Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes pertenecen a Hiro Mashima.
-Redención-
La pregunta, más que desconcertarlo, lo aturdió. Había sido muy clara; tanto, que las palabras se volvieron un abismo. La mano de Erza, posada sobre la suya, le transmitía un calor inconmensurable. Su corazón saltaba de felicidad dentro de su pecho.
No solo le había preguntado si quería unirse al gremio de magos de Fairy Tail, sino que también le había dicho que quería que la acercara a su modo de vida. Eso solo significaba que ella lo comprendía —sus cargas, sus aspiraciones, su destino— y que, a pesar de todo, lo aceptaba. Quería estar con él. Era una forma indirecta y sutil de expresarlo, pero era real. Y Jellal era inteligente, así que pudo captarlo con facilidad.
El abrazo que compartieron le supo a poco, pero no sabía qué hacer para acercarse más —todo lo que quería— a ella. Sin embargo, a pesar de haberle expresado que ya podía amar libremente, no podía soltarse del todo de la cadena de sus pecados. No podía volar. Por eso, no contestó inmediatamente con una respuesta afirmativa, que era posiblemente lo que su subconsciente quería hacer. Pero Jellal era demasiado analítico y no soltaba palabras por la boca de las que después se pudiera arrepentir.
A pesar de la redención, del perdón, de la angustia, de la soledad y de los múltiples reencuentros en los que se habían basado su relación con Erza, no estaba completamente preparado para dar ese tipo de paso.
Él era así; estaba arrepentido de muchas de las cosas que había hecho en el pasado, pero la sombra de sus actos era tan larga que lo retenía en la más fría y absoluta soledad. Sin embargo, entre esas sombras, entre la oscuridad intrínseca de su misma existencia, siempre había una luz que iluminaba su camino, por la cual luchaba, que le daba fuerzas para seguir vivo: Erza Scarlet. Y esa mujer tan apasionada, vigorosa, valiente y fuerte estaba justo delante de él, le sujetaba la mano de forma cariñosa y le había pedido que la dejara entrar en su mundo, expandirlo, deformarlo y cambiarlo por completo.
Si ella era su motivo para vivir, ¿por qué no aceptaba sin más titubeos? En realidad, conocía bien la respuesta. No aceptaba realmente porque no quería arrastrarla a su mundo lúgubre, quería que Erza siempre fuera su sol, su guía y temía teñir toda su existencia de negro y jamás poder revertirlo.
—Meredy puede venir también, por supuesto.
—Bueno… yo no…
—No es necesario que me respondas ahora mismo, pero, al menos… ¿lo pensarás?
Jellal había desviado la mirada incluso. Su duda había sido respondida con contundencia y sus titubeos nerviosos, con palabras tranquilas, que solo hacían que quisiera gritarle que sí, que él también quería que fuera parte de su vida, que quería pertenecer a Fairy Tail para siempre estar pendiente de ella y que sí, que la amaba y por eso no quería volver a separarse jamás de su presencia, que tanta calma y consuelo le producían.
El hombre se quedó en silencio mientras analizaba la situación. Pensar esa opción le produciría un verdadero dolor de cabeza, pero no le quedaba de otra. Y no solo porque quisiera darle una respuesta afirmativa a Erza para que ella no se desilusionara, sino porque realmente quería hacerlo. Por sí mismo, sin depender de lo que sienten o piensan otros.
Tal vez, si lo hacía, si de verdad pensaba minuciosamente en el hecho de establecerse con Meredy en Fairy Tail y de acercarse a Erza y, como consecuencia, dejar que ella se acercara también, que escudriñara en todo su mundo interior, podría hallar la respuesta que su cerebro y su corazón tanto necesitaban.
—Lo pensaré.
Desde esa conversación, había pasado un buen tiempo. Sus caminos, como era lógico, se volvieron a bifurcar, pero el destino es el que es y, sin duda alguna, el suyo, el de ambos, era estar cerca el uno del otro, era reencontrarse una y otra vez y eso solo era una señal, pero Jellal la intentaba ignorar continuamente.
Cuando Erza volvió de forma definitiva a Magnolia, se encontró una agradable sorpresa. Allí estaba Jellal, oficializando que era nuevo miembro del gremio de magos más inestable que podía existir, pero más divertido, unido y feliz también.
Decidió ponerse la marca en el brazo izquierdo, justo donde ella lo tenía, y de un tono carmesí al igual que su cabello.
Erza lo vio todo desde la distancia mientras sonreía con complicidad. Él casi no la miraba, solo se le escapaban los ojos de forma curiosa de vez en cuando, pero rápidamente los paseaba por toda la habitación hasta que sentía que podía volver a tranquilizarse.
Ella solía intimidarlo mucho. No solo por su fuerte y contundente presencia —que había tenido durante toda su vida, pero ni por esas se acostumbraba—, sino porque, cuando sus ojos se conectaban, se sentía más vulnerable que con nadie, pero también más a salvo. Era extraño, pero así es el corazón humano; pura contradicción y paradoja.
Jellal se dirigió hacia la salida del gremio, donde ella estaba, de brazos cruzados, mirándolo aún y con la sonrisa instalada en los labios.
—¿Quieres venir conmigo? Me gustaría enseñarte algo.
Erza asintió, esta vez un poco más seria, y después lo siguió. Anduvieron un par de calles hasta llegar a una casa cercana. Lo vio sacando unas llaves de su bolsillo y abriendo la puerta. Se quedó algo sorprendida, pero aquello tenía bastante lógica, aunque su reacción también. La persona más nómada que jamás había conocido se iba a asentar. Probablemente, ni siquiera estaría mucho tiempo en esa casa, porque estaba segura de que iba a seguir cumpliendo con aquella misión autoimpuesta durante muchísimos años más.
