One Piece no es mío.
Solo la idea de la historia es mía.


6

Las bisagras de la puerta emitieron un crujido de protesta cuando abrió. Ace se quedó mirando el vació que lo recibió durante un largo rato, como si en cualquier momento fuera a cobrar vida y saludarlo. Si algún día llegaba a suceder eso, se inscribiría en el sanatorio en ese preciso momento. No era como si después de firmar aquel contrato donde aceptaba salir en la película de Luffy se sintiera realmente cuerdo, incluso había considerado ir a revisarse el cerebro para ver si todo estaba bien con él o si definitivamente ya había perdido la cabeza. Lamentablemente, esa clase de exámenes eran demasiado caros y no podía costearlos, así que tendría que vivir con la duda por el resto de su vida o hasta que consiguiera el dinero suficiente para pagarlos.

─Bienvenido a casa ─murmuró Ace para sí, al tiempo que cerraba la puerta y colocaba las llaves en el llavero de madera que tenía junto a la puerta. Se quitó los guantes y los dejó sobre la mesa de la sala junto con su bufanda, apenas eran las cuatro de la tarde pero el frío se dejaba sentir con bastante fuerza.

Un gemido escapo de su boca cuando movió su brazo derecho para quitarse la chaqueta. El dolor en su hombro siempre se intensificaba después de un largo día de trabajo y los viernes eran los días más ajetreados de toda la semana. Ace solo pudo dar gracias por no tener que cubrir también el turno de noche.

Dejó la chaqueta sobre el viejo y remendado sofá y se encamino a la cocina. Tenía mucha hambre, en un día normal habría comido algo rápido en la cocina del restaurante mientras esperaba los pedidos, pero debido a todo el trabajo no había tenido oportunidad de comer y, gracias a Luffy, tampoco tenía dinero para comprar algo, así que tendría que conformarse con lo que hubiera sobrevivido en su cocina. La nevera estaba vacía, excepto por la charola de hielos que dudaba pudiera considerarse comida, pero encontró una barra completa de pan en la despensa y un paquete de jamón, al menos podría prepararse unos sándwiches para comer. Mientras untaba la mayonesa en las rebanas, se encontró pensando en aquel molesto chiquillo. ¿Por qué se había empeñado tanto en seguirlo? Algo le decía que el menor ni siquiera había visto una sola de sus películas, o tal vez si lo había hecho pero era tan tonto que no se había dado cuenta de ello, porque tenía que ser un verdadero idiota para haberlo seguido de esa forma tan insistente.

¡No había actuado en 5 años! ¡Ni siquiera recordaba cómo debía estudiar un guión! ¿Cómo rayos iba hacer para estudiarlo? ¿Qué se supone debía hacer primero? ¿Leerlo todo antes de centrarse en los diálogos de su personaje? ¿Debía tratar de actuar mientras lo leía? ¿Cómo le había hecho antes para memorizar los diálogos de las películas en las que había actuado? ¿Qué tal si no podía interpretar el papel adecuadamente? Se iba a sentir como un verdadero idiota si no lo hacía bien. ¡No era más que un proyecto escolar! ¿Qué tan complicado podía ser? Lo que en verdad le preocupada era ¿Cómo iba hacer para acudir a las grabaciones sin que estas afectaran su trabajo? No estaba dispuesto a perder su trabajo por el capricho de un chiquillo egoísta que lo único que había hecho desde que lo conoció era fastidiarlo. ¿Es que acaso ese chico estaba mal de la cabeza? Tenía que estarlo para haberlo perseguido de forma tan insistente, y más aún para haberlo retado en una competencia de natación cuando ni siquiera sabía nadar.

Metió el último emparedado en su boca y mientras lo masticaba, comenzó a recoger lo que había ensuciado, estaba bastante seguro que la salubridad del edificio no era lo suficientemente buena como para poder dejar el fregadero repleto de vasijas sucias sin que esto atrajera a cierta clase de "invitados". Una vez la cocina estuvo decente, Ace fue a su cuarto en busca de ropa más apropiada para andar en la casa. Un viejo suéter viejo, que le quedaba enorme, y un pantalón de mezclilla deslavado fueron los candidatos perfectos, pese a que estaban algo viejos seguían siendo abrigadores y era lo que necesitaba. La calefacción del edificio no servía, el encargado había prometido mandarla revisar desde hacía dos años atrás, el moreno dudaba que eso fuera a suceder pero no perdía la esperanza.

