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El departamento había sido un lujo innecesario y totalmente arriesgado. Sabo lo había adquirido dando como enganche todo el sueldo que obtuviera de la primera película donde participo y firmando un gran crédito hipotecario a pagar a 30 años (Sabo estaba seguro que por esa cantidad habría podido comprarse una casa grande en uno de los más lujosos vecindarios de la ciudad) y lo hizo porque estaba seguro de que aquella película era solo el primer éxito que obtendría, así que la cantidad que estaba firmando no sería ningún problema de cubrir y por el contrario, tener aquel departamento ayudaría mucho a su imagen, además le había gustado y no estaba dispuesto a dejarlo para que alguien más lo tuviera. Su apuesta resulto satisfactoria pues una vez la película fue estrenada, el teléfono de su agente comenzó a sonar y las ofertas llegaron como abejas a la miel. Sabo consiguió liquidar el crédito hipotecario con el sueldo de su tercer contrato, que curiosamente también fue su tercer gran éxito en la pantalla grande y con la que obtuvo la aprobación de todos los críticos, una posición en la que se había mantenido hasta la fecha, al igual que en aquel departamento.

Ese departamento se había vuelto su símbolo de poder, confianza y buena suerte. Sabo no lo cambiaría por ningún otro, mucho menos por una lujosa casa, que parecía ser la tendencia en los artistas. El rubio sabía que a su amante también le gustaba, aunque se debía (según creía él) al hecho de que era un lugar discreto donde jamás había tenido ningún problema con paparazis ni nada por el estilo, Sabo se había cuidado mucho de no dar a conocer su dirección y el hecho de que el acceso al edificio se hiciera a través de una llave electrónica y que el recepcionista firmara un acuerdo de confidencialidad le daba una mayor privacidad.

Sabo se sentía seguro en aquel lugar, era por eso mismo que la mayor parte de las ocasiones en las que se reunía con Dragon, el rubio insistía en que fuera en su departamento. Sentía que en aquel lugar era fuerte, capaz de enfrentar a cualquier persona y considerando que no estaban en el mejor momento, Sabo creyó que sería buena idea tratar de hacer las paces en aquel lugar. Para esa noche, Sabo se había esmerado en que todo fuera perfecto, había preparado la cena él mismo (sacando a relucir sus dotes culinarias, que aunque fueran pocos al menos conocía uno o dos platillos para noches románticos). Pechuga envuelta rellena de camarones con queso philadelphia era su mejor opción y por el olor que comenzaba a impregnar la cocina supo que no tardaría en estar listo. Cocinar siempre le ayudaba a relajarse, de alguna forma cuando los olores comenzaban a mezclarse una sonrisa afloraba en sus labios, trayéndole una sensación de tranquilidad y alegría, aunque a Sabo le bastó con levantar la mirada y mirar la figura en el balcón para disipar toda la alegría que le transmitía cocinar.

Supuestamente esa noche solo serían ellos dos, pero apenas llegará al departamento, el celular de Dragón comenzó a sonar y había salido al balcón a responder…de eso hacía casi ¡media hora! Dragon solo le había dedicado un simple "Disculpa, tengo que tomar esta llamada" antes de desaparecer por completo tras las cortinas traslucidas que daban al balcón. No le gustaba que actuará de esa forma cuando estaba con él, de alguna forma sentía que en realidad no era alguien especial para Dragon pues no se comportaba de forma especial con él, era el mismo que con todos. ¿Acaso Dragon podía acostarse con cualquier persona? ¿En verdad él no tenía nada especial para hacer que se comportará diferente? Cuando estaba con Luffy, él cambiaba por completo, lo cual era algo realmente extraño en el menor pues Luffy siempre era una persona abierta, por tal motivo pensó que la reacción de Dragon (al ser el padre de Luffy) sería parecida pero se había equivocado por completo… padre e hijo eran tan parecidos pero a la vez diferentes.

