¡Hola! Primero que nada, esto me costo muchísimo por los tecnicismo y las descripciones de ejercicios. No soy gimnasta, soy crossfiter de medio tiempo, así que pueden ver que son dos campos muy distintos. Dicho esto, procedo a decir que hice lo mejor que pude, leí muchos artículos y vi muchos videos, incluso me vi un documental, espero que les guste esta idea tan poco común.


Un sueño dorado entre las manos.

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By Ackercoffee

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Ella es Mikasa Ackerman, gimnasta de elite con una larga carrera desde pequeña. En su extenso currículo como deportista se puede encontrar diversos campeonatos locales, nacionales y varios mundiales de por medio, incluidos también, horas y horas interminables de exhaustivo entrenamiento.

Con tan solo diecinueve años, acaba de terminar sus terceras olimpiadas, el resultado: cuatro medallas de oro y una de plata. Nada mal para la gimnasta favorita de los juegos en Rio 2016.

O eso es lo que las noticias del mundo dicen, porque si escucharan los reportes locales, sabrían que su logro no es tan grande comparado con héroes nacionales como Levi Ackerman quien es su tío e irónicamente es su coach.

Levi era conocido por haber ganado consecutivamente tres mundiales de gimnasia y luego a ver el oro para su país en todos los aparatos con los meniscos rotos. Lo primero ella ya lo había hecho entre los dieciséis, diecisiete y dieciocho años, marcando un récord por ser la más joven gimnasta en lograrlo, pero aquello ultimo todavía le faltaba.

Tal parece que sus hermosas y relucientes medallas doradas en barras asimétricas, suelo y barra de equilibrio, eran opacadas por una medalla de plata en salto de potro.

No era suficiente.

Con aquel pensamiento, que le daría problemas en el futuro, comenzó desde cero nuevamente a entrenar, esta vez para conseguir el oro en todos los aparatos y por supuesto en all around.

Pero Levi sabia que algo estaba mal con Mikasa, sus entrenamientos técnicos ya no parecen divertidos, de cierta manera, sabia que ella comenzaba a tener una tormenta extraña en su cabeza. Así que, peleándose con media liga gimnasta paradisiana, decidió dar un paso al costado justo en los cuatro años antes de los próximos juegos.

Mikasa necesitaba un coach que fuera más amable con ella, alguien que le diera mucha confianza y que la guiara amistosamente en los próximos juegos que la presionarían muchísimo, ya que serían allí en su hogar, Paradis 2020.

Con ese pensamiento en mente, buscó y buscó.

El primero en el que pensó fue en Erwin Smith, su propio antiguo coach que lo preparó sabiamente para los juegos en los que compitió, pero él sabía que Erwin estaba bastante añejo y manejaba un estilo que seguramente aburriría a Mikasa. Además de que, después de años de negarlo y negarlo, estaban en una especie de relación tranquila, sería bastante raro e incomodo para todos.

Perdón, Erwin. Descartado.

Después pensó en Keith Shadis un reconocido coach también, mucho menos que Erwin por supuesto, aunque este aparte del estilo bastante militar que exigía, no le inspiraba confianza. Era duro, tosco, presionaba mucho y él tenia miedo que la empujara hasta el limite o el punto donde se lesionara. No era un secreto que varios atletas se habían lesionado por la presión de este hombre.

Perdón, pero no perdón, Keith. Super descartado.

Habia una opción, que claramente Levi iba a usar en caso de que no consiguiera nada, y como no obtenía nada que lo convenciera, tenia que usar esa carta por la cual sentía algo de rechazo.

Ah, mierda.

Su última y detestable opción era un propio alumno de él, trabajaron solamente en dos olimpiadas y en los mundiales intermedios que las separaban a estas, era bueno. Tenía apenas cuatro años más que Mikasa, así que la cercanía de edad le agradaba un poco, tampoco quería dejar en manos de cualquier viejo a su querida sobrina, porque a pesar de que él no era la persona más demostrativa, se preocupaba por ella.

Eren, bajo su mando, había llegado a participar en dos juegos, en las que obtuvo medallas de los tres colores, siendo la segunda, la mejor que se había desempeñado, pero fue en esta segunda olimpiada donde su carrera se vio truncada después de un desafortunado accidente. En un salto de potro, bastante peligroso, se rompió la rodilla de tal manera que tuvieron que reconstruírsela con clavos en dolorosas cirugías. El resultado lamentablemente era que después de ello, con tan solo dieciocho años, su extremidad inferior derecha no podía soportar largas jornadas exhaustivas de preparación física del nivel que exigían la gimnasia de elite.

Visto que jamás volvería a ser el mismo en gimnasia artística masculina, Eren se retiro muy joven, pero decidió llevar toda su energía a otra cosa que aun no lo sacara del todo de ese ámbito. Luego de un tiempo, Eren Yeager llegó a sus veintitrés años con bastante experiencia en el campo de la gimnasia, así que buscó animosamente convertirse en preparador físico para la disciplina que alguna vez realizó de forma profesional.

Tal vez no tenía tanta experiencia en el coaching, pero había algo en Levi que le decía que confiara y dejara en sus manos el entrenamiento de Mikasa.

Ese algo, en realidad, era el mismo Erwin que por alguna razón confiaba en Eren. Curioso.

—Espere, espere señor. — dice Eren casi ahogándose con su agua mineral a un costado del gimnasio en donde solía enseñar gimnasia artística a pequeñas que buscaban llegar lejos. — ¿Me está diciendo que quiere que sea el coach a cargo de Mikasa Ackerman? ¿La gimnasta olímpica? ¿Yo? Pero de verdad… ¿yo?

Levi rueda los ojos cansadamente, esta a punto de arrepentirse por lo que esta haciendo. El tipo realmente parece un tonto.

—Haces muchas preguntas, mocoso. — le dice Levi ignorando el hecho de que el joven de cabellos castaños ya es todo un adulto. — Pero si, necesito que seas el coach de Mikasa para las próximas olimpiadas.

—Ah, pensé que primero era la selección pre olímpica nacional. — indica un poco atontado mientras se rasca la cabeza.

Levi revolea los ojos al ver los cabellos largos del disque coach de pequeñas gimnastas, ni siquiera tiene pinta profesional. Comienza a arrepentirse.

—Es casi un hecho de que asistirá a las olimpiadas, su ranking nacional no ha bajado del primer puesto en cuatro años. — indica Levi con ojos aburridos. — Y los pre olímpicos son pan comido para Mikasa incluidos los mundiales por aparato.

