Sentado contra la ventana que da justo a la avenida debajo, en el tercer piso del edificio, un chico resopla por quinta vez mientras tiene apoyada la frente contra el vidrio. Las pequeñas nubes de vapor que emanan de sus labios se estrellan empañando el vidrio recubierto, desde afuera, por gotas de rocío matutino.
Accidentalmente enamorado.
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By Ackercoffee
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Es temprano en la mañana, siete de la mañana de hecho. Nunca se consideró así mismo como una persona madrugadora, pero ahora mismo; el insomnio de la noche y la última conversación por teléfono con su mejor amiga antes de ir a dormir, lo sacaron inmediatamente de la cama cuando los rayos del sol apenas se colaron por las rendijas de la persiana de su habitación.
Se aparta rápidamente para masajearse las cienes frustradamente cerrando los ojos con molestia en el proceso, agradece internamente no haberse delineado los ojos anteriormente porque habría sido un desastre.
Frustración, desesperación y ansias, es todo lo que siente Eren en esos momentos y todo por culpa de la chica que duerme plácidamente en la habitación al costado de la suya.
Ah, de solo pensar en ella un revuelo de mariposas parece hacerse presente en su estómago cubierto por la camiseta de Bring Me The Horizon. Mikasa, ella siempre tan preciosa con sus vestidos de verano y sus combinaciones de atuendos que él cree que saca de Pinterest, en palabras de Eren: Una chica normal, pero SU chica normal y bella ¡Su princesa oscura!
¡Mierda! ¿Cómo se supone que va a hablarle de eso a su compañera de piso?
—Escúchame, Eren. Es muy fácil. — comienza a decir Historia con tono chillón al otro lado del teléfono, ayer en la noche. —Esperas que ambos estén en algún lugar en común del departamento y ¡listo! Se lo dices sin vacilar ¿Entiendes?
¡No! Por supuesto que no era así. No era nada fácil para él ir y decirle a la chica con la que convivían como amigos, que tuvieran una especia de… ¿cita? Para empezar, no se supone que alguien como él se hubiera enamorada de una chica tan hermosa como lo es Mikasa.
Eren suelta un lamento inteligible entretanto la laca de sus uñas negras se encuentran con la piel de su cuero cabelludo, se refriega desordenando los cabellos castaños largos que casi tocan sus hombros.
—Por tus lamentos de imbécil, me imagino que no, no es fácil. — Dice ella ahora con tono fastidioso haciendo denotar su pasado de abeja reina.
Si el chico pudiera haber visto a su amiga a la cara, habría sido fulminado por un revoleo de ojos celestes pintados en cansancio. ¿Cuántas veces habían tenido esta conversación? Ya había perdido la cuenta.
—No, no lo es. — habla él ahora tirándose de espaldas contra el colchón y hablando en todo momento con tonos bajos, no quiere despertar a la chica que seguramente ya se encuentra descansando en la habitación contigua. — Y no hay necesidad de insultos, por dios.
Eren escucha un par de refunfuños de la chica del otro lado, sin embargo, él los ignora adrede, pidiendo al techo de su habitación, cubierto por posters de bandas de metal, por un poco de paz mental. Cuando ella termina con su sesión de berrinche nocturno, vuelve a hablar tranquilamente, como si nada hubiera pasado.
Historia y su dualidad extrema.
—Eren, tienes que invitar a salir a Mikasa. — dice ella ahora autoritaria. — Si sigues esperando que alguna especie de milagro pase, pues déjame decirte que conseguirá algún otro chico lindo por ahí que la lleve a todos lados.
Otro resuello resuena en el eco de su morada de paredes cándidas, aunque eso no impide que la chica siga con su tarea de vacilarlo.
—Y además… — ella detiene su perorata. Eren quiere creer que no va a decir nada malo, pero lo que escucha a continuación, le provocan ganas de llorar. — Le va a dar besitos, muchos besitos, incluso va a llevarla a la…
—¡Basta! — grita él con cólera provocando que su voz suba varios decibeles.
Cuando se da cuenta de su arrebato infantil y de que podría estar perturbando el sueño de su compañera de piso, se tapa rápidamente la boca pensando en miles de maldiciones por ser un bocón escandaloso.
Historia no deja de reírse al otro lado de la línea.
—Bueno ¿pero entiendes que es lo que va a pasar? — sus palabras se entremezclan con risas de burla que se escapan sin darle tregua al muchacho.
¿Cómo puede haber tanta malicia en una persona tan pequeñita? Misterios misteriosamente misteriosos.
