Estimados lectores he vuelto después de un hiato efímero y largo de esta historia.
Los personajes pertenecen a CLAMP. La trama es de mi autoría. Sin fines de lucro como siempre.
Gracias de ante mano a quienes se han suscrito a espera de una actualización…
Y sin más… ¡A Leer!
Tokyo Blues Capítulo 2
Li Trade Center, Tokyo, Japón
Una semana después de la misión fallida…
Syaoran se pasó la mano por la cara por enésima vez en aquella tediosa junta.
Que el CEO se viera tan visiblemente molesto, mantenía a todos los presentes en expectación, puesto que Syaoran era famoso por su temperamento furioso, pero el Jefe de departamento de Finanzas continuaba dando la exposición de los números del fin de mes tratando de no inmutarse. Eriol miraba a su amigo ya sin discreción, preocupado. En realidad, lo que ocurría es que Syaoran estaba sobre pensando cosas. ¡El no era de sobre pensar cosas! Era cierto, la misión había fallado, pero ya había pasado una semana. Era una misión destinada al fracaso y habían salido vivos de milagro, sobre todo el Teniente.
Continuaba, después de todo ese tiempo, sin contarles como diablos había él escapado del prostíbulo ileso.
-Gracias a todos por su atención- El aplauso del final de conferencia, le hicieron dar a Syaoran un respingo. Se levantó como resorte con paso rápido hacia la salida sin siquiera dar alguna opinión respecto a los temas expuestos. Eriol murmuró disculpas apresuradamente para acallar los chismorreos de los demás empelados y salió detrás de su amigo.
-Eh , ¡Syaoran! ¡Espérame!- Syaoran no se inmutó por lo que Eriol le cortó el paso plantándole cara. Syaoran apretó los dientes, y se le tensaron los músculos de la mandíbula. Fulminó a Eriol con la mirada en una súplica silenciosa por que le dejara en paz por ese día.
Pero Eriol no daría su brazo a torcer.
-¿¡Qué es lo que pasa!? Sabes que no todas las misiones van a salir acorde a lo planeado. Lo de ese día fue una trampa de los Yakuza para asesinarnos. No íbamos a conseguir nada. Por los dioses, ¡Recuerda donde estás y quien eres!-Empezó hablando en un siseo, pero al final casi gritó Eriol con gesto airado en el pasillo. Syaoran debía aprender a separar la vida militar de su papel como empresario, o no lograría sobrellevarlo.
Syaoran bufó en respuesta inmediata. Bajó la mirada al suelo, como si se debatiera en algo. Cerró los ojos, suspiró y levantó la mirada para cruzarla con su mejor amigo, quien le miraba ahora con ojos llenos de preocupación.
-Está bien, Sub Teniente. Deje de dar órdenes a su superior. -Comenzó a caminar nuevamente, más calmado, rumbo a los elevadores. Eriol continuó a su lado, aún con una gran interrogante pintada en toda la cara. – Te contaré que es lo que realmente me molesta, pero me debes primero una cena- Le sonrió de medio lado al pelinegro, por fin.
-¿Qué tal un caldo casero estilo oriental y un poco de sake en aquel lugar discreto que descubrí el otro día? - Usualmente después de misiones suicidas Syaoran daba un par de semanas de descanso al equipo. Ese día podrían tomarse un par de copas sin remordimiento.
-Suena bien- Contestó Syaoran. Se excusó para darse primero un baño. Se encontrarían más tarde.
Penthouse de Syaoran Li, en Li Trade Center
Tocó el agua de la tina. Estaba perfectamente caliente, se quitó la toalla que le cubría y se metió poco a poco dejando escapar un largo suspiro por el placer que le causaba el contacto del agua caliente con sus músculos aún doloridos por la misión. Comenzaba a relajarse, viendo los azulejos lustrosos del techo de su amplio cuarto de baño, cuando en ellos, por su color verde jade, color emblema de su familia, recordó nuevamente esos ojos de pestañas tupidas.
Creía que aquella noche había logrado borrar aquellos ojos enmascarados con una botella de whiskey y no fue así.
Sintiendo una enorme frustración, se enjabonó con rudeza y se enjuagó rápidamente.
