No poseo los derechos de autor. Los personajes son de Stephenie Meyer. La historia es completamente de Sylvia Day.
Orgullo y Placer
27
Horas más tarde comprendió que podía tratarse de felicidad.
—Buenos días, señorita Swan.
Bella agradeció la distracción que suponía la visita de su hombre de confianza poco después de las once de la mañana, dos días más tarde.
Edward había enviado una nota, excusándose por no poder acudir a su reunión matutina. Pero aparte de la disculpa, la nota no daba ninguna explicación. La última vez que habían hablado había sido durante su clase en la sala de baile, la mañana anterior; una sala que Bella ya nunca más vería con los mismos ojos.
—Buenos días, señor Reynolds —respondió ella con energía, cerrando el libro de contabilidad y sonriendo.
Al ver que él se la quedaba mirando sorprendido, se dio cuenta de lo poco que le costaba sonreír últimamente.
Aclarándose la garganta, el hombre se sentó.
Bella se fijó, complacida, en que se había cambiado el maletín. A diferencia del anterior, éste era de suave piel color borgoña, con adornos dorados.
Era un buen empleado, que trabajaba mucho y bien, y ella le pagaba como se merecía. Le gustó ver que se daba algún capricho.
—Creo que debo darle la enhorabuena —empezó diciendo él.
—Así es, gracias. —Bella juntó las manos sobre la mesa—. ¿Cómo está la señora Reynolds?
—Muy bien.
El hombre le contó una historia sobre las actividades sociales de su esposa y ella trató de parecer interesada, pero se sintió muy aliviada cuando él pasó a ocuparse de otros asuntos.
—He recibido carta de mi hermano.
—¿Ah, sí?
A Bella se le encogió el estómago. Edward había aceptado ser más abierto respecto a su pasado, lo que la había puesto en una situación incómoda. Cada vez se arrepentía más de haber enviado a Tobias Reynolds a Irlanda. Aunque lo había contratado antes de que su relación se volviera íntima, no podía negarse que estaba actuando a espaldas del hombre que iba a ser su marido, investigando su pasado sin que él lo supiera.
Reynolds se echó hacia atrás en la silla.
—Llegó bien a Irlanda y ha empezado a investigar.
Bella se recordó a sí misma que seguir su instinto no era ningún error.
—Me gustaría que volviera. Ya tengo toda la información que necesito.
—Si está segura…
—Lo estoy. Le pagaré la tarifa que habíamos acordado, que no se preocupe.
—No lo he dudado ni por un momento. —El hombre agarró los brazos de la butaca con fuerza y los volvió a soltar—. ¿Puedo hablarle con franqueza, señorita Swan?
—Siempre —lo animó ella—. Valoro la sinceridad por encima de todo lo demás.
Creo que ya debería saberlo a estas alturas.
—Lo sé. Sin embargo… —Reynolds respiró hondo y luego soltó lo que quería decir apresuradamente—: ¿He fallado en mis obligaciones de alguna manera? ¿Le he dado motivos para desconfiar de mí?
—No. —Bella se enderezó en la silla, alarmada—. ¿Qué lo lleva a pensar eso?
—Siempre me había pedido que investigara a sus pretendientes. Me ha extrañado enterarme de que se había prometido a un hombre al que yo no había investigado. Sé que es amigo de lord Melville, pero también es un posible inversor y ni siquiera me ha pedido que compruebe su solvencia.
Ella se quedó impresionada.
—Su meticulosidad es encomiable, señor Reynolds.
—Me alivia que lo crea así —contestó él, echándose hacia delante—. Sólo he dispuesto de unas horas para investigar, pero admito que lo poco que he averiguado me ha inquietado bastante.
—¿Inquietado?
Al parecer, Terrance Reynolds no era el único individuo curioso y con iniciativa en la ciudad de Londres. ¿Qué le habrían contado? ¿Y quién habría sido?
—El caballero vive en una zona de la ciudad poco recomendable y en su casa entran y salen individuos de mal aspecto a todas horas. Aún no estoy seguro, pero sospecho que tiene algún tipo de negocio en su domicilio. Creo que no le falta lo necesario para vivir cómodamente, pero no está a su nivel, señorita Swan.
—Hay muy pocos hombres que lo estén. Sin embargo, el conde de Westfield parece ser buen amigo suyo.
—Eso es cierto —admitió Reynolds—. Reconozco que, a estas alturas, su prometido es un auténtico enigma para mí.
