Someday (Edrazolapi-Dezis)

Por: Bkpets

Chapter 24: El origen Parte 1

O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O ▬ O

La noche había caído ya, y al igual que en días anteriores, la tormenta comenzaba a dejar ver sus estragos.

—Vaya noche ¿no crees? —Comento Arnold, tratando de sonar amable y tranquilo.

—Sí, sí como sea, ahora quieres dejarme en paz, hay que tapar una gotera. —Comento Helga un tanto furiosa.

Arnold solo la miro, al principio pensó en hacer nada, ni decir nada siquiera, pero la misma situación propicio que algo en el chico sintiera la necesidad de salir, y era de esperarse, pues estando en una choza abandonada, a mitad de la noche, en medio de una tormenta, solos y perdidos en una isla ubicada quien sabe dónde, ese sentimiento en algún momento tenía que llegar.

— ¡Helga! –Dijo el chico un poco fastidiado.

— ¿Qué quieres Arnoldo?Preguntó Helga.

—Helga, ¿Por qué tienes que ser siempre así tan irritable? ¿Acaso te hice algo malo? Hasta donde yo sé, nunca te he hecho nada.

— ¿En serio quieres saberlo? —Pregunto muy desafiante la chica rubios cabellos.

—Sí Respondió él—, ¿quiero saber qué te pasa?

—Pues sabes que Arnoldo, —Respondió Helga—, eso no es tu incumbencia, así que apártate de mi camino y ayúdame a tapar esos agujeros, Ordenó Helga, de muy mala forma.

Arnold al principio pensó en hacer caso omiso de lo que Helga decía, pero prefirió mantener su posición hasta obtener alguna respuesta.

—No Helga, no, ya es suficiente, mira, no sé qué te moleste de mí, pero sabes, ya estoy harto, simplemente ya me cansé, estoy cansado de soportar tus golpes, tus insultos, estoy, estoy, ¡harto! y estoy harto de ti, —Arnold se cruzó de brazos y le dio la espalda a Helga.

—Ah, con que te pones rebelde, verdad cabeza de balón, y más aparte, me dices que te harto, siendo tú el que me harta a mí, verdad, pues bien, ya veremos si puedes tapar esas goteras tu solo, torpe cabeza de balón.

Helga arrojo a la cara de Arnold las cosas con que taparían los orificios del techo de la choza.

—Oye Helga no empieces, también tienes que ayudar a tapar las goteras.

— ¿Que no empiece? —Gritó la chica rubia—, si tu empezaste cabeza de balón.

—No es cierto, —grito Arnold.

—Si lo es, —Replicó Helga.

—No, no lo es, —Respondió Arnold.

—Sí, es cierto, —Ahora grito la rubia.

—No lo es y lo sabes, —Respondió de nuevo Arnold.

Helga hizo lo que pudo para contenerse, pero la desesperación la venció.

— ¡Ya es suficiente, Arnoldo! ahora veras.

— ¿Que harás? —Preguntó Arnold, de manera burlona.

—Esto…

Y Helga se lanzó sobre Arnold, y Arnold como todo un caballero se contuvo de responder a los golpes de su agresora cubriéndose el rostro con sus brazos, pasaron unos segundos de estar forcejeando y rodando por el suelo, hasta que en una ocasión, por centésimas de segundo, el chico descuido la guardia provocando que el golpe de Helga fuera directamente a la nariz de Arnold. El golpe fue inminente.

— ¡Hay! Arnold gritó fuertemente tras recibir el golpe, mientras Helga se ponía de pie.

—Te lo buscaste Arnoldo, ahora sí, ya notaste lo patético que eres, mírate ahí en el suelo sufriendo por tu nariz ja, ja, ja, —La rubia se burló ferozmente de su amigo.

Arnold simplemente se levantó del suelo con un poco de dificultad y cubriendo su nariz por el sangrado, al limpiarse, miró fijamente a Helga, claramente se notó que en la cara de él había un rencor muy grande.

— ¿Que me vez, burro? —Dijo Helga al notar que Arnold la miraba fijamente.

—Helga, ahora entiendo porque todos te tratan como te tratan.

—Sí, ¿y eso a ti que te incumbe, cabeza de balón?

—Con razón tus padres son así contigo, tan despectivos e irresponsables, todo es por tu actitud —dijo Arnold queriendo provocar cierta molestia en su compañera.

— ¿Y que hay con ellos, Arnold? al menos yo si tengo padres, —Respondió hiriente la rubia.

Tras decir esto, Helga se dio cuenta de que ya era demasiado tarde para retractarse de algo que nunca debió de haber dicho, Arnold, ante lo dicho solo guardo silencio, agacho la mirada y tristemente se dio la vuelta sin decir nada más.