Eren tararea dándole la razón.

—¿Entonces? — pregunta el de cabellos negros con impaciencia viendo la mirada de duda del más joven.

—Si, si, me interesa. — contesta él tragando dificultosamente. — Nada más que es un poco intimidante estar solo con ella, quiero decir… hum…

—La admiras. — Afirma Levi suspirando con agotamiento.

Eren se siente atrapado. Si, bueno ¿Quién no había visto las rutinas de Mikasa en televisión cuando le tocaba hacer su parte en Rio? La chica era bastante buena y él, que entrenaba sus ojos para detectar detalles viendo campeonatos tras campeonatos y por supuestos los juegos, no le había sacado el ojo de encima.

¡Solo eso, nada más!

—Mmm… creo que sí.

Casi arrepintiéndose, por quinta vez en el día, Levi toma una decisión y así se lo informa a su gimnasta días después, en un discurso bastante extraño.

—Por ahora necesito que te concentres y empieces a pensar más en ti. – le dice Levi una mañana de primavera después de que realizará una complicada rutina en suelo. – Y espero que te empiece a importar una mierda lo que dice la prensa.

Mikasa se pasea aburrida por la colchoneta sacándose las vendas mal puestas de sus muñecas. Da un suspiro de cansancio cuando se da cuenta que Levi divaga en su discurso aburrido.

—Si, bien. — contesta ella deteniéndose para verlo de costado.

Por el rabillo del ojo puede ver movimiento en la zona de entrada al gimnasio, sin embargo, no le da importancia. Espera paciente por lo que sea que Levi quiere decirle.

—Escúchame, Mikasa. – habla él cansino. — Me temo que te he estado presionando mucho y realmente no quiero que colapses.

La chica lo mira con marcado cuestionamiento cuando escucha hablar de esa manera a su entrenador, porque para ser sinceros, Levi no era de muchas palabras.

Una voz ahogada saluda desde el fondo fuertemente, haciendo que ella mire curiosa por unos momentos. ¿Qué demonios? ¿Ese no es...?

—Me tomé la libertad de hablar con la liga, así que vas a tener un nuevo coach.

Ella enarca una ceja en el momento justo que el dueño de la voz serena llega alado de su tío Levi.

Eren Yeager, un atleta olímpico retirado que ella admiraba mucho por sus logros y alguien que había sido prácticamente su inspiración y, además, le parecía uno de los gimnastas más bonito con los que alguna vez se cruzó, aunque él tal vez ni se acuerde por lo mayor que era.

—Si, bueno, deja de mirar el gimnasio como idiota y preséntate. — le dice Levi al recién llegado dándole un codazo en el costado.

El reprime un pequeño gritito en el momento justo que ve a Mikasa mirándolo fijamente sin saber del todo que es lo que está pasando.

—Mm, okay… — murmura él. — Bueno, soy Eren, Eren Yeager y Levi quiere que sea tu coach, sí, eso mismo.

Mikasa se queda en silencio por unos momentos procesando lo que dice aquel ex gimnasta ¿Por qué un nuevo coach? ¿por qué justo ahora? Y lo más importante de todo ¿porqué un coach tan joven y atractivo como Eren Yeager?

Algún ruso estaba pagando a Levi para que distrajera a la favorita de Paradis a ganar el oro, si, seguramente era eso. Vendiste el oro de tu gimnasta estrella, maldito Levi traidor.

—Sé que apenas tengo cuatro años más que tú. — indica él con cierta pizca de nerviosismo pintada en sus facciones al ver que la chica lo mira de manera fría, aunque sabe disimular bien aquel sentimiento de incomodidad. — Pero como sea, espero que nos llevemos bien y me esforzaré para ayudarte en lo más que pueda.

—¿Levi? ¿es enserio todo esto? — pregunta ella de repente girando para quedar de cara al más bajo de la escena.

Eren se siente muy pequeñito en tamaño por lo mal que lo ignoraron.

—Si, así es. — informa el mayor con autoridad. — Y no digas que fue de repente, porque apenas empezaste a entrenar para Paradis 2020 así que es un tiempo bastante razonable.

Ella no sabe que replicar en esos momentos, hasta que Levi vuelve a hablar de nuevo.

—Escúchame, tiene cara de idiota, lo sé. — el "oye" en tono ofendido de Eren no lo detiene para nada. — Pero me han dicho que suele detectar errores en las rutinas rápidamente, dale una oportunidad y si no te gusta trabajar con él, me encargare de patearle el culo yo y volveré ¿está bien?

El chico mira pasmado a ambos mientras que Mikasa simplemente atina a decir:

—Mm, suena justo.

Ella se va caminando a su siguiente aparato entretanto Levi aprovecha para darle algunas indicaciones a Eren, le dice que estará a prueba por un tiempo y que él vendrá constantemente para supervisarlo, luego se retira diciéndole un "buena suerte"

¿Por qué Buena suerte? Carajo.

Eren traga nerviosamente mientras ve a la chica colocarse las cayeras para subir a las barras asimétricas, él llega a un costado de ella sin saber que decir exactamente. Es Mikasa quien le habla luego de ponerse el polvo de magnesio en las manos y cayeras empapadas previamente en agua.

—¿Coach eh? — dice ella devolviendo su atención al chico de cabellos castaños. — No me malinterpretes, no es que este enojada contigo, simplemente es raro.

Y él comprende, después de todo, la gimnasta ha estado por un largo tiempo bajo el mando de Levi. Que justo hagan un cambio en la organización, tan así de repente, no debe ser fácil de digerir.

—Si, me imagino. — indica él concedente. — Bueno, no es lo mismo, pero cuando me rompí la rodilla y mis piernas ya no podían soportar el peso de mi cuerpo después de los saltos de salida en cada rutina, fue desastroso.

¡Pero por supuesto que no era lo mismo! Piensa Mikasa un tanto indignada. Estaban hablando de un simple cambio de entrenador contra un accidente que prácticamente le quito un sueño y le cambio la vida completamente ¿Por qué hablaba tan relajadamente?

—Se que debería tomármelo más seriamente. — dice Eren viendo la cara atónita de la chica. — Pero créeme que he dejado de sentirme mal por ello hace bastante tiempo. La autocompasión y el autodesprecio no son sanos.

Mikasa murmura por lo bajo asintiendo. Empieza a agradarle y, además, comienza a conocerlo un poco más.