Entró despacio, como algo cohibida. La casa no estaba demasiado decorada ni tenía muchos muebles. Parecía algo vieja, aunque estaba limpia.
—¿Vives aquí?
—Sí, llevo aquí un par de semanas. Se siente algo raro… tener un sitio al que volver.
Erza le sonrió. Sí, debía ser muy raro ir y venir durante años y dejar esa vida de repente. Porque aunque probablemente él llevara un tiempo pensando en unirse al gremio, sería un paso importante, chocante y repentino para su forma de vivir.
—¿Y Meredy?
—Ella vivirá en Fairy Hills el tiempo en el que estemos por la ciudad —Jellal se llevó la mano a la nuca y se frotó el cabello azul ligeramente—. Bueno, quería que la vieras un poco y eso…
—Muchas gracias. Me alegra mucho que te lo pensaras y dijeras que sí. Me hace muy feliz que estés tan cerca de mí.
Erza se acercó hacia él. Solo fueron un par de pasos, pero Jellal comenzó a sentir el corazón palpitándole en la garganta. Después, la calidez de su mano se posó en la suya de nuevo, justo como la última vez que se vieron. No sabía bien cómo reaccionar y eso que él mismo había propiciado esa situación, aunque no la tenía prevista en absoluto.
Observó a la chica acercándose más. Sabía lo que venía después. Y lo sabía porque una situación parecida entre ellos ya había sucedido en el pasado, cuando él le mintió con descaro y la alejó conscientemente para, según él, protegerla.
Pero al igual que en aquella ocasión, se sintió abrumado por sus propias emociones, por las negativas y las positivas, por los sentimientos tan fuertes de Erza por alguien que no merecía la pena como él y por el peso de cargar con tantos errores, tantos fantasmas persiguiéndole y tanta acumulación de frustraciones y culpa.
Giró el rostro un poco y Erza detuvo su avance.
—¿Qué te pasa?
—Que me una a Fairy Tail no significa que pueda permitirme acercarte a mi modo de vivir. No es algo para ti.
—Pero…
—Yo… no me sentiría bien sabiendo que estás a mi alrededor. Si mis sombras te engullesen, jamás me lo perdonaría.
Erza frunció el ceño y tomó su rostro entre sus manos sin cuidado, para que de esa forma no pudiera apartarle la mirada otra vez.
—Solo yo puedo decidir lo que me conviene o no y lo que quiero y no quiero que suceda en mi vida. Y también a quien amar. ¿Lo entiendes?
—Erza…
Jellal iba a continuar soltando miles de excusas que ya —ni siquiera él— nadie creía. Iba a seguir justificándose, alejándose de su felicidad y de su destino, pero ella no lo dejó. Sin mediar palabra, lo besó. Primero fue un beso lleno de rabia y reproche, muy tosco y que hizo que Jellal solo pudiera mantener los ojos abiertos ante la presión de sus labios.
Erza se separó abruptamente, algo avergonzada y con un ligero sonrojo coloreando sus mejillas. No podía casi mirarlo a los ojos, pero se obligó a hacerlo porque quería zanjar ese tema de una vez por todas. Y eso era solo el principio de sus planes, así que no se permitiría flaquear ni que la vergüenza se colara en esa ocasión.
Se volvió a acercar con los ojos entreabiertos, tratando ahora de ser más delicada. Esta vez, Jellal no la alejó; simplemente la imitó. Se besaron despacio, como queriendo aprovechar aquel momento porque parecía tan irreal que ninguno de los dos quería que se acabara jamás. Fue una buena sensación. Jellal se liberó del gran peso que le suponía no dejar que se aproximaran y Erza sintió felicidad por haber tenido la valentía de hacer algo que llevaba años anhelando.
La joven dio dos pasos hacia atrás y después suspiró mientras cerraba los ojos y se colocaba la mano momentáneamente en el pecho. Se agachó y comenzó a quitarse las botas. Las dejó a un lado mientras Jellal la miraba con confusión.
Y cuando empezó a desnudarse lentamente, él no pudo articular palabra alguna. No, esa no era la primera vez que la veía desnuda —habían sucedido algunos accidentes porque Erza era peligrosa cuando había alcohol de por medio—, pero sí fue la primera vez que pudo observar la belleza de una desnudez femenina. La suya particularmente era perfecta, era radiante y atrayente, pero ¿no era eso ir demasiado rápido?
Ella lo miró en silencio y con gesto serio. Se volvió a llevar la mano al pecho y le habló.
—Quiero… quiero entregarte todo de mí. Sobre todo, esto —dijo mientras posaba la palma de su mano donde estaba su corazón.
Jellal no aguantó más y la volvió a besar. ¿Rápido? No, no iban demasiado rápido. Realmente, todo el proceso de su relación había sido lento, casi tortuoso. Había sido dolorosamente esperanzador y ya era hora de que se soltara de todos sus traumas y cargas y de que amara, por fin. De que la amara libremente, justo como él mismo dijo, sin llegar a cumplirlo hasta ese día. De que amara sin filtros, sin ataduras, sin cadenas ni culpas. De, por fin, ser verdaderamente libre.
FIN
Nota de la autora:
Solo había escrito un jerza en mi vida y como andan pasando tantas cosas en el manga y me hicieron una petición en Wattpad de ellos, pues aquí va. Espero que os haya gustado, aunque lo siento algo apresurado, peeero es lo que salió.
¡Gracias por leer!