—Arnold, yo no, yo no quise…

—Déjalo así, Helga, déjalo así. —Respondió Arnold.

—Arnold, por favor ¡escúchame!

—Helga, ya te lo dije, déjalo así.

Arnold simplemente tapo la gotera que faltaba y tomo su vela al momento que cerraba la ventana, de inmediato se acostó en su cama improvisada y se dispuso a dormir; Helga por su lado, frotando su brazo izquierdo, miro como Arnold se encobijo un poco y se volteó hacia la pared, al ver eso, Helga se acercó hasta él, quiso moverlo y decirle lo mucho que lo sentía, pero él no le contesto, al ver la negativa de Arnold, Helga también apago su vela y se dispuso a dormir.

Pasaron las horas, y la tormenta cada vez empeoraba más, cosa que Helga había notado, puesto que no había logrado conciliar el sueño.

Arnold, de alguna forma u otra había sentido muy drásticamente aquellas palabras de Helga, podría haberlas esperado de cualquiera menos de ella, por esa razon tampoco había dormido, estaba muy centrado en sus pensamientos hasta que de pronto, una voz detrás de él lo desconcentro.

— ¡Arnold! sé que aun estas despierto ¿lo estás? —Preguntó Helga a su amigo.

—Helga, si vienes a pedir perdón, te perdono, pero déjame tranquilo por favor.

— ¡Arnold! —Hablo nuevamente la rubia—, quiero que sepas, que yo, que yo…, yo…

— ¿Qué más quieres, Helga? —Pregunto Arnold ante la insistencia de Helga.

—Arnold, yo… —Helga suspiro un poco y luego continuo—,¡tengo miedo, Arnold! tengo miedo.

— ¿Qué? —Pregunto desconcertado el chico con cabeza de balón.

— ¿Puedo quedarme contigo esta noche?

Arnold, al principio no quería creerlo, pero la expresión en Helga lo hizo recapacitar; ante la luz de los relámpagos, se alcanzó a ver que, en la silueta de Helga, su rostro ante aquellas palabras mostraba sinceridad y aún más lo demostraba aquella gruesa lagrima que recorría una de las mejillas de la chica, era claro ver que Helga había estado llorando; ante tal situación, Arnold no la desprecio, simplemente se giró hacia ella y levanto su cobija indicándole a Helga que podía entrar con él.

Cuando ella entró, al principio Arnold sintió un poco de temor, pero cuando por fin se armó de valor, él abrazo a Helga cálidamente, esto para que ambos estuvieran más cubiertos puesto que a pesar de lo tropical del lugar, la tormenta provocaba que la noche se volviera muy fría.

Lo único extraño de todo esto, no fue la discusión y el que Arnold haya abrazado a Helga, sino que cuando él la abrazo, la reacción de Helga fue tal, que era claro notar que su temor era real y su expresión al dormir era de aquellas que solo se muestran cuando alguien se siente protegido por aquella persona a quien ama.

A la siguiente mañana, las gaviotas poco a poco comenzaban a dar indicio de su llegada, o simplemente se podía notar que la tormenta había cesado con los primeros rayos del sol.

Después de aquella peculiar escena de la noche anterior, en donde juntos habían pasado la noche dos chicos, solamente amaneció uno, ¿Dónde estaba ella? Era todo un misterio.

— ¿Pero qué tormenta? Dijo Arnold cuando por fin despertósupongo que ya todo pasó, ¿no lo crees Helga?

Cuando Arnold volteó a ver su a su costado para hacerle el comentario a Helga, Arnold noto que ya no estaba ella, al parecer se había levantado antes que él, cuando decidió ponerse de pie, al recorrer con su mano derecha sobre la frazada, noto algo muy peculiar debajo de esta, al levantarla, observo que había una flor rosada y una nota.

— ¿Helga? Pero… ¿Qué es esto? —Se preguntó con intriga—, ¿Una flor y una nota? ¿Pero qué dirá?, seguramente Helga las puso aquí, ¿acaso querrá disculparse por lo de anoche? bueno, veamos que dice, —Dijo para si el chico con cabeza de balón.

Arnold retiro la flor de la hoja la cual estaba amarrada con el típico listón rosa de Helga, cuando extendió la hoja leyó algo que lo intrigo un poco…

Arnold:

Esto es algo que me costó mucho aceptar, tal vez no sé si sea este el momento adecuado pero lo que voy a decirte es algo que siento y lo quiero compartir contigo.

¿Cuánto tiempo más por ti mi corazón y mi alma han de esperar para que los cautives infinitamente con una apasionada mirada tuya?

