Y Seguiré Roxanne. En ello estamos. Este tipo de historias me gustan mucho, así que puedes contar con que la termine.
_ ¿De qué estás hablando? _ Dijo Pansy, fingiendo que no había entendido la pregunta de Luna. _ Sigo siendo la misma Pansy de siempre.
Se sentó delante de la rubia. Por la expresión de Luna, dedujo que no iba a dejarla escapar tan fácilmente.
_ Si fueras la verdadera Pansy estarías con Draco y no con la lunática. _ La amenazó con un dedo acusador. _ Dime quién eres.
_ Vale, pues soy un hombre de lo que asumo es una realidad paralela en la cual vuestro mundo es una saga de libros de renombre. _ Dijo, directamente. Era imposible que le creyera.
_ Bueno, esto tiene cierto sentido. _ … salvo porque se trataba de Luna Lovegood, claro. _ A fin de cuentas no te pareces en nada a ella.
_ Pero si soy yo… _ Dijo Pansy, cruzando las piernas. _ La misma Pansy. ¿De verdad te has creído todo eso?
_ Por fuera sí que eres Pansy… pero por dentro… es otra historia. _ Luna sonrió, mística.
_ ¿Y cómo sabes tú lo que siento yo dentro de mí? _ Le expresó Pansy, molesta.
_ Lo veo en tus ojos. La Pansy que yo conozco es como una víbora. _ Extendió la sonrisa. _ Ahora lo que veo es un conejito.
_ En esta metáfora tuya… ¿Tengo que ser un conejito? _ Pansy alzó una ceja. _ ¿No puede ser algo más intimidante como un lobo o un león? ¿Un águila, quizá?
_ Es que yo veo un conejito dulce, achuchable y bastante asustadito. _ Dijo Luna, provocando que Pansy se sonrojase. _ Pero eso no es algo malo, ¿Sabes?
_ Gracias… supongo. _ Tragó saliva. _ ¿En serio te crees lo que te he dicho?
_ Es demasiado rebuscado como para inventárselo. Además, mi padre siempre dice que, si creyésemos que existe una sola realidad, después de toda la magia que conocemos, seríamos tontos.
_ Luna, decididamente eres única. _ Sonrió. _ En parte es liberador, necesitaba hablar de esto con alguien y nadie más me habría creído.
_ ¿Única? ¿Eso lo dices como un insulto? _ Luna se colocó sus espectrogafas sobre los ojos. Pansy sonrió.
_ No, en serio. Tú me caes muy bien, Luna. Eres mi Ravenclaw favorita.
_ Pero si ni me conoces.
_ Corrección, Luna. Pansy no te conoce. Yo, de hecho, conozco tu historia bastante bien. _ Extendió la mano. _ Y tú ahora conoces mi secreto más profundo. ¿Amigas?
_ Claro. _ Luna sonrió. _ ¿Y ahora qué vas a hacer?
_ Bueno… ahora… _ El tren había parado en la estación. _ Deberíamos echar una mano a Harry. Imagino que ya estará inconsciente en el compartimiento en el que lo ha dejado Draco.
_ ¿Draco ha atacado a Harry? _ Luna se subió las gafas y la miró con miedo.
_ Nada serio, tan sólo un encantamiento inmovilizador. Molesto, pero se pondrá bien… aunque le va a doler la nariz. Te sabes ese conjuro para arreglar narices, ¿No?
_ ¿Episkeyo?
_ Ese mismo. Vamos a buscarlo.
Pansy se adelantó. Luna llevaba sus espectrogafas puestas, con la varita delante del rostro. Pansy fue avanzando por los vagones, arrastrando los pies hasta que notó que rozaban con algo invisible y se inclinó para encontrarse con Harry. Se había adelantado, y él, al verla sola, mostraba una mezcla de terror y furia.
_ Luna, está aquí. _ Dijo, mientras adelantaba la varita hacia él. _ Finite incantatem.
La sensación de hacer magia aún le resultaba extraña. Pero estaba claro que el cuerpo de Pansy estaba muy acostumbrado porque el hechizo funcionó a la perfección y el niño que vivió recuperó la movilidad, Harry la tomó de la túnica y la empujó contra la pared.
_ ¡Eh! ¡Calma, calma! _ Levantó las manos en posición de rendición.
_ ¿Acaso te envía Draco? _ La miró con rabia. _ ¿Os parecía divertido?
_ Yo no tengo nada que ver… Te lo juro. _ gruñó ella.
Era la primera vez que se paraba a pensar en que el cuerpo de Pansy era significativamente más débil que el suyo. Era más alta que Harry, pero desde luego no le sacaba los veinte centímetros que le sacaría antes, y sus extremidades eran débiles. No se podía quitar al muchacho de encima.
_ ¡Harry! ¡Suéltala! _ Exclamó Luna cuando llegó, subiendo las espectrogafas.