En cualquier otro día en que le hubiera tocado trabajar el turno de tarde, Ace habría acudido al deportivo para nadar un rato y despejar su mente, pero ese día no había podido darse aquel lujo ─¡y con lo mucho que le costaba pagar la entrada al deportivo!─. El día anterior, cuando firmará aquel contrato, el cual en su opinión era del todo innecesario, tan solo había tomado la copia del mismo y el libreto para después alejarse del moreno y sus amigos. Y al llegar a su apartamento, en lugar de revisar el libreto, se había ido a dormir agotado después de todo lo sucedido. Con eso en mente se cambió de ropa antes de entrar al baño.

Tomó el tubo con la crema que le había dado la doctora unas semanas atrás para el dolor en su hombro y cerró la puerta del botiquín. Al hacerlo se encontró contemplando el rostro pálido de un hombre que le devolvía la mirada desde el espejo. «Luzco patético», tenía el cansancio grabado en cada una de sus facciones y unas marcadas ojeras que podían competir con las de Law. El hombre reflejado en el espejo frunció el entrecejo ante los recuerdos que acudieron a la mente de Ace al pensar en el ojeroso. Ace sonrió y la persona reflejada lo imitó, era increíble como en esos momentos habría deseado que hubiera sido Law quien lo estuviera persiguiendo, al menos habría sabido cómo tratar con él y su odio sin razón, mientras que con Luffy no sabía cómo reaccionar. Aquel chico era completamente impredecible a tal grado que Ace se sentía cansado con solo verlo. Resignado abandonó el baño, apagando la luz tras él y dirigiéndose a la sala donde había abierto el sofá cama y se sentó en el borde mientras destapaba el tubo.

Ace soltó un suspiro de alivio mientras frotaba la crema en su hombro, la sensación fría en sus músculos hacía que el dolor comenzará a disminuir lentamente. Una vez terminó, miró la mochila que había dejado en el suelo junto a la puerta y aun cuando hubiera preferido tirarse en el sofá y dormir tanto como pudiera termino levantándose y fue por ella aunque no la abrió de inmediato sino que la colocó sobre la cama y estuvo jugando con el cierre un largo rato, hasta que decidió que no tenía caso seguir postergando aquello. Abrió la mochila y saco el sobre con el contrato y el libreto. Cuando sacó el libreto, no pudo evitar sonreír al ver que estaba impreso, casi había esperado encontrarse con la horrible caligrafía del chico.

"Ajedrez" era el título de la película.

¿Qué clase de historia podía tener un título como ese? Fue hasta ese momento que Ace notó que estaba temblando y que apretaba las hojas con demasiada fuerza. Subió por completo a la cama-sofá y apoyo su espalda en el respaldo mientras que con la yema de sus dedos delineaba aquel título. Estaba nervioso, aunque jamás lo admitiría ante nadie, hacia tanto tiempo que no actuaba que ni siquiera sabía si recordaba cómo hacerlo. «Voy a sentirme como un verdadero idiota si lo hago mal frente a esos mocosos engreídos». ¿Qué tal si al final no lo hacía bien y Luffy se daba cuenta que no valía la pena? ¡Bien! Eso sería lo mejor para todos, de esa forma no tendría que preocuparse por nada de eso y podría centrarse en su trabajo, después de todo al parecer era mejor mesero que actor. Volvió a mirar el título de la película y tras soltar un largo suspiro que había estado conteniendo, abrió el libreto con las manos temblorosas. Ni siquiera sabía porque estaba nervioso, tenía miedo de descubrir que aquel libreto trataba de una invasión alienígena donde extraterrestres llegaban con la intención de convertir a todos en vegetarianos y desaparecer la carne del mundo, o si estaba nervioso porque aquel libreto pudiera desaparecer en cualquier momento.

¿De qué color es la maldad? Con esa la frase comenzaba la historia. Las personas suelen creer que la maldad está representada por el color negro, pero no es así, la maldad rara vez se oculta en la oscuridad. La verdadera maldad se oculta tras un rostro hermoso y una sonrisa inocente, tras una fachada tan pura que te hace pensar que nada malo puede provenir de ella. Pero créanme, si existe un solo color que puede representar a la maldad, es el color blanco. La maldad brilla con tanta intensidad que puede dejarte ciego, es tan hermosa y atrayente que vas hacia ella sin ver donde pisas o lo que hay a tu alrededor. Para mí, el color blanco simbolizo algo peor que la muerte y ahora, me aferro a lo poco que queda en mi mente de cuando era un humano, pero con cada día que pasa esos recuerdos, esas sensaciones van desapareciendo, haciéndome olvidar lo que era, lo que alguna vez fui, lo que nunca volveré a ser.