Bajó desde su penthouse hasta el Lobby del Li Trade Center, donde divisó a Eriol. Notó que él buscaba a alguien con la mirada, un tanto discreto, un tanto desesperado. Syaoran curioso miró a su alrededor de igual forma, pero no había otro ser humano cerca de ellos. Todo el personal de recepción ya se había ido por esa noche. Se encogió de hombros y llamó la atención.
-¡Ey ,Eriol! ¿Haz pedido tu auto en el vallet parking ya?- Dando a entender que definitivamente no manejaría el. Acto seguido llegó el joven del vallet parking con un auto deportivo de edición limitada, importado desde Dubai.
-¿¡No íbamos a un lugar discreto?!- Gritó Syaoran mientras se acercaba dispuesto a subirse con mala cara.
-Oh vamos, no te metas con mis gustos, es bonito y además está blindado - Eriol le giñó el ojo. Pisó el acelerador y se perdieron en las calles de Tokyo. Dejaron los rascacielos, luego los edificios, hasta que llegaron a los suburbios.
-Bueno ¿Y ahora me dirás porque estás tan de pésimo humor estos días?, no es propio de ti…Syaoran. Tu eres quien más entereza tiene de todos nosotros. Por eso eres el líder. ¿Qué pasó realmente entre el segundo en que se descontroló la situación y Fye apretó el gatillo? Me dio la impresión de que realizabas algún tipo de negociación… pero no tenía que ver con Reed, si no con un rehén ahí mismo. – Eriol vio como Syaoran mantenía un gesto impasible manteniendo su vista en el camino.
Durante todo el trayecto no salió ni una palabra de la boca del Teniente. Pero Eriol lo conocía. O bien se arrepentía de algo, o bien se avergonzaba de algo. Lo averiguaría. ¿Quizá si le metía un poco de sake al sistema?
Afueras de Tokio
Eriol se estacionó fuera de un sencillo restaurante. No había bullicio, ya había caído la noche por completo. Unas linternas rojas con figuras amarillas y escrituras en chino iluminaban la entrada. Ambos eran altos, tuvieron que inclinarse al pasar los cortinales de la entrada para poder ingresar al lugar. Sonó una campana de cristal, anuncio de la entrada de nuevos comensales. Salió una camarera de una puerta aledaña. Eligieron una mesa un tanto apartada, de madera, pero nada incómoda. La camarera trajo una vajilla de porcelana y las cartas para ordenar. Ambos pidieron un caldo de pollo al jengibre, con arroz y verduras y dos botellas de sake para cada uno.
Después de apurarse el tercer trago seguido de Sake, a Syaoran al fin se le veían los hombros relajados. La sopa le había caldeado el alma, aunque pensó nuevamente en los hechos del otro día, de forma involuntaria.
Su cuerpo al bailar, su mirada, orgullosa…inquisitiva. Toda ella, todo su porte, no aparentaba a lo que se dedicaba. Seguramente no la reconocería si la viera fuera de esos lares tan lamentables. Se llevó de manera automática otro gran sorbo de Sake y comió enérgicamente. Eriol solo le observaba en silencio. Ya con su tercera copa de licor en él mismo, estuvo nuevamente a punto de preguntar que era lo que le tenía tan distraído. Pero le interrumpió la campanilla de cristal, que anunciaba nuevos clientes en el pequeño local.
Irónicamente, a Syaoran le bastó sólo un vistazo para saber quien acababa de entrar en compañía de una recepcionista que llevaba años trabajando en el Li Trade Center. Se atragantó con un grano de arroz y comenzó a ahogarse, tosiendo como si la vida se le fuera en ello. Lógicamente ambas chicas recién llegadas, voltearon al origen del barullo.
No había duda. Syaoran lo veía todo como en cámara lenta.
Era ella. Que tonto al pensar que no la reconocería en donde fuera.
Con ropa.
Como una persona normal.
Con su cara sin aquella misteriosa máscara.
Sus negras pestañas, los ojos verde jade, con cejas finas, nariz recta, labios y mejillas rosadas y un hermoso, lustroso y largo cabello caramelo. Todo se lo había imaginado, como sería ella en realidad, en otras circunstancias. Y quedó pasmado con su arrebatadora belleza, era mucho más guapa de lo que la recordaba. Traía puesto un suéter holgado color vainilla de cuello tortuga y unos jeans claros, con tenis. Se encontraron sus miradas, pero inmediatamente la desviaron. A Syaoran se le aceleró el pulso. Lo notó. Ella también lo había reconocido al acto. Fingieron absoluta demencia . Fingieron no conocerse en absoluto. Pero no contaban con lo siguiente.