—Entonces… ¿a que te dedicas estos días? — pregunta ella curiosa queriendo saber que es lo que ha sido de la vida de un gran deportista como lo fue él en algún momento.

—Trabajo en el gimnasio de un colega amigo. — habla él con una sonrisa reluciente. — Ya sabes enseño a niñas y niños o futuros deportistas de elite, como quieras decirles.

La chica esboza una sonrisa traviesa al ver lo animado que se siente al hablar sobre sus niños.

—Estaba por hacer una rutina de barras asimétricas. — Indica ella señalado el aparato. — No se si habrás visto las olimpiadas de Rio, pero hay algo que no puedo corregir y afecta mi puntaje en ejecución.

Recuerda brevemente como en los juegos pasado casi queda segunda en el podio en la final de barras asimétricas. Si no fuera por esas milésimas de puntaje que le quitaron a Annie Leonhard, una gimnasta rusa con cara de pocos amigos, por un mal aterrizaje en su rutina final, seguramente volvía a casa con dos de plata.

—Si descubres el error en esta semana, te quedas como mi coach. — informa ella con una sonrisa ladina y traviesa.

Eren sonríe de nuevo ahora con diversión, por supuesto que acepta el reto.

—Bien, entonces sube a las barras y has tu rutina. Has de cuenta que no estoy aquí.

Mikasa camina a la barra más bajita y mientras mira de nuevo a su potencial coach, antes de subir, le dice.

—Y te advierto, he estado trabajando esto con Levi desde hace meses, ni él ha podido encontrar el error.

El chico simplemente asiente dejando que se concentre para que ella haga sus ejercicios libremente.

Mikasa salta con un kip básico a la barra pequeña con sus piernas largas cerradas y dedos del pie apuntando hacia abajo. Hace un pívot para adelante buscando ganar fuerza, luego comienza a girar armoniosamente con los brazos firmes, cambia de sentido en el momento que cambia la posición de sus brazos, luego se las arregla para saltar a la barra más grande donde se desempeña con ejercicios más avanzados.

Luego de completar su rutina en los treinta segundos establecidos, baja haciendo una pirueta al suelo y aterriza con las piernas en el suelo y ambas manos levantadas al costado.

Baja las manos despabilando su postura correcta y mira a Eren expectante. Él se lleva las manos a la cabeza para tirar hacia atrás los mechones de cabello que se desparraman por delante de su rostro.

—¿Y bien? No se ve nada ¿verdad?

—Los escapulares. — dice él con confianza. — No estas trabando los escapulares, incluso apuesto que sientes dolor en los hombros de vez en cuando.

Mikasa lo mira sorprendido ¿Cómo puede haber sabido eso con solo verla una sola vez? ¡Levi ni siquiera había podido dar con ese detalle tan rápido! Además de que había descrito a la perfección un dolor constante que ella sentía en su cuerpo luego de usar las dichosas barras.

Con un poco de curiosidad, se acerca a él con brazos cruzados delante de ella. Eren piensa que esta a punto de correrlo y decirle que se vaya a la mierda, pero lo que escucha a continuación, hace que abra los ojos sorprendidos.

—Okay, entonces debo trabar más los hombros en el momento en el que apenas hago el kip a la barra ¿verdad?

Eren asiente y luego con duda, pregunta.

—¿No tienes dudas? Podría haber alguna falla diferente que no haya visto.

—No, no. Te creo. — dice ella mientras comienza a refregarse el hombro derecho. — y lo de los hombros, es verdad. Duelen mucho después de entrenar mucho en la barra.

—Creo que deberías bajar un poco la carga de ejercicios que involucren mucho los brazos, tal vez fortalecer un poco más el core y piernas mientras tanto, así te recuperas un poco. — él parece dudar por unos segundos, pero dice lo que piensa. —Rio ha sido hace unos meses, por más que ya hayas empezado a entrenar para las próximas olimpiadas, tienes que descansar.

Ella tararea dándole a entender que entiende lo que dice y que esta de acuerdo.

—Como dije, Mikasa. — dice Eren llamando su atención. — Se que es repentino, pero me asegurare de ayudarte en lo más que pueda ¿ok?

Él estira una de sus manos en busca de darle un apretón amistoso. Ella mira dudosa la mano que estira para saludarla, pero su mirada cálida y su sonrisa sincera, le aspiran compañerismo.

—Bien, confió en ti. — dice ella devolviéndole el apretón que hace que, curiosamente, el chico sonría más ampliamente.

—¡Ah, perfecto! Deberíamos empezar por… hum… ¿barra de equilibrio?

—¡Lo que usted diga, coach!

La carcajada alentadora de Eren inunda el salón, volviendo el ambiente más agradable para ambos y haciendo que una media sonrisa discreta surque los labios de Mikasa.

El tiempo pasa y sorpresivamente, para la liga de gimnasia y para el mismo Levi, hacen conexión al instante.

Las entusiastas correcciones de Eren, sus palabras de aliento y la manera constante en la que cuidaba de ella, lograron sacarla un poco del pozo oscuro en el que sentía que caía cada vez que recordaba todo el peso que venía consigo ser la atleta estrella del equipo de Paradise.

Y muy en el fondo, aunque le cueste admitirlo más que nada por cuestiones técnicas y profesionales, sabe que ha llegado a enamorarse de su coach. O esa es la realización que llega a tener un día justo en su cumpleaños número veintiuno.

Ese diez de febrero, la liga gimnastica de Paradis no quiso darle el día libre, aparte de que estaba por participar en un mundial de gimnasia para el cual venia preparándose mucho, el comité olímpico había revelado la construcción de un nuevo estadio únicamente para la disciplina de gimnasia, así que la liga no quería que perdiera el tiempo en cosas mundanas, debía entrenar para mantener el orgullo del país en alto.

—Opino que deberías salir esta noche con tus amigos. — le dice Eren con ya veinticuatro años, le gusta mantener el cabello largo a la altura del hombro porque dice que le da un toque rebelde.

—Si alguien de la liga se entera, me van a matar. — dice ella resignada mientras se coloca vendas en las piernas para practicar rutinas en suelo.

Eren revolea los ojos al escuchar su excusa, según él, no debería preocuparse tanto por lo que digan un par de viejos oficinistas ¿Qué saben ellos de entrenar si solo se la pasan sentados en sus sillas ergonómicas comiendo combos de comida rápida?

—Bueno, pero al menos dime que vamos a comer torta y espero que sea selva negra. Ah no, cierto que te gusta las tortas heladas, entonces que sean de helado de vainilla.