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Siempre que iba al taller de Robin, Nami sentía como si estuviera en una enorme biblioteca. Y es que era fácil pensar eso, considerando los enormes estantes que delineaban las paredes y que estaban repletos de libros cuyos títulos iban desde cuentos infantiles hasta pesados tomos de enciclopedias. Los maniquís de costura colocados alrededor de la sala circular eran lo único que indicaba que aquel lugar no era una biblioteca, sino un taller de diseño. .

Robin apartó la vista del traje que estaba ajustando y miró a Nami, quien se había presentado en su taller desde hacía un rato para comprobar cómo había quedado el vestuario para la película, aunque toda su atención estaba puesta en ciertas piezas. Robin esbozó una sonrisa al verla fruncir los labios mientras sostenía una camisa roja y la contemplaba con detenimiento.

─No recuerdo haber visto esta camisa en los bocetos originales ─comentó Nami dejando la camisa en el maniquí nuevamente─ ¿Has cambiado los diseños? ─preguntó mirando a Robin por sobre su hombro.

─Así es, ¿Te gustan?

─Son geniales ─miró el resto de los trajes y sonrió─. Muy diferentes a los que habías confeccionado para Sabo.

─La complexión de Sabo y Ace es muy diferente ─Robin miró los bocetos que aún tenía colgados en la pared─. Los diseños que tenía para él no serían apropiados para Ace.

Una vez Luffy decidiera que Ace sería el quien interpretaría el papel de Keima en la película, Robin le prestó mayor atención al chico la segunda vez que fueron al restaurante. Como diseñadora era capaz de apreciar apropiadamente la constitución de una persona aún y cuando esta estuviera vestida. La morena tenía que admitir que le había gustado lo que vio, el cuerpo de Ace resultaba mucho más apetecible de vestir que el de Sabo.

Nami entornó los ojos y miró a su amiga con suspicacia. Después que el pecoso idiota les tendiera aquella trampa en que los condujo a una tienda de bromas, Nami se había esforzado en averiguar todo, absolutamente todo, sobre él hasta el punto que actualmente sabía hasta la marca del shampoo que usaba e incluso la talla de su ropa interior (también sabía de qué color eran cada una de ellas). Y entre la información que averiguo estaban las medidas del pecoso, hasta ella tenía que aceptar que Ace tenía un cuerpo de pecado ─si no fuera porque le cayera tan mal─. Cuando se las dijo a Robin, los ojos de la morena brillaron como si Ace fuera alguna especie de dios griego o algo así. Suponía que para una diseñadora como ella, era normal que se sintiera atraída por los cuerpos bien formados.

La pelinaranja volvió a mirar los bocetos que Robin había hecho para Sabo y después miró los nuevos. Las camisas originales eran todas blancas, con botones hasta el cuello y complementadas con unas anticuadas corbatas. Los pantalones negros estaban diseñados para que quedaran sueltos de las piernas e iban acompañados por unas botas largas hasta las rodillas del mismo color. Y las piezas claves: una larga gabardina negra y un sombrero de copa también negro. La morena tenía razón, aquella ropa no parecía encajar del todo con Ace, aunque admitía que hubiera sido gracioso verlo con ella puesta.

Los nuevos diseños por otro lado, eran perfectos para el pecoso. El toque conservador de los trajes había sido sustituido por un toque más atrevido que encajaba perfectamente con Ace (porque en la mente de Nami aquel mesero idiota era un gigoló exhibicionista quien seguramente entre menos ropa usará mejor se sentiría). El color blanco de las camisas había desaparecido y sustituido por los colores rojo, amarillo y negro. Los pantalones eran más ajustados y en su mayoría de lona o mezclilla. La gabardina desapareció por completo junto con las anticuadas corbatas. El sombrero de copa fue reemplazado por un sombrero negro con dos caras engarzadas, una sonriente y una triste. Además, por lo que había notado, las camisas no se cerraban por completo dejando al a vista el cuello y parte del pecho. El cambio era tan grande que Nami casi podría pensar que se trataba del vestuario de dos personajes diferentes.

─No entiendo a Luffy ─dijo Nami sentándose frente a la morena─. ¿Por qué decidió sacar a Sabo de la película? ¡Es un gran actor! Habría tenido ventaja por eso. Y no solo boto a un actor reconocido sino que en su lugar eligió a un actor de películas porno.

─Pensé que habías aceptado la decisión de Luffy ─dijo Robin levemente sorprendida, Nami había sido quien más ideas aportó para tratar de convencer a Ace de que aceptará trabajar en la película.

