La chica abrió los ojos de golpe, había visto a Chat Blanc, mejor conocido como el rey de sus pesadillas. Miró hacia un lado y hacia el otro, alarmada y sin moverse demasiado para no despertar a Adrien, pero no vio nada.
Saliendo de su ensoñación, no sin cierta dificultad, Marinette se alarmó al ver la luna brillando en un cielo repleto de estrellas. El chico tenía que regresar a casa. (Su padre se preocupará) pensó.
-Adrien, oye, Adrien- Lo tomó del hombro y lo removió con cuidado para despertarlo. Éste gruñó, se acurrucó aún más contra su pecho, frotando su cabeza contra ella igual que un gato. Marinette se puso como una cereza.
-Adrien, vamos, tienes que volver a casa- Él abrió los ojos de mala gana, aunque su expresión se suavizó al ver a Marinette. Wow, ella estaba muy cerca. Tan cerca que podría besarla. Mirando esos ojos azules, idénticos a los de Ladybug, la idea no parecía tan descabellada.
-No quiero ir a casa, Marinette- Adrien se obligó a dejar de mirar los labios rosados de su amiga con tanto interés. Se incorporó, muy a su pesar, volvía a estar a su lado, pero un poquito más lejos para no hacer ninguna tontería.
- ¿Por qué no? Tu padre se va a preocupar- Adrien se rió sin alegría.
-No, él jamás se preocuparía por mí. ¿Por qué crees que estoy aquí? Aunque, bueno, pasé una tarde muy agradable contigo-
-Adrien, ¿Por qué dices eso? Yo también la pasé muy bien, pero tienes que regresar, ya es muy tarde- El joven suspiró, resignado.
-Está bien, te lo diré. Fuiste muy linda conmigo y siento que te lo debo- Ella se sonrojó y lo miró con atención.
-Mi padre… agh, él me dijo que yo… Mira, todo empezó cuando gané un torneo de esgrima…- Los ojos de Marinette brillaron con orgullo.
-Eres maravilloso, digo, eh, es maravilloso que hayas ganado. Te felicito, Adrien- Él jadeó, sorprendido. Las palabras que tanto había querido escuchar por fin estaban ahí. Abrazó a Marinette, prácticamente arrojándose sobre ella. Terminó derribándola en el suelo. Ella sintió que se iba a desmayar y él se puso a llorar, pero eran lágrimas de felicidad las que cayeron sobre el rostro de Marinette, que lo miraba muy apenada y roja.
-Gracias, Marinette, muchas gracias. No sabes lo feliz que me haces diciendo eso. Por favor, nunca dejes de ser así como eres y, y no dejes de ser mi amiga. Eres muy importante para mí. Nunca te alejes de mí, Marinette- Cuando pudo reaccionar, ella le devolvió el abrazo, así como estaba, en esa posición tan comprometedora que aceleraba su corazón y le cortaba la respiración. Por suerte no había nadie más que ellos dos allí.
-Oh, Adrien, tú también eres importante para mí. Tú eres todo para mí, yo te amo. Eh, amo quien eres tú, ya sabes, eres una persona maravillosa- Él no estaba incómodo encima de Marinette, estrechándola contra su cuerpo y dejando que su calidez inundara todo su ser. Okay, esos pensamientos definitivamente eran extraños tratándose de una amiga. De repente pensó que a lo mejor ella sí estaba incómoda. No estaba portándose como un caballero, precisamente. ¿Qué diría su padre? El joven se incorporó y la ayudó a levantarse.
-Lo siento, no quise eh, no quise aplastarte- La chica se rió, él estaba incómodo. Usualmente era ella la incómoda. Se dio cuenta de que no estaba tan nerviosa como debería en una situación así. Tal vez haber pasado toda la tarde con el joven sosteniendo su mano y acariciándole el cabello tenía algo que ver.
-No te preocupes, Adrien. Estoy bien-
-Así que una persona maravillosa…- Él meditó.
-Deberías decírselo a mi padre- Escupió con amargura.
- ¿Qué pasó con tu padre? Ganaste el torneo, porque eres un campeón y nunca te rindes, ¿Qué pasó después? –
-Después yo, eh, yo quise celebrar que había ganado-
-Oh, el video-
- ¿Ya lo viste? – Marinette asintió.