Mikasa queda impresionada por aquel pequeño detalle que él parece recordar muy bien, luego hace un puchero mientras niega con la cabeza.

—Están monitoreando mi dieta ¿no te dijeron? — pregunta ella estirando un poco las piernas buscando calentar músculos y articulaciones.

—Y yo les dije que se podían ir a la mierda con ese monitoreo. — resopla enojado dejando su tablilla de anotaciones a un costado donde no estorbe. — Empieza con suelo, pero tómatelo con calma. Yo volveré en unos minutos.

La gimnasta no hace más preguntas, decide iniciar con su entrenamiento del día. Eren vuelve a los pocos minutos y no le da razones por las que estuvo ausente, simplemente se dedica a hacerle un par de correcciones en técnica y postura.

Antes de que la chica termine completamente su entrenamiento, alguien le dice al entrenador que ha llegado su encargue. Mikasa ve como Eren oculta la caja colorida detrás de él, intentando que ella no lo vea.

—Mikasa, ven aquí. — le habla Eren cuando ella finalmente se coloca un pantalón deportivo ancho y una campera por encima de sus mallas características de gimnasia.

—¿Sí? Oh…

Eren abre la caja colorida, revelando una mediana torta de forma cilíndrica que esta adornada con capas de crema blanca y decoraciones en azul, en el centro, pequeñas medallas de oro y plata comestibles, Mikasa puede leer junto a estas medallas "Feliz cumpleaños, campeona olímpica :)"

—Hum… gracias. — la chica murmura con mejillas sonrojadas y no por el ejercicio de hace un rato.

—Es de helado de vainilla. Si fuera tú, lo comería ahora mismo.

Después de cantarle de manera desordenada el feliz cumpleaños, el coach parte la torta para ambos y la sirve en platos descartables.

Son esos pequeños detalles lo que han hecho que Mikasa empiece a sentir algo más que respeto, admiración y amistad por su coach, pero sabe que está mal porque si la liga se entera o incluso la prensa, intentaran crucificarla viva. Además, de que es muy probable que remuevan a Eren de su puesto.

Las próximas olimpiadas no solo son una oportunidad para ella, si no también para Eren que puede demostrar al mundo sus habilidades de coaching y brindarle prestigio como tal. Si ella gana, Eren también gana. No puede permitirse fallas, no puede hacerle esto a ambos, no.

El tiempo sigue pasando haciendo que pase un año más entrenando bajo su mando. Le va bastante bien y por supuesto que no intenta nada de ninguna manera. Se dedica pura y exclusivamente a enfocarse en el año entrante, el año de las olimpiadas en su país.

La presión y las exigencias de los dirigentes comienzan a subir como la espuma, lo que hace que el año previo a las olimpiadas en Paradis, sea muy duro psicológicamente para ambos.

—La rusa, Annie Leonhard, ha anunciado públicamente que las olimpiadas de Paradise serán sus últimos juegos, se va a retirar del todo. — informa Rod Reiss, presidente de Paradis Gymnastic, en una reunión para empezar a afinar detalles. — Lógico teniendo en cuenta que cumplirá veinticinco años el próximo año, con esa edad ya es una veterana en la gimnasia.

Mikasa se encuentra en esa reunión acompañada tanto de Levi como de su infaltable coach Eren, que ahora se ha rebajado el cabello a un largo medio, aunque ella sabe que seguramente él se lo dejara crecer de nuevo. Siempre dice que ahora si lo mantendrá corto, pero termina con un estilo bastante largo. Ya es parte de su estilo.

—El equipo ruso va a intentar buscar todo el oro en Paradis para que Leonhard se retire con gloria. — Rod mira a todos los gimnastas y coach presentes. — Obviamente no podemos permitir que eso pase. Sería una vergüenza para el país y para nuestra liga de gimnasia.

—Pero más vergüenza para la liga. — resopla despacio Eren con ironía provocando que la chica sonría ladinamente a su costado.

—Y mucho menos podemos dejar que eso pase cuando nuestro propio equipo nacional tiene a su veterana en su última olimpiada, ¿Mikasa?

Ella da un pequeño saltito cuando siente que la nombran ¿sus ultimas olimpiadas? Ella ni siquiera había hablado de eso, ni con sus padres, ni con su equipo y ni siquiera con su coach con quien aprecia hablar últimamente de todos los detalles de su carrera.

—Disculpe, señor Reiss, pero en ningún momento hemos dejado en claro que sean las ultimas olimpiadas de Mikasa. — habla de inmediato el de cabellos castaños para sorpresa de todos. —Eso de ser veterano o no después de los veinte, es una practica añeja en la vieja escuela rusa. No veo porque debería retirarse cuando nuestro equipo la ve en perfectas condiciones.

Levi asiente y murmura brevemente dándole la razón al coach mientras que Reiss enarca una ceja en indignación por la perorata de aquel joven. Para Reiss, Eren aun es nuevo, realmente no le importa que ya haya estado tres años entrenando a Mikasa y, además, muy bien. Tampoco importan los mundiales de gimnasia ganados consecutivamente ni el hecho de que la chica, a su edad, siga manteniendo el puesto número uno en el ranking nacional del puesto de gimnastas. Es prácticamente la gimnasta invicta del país, nadie la ha superado hasta el momento.

—Escúcheme señor Yeager y escúcheme señorita Mikasa.

Si Eren hubiera sabido que las próximas palabras de Rod Reiss harían tanto daño en la psiquis de su gimnasta hasta al punto de destruir años de confianza, seguramente se habría abalanzado contra su inflado rostro y lo habría molido a golpes.

—La señorita Mikasa ya es una veterana, veintitrés años es mucho para un gimnasta de elite, su cuerpo ya no funciona como antes, no por nada monitoreamos su dieta. — el hombre carraspea para continuar con su estúpido discurso denigrante. — Así que deberían pensar rápidamente en como convertir esa medalla de plata en salto de potro a una de oro, para que luego, cuando se retire, no se arrepienta de no haber podido ganarla y le de más honor al país.

Mikasa siente que algo en su corazón se rompe un poco cuando escucha las palabras de aquel hombre. Se quiere decir a si misma que no lo escuche, que no necesita aquello, pero no es algo que no haya escuchado antes. La prensa, los canales de chimentos, las redes, todo el país habla de su inminente retiro y destacan siempre el hecho de que aun no ha podido obtener un oro en un único aparato.

Con crecientes pensamientos destructivos en su cabeza y comenzando a desconcentrarse muy malamente, le hace una petición a su coach en su próximo entrenamiento.