Conmovida por su interés, Bella pensó que lo mejor sería pagarle su sinceridad con la misma moneda, para que dejara de sufrir por ella.
—El señor Cullen es detective.
—¡Detective! —Por unos instantes, lo único que Reynolds pudo hacer fue parpadear. Finalmente, dijo—: No es demasiado conocido en el gremio.
—No, por supuesto que no. No habría podido haberse hecho pasar por mi pretendiente si hubiera sido un detective conocido. Me lo recomendaron.
—¿Se lo recomendaron? No lo entiendo. ¿Para qué?
—¿Se acuerda de cuando la señora Peachtree tuvo problemas económicos, hace unos meses? —Bella se refería a la arrendataria de uno de sus locales, que sospechaba que uno de los empleados le robaba de la caja—. Le aconsejaron que contratara a un agente de Bow Street. Cuando tuve problemas, fui a verla y le pedí el nombre del agente. Pero el señor Bell no fue capaz de ayudarme. Él me recomendó a Thomas Lynd quien, a su vez, me sugirió que el señor Cullen sería más adecuado para el caso.
—Santo cielo. —Reynolds se ruborizó—. Ha hecho tantas cosas sin contar conmigo que no puedo evitar sentirme… superfluo.
—Al contrario. Es usted un extraordinario apoyo para mí y valoro mucho su trabajo. No quería ponerlo en peligro. ¿Sabe?, últimamente he estado sufriendo algunos accidentes un tanto… sospechosos.
—¿Accidentes? —Reynolds palideció—. Pe… pero ¿qué?, ¿por qué? ¡Maldita sea! ¿Quién querría hacerle daño?
—Precisamente para eso contraté al señor Cullen .
—Ojalá me lo hubiera contado antes. Tobias y yo podríamos haberle buscado un buen detective. Podría haberse evitado la molestia de tener que fingir un compromiso con el señor Cullen.
—No, el compromiso no es fingido. —Bella lamentó ver la sombra de la confusión en el rostro del hombre—. Mi relación con el señor Cullen tiene dos caras.
Reynolds empezó a removerse en el asiento, claramente incómodo.
—Si tiene algo que decir, dígalo sin temor, señor Reynolds —lo animó ella—.Respeto sus opiniones y puntos de vista en todo lo que haga referencia a mis negocios.
Él volvió a aclararse la garganta.
—Lo que me ha contado… la serie de acontecimientos que la han llevado a contratar al señor Cullen … me resultan sospechosos. Todo empieza con unos accidentes que la hacen temer por su seguridad. Luego contrata a un detective y ese detective la corteja y logra que usted acepte ser su esposa a pesar de no ser un candidato adecuado. No puedo evitar preguntarme si el resultado y la causa de los accidentes no estarán más ligados de lo que parece a simple vista.
—¿Se está preguntando si tal vez el señor Cullen es al mismo tiempo el causante y la solución de mis problemas? No, por favor, no se avergüence. Me parece una hipótesis fascinante. Yo debería ser quien se avergonzara por no habérmelo planteado antes. —Echándose hacia atrás en la silla, le dio un par de vueltas al tema—. Si el señor Cullen ha sido capaz de idear un plan tan complejo, sin duda es más inteligente de lo que pensaba, y nunca me ha parecido tonto. Sin embargo, teniendo en cuenta mi conocida aversión por el matrimonio, me cuesta entender cómo alguien pudo llegar a la conclusión de que ese plan tendría éxito.
—Su situación social y financiera es muy apetecible. Entiendo que muchos crean que merece la pena intentarlo. El señor Cullen no tenía nada que perder. A las malas, lo contratarían para resolver el caso. Al haberlo ideado él, se aseguraría de que se resolviera cuando quisiera, cobrando por ello.
Bella sonrió.
—Me alegra comprobar que mi hombre de confianza es tan imaginativo.
Reynolds se ruborizó ligeramente.
—Siempre ha sido usted tan prudente, sobre todo en lo que a sus pretendientes se refiere. Le ruego que me permita seguir investigando al caballero. No le cobraré nada. Es por mi propia paz de espíritu.
—No me parece necesario, señor Reynolds. La confianza es tan importante como la honestidad y yo he depositado la mía en el señor Cullen . Sin reservas. No me gustaría erosionar los cimientos de esa confianza con sospechas innecesarias.
—Como quiera —asintió él.
