Disclaimer: Los personajes pertenecen a Ken Wakui, así como el trama y situaciones que irán apareciendo en el fic. Solo soy dueña de mi OC.

Aviso: Contiene demasiados Spoilers del manga, así que si no lo han leído completo entonces están advertidos de todo lo que se va a mencionar aquí. Posiblemente lleguemos hasta después del arco de Tenjiku.


3

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MORADO Y AZUL

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Kioko no vio a Takemichi después de las clases. Por lo visto había decidido salir con Draken y Mikey. Según Hina era mejor que su novio saliera con sus nuevos amigos ya que era demasiado extraño que Takemichi fuera amigable con la gente nueva y el cambio parecía sentarle muy bien.

—¿Iras a la casa de Takemichi? — le preguntó Hina mientras caminaban ambas hacia la dirección de la pelirosada— Me comento algo al respecto esta mañana.

Kioko quiso reír ante la expresión pensativa de su amiga.

—¿De verdad no eres celosa Hina-chan?

—¿Por qué debería? — cuestionó ella devuelta con un sonrisa—. Ustedes dos se conocen desde muy pequeños, pero sé que eres una persona maravillosa que ve a Takemichi como un hermano pequeño y viceversa.

—Takemichi tiene mucha suerte de tenerte a su lado— murmuró de manera suave con un ligero sonrojo en sus mejillas. Hina solo rio de manera disimulada ante su comentario.

No paso mucho tiempo para que se despidiera de ella y emprendiera su camino hacia la casa de Takemichi.

Kioko estaba feliz de haber hecho una amiga como ella. La mayoría de sus conocidos eran parte del pequeño grupo de Mitchy, fuera de eso le era realmente difícil hacer amigos nuevos. Nunca pensó que se llevaría tan bien con la chica que había decido declararse a Takemichi tiempo atrás.

Por un momento pensó en alejarse, pero entonces recordó lo que le dijo su madre en alguna ocasión.

'Eres alguien increíble Kioko, tienes que abrir tu corazón hacia los demás para que vean el alma tan pura que llevas contigo. La felicidad es parte de tu camino, jamás dejes que alguien te diga lo contrario'

Aquellas habían sido las últimas palabras amables que había recibido Kioko por parte de su familia.

—No tiene caso lamentarse— susurró de manera distraída pateando una roca frente a ella—. Ya no.

Visualizo la casa de Takemichi a cierta distancia y acelero el paso para llegar lo antes posible. Así podría preparar algo para comer antes de que el rubio llegara de su paseo.

Para ella era el mismo y viejo ritual de cada día. Al principio le era difícil aceptar que Takemichi no tenía ningún problema en que ella pasara prácticamente todo el día en su casa. Jamás cuestiono nada ni pidió que lo dejara solo, y ante la insistencia del chico decidió que era una buena idea mantenerse cerca de él lo más que pudiera.

La hacia olvidarse del infierno que vivía cada día en su propia casa.

Una vez dentro encendió la televisión y dejó de fondo el canal donde transmitían su anime favorito. Era parte de sus gustos culposos, podía estar viendo eso todo el día sin cansarse y disfrutaba enormemente cuando Takemichi compraba los nuevos tomos del manga y los dejaba en la casa para que ella los leyera.

Con el sonido de fondo comenzó a preparar algo sencillo para comer y cada tanto miraba de nuevo el televisor para no perderse nada interesante.

Después de media hora escucho el sonido de la puerta ser abierta y la voz característica de su amigo saludándola.

—Prepare algo para comer, siéntate antes de que se enfríe— le dijo viendo como Takemichi asentía y se sentaba en la mesa frente a ella para comenzar a comer.

Después de algunos momentos de silencio solo con el sonido de la televisión a lo lejos, Takemichi miro a Kioko con algo que ella no supo identificar. Parecía claramente atormentado mientras la estudiaba desde el otro lado de la mesa.

—¿Tengo algo en la cara? — preguntó en medio de una risa para tratar de aligerar el ambiente tan pesado que se había formado.

Pero Takemichi no parecía divertido en lo absoluto.

—¿Por qué nunca hablas de tu familia?

Kioko se paralizo en el acto.

¿Ya lo sabía?

¿Draken y Mikey lo sabían y le habían dicho a Mitchy?

¿Había visto los moretes en su cuerpo?

—Por tu reacción puedo saber que es un tema delicado…lo siento, no quise ser irrespetuoso— Takemichi lucia visiblemente avergonzado mientras trataba de hacer que ella reaccionara de alguna manera—. Se que no te gusta hablar de ello y es por eso por lo que jamás te pregunte directamente…quiero decir…no tienes que decirme n…

—¿Quién te lo dijo?

Takemichi sonó afligido cuando se dirigió a ella de nuevo.

—No…no sé de qué hablas

Mentira

—Lo preguntare de nuevo Hanagaki…¿Quién te lo dijo? —no pretendía sonar tan dura, pero tenía miedo de la respuesta de Takemichi.

No lo quería involucrado en el tema de los Haitani.