—¿Yang Wei? — pregunta Eren perplejo cuando Mikasa le pregunta por aquel famoso salto que esta a borde de ser vetado de las competencias por lo peligroso que puede llegar a ser. —No, por supuesto que no.

Aquel controvertido salto consistía en un salto de manos en el resorte frontal antes del caballo de salto, luego aterrizaba sobre el trampolín saltando de manos al caballo, para luego poder impulsarse y dar tres mortales carpados en el aire antes de aterrizar sobre el suelo con piernas y pies firmes.

Se decía que si aquel salto no se realizaba con un calculo perfecto, el atleta podría aterrizar sobre su espalda o cuello en lugar de los pies, lo que puede llevar a una lesión mayor, a veces resultaba mortal. O si no se calculaba la fuerza, aterrizabas sobre los pies con grandes posibilidades de lastimarte por todo el peso del cuerpo que recibían las extremidades inferiores.

Lo más interesante de todo era que aquel salto solamente se realizaba en la gimnasia masculina, no había mujer en el mundo que lo haya realizado en una competencia por su dificultad y peligrosidad, incluso en la categoría de varones, no era común que lo realizaran por lo dicho anteriormente.

Eren sabía que tan difícil y destructivo podría ser aquel salto, nada más pregúntale a su rodilla.

—La nota por dificultad de un Yang Wei en los torneos es de 7 puntos. Es casi un pase a obtener el primer puesto en el podio. — le explica Mikasa con ansias.

—Prácticamente me estás diciendo que vas a arriesgar tu integridad física en un salto mortal por una medalla de oro. —

Eren se refriega los cabellos con irritación, realmente no puede creer aquello que escucha. Mikasa sabía de antemano la historia de Eren con ese salto peligroso que lo llevo al quirófano para que le pusieran clavos en la rodilla, sabía que lo había sacado de carrera y sabia que él valoraba su seguridad por sobre todas las cosas ¿Por qué le estaba pidiendo aquello?

— Es un no, un rotundo no, Mikasa.

—¿Piensas que no puedo hacerlo? — pregunta ella frustrada por la negativa de su coach.

Eren da un respingo de sorpresa, lo tomó con la guardia baja.

—No estoy diciendo eso, nada más estoy diciendo que es muy peligroso y no quiero que te lastimes ¿oíste?

Ella lo mira con enojo entremezclado con tristeza, él mientras tanto da un resoplo de cansancio y por un impulso que no puede frenar, se acerca a ella para estrecharla entre sus brazos.

—Sabes lo mal que quede de la rodilla ¿verdad? — dice él acariciando sus cabellos negros. —Si te pasara algo así, no me lo perdonaría.

Mikasa deja abrazarse por su coach, no sabe exactamente si está rompiendo alguna regla, de todos modos, no le importa. Ella lo estrecha aun más, si esta pasando eso ahora mismo, pues no le queda más que dejar que siga su curso natural.

—Lo sé, de verdad. Nada más creo que puedo hacerlo. — ella suspira con melancolía.

Eren se niega a dejarla ir. Con la chica entre sus brazos y apoyando su mentón en la cabeza de ella, piensa. El entrenador piensa, piensa y piensa ¿Qué hacer? Por una parte, teme por su seguridad y por otra, sabe muy en el fondo que está subestimando a la gimnasta.

Mikasa es capaz de realizar ese salto y mucho más, no por nada creó por si misma un salto triple en ejercicios de suelo, un salto que ahora muchos coachs cuestionan y están a nada de vetarlo por su dificultad.

Maldita sea.

Él se separa un poquito de la chica para luego inclinar la cabeza y terminar con frentes apoyadas, como intentando darse ánimos mutuamente.

Eren permanece con ojos cerrados y en silencio, el peso de una gran decisión máquina en su cabeza por cada segundo que pasa.

Cuando él abre sus ojos, se encuentra con las perlas plateadas de la chica a solo centímetros de sí. Irises perlinas inundadas en preocupación, tristeza y desesperación mientras miran hacia abajo algo entrecerrados.

—Escúchame. — habla él llamando su atención.

El gris plateado se encuentra con los verdes esmeraldas.

—Voy a guiarte en este salto ¿Sí? — Mikasa asiente con ojos parpadeantes. —Pero al primer mínimo accidente que ocurra, no lo vas a hacer más ¿entiendes?

Ella mueve su cabeza de arriba abajo enérgicamente con una sonrisa pintada en sus labios.

Sin pensarlo mucho, estira sus labios centímetros hacia arriba y le deja un pequeño besito en el mentón, el cual Eren reacciona sorprendido con mirada exaltada, no se lo esperaba para nada.

Cuando Mikasa se da cuenta de lo que ha hecho, se retira unos pasos avergonzada, se supone que no tendría que haber actuado de esa manera.

—Uh, yo… lo siento. — dice ella haciendo un gesto de perturbación.

Él, sin embargo, no deja que vaya lejos. Se acerca rápidamente a ella y la vuelve a estrechar entre sus brazos. Esta vez es él quien le planta un beso, pero en los labios. Un pequeño rose inocente que le transmite calidez.

—¿Esto está bien? — pregunta Mikasa con inseguridad.

Ella es una campeona olímpica de veintidós años mientras que él es un coach de veintiséis, aun considerado novato por algunos, que la ha estado entrenando desde hace tres años.

Ante los ojos de algunos no estará bien, ante los ojos de otros pues quien sabe, pero son consientes de que lo que digan los demás, es la menor preocupación ahora. Las olimpiadas en Paradis se acercan rápidamente y hay un salto que Mikasa quiere realizar.

Eren promete estar ahí para ella y guiarla, pero, sobre todo, cuidarla. Porque por más que Mikasa sea una atleta de oro para el país, para él sigue siendo una chica con sueños entre sus manos y ganas infinitas de pelear hasta el final.

Eren la besa de nuevo, está vez más con más profundidad y con más devoción, quiere transmitirle con ese beso que todo estará bien, que aquello que se plantó entre ellos por mucho tiempo y creció lentamente, no está allí para darles una preocupación más, sino para reconfortarlos y darles un espacio para descansar.

Con semblante esperanzador y cálido, Eren toma los nudillos de su gimnasta y deposita tiernamente un casto beso sobre ellos.

—Tenemos mucho para hacer ¿ok? No te presiones. — se inclina de nuevo para darle otro pico dulce sobre sus labios agrietados por los nervios. — Déjame ayudarte en todo lo que pueda.

