One Piece no es mío.
Solo la idea de la historia es mía.


8

─¿Dónde lo conoció? ─preguntó Dragon desde la parte trasera del auto, Koala le dirigió una rápida mirada por el retrovisor antes de volver su atención al camino frente a ella. Su jefe acababa de regresar de su viaje y contrario a lo que una persona normal haría de ir a casa a dormir, para recuperarse de las horas de vuelo, apenas subió al auto su jefe le había pedido la información que consiguió de Portgas D. Ace.

─En el restaurante Corvo ─se había sentido como una verdadera estúpida al darse cuenta que el primer Ace que conoció era el Ace que estaba buscando─. Al parecer mientras cenaban en aquel lugar, Luffy se enteró que Ace había sido actor y le ofreció el papel.

Típico de Luffy, pensó Dragón, su hijo jamás podía pensar las cosas y actuaba por impulso. Dragon siempre se había considerado la clase de padre que no se metía en los asuntos de su hijo, excepto por lo sucedido con Sabo, porque pensaba que la mejor forma de que creciera era que cometiera sus propios errores pero esto era demasiado. No podía permitir que se arruinara de esa forma, mucho menos en el festival de Marjorie. Su hijo no parecía comprender lo importante que era aquel festival. Como un director novato la aceptación que obtuviera la película que presentará definiría el futuro de su carrera. Si Luffy pensaba que aquello era un juego, estaba muy equivocado. La selección de los actores era algo muy difícil aun cuando se tuviera un buen guión, los actores que daban el rostro y las voces a los personajes eran muy importantes. Cuando se seleccionaba un actor se debía tomar en cuenta su talento, su naturalidad para hacer el papel, la habilidad que tenía para darle vida a un ser que no existían más que en papel. Un director serio escogía a los actores por su talento y no porque le agradará. Dragon nunca había permitido que sus sentimientos se interpusieran en su trabajo, incluso en esos momentos que analizaba la información del sujeto al que Luffy había elegido para interpretar a su protagonista lo estaba haciendo.

De entrada, la escuela donde había estudiado no era muy buena. Había muchas escuelas de actuación en el mundo pero eran pocas las que gozaban de verdadero prestigió y aceptación entre las grandes producciones y la Escuela de Arte Dramático de la Universidad South Blue no era una de ellas. Ace se había graduado a los 19 años con un CV aceptable. Había participado en 78 producciones escolares y había obtenido cinco papeles de relleno y ocho secundarios en algunas películas, aunque nada relevante pues todas fueron para televisión. Fue un año después de graduarse que obtuvo su primer protagónico en una cinta AV bajo la dirección de Doflamingo y fue así como inició su carrera. Los reportes de ventas de los títulos en los que había participado indicaban que su popularidad era bastante aceptable, no destacaba mucho pero los número eran lo suficientemente buenos como para producir más, pero por problemas con el director fue despedido y desde entonces no había vuelto a actuar. Mirando la fotografía del chico entendía porque no había obtenido oportunidades, el cine era una industria que se movía por apariencias (aunque mucha gente lo negará) y el rostro de aquel muchacho era perfecto para un papel secundario, jamás para un protagónico. ¿Qué esperaba obtener su hijo de un actor así?

Luffy había escogido inicialmente a Sabo para su película y Dragon aceptaba que había sido una buena elección, conocía detalladamente la trama de la película de su hijo y el rubio era perfecto para el papel. Admitía que su hijo tenía buen ojo, de no haber sido por él, jamás habría notado al rubio, incluso se sorprendió cuando Robin le informó que el chico tenía dos años trabajando en su productora y claro que no lo había notado porque el rubio había hecho participaciones secundarias, nada demasiado importante como para que demostrará todo su potencial y sin embargo, su hijo si lo había notado.

─Koala ─la chica le dirigió una rápida mirada por el retrovisor antes de volver su atención al camino─. Llévame al restaurante Corvo, tengo un poco de hambre ─ tal vez aquel Ace tenía algo que ofrecer.

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─¿Seguro que estas bien? ─preguntó Aphelandra sin apartar la vista de Ace que en esos momentos pasaba el delantal por su cabeza para después atarlo alrededor de la cintura─ Te ves pálido ─y no mentía, Ace tenía el rostro de un extraño color cenizo.

─Estoy bien, no te preocupes ─dijo Ace antes de alejarse.

Claro que no estaba bien, la noche anterior no había podido dormir. Después de que los invasores regresaran a su nave nodriza (o a cualquier dimensión demoniaca de donde hubieran salido), Ace se había quedado de pie en medio de la sala, tratando de procesar lo que acababan de decirle y cuando finalmente reaccionó, se había lanzado sobre el contrato como un gato sobre un ratón, alusión que tras terminar de leerlo se dio cuenta que él era el ratón y el contrato el gato.

No solo había aceptado interpretar el papel principal sino que además había aceptado una serie de estupideces, de acuerdo con este, Ace se había comprometido a estar disponible en cualquier momento para las grabaciones, había accedido a usar todo el vestuario que le asignaran, acepto cualquier cambio que surgiera en las grabaciones. Había aceptado, además, usar dentífrico sabor canela durante el tiempo que durara la grabación, una vez a la semana tendría que cuidar a Luffy, ayudar a cualquiera de ellos si llegaban a necesitarlo e incluso tendría que jugar con Luffy una vez al día. Las clausuras serían graciosas sino fuera porque cada vez que infringiera alguna tendría que pagar 1000 berries. Y lo peor de todo era que si llegaba a renunciar, tendría que pagarle a la productora Mugiwara cien veces su sueldo, el cual ascendía a la flamante cantidad de 30; 000,000 berries. Por donde lo mirará, Ace estaba atrapado y ¿a quién podía culpar de eso? A nadie más que a su completa idiotez. Se había dejado llevar por la actitud insistente de Luffy y ahora este era el resultado.

Lo peor de todo fue que una vez se recuperó del shock inicial, un mal presentimiento se instaló en su pecho, así que tomo su celular y busco la dichosa empresa en la barra de búsqueda. La maldita película no se trataba de un proyecto escolar sino de una película, ¡Una película de verdad! Tras leer aquello fue incapaz de conciliar el sueño y tan solo se quedó en el sillón contemplando su celular como si este fuera a cambiar lo que decía solo por verlo.

