Capítulo X
Salió del camarote. Miró hacia ambos lados del pasillo y se cerró la bata sobre su cuello. La mañana estaba especialmente fría... ¿o era que añoraba el calor del cuerpo de Sandor?... Sonrió... Seguro que era eso. Su piel le pedía volver a sentirlo cuanto antes. Suspiró, con la sonrisa mantenida en sus labios.
Le pediría a Claire, su nueva criada, que le preparase un baño caliente, en cuanto llegase.
Enfiló el camino a su camarote, apoyándose en las paredes para salvar el vaivén del barco, sin percatarse del ruido, que los tripulantes hacían volviendo a sus quehaceres. Perdida en los recuerdos de una noche inolvidable, no sé percató, de que en ese momento, un par de ojos la estaban siguiendo.
Cuando Sansa, exultante de felicidad, cerró la puerta de su estancia, esos mismos ojos, se giraron molestos y contrariados a observar el lugar de donde había salido.
Acababa de secarse su largo pelo pelirrojo, cuando Claire volvió a entrar en la estancia. Se acercó al pequeño tocador al que ella estaba sentada y le dio una nota:
- Sir Yohn Royce me ha pedido que os entregue esto.
Sin añadir nada más salió discretamente del camarote.
Sansa cogió el pequeño sobre, de vasto pergamino, con el sello de Piedra de las Runas, y lo abrió.
Sir Yohn, con exquisita educación, le pedía que acudiese a su camarote.
Sansa lo dejó encima de la estrecha mesa, se recogió su pelo un moño alto y se levantó para ir al encuentro de quien había sido un aliado experto y fiel, sobretodo, desde la muerte de Meñique. Había subido al barco acompañando a Sansa y al hijo de Lisa Arryn, el señor de Nido de Águilas. Ellos desembarcarían en Puerto Gaviota, mientras que Sansa y el sequito de Invernalia, lo harían en Puerto Blanco.
Cuando Sansa llegó, un criado le abrió y la dejó pasar, para después abandonar la estancia, dejándolos solos.
Lo encontró con las manos cruzadas a su espalda, observando el cielo plomizo de la mañana, a través de un pequeño ojo de buey.
- ¿Hay algún problema con Robert?-. Le preguntó ella nada más entrar, algo preocupada. El muchacho estaba encerrado en su camarote con fuertes mareos desde el inicio del viaje.
- No, mi señora, no lo hay. Se encuentra perfectamente, dentro de lo que cabe...- Le dijo, suspirando. Sansa lo interpretó, como una muestra de disgusto ante el débil carácter de chico, fruto de años de consentida educación, por parte de su inestable madre.
Sir Yohn agachó la cabeza y empezó a pasearse por la estancia.
- Quiero hablaros de algo que me preocupa, y que tiene que ver con vos...
Sansa sonrió extrañada.
- Decidme...- le dijo invitándole a que se lo contase.
El caballero del Valle, tragó saliva y agachó la cabeza apartando los ojos de la firme mirada de Sansa.
- He sido participe de ciertos rumores que me han dejado profundamente desconcertado.
Sansa frunció el ceño. Por puro instinto se puso a la defensiva. La expresión del señor de Piedra de las Runas había dejado de ser afable.
- ¿Qué clase de rumores?-le preguntó.
Sir Yohn volvió a levantar la cabeza y estaba vez, sí clavó sus profundos ojos en ella.
- ¿Cuál es la naturaleza de vuestra relación con Clegane? .-le espetó sin más preámbulos.
Sansa palideció. No esperaba que la conversación tuviera que ver con Sandor.
- ¿Mi relación?... No puedo entenderos...- dijo intentando que no se notase su desconcierto.
El asintió. Se acercó a ella a medida que iba diciendo:
- Quiero que me digáis el por qué de que esté en este barco.- apenas se quedó a pocos centímetros de ella.