—Okay, entiendo, sí. — dice él con tono derrotado entrecierra sus ojos delineados en negro que aún no se ha lavado y luego habla de nuevo. — Pero sigue sin ser fácil ¿entiendes?
Historia da un suspiro sonoro de cansancio desde el otro lado, por los movimientos que escucha Eren, intuye que se está acomodando en la cama para escuchar sus interminables quejas.
—Bueno, bueno, dime ¿Por qué es difícil? — pregunta la chica ahora con tono tranquilo.
Es gracioso que Historia pregunte por algo que ya sabe, pero si ella quiere oírlo quejarse de eso por quinta vez, entonces aquí va de nuevo.
—Ella es muy bonita, se viste muy bien, esta presentable en todos lados, se destaca en muchas cosas y estudia una carrera difícil. — dice él enumerando las razones por las cuales piensa que Mikasa es mejor que él. — Mientras tanto yo… hum… no he salido de mi etapa gótica desde la adolescencia y apenas conseguí un trabajo en una radio donde no me dejan poner música de Bring Me The Horizon ¿sabes lo que daría por dedicarle Drown desde la radio?
Básicamente era eso por lo cual Eren; un gótico dedicado, de largos cabellos castaños, uñas pintadas de negro, mangas de tatuajes en sus brazos y con piercings incluidos en la lengua; pensaba que nunca jamás tendría una oportunidad con su compañera de piso a quien consideraba normal.
Cuanto más pensaba las cosas, más le parecía bizarro todo el asunto; ¡Un gótico, accidentalmente enamorado, de su compañera de piso que además era su mejor amiga! (¿Y ya les dije que es hermosa hasta el punto de quitarte la respiración? Mierda, mierda, mierda, mierdaaaa.)
¡De vuelta a la tierra, Eren!
—Lo que quiero decir es que… Soy demasiado raro para Mikasa y lo que menos quiero es incomodarlo o alejarla solo porque yo este, mmm… ¿enamorado?
—Puede ser que entienda un poco. — dice la chica de manera compresiva, suavizando el tono luego de bostezar un poco. — Y si, Eren, perdona que te lo diga así, pero estas enamoradísimo de esta chica. Solamente te escucho hablar de Mikasa, Mikasa, Mikasa. No te ofendas.
Un tenue rubor se apodera de las mejillas del chico contrastando fuertemente con su conjunto teñido en negro, sí, sabe que esta hasta la mierda.
—Pero escúchame. — habla la rubia llamando su atención. — Primero que nada, no le dediques ninguna canción de Bring Me The Horizon es… eso si es raro. Segundo, es probable que solamente sea tu inseguridad y percepción poco buena sobre ti ¿entiendes?
Eren piensa una, dos y luego tres. Nah, no entiende.
—Mikasa también gusta de ti, maldito idiota. — exclama la chica ya con voz histérica. Entre el cansancio del día y lo estúpido que podía ser Eren a veces, no veía la hora de ya dormir por una vez de todas.
—¿¡Y cómo sabes eso!? — pregunta él con sorpresa.
—Fácil. Me comento de la estúpida escena de celos que le hiciste cuando te habló de Armin.
Ah, cierto. Hace unas semanas, cuando apenas comenzaba el segundo semestre de la carrera de licenciaturas en matemáticas el cual la chica estaba tomando como la campeona y genia que es, un nuevo compañero de clases apareció en la vida de Mikasa.
Y Eren sintió celos, muchos celos.
—Se llama Armin. — dice Mikasa entusiasmada después de engullir un trozo de pizza en la cena. —Es muy agradable, me gusta mucho.
Ella era estudiante de licenciatura en matemáticas, a veces solía trabajar los fines de semana cuando encontraba trabajos de medio tiempo que no interrumpieran su rigoroso horario de estudio. Mientras tanto él trabajaba en horario completo en una estación de radio, ya que su título secundario en ciencias de la comunicación le permitió obtener un trabajo para retrasar un poco más los estudios universitarios. Aunque, de hecho, Eren era bastante malísimo en los estudios y no quería meterse de lleno en algo que, según él, le tomaría años en salir.
Mejor vivir de trabajos temporales, cero preocupaciones. Filosofía de vida del gótico Eren.
—Me está ayudando con Calculo Integral. Se está tornando un poco complicada la materia. — ella agarra un vaso de refresco y bebe pausadamente, luego sigue comentando sonriente. — Si todo sale bien y ambos promocionamos la materia, cursaremos Ecuaciones Diferenciales 1 juntos y varias materias más de paso.