¿Qué rayos pasaba con aquel idiota para darle el papel principal a un completo desconocido? ¿A un desconocido que además le había dicho que era actor de películas AV? La idea de que todo aquello fuera una broma paso por su mente, seguro Perona (cansada de que siempre rechazara sus invitaciones de ir a comer, había decidido castigarlo de aquella forma) o tal vez era una nueva forma de Law de torturarlo (después de todo había conocido a Luffy el mismo día que se reencontró con Law), pero por más que trataba de convencerse de aquello, no lo conseguía. Luffy no parecía estar bromeando y aquello era más aterrador todavía porque significaba que Ace tendría que actuar y grabar aquella estúpida película. Si en esos momentos entraba un ser de otro mundo y le ofrecía 30; 000,000 ha cambio de cualquier cosa, le aceptaría con gusto.

Justo estaba pensando en eso cuando la campanilla de la puerta sonó y al girarse Ace se encontró con un hombre alto con un tatuaje en la cara y una chica castaña demasiado sonriente. Retiraba lo dicho, aquellos sujetos eran demasiado aterradores para hacer tratos con ellos.

─Bienvenidos –la verdad no tenía ganas de atender a nadie, pero era su trabajo─. ¿Mesa para dos? O ¿prefieren ordenar para llevar? –el sujeto lo miró como quien mira a una rana a la que está a punto de disecar y sin responder ninguna de sus preguntas se dirigió a la mesa más apartada de la cocina, imitando a su compañero la mujer también se alejó y fue a sentarse a su lado. Ace tomó una profunda respiración, el día comenzaba con un cliente raro.

Controlando su mal genio, se acercó a la barra y tomó dos cartas del mostrador para dirigirse a la mesa.

─Supongo que es mesa para dos entonces –dijo colocando las cartas frente a cada uno─. Los desayunos vienen en la página 3, el especial del día de hoy es "Dulce Amanecer" que consiste en huevos fritos con tocino y café. Mi nombre es Ace, seré su mesero, llámenme cuando decidan que ordenar.

─Caminas ligeramente inclinado hacia tu lado derecho, supongo que se debe a que pasas mucho tiempo cargando bandejas –dijo el hombre acomodándose en su silla─. Llevas mucho trabajando como mesero –Ace pudo notar que aquello era una afirmación.

─Lo suficiente para no tirar su comida, señor, no se preocupe. Avísenme cuando quieran ordenar ─no necesitaba confirmar ni negar aquello, además ¿Qué rayos le importaba?

Y mientras esos dos se dedicaban a mirar el menú, el pecoso se enfocó en limpiar las mesas, acomodar los servilleteros y rellenar los saleros y azucareras de cada una. Tras terminar de acomodar todo, Ace se giró para mirar a sus dos únicos clientes, había pasado media hora y no habían pedido nada, la chica parecía entretenida revisando su celular y el hombre continuaba mirándolo…¿Acaso creía que Ace era una clase de pieza en exhibición? Molesto se encaminó a su mesa.

─Disculpen, ¿ya saben que van a ordenar? –si no querían nada, podían empezar a largarse.

─Tráenos un café –dijo el hombre sin quitarle la vista, ¿acaso tenía algo en la cara? Aparte de aquellas estúpidas pecas. Ace dio la media vuelta para ir por las tazas y el café.

El chico pecoso no tardó en regresar y Koala notó que su jefe prestaba mucha atención a sus movimientos del chico, así como también notó que la mirada del mesero estaba en su jefe, era obvio que había notado que Dragon no le quitaba la vista de encima. Lo realmente sorprendente era que pudiera sostenerle la mirada, ella había visto como muchos grandes hombres de negocio apartaban la vista ante la de Dragon.

─¿Necesitan algo más? ─preguntó una vez terminó de servir el café.

─Nada más, puedes retirarte ─Ace miró al hombre sorprendido, ¿Quién se pensaba que era? ¿Su sirviente personal?

─Llámenme si necesitan algo.

Ace se permitió rodar los ojos una vez entró a la cocina, el aroma de los bollos de mantequilla que Carmen estaba preparando flotó hasta él, el aroma logró poner una sonrisa en sus labios de y se sentó en la barra para contemplar a la mujer mientras trabajaba. Una vez Aphelandra le había dicho que cuando llegó, las tres abrieron una apuesta para ver cuánto duraría en el puesto de mesero, la chef fue la única que apostó porque Ace se quedaría más del mes, Dadan le había dado una semana y Aphelandra dos.

Finalmente el horno emitió un pitido indicando que los panecillos estaban listos y Carmen se apresuró a sacarlos, el olor del pan recién hecho y la mantequilla hizo que el estómago de Ace gruñera, debido a que había vomitado todo su desayuno en la mañana y al hecho de que toda la comida le causaba nauseas, no había comido nada en todo el día, aquellos panecillos era la primera comida que no lo hacía sentir un vuelco en el estómago.

─¿No has desayuno, Ace? ─preguntó Carmen colocando la bandeja en la barra─ ¿Quieres uno? ─Ace los miró largamente antes de negar con la cabeza, si se compraba un panecillo descompletaría lo que le quedaba para reabastecer su nevera, por culpa de ese estúpido chiquillo sus finanzas aún no se recuperaba.

─No, pero tal vez los sujetos de allá afuera si quieran ─una cosa era que fueran unos extraños pero su deber era que se llevarán una buena impresión del restaurante, después de todo era el mesero.

Apenas atravesó la puerta los ojos de aquel hombre se clavaron en él, tratando de ignorar aquellos ojos que parecían taladros se dirigió a la mesa.

─Los bollos de mantequilla son una especialidad de nuestro restaurante, estos acaban de salir, ¿les gustaría alguno? ─la chica miró el cesto con los bollos con la ceja enarcada y la boca torcida, seguro era una de esas mujeres obsesionadas con su figura.

─Huelen bien, yo si quiero probarlos y traernos más café ─Ace dejó el bollo en un pequeño plato y fue por la jarra con el café para rellenar las tazas y volver a meterse en la cocina.

En la barra, Carmen estaba colocando un cesto con cinco bollos y una taza con chocolate caliente que olía bastante bien. Carmen casi nunca preparaba chocolate, el que se servía en el restaurante era preparado por Ace, Tashigi y algunas veces por Aphelandra.

─¿Ya llegó Dadan? ─preguntó al ver el pequeño desayuno en la barra, de hecho le había parecido extraño no ver a la enorme mujer sentada junto a la barra leyendo el periódico mientras fumaba un puro.

─No vendrá el día de hoy, tuvo un asunto personal ─informó Carmen con una sonrisa─. Esto es para ti.

─Pero… no tengo dinero para esto.

─Hahaha no te preocupes, yo no le digo a Dadan si tú no lo haces, ¿trato? ─Ace esbozó una sonrisa.

─Gracias ─dijo sentándose en la barra y lanzándose sobre los panecillos.

