— ¿Estás lista? –

La voz de Itadori en sus espaldas y sus suaves manos sobre sus hombros descubiertos le regresaron la tranquilidad. Hasta un momento atrás, los nervios la consumían al punto casi de querer vomitar preocupada por cada detalle pero justo ahora agradecía tener a sus amigos junto a ella.

— Quiero recordar un poco más. –

— Si nos dejas, podemos acompañarte. – la delgada mano de Megumi tomó la diestra de la castaña que parecía estar al borde de las lágrimas.

Con una sonrisa, Nobara asintió dando pie a una amena conversación que le transportó al inicio de todo, volviendo a sentir sobre su piel, el cálido clima de aquella tarde en que se dió cuenta de sus sentimientos.

— ¿Entonces dices que eres Demisexual? – Preguntó el azabache justo antes de darle una mordida al sándwich que había tomado de la comida que los tres estaban compartiendo sobre el pasto en esa tarde de verano.

— Si, creo que si. –

— No manches, yo soy Lawrensexual. – Habló Itadori.

— ¿Qué? –

— Pues a mí me encanta un chingo Jennifer Lawrence. ¿Qué no a ti te gusta mucho Demi Lovato? –

— No, idiota. – De un movimiento, Nobara sacó su mazo de goma, golpeando al pelirosado con él. — Significa que no siento atracción física de alguien si no tengo sentimientos desarrollados por la persona. –

— Bueno ¿Y cómo te diste cuenta? – interrumpió el azabache.

— Creo que es algo que se siente. Además es muy obvio como a medio mundo se le alborotan las hormonas pero a mí no. –

— ¿Y por eso nunca has tenido novios? – Nuevamente el pelirosado habló mientras se mantenía con una mano en la cabeza sobando el reciente golpe.

— Bueno, eso es porque me parece una pérdida de tiempo. –

— Eso suena como algo arromántico. –

— Bueno, no creo ser arromántica, tal vez también sea algo demirromántico… Y antes de que Itadori diga que tiene algo que ver con Demi Lovato, significa que una persona tarda un poco más en crear una conexión romántica si no has convivido lo suficiente con la persona. –

— Bueno, así ya no me confundo. – Hizo una pausa para beber de su refresco. — ¿Entonces no te gusta nadie? –

— Bueno… – Tras unos segundos de pensar, parecía no venirle nadie a la mente pero había algo que no la convencía del todo. — … Creo que no. –

Su respuesta final solamente buscaba no generar expectativas con sus amigos y por el momento parecía que ambos quedaron satisfechos con la respuesta, por lo que naturalmente cambiaron de tema.

Y aunque por un momento pensó que su respuesta final era acertaba, su corazón no le dejó en paz el resto del día, manteniéndola constantemente distraída en sus actividades y sin poder conciliar el sueño por la noche, tomando la decisión de salir a caminar un rato.

El frío nocturno le hacía sentir más calmada pero la inquietud de la incógnita aún se reflejaba en sus piernas, que le hacían caminar en círculos por todo el espacio al aire libre.

— Si sigues así, vas a hacerle un agujero al piso. –

En medio de la nada, la voz que se hizo presente le regresó a la realidad, deteniéndose para voltear a ver al azabache que estaba de pie a las puertas del dormitorio.

— Te vas a enfermar si te quedas aquí, Nobara. Vamos adentro. –

— No, estoy bien así. –

Durante unos segundos, Megumi fijó la mirada en la chica, buscando la verdadera respuesta de su incomodidad.

— ¿Hay algo de lo que quieras hablar? –

— ¿Eh? – Sin querer, los dedos de la mano ya estaban dentro de su boca, mordiendo nerviosamente las uñas de estos mismos.

— Vamos, Nobara. ¿Qué te preocupa? –

— Bueno, no es que me preocupe algo. –

— ¿Entonces? –

— No se si realmente no me gusta nadie. –

La confusión se hizo visible en la mirada del azabache por un momento hasta recordar la conversación que habían tenido en su picnic de la tarde.

— Ahhhh, entonces ¿Te gusta Maki? –

— Bueno es que realmente no se si me gusta y… – De golpe, reaccionó. — … Espera ¿De dónde sacas que es Maki? –

— Solo era una sospecha pero después de lo que acabo de escuchar, me lo confirmaste. –

Tal vez la oscuridad de la noche hubiera escondido su sonrojo si no fuera porque parecía que el calor de su rostro solo aumentaba con cada segundo.

— ¿Y tú por qué lo sospechabas? –

— No la miras igual que como a mí o a Itadori y al principio pensé que solo era respeto pero la mirada de respeto que tienes con otras personas, no es similar. Fue difícil notarlo pero también te acercas mucho a ella y pareces buscarla siempre. –

— Yo no diría que siempre… –

— Pues al menos cada vez que salíamos de clases, tus ojos siempre parecían concentrárse en buscar algo… O a alguien. –

La mirada avergonzada de la castaña se había clavado en el suelo y con la cabeza gacha, la zurda acariciaba suavemente su nuca.