─Claro que la acepté, no es como si tuviera otra opción, pero eso no quita el hecho de que me siga molestando.

─ Fufufu. Vamos Nami, no es tan malo, además Luffy debió tener sus razones para no darle el papel a Sabo.

─Porque Sabo es un imbécil ─Nami no sabía que había pasado entre su amigo y ese rubio petulante, pero estaba segura que era culpa de Sabo─, pero es un gran actor y es lo que Luffy necesita para darle mayor peso a su película.

─Eso a Luffy no le importa.

─¡Pues debería! ─declaró con firmeza─ Es un director y tiene que aprender a lidiar con esa clase de cosas. No puede quitar a los actores solo porque no le agraden ─Robin sonrió y Nami se sonrojo al caer en cuenta de lo que acababa de decir─. ¡No es lo mismo!

─¿Por qué no? Ace es un actor y aunque no te agrade tienes que trabajar con él ─dijo repitiendo las palabras que acababa de usar.

─No es que no me agrade es solo que… ─Nami apartó la mirada─ Luffy ha trabajado mucho en esta película y quiero que todo salga bien.

─Luffy cree en él.

─¡Luffy es un tonto!

─Pero igual lo apoyaras ─Nami suspiro derrotada sin soltar el sombrero.

─Claro que lo haré, y si ese imbécil se atreve a hacerle algo malo haré que lo pague caro.

─ Fufufu, estoy segura que lo harás.

La mayoría de las personas pensaban que Nami era la clásica chica interesada y ambiciosa, capaz de cualquier cosa con tal de conseguir lo que deseaba y la catalogaban como una especie de "Mujer Fatal". Si bien era cierto que amaba el dinero y usaba cualquier artimaña sucia para conseguirlo, todos sabían que Nami era una chica dulce que se preocupaba por todos y que era capaz de cualquier cosa con tal de proteger a sus amigos. En sus textuales palabras, todos los chicos del grupo eran unos verdaderos idiotas por eso era su responsabilidad protegerlos, en especial a Luffy que era el doble de idiota y el triple de ingenuo que cualquiera de los otros imbéciles. Aunque para ser sinceros, Robin no creía que el pecoso fuera a representar un peligro para ellos o que tuviera otras intenciones, Ace le había parecido bastante sincero cuando declinó la oferta de Luffy, aunque claro el pecoso no sabía que aquello no era una oferta, de hecho habría desconfiado de él si hubiera aceptado de inmediato. Además, Nami lo había investigado y nada en su historial indicaba que fuera una mala persona. Es más, Robin tenía la sospecha de que si alguien debía cuidarse ese tendría que ser Ace. Luffy pocas veces se sentía tan interesado en alguien como lo había hecho con el pecoso y el pequeño moreno tenía su propia forma de ver la vida.

Robin esbozo una sonrisa al pensar que las grabaciones iban a ser bastante interesantes, pero que la convivencia lo sería aún más. Tomo el traje que había dejado sobre la mesa y se dispuso a volver a su trabajo, le faltaba poco para terminar. Justo en eso estaba cuando la puerta se abrió y Zoro entro como un torbellino agitando las manos sobre su cabeza.

─¡Quítamela! ¡Es la rata asesina! ─Nami se paró dispuesta a socorrer a su amigo, o mejor dicho eso pensaría cualquier persona pero en su lugar, la pelinaranja estampó su puño en la cabeza del otro.

─¡Deja de gritar! ¡Hay personas trabajando! ¿Qué estás haciendo? ─Zoro sujeto su cabeza mientras se preguntaba de donde sacaba tanta fuerza aquella odiosa mujer que por alguna razón desconocida del universo era su "amiga".

─¿Que estoy haciendo? ─repitió incrédulo mientras se levantaba y la miraba con furia─ Lo que me "ordenaste" que hiciera. Estoy limpiando esa estúpida bodega para que sea la "suite" de nuestra estrella principal.

─¿Bodega? ─pregunto Robin incrédula─ Nami no me digas que estas acondicionando "eso" para Ace.

─Po supuesto. No tenemos mucho presupuesto, Robin, hago lo que puedo.

─Pues si planeas meterlo allí será mejor que fumígenos antes, está lleno de asquerosos insectos, incluso tuve un reencuentro con los gusanos, sin mencionar esa malvada rata que casi me come.

─Nami no puedes meterlo allí, ese cuarto es excesivamente viejo y Franky lo usa para guardar su herramienta. Ni siquiera tiene agua caliente y no sirve la calefacción.