-Me gustó mucho, es decir, estuvo genial-
-Bueno, mi padre no pensó lo mismo. Él me dijo que, me dijo que hice el ridículo, agh, me dijo que no estoy a, a la altura y no sabe si algún día lo estaré- Marinette frunció el ceño. De repente, quería asesinar a Gabriel Agreste con sus propias manos.
- ¿A la altura de qué, Adrien? –
-De, ya sabes, de sus expectativas. Dijo que, que yo…-
-¿Sí? Tranquilo, si te hace mal recordarlo no me lo digas-
-No, quiero sacarme esto de encima. Dijo que yo no, agh, que no debería ser como soy. Que si sigo así nunca seré digno de, digno de respeto- Adrien apretó los puños, reviviendo la escena mientras pronunciaba esas malditas palabras. Marinette se cubrió la boca con una mano, horrorizada.
-No, no puede ser. ¿¡CÓMO PUEDE DECIRTE ESO?! ¿¡ACASO ESTÁ LOCO?!- Adrien abrió mucho los ojos, su boca se abrió, nunca había visto a Marinette así de molesta. No, ella estaba furiosa.
- ¿¡ES ESTÚPIDO?! No, NO FUE UNA PREGUNTA, ¡¡¡ES UN IMBÉCIL!!! ¡¡¡UN MALDITO IMBÉCIL!!!- Marinette se agarró la cabeza con ambas manos, exasperada.
-Marinette, cálmate, él es así, yo…-
-¡¡¡NO, NO ME PIDAS QUE ME CALME!!! ¿Cómo puede, Adrien? ¿CÓMO PUEDE CREER QUE EL RESPETO ES, ES ALGO QUE SE DEBE GANAR? ¡ES UN DERECHO, MALDITA SEA!
- ¿De verdad piensas eso? Pero tranquila, estoy bien, llorar me ayuda a desahogarme y…- Él no sabía qué decir.
- ¿PERO ¿CÓMO PUEDE HACER LLORAR A ALGUIEN COMO TÚ EN PRIMER LUGAR? ¡Quiero, agh! QUIERO MATARLO-
-Oye, Marinette, no te lo tomes personal, estoy bien- Repitió él, preocupado por ella. Podrían akumatizarla fácilmente en ese estado de enojo tan ferviente.
-¿Qué no me lo tome personal? ÉL LASTIMÓ AL CHICO QUE AMO, A, a mi razón para, ¡Para sonreír todos los días! ¿Cómo no voy a tomármelo personal, Adrien? – Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, Marinette se tapó la boca, pero ya era tarde. Sus palabras se repetían en la mente del joven rubio, que se sonrojó hasta las orejas. ¿De verdad significaba tanto para alguien?
-Ay no, ay no, no, no ¡Esto es un desastre!–
Marinette quería desaparecer, pero Adrien quería besarla. (Adiós, Ladybug) Pensó. Ella nunca había permitido tan dulce acercamiento por su parte, ella siempre lo rechazaba, en cambio, Marinette… Marinette lo amaba, pero nerviosa y avergonzada por poco sale corriendo. Adrien la tomó del brazo, la atrajo hacia él… y la besó. Fue apenas un roce. Un roce inesperado y dulce que hizo explotar de amor el corazón de la chica… y del chico también ¡De verdad estaba pasando! Todavía en estado de shock, ella lo abrazó y movió sus labios con torpeza, devolviéndole el beso.
-Tú…vaya, tú eres mucho más que mi amiga, Marinette-
-Adrien, he esperado tanto por un momento así contigo- Confesó, evitando sus esmeraldas. Él sonrió.
-Lo siento por haber sido tan ciego, pero te lo compensaré. Habrá muchos a partir de ahora, mi lady- Él tomó su mano y besó el dorso con delicadeza. ¿La había llamado mi lady? La mente de Marinette entró en cortocircuito.
-¿Q-qué?- Solo pudo decirle eso, mirándolo como si lo viera por primera vez. Su mente unía los puntos.
-Muchos momentos así. Seamos novios- Propuso como en un impulso. El corazón de Marinette se saltó un latido.
