hasta que falleció de cáncer, pero Candice es ajena e inexperta a todo el tema relacionado a estar con un hombre, uno que es su esposo. Y eso me hace pensar que Terruce no es tan mal esposo después de todo si ha decidido tomarlo con calma y dejar que ella se acostumbre a su presencia poco a poco.
Continuará…