La futura Reina del Norte, junto las manos apretándolas con fuerza e irguió todo lo que pudo su espalda. No tenía que parecer asustada... aunque desde luego lo estaba.
- Bueno... él... - sus pensamientos se amontonan en su cerebro y no la dejaban razonar. Un terrible presentimiento se estaba apoderando de ella-... Él demostró su valor en la batalla contra el ejército de la noche defendiendo Invernalia...Además, mi hermana, tiene una deuda de vida con él, y ninguna de las dos quería que se quedase en Desembarco solo...Queremos que tenga un futuro en el Norte si él quiere... Es lo justo.
Sir Yohn enderezó su espalda y endureció la mirada.
- Mi señora..- el tratamiento que siempre le había otorgado, ahora, le sonó a Sansa, frio y vacío- .. Quiero que me expliquéis por qué os vieron salir, esta madrugada, de su camarote.
Sandor apenas había logrado dormir un par de horas. El aroma de Sansa lo inundaba todo y no le dejaba descansar.
Sentía el roce de su piel en sus manos. Al cerrar los ojos no podía dejar de ver su cuerpo y su maravillosa sonrisa... y sus ojos. Sus ojos que suplicaban que la hiciese suya, una y mil veces.
Acababa de irse y la extrañaba enormemente.
Desesperado se lavó, se vistió con prisa y salió del camarote, con la intención de comer algo, y salir a cubierta, buscando algo de aire fresco.
Sir Yohn se movió nervioso de un lado a otro de la habitación.
- ¡Os vieron salir con una ligera bata! - le gritó a Sansa. Marcando con énfasis cada una de las palabras-… ¿Qué creíais que estabais haciendo?
- ¡No podéis hablarme así... soy la futura reina del Norte! .- le espetó ella con todo el orgullo que le quedaba-. Hace mucho que nadie se atreve a gritarme de ese modo.
El viejo caballero, se paró al oírla, agachando ligeramente la cabeza, y se acercó a Sansa despacio. Su expresión cambio ligeramente, dándose cuenta de que quizás se había excedido en su vehemencia. Sansa había dejado claro, que no le temblaba la mano a la hora de defenderse de posibles ataques hacia ella o su familia… La imagen de un Meñique desangrándose en el salón de Invernalia, y de los pocos restos encontrados de Ramsay Bolton vinieron a su mente.
Se acercó despacio a ella.
- Todavía no lo sois, mi niña..- le dijo sin gritar esta vez, intentando ahora, ser conciliador-... Acudí a vuestra llamada para reconquistar Invernalia de los Bolton y salvar a Jon... .- la cogió con delicadeza del brazo-. Podéis ser una gran reina, lo sé. Os he visto tomar decisiones que muchos hombres no querrían nunca tener que tomar. Sois valiente, inteligente y decidida... Tenéis lo que hace falta, corriendo por vuestras, para ser una Reina justa, pero una olvidéis que sois la hermana del que debía ser el Rey en el Norte...- Sir Yohn hizo una pausa para volver a hablar. Su tono de voz, menos airado que antes, hizo que Sansa se relajase-... Cuando vi subir a Clegane, es cierto, que entendí vuestra generosidad hacia él, porque reconozco la labor que hizo, pero esto es inaceptable...- volvió a hacerse el silencio-. No es adecuado para una reina del Norte... Es un asesino sin escrúpulos, que no ha tenido ningún problema por luchar contra vuestra Casa, en matar, en destrozar a inocentes... Por no hablar de su edad... ¡Podría ser vuestro padre!
Sansa agachó la cabeza. No estaba preparada para discutir su relación con nadie, es más, todavía le costaba a ella entenderla.
- No sé qué decir...Es cierto que tengo que pensar en todo...pero...
Lord Yohn la interrumpió, negando con la cabeza.
- No puede haber peros, mi señora, tenéis que daros cuenta de que él no es el apropiado bajo ningún concepto... Es un monstruo asesino...
Ella también movió la cabeza de un lado a otro, negando con énfasis.