El chico detiene su porción de pizza a medio camino levantando la vista inmediatamente. Aún tiene puesto su uniforme del trabajo mientras que Mikasa aún sigue vestida con el atuendo que escogió en la mañana para ir a la facultad.
Ella arquea una ceja esperando por una respuesta de él.
—¿eh? Hum… ¿es un… es un compañero de clases? — pregunta Eren fingiendo desinterés mirando algún punto fijo de la pizza con papas fritas y salchichas.
—¡Claro! Entró conmigo, de hecho, vamos al mismo año. — exclama ella casi saltando en su lugar. —Por ahora solamente coincidimos en la clase de cálculo, pero como te digo, nos anotaremos juntos en varias materias del próximo semestre.
Eren no sabe que decir. Nunca la había visto tan entusiasmada hablando de otra persona totalmente desconocida para él.
—¿Pero de verdad necesitas ayuda? — dice él en tono quedo sintiéndose estúpido ¿Qué clase de pregunta era esa? ¡por el amor de dios!
—¿A qué te refieres? —
Sus palabras parecen dejar escuchar una pequeña inflexión de dulce indagación. Sus ojos grises se entornan en frente suyo mirándolo fugazmente con confusión.
Si, Eren se siente demasiado estúpido.
—Quiero decir… siempre fuiste muy buena en matemáticas, no pensé que necesitarías ayuda, tan así de repente... —
Quiere morderse la lengua, siente que cada vez que habla queda como el bufón más grande del planeta.
—Supongo que todos en algún momento necesitamos ayuda, en todos los ámbitos ¿entiendes? — explica ella estirándose en su silla perezosamente. — Y más cuando se trata de matemáticas ¡anoche soñé que resolvía integrales triples, por dios!
Él simplemente asiente tarareando dedicándose a comer lo último que queda de su cena rápida, de repente tiene ganas de terminar lo más antes posible, limpiar un poco la mesa e irse a la cama.
Nunca había escuchado a Mikasa hablar de otro chico, ahora que lo hacía, le fastidiaba. Para su mala suerte, ella decide hablar retomando el tema anterior.
—Es muy agradable. Un sol. — La chica toma la última porción de la pizza ante la atenta mirada iracunda de Eren que por supuesto no llega a notar. — Aunque bueno, con esos cabellos rubios y ojos celestes, parece un sol realmente.
La pequeña carcajada femenina risueña se escapa de entre sus labios cuando se da cuenta de lo que dice, pero no sabe que Eren quiere golpear a esa estúpida persona que parece un sol y que parece que ¿le gusta a Mikasa?
¿Mikasa, con otro hombre? ¡No! ¡No quiero eso! ¡Quiero que solamente piense en mi y nadie más! Ah dios, que patético.
—Oh, ya veo. Así que ahora te gustan rubios de ojos celestes. — El rostro de Eren permanece impasible por más que en el interior se esté casi muriendo por esos malditos celos que no lo dejan respirar. Mierda.
El tono casi mordaz no pasa desapercibido para la chica que levanta la vista sorprendida. El ceño fruncido de su compañero de piso es lo primero con lo que se encuentra.
—Eren, ¿estas cansado? — pregunta ella limpiándose la comisura de los labios con una servilleta de papel.
Él no responde, y por la furia que hace que frunza el ceño con incomodidad, no es capaz de apreciar la cara divertida de Mikasa que ya se ha dado cuenta de su irritación, que más que enojarle, en realidad le parece muy tierna.
—Deberías ir a descansar ¿Sí? Estuviste trabajando desde muy temprano. — Dice ella concedente y sin querer fastidiarlo más.
Mikasa se mueve yendo a su habitación después de limpiar la mesa por Eren. Él, como el idiota que es, se queda estático pensando en el pequeño berrinche infantil que acaba de hacer. Ella estaba ahí, toda entusiasmada contándole sobre un nuevo amigo y él decide actuar de manera cuestionable.
Eren Gilipollas Yeager.
—Y bueno ¿Qué te dijo exactamente? — pregunta Eren al teléfono disipando aquella bochornosa escena de su mente.
—Se rio mucho y le pareció bastante lindo de tu parte, aunque después se rio mucho más cuando me dijo que ni siquiera pudo mencionar el hecho de que Armin tiene un novio llamado Jean. —
Ah, ese otro detalle estúpido que no dejó que lo mencionara ese día. El tal Armin tenia pareja, que casualmente vivía también en el mismo edificio que ellos. Realmente no saben lo estúpido que se sintió Eren cuando Mikasa finalmente le presentó a Armin en uno de los pasillos de aquel añejo edificio.
