Capitulo XI
Los días fueron pasando lentamente, pero al fin, vislumbraron Puerto Gaviota una mañana de cielo encapotado que amenazaba agua nieve. Los fuertes y fríos vientos que venían del Norte, hicieron que el viaje se alargase más de lo normal, haciendo que el pasaje y la tripulación se impacientase. No era bueno permanecer mucho tiempo en el mar, dirigiéndose hacia el Norte. Todos sabían que antes de llegar a Puerto Gaviota, empezarían a ver placas de hielo, las cuales irían en aumento, en su camino hacia Puerto Blanco.
Al ver la costa, la tripulación, aliviada, se preparó para el atraque y el desembarco del Señor de Nido de Águilas y de su comitiva, Lord Royce entre ellos.
Sansa había mantenido la distancia con el caballero, y salvo las comidas y cenas, que compartían con el capitán en su camarote, apenas se habían visto.
Ni un solo día de los que habían pasado desde su conversión, Sansa había dejado de pensar en ello, y en ningún momento, de esos horribles días, había logrado hablar con Sandor. Con tristeza daba por hecho, que él había oido toda la conversación. Fue a su camarote varias veces, pero Sandor nunca le abrió la puerta. Se habían cruzado, alguna vez, en cubierta, pero él se había alejado de ella sin darle tiempo a acercarse. En una ocasión, sus ojos se encontraron, y la intensidad de su mirada lo dijo todo.
Subió a cubierta para despedir a su primo. El pobre Robín presentaba un aspecto horrible. Apenas había comido durante todo el viaje, y mientras lo abrazaba, notó lo delgado de estaba. Su tez pálida y su mirada perdida le hizo preguntarse si Lord Royce, no debería preocuparse más del futuro del Nido de Águilas, teniendo en cuenta que ese futuro dependía de alguien tan débil, que del futuro de Invernalia.
Sacudió ese pensamiento de su mente. Lord Royce le hablaba por su bien, estaba segura de ello por mucho que le doliese reconocerlo, y no se merecía que ella pensase mal de él.
Le dio un beso a Robin en la mejilla y lo acompañó hasta la pasarela que lo llevaba a tierra firme. Sansa, dándose cuenta de que había empezado a llover, se apretó el cuello de su abrigo, intentando evitar que el frio se metiese dentro de sus huesos.
Robin montó en el carruaje que le esperaba a pie del barco, dedicándole un último saludo. Sansa se lo devolvió y acto seguido vio como Lord Royce cerraba la puerta y se volvía a mirarla. Sus ojos se clavaron en los de ella durante unos segundos, luego le hizo una pequeña reverencia, subió a su caballo y se alejó de allí.
Sansa suspiró. Se acercó a la borda, apoyó sus manos en la recia madera, y permaneció allí, viendo como partían y como la tripulación del barco, después de subir nuevas provisiones, levaba anclas. No quería pensar en nada, solo quería dejarse llevar por el movimiento del barco, huyendo por unos momentos, de todo lo que tendría que asumir cuando llegase a su hogar.
-Vas a coger frio. Deberías entrar...
Se giró asustada. Sandor estaba detrás de ella. Cubierto con una gruesa capa de lana, apenas se le veía el rostro.
Ella, emocionada, por su inesperada presencia, fue enseguida hacia él,
- Sandor, tengo que hablar contigo... Siento mucho lo que oíste...
Sandor levantó la cabeza y observó la ciudad que se alejaba, mientras oía a Sansa hablar. Ésta vio las profundas ojeras que rodeaban sus ojos, y se dio cuenta con sorpresa y algo de inquietud, que ya no veía la expresión dura que había visto en días anteriores...En su lugar, había… ¿resignación?
- Entiendo lo que ese viejo quiso decirte….-le dijo él sin mirarla-...Tiene razón...
Sansa sin poder contenerse, puso se mano en el brazo de él... Anhelaba tanto tocarlo... y que él la tocase.
Sandor agachó la cabeza, cogío la blanca mano de ella y la apretó con fuerza. Sansa cerró los ojos. Sandor siguió hablando en apenas un susurro.
- Me habría gustado que hubieses defendido lo que tenemos... pero no creo que estés preparada para ello...- esa frase, que podía haber sonado como un reproche, no lo fue en absoluto...- Tienes sobre tus hombros el peso de todo un reino y eso es mucho más importante que yo... mucho más... y... es verdad, soy mucho más viejo que tú, y soy un asesino y siempre lo seré... y soy un monstruo...No puedo ser nada para ti.. . .- apretó la mamdibula con fuerza- ... Debes elegir bien o tu sentido del deber acabará matándote... Los Stark sois todos iguales, siempre hacéis lo correcto... ¿por qué tú ibas a ser diferente?
- Sandor, no...quiero decirte...
-Déjame terminar...- le dijo agachando levemente la cabeza-... He pensado mucho en nosotros, en esa noche que pasamos juntos, la mejor noche de toda mi vida...- cogió aire con fuerza- ... en el futuro...y he tomado una decisión.
Sansa movió la cabeza de un lado a otro enérgicamente, temiendose lo peor. Empezó a hablar antes de que él se lo impidiese.
- Reconozco que Lord Royce me ha hecho dudar de todo, pero no puedo dejar de sentir lo que siento... por ti .- levantó la cabeza, mirando con determinación a Sandor-.. y sé que tu también sientes algo por mí... algo intenso y maravilloso...
Sandor asintió despacio. La miró a sus profundos ojos azules sintiendo que toda la determinación de la que se había armado se derrumbaba a sus pies.
Tragó saliva, cruzó sus dedos con los de Sansa, se acercó a ella y agachándose la besó con dulzura en los labios. Fue un beso suave, pero largo... como si quisiese guardar la impronta de sus labios en los suyos, pero sin querer ir más allá... Eso lo haría todo más duro.
Cuando se separó, le dijo:
- Me quedaré en Invernalia un tiempo. Trabajaré en lo que pueda para ganarme el sustento. Cuando me encuentre mejor y pueda hacerme con un caballo, posiblemente marcharé a las tierras de Gendry…
- No... No...- empezó a decir ella.
El asintió, mientras soltaba la mano de ella.
- Si, pajarito, si... Creí que podía no ser así...pero no. Esto es lo correcto. Siempre lo fue..
Se alejó de ella, dejándola sola, bajo la nieve, sintiendo como las lágrimas caían por sus mejillas.
Continuará...