¿Cuánto tiempo más por ti mis sueños y mis sentimientos han de esperar para poderse compartir contigo?

Dime, y dímelo ya por favor, sé que escondes algo que no quieres revelar, al igual que por ti un secreto a voces a nadie he querido confiar.

Que me condene dios a vivir eternamente en agonía,

Si por un beso tuyo yo no diera respuesta alguna,

Que me condene y que sea pronto,

Si por aquel secreto mi corazón se endurece de tristeza.

Escúcheme y escúchame bien, escucha el grito de mi corazón que llora esperando una mirada tuya, esperando de ti, un beso de pasión…

Tal como lo vez, supongo que estarás intrigado cabeza de balón, y querrás saber que significa y sabes que, no te lo diré porque es obvio, me arrepiento de haberte dicho todas esas cosas horribles la noche anterior, por eso he decido decirte adiós.

Te amo, mi ángel de rubios rizos.

Arnold de pronto sintió como un gran escalofrió recorrió toda su espalda y no supo hacer otra cosa más que rascarse la cabeza en señal de duda, se levantó de la cama apresuradamente y gritando el nombre de su amiga Helga.

— ¡Helga…! ¡Helga…! ¡Helga…! ¿Dónde estás? Helga. —Grito el chico de rubios risos.

— ¿Qué? ¿Qué sucede cabeza de balón? —Dijo de pronto la rubia a quien llamaban.

— ¡Helga…! ¿Helga? —Arnold estaba sorprendido.

—Si soy yo, ¿Qué quieres Arnoldo? —Pregunto la rubia ya un tanto exasperada.

— ¿Helga, no que tú te habías ido? Este papel, aquí dice que tú te ibas, ¿te ibas a ir? ¿Qué paso?

— ¿Que me iba a ir? si, así era, de hecho, me fui desde temprano, quise alejarme, pero después de caminar unos minutos recordé que estamos en una isla y me dije a mi misma ¿A dónde rayos pienso ir? No hay a donde ir, así que mejor decidí regresar, pero cuando llegue aquí vi que todavía estabas durmiendo, así que pensé, ¡no hay nada de comer! y mejor fui a buscar algo de comida, y ya lo vez, encontré plátanos y un par de cocos.

—Ah, ya veo, pero ¿esto qué quiere decir? —Preguntó Arnold muy intrigado.

—Veo que lo leíste, —Respondió Helga un tanto sonrojada—, bueno, ya que de todos modos algún día lo tendrías que saber.

Helga dio un suspiro, expresó algo de alivio, agacho la mirada, dejo en el suelo las cosas que traía, luego miro a Arnold fijamente y le dijo…

—Ven Arnold, sígueme —La chica esbozó una sonrisa y se encamino a la playa.

— ¿A dónde vamos? —Preguntó Arnold con cierta curiosidad.

Helga ya no respondió a la pregunta del chico, solo dio la vuelta y continuo su paso firme como siempre lo había sido, pero al mismo tiempo se notaba algo distinto en ella, algo que muy pocas veces se notaba y no estaba por demás decirlo, pero al parecer, se notaba que su tristeza, su temor, lo que sea que siempre hubiese pasado por el corazón de Helga, había desparecido en aquella tormentosa noche.

Arnold simplemente veía como poco a poco Helga se acercaba a la orilla del mar, él estaba realmente intrigado, ya una vez tuvo una experiencia similar, pero al parecer no lo tomo muy en serio que digamos.

Arnold solo veía como Helga poco a poco se iba acercando hasta la orilla ¿Quién sabe qué sucedió? Realmente no se lo explicaba, mientras el observaba como Helga se sentaba sobre una gran roca frente a un arrecife de coral rojo, no pudo evitar un sincero esbozo de sonrisa, al mismo tiempo decidió doblar aquella hoja y acercarse sigilosamente hasta donde aquella chica había llegado.

Cuando Arnold llego, se sentó cálidamente junto a ella a la vez que rozo un poco su mano, esto no pasó desapercibido por Helga, quien, al notarlo, el pánico y los nervios, le brincaron nuevamente encima, pero aun así se contuvo, y armándose de valor antes de que Arnold dijera algo más, Helga le gano la palabra.

—Sé lo que estás pensando Arnold. —Dijo la rubia.

Arnold guardo silencio.

—Y no es raro, al menos no para mí, me imagino que has de estar confundido o intrigado, por el cómo he actuado últimamente ¿no es así? —Dijo Helga sin voltear a verlo.

—No, —respondió tajantemente el chico, luego dudo—, bueno, la verdad, no lo sé.

—Ya no es necesario explicarte nada, puesto que la carta lo dice todo.