Mientras Syaoran trataba de reponerse a toda costa y ella parecía desplomarse en el asiento de la mesa que su amiga eligió, Tomoyo reconoció a ambos magnates. Eriol se levantó de la mesa en total despreocupación, como si aquél encuentro hubiera sido algo que el mismo hubiera planeado. Con galantería (y un calor furioso en las mejillas muy bien disimulado), saludó a Tomoyo, recepcionista, pero también imagen del Marketing de la empresa por su bello rostro. El Sub Teniente llevaba yendo algunas veces por semana a ese restaurante, que sabía ella frecuentaba, sin haber tenido la oportunidad de toparse con ella antes. Hoy había sido por fin su día de suerte. Es decir, en el pasado ,se habían saludado, pero el quería más, quería conocerla mejor. Quería invitarla a salir. Le gustaba y la admiraba a la distancia.
Por ahora éste encuentro lo manejaría como un encuentro casual. Pero había algo que no había planeado. Su acompañante. Su muy bonita acompañante. Y desconocida totalmente. Le causó curiosidad. Era muy bella. ¿Dónde trabajaría? . Por el aspecto risueño con el que habían entrado, parecía eran muy buenas amigas, pero estaba seguro de que no trabaja en la empresa.
¿A lo mejor a Syaoran le interesaría averiguarlo? Era muy malo para las relaciones interpersonales. No era un hombre de citas frecuentes. Sus relaciones tendían a fracasar por su tendencia a trabajar en exceso. Se le ocurrió que quizás…
Miró a Syaoran para conocer su reacción frente a la situación y descubrió a su amigo intentando reponerse de un arroz asesino, mientras el insistía con un gesto de mano que le restara importancia al asunto mientras aún tosía.
Eriol miró fugazmente al techo clamando paciencia a los cielos. Miró detrás de Tomoyo, su compañera de mesa tenía clavada su mirada en la vajilla de porcelana que tenía enfrente y estaba…¿Sonrojada?
La chica estaba hecha un tomate. Y su amigo experto en artes marciales luchaba por conservar la vida al haberse atragantado con la comida. ¿No pudo controlar sus emociones al ver a las chicas entrar? No era por Tomoyo. ¿Era por esta chica? Aquí había algo raro. Forzaría la situación para saber de una vez por todas.
La joven de nombre Tomoyo, una bonita chica de piel blanca como la nieve y ojos azules que transmitían una profunda calma esbozó una sonrisa serena y se dirigió con educación y cortesía a los jóvenes.
-Joven Hiraguizawa, buenas noches. No imaginaba que usted fuera de frecuentar restaurantes locales, lo hacía más un hombre de cadenas de restaurantes, y me alegra saber que tiene en usted el don de la sencillez. Señor Li, mis respetos y saludos- Inclinó la cabeza en una leve reverencia hacia el CEO. Syaoran le correspondió con un saludo de cabeza, renuente a mirar más allá. Esto también lo notó Tomoyo, quien lanzó una mirada perspicaz hacia su amiga imperceptible a los demás, pero no para Eriol.
Eriol casi suspiró, por si ya se le hacía perfecta Tomoyo , notó que ella pensó lo mismo. Había algo raro con sus dos acompañantes. Esa discreción, astucia y suspicacia eran cualidades que buscaba en su futura esposa.
Claro, Tomoyo aún no lo sabía, pero ella sería su esposa.
Eriol siempre sabía que quería en esta vida. Y la quería a ella.
Tomoyo vio en la mirada de Eriol un entendimiento que sintió como algo íntimo…y un brillo especial hacia ella. Pero dejó eso de lado de momento. Pensaba con rapidez. Notó algo en la esmeralda desde el segundo en que vio al CEO Li. Se le antojó extraño. Ella era risueña. Y usualmente congeniaba bien, aunque con reserva, con la gente nueva. Aunque no se conocían desde hace mucho, sentía que llevaba con Sakura el equivalente a una amistad de años. Se conocieron en una cafetería aledaña al Li Trade Center. Por solidaridad se acercó a advertirle que alguien la seguía, con mucha discreción. Que si quería podía aguardar por ayuda o transporte dentro de las oficinas. Lo que Sakura le respondió no está de más decir que la sorprendió.