—Gracias, señor Reynolds. Sin embargo, hay algo sobre lo que sí le agradecería que se informara. El conde de Montague está creando un grupo de inversores. Me gustaría saber qué se dice por ahí del proyecto y qué viabilidad cree que puede tener.
—¿Está interesada en invertir?
—Por el momento no. Pero lord Montague le ofreció participar al señor Cullen y me gustaría saber si se trata de una inversión sólida.
Sacando su informe semanal de la cartera, Reynolds se puso en pie.
—Empezaré inmediatamente.
Bella cogió los papeles con una leve inclinación de cabeza.
—Que Dios lo acompañe, señor Reynolds.
Él hizo una reverencia de despedida.
—Y a usted también, señorita Swan.
Durante la hora siguiente, Bella trabajó incansablemente, confeccionando una lista de prendas de ropa de vestir y del hogar que iba a necesitar para el ajuar. Que deseara renovar totalmente su vestuario, cambiando sus vestidos de colores apagados por otros de tonos más vivos y cortes más atrevidos, no era más que otra prueba de lo mucho que la había cambiado su relación con Edward. Y trataba su cambio de actitud con la importancia debida.
Tras reflexionar sobre el tema, llegó a la conclusión de que él no era el único responsable de que hubiera abandonado actitudes y creencias muy arraigadas en ella.
Había sido su decisión de confiar en Edward lo que había obrado el cambio principal.
Bella había sido testigo de los fracasos amorosos de su madre, que se sumía en una profunda melancolía cada vez que una relación acababa. No sabía qué era lo que Georgina había buscado en sus parejas, pero era evidente que no lo había encontrado.
Y ella empezaba a sospechar que la culpable había sido la falta de confianza.
Durante todo este tiempo, Bella había pensado que si se mantenía alejada de cualquier romance estaría a salvo. Pero en realidad la respuesta era mucho más sencilla: sólo tenía que encontrar un compañero en el que poder confiar. Y ahora que lo había hecho, el camino a seguir era reforzar su vínculo gracias a la sinceridad y la transparencia.
Alguien llamó a la puerta abierta del estudio, lo que le hizo levantar la cabeza de los papeles. Era Robbins, que le llevaba el correo.
—Disculpe, señorita. —El mayordomo entró y dejó la bandeja con la correspondencia sobre el escritorio—. ¿Tomará el té aquí o con el señor conde?
—Con mi tío, gracias.
Bella se quedó mirando el montón de cartas, mucho más abundante de lo habitual.
Las examinó, separando su correo personal del de lord Melville. Casi todas las cartas dirigidas a ella eran invitaciones a distintos actos sociales. Nunca había recibido tantas.
Confusa por la exagerada atención que recibía, cogió las cartas de su tío y se levantó. Miró primero en el despacho de Melville, pero al ver que estaba vacío, fue al invernadero.
Lo encontró allí, regando las plantas con las que experimentaba. El sol de la tarde entraba por los numerosos ventanales, calentando el aire y creando una densa humedad.
—Buenas tardes, milord —lo saludó al entrar.
Melville le ofreció la mejilla y ella lo besó.
—Bella —dijo el conde sin más preámbulos—, ¿te acuerdas de los injertos que te enseñé? ¡Mira cómo han crecido!
Ella echó un vistazo a las dos plantas que crecían juntas, unidas por el tallo, y pensó en su relación con Edward.
—Es precioso. Entiendo que estés tan contento.
—Y estas plantas suelen vivir en climas tropicales, así que estoy doblemente orgulloso por el éxito —dijo su tío radiante, pero al ver el montón de correspondencia que ella le llevaba le cambió la cara.
Con un suspiro, alargó la mano.
Bella le dio las cartas.
—¿Has hecho algún avance con las que te di el último día?
La mueca de su tío le dio la respuesta que necesitaba.
—¿Nunca echas de menos la compañía de otras personas? —le preguntó ella, negando con la cabeza.
—Aquí tengo todo lo que necesito —respondió el hombre, dejando las misivas sobre una mesa manchada de tierra.
—Pero puede que haya gente que te necesite a ti. No dejan de demostrarte su simpatía, a pesar de que nunca respondes a sus cartas.
Le preocupaba el bienestar del anciano. ¿Qué pasaría cuando dejara de vivir bajo su techo? Ella era su conexión principal con el mundo exterior. ¿Perdería completamente el contacto con la sociedad? ¿Se enteraría de las cosas únicamente por la prensa? No le gustaba nada la idea.
Él había vuelto a regar las plantas.