Arnold y Helga mientras conversaban, ninguno de los dos se volteó a ver, simplemente miraban al frente como si esperasen la llegada de alguien más.

— ¡Arnold! ¿Sabes desde cuando me gustas?

—Creo saber desde cuándo, —Respondió Arnold.

—Sinceramente no creí que fueras a decir eso. —Respondió Helga algo sorprendida.

— ¿Por qué?—Pregunto el chico.

—Por nada, a lo que me refiero, es que siempre me has gustado Arnold, y me has gustado desde hace ya varios años, muchos diría yo, me has gustado Arnoldo desde que teníamos 3 años, ¿te imaginas cuanto tiempo he tratado de ocultar este secreto ante ti?

Al decir esto, Helga volteo a ver a Arnold, mientras también coloco su mano sobre la del chico, y él con una sonrisa le dijo…

—Supongo que es mucho, pero creo que ha sido más el esfuerzo que has hecho para retenerlo. —Comento Arnold con una ligera sonrisa.

—Siempre quise decírtelo, pero cada vez que lo intentaba me arrepentía y ahora míranos, mira como estamos, no sabemos siquiera que es este lugar, sé que estamos en una isla, ¿pero de qué lugar?

—No lo tomes tan mal, —Trato Arnold de animar a su amiga—, al menos hay que agradecer que estamos juntos, por lo demás, espero que tarde o temprano nos encuentren.

—Sí, así lo espero, ¡Arnold! Siento mucho lo que te dije ayer, la verdad no era mi intención ofenderte de esa manera.

—No te preocupes, de alguna forma u otra, mis abuelos siempre han sido como mis padres por eso no lo sentí tan directo—Susurro un poco el joven rubio.

—Pero, aun así, no quise hacerlo, —Helga insistía en su disculpa—, lo que sucede, es lo que te dije anoche, esa es la mera verdad.

—Pero ¿Por qué tienes miedo? digo, tú siempre te has mostrado fuerte.

Helga retiró su mano y desvió la mirada.

—Lo sé, lo sé, todo esto es tan difícil, me comportaba así contigo por muchas causas, no solo por el hecho de que quisiera ocultar lo que sentía por ti.

—No querrás decir ¿lo que sientes? —Corrigió Arnold de buena manera y con una sonrisa.

—Es igual, se entiende la ida ¿no lo crees? —Dijo la rubia un tanto nerviosa.

—Aun así, no me explico bien eso de tu temor, a que te refieres, —Pregunto Arnold.

—Es que son tantas y tantas cosas las que en mi vida pasan, —Dijo Helga con cierto esfuerzo—. Tantas, que a veces me gustaría poder cambiarlo todo y no dejar nada que pudiera recordarme mi pasado.

—Pero no creo que todo lo que te ha pasado sea tan malo, ¿o sí?

—Sí, lo sé, pero de alguna forma u otra te envidio Arnold, —Dijo la rubia con cierto aire de melancolía—, tú siempre estas alegre, raras veces te deprimes, vives feliz, tienes un hogar cálido, en cambio, el mío, mucho tiempo antes de que todo esto pasara, siempre era oscuro y frío, al gran Bob y a Miriam al parecer no les importaba, a la única que se supone le importaba era a mi perfecta hermana, por eso, de algún modo la odie, porque el gran Bob siempre me ha comparado con ella desde que tengo memoria, nunca, pero nunca trató de ser distinto conmigo, mis padres seguido discutían, era todo un caos, Miriam, quien sabe qué demonios hacía todas las noches, siempre aparecía dormida en la cocina, el gran Bob seguía siendo igual de zopenco, como siempre haciendo tratos con ese socio suyo, y regularmente terminaban peleando, mientras que Olga, ella siempre es perfecta, claro que ha tenido uno que otro error pero ¿y qué? eso no le impide ser así, a veces quisiera ser como ella, mas sin embargo, a veces preferiría estar sola.

Arnold, al escuchar tal confesión supo de inmediato que Helga no estaba sola en sí, pero más que nada, su soledad era espiritual y al parecer ya sabía lo que tenía que hacer con ella.

—Sabes una cosa Helga, tú también me gustas, y lo sé porque, porque me he dado cuenta de que realmente ocupas un lugar en mí, las veces que al parecer me lo dijiste, tal vez nunca te dije nada, no porque no haya querido, sino porque en verdad yo nunca tuve el valor de hacértelo saber a pesar de que muchas veces mis abuelos me lo trataron de hacer entender.

—Sí, me lo imagino, pero ahora eso ya no importa, —respondió Helga con una cálida sonrisa.

