2
.
El chico de los ojos negros
.
¿Takemicchi?
Hubo una pausa momentánea y lo último que supo fue que Takemichi había seguido a aquel extraño dúo. Aparentemente aquellos chicos eran el comandante y subcomandante de la Toman. Todos en el aula murmuraban su asombro y como no creían capaz que aquel rubio teñido fuera amigo de aquellas figuras del bajo mundo.
La sombra de la confusión paso por sus facciones de manera rápida.
¿Desde cuándo Mitchy los conocía? ¿Por qué no le había dicho nada?
Kioko entendía que quizá no siempre tenía el tiempo para hablar con Mitchy, pero no sabía que iba a doler tanto algo como aquello. Después de todo ellos se conocían desde niños y su relación iba más allá que una simple amistad.
Tú también le has mentido.
Kioko utilizó la distracción de aquel momento para salir rápidamente del salón. Se paro a medio pasillo, viendo como los alumnos de tercer año se encontraban en el suelo avergonzados y sin la voluntad de levantarse. Al menos para recoger los últimos pedazos de su dignidad.
Aparentemente, ellos eran el origen de aquel alboroto inicial.
Los murmullos se iban intensificando conforme avanzaba por los pasillos. Kioko apresuro sus pasos hacia la salida visualizando a lo lejos como Kazushi y Makoto hablaban en voz alta sobre el asunto
—¡Takemichi ha sido secuestrado por Mikey!
—¿En serio? ¡Entonces el será asesinado!
Por una décima de segundo, sintió el terror en su cuerpo. No podía perder a Takemichi. Su mano envolvió uno de sus costados tratando de aminorar el creciente dolor que palpitaba en sus costillas. Hizo una pasa momentánea para tomar aire y seguir avanzando.
Makoto se encontró con su mirada cuando casi pasaba por su lado.
—¡Kioko! ¡Takemichi fue secuestrado!
—¡Cierra la boca idiota!
Makoto abrió la boca, pero lo que fuera que deseaba decir, jamás salió.
Los tres fueron testigos de cómo una indignada Hinata pasaba a su lado sin mirarlos.
—¡Mierda!
Kioko avanzó lo más rápido que pudo detrás de Hina para tratar de detenerla. La chica tendía a tener una fuerza de voluntad increíble y una estupidez enorme. Por lo que no siempre pensaba mucho las cosas antes de actuar en cuanto a Takemichi se trataba.
Kioko escuchó primero los pasos firmes, el grito de Hina y la inminente bofetada de la chica hacia el presunto comandante de la Toman. Luchó contra su instinto para no abalanzarse en la escena cuando descubrió la mirada enfadada del chico con el tatuaje en la sien.
—Takemichi-kun, vamos— la pequeña mano de Hina había sujetado la muñeca de su novio con el fin de llevárselo del lugar. Pero Kioko sabía que no sería así de sencillo.
Aquel sujeto la había tomado de la muñeca y murmurado una serie de palabras desagradables.
Kioko no podía quedarse ahí. Empujó a los alumnos que se habían aglomerado alrededor para ser testigos de la inusual escena. Muchos murmuraban cosas aterradoras y otros parecían fascinados con aquellos delincuentes.
—Suéltala imbécil— Kioko estiró su propia mano y aparto de un manotazo el agarre de aquel matón.
—¡Kioko! — Takemichi se veía asustado, pero se mantenía siempre protector frente a Hinata— ¡Por favor, no quiero que también te veas involucrada!
Kioko dejó escapar una ahogada risa.
—Es mi asunto desde que ellos aparentemente te "secuestraron"…Mitchy.
Hina trató de tomarla del brazo, pero fue más rápida y se apartó.
—¿Quién eres tú perra?
—Esa palabra es muy grosera…considerando que ni siquiera me conoces— respondió, evitando bajar la mirada—. Pero si esto se trata de un concurso de insultos…tengo algunos que servirían perfectamente para ti, tótem.
Ahora, esto era un verdadero catástrofe. Observó como ahora el otro chico volteaba a verla. Parecía desinteresado, pero Kioko notaba la ligera molestia en sus facciones, seguramente producto de aquel apodo que le había dado al gigante.
—¿Qué sucede enano? ¿No te gusto lo que le dije a tu inútil guardaespaldas?
Pero él no dijo nada.
Chico listo, no caía en provocaciones rápidas.
Una sombra se posicionó frente a ella.
Takemichi ahora se mantenía protector frente a Hina y ella.