Luffy era un chico alegre, de sonrisa fácil y con los sentimientos tatuados por todo su cuerpo, no había una parte oculta, con Luffy todo parecía estar expuesto al aire libre. Dragon, por otro lado, era alguien reservado que no compartía casi nada de su vida con nadie, ni siquiera con aquellos que podían considerarse como sus "mejores" amigos, era una persona que siempre parecía estar en silencio y evaluando a las personas que estaban a su alrededor. Sabo no podía entender cómo funcionaba la mente de Dragon, pese a que habían estado juntos por más de dos años. Padre e hijo eran distintos, pero a la vez parecidos. Ambos compartían la misma personalidad fuerte y atrayente, la misma aura dominante donde dejaban en claro que sin importar cuando te negarás al final ellos obtendrían lo que querían (Sabo sospechaba que era precisamente aquello lo que había hecho que ambos tuvieran tanto éxito), eran caprichosos e imponentes, pero la cualidad que más compartían era que ambos eran posesivos con sus cosas, y por cosas Sabo sabía que ambos incluían a las personas que apreciaban. Y aunque Sabo jamás lo admitiría ante nadie, adoraba aquella posesividad, tanto la del padre como la del hijo, pues lo único que tenía en claro de ambos era que entre más posesivos fueran con alguien era porque significaban algo importante para ellos… pero Dragon solo era posesivo con Luffy mientras que con él era territorial, había una sutil diferencia entre una cosa y otra.

Últimamente Dragon siempre parecía tener algo más importante en lo que pensar, apenas unos días antes cuando intentará ponerlo celoso, el mayor simplemente lo había ignorado y si a eso le sumaba que Koala se veía especialmente estresada en los últimos días, Sabo solo podía pensar que algo estaba pasando, algo que no le habían dicho…

¡Y no le gustaba!

Últimamente sentía que había demasiadas cosas a su alrededor alterando su vida y era algo, por demás, molesto.

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La vista desde allí era asombrosa, aunque Dragon no esperaba menos considerando el precio que Sabo había tenido que pagar por el departamento. ¡Casi una fortuna! Incluso más que una casa, pero la vista era inigualable en especial durante la noche.

Las luces de los edificios resaltaban como un mar multicolor contra el negro de la noche, asemejándose a pequeñas gotas de agua atravesadas por una estela de luz. Era una hermosa vista que siempre le había ayudado a tranquilizarse, una vista que le gustaba compartir con Sabo durante las noches en las que cenaban juntos pero que justo ahora ni siquiera se había molestado a detenerse para admirarla. Su mente estaba más ocupada con otras cosas, o mejor dicho en alguien…

Portgas D. Ace.

Un nombre que comenzaba a volverse una molestia.

Una verdadera molestia, recalcó en su mente.

Cuando recién fundó su productora, cuando su nombre apenas comenzaba a cobrar importancia en el mundo cinematográfico y su rostro a aparecer en los periódicos y revistas con los títulos de "Joven promesa", "El director más joven", "Dragon, un nuevo nombre para el éxito". Dragon había tenido que enfrentarse a toda clase de artistas con actitudes prepotentes que actuaban como si le estuvieran haciendo un favor, cabe decir que ni siquiera en aquel entonces permitió que algún actor se impusiera a él, por mucho renombre que tuviera. Si algo había aprendido desde joven fue que actores había muchos, solo había que buscar el adecuado para que una película pudiera brillar. Muchos actores de renombre eran solo estrellas que brillaban por algunos pocos papeles importantes, pero si uno los analizaba con cuidado se daba cuenta que eran papeles gemelos. Había muy pocos actores que eran capaces de cambiar de un papel a otro y brillar con fuerza. Esos eran la clase de actores que Dragon quería y respetaba. Actores cuyo valor estaba más que probado. Solo a esa clase de actores podría permitirles algunas consideraciones e incluso podía llegar a admirarles algunas actitudes molestas.

Pero no era el caso de Portgas D. Ace.

Si existía un actor con menos derecho de joderle la existencia a Dragon, era aquel mesero con el que su hijo parecía haberse encaprichado. La decisión de su hijo por unir a aquel sujeto a su película seguía pareciéndole una verdadera incógnita, y si bien Dragon pudo haber pensado que era alguna clase de venganza por parte de su hijo por lo sucedido años atrás sabía que no era así, ni siquiera tenía ese consuelo. Luffy no le había dicho nada sobre el tal Ace, de hecho la existencia de Ace le había sido revelada por un simple descuido de Luffy. Era más que obvio que su hijo había querido mantenerlo lejos de su nueva adquisición.

