No poseo los derechos de autor. Los personajes son de Stephenie Meyer. La historia es completamente de Sylvia Day.


Orgullo y Placer

30

—Disculpe el retraso, señor Reynolds. —Bella entró a toda prisa en su despacho—.No lo esperaba esta mañana.

El hombre se levantó.

—Siento molestarla, señorita Swan, pero tengo información que creo que debería conocer y he pensado que lo mejor era venir cuanto antes.

—Oh. —Rodeando el escritorio, Bella se sentó por primera vez desde la hora del desayuno. Al mirar un momento por la ventana, vio que la fina llovizna no había dejado de caer. El cielo gris y nublado no le parecía muy adecuado para el día de su boda, pero en cambio encajaba perfectamente con el humor de Edward de la noche anterior.

Tras devolverla a la sala de baile, la había dejado junto a lady Collingsworth advirtiéndole que no se acercara a Montague y se había marchado a toda prisa.

—Ha despertado mi curiosidad, señor Reynolds. ¿De qué se trata?

Su hombre de confianza permaneció de pie unos instantes más, observando el desfile de lacayos y otros sirvientes que no dejaban de pasar frente a la puerta abierta del despacho.

—No recuerdo haber visto nunca tanta actividad en la casa.

—El señor Cullen y yo nos casamos esta tarde —le explicó Bella, sorprendida al darse cuenta de que prefería volver a su interrumpida cita con la modista para que acabara de ajustarle el vestido de boda que hablar de negocios.

—¿Se casan? —El señor Reynolds se desplomó en la silla—. ¿Tan pronto?

—¿Por qué esperar?

—Le deseo mucha felicidad, señorita Swan, pero ahora aún me alegro más de no haber esperado.

—Gracias.

—No la entretendré mucho. No sé si sabe que mi padre trabaja para lord Needham. Por casualidad, hace poco se enteró de que lord Montague le había propuesto a uno de los socios de lord Needham invertir en el proyecto que me comentó. Mi padre investigó la viabilidad del proyecto hace algunos días. Por desgracia, no parece sólido en absoluto y le desaconsejó a lord Needham que él invirtiera. Yo le aconsejo lo mismo.

—Ya veo.

Bella no sentía ni pizca de lástima por Montague. Desde la noche anterior, estaba horrorizada por la perfecta fachada que ofrecía al mundo y el monstruo que se escondía tras esa fachada.

—Teniendo en cuenta el estado de las finanzas del conde, me pregunté por qué estaba dispuesto a invertir lo poco que le quedaba en un proyecto tan arriesgado. De nuevo, mi padre me fue de gran ayuda. Al parecer, lord Needham participó en una partida de cartas en la que también estaban presentes lord Westfield y lord Montague.

Lord Westfield ganó. Entre lo que lord Montague apostó estaba una finca en Essex que había pertenecido a la familia de su madre durante generaciones. Al parecer, el conde se quedó destrozado por la pérdida, una pérdida instigada en buena parte por lord Westfield. Me imagino que la finca tendrá un valor sentimental para él. Era la única propiedad no unida al título de la que no se había desprendido. El resto lo vendió hace ya tiempo.

—¿Instigada por Westfield? —Bella frunció el ceño—. ¿A qué se refiere?

—Lord Montague se había mostrado dispuesto a abandonar la partida, pero entonces el conde añadió un documento de propiedad al bote. Además, empezó a provocar a lord Montague, haciendo veladas referencias al mal estado de sus finanzas. Tanto insistió que a Montague prácticamente no le quedó más remedio que seguir jugando o admitir su insolvencia.

—Santo Dios —murmuró Bella, horrorizada por la inconsciencia de los jugadores. Ella valoraba demasiado su seguridad financiera como para dejarla en manos del azar—. Pero sigo sin entender por qué responsabiliza a Westfield de la estupidez de Montague.

—En realidad, la propiedad que lord Westfield apostó pertenece al señor Cullen.

Bella se quedó muy quieta y soltó el aire de golpe.

—Eso cambia un poco las cosas, ¿no?

El conde de Westfield era un hombre muy rico. Poseía tanto propiedades ligadas al título como otras que podía vender libremente. Si quería hacer apuestas de riesgo, no necesitaba las propiedades de Edward para ello. Sin embargo, el odio que éste sentía por Montague era enorme. Conociendo la vida disoluta de Montague, suponía que Edward no había querido que su amigo arriesgara sus posesiones. Pero eso quería decir que lo habían planeado con antelación.

