Agradecido por no cruzarme con nadie allí, abro la nevera y elijo un quiché de carne de aspecto delicioso. Lo pongo a calentar a fuego medio mientras busco el postre. Una bandeja repleta de macaroons, de esos que no me permiten comer, los favoritos de Marinette, y una botella de agua mineral. Ya que está en ése lugar horrible contra su voluntad, tengo que hacerla sentir lo más cómoda posible. Considero trasladarla a mi cuarto con algún pretexto falso, así podría protegerla mucho más fácilmente, y dudo que optigami irrumpa en mi habitación. Tengo mi propio sistema de cámaras de seguridad. Sólo necesito ganarme aún más la confianza de mi padre.
Mientras pienso en eso, uno de los hombres de mi padre entra en la cocina con semblante aburrido. El tipo agarra un cuchillo y eso me pone en alerta.
"Oiga, ¿Qué va a hacer con eso?" Le pregunto, aprovechando mi posición como el hijo del jefe.
"¿Tú quién eres niñato (...) Dice sin mirarme hasta que se da la vuelta "Oh, monsieur Adrien!" El tipo cae al suelo de rodillas y me mira horrorizado. Yo me cruzo de brazos.
"Tal vez considere perdonarte esta terrible ofensa si dejas ese cuchillo exactamente dónde estaba. Como castigo, les prohíbo a ti y a tus compañeros lastimar a los prisioneros con elementos punzo-cortantes, animales dañinos, cuerdas, látigos o cualquier tipo de veneno" Le ordeno, enumerando las formas de tortura usadas por mi padre. Después, recuerdo la baja calaña con la que estoy tratando. "Oh, y sobre todo. Está terminantemente prohibido ultrajar a las señoritas. Ya sabes a qué me refiero" Tengo que proteger a mis compañeros de clase.
El tipo asiente con la cabeza, las piernas le tiemblan cuando logra incorporarse, deja caer el cuchillo y sale corriendo de la estancia. Respiro aliviado, oculto la comida para Marinette en un contenedor común y corriente y regreso al sótano.
"Ya regresé, aquí tienes" Le digo, pasándole el recipiente y la botella de agua por entre los barrotes de su celda.
Ella se queda sorprendida al abrirlo, me sonríe levemente.
"Esto es asombroso, muchas gracias, Adrien. Pero dime, ¿Están bien mis amigos?" Su semblante cambia a uno preocupado. "Por favor dime que están bien"
"Sí, Marinette. Le ordené a los mercenarios que no los lastimaran de ninguna manera. Ya veré qué le digo a mi padre si me reclama. Ahora come, lo necesitas" Le ordeno, ella obedece.
"Éste quiché está delicioso. Lo preparaste tú?" Me pregunta, mirándome con curiosidad.
"No, pero lo calenté para ti. Es lo menos que puedo hacer" Afirmo, rascándome el cuello con incomodidad. Nos mantenemos en silencio mientras ella se alimenta.
"Macaroons, adoro los macaroons!" Exclama, sonriendo y llevándose uno a la boca.
"¿Quieres algunos?" Me pregunta.
"Oh, no. Gracias, pero los tengo prohibidos"
"¿En serio, ¿Por qué?"
"Dieta de modelo, ya sabes..."
"Oh, pero te alimentas bien, verdad?" Se preocupa.
"Sí, siempre como hasta quedar satisfecho, pero tengo prohibidos los dulces como los macaroons, chocolates o croissants"
"Es una pena, Adrien"
"Sí..." Súbitamente, algo llama mi atención. Los ojos de Optigami acaban de aparecer en la pared frente a la celda con un parpadeo. Por suerte ella ya terminó de comer, pero queda la bandeja con macaroons. Se la arrebato de las manos con brusquedad y los que quedaban caen al suelo. Marinette me mira asustada.
"Es enserio, marioneta? Eres tan exasperante y lenta para todo, incluso para comer!" Le recrimino, frunciendo el seño. Algo similar a la comprensión ilumina sus ojos, dura apenas medio segundo, pero logro percibirlo antes de que su mirada se nuble.
"Yo lo, lo siento! Pero no debió arrancarme la comida de las manos..."
Se queja.
"¡Cállate! Esta es mí casa y yo hago lo que quiero como quiero y cuando quiero. ¿Es que no lo entiendes? Además (...)" Me río de forma cruel.
"(...) no debiste haberte comido eso, estúpida"
"¡Oh, no!" Marinette se sujeta el estómago con ambas manos, haciendo un gesto de dolor que parece real.
"Qué me hiciste? ¡Ah! Mi estómago"
"¿Yo? No hice nada, sólo le puse un ingrediente muy especial a tu comidita" Afirmo, observando cómo se retuerce en el suelo, actúa tan bien que merece un premio, y yo parezco un auténtico sádico. "Ahora, me dirás todo lo que sabes. No me hagas repetir lo de la última vez"
"¡Oh, no, eso no por favor!" Exclama ella. La cámara desaparece.
"Sube el telón" Le digo a Marinette, quien a pesar de todo se ríe, levantándose del suelo.
"Hacemos un buen equipo, malvado monsieur Agreste" Dice ella, yo le guiño un ojo y la veo sonrojarse.
"Tienes razón, oye ¿De verdad estás bien? Eso fue horrible" Me sincero.
"Claro que sí, es ficción, sólo tienes que hacer tu show para convencer a Hawk Moth. Bueno, ahora es nuestro show. ¿Crees que lo hice bien?" Me pregunta, dubitativa.
"Claro que sí, Marinette, eres toda una actriz" Afirmo.
"Gracias, Adrien. Oye, ¿Qué pasará cuando tú no estés? Ya sabes, tus clases de piano, esgrima, chino..."
Por un momento la miro anonadado. ¿Cómo es que sabe todo eso sobre mí?"
"Oh, no te preocupes por eso. Dejaré ésta habitación cerrada con llave. Nadie te hará daño, eso sí puedo prometértelo. Si quieres puedo dejar la puerta de la celda abierta, pero debes tener cuidado con Optigami. Nunca sabemos cuándo puede aparecer" Ella asiente.
"Lo tendré. Supongo que me vendría bien estirar un poco las piernas" Afirma, avergonzada. Yo suspiro, molesto. Ella no debería estar aquí encerrada.
Así van pasando las semanas. La rutina es difícil de sobrellevar. Continúo cumpliendo con todas mis obligaciones. Escuela, piano, chino, esgrima. Como si nada hubiera pasado. Incluso con la compañía de Marinette, la situación no puede ser más horrible. Tan horrible como los shows que damos frente a esa maldita mariposa en la pared. Nos acostumbramos a ellos, Marinette mantiene una sonrisa en su lindo rostro, pero yo sé que está sumida en una espiral de tristeza que no hace más que empeorar. Y ¿Cómo no entristecerse? Está secuestrada, no puede ver a sus amigos, tampoco a su familia. Sus padres deben estar volviéndose locos con la incertidumbre.