Koala miró a su jefe mientras devorando los bollos, preguntándose cuál era la finalidad de esa extraña visita. Desde que llegarán, su jefe había permanecido en silencio observando al pecoso. ¿Qué tanto le veía? La seña más significativa que tenían eran las miles de peca que adornaba su cara. En lo personal, a ella no le llamaban la atención los chicos con rostros infantiles. ¿Qué había visto Luffy en aquel sujeto para ir y ofrecerle un papel en su película? ¡Y no cualquier papel! Sino el papel principal. «Luffy es así, una vez decide algo, ninguno podemos hacerlo cambiar de opinión». Le sorprendía un poco que Robin no fuera capaz de controlarlo, siempre que hablaba del hijo del jefe lo hacía lucir como alguien imposible, tal vez a Robin le faltaba un poco de mano dura, Koala estaba segura que de ser ella, podría manejarlo, ¿Qué tan difícil podría ser manejar a un niño?

─Ve esta tarde a casa de ese sujeto y averigua cuánto dinero quiere a cambio de abandonar la película de mi hijo ─Koala miró a su jefe, el hombre había dicho aquello mientras introducía la mitad de un bollo en su boca.

─Considerando la zona donde vive y el trabajo que tiene, supongo que querrá una fuerte cantidad de dinero, eso sin mencionar que el contrato que firmó con su hijo tiene estipulada una penalización en caso de que decida romperlo ─Dragon miró a Koala ligeramente sorprendido.

─¿De cuánto?

─Treinta millones ─Dragon esbozó una sonrisa mirando el último panecillo en su mano.

─Nami es bastante buena haciendo contratos, ¿verdad? ─Koala parpadeó confundida, ¿Qué tenía que ver Nami, la jefa de locaciones, con los contratos?─ En ese caso, costará una pequeña fortuna deshacerse del mesero ─Dragon metió todo el panecillo en su boca y se dedicó a saborear la mantequilla, quería deshacerse de aquel chico cuanto antes─. Ofrece el doble de lo que tiene que pagarle a mi hijo ─Koala se atragantó con el café que estaba bebiendo y miró a su jefe, ¿Quería que le ofreciera sesenta millones! Era demasiado dinero─. Quiero que el asunto quede listo esta misma noche, ¿está claro? No quiero volver a escuchar de Portgas D. Ace después de hoy ─Koala asintió.

─Como usted diga, señor ─dijera lo que dijera su jefe, solo ofrecería treinta y cinco, seguro que el pecoso aceptaría, cinco millones era una cantidad que jamás juntaría en aquel pequeño lugar y era mucho más de lo que le pagarían si hacía la película.

Ace salió al restaurante de mejor humor, los bollos habían estado deliciosos y al parecer su estómago los había aceptado sin ningún problema, pero este desapareció al ver como aquel hombre se giraba inmediatamente hacia él, Ace suspiro agotado, prácticamente sentía como si estuviera en una de esas malditas audiciones donde todos lo miraban con los ojos entornados y la nariz fruncida en un mohín desagradable.

─¿Todo bien? ¿Necesitan algo más?

─Traernos la cuenta ─dijo Dragon sin apartar la vista ni un momento. Ace no podía estar más feliz de escuchar esas palabras.

─En seguida.

Cuarenta y cinco berries, era la cuenta total. Dragon miró la nota un momento, no recordaba cuando había sido la última vez que pagará menos de 1000 berries por una comida. Antes de convertirse en un gran director, aquella cantidad era lo que habitualmente gastaba cuando comía fuera, pese a que su padre era un hombre muy rico jamás le dio una vida fácil, Dragon había tenido que pelear por cada cosa en su vida y gracias a ello era la persona que era ahora, pero al ver esa nota se daba cuenta, que hacía mucho que había olvidado aquella etapa de su vida. Colocó el dinero para liquidar la cuenta y se puso de pie, Koala lo imitó.

─Conserva la feria como propina ─dijo al pasar junto a la barra sin siquiera mirar al pecoso. Ace lo miró sobre el hombro mientras abandonaban el restaurante. Era su impresión o mucha gente extraña estaba visitando el restaurante últimamente. Cansado terminó de colocar el café en el triturador y fue a recoger el pago.

¿Qué conserve la feria? El sujeto había dejado mil berries para el pago, Ace frunció el entrecejo, ¿Por qué de repente todas las personas le daban grandes propinas? No le gustaba, tomó el dinero y le llevó la nota a Aphelandra, una vez que la chica cobró los 45 de la cuenta, Ace deposito la feria en el frasco de las propinas y fue a recoger la mesa, esperaba no tener más visitas extrañas en todo el día.

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─Te dije que Ace era perfecto para el papel –Nami rodó los ojos, Luffy llevaba diciendo aquello desde la mañana.

─No porque la ropa que Robin diseñó exclusivamente para él le quede bien –dijo haciendo énfasis en lo de exclusivamente—, significa que es perfecto para el papel –en todo caso demostraba que Robin tenía mucho talento─. Falta ver cómo actúa –y Nami estaba segura que cuando eso sucediera, Luffy iba a llevarse una enorme decepción.

─Shishishi ya quiero que empiecen los ensayos –dijo con una sonrisa.

Luffy se sentía emocionado ante la idea de ver a sus amigos y a Ace interpretando los papeles de aquellos personajes que habían estado en su mente durante mucho tiempo. La sola idea de ver como esos seres cobraban vida hacia que un leve cosquilleo le recorriera el cuerpo, por eso había decidido convertirse en director, quería poder llevar a la realidad todo lo que pasaba por su mente y lo dejaba despierto por varios días, también por eso mismo odiaba la idea se usar computadora para los efectos y los paisajes, quería ver la realidad, quería que cuando un actor interactuara con el fuego lo sintiera (claro que Nami se aseguraba que todo se hiciera con absoluta seguridad, la pelinaranja no estaba dispuesta a pagarle un solo centavo a la agencia de seguros). Luffy no era partidario de usar computadora y escenarios falsos, sentía que al hacerlo engañaba a las personas que esperaban ver un fragmento de fantasía llevado a la realidad.

─Ya no falta mucho. El lunes comenzarán los ensayos ─la puerta interrumpió la risa del menor y tanto Nami como Luffy se giraron para ver quién era.

─Lamento interrumpirlos ─dijo Franky sin su usual buen humor─. Han venido a verte, Luffy –Luffy parpadeo unos momentos antes de sonreír haciendo que su rostro adquiriera un brillo de emoción.

─¿Es Ace? –después que firmará el contrato le había dado la dirección del estudio para que fuera a conocerlo.