El muchacho la soltó y Pansy respiró con dificultad. Estaba enfadada. Harry nunca había sido su personaje favorito de la historia, y aquello no le había hecho ninguna gracia.
_ Harry, ella es la que me ha ayudado a encontrarte, estaba muy preocupada por ti.
_ ¿Tú estabas preocupada? _ A Pansy no le cogió por sorpresa lo sorprendido que estaba Harry.
_ Sí, sí que lo estaba. _ Se cruzó de brazos. _ Draco estaba muy raro y me preocupaba que hiciera una estupidez. Por eso decidí quedarme al margen. Está ido. Y no me equivocaba. No quería te hiciera daño.
_ ¿Y a ti desde cuando te importa lo que me pase? _ Harry estaba visiblemente alterado.
Pero Pansy tenía que ser más madura, y mantenerse serena, como Luna. Después de todo, ellos eran unos críos. Tenía, por fuerza, que ser la más madura de la habitación.
_ Este verano he cambiado mucho, Potter. _ Se cruzó de brazos. _ Sobre mis ideas, mi sitio en el mundo… He decidido que no puedo vivir mi vida siendo el satélite de otras personas. Tengo mis propias opiniones, mis propios deseos. Y ya es hora de que los exprese. Y ahora deberíamos irnos antes de que el tren vuelva de nuevo a Londres.
_ Tiene razón. Podemos discutir lo que sea de camino al colegio. No tiene sentido quedarse aquí, Harry. _ Racionalizó Luna. _ Deja que te arregle esa nariz y vamos al colegio.
_ Sí, gracias.
Pansy se mantuvo en silencio cuando caminaban hacia los carruajes tirados por Thestrals. La situación podría haberse resuelto mejor. Pero realmente estaba preocupada por la reacción de Draco cuando se vieran. Aquel año era muy tenso para él… y la situación no iba a mejorar si dependía de ella.
_ Adelantaos vosotros al gran comedor. Escuchad… de momento quiero mantener un perfil bajo. _ Susurró. _ Si Draco se entera de lo que he hecho… o las chicas… no quiero que Millicent me dé una paliza.
Lo cierto es que no estaba del todo segura de cuál era la dinámica de poder existente entre las chicas de Slytherin, pero sabía a ciencia cierta que Bulstrode tenía fuerza como para levantar a Hermione del suelo… quizá fuera algo que ocurrió años antes, pero cuando entró al comedor y la vio, supo que no tendría dificultades en partirle un brazo, en especial después de lo que había ocurrido en el tren con Harry.
_ ¿Dónde estabas? _ Preguntó Draco, cuando se sentó por inercia a su lado. El muchacho estaba visiblemente nervioso. Le temblaba la mano que sostenía el tenedor.
_ Me quedé dormida en el tren. _ Se encogió de hombros. _ Estos días en casa han sido agotadores.
_ Pansy… ¿Por qué no viniste al compartimento con nosotros? _ Le pregunto Bulstrode. _ Estábamos preocupados.
_ La señora del carrito, se puso en medio. _ Suspiró, negando con la cabeza. _ Un montón de alumnos de primero se agolparon alrededor del carro. Fue horrible.
_ Seguramente un puñado de sangre sucias queriendo catar nuestras golosinas. _ Bufó Millicent, con asco. _ Deberían llevarlos con correa para que no se pierdan.
Se quedó mirando a Pansy, que se había quedado abstraída en sus pensamientos. Su mirada se había desviado a Luna, en la mesa de Ravenclaw, y más tarde a la de Gryffindor. Sus ojos habían mirado a Harry a Ron… y a Hermione.
_ Pansy… ¿Hola? Normalmente siempre te ríes cuando digo algo así. ¿Estás bien?
A Pansy aquello la sorprendió. No consideraba que Millicent fuese a ser una gran humorista. Aunque debía confesar que en el tiempo que llevaba en la mesa había demostrado más personalidad que Crabbe y Goyle, que se limitaban a sentarse junto a Draco y a parecer duros.
_ Perdona… estoy un poco distraída. _ Le sonrió.
_ Se te pasará cuando comas algo. Toma un poco de zumo de calabaza, se te ve pálida.
Pansy tomó un vaso de zumo y le dio un sorbo. Era la primera vez que probaba el zumo de calabaza. Siempre le había parecido ridículo. Había una cantidad absurda de frutas para hacer zumo. Manzanas, mangos, peras, piñas… la idea de coger una calabaza y hacer zumo con ella le resultaba extraña de base.
Pero lo cierto es que no estaba mal. La comida no era especialmente buena por otro lado… toda la vida había sabido que la comida británica era de lo peor que había en Europa y lo estaba comprobando. Iba a tener que acostumbrarse ya que iba a pasarse todo el año viviendo allí. Durante la cena no pudo evitar mirar a la mesa que presidía el comedor y comprobó que el profesor Dumbledore, que parecía estar manteniendo una conversación con la profesora Sprout, tenía intactos ambos brazos.