—¿Y tú? Hasta hace poco una vida solitaria te parecía muy apetecible. Me decías que tenías bastante con los paseos, las novelas y los libros de contabilidad.
—Te tenía a ti.
—¿Hasta cuándo? Un día partiré en busca de mi recompensa eterna.
Bella dibujó formas en la tierra con el dedo.
—Aún falta mucho para eso.
El conde la miró, pero por suerte cambió de tema.
—De todos modos, no me estoy quejando. Al contrario. Me alegro mucho de que hayas dejado de vivir a la sombra de tu madre. Mi viejo corazón se alegra al ver que has encontrado a alguien con quien compartir tu vida.
—¿Crees que he dejado de vivir a la sombra de mi madre? Cada vez me parezco más a ella y he elegido a un hombre muy parecido a mi padre. Tal vez lo que he hecho ha sido ponerme su sombra encima, como si fuera una capa.
—Has heredado su belleza —dijo Melville—. Pero tienes una firmeza de carácter que a Georgina le faltaba. Vas por la vida pisando fuerte. Ella en cambio tropezaba a menudo.
—¿Quieres decir que era una irresponsable?
—Quiero decir que era inestable. Era incapaz de mantener un rumbo fijo durante mucho tiempo. Iba dando bandazos de un lado a otro. —De una sacudida, hizo saltar un bicho de una hoja—. Si me aficioné a la horticultura fue precisamente gracias a ella. Quería encontrar un remedio para sus bruscos cambios de humor mezclando varias hierbas.
Bella recordaba esos cambios de humor a la perfección. Una semana su madre estaba exultante de felicidad y a la semana siguiente era incapaz de levantarse de la cama.
—¿Crees que se trataba de una dolencia física? Siempre pensé que se debía a su carácter.
—Procuré no cerrarme a ninguna posibilidad. Habría hecho cualquier cosa para asegurar su felicidad, igual que lo haría por ti.
—El señor Cullen me hace feliz. En estos momentos, mi única preocupación eres tú.
Él le dio unas palmaditas en la mano.
—Si tú estás bien, yo estaré bien.
Bella puso la mano sobre la de su tío y se la apretó cariñosamente.
—¿Vamos a tu estudio a tomar el té?
—¿Ya es la hora del té?
El estómago del hombre protestó de hambre en ese momento. Dejando la regadera en la mesa, se sacudió la tierra de las manos y le ofreció el brazo a su sobrina.
—No te dejes las cartas.
Melville gruñó, pero recogió la correspondencia.
—No cabe duda de que eres hija de tu madre. Eres tan tozuda como ella.
Recorrieron la distancia que los separaba del estudio en un cómodo silencio. Al entrar en aquella habitación, Bella se fijó en los detalles del lugar donde su tío pasaba tantas horas, muy consciente de que iba a echar de menos los ratos que pasaban juntos.
A pesar de sus defectos y de su curiosa idiosincrasia, ella lo quería mucho. Se preguntó cuánto tiempo podría pasar con él cuando estuviera casada con Edward.
Cuando su tío se retirara a su casa en el campo al finalizar la temporada social, ¿pasaría meses sin ver a nadie? Suponía que Edward estaría todo el año en Londres, por su actividad profesional.
El conde dejó la nueva correspondencia sobre un montón de cartas que se aguantaba en precario equilibrio en la cesta que tenía junto a la puerta. Incapaz de aguantar el peso adicional, la pila se desplomó y docenas de cartas fueron a parar al suelo.
—¡Oh, qué molesto! —murmuró Melville, agachándose para recogerlas.
Bella se agachó también para ayudarlo.
—Qué curioso —oyó que comentaba su tío.
—¿El qué?
—Este sello.
Ella miró el sello de cera negra que le mostraba.
—Parece una espada sobre… algo.
—Un reloj de arena —dijo Melville.
—Interesante. ¿A quién pertenecerá?
—No tengo ni idea. Pero mira, aquí hay otra. —Y cogió otra carta que había ido a parar a sus pies.
Efectivamente, el sello era el mismo. Dejando caer las demás cartas, la abrió.
Mientras leía, frunció el ceño. Al acabar de leer, palideció.
—¿Qué pasa? ¿De qué se trata? —preguntó Bella, alarmada.
—Es una amenaza —respondió él, alargándole la carta—. Contra ti.
Espero que les guste y sigan...estaré por aquí muy pronto xoxo
¶Love¶Pandii23