─Reducción de presupuesto ─insistió Nami. No era su problema si el pecoso tenía que bañarse con agua fría, o si la temperatura dentro del "camerino" iba de acuerdo al clima exterior, si por ella fuera le daría una tienda de acampar.

─Puede compartir mi camerino ─ofrezco Zoro quitándose una telaraña del brazo.

─De ninguna forma ─Nami miro al peliverde de forma amenazante─. Ace es nuestra estrella, merece un camerino propio.

─Un basurero querrás decir ─dijo Zoro sintiendo lastima por el pecoso.

─No creo que note la diferencia. Ahora si me disculpan, tengo cosas que hacer.

Idear otras formas de atormentar al pecoso, pensó Zoro mientras miraba la malvada telaraña adherida a sus dedos.

─¿De verdad no hay otro camerino? ─preguntó Robin, cuando Nami hubo salido del taller, atrayendo la atención de Zoro quien la miró y suspiro.

─Claro que hay uno, el que iba ser de Sabo pero Nami se lo asigno a Luffy y el de Luffy se lo dio a Franky para que guardara sus cosas ─Zoro se cruzó de brazos, la telaraña se había pegado de nuevo a su manga─. Si yo fuera Ace, renunciaría de inmediato.

─No creo que lo haga ─Robin sonrió─. Si llega a renunciar, la penalización es demasiado grande, bañarse con agua fría y ser atacado por Ben*, sería el cielo.

─¿A qué te refieres? ─la morena dejo de lado la ropa que estaba ajustando y saco un sobre de uno de los cajones de su escritorio.

─Este es el contrato de Ace. Es bastante gracioso.

Zoro tomo el sobre y saco el contrato, ¡20 hojas! Tenía 10 más que el suyo. Dejo el sobre de lado y comenzó a leerlo, Robin continuo con su trabajo, le faltaba poco para terminar. Si lograba terminarlos, le pediría a Luffy que llevará a Ace para hacer las pruebas de vestuario. Pese a que había usado las medidas que Nami le había proporcionado, quería realizar las pruebas para asegurarse que no hubiera cometido ningún error.

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Una vez Ace había interpretado el papel de un vampiro. Fue cuando estaba en la secundaria, durante un festival en una obra improvisada y porque el chico que tenía que interpretar al Dr. Acula se había reportado enfermo y no llegaría para la presentación. Por aquel entonces, Ace no estaba tan interesado en la actuación y solo se inscribió en el club de teatro porque tenía que pertenecer a uno y era el único donde había lugar (porque nadie quería andar exhibiéndose frente a todos, vestido con mallas, o al menos eso era lo que pensaba Ace en ese entonces). Y fue después de esa actuación que se despertó su interés por aquel mundo. Había disfrutado enormemente representar a alguien más, darle vida a un ser que otro había imaginado. Y decidió que quería seguir haciéndolo, ver el rostro asustado de las personas cuando actuaba aterrador, ver sus lágrimas y la emoción en sus ojos cuando interpretaba una escena dramática.

Y ahora, después de más de 15 años, volvía a tener entre sus manos el libreto de una historia con criaturas mitológicas, con toques de magia entretejida con la realidad y plagada de emociones y sentimientos que iban del amor al odio, una felicidad efímera que disfrazaba un dolor perpetuo.

Sin darse cuenta, había terminado leyendo el guion de corrido sin detenerse más que para ir al baño y para buscar alguna cerveza o algo para picar. Ace jamás había leído una historia como aquella. Luffy era realmente impresionante, trato de imaginar al menor escribiendo aquello y por alguna razón no pudo.