Arnold coloco su mano sobre la de Helga mientras ella volteo a verlo, todo estaba pasando tan rápido, y era tan repentino, era casi como si el perdón de ambos se encontraba en los labios de cada uno, poco a poco estaban acercándose el uno con la otra, lo que seguía al parecer era inminente y estaban a punto de unir sus labios cuando de pronto, un resplandor azul, salió de entre la blusa de Helga, esto sorprendió a Arnold, quien se dio cuenta de aquel evento.

— ¿Helga?

—Sí, Arnold Dice ella casi sorprendida y con la mirada cerrada.

— ¿Por qué Brilla tu blusa?

—No lo sé Respondió la rubia, de forma muy melosa y sin razonar lo que le decían.

Helga estaba esperando que Arnold hiciera lo que se suponía tenía que hacer, es decir besarla, cuando de pronto…

—No, en serio Helga, mira, ya habrá tiempo para eso después.

Helga no se esperaba que Arnold reaccionara así, en ese momento ella abrió los ojos y frunció el ceño, pero antes de que pudiese decir palabra alguna, Arnold le señalo algo que se daba a mostrar mucho.

—Helga, ¿qué es eso? —Arnold le señalo un pequeño punto azul que brillaba fuertemente.

— ¡No lo puedo creer! —Exclamo Helga—,es la gema, la gema que Miriam me dio.

— ¿Gema? ¿Cuál gema? —Preguntó Arnold.

—Esta gema. Entonces Helga, con cuidado saco la delgada cadena plateada que acompañaba a la pequeña piedra, y fue cuando se la quitó y en cuanto la puso sobre la mano de Arnold esta diminuta joya, dejo de brillar, provocando en si una gran intriga en ambos chicos. Arnold y Helga estaban realmente confundidos no sabían que había pasado, esto realmente era un misterio…

—¿Que rayos fue eso? —Preguntó Arnold.

—La verdad no lo sé Arnold, aunque… —La chica cambio su semblante, al parecer había recordado algo.

—¿Qué? ¿qué sucede, Helga?

—Nada, es solo que esto me parece curioso, ¿me pregunto si tendrá que ver con lo que Phoebe me dijo la otra vez?

—¿Qué fue lo que te dijo? —Preguntó Arnold.

—Algo que nunca me imagine y que por lo visto esas últimas palabras de mamá están empezando a tener sentido.

—Esto sí es extraño, porque no me cuentas, tal vez puedo ayudarte en algo, —Comentó Arnold tratando de ser útil en algo.

—De acuerdo cabeza de balón, pero tengo un poco de hambre vamos por algo de lo que traje.

Con las palabras un poco entrecortadas Helga decidió hablar, esto fue claramente notado por Arnold, quien se preguntó el porqué de la reacción de Helga. Él de antemano sabía lo que pasaba, pero aun así quería escucharla puesto que el sabía y conocía además gran parte de las penas de su corazón por eso quería escucharla ya que creía que con eso se tranquilizaría un poco más.

—Todo esto comenzó hace ya bastante tiempo, —Comenzó Helga a narrar su historia. Fue tiempo atrás, mucho antes de la de la boda de mi hermana, en ese entonces cuando tenía 10 años, a Miriam por desgracia le detectaron una enfermedad muy rara del corazón y según lo que Bob nos dijo no tenía remedio alguno; Bob en secreto nos lo había revelo, puesto que según Miriam no quería que nos enteráramos, pero conforme pasaron los días a ella cada vez se le notaba más lo mal de su estado —A Helga comenzaron a brotarle lágrimas y se le quebró la voz—, fue cuando por fin a ella se le ocurrió decírnoslo, por supuesto que ambas ya lo sabíamos pero aun así seguimos con el secreto, primero habló con Olga, tardo mucho tiempo en su habitación charlando con ella, ¿Quién sabe qué le habrá dicho? Pero cuando ella salió de inmediato se acercó a mí, me froto la cabeza y me dijo ¡no te preocupes hermanita, pase lo que pase, yo cuidare de ti! Nunca he sabido que quiso decir con eso, y aun sigo sin saberlo.

—Pero entonces, ¿crees que eso tenga que ver con todo que ha pasado? —Pregunto Arnold con mucha curiosidad.

—No estoy muy segura, —Respondió la rubia—, la verdad, no sé ni siquiera exactamente cómo es que llegamos hasta aquí.

—Pues créelo que yo tampoco lo sé, —Comentó Arnold.

—Bueno, en realidad ambos sabemos que yo lo desee, —Dijo Helga—, más bien, quería ir a un lugar, pero ahora veo que nunca especifique adonde.

—Eso es verdad Helga —Arnold se reía un poco—, en fin, ¿y que te dijo tu mamá?