Sabía que él no conocía el nombre de Ran y Rindou. Pero si comenzaba a verse involucrado en el mundo de las pandillas, tarde o temprano lo sabría. En algún momento tendría que encontrarse con sus hermanos en alguna pelea. No comprendía muy bien el mundo en el que se desenvolvía Takemichi actualmente, aunque si tenía una idea de por dónde iba encaminado.

—No me lo dijo nadie Kioko…de verdad—

Si había una cosa que Kioko odiaba de Takemichi, era su nula habilidad para mentir a los demás. Era casi cómico observar al rubio tratando de crear una perfecta mentira que era descubierta casi de inmediato ante los ojos de Kioko.

Kioko meramente sonrió, dejando salir una pequeña risa.

—Sigues siendo un pésimo mentiroso Mitchy— en ese momento se sintió la hipócrita más grande del mundo por decirle aquello en la cara a su amigo. Sabiendo que ella era quien le mentía desde hacía ya varios años. No quería reclamarle nada. No tenía el derecho de hacerlo—. Pero no te preocupes, realmente no es importante.

Si tan solo pudiera contarle sin miedo todo el martirio que era vivir con sus hermanos mayores. El cómo sus propios padres la habían abandonado, así como el cambio de actitud de Ran y Rindou hacia ella poco después.

Takemichi se aclaró la garganta al notar la mirada perdida de Kioko.

—Discúlpame Kioko, te puse incomoda.

Kioko alzó su rostro y observó la expresión atormentada de Takemichi. El chico parecía estar sufriendo por algo, y Kioko sabía que era algo relacionado a ella. Quizá a algo más. Pero no estaba dispuesta a indagar si eso implicaba revelar información por ambos lados.

—Me tengo que ir— murmuró poco después, se puso de pie y retiró los platos de su comida para lavarlos.

Takemichi lució aún más asustado por su reacción.

—Por favor Kioko…quédate aquí hoy…no vayas a tu casa— exclamó Takemichi, agitando sus manos de un lado a otro como si eso fuera lo suficiente para hacerla cambiar de opinión— Te lo ruego, quédate en mi casa el día de hoy.

Kioko pensaba hacerle caso, pero algo le decía que Takemichi encontraría la manera de volver a preguntar acerca de su familia.

Quizá estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua.

Podía pedirle ayuda, sabía que Takemichi no se negaría.

Pero…tenía miedo.

.-.-.

Kioko introdujo las llaves en la cerradura con cierta incertidumbre. Su mano no dejaba de temblar mientras giraba la llave y escuchaba el inconfundible sonido del cerrojo abriéndose.

—Estoy en casa…— susurró, esperando no ser escuchada por alguien. Todo estaba en penumbras, lo que le daba cierto terror.

Dejo sus zapatos en la entrada tratando de hacer el menor ruido posible. Se encamino con inseguridad hacia las escaleras, esperando que sus hermanos estuvieran haciendo algo fuera.

Si tenía algo de suerte, podría bajar de nuevo y tomar algo para comer en su habitación.

—¡Bienvenida! ¡Nuestra pequeña hermanita ha vuelto a casa!

La voz de Ran recorrió la estancia rápidamente y las luces se encendieron poco después, revelando a sus hermanos mayores justo a unos pasos de ella.

—¿Acaso pensabas irte sin decir hola a tus hermanos? — preguntó Rindou con mirada desilusionada.

Kioko sintió unas enormes ganas de llorar cuando sintió las manos de su hermano mayor tomarla del antebrazo y lanzarla contra una de las paredes del pasillo. El impacto resonó con fuerza haciéndola soltar sus cosas a causa del dolor. Su costado protesto ante el golpe y tenía que aquellos moretes intensificaran su color después.

—Rindou te hizo una pregunta…Kioko.

—N…no sabía…no sabía que estaban en…casa— pronunció con cierta dificultad.

Kioko permaneció apoyada en la pared observando a sus hermanos enfrente de ella.

El siguiente golpe llego directamente a su rostro. Sintió el calor subir y bajar, la sangre se acumuló rápidamente escapando de su nariz y le preocupaba tener rota la mejilla.

Sabia del sádico gusto de sus hermanos por ver la sangre y escuchar el crujir de los huesos.

Ella había sido el experimento de ellos durante mucho tiempo sin razón aparente. Y sabia cuanto les molestaba que ella escapara de casa durante el día, siempre cuestionando el lugar en donde ella se ocultaba. Pero prefería recibir todos aquellos golpes que revelar el nombre de Takemichi o su casa.

Rindou y Ran desconocían de la existencia de Takemichi. Cuando niña solía jugar con él en los parques, sus hermanos jamás fueron testigos de la amistad que había nacido entre el pelinegro y ella.

—Es decepcionante que nuestra hermana pequeña desee estar en lugares ajenos que en su propia casa…¿No es así Rindou?