-Lo conozco- Sonrió con tristeza. Calmadamente le explicó que no se alarmara. Que en su vida era así la situación y que tenía que aguantar ciertas cosas. No preguntó más. Pero se quedó con ella haciéndola compañía hasta que cayó el sol. La esmeralda se fue… a trabajar le dijo. Y el coche también se esfumó. Dentro de ese coche misterioso había una persona de mirada siniestra.
Sakura fue más veces a la cafetería y se hicieron amigas. Aunque ella volvía sana y salva una y otra vez a través de los meses …ese coche jamás la abandonó. Continuaba vigilándola. Continúa aún vigilándola. Como una sombra.
¿Un guardaespaldas? Le había preguntado la amatista. No…una especie de vigilancia. Le contestó la ojiverde. Poco a poco le fue rebelando más detalles de su intenso y triste pasado. Iba revelando detalles como que se le permitía cierta actividad libre durante el día . Otros días llegaba sin tantas ganas de hablar, pidiendo café cargado para no dormitar.
La esmeralda le había rogado no indagar más… Ella con mucha reticencia así lo hizo.
Tomoyo la admiraba. Sakura era una chica fuerte, valiente y orgullosa. Con sueños y esperanzas. Constantemente Sakura le recordaba que su amistad era el sol para ella y que le ayudaba a aguantar mejor sus circunstancias. Tomoyo deseaba hacer más por ella. La quería muchísimo. Pero tampoco contaba con los recursos para ayudarla . Era una simple recepcionista. Por ahora, le brindaba su tiempo, compañía y la amistad más sincera del mundo. Pero no dejaba de tener esa sensación de que algo estaba muy mal, que las cosas debían cambiar.
Tomó una decisión. No sería más una espectadora del destino.
Haría que cambiaran. Debía intentarlo. Por su amiga.
¿Pero cómo empezar?
-¿Estás bien Sakura? Te noto muy callada- Le comentó Tomoyo a Sakura en un tono suave. Habían pedido lo mismo que los caballeros, era el especial del día. Ellas no acostumbraban a beber, habían pedido agua simple para acompañar la cena.
Sakura la miró por primera vez desde que se habían sentado. ¿Cómo explicarle a su mejor amiga como es qué conocía al joven de la mesa de al lado? Tomoyo no sabía en que consistía su trabajo por las noches. Recordó involuntariamente lo que el él dijo. Con esa voz tan ronca… con esos ojos intensos. Las circunstancias de su primer encuentro.
-Tu precio fue… realmente estúpido… -Syaoran tuvo que tragar en seco para poder continuar hablando. –Habría…pagado con mi vida, este encuentro-
Le ardía todo su ser al recordarlo. Y no sólo eso. Estaba conciente de que le debía su total integridad. No habría vuelto a ser ella nunca más ni aunque lo intentara, después de una violación colectiva. Un escalofrío la recorrió entera y un verdadero pavor se apoderó de ella por unos segundos. Tragó saliva. Se obligó a recordar donde estaba. En un restaurante. A salvo. Pero la asaltó el recuerdo nuevamente.
Sakura palideció, mientras retrocedía poco a poco a la esquina de la habitación. Algunos Yakuza comenzaban a frotarse vigorosamente la entrepierna para provocarse una erección más rápidamente.
Se habría matado por la vergüenza. Si es que no la mataban primero para asegurar su silencio.
-Estoy bien Tomoyo. ¿De qué conoces a esas personas?-Cambió el tema de forma tajante, aunque sí que le interesaba la respuesta. Quería saber más de esa persona. ¿El joven de ojos azules también había estado allí esta noche? Sakura recordaba que el se comunicó con alguien más por alguna especie de auricular.
Miró de reojo. El joven de ojos azules disfrutaba verdaderamente de su cena, hablando aparentemente de cosas triviales. Se le veía contento. El joven de su encuentro,el chico que le salvó la vida, se llamaba Syaoran Li. Él aparentemente escuchaba tranquilo, con una sonrisa ladeada, a ese joven Hiraguizawa.
Tomoyo notó su tímido interés y sonrió.
