Su nariz se impregnó del ya bien conocido aroma a shampoo de moras antes siquiera de ver la mota de cabellos púrpura bajo las gradas.
Sabía bien que la encontraría rumiando las canchas del exterior. Asistía sin falta a las prácticas del rubio y aguardaba diligentemente las dos horas bajo sol o lluvia, solo para verlo o, en un buen día de valentía acercarle una botella con agua.
Kiba la llamo por su nombre y Hinata sonrió en respuesta.
Cuando de un brinco bajo de los asientos a su lado, pudo sentir un olor ligeramente salado. Y aunque ella procurará no mostrar directamente el rostro, era claro que había estado llorando.
Él la sujetó de los hombros y apoyo la frente hasta que sus ojos se encontraron.
-he oído lo de Naruto- agregó con voz quebrada.
Era seguro que tarde o temprano la noticia que no paraba de circular de como el afamado rubio se había declarado galantemente en público a su compañera de clase, llegaría a oídos de la Hyuga.
Kiba sabía bien que esa era el motivo de la repentina depresión de su amiga, la última vez que Uzumaki tardó en aceptar su solicitud de Facebook debió consolarla una semana. Ya estaba bastante hastiado de hacer de paño de lágrimas. Él la trataría mucho mejor de Naruto, de eso estaba seguro. Le compraría todo el helado y los rollos de canela que se le antojaran solo para sacar a ese tipo de su mente.
-pero sabes, Sakura no le ha respondido...- agregó limpiándose la humeda nariz con una determinacion poco usual- y no me daré por vencida! Aún está en pie el plan, la excursión es en dos semanas...
Kiba puso los ojos en blanco, solo a esta chica se le ocurría declararse en un museo de titeres.
-vamos, te compraré un helado de vainilla- sentenció jalandola su mano sin mirarla a la cara.
-¿Crees que no tengo ninguna posibilidad verdad?- Indagó aferrándose a su manga con expresión desolada.
Inuzuka no sabría decir si fue por el sofocante calor, por la vidriosa mirada de un cachorro que te sigue a casa que lanzaba Hyuga en esos momentos, quizás la debilidad por nuevo perfume que estaba usando la oji morada y lo volvía loco. pero fue muy tarde antes de darse cuenta de sus propias palabras;
-no- escupió con desdén en un primer momento
Hinata parpadeo incrédula, aunque no se echó a llorar como se esperaría, solo permaneció inmóvil con una sonrisa lastimosa que se sintió como una punzada en las entrañas de Kiba.
La atrajo hacia el en un espontáneo abrazo y ocultando el rostro sobre su hombro profirió con determinación;
-Es Uzumaki quien no tiene posibilidad, porque yo voy a enamorarte.