─No ─por la expresión del peliazul era obvio que él también hubiera deseado que fuera el mesero─, se trata de Sabo.

La sala de estar era amplia y estaba pintada de color verde menta con trazos purpuras en formas de ondas y círculos que hacían juego con los enormes sofás color crema de tres plazas, al centro había una mesa de vidrio donde un arreglo con grandes esferas de cristal emitía suaves destellos. Una pared había desaparecido por completo y en su lugar fue sustituida por enormes ventanales que daban vista a una vasta extensión de árboles y una montaña a lo lejos. Las paredes estaban adornadas con afiches de las películas más famosas, y no se tenía que ser un gran conocedor para saber que todos eran originales. Habían tenido que costarles una fortuna. No conocía el precio de todos pero sabía que al menos uno de ellos costaba por encima de cien miel berries.

Sabo tenía que admitir que quien se hubiera encargado del diseño interior y la decoración era realmente bueno. Todo en aquel lugar indicaba que estaba en una productora cinematográfica, aunque también era obvio que apenas estaba empezando como los espacios en blanco indicaban, el olor a yeso fresco y pintura y las máquinas de construcción que había visto al entrar. La productora Mugiwara era la más joven hasta el momento, con apenas un mes de ser fundada, aunque él sabía que ya tenía tiempo de existir pero hasta hacia poco. Luffy había conseguido el lugar.

El sonido de pasos a su espalda lo hizo girarse y una sonrisa se formó en los labios de Sabo al ver al chico delgado y desgarbado dirigirse hacia él. Sabo tenía que admitir que vestido con aquellos jeans claros y un suéter enorme rojo que le llegaba poco más abajo de la cintura, Luffy lucia bastante bien y su rostro aniñado resultaba refrescante de ver.

─¡Hola, señor Director! Ha pasado tiempo desde la última vez que nos vimos, ¿Cómo has estado?

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Ace arrugó la envoltura de su hamburguesa y la retuvo en su mano mientras terminaba de beber el resto de su refresco. Esa tarde el cielo parecía una mezcla grisácea y cargada de nubes que se iban tornando cada vez más oscuras, señal inequívoca de que pronto llovería. Por fortuna siempre tenía un paraguas y un impermeable en su casillero para ocasiones como esas.

Ahora que tenía unos minutos para descansar, se encontró pensando nuevamente en la película donde supuestamente sería el protagonista o más bien en cómo podría reunir la cantidad que le costaba su "libertad" de aquel contrato.

Treinta millones.

No podría juntar esa cantidad ni aunque vendiera todas sus cosas. ¡Rayos! No podría juntar esa cantidad ni aunque trabajará por 10 años sin gastar un solo berrie. Era simplemente imposible. Únicamente le quedaba aprender el guion y hacer su mejor esfuerzo, pero no tenía ni idea de cómo memorizarlo, hacia siglos que no hacía algo como eso. Su más grande representación era la de "Bepo", el oso polar que les desea feliz cumpleaños a los clientes. Todo eso sumado al hecho de que solo tenía ese fin de semana para aprenderlo, nada alentador.

Y sentado aquí mucho menos lograre memorizar nada, soltando un suspiro se levantó y volvió a entrar a la cocina para despedirse y recoger sus cosas. Había echado el libreto en su mochila para leerlo en el camino, después de todo hacia una hora de viaje y bien podía aprovecharlo para ver si lograba meter un dialogo en su cabeza (a estas alturas se conformaba con aprender aunque fuera solo uno).

Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer cuando estaba abordando el autobús, que aquella tarde estaba inusualmente vacío, Ace fue a la parte de atrás y se sentó junto a la ventana viendo como las gotas de lluvia iban empañando el panorama. Mientras el autobús comenzaba arrancar, Ace sacó el guion pero en lugar de abrirlo para estudiarlo, se dedicó a contemplarlo largamente justo como había hecho unas noches atrás.

Una película de verdad, tiempo atrás habría dado lo que fuera por una oportunidad como esa, tiempo atrás estaría ansioso porque comenzaran las grabaciones, tiempo atrás habría sabido como estudiar y memorizar aquellas líneas… pero ahora, Ace solo podía pensar en lo ridículo que se vería fingiendo que era un actor.

Tenía miedo de aquel libreto y tenía miedo de algo más pero no sabía de qué exactamente, era una sensación incómoda en su pecho, la sensación de estar en el lugar equivocado.

Con manos temblorosas volvió a guardar aquellas hojas engargoladas en su mochila y sacó el pequeño reproductor de música, se colocó los auriculares y lo encendió. Mientras la música sonaba en sus oídos, Ace apoyo la cabeza en el frío vidrio de la ventanilla, dejando que su aliento la empañara mientras recordaba la información que obtuviera de internet la noche anterior. Monkey D. Luffy tenía 20 años y se le consideraba una joven promesa en el mundo cinematográfico, durante su época como estudiante sus producciones habían ganado el primer lugar en todas las competencias y al graduarse había creado su propia casa productora junto con sus amigos. Sin embargo el artículo no decía mucho sobre ninguno de ellos, de acuerdo con la editorial Luffy y sus amigos no eran de los que daban detalles de su vida privada a la prensa. Ace subió el volumen de su reproductor y fue contemplando como el panorama se movía frente a sus ojos. Luffy le había dicho que podía visitar la productora cuando quisiera, le había dado una tarjeta con la dirección que Ace había aventado en alguna parte de su departamento (no recordaba donde), pero no lo había hecho.

Tal vez porque si la visitaba, todo sería real.

Ace aún tenía la esperanza que todo se tratara de una pesadilla de la que terminaría despertando tarde o temprano, solo esperaba que fuera antes de que tuviera que realizar los ensayos. ¿Qué clase de idiota le daba un protagónico a un actor que trabajaba como mesero en un pequeño restaurante en una de las zonas de más baja categoría de la ciudad? No debería de decirle algo a Luffy que el trabajará de mesero y no en una película, como por ejemplo ¿Que tal vez no era muy bueno? Era una estupidez, todo aquello era una insensatez. Luffy era un completo idiota y Ace lo era aún más por aceptar trabajar con el idiota.