-El joven que se atragantaba con su cena, que al parecer se encuentra mejor, es el CEO Syaoran Li, el dueño de las empresas Li y del World Trade Center de Tokyo. Es un hombre sumamente poderoso, bueno para los negocios. El joven Hiraguizawa trabaja con él, es su mano derecha y por lo que sé, amigos. El de vez en cuando baja desde su oficina a platicar amablemente con los empleados. Por eso lo he saludado. El señor Li es más reservado, es la primera vez que me dirigo directamente a él desde que fui contratada y de eso hace más de 5 años.-
A Sakura no le cuadró mucho esa información. ¿Qué hacía un hombre de oficina en un prostíbulo, con un arma, desafiando mafiosos?. Frunció el ceño pero no quería tener esa conversación con ellos a dos metros de distancia.
-Pues yo no creo que el señor Hiraguizawa baje de vez encuando a hablar con las recepcionistas y ya. Yo pienso que más bien baja a por ti, ¿no haz visto lo radiante que luce su rostro después de que lo haz saludado hoy? Es el mejor día de su vida- Ambas chicas rieron. Fue el turno de la amatista de sonrojarse. Era cierto que en las últimas conversaciones, aunque breves, sentía un extraño cosquilleo en el estómago, y le daba un vuelco el corazón cuando Eriol le sonreía. Aunque no alvergaba una gran esperanza. No de una persona tan importante. Seguro que tendría a las chicas haciendo cola.
-¿No es preciosa Syaoran? Tengo planeado invitarla a salir formalmente.-
-Pero si no haz hablado con ella mas que del clima, Eriol, por dios. Nunca te había visto ser tan torpe al ligar. Perdiste todas tus habilidades de la noche a la mañana-
-Ella es diferente Syaoran. No quiero ligarmela y ya-
-Orqueastaste todo este plan de cena para encontrarte con ella hoy aquí, ¿No es así? Maldito enfermo- Le espetó Syaoran a Eriol, quien sonrió de oreja a oreja.
-Lo que no esperaba era a su acompañante. Es muy linda. ¿No te interesaría una cita doble uno de estos días?- Syaoran gruñó al notar la penetrante mirada de su amigo. Era evidente que notó su comportamiento errático. No queriendo abordar aún el tema, le preguntó por cosas de la oficina. Se acabó el sake.
La velada para las chicas transcurrió sin mayor contratiempo. Llegó la hora de irse. Pagaron la cuenta. Tomoyo sabía que Sakura debía ir a trabajar. Se hacía tarde.
Al pararse de las mesas, los jóvenes miraron en su dirección. Syaoran había evitado mirar si quiera de reojo, no quería que Eriol notara su interés por la chica y definitivamente quería retrasar el interrogatorio que se avezinaba lo más posible.
-Señor Hiraguizawa, Señor Li, nos retiramos.- Tomoyo hizo una reverencia. Sakura se levantó al igual e hizo lo propio. Syaoran y Sakura cruzaron miradas. Ésta vez el, con la mirada un tanto viciada por el alcohol, se la sostuvo y por un momento solo fueron ellos dos.
-Señorita Daidouji ha sido un verdadero placer ésta casualidad. Espero volvamos a tener el gusto de encontarnos fuera de la oficina. - Dijo Eriol con galantería haciendo sonrojar a Tomoyo.
Los interrumpió el sonido de un teléfono celular. Todos miraron en dirección a Sakura, quien palideció al ver el número en pantalla. No pasó desapercibido para los demás. Tomoyo apretó los labios y se puso tensa. Eriol y Syaoran intercambiaron miradas por el cambio súbito de ambiente.
Contestó el teléfono en sus manos.
-Ya me pondré en camino- No dio más explicaciones y colgó. Estaba nerviosa. Ya era tarde. Debía estar hacía 20 minutos en el prostíbulo. El "vigilante" que la seguía en el coche le había llamado recordándole con falsa amabilidad que se retrasaba.
Syaoran pensó que por el tono que usó, no debía ser un familiar. Ni tampoco alguien que le propiciara mucho respeto, si no miedo. Pensó en el prostíbulo. ¿La estaría esperando un cliente? ¿¡Iría al prostíbulo?! ¿Después de que casi la violan hasta la muerte? ¡No tenía porque ir a ese lugar! Se enojó tanto que no aguantó más. Después aguantaría el estúpido interrogatorio de Eriol. No iba a contenerse. No iba a callarse esto. Aunque hubieran expectadores. Aunque quizá fuera un secreto. Aunque revelara ante Daidouji su propia doble vida. Arriesgándose a que tampoco conociera la verdad sobre Sakura. Si era su amiga lo entendería. Se pondría de lado de él.