—No las miren— el cuerpo de Takemichi temblaba, pero su mirada jamás dejo de ser determinada mientras tomaba el hombro de aquel chico. Era un gesto muy pequeño, pero Kioko sabía que era para evitar que avanzara en cualquier momento en su dirección.
—¿Qué dices? ¡No te escucho! — aquellos ojos negros se encontraron con la mirada de Takemichi.
—¡Dije que no las mires! ¡Carajo!
Kioko observó a Hina por el rabillo de ojo.
—¿¡A quien mierda crees que le estás hablando!? ¡Bastardo!
Fue entonces cuando Kioko comprendió lo que había notado desde hacía ya algunos días. Aquella expresión en el rostro de su amigo era diferente, no era la misma de aquel chiquillo inmaduro que corría del peligro a la primera oportunidad. Era una postura determinada a no rendirse.
—¡No voy a dejarlas ir por segunda vez!
¿Segunda vez?
El tótem parecía haber pensado lo mismo que ella porque miró de manera confundida a Takemichi.
— Yo que pensé que podrías ser mi amigo. Que mal— Kioko se había olvidado del enano. La ligera sonrisa en el rostro del rubio no le hacia ninguna gracia y fue peor cuando aquellos ojos negros miraron en su dirección— ¿Cómo quieres morir?
Sus pasos fueron lentos pero firmes mientras mantenía aquella sínica sonrisa en su rostro: —Estas haciendo una cara como si no te fueses a parar por tu cuenta otra vez.
Kioko quiso golpearlo en aquel momento.
Pero Takemichi no dio marcha atrás.
—Solo prométeme algo.
—¿Hm?
—No pondrás ni una mano en Hina o en Kioko.
—¡Mitchy! — gritó ella tratando de que dejara aquella estupidez de lado.
El chico fue más rápido que Kioko, alzando su puño ágilmente para dirigirlo al rostro de Takemichi.
—¡No le daré ni una mierda a ellas!
Irónico era pensar que ella podría proteger al rubio de ese golpe. No se sentía bien y aquel chico era más rápido que ella.
—¡Mitchy! — logró gritar por segunda ocasión moviéndose aún más, su costado quemada y sus piernas comenzaban a fallarle— ¡Quítate de ahí! ¡Maldita sea!
Pero todo aquello había sido en vano cuando Kioko fue testigo de la accion tan abrupta que tuvo aquel chico.
El puño se había detenido a milímetros del rostro de Takemichi, solo para que después adoptara una expresión infantil que dejo a todos boquiabiertos. Takemichi tenía pequeñas lágrimas en sus ojos pero parpadeaba con incredulidad ante lo que estaba presenciando.
—¡Solo bromeaba!
¿¡Que!?
Kioko quería irse de espaldas contra el piso ante aquello.
Mikey solo palmeo el hombro de Takemichi de manera juguetona antes de encaminarse a la salida siendo seguido de cerca por el más alto.
La pequeña sonrisa que les dedicó después dejo confundida a Kioko.
—No hay manera de que le ponga una mano encima a una chica.
—Takemicchi…¿Estabas tratando de amenazarme? — el cuerpo de Takemichi se tambaleo ante el peso extra del otro sujeto, quien ahora tenía una expresión más relajada y risueña que la de minutos atrás, incluso parecía otra persona.
Demasiado paternal, fue lo que pensó.
—Lo siento…— respondió Takemichi de manera avergonzada.
—Está bien— el rubio miró al más bajo con un ligero brillo de respeto en su iris. Kioko podía incluso decir que el chico parecía impresionado de la actitud de Takemichi—. En los días de hoy no cualquier hombre dice eso de una mujer…realmente estas chapado a la antigua.
Kioko observó como su amigo se sonrojaba ligeramente, pero ella podía ver más allá de aquella inocente expresión.
Takemichi escondía algo.
.-.-.
Minutos más tarde, Kioko observaba con diversión las disculpas de Hina hacia el chico de ojos negros.
Que ahora sabía que su nombre era en realidad Manjiro Sano o mejor conocido como "Mikey".
Y el chico del tatuaje era llamado Draken.
Tenía que admitir que eran nombres geniales.
El giro tan repentino de las cosas le dejaba sentir una ligera paz. Takemichi comenzaba a darse a notar, sabía que en algún momento el espíritu del chico volvería y que parte de la vida de él sería diferente a la que estaba acostumbrado.