Un sonido dulce, parecido a una risa, se escapa de la chica viajando suavemente hasta los oídos de él.

—Bien, está bien. — indica ella moviendo inconscientemente sus piernas.

Y así fue como de un día para otro, después de mucha construcción entre entrenamientos y mucho tiempo juntos, ellos comienzan algo así como una relación porque en realidad, nunca le han puesto una etiqueta como tal. Se dio de forma natural y sincera.

Levi lo sabe y creen que algunos colegas también, pero a ninguno les da la gana preguntar, es cosa de ellos, dicen.

Si a Mikasa le hace bien y no interrumpe sus entrenamientos, entonces déjala ser, se dice Levi la primera vez que escucha esto flotando entre las gradas del gimnasio y sugiere que nadie hable de lo que no sabe, que cada uno se meta en su vida. Después de todo, no es como que le sorprendiera mucho, él había intuido que la inmediata conexión de Mikasa con Eren no fue por casualidad, había algo más que no podía explicar, pero de cierta manera le recordaba a lo mismo que le había sucedido con su entrenador Erwin Smith.

—Después de todo ¿Quién soy yo para juzgarla? — habla un día él con el rubio más alto mientras ven desde las gradas uno de los últimos entrenamientos de Mikasa antes de la pre olímpicas.

Faltan solamente meses para las olimpiadas, Paradis 2020.

—Han llegado muy lejos trabajando juntos, no habría logrado lo mismo conmigo ni en un millón de años. — Concuerda Erwin. — Nada más mira ese Yurchenko doble carpado.

Mikasa, en frente de ellos, completa perfectamente el llamado Yang Wei ahora renombrado a Yurchenko doble mortal carpado. No lo ha mostrado a nadie más que a su equipo, porque en palabras de Eren, deben pulirlo un poco más, sus tobillos se doblan un poco cuando aterriza por toda la potencia que tiene la chica en su cuerpo y tal parece que no puede controlarlo.

Eren quiere creer que lo tendrá dominado del todo para la pre selección y como para ese tiempo ya la conoce tanto, de muchas maneras posibles, no se equivoca cuando ella obtiene una perfecta puntuación y consigue clasificar a las olimpiadas en el primer puesto, no solo sorprendiendo al país sino también al mundo entero por realizar, en una competencia oficial, aquel salto tan difícil.

Las ovaciones para ella no dejan de llegar, menos para Eren quien es el coach que la ha guiado para que haga tal hazaña. "La locura Ackerman-Yeager" lo llaman en la televisión y no pueden dejar de reír y sentirse orgullosos por ello. También se dice que, si ella lo realiza perfectamente en las olimpiadas, aquel ejercicio de salto será renombrado en honor a la gimnasta.

Ellos festejan a su manera aquel gran logro y se dedican a relajarse un poco antes de que las olimpiadas comiencen. Con eso me refiero a que no es que abandonan los entrenamientos, se mantienen igual y tal vez un poco más exigentes, si no que empiezan a actuar un poco más como pareja dejando un poco detrás la dinámica coach-gimnasta.

—¿Te duele algo? — pregunta él sacándole las vendas de los pies después de realizar una pasada por barra de equilibrio en aquel gimnasio en el que han estado entrenando ya por casi cuatro años.

—No ¿Por qué? — pregunta ella sentada muy cerca de él viendo como el, con manos delicadas, le masajea los pies y tobillos llenos de polvo de magnesio.

—Vi que hiciste un par de muecas cuando asentabas el tobillo derecho después de las piruetas.

Él siempre tan detallista, no había cosa que no se le pasara por alto, llegados a ese punto donde ya habían compartido un montón de cosas tanto públicas como en la intimidad, Eren la conocía lo suficiente como para darse cuenta al instante de que había algo que le incomodaba cuando hacia su rutina.

—No me di cuenta. — dice ella al instante. — De verdad, no me duele nada.

Eren le cree así que no hace más preguntas al respecto.

—Bueno, vamos a casa ¿está bien?

Ella asiente con alegría, el ultimo tiempo se la ha pasado casi viviendo en la casa de Eren ¿Qué opinan sus padres? Pues conocen a Eren mucho y les parece buen muchacho, no creen que haya algo que le puedan prohibir, sus intenciones con ella parecen buenas. Cero reclamos.

Mientras todo el entorno privado de Mikasa y Eren parecen aprobar la relación entre ambos, el mundo de la gimnasia comienza a cuestionarlo ¿es acaso políticamente correcto que un hombre mayor salga con una chica de esa edad? ¿esta bien que el entrenador tenga algo con su gimnasta? Y un montón de cosas que a veces rayan a tergiversar lo que ellos tienen.

Ellos no entienden, simplemente no entienden y no tienes que darle explicaciones. Se repite mentalmente Mikasa cuando camina como abanderada del comité olímpico de su país en la ceremonia de apertura de los juegos olímpicos, Paradis 2020.

Sasha Braus, una graciosa chica de su edad que hace su debut olímpico en tiro con arco, le dice lo mucho que su carrera como campeona la ha motivado a hacer lo suyo en su campo y además le dice que no preste atención a lo que dicen lo demás.

—Si supieran que estoy saliendo con Nicolo, mi compañero en tiro con arco mixto, te aseguro que también harían un escándalo. —

Le dice la castaña en medio de la ceremonia mientras el presidente del comité olímpico da el discurso de inauguración. El chico llega a escuchar un poco y simplemente atina a ponerse un poco rojo.

—Eso, no es nada. — le indica Jean, nadador profesional, cuando llegan a la villa olímpica y comienzan a repartirse las habitaciones en la sección que le ha tocado al team Paradis. — ¿Viste al rubio pequeñito que salió de mi habitación hace unos momentos? Es Armin, está en regata porque le encanta el agua, aparte de gustarle el agua, también le gustan los nadadores. Premio doble.

Mikasa arquea una ceja curiosa ¿acaba de sugerir que estaban…?

—Si, sí. Es mi novio, pero te juro que no estábamos haciendo nada… por ahora.

Ella simplemente atina a dar una carcajada divertida. Esa clase de cosas en la villa olímpica era común, no por nada entregaban condones gratis a todos los atletas. Había que buscar una manera de relajarse ¿no?

Sin embargo, ella parece no relajarse cuando las habladurías siguen y siguen hasta perseguirla en sus días de competencia.

