Reinicio n.°43

Deambula por el edificio un rato; cuando se descubre deseando que las instalaciones sean más grandes, porque así tendría una excusa tan tonta como lo sería el haberse perdido, Luciel sabe que no puede seguir postergando su entrada. Camina despacio, rumiando el mismo pensamiento cargado de remordimiento, además subrayado con una sensación de peso en el estómago que no obedece totalmente a la culpa y se asemeja más al miedo. El horror que sobrevino cuando Unkn... Cuando Saeran derribó a Yoosung parece vincularse con algo más que Seven todavía no puede entender. Está allí dentro, en su mente, eludiéndolo.

El resto de la RFA ya está en el interior cuando él llega. Luego de arráncale un susto, Zen nota su presencia. Más alto, fácilmente le pone una mano sobre el hombro y lo sacude sin llegar a ser brusco. Ella gira noventa grados para verlo por primera vez.

Luciel es consciente de cómo su garganta se cierra y el estómago se le encoge incluso más. La misma mezcla de culpa, horror y vacío, vuelta a subrayar por una emoción distinta que, sin embargo, proviene de un origen mucho más amable y conocido: cada vez, tan buena como la anterior, recordar (recordar, recordar al fin) que siempre ha estado enamorado. Es su programación, solo es su programación y ella lo sabe, se dice, y el pensamiento se abre paso, contaminando este chispazo de felicidad también, hasta convertirlo en algo irreconocible que, acaso, le provoca más dolor. (Si solo es lenguaje de programación, ¿por qué se siente tan real?).

Vuelca su remordimiento frente a todos los miembros de la RFA, aunque sus ojos apenas se despegan de ella. Su sonrisa apretada y sus ojos fijos indican que le tiene compasión y si Luciel no se desploma en un abrazo sobre ella, es porque la voz de V suena a través de los altavoces. El cabello color menta es inconfundible. Seven siente ganas de vomitar y no sabe por qué. Unos segundos más tarde, Yoosung aparece con la cabeza vendada y un parche en un ojo. Lágrimas escurren por sus mejillas cuando ese único ojo amatista fija la mirada sobre él. Le pide que no llore, pero Luciel está sobrepasado por todo.

—No lo perdimos esta vez. —La coordinadora se ha acercado y le sonríe, también está llorando—. Quisiera verlo ser feliz por siempre.

—¿Así de malo fueron las anteriores? Algo me lo decía —susurra mientras Yoosung baja del escenario—. ¿Qué tal si no lo reinicias esta vez? No puedes hacernos a todos felices, es una locura. No puedes arreglarnos a todos.

—Saeyoung, te encontraste con...

—Si este es un buen final —interrumpe con angustia— no quiero ni imaginarme uno malo. Detenlo ahora y aquí.