-¿Volverás ahí? ¿Es enserio? ¿¡Después de la otra noche?¡- Paró en seco sus preguntas porque había subido el tono de voz hasta casi gritarle. Se obligó a contenerse. Le temblaban las manos, las apretó fuertemente hasta clavarse las uñas en las palmas.
-¡No tienes porque volver ahí! - ¿Por qué le interesaba tanto lo que esa chica hiciera o no hiciera? No era su problema y sin embargo, la quería aferrar contra él para que no se fuera nunca más.
-¡Si, si tengo qué! ¡Le agredezco por salvar mi vida pero no puede interferir nunca más!-.
Vaya eso si que ni Eriol ni Tomoyo se lo esperaban. La esmeralda y el Teniente sí que se conocían.
-¡Pero que estúpida!- Dijo mordáz e hirente Syaoran. Tomoyo se llevó una mano a la boca por las palabras duras del CEO, y a Sakura comenzaron a brotarle las lagrimas sin poder creer lo que escuchaba. Eriol estaba con los ojos muy abiertos, por primera vez sin saber como intervenir.
-¡Usted no conoce las circunstancias de mi vida! ¡No tiene derecho a juzgarme! – Sakura quería continuar, pero se le quebró la voz y salió corriendo del local. Tomoyo les dio una breve reverencia, fulminando con la mirada a Li sin importarle su posición y se fue corriendo tras la esmeralda.
Al salir, a Sakura la estaba esperando un taxi. Pre pagado. El conductor ya sabía el destino y la ruta a tomar.
-¡Sakura espera! ¿De que hablaba el señor Li?- Tomoyo la tomó de la mano antes de que ella se subiera al taxi. Sakura se la apretó dos veces. Era una seña secreta entre las dos. Indicaba que no podía decirle nada en ese momento. Pero Tomoyo leyó en su expresión que le contaría todo después. La amatista se tranquilizó sólo un poco. Ambas tenía los ojos llenos de lágrimas, amenazantes por brotar.
-Nos vemos mañana para tomar café, Tomoyo- y sin más, se subió al Taxi.
Pero Tomoyo no dejaría las cosas así.
Dentro del local, Eriol recuperó el habla.
-¿¡Pero que clase de imbécil eres para gritarle así a una dama?!-
Syaoran aún tenía la respiración irregular.
-Ella estaba ahí Eriol…- Los ojos azules como el mar profundo de Eriol se abrieron de par en par sin poder dar crédito a lo que escuchaba. Syaoran prosiguió.
-Es...Una prostituta. Todo parte del numerito. Pero los hombres…y su asquerosa mirada en ella. Sin escrúpulos. La iban a violar. Quise intervenir por ella. ¡No pude evitarlo!. Sin embargo Meñique desde el inicio no iba a permitir que yo saliera con vida. Iba a hacer un chivo expiatorio para ustedes. A mi me iban a meter una bala entre las cejas...Pero ella…a ella la hubieran torturado hasta la muerte…-
Eriol lo escuchaba comprensivo. Así que eso era lo que le molestaba… su amigo no estaba con el humor de un demonio por que la misión hubiera fallado, si no porque no se daba cuenta que a él le gustaba y le intrigaba aquella chica y se sentía exasperado por que le preocupaba ella.
-¿¡Pero que clase de caballero es usted para gritarle así a una dama?!-
Ambos hombres dieron un respingo y giraron inmediatamente sus cabezas con incredulidad directamente a la alterada voz de la señorita Tomoyo, que entró aireada como un torbellino tropical. Sus ojos color amatista brillaban como diamantes.
Syaoran tuvo que abrir y cerrar un par de veces la boca antes de poder tener voz. No recordaba la última vez que alguien que no fuera parte de su equipo alfa o siquiera Eriol le hubieran dado alguna reprimenda por sus acciones. Empero, ya más calmado, reconoció su horrible falta de tacto.