Dentro de todo, lo hace bien, muy bien. En las clasificatorias, con leotardo a la medida y cabello en corte pixie peinado con bastante laca, no duda en ningún momento, aunque su entrenador nota que vacila un poco en barra de equilibrio. Dentro de todo, logra clasificar con puntuaciones alta, nada más tiene a Annie Leonhard por encima de ella en salto de potro y eso le preocupa un poco.

No lo de Rio 2016 de nuevo, por favor no.

Su tobillo parece dolerle un poco, así que Eren se dedica a hacer de medico también, vendándolo firmemente y haciéndole masajes con cremas antinflamatorias, después de todo, él tenía razón cuando le dijo que estaba un poco desconcentrada en barra de equilibrio.

Cuando una gimnasta random, que ni siquiera conoce, tira al aire con cizañas "¿Por qué se siente mal si tiene a su coach que le da atenciones especiales?" Se siente mal de repente, incluso a llega a escuchar más insinuaciones de su vida privada y lo mal que está ese accionar.

—Que digan lo que quieran, Mikasa. — le dice Eren cuando la ve mirando algún punto insignificante del suelo antes de que comiencen las finales. —Concéntrate en los que tienes que hacer ¿ok?

Ella asiente velozmente y va a hacer lo que mejor hace luego de que Eren le besa los nudillos transmitiéndole fuerzas. Parece funcionar cuando gana el oro en all around, luego en barras asimétricas con una pequeña penalización, suelo parece pan comido a la vista cuando su rutina es fluida y sin pausas, magnifica. En barras de equilibrio vuelve a obtener un pequeño percance, nada que la saque de carrera, aunque llega a dar un suspiro de alivio cuando uno de sus rivales cae estrepitosamente al suelo, no se ha hecho nada grave, pero es lo suficiente para que le bajen la calificación y Mikasa siga en el primer puesto. Otra medalla de oro.

Se siente nerviosa cuando queda la final del último aparato, pero, sobre todo, cansada y adolorida. No le dice esto ultimo a Eren para no preocuparlo, ahí está el error más grande.

—Yurchenko doble mortal carpado. Puedes hacerlo, yo sé que puedes, baja un poco la potencia nada más ¿está bien? — indica Eren cuando ella esta por subir a la plataforma de frente a la colchoneta de carrera.

—Va a salir bien, va a salir bien. — repite ella intentando darse entusiasmo.

Se empapa las manos de magnesio para evitar resbalarse, da unos pequeños saltos en el lugar buscando estirar un poco los músculos y se pone en posición.

Uno, dos y tres.

Ella hace una carrera enérgica, salta de manos antes del trampolín donde cae de pies para dar un salto al potro, allí se impulsa hacia arriba y da tres mortales en el aire. Cuando aterriza, sus tobillos se doblan haciendo que caiga con todo el cuerpo de su peso hacia atrás.

No estuvo bien ejecutado, eso se refleja en su puntuación en ejecución. Solo por décimas, esta debajo de Annie Leonhard, lo que anuncia que por el momento termina la competencia con una medalla de plata.

Pero el puntaje es lo que menos le preocupa a Eren cuando ve que Mikasa se levanta de la colchoneta con una expresión de dolor en su rostro, ensombreciendo por completo su malla de gimnasia negra con destacados ornamentos dorados.

Algo no está bien.

—¿Qué duele? ¿Mikasa, qué duele? — pregunta Eren con un atisbo de desesperación en sus facciones.

Puede ver el dolor creciente en ella, algo le pasó en ese salto y él se siente mal porque, por primera vez, no puede ver claramente que es lo que sucede. Los nervios por aquel salto lo invadieron lo suficiente como para que pasara aquello.

—¡Mikasa, dime! — exige él al ver que ella aparentemente se niega a decirle.

Un sollozo se queda trabado en la garganta de la chica, carraspea para hablar.

—Sentí un clic cuando aterricé. — murmura ella mientras se sienta a un costado con su coach, un médico también llega rápidamente al verla en mal estado. — Creo que es el tobillo.

Efectivamente, así es. Le informa el medico cuando hace presión sobre su tobillo derecho y siente una pequeña inflamación que empieza a crecer. El profesional le sugiere que no haga su ultimo salto porque se imagina el dolor físico que debe estar sintiendo.

Eren también quiere que ya no salte, una medalla de plata está bien.

—Ya estas en el podio, no tienes que demostrar más nada a nadie. — habla él tratando de hacer que entre razón.

Los ojos de Mikasa se aguan mientras escucha las palabras cálidas que el le transmite, si fuera cualquier idiota de la liga de gimnasia, seguramente le estaría exigiendo que hiciera lo que tiene que hacer, le estaría hablando del orgullo y quien sabe que más. Pero no Eren, él jamás haría eso.

Aunque Mikasa sabe que a veces es orgullosa y no puede evitar que ese sentimiento se cuele en su cabeza, queriendo saltar, aunque sea por última vez en toda su carrera.

—Tengo que saltar, tengo que hacerlo. — indica ella moviéndose en el suelo.

—¿Tanto quieres lastimarte? — le pregunta él con voz entrecortada, no le gusta para nada aquello.

—Eren, me dijiste una vez que tú también tenias miedo de este salto, pero aun así lo hiciste igual ¿Por qué?

El entrenador suspira con resignación.

—Porque quería hacerlo y quería demostrarme a mí mismo que podía hacer grandes cosas.

—Fue solamente por ti ¿verdad? — ella busca su mirada amarga. — Yo también quiero hacerlo por mí, se que puedo, por favor no me lo quites.

—¿Y si ya no puedes volver a hacer gimnasia? — pregunta él como ultimo recurso para que se retracte de la locura que quiere hacer.

—Aún te tengo a ti ¿verdad? — pregunta ella con una sonrisa.

Eren asiente ya resignado, sabe que no puede convencer a Mikasa de que haga lo contrario y recuerda que él prometió ayudarla y apoyarla, así que, es lo que hará ahora.

La ayuda a subir a la plataforma, ve con ojos ásperos como ella cojea un poco hasta llegar a estar frente a la colchoneta de carrera antes del potro. Quisiera cerrar los ojos para no ver aquello, pero aún así se mantiene atento para lo que pueda pasar.

La chica, buscando aliviar la molestia, friega su pie derecho contra el piso, como si el calor de la fricción le calmara un poco la intensa pena que se extiende en su articulación. Levanta los brazos repasando por unos breves segundos el gesto técnico del apoyo en el potro mientras mirando sus manos.