La mano de Ran la tomo por el cabello halándola hacia arriba con fuerza, sus débiles intentos por tratar de que la soltara fueron en vano cuando sintió que la mano de su hermano afianzaba su agarre en ella y posteriormente la lanzaba por la habitación.

Su espalda golpeo contra uno de los jarrones de la sala, el sonido de la cerámica rompiéndose fue lo único que logro escuchar después de eso.

Sus sollozos se intensificaron por el súbito aumento de dolor.

—No llores hermana…esto aún no termina.

—Ran— llamo Rindou— Ya fue suficiente.

Pero la sádica sonrisa en el rostro del mayor le hizo saber a Kioko que aquello aun no terminaba.

.-.-.

Sus parpados se sentían pesados y su cuerpo raramente estaba liviano. Era como si todas sus heridas hubieran desaparecido de un momento a otro. No recordaba exactamente lo que había pasado, pero ahora sentía una ligera presión en su pecho al mismo tiempo que el sueño invadía su mente.

Quería dormir.

Deseaba descansar por primera vez en su vida, sin el terror latente de cada noche.

—¿Estoy…muriendo? — consiguió susurrar mientras veía el cielo sobre ella.

Ni siquiera sabía en donde la habían arrojado sus hermanos, pero parecía ser que su final estaba más cerca de lo planeado. Y en ese momento lo único que pudo pensar fue en el rostro aterrorizado de Takemichi horas atrás. Quizá debió hacerle caso. Quizá debió quedarse en casa del rubio por varios días.

Aunque aquello solo iba a retrasar su trágico destino.

Eres una cobarde

Kioko pronto recordó los tranquilos momentos que había logrado vivir junto a Takemichi, junto a Hina. Incluso logro pensar que aquel enano y el tótem. Ella tan solo era una adolescente condenada a vivir bajo el pulgar de aquellos monstruos que se hacían llamar sus hermanos.

—L…lo siento Mitchy— gruesas lagrimas comenzaron a bajar por sus mejillas, sintiendo su cuerpo más liviano cada vez. Ya casi no distinguía las cosas a su alrededor y su respiración se volvía pesada con el paso de los minutos—. Voy…a…dormir un…momento.

Algo se movió a su lado, pero Kioko no lograba distinguir lo que era.

Estaba cansada.

—¡Kenchin!

.-.-.

Takemichi sentía que su mundo se derrumbaba cada vez que veía la lenta respiración de Kioko en aquel estado. No había podido protegerla…de nuevo. El mundo parecía estarse burlando de él cada vez que algo del futuro se cumplía y Takemichi no tenía ni idea de cómo detenerlo.

Naoto había logrado contarle detalles acerca de Kioko en una de las líneas temporales.

Reconocida por su reputación en los bajos mundos. Una asesina serial.

Hermana de los delincuentes más poderosos de Roppongi. La sola presencia de Kioko lograba doblegar a los lideres de cualquier pandilla.

Pero lo que había hecho que Kioko fuera tan temida…era por su participación en el incidente de Tokio. En donde Kioko fue la responsable de uno de los escenarios más sangrientos para Japón, el cual quedaría marcado por mucho tiempo en la mente de los presentes y testigos.

Las cabezas de Ran y Rindou habían sido colocadas justo en una de las avenidas más concurridas. Aquellos demonios yacían muertos bajo la mano de su propia sangre.

Y Takemichi jamás logro entender porque su amiga tomo un camino tan retorcido como había visto. Pero algo le decía que parte de la culpa era de él por abandonarla en el pasado sin explicación alguna. Su cobardía había terminado por dañar a una de las personas más importantes que tenía.

—¿Qué fue lo que le sucedió? — la pregunta por parte de Mikey lo hizo regresar al presente. Mikey y Draken habían encontrado a Kioko cerca de la casa Sano. Ninguno de los dos había dudado en ayudar a la chica que ahora yacía en la cama del comandante de la Toman. Emma había aparecido con un doctor particular.

Tenía varias costillas magulladas y una casi fractura de mandíbula. Tenía diversos golpes por todo el cuerpo, algunos cortes en sus brazos y piernas. Según el medico la habían encontrado justo a tiempo. Posiblemente habría muerto en aquel estado estando a la intemperie.

—Ella…ella no me lo dijo— sollozó Takemichi, quería que Kioko abriera sus ojos. Ver de nuevo aquellos ojos violetas que lo habían acompañado durante tantos años—. Kioko se guardó esto durante mucho tiempo.

Mikey lo miro de manera interrogante. Draken lucia igual de confundido.

—Ella es hermana de Ran y Rindou Haitani— respondió con cautela—. Y tengo la sospecha de que ellos son los causantes de esto.


Hello~~

Llego aquí con un nuevo capitulo de este fic. Me esta emocionando demasiado escribirlo. Así que espero que les agrade.

Puede que aun no hayan aparecido demasiados personajes de Toman, pero quería que la introducción de Kioko fuera mas ordenada y desarrollada. No me gusta algo que sea solo de un párrafo ya que para mi es quitarle la magia a un personaje.

Espero les guste y nos vemos en el siguiente capitulo.