Ace suspiro empañando aún más el vidrio e introdujo su mano por el suéter para sacar las placas que llevaba colgadas del cuello. Le habían detectado aquel padecimiento a los 10 años, al principio los reportes de sus maestros de que se quedaba dormido en las clases no eran extraños, siempre había sido un niño distraído pero cuando se hicieron más recurrentes, su madre decidió llevarlo con un doctor para que lo examinará. Narcolepsia, heredada de su padre quien había muerto antes que Ace naciera. Doflamingo lo había aceptado aún con su enfermedad, le dio una oportunidad cuando nadie más lo hizo. Que tu actor principal se durmiera en medio de la toma era sinónimo de pérdidas y nadie estaba dispuesto a arriesgarse. Aún ahora recordaba lo estúpido que fue dándole las gracias a aquel maldito rubio, pensando en que se esforzaría para no decepcionarlo. ¿Sabía Luffy que padecía de narcolepsia? Probablemente, pensó recordando lo perfectamente bien que le había quedado la ropa la noche anterior. No entendía a ese chico… no lo entendía en absoluto, ¿Qué era exactamente lo que pretendía? ¿Por qué lo había elegido a él para el papel principal? ¿Por qué lo había elegido a él para cualquier papel? ¡Eres un actor, no un mesero! ¿Por qué Perona siempre insistía con lo mismo cada vez que lo veía? Y no solo había sido Perona, cuando Luffy y sus secuaces estuvieron acudiendo al restaurante para convencerlo (molestarlo sería más apropiado) Carmen, Aphelandra e incluso Tashigi le habían preguntado porque no aceptaba.

Todas, incluso Dadan, parecían entusiasmadas con la idea de que saliera en una película, estaba claro que el aprecio que le tenían les impedía ver que Ace llevaba 5 años retirado y que jamás, antes de aquel idiota, nadie le había ofrecido un papel, ni siquiera en obras de teatro infantiles. ¿No les decía eso algo?

En cinco años no había conseguido un solo papel y había hecho más audiciones de las que recordaba, para cualquier papel inclusive como extra o doble, pero la respuesta siempre era la misma: nosotros le llamamos. La mentira que siempre decían. Ace sabía que no lo llamarían, cuando impresionabas a alguien se le notaba en los ojos, pero cada vez que el terminaba su prueba veía lo mismo: aburrimiento, cansancio y, en algunos casos, alegría de que ya hubiera terminado. Nunca nadie le pidió una segunda prueba, al contrario todos lo interrumpían antes que terminará. Ace incluso se había inscrito en una de esas agencias pero al no poder continuar pagando por el servicio se salió. Tantos rechazos y tantas miradas adustas le dejaron en claro que Doflamingo no había mentido con lo que le dijo el día que lo corrió, por eso desde hacía un par de años Ace se había resignado a su vida actual, dejo de buscar empleo en el periódico y se limitó a continuar sirviendo mesas. No era un mal trabajo, tenía un sueldo base y más aparte sus propinas, en su cumpleaños, Carmen siempre le preparaba un pastel y entre todos le obsequiaban algo (la última vez había sido una camisa color vino), en Navidad, Dadan organizaba una pequeña reunión después de cerrar, encendían el karaoke e intercambiaban regalos mientras disfrutaban de una deliciosa cena que Carmen se esmeraba mucho en preparar.

No era una mala vida, le gustaba. Allí nadie competía con nadie (salvo para ganar los días festivos o las vacaciones) y había un verdadero sentimiento de compañerismo. No quería renunciar a eso, le gustaba trabajar en ese lugar, le gustaban sus compañeras (ahora que lo pensaba Ace era el único hombre allí), le gustaba su vida simple y sencilla.

El libreto en su mochila amenazaba todo eso, o al menos esa era la sensación que tenía.

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Robin salió de su taller con los trajes cuidadosamente doblados sobre su brazo, para llevarlos a la lavandería pero cuando se dirigía al ascensor distinguió a Nami apoyada en la baranda mirando hacia la sala de espera en la planta baja. Se acercó a la chica para ver qué era lo que atraía su atención y no pudo evitar entornar los ojos al ver la persona con la que Luffy estaba hablando, ¿Qué estaba haciendo Sabo allí?

─ Hubo algo extraño el día que Luffy decidió sacar a Sabo de la producción, ¿no lo crees? ─la morena miró a Nami, la chica no había apartado la vista de Luffy─. Desde entonces Luffy no ha vuelto a mencionar a Sabo y ese rubio idiota no había vuelto a buscarlo.

Mientras Nami no despegaba sus ojos de la escena entre Luffy y Sabo, Robin miraba a la pelinaranja de soslayo. Nami fue siempre su principal preocupación, de hecho aún lo era, la chica pese a que siempre estaba regañando al moreno e incluso en algunas ocasiones llegaba a golpearlo, era la que (junto con Zoro) más protegía a Luffy, después de todos los tres habían sido amigos desde el preescolar. El miedo que Robin tenía era que descubriera la verdadera razón por la que se acercará a Luffy y se hiciera su amiga. Luffy y Zoro podían llegar a ser muy despistados y a decir verdad también eran bastantes simples y se conformaban con cualquier explicación, pero Nami no era así, la chica sabía mantener la mente fría en situaciones de verdadero cuidado. Y al verla ahora, vigilando como un halcón cada uno de los movimientos de Sabo, confirmaba sus sospechas. Robin sabía la verdadera razón por la que Luffy sacará a Sabo de la producción y admitía que la preocupación de Nami era totalmente justificable. Las cosas entre Luffy y Sabo iban más allá que un simple desacuerdo.

Sabo y Luffy habían sido novios, bueno no estaba segura que Luffy se refiera de esa manera a Sabo porque no era su forma de ser, pero Luffy lo había querido mucho. Y ella lo sabía porque se había dedicado a espiarlo, era su trabajo después de todo. Luffy se había sentido fascinado por Sabo desde que lo conociera y con el tiempo el cariño y la admiración que sentía por ese chico mayor que él poco a poco se fue convirtiendo en otra clase de cariño. Aquella vez fue cuando comenzó a sentirse como una traidora con el pequeño.

Robin, ¿Cómo sabes que amas a alguien?

Que Luffy hubiera acudido a ella con aquella pregunta, en lugar de hacerlo con Zoro, Nami o cualquiera de los otros, le mostró a la morena lo mucho que la apreciaba, le mostro que el menor la consideraba una verdadera amiga. La pregunta fue como una puñalada en su corazón, Luffy la había hecho justo cuando ella volvía de dar su reporte mensual al padre del menor. Y aun así, continué dándole información durante 3 meses más. Debió darse cuenta que el interés que el padre de Luffy comenzó a mostrar por Sabo (quien en esas fechas era uno de los actores nuevos que acababan de llegar a la compañía) iba más allá de la "preocupación" por su hijo y mucho más allá de lo profesional.