La historia hablaba sobre dos reinas gemelas. La reina Blanca que ansiaba conquistar a los humanos y dejar que las criaturas de otros planos invadieran el mundo, y la reina Negra que deseaba proteger a los humanos, ella estaba convencida de que su magia era para ayudarlos. Cada una tenía a sus propios seguidores y partidarios que las apoyaban y las protegían. La reina Blanca contaba con el apoyo de todas aquellas criaturas que poblaban los planos olvidados, y por irónico que pareciera, contaba con una gran cantidad de humanos a su servicio, aquellos que ambicionaban el poder a cualquier puesto, personas que renunciaban a su humanidad por ser inmortales, por ser ricos o por ser jóvenes eternamente. Todos tenían un precio y la reina Blanca era una gran negociante y compradora. Mientras que la reina Negra contaba con la ayuda de todas aquellas criaturas que aparecían en los cuentos de hadas y algunos humanos que deseaban proteger a los suyos. Estaba guerra llevaba milenios desarrollándose, hasta llegar a la época actual donde la gente ya no creía en la existencia de aquellas criaturas a quienes solo usaba para crear historias fantásticas o aterradoras, donde la magia consistía en sacar un simple conejo de un gorro y donde los reyes eran solo piezas decorativas en algunos lugares que se dedicaban a dar escándalos, donde la gente solo pensaba en las nuevas tecnologías y en lo ocupados que estaban. En esta época, la reina Blanca ha ganado una mayor ventaja, la gente era más ambiciosa y sus líneas se incrementaban de tal manera que habían logrado acabar con 9 de los 12 cazadores que protegían a la reina Negra. Pero es entonces, cuando aparece un nuevo jugador, una nueva pieza en el tablero, una criatura olvidada y casi tan antigua como las reinas gemelas. Un ser que nadie había visto y que aún entre los monstruos, era una simple leyenda. Un enorme corcel negro, con los ojos y las crines de fuego, una criatura a la que todos llamaban "Pesadilla".

Básicamente, aquello era el contexto de la historia. La trama comenzaba en la época actual, donde los 3 últimos cazadores de la reina Negra tratan de impedir que los esbirros de la reina Blanca abrieran la puerta de otro plano para dejar entrar a las criaturas más crueles y monstruosas que ni siquiera aparecían en las pesadillas de nadie. Era una puerta que mucho tiempo atrás la reina Negra había sellado colocando 5 cerraduras, las llaves estaban en el poder de cinco de sus más fieles seguidores y la reina Blanca estaba decidida a conseguirlas de nueva cuenta. Un detective llamado Keima, es el encargado de investigar el asesinato de una supermodelo a la que le habían arrancado la lengua, pero cuando encuentran el cuerpo de una pequeña niña con marcas en la espalda, el gobierno envía a un agente especial para que lo ayude, Kastell quien es en realidad uno de los tres cazadores de la reina Negra. Kastell trata de ocultarle la verdad a Keima pero al final este termina descubriéndolo cuando una mujer rubia se convierte en una mujer-serpiente y trata de matarlos, pero es en ese momento que Keima también se revela como un corcel de fuego, como "Pesadilla". Es entonces que Keima conoce a la reina Negra quien trata de reclutarlo pero se niega diciendo que él tenía sus propios motivos para oponerse a la reina Blanca Los tres cazadores y Keima hacen un equipo para proteger a los otros 3 sellos, pero al final el único que continua con vida es aquella que la reina de las hadas está protegiendo, la niña siente desconfianza de caballo oscuro pero no dice nada. Al final, se enfrentan a la reina Blanca, quien revela que Keima era anteriormente un humano a quien convirtió. Todos se dan cuenta entonces de porque el chico siempre procuraba evitarlos pero también se revela que él jamás había firmado un contrato con la malvada reina y por ello no estaba a su servicio, además de que no se había convertido por voluntad propia, había sido el "pago" de esta porque el chico la salvara de forma involuntaria. Cuando la reina Blanca está a punto de ganar, Keima la enfrenta y la vence destruyéndola con el fuego que ella misma le proporcionó, pero jamás logra volver a su condición humana.

La historia era vibrante y bastante original. Ace tenía que admitir que jamás imagino algo como eso. Luffy era realmente bueno, si no fuera un proyecto escolar y consiguiera a los mejores actores que había actualmente, sería un éxito.

Keima no era el clásico protagonista perfecto de otras películas, tampoco era el protagonista atormentado, más bien era una representación bastante extraña de alguien dispuesto a hacer lo correcto pero carente de cualquier clase de emoción. Ace sonrió, quien quiera que fuera a interpretar a Keima tenía una carga muy dura.

Ace miró las hojas que había dejado a su lado y no puedo evitar pensar en el idiota que había escrito semejante historia. El rostro sonriente del chico mientras firmaba el contrato seguía plasmado en su mente, a veces podía lucir adorable, incluso no pudo evitar sonreír al ver cómo le arrebata el contrato y miraba su firma como si fuera la cosa más maravillosa del mundo.

Cuando firmó el contrato para su primera película, Ace también había sonreído, cuando aún era un chico idiota que pensaba que si se esforzaba conseguiría llegar a lo más alto. El mundo no era una fantasía y Ace ya había sufrido su dosis de realidad mucho tiempo atrás, aquel chiquillo aun no recibía su porción, pero ya le tocaría.

A todos les tocaba, la realidad no discriminaba.