Mikasa respira hondo, corre rápidamente, luego pica, hace los mismos movimientos de antes y cuando esta en el aire dando vuelta en tres mortales escarpadas, logra caer parada.

Los jueces aplauden por la gran hazaña que acaban de ver, la poca gente en el estadio vitorea a la campeona. Ella logra levantar las manos en gesto de victoria y saludo a los presentes, aunque inmediatamente siente un dolor que hace que levante el pie derecho, porque ya no puede apoyarlo del todo.

Se derrumba en la colchoneta.

Mientras los jueces y la televisión nacional celebran la victoria de la campeona que se ha quedado con cinco medallas de oro en aquellas olimpiadas, Eren corre a ver Mikasa.

—Déjame ayudarte. — indica el con lagrimas en los ojos, iguales a las que tiene Mikasa en su rostro por la terrible punzada en su pie.

La toma entre brazos y la baja de la plataforma, la lleva urgentemente a una camilla donde un doctor la atiende rápidamente ¿el diagnostico? esguince de tercer grado del ligamento lateral con afectación del tendón, tienen que enyesarla.

Eren sostiene su mano en todo el momento en que la envuelven con el yeso, Mikasa siente que su agarre es fuerte, también lo siente temblar.

—Eren, no es tu culpa. — dice ella con la voz un poquito rota cuando el medico se va y los deja solos.

Él la mira por unos momentos indeciso y con el ceño fruncido, luego se inclina para darle un besito en los labios, ya llegó un punto donde no le importa quien los ve.

—Eres tan imprudente. — habla él contra sus labios.

Se mueve en el momento justo para atrapar con sus labios, una lagrima errante que se escapa de sus ojos.

—Si, pero aún así te quiero mucho. — indica ella recuperando un poco de color, estaba demasiado pálida anteriormente. — Aunque podría decir que te amo en realidad, pero ¿eso también es imprudente?

Eren resopla divertido mientras siente que su risa se entremezcla con un llanto creciente. No sabe porque, pero quiere llorar por lo fuerte que ella es.

—¿Qué voy a hacer contigo? — pregunta él pasando uno de sus brazos por encima de su hombro y poder atraerla consigo. También te amo y mucho, pero realmente no sé qué voy a hacer contigo.

Mikasa se ríe.

—Tal vez puedes empezar por ayudarme a retirar esas medallas de oro, porque no puedo caminar ¿te parece? — ella deja un besito sobre la comisura de sus labios y acaricia levemente la mandíbula de él. — Después podemos ver que hacemos.

—Después de esto es obvio que voy estar metido de lleno contigo en tu recuperación. — comenta él casi resoplando. — No se discute.

—Bien, me parece justo.

Horas después, cuando los aparatos fueron movidos y el personal preparó la ceremonia de entrega de medallas; Mikasa Ackerman, la gimnasta estrella del equipo de Paradis, aparece en brazos de su coach para recibir sus medallas doradas.

—Están todos mirando. — murmura ella en su oído cuando ve un sinfín de cámaras apuntándolos, no es solamente por que recibirá su quinta medalla de oro en los juegos, sabe bien que es porque están siendo demasiados demostrativos. —¿Pero sabes qué? Me importa una mierda.

Eren ríe con ganas cuando la escucha hablar así, tal vez él le ha contagiado algo de su boca ligera. Quien sabe.

Él se mantiene a su costado en todo momento ayudándola a mantenerse en pie con el yeso recién puesto. Deja que ella apoye todo su cuerpo contra él y no suelta su hombro en ningún momento, ni siquiera cuando el himno nacional de Paradis, Jiyuu no Tsubasa, suena y él no se lleva la mano derecha a su corazón.

Formalidades luego, su gimnasta está lesionada y si tiene que ser su soporte, pues lo será.

El único momento en que la suelta, es cuando la bandeja con medallas pasa por en frente de ellos y ella le pide que le coloque la medalla de oro en salto de potro, que no Mikasa no siente que sea únicamente para ella, también le pertenece a Eren.

Para Mikasa, fueron cuatro años atípicos que no se asemejan en nada a años anteriores en su preparación a las olimpiadas, para Eren, fue una experiencia totalmente nueva la cual está agradecido de no haberse negado a formar parte.

Ambos aprendieron cosas nuevas, ambos tuvieron nuevas experiencias, pero, sobre todo, ambos ahora se tienen uno al otro y están felices por ello. No saben del todo que es lo que vendrá después de todo esto, es algo incierto, más que nada no está planificado y por un momento, los dos simplemente piensan en vivir por unos momentos sin rigurosas planificaciones.

Paz y tranquilidad, por favor, aunque sea por un buen tiempo.

Cuando Eren termina de colocar la medalla de Mikasa por encima de su cabeza y le acomoda brevemente los cabellos cortos que ya han dejado de estar firmes por la laca, quiere ayudarla a subir al podio para las fotos oficiales.

Es ella quien tiene una mejor idea y simplemente decide besarlo con mucho cariño, agradeciéndole todo lo que ha hecho.

—¿Ya te dije que te amo? — le pregunta ella sin darle importancia a su alrededor.

—Probablemente. — responde él contra sus labios. —Pero no me cansaría de escucharlo una y otra vez.

A la mierda la prensa, a la mierda la liga de gimnasia. Gimnasta y coach quieren estar juntos y no hay nada que puedan hacer en contra de ello.

—Si todavía quiero seguir en la gimnasia ¿me entrenarías para las próximas olimpiadas? Paris 2023 suena muy bien. — ella sigue hablando pasando por alto el hecho de que la hablan para que finalmente al podio. — Y por favor no digas que ya estaré veterana, veintisiete años no son nada.

Una chica del staff le pide por favor que ya suba, lo que hace que ambos rían, traviesamente. Eren ayuda a que ella suba un pie, luego el enyesado mientras se asegura de que puede permanecer estable en el podio por unos momentos, sin su ayuda, le dice:

—Si claro, es una posibilidad.

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Este trabajo pertenece al dia 3 de la eremika semana en español en twitter organizado por eremika_esp el tema era "Olimpiadas AU" Para los logros de Mikasa me inspire mucho en Simone Biles y la lesión del tobillo descrita es de la legendaria Kerri Strug (aunque su coach si la presionó, Eren, no). Lo de los hombros y escapulares es algo que me pasó a mi y hablamos con mi coach (porque ¡sorpresa! en crossfit también usamos barra, nada más no hacemos esos giros raros.

Bueno, espero que les haya parecido, aunque sea, entretenido ¡Muchas gracias por leer!