La forma en que Luffy había descubierto lo que su padre y su "novio" tenían había sido muy dolorosa y un momento bastante desagradable. No hubo reproches, no hubo confrontación, no hubo lágrimas… solo una sonrisa que desapareció, unos ojos que perdieron su brillo, una pequeña caja con el logotipo de una prestigiosa joyería que cayó de su mano y rebotó sobre un suelo cubierto de alfombra, una mano que se movió para cerrar la puerta y un corazón destrozado. Robin había estado allí, junto al menor, había visto como el padre del chico estaba sobre el rubio en medio de aquel acto, los jadeos que ambos prorrumpieran y el recuerdo de la forma en como Sabo gemía el nombre de Dragon todavía asqueaban a Robin. Luffy había sacado a Sabo de la producción al día siguiente, sin explicación alguna pese a las protestas de todos, menos de Nami y Zoro. Después de eso Luffy se decayó mucho, fue precisamente por eso que todos se esforzaron por conseguir lo que el menor había soñado para su película, en un intento por animarlo, y así fue como terminaron yendo a aquel restaurante donde conocieran a Ace.

Desde Ace, Luffy lucia más animado y todos lo habían notado, por eso pese a que no sabían cómo actuaba igual habían terminado colaborando con la tarea de convencerlo para que aceptara salir en la película. Pensar en aquel chico pecoso hizo que un nuevo sentimiento de culpa se instalara en su pecho. Koala le había dicho que Dragon quería la dirección del chico y que le había pedido toda la información que pudiera reunir. Luffy estaba a punto de perder a su protagonista de nueva cuenta, Robin no conocía a nadie que se hubiera resistido a las ofertas de Monkey D. Dragon. Si Luffy era terco y decidido, su padre lo era el doble, después de todo era como se decía: la manzana nunca cae muy lejos del árbol. Ace había mostrado mucha resistencia con Luffy, pero ¿resistirá al padre de éste? A diferencia de Luffy, Dragon era sumamente reconocido. Tenía ventaja en todos los aspectos y ellos no eran precisamente santo de devoción del pecoso.

─¿Qué hace el aquí? –Zoro había llegado justo a tiempo, porque Robin había comenzado a perderse en sus propios recuerdos. El peliverde iban únicamente vestido con un pantalón deportivo y tenía el torso empapado en sudor, seguramente había estado en el gimnasio.

─Franky solo dijo que había preguntado por Luffy, no dio ningún detalle –respondió Nami sin mirarlo, todos estaban tan acostumbrados a la presencia de los demás que ya no les causaban sobresaltos.

─Pues espero que no quiera quedarse, la alacena está casi vacía –dijo Sanji colocándose junto a Zoro─. De hecho, venía a hablar contigo de eso, preciosa Nami, cuando me encontré con este idiota frente al almacén de limpieza –Robin pudo notar que el rostro de Zoro se ponía rojo y no pudo evitar sonreír.

─Ese almacén no estaba allí en la mañana –dijo tratando de defenderse.

─Si como tú digas.

La molestia en el rostro de todos era bastante obvia, tal vez no sabía lo que había pasado entre esos dos, pero era claro que estaban de lado de Luffy. Ninguno estaba allí por el dinero, estaban allí por amistad, lealtad y sus propios sueños que Luffy los había alentado a alcanzar. Al poco tiempo de conocerlos, comprendió porque Dragon no había intentado convencerlos de abandonar a Luffy, sería una pérdida de tiempo. Muchas veces, Robin lo había escuchado quejarse de ellos porque los consideraba demasiado novatos para apoyar a su hijo.

─No me gusta que ese hombre este aquí –dijo Nami enderezándose─. Debería conseguir un par de guardias de seguridad para evitar que esa clase de personas pueda entrar –la pelinaranja tomó nota mental de ello, sería lo primero que atendería apenas terminará allí─. No quiero a ese sujeto cerca de Luffy ─declaró con firmeza.

─No dijiste que lo preferías a él antes que a Ace ─comentó Robin tratando de sonreír.

─Prefiero a Sabo como Keima en la película, no al lado de Luffy.

─No te preocupes tanto, mi preciosa Nami. Luffy sabe cuidarse solo.

─No lo dudo, pero… ─si solo fuera cuestión de golpes, Nami no se preocuparía, pero su intuición le decía que entre esos dos había algo más. Luffy siempre había dicho que Sabo interpretaría a Keima y después un día simplemente les dijo que el rubio ya no formaba parte del equipo, a la semana Sabo era mencionado como protagonista de la película de Dragon ─. No me gusta ese sujeto ─le gustaba mucho menos que Ace. Nami sentía que Sabo podía lastimar a Luffy en algo más profundo que Ace con su mala actuación, por eso no lo quería cerca del moreno. Muchas veces le había preguntado a Luffy que había pasado con Sabo, pero el chico solo se había limitado a decirle "diferencias", así que en esta ocasión había enviado a Usopp para que lo averiguara.

Dentro de poco tampoco tendrás que preocuparte por Ace, Nami. Koala la había llamado la noche anterior para decirle que Dragon llegaría esa mañana temprano, lo que significaba que Ace pronto desaparecería de sus vidas y volverían a quedarse sin protagonista.

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Luffy miró aquel rostro sonriente, Sabo siempre había tenido una expresión amistosa, al verlo ahora se daba cuenta del contraste que había entre Ace y él. Mientras que Ace era moreno, Sabo era rubio, el primero tenía los ojos negros y él otro de un hermoso azul cielo, Sabo era ligeramente más alto que Ace pero esté era más musculoso y mientras Ace tenía una expresión adusta, el rubio tenía una agradable, lo único que parecían compartir era que ambos tenían marcas, Sabo una quemadura en el lado izquierdo de la cara, la cual mantenía ocultada usando el cabello ligeramente largo, y Ace aquellas pecas esparcidas por toda su cara.

Keima había sido pensado para Sabo, Luffy no había podido concebir a otra persona para aquel papel que no fuera el rubio, hasta que vio a Ace, lo cual era curioso, ¿Cómo una persona tan diferente a Sabo podía parecerle tan adecuada?

─¡Vaya! No recordaba que fueras tan callado ─comentó Sabo viendo el rostro pensativo de Luffy, un rostro poco común en el menor─ ¿No te da gusto verme? ─Sabo tenía que admitir que no se esperaba ese recibimiento tan frío por parte del menor.

─¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar recibiendo a mi padre? –el rubio entorno los ojos y miro al menor con suspicacia.

─¿A tu padre? ¿Por qué debería? Es trabajo de Koala ir a recogerlo al aeropuerto.