- ¡Nunca lo fue conmigo!.- exclamó, cansada, de sentir el desprecio que sentía el noble por Sandor-. Él fue el único que se preocupó por mí...- elevó la mirada-... No tenéis ni idea de lo que he vivido...
Sir Yohn pasó una de sus callosas manos por el frio rostro de Sansa.
- Lo puedo imaginar... pero tenéis que ser responsable. En el Norte no todo el mundo aceptaría una relación así...- volvió a alejarse de ella-... La continuidad de la casa Stark está en juego y depende de vos y de quien elegías como vuestro esposo...- cogió aire con fuerza-... Se crearan facciones que presentaran pretendientes y si os empeñáis en esto, incluso dudaran de vuestra capacidad para gobernar, y teniendo en cuenta, que vuestros hermanos no pueden ocupar el puesto que les correspondería por derecho, lo más probable, es que se inicie una guerra civil por el poder en el Norte...
Sansa se llevó la mano a la boca. Una parte de ella, podía ver con toda claridad que lo que estaba diciendo el noble del Valle, era cierto.
Lord Yohn siguió hablando.
- Una reina no puede comportarse como una campesina.- le dijo él, mirándola a los ojos, y añadió a continuación-... Lo que menos importa, es a quién quiera. Tiene que hacer lo correcto, porque todos dependen de ello.
Sansa quería gritar. Quería gritar a los cuatro vientos que no sabían nada de él... pero no podía hacerlo... Eran sus nobles y debían confiar en ella, ¿cómo iba a ser reina sin ellos? Les debía respeto. Todos ellos habían acudido a la leva siempre que ella los había llamado, sin una palabra de reproche. No podía defraudarles.
Agachó la mirada unos segundos. Se secó las lágrimas que caían por su rostro, se estiró el vestido, volvió despacio a la levantar la cabeza para mirarlo, y con voz firme dijo:
- Os juro que no haré nada que ponga en peligro el futuro del Norte... No puedo defraudar a mis hermanos, ni a mis padres, ni a todos los que en estos tiempos difíciles han dado su vida porque yo se lo pedí...
Sir Yohn iba a asentir, pero en ese momento, un tremendo golpe que procedía del pasillo los hizo girarse, sobresaltándolos.
- ¿Qué ha sido eso?- preguntó Sir Yohn... Acto seguido fue hasta la puerta, y la abrió de golpe.
Sansa salió detrás de él.
Enseguida pudo ver un agujero del tamaño de un puño, en uno de las paredes de madera del pasillo.
Se giró asustada, temiéndose lo peor, y vio la enorme figura de Sandor desaparecer en su camarote. Vio como cerraba la puerta, con fuerza, nada más entrar.
Sansa olvidándose de todo, por un momento, fue hasta allí, y empezó a golpearla.
- ¡Sandor! ¡Ábreme por favor! No sé lo que habrás oído pero no es... no es...- suspiró y apoyó sus manos en la puerta-... No es...- respiró hondo, sin saber que más decir.
La dura voz de Yohn Royce llegó hasta ella desde el fondo del pasillo.
- Mi señora...
Cuando ella se volvió rapidamente a mirarlo, él se limitó a hacerle una escueta reverencia y se adentró en su camarote.
Sansa cerró los ojo y apretó lo labios.
Moviendo la cabeza de un lado a otro enfadada y superada por la situación, volvió a intentar hablar con Sandor.
- ¡Por favor, tienes que dejarme entrar!
Movió el pomo de la puerta pero a pesar de que cedió, ésta no se abrió. Nadie se oía en el interior.
Apoyó su frente en la fría madera y suplicó una vez más:
- Sandor...- Está vez no levantó la voz.-... Por favor, déjame entrar...
Se apartó de la puerta y esperó angustiada unos minutos.
Nada ocurrió.
Se tapó la cara con las manos y segundos después, triste, y preocupada, volvió a su camarote.
Continuará
