El helado clima había disminuido su intensidad confirme la tarde se hacía presente pero en ese momento, a la punta de aquellas escaleras de concreto, sentía como si la blanca nieve atravesara su infinito y llegase hasta sus huesos, helándole el cuerpo por más que llevara una chamarra que le cubría perfectamente.
"Años sin vernos y nuevamente estoy a punto de buscarte." Pensó.
El primer pie se apoyó sobre la más baja de las escaleras, ascendiendo su cuerpo lentamente. Su mirada permanecía baja, casi como si sus azulados ojos buscaran evitar lo que sabía que estaba a punto de ver.
Tanto tiempo que evitó el lugar simplemente por negación pero el regaño que había recibido de parte de Shoko lo terminó empujando inconscientemente a hacerle caso. "No puedes quedarte sin hacer nada de nuevo, Gojo." Las palabras de la mujer aún hacían eco en su cabeza desde que se dió cuenta que no podía seguir evitando su realidad, que tarde o temprano tenía que quitarse esa venda de los ojos.
A su lento paso, los recuerdos le absorbían como si de un tornado se tratase. El momento en que por primera vez conoció a Geto, cuando cruzaron palabra por primera vez y hasta la imagen de su primer beso inundó su mente. Si cerraba los ojos, lograba percibir la calidez de sus labios sobre su piel cada vez que tenía oportunidad de admirarlo a puerta cerrada. Pero eso solo había sido su inicio.
Conforme avanzaba la línea de tiempo en su cabeza, llegó el único momento que desearía olvidar por completo; el único por el cuál sería capaz de abandonar todo su poder a cambio de volver hacia atrás y arreglar el primer error que como una bola de nieve, creció para devorar todo.
Muchas veces pensó en simplemente echarle la culpa a sus hormonas de juventud, porque sabía que si intentaba echársela al alcohol no le creería, nadie conocía a Satoru, como Geto lo hizo.
Pensaba en un motivo para justificarse pero a su mente solo venía lo estúpido que fue por haber comenzado a acostarse con alguien de que ni si quiera podía recordar su nombre a estas alturas pero en su momento llegó a pensar que estaba realmente más enamorado de ese otro que de aquél con el que llevaba años compartiendo trabajo, vida y hogar.
Tal vez las cosas no hubieran sido tan graves si nunca se le hubiera ocurrido el disparate de esa noche dónde frente a la cama que había sido testigo de sus apasionados encuentros; decidió decirle a Geto que quería terminar.
— ¿Pero qué estás diciendo? Si llevamos años juntos. Te juro que si es otra de tus bromas, te voy a matar. – Habló el pelinegro, que tras aquella frase se incorporó sobre la cama que permanecía acostado, buscando la mirada bajo aquellas nevadas pestañas que ahora le evitaban por completo.
— No es una broma, Geto. Realmente creo que todos estos años que hemos pasado juntos fueron lo mejor del mundo pero nunca salimos a experimentar nada más fuera de lo que conocemos. ¿No te da curiosidad probar algo más? –
— ¡Joder! ¡Claro que no, Satoru! Yo siempre he sabido que tú eres el hombre con el que quiero vivir el resto de mis días. Nunca se me atravesaría por la mente la idea de probar a alguien más. –
El silencio se instaló en la habitación comenzando a crear un verdadero muro entre el hombre que permanecía de pie y el que estaba sobre la cama.
— Tu ya tienes a alguien más ¿Cierto? –
La pregunta salió de sus labios tras unos segundos de haber comenzado a pensar y llegar a aquella conclusión. Geto rezaba internamente para escuchar la respuesta que necesitaba para no romperse ahí mismo o para que un milagro ocurriera a esas alturas y Gojo terminara por admitir que todo era una broma de muy mal gusto.
Pero la respuesta nunca llegó.
O tal vez si lo hizo, pues dicen que el que calla otorga y la culpable mirada que seguía evitándole no le dejaba margen a pensar otra cosa.
Finalmente se puso de pie, tomando una mochila que tenía guardada en el clóset y metiendo algunas cosas necesarias, ropa, pasta de dientes, desodorante, zapatos.