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Zoro termino de leer el contrato y miro a Robin como para confirmar que no estaba loco o que su habilidad para leer no le estuviera haciendo una broma, pero al ver la sonrisa en el rostro de la morena supo que había leído bien y que no estaba perdiendo la cabeza. Miro el contrato y la firma de aquel idiota, Portgas D. Ace había firmado una carta de esclavitud y Zoro podía adivinar que Nami tenía mucho que ver en aquel contrato.

─¿Acaso leyó esto cuando lo estaba firmando? ─la imagen de Luffy obligando al pecoso a firmar aquella insensatez no le parecía tan descabellada y explicaría muchas cosas.

─¿Sabes cómo logro convencerlo, Luffy?

─¿Lo amenazo con pegarse a él como una lapa por el resto de su vida? ─cualquiera cedería con eso.

─Lo desafío a una competencia de natación ─Zoro arqueo una ceja.

─Luffy no sabe nadar.

─Exacto, Ace no lo sabía, se asustó mucho y al final tomo el contrato y lo firmo. ¿No es un chico adorable?

«Adorable y estúpido». Una combinación un tanto difícil, aunque Zoro admitía que de ser el habría hecho lo mismo, si alguien estaba dispuesto a tanto con tal de que salieras en su película, debía significar algo, además de que esa persona estaba loca de remate.

─Mis condolencias para el pobre tipo ─dijo devolviéndole el contrato a la morena.

─Creo que será un año muy divertido, fufufu ─Zoro arqueo una ceja, el concepto de diversión de la morena no sonaba igual al suyo, sonaba un tanto cruel.

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La reunión se había alargado más de lo que imagino, pero al final había logrado convencer a Kozuki Oden. La casa de efectos especiales Zou era la mejor de todas y el viaje que realizará hasta Zunisha había sido única y exclusivamente para convencer al dueño de esta de que trabajará con él en aquel proyecto.

Desabrochó los puños de su camisa y se sirvió una copa de vino para después encaminarse a la terraza. Había rentado la suite más grande que tenía el hotel, con la mejor vista de todos y localizada en el último piso. Mucha gente solía evitarlas, porque le tenía miedo a las alturas pero no era el caso de Monkey D. Dragón, desde niño siempre le había gustado subir a los lugares más altos para sentir el viento chocando contra su rostro. Era una sensación liberadora, que le ayudaba a tranquilizarse y a pensar.

El director se dejó caer sobre una de las largas sillas que había en la azotea y dejo la copa sobre la mesa de vidrio, junto a su portátil. Todo el cansancio acumulado durante el día cayó sobre él en esos momentos. Estaba tan cansado que ni siquiera podía dormir. Soltó un sonoro suspiro y no pudo evitar pensar en que habría sido agradable tener un poco de compañía en esos momentos, un cuerpo caliente y suave que le ayudará a despejar la mente y a liberar la tensión que tenía acumulada. «La próxima vez, lo traeré conmigo», mientras tanto, tendría que conformarse con el paisaje.

Zunisha era una ciudad llena de luces diminutas que daban la impresión de ser pequeñas luciérnagas, gracias a eso las estrellas podían apreciarse mucho mejor que en la ciudad de Foosha, donde cada edificio tenía sus propias luces y enormes reflectores en el techo, además de que las calles estaban iluminadas por numerosas farolas. Cuando Luffy era un niño, solía llevarlo a acampar todos los fines de semana. En las montañas, las estrellas se veían con mayor claridad, el cielo parecía un tapiz de luciérnagas que brillaban de forma intermitente y bañaban todo con sus múltiples luces, era un espectáculo tan maravilloso que parecía como si fuera un cielo completamente diferente al que cubría las ciudades. Por aquel entonces, Luffy solía seguirlo a todas partes y durante las noches se tendía a su lado y siempre quería que le contara historias llenas de héroes, piratas y dragones. Era impresionante como las cosas cambiaban tan rápidamente. Dragón sabía que era su culpa, pero aun así no estaba dispuesto a disculparse, había ganado el mejor, así de simple, Luffy tenía que comprenderlo tarde o temprano.

Se dedicó a contemplar las estrellas mientras disfrutaba el vino en su copa. Por el momento, no quería pensar en nada, así que se esforzó por poner su mente en blanco y solo disfrutar del espectáculo. Había sido un buen día y no tenía caso preocuparse por cosas que no podía arreglar. Tras un rato de relativa calma y cuando quedaba poco vino dentro de su copa, la dejo en la mesa y tomó su portátil, comenzaba a darle un poco de sueño, pero tenía por costumbre leer todos sus correos antes de irse a dormir. El proyecto en el que estaba trabajando era sumamente importante, pero también lo era la película que estaba haciendo para el festival de Marijoe donde Luffy también participaría, y no estaba dispuesto a dejárselo fácil únicamente porque era su hijo. Era obvio que Luffy iba con todo y él tenía que hacer lo mismo.

