¿Cómo podía la dulce y obediente Hinata Hyuga simplemente declarar "me escapé" sin un apice de culpa? así fue como la encontró empapada de pies a cabeza bajo su ventana Kiba aquella tarde.
Aunque pasó varios minutos reprendiendola paternalmente mientras le secaba el cabello, todas sus quejas se desvanecieron al instante.
-Pero quería verte, y Neji-neesan no me lo permitía - se defendió simplemente con las mejillas centelleantes.
Esta no era la primera vez que Hyuga sofocaba el corazón de Kiba con excesiva dulzura en la semana. Con mucho trabajo se contuvo de besarla y tomó una bocanada de aire. Fue demasiado para él.
¿Acaso la semana pasada no había sido empujado contra el muro y besado durante la clase de gimnasia? O esa vez en su casa...? Aunque no se oponía en lo más mínimo a esta osada actitud de su novia, ahora corría el riesgo no solo ser castigada, sino resfriarse!
-te prepararé un baño y correremos a tu casa- sentenció muy a su pesar Kiba. Por supuesto que preferiría tenerla en aquí antes que esté sola con ese primo siscon.
Al final La muchacha accedió dócilmente y él aguardó al otro lado de la puerta con una expresión consternada ante los sonidos del agua escurriendo sobre su novia y la escencia del jabón colándose entremezclado con el aroma de Hinata...
se abofeteo repetidas veces.
Y No habría que describir las fuerzas sobrehumanas que debió reunir para resistirse a la sugestiva imagen de Hinata luciendo su ropa. Ni siquiera él mismo sabía que tenía estás fantasías tan genéricas. Pero al verla
con el cabello húmedo pegado al rostro y aún emanando suaves nubes de vapor de su cuerpo, se volteó avergonzado de sus propios pensamientos.
-Huelen a Kiba-kun - murmuró creyendo que nadie la oía mientras hundía el rostro en la holgada campera.
Por supuesto que inuzuka escuchó está declaración con los puños tan apretados que casi se provocó una hemorragia cerebral.
"Mierda, mierda mierda..." Tal vez debería solo haberle pedido prestaba ropa a Hanna.
Quien Acabó por enterarse que su querida cuñada estaba en casa y preparó chocolate caliente.
Kiba la maldijo y bendijo de corazón al mismo tiempo.
Pero accedió. después de todo solo beberian en su habitación hasta que amaine la lluvia.
Estos eran los pensamientos que inundaban la mente de Inuzuka, mientras notó las comisuras de la boca de su novia y las limpió distraídamente con el pulgar. Para cuándo se dió cuenta se había lamido el dedos por inercia.
Aunque no era la primera vez que hacía este gesto íntimo, ambos dejaron sus tazas a un lado. Demasiado avergonzados para seguir tragando la infusión dulce.
-d-deberia irme- tartamudeó Hinata juntando los dedos con nerviosismo.
Se puso de pie rápidamente con los ojos bajos, pero al tratar de dar un paso lejos de su lado Kiba tiró avergonzado la tela impidiéndoselo.
-me gustaría que te quedes- murmuró con una pena impropia de él. Listo, lo había dicho!
No tuvo mucho tiempo para justificarse pues la muchacha le echó los brazos al cuello murmurando lo mucho que lo había extrañado estos días que su primo le prohibió verlo.
Él sonrió ampliamente revelando su colmillos y le devolvió el abrazo. Seguro que su primo luego intentaría golpearlo. Aunque en estos momentos no le hubiera importado en lo más mínimo si todo el clan Hyuga lo desafiaba a un duelo por corromper a su futura líder. Después de todo él era un desobediente incurable, aún más que Hinata.