—Después de que Olga me dijo aquello, Bob se acercó a mí y me dijo que Miriam ya me estaba esperando, entre a su habitación y de inmediato se levantó de su cama, era algo extraño por su estado, pero justo en el momento en que Bob intentaba entrar, ella cerró la puerta y le puso el candado, ja, me hubiera gustado ver la cara de Bob —Helga sonrió levemente—, aparte de eso, cerró las cortinas ventanas y se limitó a encender solo un par de velas azules que estaban en su buró.

—¿Velas azules? —Exclamó Arnold con cierta sorpresa—, ¿Por qué? Si pudo haber encendido la luz o una lámpara.

—Eso mismo digo yo, —Comentó la rubia—, pero según ella, eran para dar ambiente, además olían a manzanas, bien, como te decía, era algo extraño, así que le pregunté qué era lo que tenía que decirme, ella de inmediato me dijo que me sentara en la cama justo a ella, lo hice y ella de su blusa saco una llave muy rara y abrió uno de los cajones de su buró, yo estaba muy intrigada con todo eso.

FLASHBACK

—Sé que estas muy intrigada, cariño, y sé que tienes muchas dudas acerca de todo esto —Dijo Miriam.

—Así es, pero…

—Aguarda cariño, déjame terminar, se perfectamente que ya saben ustedes dos lo que me sucede, y no me extraña, es de familia esa intuición, pero no importa, Helga quiero que mires esto.

Miriam de pronto de su buró saco una caja azul y al momento de abrirlo, al parecer no había nada… de hecho no había nada…

—Cielos, —Exclamó Miriam—, que contrariedad, creo que no está.

—¿No está?... ¿Qué no está? —Pregunto Helga con cierta intriga.

—Una cosa que es de mucho valor —Respondió Miriam.

—Y supongo que la perdiste y no recuerdas donde la pusiste igual que como de costumbre —Dijo Helga a su madre, en un tono un tanto burlón.

—Helga no seas así por favor, —Miriam miro a su hija con mucha tristeza—, mira, sé que no somos muy apegadas y todo eso, sé que casi no nos prestamos atención, y no sabes cuánto me gustaría cambiar esto, pero las cosas no han salido, así como esperaba y ya nada puede cambiarse.

—Si lo sé —Dijo Helga con algo de angustia—

—Hija, sé porque seres así, sé muchas cosas de ti de las cuales ni te imaginabas que yo las conocía —Comento Miriam con cierta picardía.

—Vaya, ¿en serio? —Respondió Helga con un toque irónico en sus palabras— ¿Y qué sabes?

—Muchas cosas, —dice mirándola a los ojos—, linda, el que no te preste mucha atención no quiere decir que no esté al pendiente de todo lo que te sucede.

Helga supo entender de inmediato que algo de verdad había en las palabras de su madre, sobre todo, aunque expresamente no se lo dijo, con ese cruce de miradas, Helga entendió que, si era verdad que Miriam sabia muchas cosas de ella, o al menos algunas muy especiales y particulares.

—Ahora ayúdame a buscarlo, —Dijo Miriam—, es importante que lo hagamos ahora.

—De acuerdo, —Respondió Helga mientras aun se encontraba algo sonrojada—, ¿pero que busco?

—Busco una pequeña bolsita roja atada con un listón dorado.

Durante varios minutos Helga y su mamá estuvieron buscando por toda la recamara tratando de encontrar dicho saco, hasta que…

—Bien Miriam, esta es la última caja de tu armario y si no lo encontramos aquí entonces ya perdiste lo que buscas.

—Bien veamos que hay… —Miriam tomó la caja y la abrió—, hay pañuelos, mira son los que me regalo tu tía.

—Esto es genial Miriam, —Comentó Helga un tanto enfadad—, buscamos y buscamos tanto para que, para encontrar solamente un montón de pañuelos, yo me voy.

—No Helga, espera hay más, —exclamó Miriam—, mira, solo quería ver que tan paciente eras, yo sabía que estaba aquí lo que buscaba, por eso lo deje hasta el último.

Miriam quitó los pañuelos y saco un pequeño bulto rojo, desató el listón dorado y saco de él una pequeña gema morada aprisionada por un armazón plateado.

—Esta pequeña gema es mi más preciado tesoro, después de ustedes claro está —Dijo Miriam mientras acariciaba la cabeza de Helga—, esta pequeña joya me lo entrego hace ya muchos años tu abuela, ella decía que esta roca tiene una leyenda muy antigua y que posee poderes místicos, sinceramente nunca he presenciado esos supuestos poderes, pero lo que sí es verdad, es que esta gema es legendaria y ha pasado de generación en generación, siempre de madre a hija —Miriam tomo las manos de Helga—, Por eso te la entrego a ti, quiero que la conserves sé que la cuidaras y no dejaras nunca que le pase algo, así cuando llegue el momento, también podrás pasarle esta pequeña joya a una de tus hijas.