De acuerdo con los reportes, las grabaciones de la película comenzarían la próxima semana, las locaciones ya estaban aseguradas (Koala incluso había anexado los permisos con las firmas y los sellos necesarios), también le había enviado fotos del vestuario que usarían. El viejo Tom había enviado las fotografías de los escenarios que había preparado para la producción, todos eran perfectos, justo como los había imaginado, por eso le gustaba trabajar con Tom, jamás había encontrado un "pero" en su trabajo. El resto de los correos, eran solo basura o mensajes que no le interesaba leer, no lograba entender el motivo por el que muchos actores novatos insistían en mandarle sus CV, ¿acaso creían que tenía tiempo para revisarlos? Para eso tenía un departamento de Recursos Humanos, que se encargaba de esa clase de cosas. Sin embargo, el último correo llamó su atención. El remitente indicaba que lo había enviado Koala, pero fue la hora de envió lo que llamó su atención, 12:58 am, sabía que su asistente era dedicada pero le había prohibido trabajar hasta tarde, si lo había hecho significaba que aquello era algo importante.

"Por favor, ábralo en cuanto lo vea", aquel título sin duda alguna era otra razón para prestarle atención. Dio clic sobre el correo y observó el pequeño círculo verde que giraba indicando que el ordenador estaba procesando la solicitud. El correo solo constaba con tres simple líneas escritas de forma descuidada.

"Señor,

Le envió toda la información que encontré sobre Portgas D. Ace en el archivo anexo.

Véala de inmediato, por favor."

¿Portgas D. Ace? ¿Quién era ese? El nombre no le sonaba de nada, tampoco recordaba haber estado investigando a un nuevo actor, ¿sería acaso algún actor novato que había llamado su atención? No tenía por costumbre leer los CV de ninguno de aquellos nuevos actores, una condición que tenía para contratar a alguien era que al menos hubiera trabajado en una película y no recordaba haber visto ninguna últimamente. Más por limpiar su bandeja de correo, que por otra cosa, abrió el archivo adjunto en el correo. No pudo evitar arquear una ceja al leer la información rápidamente, ¿un actor de películas AV? ¿Por qué le interesaría algo así? Miró la fotografía del chico, un muchacho moreno con ojos negros y el rostro lleno de pecas. Era un error, seguramente Koala se había equivocado al enviarle aquel correo, algo extraño, su asistente jamás cometía esa clase de errores. ¿Quién de su compañía podría estar interesado en contratar un actor de películas AV para una película seria? Ninguno de aquellos actores valía la pena, ni siquiera el tan aclamado Trafalgar Law, quien en su opinión era solo un chico malhumorado con aires de grandeza. Estaba a punto de desechar aquel correo, cuando la voz de su hijo sonó en su cabeza: "Ace lo hará bien".

¿Ace? Revisó la información de nueva cuenta, un actor de películas AV con una cara llamativa. Dragón suspiro, era justo la clase de persona que llamaría la atención de su hijo.

─Luffy ─negó con la cabeza─. Eres un idiota.

Su hijo siempre había sido un chico impulsivo que tomaba decisiones sin pensar, y él jamás había cuestionado ninguna de ellas pues creía que Luffy debía seguir sus propios ideales y motivaciones, tal y como él lo hiciera cuando tenía su edad, pero ¿un actor de películas AV? ¿Acaso había perdido el juicio? Había pensado que el tal Ace era un actor novato o algo así, que equivocado estaba. Dejo su ordenador sobre la mesa junto con a la copa casi vacía y regreso al interior de la habitación. Necesitaba arreglar la tontería de su hijo antes que fuera demasiado tarde.

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Continuará.

*Ben, película de terror sobre una rata inteligente.

Primero que nada, lamento mucho haber tardado tanto en actualizar (sentí que pasaron años) y aún cuando puedo dar un montón de excusas la verdad es que solo puedo decir "Lo siento".

Muchas gracias a las personas que dejaron sus comentarios y a las personas que siguen esta historia (pese a que la autora es lenta en la actualización).

Espero que el capítulo haya sido de su agrado, y si alguien gusta dejar un comentario será bien recibido.

¡Gracias por leer!