— Geto, quédate aquí, yo me iré. –
— Me rehusó a quedarme en el lugar que con tanto esfuerzo compramos juntos y dónde construimos tantos recuerdos que solo me torturarían. ¿No es suficiente para ti lo que has hecho, cómo para ahora querer obligarme a que me quede en el peor lugar? –
Con la cabeza gacha, Satoru simplemente dejó a su ahora ex amante, tomar todo lo que cabía en esa mochila y retirarse con la promesa de volver solamente por las cosas que no se había podido llevar.
La culpa le hizo también irse del lugar y abandonarlo con la esperanza de que Geto recapacitara en algún momento y terminara por quedarse con el lugar, pero eso nunca sucedió.
No pasó mucho tiempo para que Gojo finalmente se diera cuenta del error que cometió y volviera a buscar al que ahora estaba realmente seguro de que era el amor de su vida aún sabiendo que sería muy difícil reparar aquello que rompió.
Tras unos meses separados, perdió la pista del nuevo lugar dónde el azabache vivía pero siempre podía contar con esperar que su amiga supiera la respuesta.
¿Gojo? ¿Qué pasó? Estoy ocupada.
La voz temblorosa de Shoko le preocupó, pero su determinación le hizo ignorar el detalle y concentrarse únicamente a lo que iba.
— Mira, se que Geto no me quiere ver pero tengo que disculparme con él y no puede ser en otro momento. Shoko necesito que me pases su dirección. –
Tras unos segundos de silencio, a sus oídos llegó el característico sonido que le notificaba el término de la llamada y molesto, se dispuso a marcar nuevamente hasta que un mensaje llegó a su celular.
" Ubicación "
Sin pensárselo dos veces se dirigió al lugar que indicaba, llegando a un edificio departamental. La mujer salió de un elevador, vestida con una pulcra bata blanca y quitándose unos guantes de hule, conforme se acercaba al albino.
— No me digas que me trajiste a una misión. ¿En serio te vas a aprovechar así de este hombre desesperado? –
— Cállate y sígueme. –
Justo antes de que las puertas se cerraran nuevamente, el delgado brazo se interpuso para abrirlas, entrando ella primero y siendo seguida por un ruidoso satoru que parecía no saber hacer otra cosa más que quejarse.
— Okay, te ayudaré si al final de esto me llevas a dónde sea que esté Suguru. Quiero hablar con él. – Mencionó justo cuando las puertas volvieron a abrirse en el quinto piso del edificio.
Tan silenciosa como había permanecido hasta el momento, Ieiri salió en dirección de la única puerta abierta en todo el pasillo, entrando en él.
Unos pasos tras ella caminaba el albino despreocupadamente hasta el momento en que estuvo frente a la entrada. A la altura del marco de la puerta de entrada, Gojo se quedó petrificado viendo la sangrienta escena frente a él.
— No es cierto. – Susurró y sus rodillas se volvieron débiles, haciéndole caer al suelo sin despegar la vista del desfigurado cuerpo del amor de su vida frente a él.
— No se que pasó. Vine porque no me contestaba las llamadas y cuando llegué él ya estaba… –
"No."
Sin querer, las lágrimas comenzaron a rodar por sus pálidas mejillas. Cuando se limpió los ojos con la manga de su chaqueta, se dió cuenta que sin pensar finalmente había subido el último escalón.
En el momento en que su visión se levantó, se encontró frente al campo de los muertos. Donde justo frente a donde estaba parado, se encontraba una lápida que anunciaba el nombre de "Suguru Geto" en letras grandes cubriendo la parte superior de la piedra casi por completo.
— Shoko tiene razón. Perdóname por haber faltado estos aniversarios y por todo lo que te hice… Ojalá pudiera decirte cuánto lo siento… Y cuánto te amo…
Espero que este pequeño OneShot haya tocado sus corazones y haya sido de su agrado.
Me encantaria invitarlos a seguirme en Wattpad y estar pendientes de mi AO3, ambas cuentas bajo el mismo pseudónimo: PaonBlanc.
URL de la imagen:
https//cartoon/3217935.html