Tal parece que el rubio de ojos celeste había venido de visita y ellos, volviendo de hacer unas compras al supermercado chino de la esquina, se cruzaron imprevistamente con él, quien muy amablemente les comento que su novio de hace dos años vivía en el mismo lugar.
—¡Qué coincidencia! ¿Verdad, Eren? — le dice Mikasa dando saltitos de alegría mientras los tres subían las escaleras del edificio, porque el ascensor no servía para nada. —Algún día podemos invitarlos a comer ¿está bien?
—¡Claro! Me agradaría mucho eso. — Exclama Armin entusiasmado mientras se acomoda la mochila de viaje en su espalda, Mikasa intuye que se quedara a dormir en lo de Jean. — Así Eren conoce a mi novio y deja de hacerse la cabeza por cosas que no son.
Mikasa le golpea el hombro al chico más bajo mientras un "shh" se escapa de sus labios intentando ser discreta, cosa que fracasa cuando Eren mira a ambos con gesto interrogante.
Pero Eren es lento, está en su naturaleza. Si hubiera conectado los puntos en ese momento, se habría dado cuenta al instante que Mikasa y Armin solían hablar de él y no de mala manera, si no de como una chica habla con sus amigos de alguien que le interesa.
—¿Entonces? — pregunta la rubia ya con ganas de ir a dormir.
Eren puede escuchar a la novia de la chica de fondo diciendo que ira a su departamento a golpearlo si no cuelga la llamada. Ymir se llamaba, la agradable Ymir que una vez amenazó con patearle los huevos si intentaba usar a Historia para darle celos a Mikasa ¡Ni siquiera lo había pensado! Maldita sea, mujeres violentas.
—¿Qué harás? Rápido que tengo sueño. —
Mentira, quiso decir Eren cuando escucho de manera clara como Ymir le decía a Historia "compre nueva lencería para ti, deberías ir a probártela" Aunque en el interior, él también se Moria por comprarle ropa interior de encaje para Mikasa, medias de redes, mini faldas, arneses, anillos, bodis apretados de látex y todos de color negro.
Qué bonita imagen.
Eren resopla liberando tensión mientras se masajea las cienes. Se toma unos momentos y responde:
—Okay, será mañana.
Y así fue como llego a esa situación de no poder dormir bien, darle vueltas al asunto y sentarse a meditar muy temprano contra el cristal que daba a la pacifica avenida en la que estaba el edificio donde ambos vivían.
Vamos, ya era hora de dejar de ser un cobarde, de dejar de auto despreciarse por su apariencia, era hora de arriesgarse y ver qué pasaba.
Un pequeño espasmo de sorpresa le erizo los vellos de los brazos cuando escuchó como suavemente se abría y luego se cerraba la puerta de la habitación de Mikasa.
Eren dio un último suspiro que empañó casi por completo la superficie cuadrada del cristal. Esperó un momento mientras escuchaba los suaves pasos femeninos coordinados, dirigiéndose a la cocina, donde él estaba.
Y allí la vio ya cambiada con un bonito vestido de primavera en color rosado que se ceñía sobre sus curvas abrazándola dulcemente, Eren detestaba los colores pasteles incluidos cuando Historia los usaba o cualquier otra persona, pero cuando se trataba de Mikasa, hasta le daban ganas de vestirse en tonos de esa paleta sosa de colores. Los cabellos negros cortos de la chica se encontraban revueltos dándole un aire despeinado que ni siquiera el agua ni el gel pudieron arreglar, el cabello de Mikasa simplemente era muy rebelde en horas matutinas.
—¡Hola! — saluda ella refregándose un poco los ojos.
No tiene una gota de maquillaje, sus ojos aún están pequeñitos por las ocho horas de sueño y su cabello es un desastre, pero Eren piensa que es tan bonita.
—¡Hola! — Él devuelve el saludo caminando hacia la mesada donde esta la cafetera ya lista con para que simplemente apriete un botón y empiece a filtrar café. —¿Cargado o suave?
—Como a ti más te guste. — dice ella con una sonrisa adormilada.
Mikasa camina perezosamente hacia el desayunador, luego toma asiento en una de las sillas altas junto a este y asienta con pereza sus codos sobre la superficie con un gran suspiro mientras espera por el café. Ni siquiera intenta tomarlo por ella misma porque sabe que Eren la mandara a sentarse.
—No parece que hayas descansado bien. — comenta él viendo su semblante apagado, ruega internamente que sus lamentos no la hayan despertado durante la noche.