Pero ahora tenía que averiguar qué es lo que había hecho que cambiara tan drásticamente de actitud.
Ya encontraría la manera de hacerlo.
—¿De verdad me llamaste tótem?
Kioko se encogió de hombros sin mirar a Draken.
—Tu usaste tu altura para intimidar…no creo que realmente te importe el apodo— Kioko hizo una pausa, esperando cualquier replica por parte del chico a su lado, pero nada de eso sucedió. En cambio recibió una pequeña palmada en su cabeza, siendo tan suave el tacto que Kioko estaba petrificada.
—Y tú eres solo una renacuajo con esa estatura.
Kioko sintió como sus mejillas se coloreaban de rojo ante el estúpido apodo.
—¿Qué haces Kenchin? — Mikey se acercó a ellos siendo seguido por un tímido Takemichi.
—Estoy tratando de entablar una conversación con la pequeña renacuajo de aquí.
Kioko no sabía si quería reírse o golpear al tótem.
—Te daré un golpe si sigues llamándome de esa estúpida manera…tu gigantesco tótem— avanzó decidida hacia Draken, siendo detenida por un histérico Takemichi— ¡Suéltame Mitchy! ¡déjame que le dé un golpe! ¡Uno solo!
La risa por parte de Draken la hizo enojar aún más.
—¿Mitchy? — preguntó Mikey con tranquilidad, viéndola fijamente después de eso— Es Takemicchi— musitó, como si aquello fuera una decisión definitiva.
—¿Quién lo dice enano? — replicó Kioko. Takemichi dejó escapar un grito ahogado mientras la tomaba por debajo de los hombros con el fin de llevársela lejos de aquel dúo —. Mitchy es mi amigo desde hace años, no puedes venir y hacer lo que se te dé la gana…tu pequeño matón.
—¿Cómo me llamaste?
Takemichi quiso cubrir su boca con su mano para evitar que repitiera sus palabras anteriores, pero mordió con fuerza la palma del chico antes de que afianzara su agarre.
—Enano matón.
Kioko y Mikey se miraron con fuerza, lanzando dagas afiladas el uno contra el otro. Draken y Takemichi solo atinaban a mirar entre uno y otro el intercambio de insultos que procedió después. Por su parte Draken estaba sorprendido de que Mikey permitiera que alguien lo insultara como si nada y este respondiera con el mismo entusiasmo. Takemichi en cambio estaba a punto de tener un colapso nervioso, sabía que Kioko tenía una actitud demasiado explosiva, y no ayudaba para nada la actitud infantil de Mikey.
Sujeto con mayor fuerza a su amiga para avanzar nuevamente hacia la escuela.
Pero el quejido por parte de ella lo hizo paralizarse en el acto.
Mikey detuvo sus insultos cuando vio la mueca adolorida en el rostro de la chica.
—¿Kioko?
—Estoy…bien…
Kioko sostuvo con fuerza su costado. Las punzadas comenzaban a volverse más dolorosas y temía tener las costillas magulladas. Estaba segura de que su médico ya no creería la misma excusa de siempre y las medicinas en su casa se habían terminado. Así que tocaba aguantar el dolor hasta que la inflamación bajara y el color de los moretes fuera más tenue.
—¿Estas bien renacuajo?
Kioko no respondió a la pregunta.
—T…tengo que irme.
Se safo suavemente del agarre de Takemichi y camino lo más rápido que pudo hasta el interior del edificio, lejos de los ojos curiosos de aquellos chicos.
Draken sin embargo, había notado aquellos moretones purpuras cuando la blusa se había levantado ligeramente. Revelando así que la chica estaba soportando el dolor de aquellos terribles golpes. Y por la mirada de Mikey y Takemicchi, sabía que ambos lo habían visto de igual manera.
Buenas buenas~~
Aquí vengo con una historia de Tokyo Revengers y es que debo de admitir que ha sido uno de los mangas que mas me han emocionado y el desarrollo de la historia a mi en lo personal me ha dejado boquiabierta, ya que no es predecible y todo tipo de teorías se forman en mi mente.
Ya estamos en el arco final y muchas cosas pueden pasar. Así que estoy emocionada.
Además de que los hermanos Haitani han sido personajes que me han encantado y desearía que tuvieran mas tiempo en la historia. Es por ello que se me ocurrió una historia que pudiera enlazarse a todos los acontecimientos actuales y que además pueda cambiar el curso de otras.
Espero les guste.
Mata Raishuu~~