"Robin me dijo que Luffy no ha querido hablar de Ace con nadie por temor a que alguien más quiera contratarlo para una película". Su hijo era el único que podía pensar algo así, ¿Quién en su sano juicio querría a Ace como su actor principal? Solo un loco como su hijo, pero no era la "locura" de su hijo lo que le preocupa, sino el interés que expresaba por aquel pecoso. Pensó que al verlo podría darse cuenta que era lo que había visto su hijo en él, pero no vio nada, solo a un tipo común y corriente que muy apenas era capaz de servir una mesa sin derramar todo lo que cargaba en la bandeja (en realidad Ace lo hacía bastante bien, pero estaba tan molesto como para admitirlo).

Algo en aquel chico pecoso molestaba a Dragon y no sabía que era. Tal vez era su apariencia tan "normal", su voz como la de cualquier otro, su falta de atracción visual, su forma molesta de hablar, no lo sabía a ciencia cierta, solo sabía que había algo raro en aquel chico y eso no le gustaba. Aunque tal vez lo único que le molestaba era esa necedad de continuar en el proyecto de su hijo, despreciando la suma de dinero que Dragon le estaba ofreciendo. Nunca antes había conocido a una persona tan necia como ese mesero arrogante.

─Entiendo –dijo interrumpiendo el dialogo de disculpa que Koala le estaba dando por fallarle nuevamente, Dragon sabía que su asistente en verdad estaba haciendo lo que podía. Koala no tenía la culpa de aquel mesero se comportara de esa forma─. Muchas gracias por todo Koala –Dragon levantó la vista y se dedicó a contemplar la figura que se movía dentro del departamento con la misma elegancia con que lo haría un gato─. Descansa y mañana hablaremos sobre esto –Dragon ya tenía decidido lo que debía hacer pero no quería preocuparla más, el mejor que nadie sabía lo que le afecta el fracaso a su joven asistente.

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─¿Cómo está Koala? ─preguntó Sabo acomodando la bandeja con el pan sobre la mesa cuando vio a Dragon regresar de su llamada─ Debe ser una tarea muy importante para que siga trabajando a esta hora.

─Lo es ─no estaba de humor para discutir aquel tema con el rubio─, pero no es algo que deba…

─¿Importarme? ─finalizó Sabo mirando al otro con una sonrisa burlona en los labios. Dragon arqueó una ceja.

─Preocuparte ─corrigió el mayor haciendo que la sonrisa burlona de Sabo desapareciera y fuera sustituida por una sonrisa sincera.

─Entonces hay una condición ─Sabo se acercó al mayor y le rodeo el cuello con sus brazos, aunque para hacerlo tenía que ponerse de puntilla, para desaparecer la distancia entre sus bocas.

El beso comenzó como un toque ligero en los labios de ambos, un beso al que casi no estaban acostumbrados pero que fue suficiente para que Dragon rodeara al menor por la cintura y lo acercará más a su cuerpo para poder penetrar aún más aquella boca fresca con su lengua tornando el inocente beso en algo hambriento y lleno de lujuria. Esa era una de las muchas cosas que le gustaban de Sabo, la forma en que el rubio podía pasar de alguien inocente y tímido a un ser lujurioso y provocativo en un parpadeo.

Al final fue Sabo quien finalizó el beso, cuando se alejó Dragon pudo notar que sus delgados labios seguían curveados en una débil sonrisa, una que ahora lucía muchísimo más roja… un color que invitaba a volver a besarlos.

─Olvidemos de estas cosas por esta noche ─Dragon pudo ver como agitaba su celular en su mano y sonrió divertido, no había notado el momento en que se lo sacará del bolsillo de su saco─ ¿Cenamos? ─Sabo se alejó de él y dejó el celular sobre la barra de piedra de la cocina.

Dragon tenía que admitir que había extrañado la compañía de Sabo, aunque no podía culpar a nadie más que a él mismo. El distanciamiento que estaba teniendo con el menor últimamente se debía puramente a trabajo, aunque era consciente que el rubio pensaba que tenía otro amante, pero no era algo que pudiera evitar, aquel proyecto era lo más importante de su vida. El sueño que su esposa y él habían compartido y que por desgracia no habían podido llevar a cabo juntos. Tras la prematura muerte de su esposa, Dragon se había empeñado en concluirlo. Ni siquiera Sabo era más importante que eso. Dragon miró su celular y sonrió, aunque por esta noche podía darle lo que pedía.