De hecho, aquella era precisamente la razón por la que estaba allí. Esa mañana apenas llegó a la productora fue a ver a Koala para lo del vestuario, pero se encontró con que la chica no estaba. De acuerdo con Hack, había llamado temprano para reportar que llegaría tarde porque iría a recoger a Dragon al aeropuerto. Sabo había tenido que usar sus dotes de actor para no demostrar su sorpresa. Dragon no le había informado que llegaría ese día, cuando siempre le avisaba y aquello era lo que le había molestado lo suficiente como para ir a ver a Luffy. Estaba seguro que Robin le informaría a su jefe aquella visita y entonces podrían las cartas sobre la mesa. Sabo odiaba ser relegado.

Había acudido a aquel lugar tan solo para molestar a Dragon, el hombre era celoso, pero al ver a Luffy una sensación agradable le recorrió el cuerpo. No podía olvidar la clase de relación que tuvo con aquel chiquillo, Luffy era demasiado dulce e inocente, Sabo casi se había sentido culpable cuando compartiera besos y otras cosas con él, pero aquella calidez desapareció cuando vio la mirada que Luffy le dirigía. No se había esperado aquella indiferencia del menor. Sabo podía olvidarse de las personas, pero odiaba cuando la gente lo olvidaba y superaba a él. Aunque tal vez solo está fingiendo, su presencia no parecía alterar al menor en lo más mínimo y considerando que Luffy no era bueno fingiendo, tuvo que desechar aquella idea.

─¿Qué es lo que quieres? –el mismo Luffy de siempre, al menos eso no había cambiado. Al igual que su padre, Luffy era franco y directo.

─Verte, hace mucho que no conversamos ─comentó con una sonrisa.

─Entonces ya te vas –si solo quería verlo no tenía por qué quedarse más tiempo.

─¿Qué pasa Lu, antes no solías ser tan frío? –su sonrisa cambió por una seductora y de forma distraída desabrocho el botón superior de su camisa revelando su piel blanca—Antes solías ser muy cariñoso.

─Antes muchas cosas eran diferentes, ahora es ahora.

─Vaya que frío –dijo cruzándose de brazos─. Has cambiado, Lu –el moreno se encogió de hombros, indiferente al comentario─ ¿Te gustaría ir a comer?

─Estoy ocupado. Si solo querías verme, ya lo hiciste. Adiós ─dijo dando la vuelta dispuesto a alejarse.

─¿Ocupado? ¿Ensayando con tu nuevo protagonista? –Luffy se detuvo y lo miró sobre el hombro—Creí que habías dicho que solo yo podía interpretar ese papel, al parecer mentiste.

─Yo también lo pensaba, hasta que vi a Ace.

─¿Ace? –Sabo parpadeo confundido y trató de pensar donde había escuchado antes aquel nombre – ¿Es un nuevo actor?

─Ace es un actor muy experimentado ─Nami había dicho que participó en 30 cintas─. Él será el encargado de darle vida a Keima y entonces les patearemos el trasero a todos y ganaremos el festival.

─¿Aún estás enojado por lo que paso, verdad? –a Sabo le bastó ver el entrecejo fruncido del otro para saber su respuesta─ Luffy cualquier actor que se aprecie a si mismo hubiera aceptado. Eres solo un novato Lu mientras que tu padre, su solo nombre es sinónimo de éxito. Nadie dejaría ir una oportunidad como esa.

Luffy miró a Sabo fijamente, si solo hubiera sido aquello no le habría dolido tanto, si solo se hubiera tratado de un papel, Luffy lo habría comprendido (no del todo pero lo habría hecho), pero no se había tratado solo del papel, de la oportunidad que el rubio decía haber tenido y que él jamás le habría podido dar.

─Adiós, Sabo.

Al ver al menor girarse para alejarse Sabo tuvo una desagradable sensación en la boca del estómago. La sensación de ser abandonado, como si fuera un insecto molesto que el menor quisiera quitarse de encima. Como si ya no fuera importante para é Sabo le informó que no podía salir en su película, pensó que Luffy le suplicaría para que no se fuera, que intentaría convencerlo pero Luffy tan solo se había encogido de hombros para después levantarse y despedirse sin siquiera probar la comida que el rubio había preparado para él. «¡No vas a tratar de convencerme!», había gritado haciendo que Luffy se girará, fue la única vez que vio una expresión seria y adulta en aquella cara aniñada «No pierdo mi tiempo con causas pérdidas»

Sabo apretó los puños molesto viéndolo alejarse.

─¡Ace haría lo mismo! –no tenía idea porque había gritado aquello, no conocía de nada al tal Ace, pero por la forma en que Luffy había hablado de él era obvio que al menor le importaba. Sus palabras hicieron que Luffy se detuviera y eso solo confirmó la sensación de molestia del rubio. Vio como Luffy se giraba para encararlo, sus ojos habían cambiado a una expresión molesta.

─Ace jamás haría eso.

Aquellas cuatro palabras fueron como una puñalada para el rubio, una puñalada desagradable. Los ojos de Luffy brillaban con firmeza y había dicho esas palabras completamente convencido de ellas.

─¿Estas tan seguro? ¿Le dijiste a tu padre sobre él? Ace es nuevo en tu grupo, ¿verdad? –la forma en que Luffy apretaba los puños le dio la respuesta─ ¿Por qué no? Si estas tan seguro que no abandonará tu película, ¿Por qué no se lo presentas?

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Koala contempló el letrero "Fuera de Servicio" que bloqueaba las puertas del ascensor, la madera lucía vieja y astillada, el color amarillo con que habían sido pintadas estaba desvariado y partido en algunas zonas, claro indicio de que tenía bastante tiempo bloqueando aquellas puertas. Levantó la vista y pudo ver que dos de los cables que se suponen debían hacer la función de movimiento estaban rotos. No se tenía que ser un genio para saber que ese ascensor no sería reparado nunca. Fastidiada, más que otra cosa, subió por las escaleras que ascendían rodeando el tubo del ascensor, algunos de los escalones crujían cuando apoyaba el pie sobre ellos y a Koala comenzó a preocuparle que terminaran rompiéndose y su pie se fuera al vacío. La barandilla era metálica y por las marcas habían estado, tiempo atrás, pintada de color dorado aunque ahora se veía casi negra y las paredes estaban descarapeladas, pedían a gritos una mano de pintura, aunque por lo menos parecía estar "decentemente" limpio, o eso pensó hasta que vio algo correr en el piso para desaparecer rápidamente en un hueco que había en la pared a la altura del último escalón, cerró los ojos y negó con la cabeza. ¿De verdad alguien podía vivir en aquel lugar? Y como para responder su pregunta la puerta del apartamento número 2 se abrió y dos niños salieron corriendo como pequeños animales que hubieran estado enjaulados, gritando y riendo.