—De acuerdo —Dijo Helga con cierta intriga—, es muy pequeña para ser una gema tan importante, ¿que no se suponía que las gemas son de mayor tamaño?

—Es por lo mismo que te dije, querida, se supone que es legendaria, y por eso tiene ese tamaño, lo único que sé de esa leyenda, es que perteneció a una persona muy importante hace algunos miles de años, no sé quién sea, —comento Miriam—, lo único que sé, es que esta gema data de hace más de 3000 años y que además siempre debe ser heredada de madre a hija, específicamente a la mayor.

—¿Dijiste mayor, la hija mayor? —Preguntó Helga-, ¿y porque me la das a mi y no a Olga?

—Simplemente decidí que no se la dejaría a ella —contestó Miriam.

—¿Por qué, hay algún motivo? —Insistió Helga.

—Simplemente tu hermana no fue paciente —Miriam sonrió mientras abrazaba a Helga—, Cariño, prométeme que cuidaras muy bien esta pequeña gema.

—Lo prometo, y vaya que, si está bien conservada, para lo vieja que esta.

FIN DEL FLASHBACK

—Y eso es todo lo que sucedió, por eso es por lo que tengo esta gema, me la dio antes de que se fuera, tiempo después Olga nos presento a su marido —dijo Helga con cierta ironía—, mas tarde se casó, luego desapareció, después desapareció Bob y quede huérfana, luego conocí a la tía Virginia, me adoptaron, conocí varios monstruos, nos atacaron, descubrí que ustedes hacen magia, o hacían magia, o al menos yo ya no puedo, la mansión Wheist desapareció, reapareció mi hermana y casi me mata en fin, lo clásico de un fin de semana normal, —Helga se recostó sobre la roca e intento simular que arrojaba arena por el aire.

—Te entiendo, sé que has pasado por mucho, y se también que debes de extrañar mucho a tu mamá ¿no es así? —Dijo Arnold un tanto melancólico.

—Si, es verdad, algunas veces pienso mucho en ella, tanto que inclusive muchas veces he llegado a desear que nunca se hubiera ido y que mi vida hubiera sido de otra manera.

—Helga, no digas eso, sabes que esto no es tu culpa no lo podías impedir ¿o sí? —Dijo Arnold.

—Si, tienes razón, al menos no sufrió, falleció dormida en el hospital —Respondió Helga con cierta resignación.

—Qué triste, —continuo Arnold—, pero dime, ¿que habrá sido ese brillo que emitió la gema?

Helga continúo platicándole a Arnold todo lo que sabía al respecto, era realmente impresionante tal conversación y más lo fue cuando Helga le dijo a Arnold que esa piedra no era más que una simple ágata azul, era realmente sorprendente en especial por la leyenda que según Helga esta gema guardaba…

Los días pasaron y ambos chicos prácticamente ya se habían acostumbrado a vivir juntos, ¿Qué más podían hacer? Estando solos en una isla era difícil platicar con alguien más, de vez en cuando aún tenían una que otra discusión lo normal, más sin embargo a pesar de muchos intentos aun no lograban llamar la atención de alguien fuera de la isla, era lógico desde que llegaron ni un barco había pasado siquiera y cada vez en sus señales de auxilio perdían más y más las esperanzas, a tal grado que un día, simplemente dejaron de esforzarse en pedir ayuda, para eso ya había transcurrido al redor de tres meses en ese lugar.

—Dime Arnold, ¿crees que algún día alguien nos encuentre? —Pregunto Helga.

—No lo sé Helga, no lo sé, —dijo Arnold algo desanimado—, generalmente no me desanimo, pero ya llevamos aquí 3 meses y aun no hay nada, ni siquiera sabemos dónde estamos, no sabemos nada de esta isla y para colmo, creo que me estoy acostumbrando.

—Pues no estoy más distanciada de ti, —respondió la rubia—, yo estoy igual ¡Oye! ¿Porque no vamos a recorrer la isla?

—Helga, lo siento, pero ya lo hemos hecho antes, —Dijo Arnold con cierto desgano—, ¿que de nuevo puede haber?

—Nada eso es seguro, —Respondió Helga—, pero, aun así, hay una parte que no hemos visitado nunca.

