Reinicio n.°42
Perderá a Yoosung o quizá ya lo ha perdido. Mientras le lanza miradas de soslayo, se levanta este pensamiento como una nube que no dejará de gravitar sobre él el resto del trayecto. La ventanilla abierta deja pasar el viento, es un día soleado y la temperatura es agradable. Seven reduce la velocidad hasta poder bajar el techo del automóvil.
—¿Qué te parece ir a comer? —Sus dedos se mueven sobre el volante como un involuntario gesto que delata sus nervios, aunque en realidad a Yoosung no le importe un carajo lo que está haciendo o sintiendo en estos momentos.
Yoosung tiene la mirada fija en el espejo lateral. Está muy, muy quieto. Saeran solía actuar de forma similar cuando escuchaba la puerta de la casa cerrarse al llegar mamá; toda luz escapaba de sus ojos cuando esa mujer estaba cerca. Seven hace un tiempo aprendió que no solo la presencia de alguien puede hacer tu vida miserable, su ausencia también. A veces echa tanto de menos a su gemelo que se cree capaz de dejar que todo se vaya al diablo, buscarlo y escapar juntos. No lo hace porque le debe demasiado a V, porque nadie va a salvar a Yoosung como nadie salvó a Rika, porque... en realidad es probable que Saeran lo recuerde con el mismo asco que debe recordar a su madre. Luciel es la mancha de un pasado en habitaciones oscuras, ¿quién querría recordar algo así?
Seven desacelera conforme las primeras señales de urbanidad aparecen. Yoosung tiene ojeras y ojos rojos. Los labios resecos y la piel pálida. Han sido seis meses de luto, no parece que la vida del joven Kim vaya a cambiar de rumbo los meses siguientes. Hoy han ido a llevar narcisos a la tumba de Rika (una tumba sin cuerpo, se recuerda, lo cual lo lleva a pensar que de hecho Yoosung tiene razones sobradas para vivir en paranoia respecto a la muerte de su prima).
—¡Seguro no sabes qué película se acaba de estrenar!
Los ojos amatista de Yoosung finalmente se despegan del reflejo en el retrovisor. Seven debe tragar saliva con esfuerzo cuando sus miradas se encuentran. Ya ha perdido a Yoosung. La certeza es como hacer sinapsis. Hay lugares en el futuro (otros futuros, a lo mejor) en los que Yoosung Kim ya no está, en los que Seven hizo las cosas mal y lo perdió como perdió a Saeran.
Un par de días más tarde, cuando ella ya ha llegado (¿desde qué futuro?), Seven mira una pantalla en la que el último mensaje de Yoosung lo apuñala. Se le llenan los ojos de lágrimas, seguro de que, entre la muerte de Rika, el alejamiento de V y la aparición de un hacker que lo obliga a esforzarse más allá de lo que creía razonable, entre todo lo malo que ha pasado (en esta línea temporal y en otras tantas) ha sido suficiente presión para hacerlo desbordarse, quebrarse como una presa vieja y descuidada.
«¿Qué sabes de Yoosung?». El mensaje privado carece del tono jovial que suele usar en el chat. Mientras aguarda la respuesta, golpetea con el dedo índice sobre el escritorio. Las luces de los múltiples equipos de computación iluminan su expresión seria.
«¿De qué hablas?»
«Siempre le respondes bien y lo defiendes, incluso cuando acabas de conocerlo. Eres la depuradora, ¿a que sí? Todo encajaría si lo fueras».
Hay un largo silencio del otro lado. Una ausencia de mensaje es una confirmación para su última pregunta, pero no es respuesta a la que formuló inicialmente.
«¿Te diste cuenta solo?»
«Sipi». Incluso para él es un poco raro responder mejor, pero envía el mensaje y se reclina en la silla hasta que puede mirar el techo mientras espera.
«Ya había estado aquí antes, pero tú no te habías dado cuenta de lo que pasaba hasta que llegábamos a alguno de los finales o hasta que nos encontrábamos... ¿Crees que es una buena señal?»
«¿De qué?»
«De que estamos cerca del fin».
Seven ha escrito la mitad de su respuesta cuando la primera pantalla a su derecha llama su atención. La instalación se ha completado. Deja el teléfono a un lado y empieza a teclear. Instalar de manera remota un videojuego es mucho menos difícil que muchos de los trabajos que ha hecho para la agencia de espionaje. Acabada esta labor, marca un número en el móvil y aguarda a que Yoosung responda. Retrae y estira los dedos durante los segundos que tarda en escuchar la voz de Yoosung del otro lado.
—¡El magnánimo Dios Seven tiene un maravilloso trato para usted, señor Kim! ¿Ha considerado los beneficios de unirse a la comunidad gamer, al maravilloso mundo LOLOL? Es un excelente candidato, Señor Kim. Ahora mismo debería intentar probar...
Yoosung hace un sonido de disgusto del otro lado de la línea y termina la llamada. No obstante, un par de horas más tarde, allí está él: un novato con un personaje de aspecto rudo pero básico. Seven sonríe y se impulsa con los pies para que la silla de escritorio lo lleve hasta el extremo opuesto de éste.
—¿Qué demonios crees que haces?
—Vamos, Madam Vanderwood, serán solo un par de rondas, ¿de acuerdo? —Luciel procura usar su mejor gesto adorable, a pesar de saber que Vanderwood no caerá por ello—. He acumulado mucho estrés estos días, me merezco un descanso.
—¡Holgazaneas todo el tiempo, pelirrojo de mierda!
—Cuida tu lenguaje, Madam Vanderwood.
El otro agente rueda los ojos y resopla con fastidio.
—¿De dónde surgió este maldito interés por los videojuegos?
El tono más relajado de Vanderwood lo hace festejar mentalmente. Seven da media vuelta para concentrarse de nuevo en la pantalla. Sonríe para sí mismo mientras crea un usuario en el servidor. Nunca ha jugado LOLOL, pero no debería ser un reto, después de todo es un hacker.
Es muy simple, Vandy, no voy a perderlo otra vez.
Por casualidad recuerda que aún no le ha respondido a la coordinadora de la fiesta. Da un brinquito en su silla (que hace a Vanderwood voltear, alerta. Dios, Vandy es como un gatito gruñón) y se estira para recuperar su teléfono móvil.
«No eres solo tú, es él. Es Yoosung».