─¡No corran, niños, y no salgan del edificio hasta que yo este abajo! ─gritó una mujer algo regordeta mientras cerraba la puerta y le echaba llave, el sonido de una puerta al cerrarse y abrirse indicó con claridad que los niños habían hecho oídos sordos a las palabras de la mujer, por lo que está se apresuró a seguirlos─ Buenas tardes ─dijo de forma rápida al pasar junto a Koala pero sin detenerse a mirarla. Por alguna razón, Koala miró a la mujer hasta que desapareció de su vista y trató de imaginarse a sí misma con dos hijos, pero por más que se esforzó no logró verse ni siquiera con uno. La vida maternal no parecía ser parte de su vida.

Finalmente Koala llegó al piso 4 donde estaba el apartamento de Ace, el número nueve. La puerta a diferencia de la de su vecino estaba cuidadosamente pintada, el número 9 estaba reluciente en color plateado junto con el picaporte. Koala se acercó y llamó a la puerta. Eran las 3:30 de la tarde, por lo que había averiguado el turno del chico terminaba a las 2 de la tarde, hacia una hora de camino desde el restaurante hasta su departamento (porque no tenía auto propio), así que era una hora decente para que estuviera en su casa, o al menos eso pensó hasta que tuvo que llamar por cuarta ocasión sin obtener una respuesta del otro lado. Tal vez el tipo tenía un compromiso, había sido demasiado pretensioso creer que no tuviera nada que hacer, la pregunta en realidad debía ser ¿Qué tanto tardaría en volver? Koala consultó su reloj de muñeca, no podía quedarse a esperarlo mucho tiempo pero tampoco podía dejar pasar ese día, su jefe había sido bastante claro en ese aspecto: tenía que deshacerse de Portgas esa misma tarde, no quería volver a saber de él en lo que le quedaba de vida. Era obvio que a su jefe no le había gustado lo que vio del sujeto aquella mañana. Volvió a llamar con insistencia por quinta ocasión, con el mismo resultado y soltó una maldición frustrada, habría querido zanjar ese tema de una vez por todas pero al parecer la suerte no estaba de su lado. Tendría que volver más tarde a buscarlo, solo esperaba que el tipo no fuera de los que disfrutaban de la vida nocturna, aunque considerando el tamaño de las ojeras que tenía era bastante probable que fuera así. Volvió a consultar su reloj, tan solo para notar que solo habían pasado dos minutos desde la última vez que lo hizo, suspiro frustrada y se dio la media vuelta para dirigirse a las escaleras. Volviendo a notar la pintura desgastada de las paredes y el crujido que emitían los escalones, solo pudo pensar que el tal Ace aceptaría su oferta sin duda alguna, con 50,000 berries podría salir de esa inmundicia y buscar un mejor departamento, al menos uno donde el ascensor funcionará apropiadamente.

Justo estaba por bajar cuando escuchó el sonido de una cerradura correrse, Koala se giró a tiempo para ver como la puerta con el número 9 se abría y Ace aparecía bostezando y rascándose la parte de atrás de la cabeza, lucía como si acabará de despertarse. La idea de que habría tenido que dar dos vueltas solo porque aquel sujeto estaba dormido, hizo que una furia se instalará en su pecho.

¡Que sujeto tan desconsiderado!

Ace cortó su bostezo al ver a la persona que había estado tocando su puerta, ¿acaso estaba soñando? Era la misma chica con la sonrisa diabólica que estuviera aquella mañana en el restaurante, ¿Qué estaba haciendo allí? Pero sobretodo, ¿Cómo sabía dónde vivía? ¿Acaso alguien había hecho pública su dirección en alguna red de gente rara y diabólica? Porque si no era eso, no entendía como era que tanta gente tenía su dirección.

─Hola –Ace miró a la chica castaña que le sonreía desde el umbral de la puerta─ ¿Me recuerdas de la mañana? –y quién podría olvidarla, seguía teniendo esa sonrisa demasiado feliz en su cara.

─Si –preguntó con cautela notando que la chica estaba sola, ¿Dónde había dejado a su tétrico acompañante?

─Necesito hablar contigo, ¿puedo pasar? -claro, ¿Por qué no? No es como si fueras una completa desconocida.

─Lo siento, pero me enseñaron que no debo hablar con extraños. Que tengas un buen día –dijo disponiéndose a cerrar la puerta.

─Mi nombre es Koala Fisher, soy la asistente personal de Monkey D. Dragon, el dueño y fundador de la productora Dragon –Koala sonrió internamente al ver que el chico la miraba sorprendido─. Estoy aquí en nombre de mi jefe para tratar un asunto contigo, algo muy beneficioso para ti.

─¿Y esperas que crea eso? –Koala saco una tarjeta y se la pasó. Ace la miró desconfiado unos minutos antes de ver a la chica─ No he hecho ninguna solicitud para algún trabajo en su empresa ni nada por el estilo, así que no creo tener ningún tema que tratar con ustedes.

─El tema que queremos tratar contigo no tiene que ver con la productora. Es un tema personal del señor Dragon.

─No me interesa ─dijo dispuesto a cerrar la puerta, no tenía tiempo para más cosas, tenía un guión que memorizar.

─El señor Dragon le ofrece treinta y cinco millones de berries a cambio que deje la película con la productora Mugiwara.

Ace se quedó paralizado con la vista fija en la castaña ¿35 millones! Con eso podría pagar su "libertad" y tendría 5 millones más para él. No tendría que preocuparse por la renta ni comida por un tiempo. La oferta era demasiado tentadora como para dejarla pasar, ¿Cuándo tendría oportunidad de ver tanto dinero? Y era la oportunidad de librarse de Luffy y compañía. Si aceptaba no tendría que cubrir el turno nocturno por tres meses, no tendría que aprenderse los diálogos, no tendría que volver a ver a los alienígenas nunca más, no tendría que hacer el ridículo.

Koala tuvo que hacer un esfuerzo para no sonreír, por la expresión del pecoso era obvio que aceptaría, le gustaba cuando las cosas se resolvían fácilmente. Dragon estaría satisfecho, Ace le costaría menos de lo que planeaba.

─¿Y bien? ─preguntó Koala con una sonrisa, segura de la respuesta del otro─ ¿Aceptas?
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Continuará.

Como siempre, pido disculpas por la tardanza.
Muchas gracias a las personas que dejaron sus comentarios en el capítulo anterior y a las personas que siguen esta historia (aunque la autora sea demasiado lenta). Espero que el capítulo fuera de su agrado, y si alguien gusta dejar un comentario es bienvenido sino pues solo disfruten la historia.

¡Gracias por leer!