—Ah sí, ¿y cuál? —Pregunto Arnold muy intrigado

—Las montañas del centro, —Dijo Helga con cierto animo—, nunca hemos llegado hasta allá

Arnold se mostró un poco incrédulo, ¿Qué podían encontrar? Aunque eso sí, aceptaba el hecho de que la sugerencia de Helga era buena y no la dejaría pasar, así como así.

—Bien Helga, creo que tienes razón, opino que si vamos a estar aquí, conozcamos un poco más de este lugar.

Con lo que pudieron, tomaron un poco de provisiones y en cuanto aseguraron todo lo que llevaban emprendieron su marcha hacia la profundidad de la isla, caminaron un par de horas y Helga ya se estaba arrepintiendo; era muy temprano, además, el sol apenas estaba por llegar al medio día, los dos chicos rápidamente emprendieron su marcha, sin saber que muchas cosas en específico estaban por pasar.

—A pesar de todo no está muy espesa esta hierva ¿o sí? —dijo Helga.

—No, por lo visto no, pero ¿sabes Helga? He notado que sabes mucho de esto —Pregunto Arnold con cierta curiosidad.

—¿Qué? Saber mucho ¿de qué? —Respondió la rubia con cierta intriga.

—Hablo de sobrevivir, digo, sabes vivir muy bien al aire libre a pesar de que siempre lo has odiado, digo, recuerdo que aquella vez en el invernadero casi te vuelves loca por no tener tecnología.

—Lo entiendo, creía que te referías a otra cosa —Respondió la chica.

—¿Cómo qué, Helga? —Pregunto Arnold.

—En resumen, cabeza de balón, qué no te sorprenda, alguna vez pertenecí a un grupo de exploradoras.

—¿Fuiste con las exploradoras?

—Si, pero solo por un par de semanas, —Respondió Helga con mucha franqueza—, fue temporal, pero gracias a eso aprendí a tolerar la naturaleza, con el tiempo aprendí algunas técnicas de la vida al aire libre, así, que no te sorprendas, no es para tanto, aun así me faltaron muchas cosas que aprender—

—Si tú lo dices —Respondió Arnold con una grata sonrisa.

Helga no hacía más que caminar mirando al frente y en ocasiones de reojo, y cada vez que lo hacía, lo hacía mirando a Arnold; se sentía dichosa de estar a su lado más sin embargo un presentimiento extraño estaba recorriendo su corazón, de alguna forma u otra ese presentimiento que tenía, le hacía pensar que al parecer ella ya había estado antes en ese lugar… por otro lado Arnold estaba preocupado, cada momento que pasaba al lado de Helga, algo en su interior le hacía pensar que él debía huir de ese lugar, alejarse más bien, porque si no, le haría mucho daño a Helga, él sentía que si permanecía con ella más tiempo, algo malo podría sucederle a ambos.

Muy pronto, después de caminar entre la maleza, Arnold y Helga se encontraron con raras inscripciones en los árboles y extrañas formaciones rocosas en el suelo que poco a poco dejaban ver que la naturaleza de la selva las estaba cubriendo.

—Arnold, que raro, mira el suelo cada vez se hace más y más sólido —Dijo Helga muy sorprendida.

—Es verdad, —Es verdad, respondió Arnold—, creo que, ¿acaso será posible?

—¿Qué? ¿Qué, sucede? —Pregunto Helga muy desconcertada.

—No lo sé Helga, pero parece roca solida lo que está debajo de nosotros

De pronto después del recorrido, llegaron a un claro, y al fondo se encontraron un gran círculo de rocoso, formando un extraño símbolo, pero lo más raro no eran los árboles que rodeaban esta formación extraña, lo más raro eran los limones con forma de manzana que colgaban de las ramas

—Esto no lo puedo creer —Dijo Helga.

—Este lugar es realmente bello, pero ¿en dónde estamos? —Pregunto Arnold—, según la isla, ya deberíamos haber llegado al centro y por lo visto, no nos hemos movido para nada.

—¿Para nada? ¿De qué estás hablando, Arnoldo? —Exclamo la rubia con muy poca paciencia.

—Me refiero a eso, —Arnold señalo hacia una dirección en particular—, mira la montaña, no se ha movido, ni siquiera nos hemos acercado a ella.

—Es verdad Arnold, —Respondió Helga—, creo que tienes razón, ven acerquémonos a las rocas, tal vez haya algo interesante que ver.

—Es extraño no lo crees —Comento Arnold—, esas marcas que vimos en los árboles están muy bien hechas.

Arnold y Helga después de su pequeña travesía, encontraron este particular lugar, sin embargo, no deja de ser muy poco peculiar el encontrar en una isla supuestamente desierta, un lugar como al que acaban de llegar.

Continuara…