—Algebra Lineal. Soñé con espacios y subespacios vectoriales toda la noche.
Eren sinceramente a veces no entiende que es lo que habla Mikasa, más que nada cuando se trata de su carrera, esos términos matemáticos tan complicados no son su fuerte. Aunque a pesar de eso, intenta entenderla y comprenderla.
—Bueno, hoy es viernes. — El chico comienza a buscar las palabras correctas para decirle aquello que tanto quiere que sepa. — No se si tienes alguna asignación pendiente. Mmm, tal vez podríamos... hum, no se…
—¿Salir los dos? — dice ella de repente ganándose un rezongo sorpresivo por parte de él.
Eren se da la vuelta algo consternado, pero con las esperanzas a flor de piel. El brillo de entusiasmo repentino en la mirada de Mikasa le dice que tal vez Historia no le estaba mintiendo.
—¡Si! Eh, digo, sí. Solo si tu quieres. — El muchacho se rasca la cabeza avergonzadamente, luego agrega. — Me sacare todos estos ornamentos, ya sabes, están feos.
—¡Ey, no! —
Mikasa corre hacia él para tomarle las manos apreciando unos cuantos anillos que se ha puesto temprano y también mira sus uñas perfectamente pintadas de negro ¡ni ella puede pintarse las uñas de esa manera!
—Ponte todo lo que quieras ¿sí? Ropa negra, remeras de banda de rock, jeans gastados, no sé, lo que quieras.
Eren se siente eclipsado por la forma tan bonita en la que Mikasa lo mira con sus orbes brillantes grises, parpadeando rápidamente y deslumbrándolo intensamente con su radiante sonrisa.
No le importa que Mikasa no tenga una pizca de gótica en su fachada, pero para él, ella es su princesa oscura.
—Entonces es… es una cita ¿supongo? — pregunta él agarrando con fuerzas sus manos blanquecinas bien finas entre sus propias manos que están teñida de un dulce color canela natural.
—¡Seguro!
El chico puede ver como ella se inclina un poco hacia adelante, como dándole a entender que quiere algo más, y él no es nadie para negárselo.
Apartando los cabellos rebeldes de su rostro, él se inclina para alcanzar sus dulces y tentativos labios rosados que lo han privado de un buen sueño por un buen momento.
Suaves, delicados, tersos, tiernos como plumas. Ah, son tan cálidos y le saben a gloria.
Ambos cierran los ojos dejándose llevar un poco, aunque él admite que entre abrió un poco sus ojos para ver si ella disfrutaba, todo un fisgón.
Quiere sentirla más cerca, así que la atrae desde la cintura mientras él se apoya contra la mesada de la cocina.
Delinea los inferiores femeninos con pequeñas succiones tiernas para nada apresuradas, si ella supiera cuanto tiempo estuvo deseando hacer aquello.
De repente, sus besos comienzan a bajar muy despacito por la mandíbula afilada de ella hasta legar al cuello donde deja pequeños besitos acaramelados que le arrancan suspiros suaves a ambos.
Eren se detiene quedándose escondido entre la curvatura del cuello y el hombro de la chica. Mikasa mientras tanto, siente la respiración de él y profesa que le provoca cosquillas, pero más que nada: tranquilidad.
—¿Feliz? — pregunta ella despacito después de unos momentos.
Ella lo siente sonreír contra su piel.
—Muy feliz. — afirma él dejando otro pequeño besito travieso.
—Si tienes tiempo, ¿me puedes acompañar a la universidad? — pregunta ella negándose a separarse del agarre masculino. Maldita universidad, todo arruina.
—Por supuesto que sí. — dice Eren finalmente volviendo su cabeza hacia el rostro de ella. Vuelve a acomodar las hebras de obsidiana que no quieren cooperar. — ¿Dejarías que te planche el cabello?
Mikasa resopla una risa divertida, pero piensa que un buen planchado es lo que necesita su tan desordenado cabello.
—Está bien. — indica tomando su mano para dirigirlo al dormitorio de ella y terminar de alistarse para su día universitario. — Y por favor, píntame las uñas también.
El carcajea juguetón cuando entran a la habitación femenina con decoraciones minimalistas, Se sienta en la cama rápidamente y la atrae hacia él sentándola en su regazo. Dándole un beso en el cuello, le dice:
—Lo que diga mi princesa oscura.
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Esto pertenece al día 2 de la semana eremika en español de la cuenta eremika_esp ¡aun hay tiempo de participar!
Espero que les haya gustado :)