-Señorita Daidouji. Haciendo caso omiso de nuestras posiciones como empleador y empleada, le doy absolutamente la razón. No me comporté de la mejor manera. Sin embargo, estoy segura que usted estaría de acuerdo conmigo de usted saber, a donde va su amiga todas las noches. Pero yo no estoy en el derecho de mencionarle una sola palabra hasta que ella no le conceda los detalles. Detalles que estoy segura le ha ocultado, para no ponerla en peligro-
Tomoyo entrecerró los ojos. Ella podría ser una recepcionista común, pero siempre había tenido más en ella para dar, y ahora tenía una amiga a la cual por sobre todo respetaba, y quería. Quizá ella no podría ayudar a Sakura sola. Pero intuía que el joven Li, y el joven Hirqguizawa podrían quizá…
-Por lo que yo sé… y por lo que acabo de escuchar de usted… ella en efecto está en serio peligro. Cosas de su pasado, la acosan. Una sombra perversa. Un poder inigualable la ata a un ser despreciable. –
El Teniente y el Sub Teniente se miraron entre sí turbados. Tomoyo hasta ahora solo había acariciado con la punta de sus delicados dedos una puerta en la que no sabía que había detrás. Con que inquietante exactitud había descrito a lo que Syaoran y Eriol mismos se enfrentaban…Sin embargo, ninguno de los tres sabía a ciencia cierta con que peligrosa profundidad estaba Sakura ligada a la poderosa e implacable mafia.
Ambos caballeros acordaron de manera silenciosa que ni Tomoyo ni Sakura debían conocer sus identidades secretas, por su bienestar, aunque por supuesto la ojiverde sabía perfectamente que ellos dos no eran simples empresarios, entre menos detalles conociera de ahora en adelante, mejor la salvaguardaban.
-Señorita Daidouji, tenemos…ciertos contactos, ciertas formas de ayudar a la Señorita Sakura. No será un camino fácil y por supuesto, tampoco seguro, permita a nosotros hacer más averiguaciones e investigación y no intente hacer nada por su propia cuenta. ¿Queda claro?-
Tomoyo lo tomó como que debido a su poder e influencias en el mundo empresarial, ellos sin duda tendrían medios para averiguar qué sucedía y como podían ayudar a su amiga. En ese momento ni si quiera se imaginaba la doble vida que llevaban como espías y militares de su propio país. Asintió con vehemencia y decisión.
-Dicho lo cual, señor Li, por favor, disculpe mi indebido comportamiento hacia usted. No me he comportado a corde a mi posición. -Tomoyo hizo reverencias profundas y enérgicas en retalía aferrándose a su puesto de recepcionista.
-No, no, ya basta señorita Daidouji, ya le he dicho que habíamos dejado en ese momento la relación empleador y empleada. Levánte ya su cabeza antes de que se maree.- Dijo Syaoran en un apuro mientras Eriol le miraba con una cara impaciente y su tupida ceja negra levantada en señal de reproche.
Se rompieron las formalidades y se descargó el ambiente. -Gracias señores, pensé por un momento que había perdido el trabajo de una vida- Con visible alivio y un suspiro después, la señorita Daidouji le dirigó una amable y afectuosa mirada al joven Eriol, quien se sintió derretir por dentro y a Syaoran, quien se despeinaba la melena corta chocolate y sonreía de vuelta.
El grupo salió del restaurante al cabo de unos momentos. Eriol se ofreció galante sin aceptar negativa a llevar a la señorita a su domicilio. Syaoran le dio un punta pie discreto en la espinilla a su más grande amigo, pues sabía perfectamente la doble intención. El oji azul se moría por averiguar a toda costa en donde vivía la joven recepcionista.
Mientras tanto, en la trastienda que hacía las veces de almacén, se encontraba un joven que se aproximaba también a la treintena. Había estado apoyado todo el rato en la pared, que había descubierto dejaba oir toda conversación ajena en aquel sencillo restaurante. Cabello negro, corto, tez tostada producto de incursiones recientes en el turbulento Medio Oriente. Se paraba recto como un soldado, y sin embargo, vestía el atuendo nuevo de un cocinero. Lo habían contratado recien. Uno de sus múltiples trabajos de medio tiempo. Le habían madado de la cocina a traer navos, pero el que tenía en la mano lo había reventado con la fuerza tal con la que lo había estado sosteniendo, mientras escuchaba la conversación que había tenido lugar con los jóvenes que habían estado segundos antes en el restaurante.
Palpó su almidonado delantal y sacó un dispositivo negro .
-Fever. Biz. Indumentary. Inquisition.- Pronunció en un perfecto inglés . Sonó la estática de el radio. Le confirmaron la clave por el otro lado, y presionó el botón de comunicación nuevamente.