─Como desees ─Sabo asintió pero antes que pudiera alejarse, Dragon lo sujeto del brazo y lo atrajo hacia si para besarlo mientras le rodeaba la cintura. Como hombre, Dragon, adoraba que sus brazos pudieran rodear por completo la estrecha cintura del rubio con sus brazos. Sabo cortó el beso alejándose con una dulce sonrisa en sus labios.

─No seas goloso. El postre viene después de la cena ─Dragon sonrió mientras veía al rubio alejarse con ese ligero e imperceptible balanceo de caderas que era su andar natural. Sería una velada agradable sin duda alguna.

─¿Cómo te fue en la sesión para Bon Clay? ─Koala ya se lo había informado pero siempre prefería preguntárselo al rubio directamente, una forma de demostrarle que le interesaban las cosas que hacía─ ¿Te divertiste? ─recordaba que aquella sesión había tenido emocionado al menor desde que le dijera que lo habían solicitado.

─Muy bien ─Sabo se inclinó para sacar la bandeja del horno─. Bon Clay nos ha invitado a Koala y a mí a una fiesta la próxima semana. He escuchado que sus fiestas son muy entretenidas.

─Lo son ─Sabo miró a Dragon por sobre el hombro, el mayor tenía la mirada perdida y el rubio supo que estaba muy lejos de allí. Idiota, se dijo al recordar una historia que Ivanok le había contado. Dragon había conocido a su esposa en una de las famosas fiestas de Bon Clay.

─Koala está muy emocionada con la idea ─dijo en un intento por regresar al otro de aquel lugar al que siempre se marchaba cuando pensaba en su esposa.

─Imagino ─Dragon parpadeó, regresando de aquel pequeño balcón donde la había visto por primera vez, sin darse cuenta esbozó una sonrisa. El primer encuentro con ella no había sido precisamente el mejor, pero fue suficiente para que jamás la olvidara─. Será bueno para ella, le servirá de distracción ─últimamente le había asignado demasiado trabajo y debía ser agotador para ella lidiar con tantos rechazos por parte del nuevo capricho de su hijo. Aunque el último no estuvo nada mal, pensó mirando a Sabo, el rubio tenía una sonrisa divertida en los labios.

─¿Distracción? ¿Koala distraerse del trabajo? Creo que no sabría qué hacer si le dieras un día libre, nunca se despega de su celular, incluso lo llevaba cuando tiene que ir al tocador. Es un poco gracioso ─muchas veces Sabo se había preguntado si Koala había nacido con el celular incluido por la forma tan natural en que lo cargaba a todas partes, era capaz de reconocer su timbre aún y cuando sonaba en una sala repleta de gente con el mismo tono que ella y siempre sabía dónde estaba, solo metía su mano dentro de bolsa y lo sacaba como si fuera la única cosa que cargaba en ella, y Sabo sabía perfectamente que el interior de la bolsa de la castaña era, literalmente, otro mundo.

─Una mujer dedicada, jamás elegiría como asistente a una persona desidiosa. Koala podría encontrar ayuda aún en una isla desierta. Un gran elemento en quien confió plenamente.

─Vaya, espero que me tengas catalogado la misma forma o comenzaré a sentirme celoso de Koala ─Dragon sonrió y se dio el lujo de degustar el vino antes de decir algo.

─Es una chica hermosa pero me temo que no tiene tu carácter.

─¿Debo tomar eso como un cumplido?

─Depende… ¿Qué quieres ser esta noche? ¿Un chico tímido y complaciente o un chico decidido a mostrarle a su pareja de lo que se ha perdido porque no deja de pensar en el trabajo? ─Sabo sonrió y acodado sobre la mesa apoyo la barbilla en sus manos entrelazadas y clavo sus profundos ojos azules en el mayor.

─Creo que esta noche solo quiero ser Sabo ─Dragon sonrió y asintió. Disfrutaba las noches en que Sabo era solo Sabo.

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Continuará.

Gracias por leer.

Como siempre aprecio mucho sus comentarios, lamento de verdad no poder responderlos pero es ando demasiado ocupada, pero no quiero dejar en el limbo estas historias así que aquí les traigo las continuaciones.

Como siempre, si alguien gusta dejar un comentario es bien recibido.

Estatus: corriendo contra el tiempo.