— ¿Podrías no decir nada? –

— No te preocupes, no es algo que me corresponde hacer. –

El apoyo que necesitaba por fin sentía tenerlo y sus ojos que se habían levantado, encontraron una mirada reconfortante esperando por ella.

— Aunque tal vez debas decirle a ella. –

— ¡No! No puedo hacer eso. Si me rechaza me sentiría muy mal. –

— ¿Y si no lo hace? –

— Bueno… Sería hermoso que no lo hiciera pero no sé qué pensaría mi abuela si se entera de esto. –

— Pues tu abuela no sería su novia, en todo caso. –

Nobara soltó una carcajada ante la frase.

— Tienes razón… Le diré en su momento. –

Megumi asintió, recibiendo el abrazo que la chica le ofrecía. Pues a pesar de no ser alguien que disfrute el contacto físico, el nivel de intimidad del momento le hacía darse la chance de disfrutar aquella muestra de cariño que casi no conocía.

Para protegerse del frío, ambos decidieron entrar de vuelta a los dormitorios, de dónde salía un adormilado Yuuji aún tallándose los ojos y diciendo que se había despertado por un extraño pitido en su oído, casi como si alguien hubiera hablado de él.

Los días pasaban como si nada pero los momentos en que sentía la mirada obscura del azabache posarse sobre ella cada vez que se acercaba a Maki, los volvían un poco más incómodos, recordándole como había dicho revelar aquel secreto en algún momento pero los días pasados no se sentían como el momento. Al menos hasta la noche donde todos los alumnos junto con algunos maestros se habían reunido casi a la entrada del colegio para ver desde ahí, el festival de fuegos artificiales que Yuuji había insistido en ver.

— Creo que me gustas. –

La frase sonó tan rápido que parecía haber sido apenas justa para llamar su atención solamente por el sonido.

— ¿Mande? Perdona, Nobara, la verdad creo que no te entendí bien. –

— Bu-bueno… E-es que… – Tal vez ya no era tan el momento o tal vez ya no lo sentía como el momento, pues el temor le había inundado el pecho por completo. Pero había empezado y no podía dejar pasar la valentía efímera que la belleza de las luces en el cielo, le había dado.

— Ma-Maki… Creo que me gustas. –

Listo, estaba hecho. Finalmente había confesado su amor a aquella persona que admiraba y por más que quisiera, no podría dejar de ver en al menos unos años… Tal vez no había sido tan buena idea… Tal vez…

— Nobara. – Una cálida mano se posó sobre la mejilla de la castaña, haciéndole subir la mirada que, avergonzada, no se dió cuenta el momento en que la bajó. — Creo que tú también me gustas. –

Un beso dramático hubiera sido perfecto para culminar el momento, pero la situación frente a varios compañeros y profesores solamente les permitió abrazarse. Al final de cuentas esto acababa de comenzar y tenían todo el tiempo del mundo para reponer ese primer beso.

— Yuuji ¿Estás llorando? – Preguntó la castaña al ver cómo su amigo ensuciaba descaradamente la manga de su traje, regresándole a la actualidad fuera de la ensoñación de su recuerdo.

— Pues claro, me cuentan todo esto y yo no sabía. Pensé que éramos amigos y no me juntaron, yo también pude haber ayudado a que estuvieran juntas. –

De un bolsillo dentro de su esmoquin, Megumi sacó un pañuelo, entregándoselo al pelirosado para que pudiera secarse las lágrimas sin ensuciar su traje.

— Bueno, pues es que es mi tía. Creo que era mucho más fácil que solo interviniera yo. Además ya pasaron varios años de eso. –

— No solo lloro por eso. –

— ¿Entonces? –

— Es que ya llegamos. – Finalmente se limpió la nariz en el pañuelo, con un sonido bastante estruendoso, antes de querer entregárselo a su dueño y siendo rechazado por este mismo.

— Entonces Nobara, te vuelvo a preguntar. ¿Estás lista? –

El azabache extendió una mano justo cuando la chica asintió, tomándola antes de que abrieran la puerta del automóvil justo frente a un pasillo marcado por una hermosa alfombra aperlada sobre el suave suelo terroso de la entrada del bosque donde se encontraban.

Los tres salieron, ayudando a acomodar el pomposo vestido de la chica y deteniéndose justo en el extremo más próximo de la alfombra donde al otro lado esperaba la joven de cortos cabellos verdosos con una sonrisa llena de ternura al ver a su pareja siendo entregada por sus dos mejores amigos.

Las personas sentadas a los laterales del pasillo, miraban a la castaña con diferentes reacciones mientras caminaba hacia el altar. Algunos lloraban, otros sonreían y Nanami consolaba a un lloroso Gojo emocionado por ver a dos de sus exalumnas, felices a pesar de todo.

— Te la encargo. – Susurró Megumi al dejar a su amiga y dedicando un guiño cómplice a Maki, antes de irse a su asiento tomado de la mano de Itadori.


Quisiera agradecerles por leer este pequeño OneShot romántico de una de mis ships favoritas, también me gustaría invitarlos a leerme en Wattpad y AO3 con el mismo pseudónimo: PaonBlanc.

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