-Los japoneses volverán pronto a la acción- Dijo.
Touya Kinomoto. Practicaba a diario la paciencia pero le costaba a medida que pasaban los años, cada vez más contenerse. Era como un poderoso y hambriento león enjaulado, un haz esperando a ser sacado bajo la manga. Un agente de primera clase. Especialmente entrenado con un único objetivo en la cabeza; Destrozar a los yakuzas y con ello recuperar a la única familia que le quedaba. Era su razón de existir, y la razón por la que había entrado a la agencia federal de seguridad de Estados Unidos. Al ser huerfano, inmigrante, con un asombroso intelecto y talento, se le había reclutado casi de inmediato.
Touya es hermano de Sakura, sin embargo, el sabe que ella probablemente no le recuerda, o no piensa en el amenudo, o incluso le cree muerto. No cree ni que recuerde su cara. No tenían como sacarse fotografías cuando eran niños, en una alejada, pobre y costera aldea en China. Sin embargo, por si acaso trabajaba de encubierto por miedo a que le reconociera pues era el vivo retrato de su padre, ahora de adulto. Se lamentó por mucho tiempo haberse ido a buscar mejor fortuna a América del Norte, pero cuando las cosas comenzaron a fluir y el consiguió visado al tiempo que se formaba en la preparatoria y tenía un trabajo estable, hizo un trato para pasaje completo para sus padres y su hermana con un grupo misterioso que traía gente desde Asia.
Nunca logró reunirse con ellos.
Más tarde averiguó por sus contactos, ya en la formación en la escuela de inteligencia que sus padres enfermaron y murieron durante el cruce del Atlántico Norte, pero no logró averiguar si su hermana había pisado si quiera tierra estadounidense y aún algunos años más tarde ya en servicio activo, solo logró encontrar una pista de su nombre y descripción escritos en chino…nada más y nada menos que habiendo siendo víctima de trata de blancas… y que se encontraba en Japón.
Entonces, logró entrar a la mayor organización policiaca internacional, la Interpol, con la esperanza de encontrarla y rescatarla. Con su ascendencia oriental y el dominio del chino, japonés, inglés y un tanto de árabe y turco, se fue abriendo paso en su ascenso, hasta que logró harcese responsable de las operaciones encubiertas en el país del sol naciente. Los brazos de la justicia internacional le habían hecho colaborar con los altos mandos orientales e incluso conoció a Syaoran Li alguna vez, en una única y exclusiva lecció que le pidieron prestar en la formación militar de combate de su grupo de operaciones especiales recién formado.
Casi perdía su coartada aquella noche por rescatarla antes de lo previsto. Sólo se había detenido de quebrar su juramento de que no podía mezclar su propio deseo unipersonal y actuar bajo sus propios métodos en contra de las reglas inquebrantables de la ley internacional bajo la que se regía, porque ese tal Yakuza de nombre y rostro aún desconocido para él, la había protegido de alguna forma contra la prostitución en forma.
Pero primero se moriría agujereado a balazos antes de que tocaran un pelo de su hermana. Nunca más….
Y entonces el Teniente Syoran Li con su estúpida gallardía había intentado negociar al tiempo de intentar evitar que la lastimaran, aquella noche de su reunión con el informante sin meñique. Reconocía que tenía agallas y una gran agilidad mental y que de paso en vez de salir frío, muerto y tieso, había salido ileso de aquella misión a todas luces destinada a fracasar. También había evitado que le hicieran daño a su hermana de momento.
Sabía que tenía que ponerse en contacto con el grupo de fuerza especiales japonesas, pero sus superiores en Estados Unidos aún estaban arreglando esa delicada incursión política que supondría la presencia de Estados Unidos en la eterna lucha de la fuerza policiaca de japón con sus propio crimen organizado. Faltaba poco… pronto se contactaría con él. Con el legendario Teniente Syaoran Li.
Touya salió con navos limpios. Se dirigió a la cocina fingiendo haber estado quitándoles la tierra y desinfectándolos. Por eso claro, había tardado tanto en la trastienda.
Y así, la maquinaria del destino arrancó.
¿Qué les ha parecido el segundo capítulo?
Sin duda veremos bastante acción y una historia de romance doble con nuestras parejas habituales Eriol y Tomoyo, Sakura y Syaoran.
Por favor. Reviews! Ésta es la manera en que me dan más ánimos para continuar.