¿Qué habría hecho Montague para ganarse el odio de Edward? ¿Y hasta dónde estaría dispuesto a llegar para lograr su objetivo, cualquiera que éste fuera?

Reynolds siguió hablando:

—Lord Westfield se aseguró de que lord Montague apostara, ofreciéndole unas condiciones nada habituales: si perdía, tendría de plazo hasta el final de la temporada para recuperar la propiedad, eso sí, a un precio muy superior al del valor real de la finca.

—Montague pensó que, aunque perdiera, aún estaría a tiempo de recuperarla —concluyó Bella, llevándose una mano al estómago, que se notaba contraído.

¿Sería capaz Edward de casarse con ella sólo para impedir que Montague tuviera acceso a los fondos económicos con los que recuperar su propiedad?

—Creo que la intención de lord Montague es obtener el dinero que necesita mediante la sociedad de inversión, antes de que termine el plazo. Luego siempre puede decirles a los inversores que el proyecto fracasó o recuperar el dinero mediante un matrimonio ventajoso o un golpe de suerte a las cartas, ya sin la presión del límite de tiempo.

—El juego es terriblemente arriesgado —comentó ella, distraída, para llenar el silencio.

En realidad, no podía importarle menos si Montague caía en desgracia. Era lo mínimo que se merecía. Pero la situación le resultaba cada vez más inquietante.

—El conde parece estar en un callejón sin salida —añadió Reynolds, muy serio—. No puedo evitar preguntarme qué papel desempeña el señor Cullen en todo esto.

¿Está ayudando a su amigo lord Westfield? ¿O es lord Westfield quien lo ayuda a él?

¿Y por qué?

Bella permaneció impasible y dijo:

—Los Rothschild estarían encantados de tener a Montague como yerno, pero él se resiste. No le costaría nada recuperar la propiedad si se hiciera con la dote de Jane Rothschild.

—Pero lord Montague nunca se casaría con la señorita Rothschild —replicó Reynolds con desprecio—. Sus padres no son de buena familia. El conde ha propuesto participar en su fondo de inversión a comerciantes, aunque si se encuentra a esos mismos comerciantes en una mesa de juego, se niega a sentarse con ellos.

—Estoy perpleja. Qué poco sabía de una persona a la que veía regularmente.

—¿Y no podría decirse lo mismo del hombre con el que está a punto de casarse?

—No.

Bella no dijo nada más. Se negaba a darle explicaciones a nadie sobre sus asuntos personales.

—Al haber participado en la apuesta de lord Westfield, el señor Cullen también hizo una apuesta arriesgada. Por no hablar de su profesión. ¿Seguirá dedicándose a ella tras la boda? ¿No se da cuenta del riego que eso implicará para usted? Cada vez que haga enfadar a un delincuente, éste puede tratar de vengarse en usted.

—¿Ha acabado, señor Reynolds? —lo interrumpió Bella bruscamente.

No podía soportar oírlo hablar con tanta sensatez sobre un tema en el que estaba tan implicada emocionalmente que no podía contemplarlo de manera imparcial.

¿Adónde había ido a parar su buen juicio? ¿Su razón? ¿Su instinto de supervivencia?

—La he hecho enfadar. No era mi intención. —Reynolds encorvó un poco la espalda—. Estoy tan acostumbrado a facilitarle información para que pueda tomar la decisión que más le conviene, que lo he dado por hecho. Pero no he debido inmiscuirme en sus asuntos personales.

Ella lamentó haberle hablado con dureza.

—Todo esto me resulta tan poco familiar como a usted. Pero no se preocupe, nunca le echaré en cara que se preocupe por mi seguridad. Al fin y al cabo, si lo tengo contratado es por su lealtad.

—Le prometo que no volveré a sacar el tema. Nunca.

—Por favor, señor Reynolds, relájese —lo tranquilizó Bella en voz baja, ya que la garganta parecía habérsele cerrado—. No tomé la decisión de casarme con el señor

Cullen a la ligera.

—Lo entiendo. Es un matrimonio por amor. Debería estar alegrándome por usted, no cuestionándome su decisión. El cielo sabe que conocer a mi esposa, Anne, ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. El mundo es un lugar más rico ahora. —Sonrió con timidez—. Amar es arriesgado, pero si sale bien, merece la pena correr el riesgo.


Espero que les guste y sigan...estaré por aquí muy pronto xoxo

¶Love¶Pandii23