Pasó varios minutos tratando de interrogarla. Agotó sus recursos de novio predilecto para averiguarlo. Sin embargo Hinata se negaba a contarle cómo descubrió el color de la bufanda que le obsequió para su cumpleaños pasado.

"Siempre quise una bufanda amarilla" había confesado sonriendo tras sacarla del envoltorio. No podemos imaginar la sorpresa de Kiba al oír tal cosa. Aunque no era tan soñador como para imaginar que el milagroso destino le había devuelto la Vista a su Novia, invidente desde nacimiento.

Trató de negociar la verdad, le ofreció con ademanes de mafioso golosinas, cargarla como princesa (que bien sabía que le gustaba aunque se cubria el sonrojado rostro casi todo el camino), pero nada parecía llamar la atención de su "cliente". Esta solo se llevaba el dedo índice a los labios con malicia.

Pero aquella tarde sería diferente. Se relamia con arrogancia al recordar el gran ardid que había preparado. Imposible que la Golosa Hinata Hyuga se negara a cooperar esta vez.

Efectivamente ella se sorprendió al recibir los rollos de canela en una ya conocida cajita con lazo.

No le resultó difícil adivinar que fue el terco de kiba fue en bicicleta, hasta su pastelería favorita. Podía oír su respiración agitada, y el aroma salado del sudor traspasaba la camisa de inuzuka.

La tienda Estaba al otro lado de la cuidad, unas dos horas de viaje, sus manos recibían el calor que emanaba aún de la caja.

- Quedarse dormido bajo el sol de verano es calido. Asi cómo los bizcochos, los girasoles, la cabeza de akamaru, la bufanda, todo eso se siente amarillo.

-entonces solo se trataba de una coincidencia...- musitó pensativo el peli marrón descartando la teoría dq que Hinata había desarrollado el poder de sentir las auras como en aquella película...

-oh no! La verdad es que Hanna me dijo que estabas aprendiendo a tejer y que tu ropa siempre estaba cubierta de hebras de lana amarilla.

Kiba estaba a punto de replicar indignado ante la indiscreción de su hermana, cuando sintió las manos de Hinata al rededor del rostro, y apoyaba dulcemente la blanca frente sobre la suya.

Las mejillas de inuzuka estaban tan encendidas que estaba seguro que Hinata podría sentirlas "amarillas" a través de los guantes.