Suspiró de alivio y se marchó a las mazmorras con los chicos. Los pasillos eran fríos en aquella parte del castillo, y no entraba la luz solar. Por suerte no tuvo demasiados contratiempos a la hora de dormirse. Lo cierto es que durmió como una bendita hasta la mitad de la noche.
Se sintió muy despierta a pesar de que debían ser las tres o las cuatro de la mañana. Abandonó aquella habitación, dejando a un lado a las otras chicas, y se encaminó a la sala común. Escuchó ruidos y se tensó al ver a Malfoy bajar de la habitación de los chicos.
_ Pansy… ¿Qué haces despierta? _ Se le notaba tenso. Pansy sabía bien por qué.
_ Nada, es que no podía dormir. Estoy preocupada por ti, Draco. _ Le miró a los ojos. _ Estás muy raro.
_ ¿Raro yo? _ Draco la encaró. _ No soy yo al que han visto con Lunática Lovegood. ¿Ahora eres amiguita suya?
_ Draco, baja el tono, y no seas ridículo. _ Pansy le miró con detenimiento. _ Como te dije, no me quedó más remedio. Ahora dime. ¿A dónde vas? Porque no has venido a sentarte a la sala común. Sé que vas a alguna parte.
_ No es asunto tuyo, Pansy. Y más vale que no se lo digas a nadie o…
_ ¿O qué, Draco? ¿Acaso vas a hacerme daño? _ Se cruzó de brazos.
Draco se detuvo un momento, recuperando la compostura.
_ No… Lo siento, Pansy. Me he excedido. _ Suspiró, deslizando la mano por su rostro.
Pansy entrecerró los ojos. No quería sentirse así, pero por momentos, su cuerpo era más fuerte que su consciencia.
_ Escucha, Draco… ten cuidado, ¿Quieres?
_ Siempre lo tengo.
Cuando el rubio abandonó la sala común, Pansy contó hasta treinta mentalmente antes de seguirlo. Sabía a dónde iba, pero mentiría si decía que sabía exactamente dónde estaba el lugar. Sí, había leído los libros y visto las películas muchas veces. Sí, había jugado a videojuegos que se ambientaban en Hogwarts. Pero no era lo mismo que recorrer los pasillos en carne y hueso. Así que, en esencia sabía dónde estaba todo… pero no cómo llegar, en especial cuando había pasillos que cambiaban de lugar.
Así pues, mientras pensaba para sí lo mucho que le habría gustado tener un "Hogwarts Maps", pudo seguir a Draco hasta el séptimo piso, y allí, a la sala de menesteres. Una vez más, contó mentalmente hasta veinte después de verle entrar y pasó por delante del muro que se hallaba frente a ella, tres veces, con el mismo pensamiento "Necesito un lugar en el que esconder algo".
La sala de menesteres la recibió tal como había esperado. Miles y miles de cosas que habían sido escondidas en aquella estancia que parecía no tener fin. Siguió a Draco por la habitación, manteniendo la distancia. Fue un magnífico guía hacia el armario evanescente.
Pansy permaneció escondida y en silencio mientras Draco lo examinaba. Una parte de ella le gritaba que lo destruyera en cuanto se hubieran quedado a solas. Sabía lo que haría ese armario a final de año. Sabía el terror que se estaba gestando.
Pero también sabía que era aún más peligroso destruirlo en ese momento. Debía ser precisa o de lo contrario, Draco acabaría muerto o peor, matando a alguien. Así que memorizó dónde estaba el armario, y cuando el rubio se marchó, ella estuvo a punto de hacer lo propio.
Pero cuando dio dos pasos se detuvo y se llevó la mano a la frente. Estuvo a punto de soltar una carcajada, pero se contuvo. Había estado a punto de olvidarlo. No podía destruir el armario, pero sí que había una cosa que podía hacer.
_ Veamos, veamos… mejor si no la toco con las manos directamente. _ Comentó, tomando unos guantes de cazador que alguien parecía haber dejado allí por una enorme mancha que tenían en el dorso.
Le estaban grandes, pero servirían a su propósito. Junto al armario encontró lo que estaba buscando. Una diadema que representaba a un pájaro, con una gema azul adornándola. Como si se tratase de un artículo explosivo, lo introdujo en su bolsillo intentando que no le tocara la piel. Pero aún así, una extraña sensación de malestar comenzó a invadirla cuando lo hizo.
Fue cuando salió al pasillo cuando se tropezó de golpe con Filch, que la tomó del brazo con una expresión maliciosa.
_ De esta no te escapas, niña. _ Le exclamó.
Pansy estaba completamente segura de que tanto ella como sus buenas amigas habrían estado riéndose del señor Filch desde el primer día que habían estado en el castillo, y el hombre les debía tener especial tirria por ello.
También estaba segura de que Pansy no acostumbraba a vagabundear fuera de hora o a hacer nada que pudiera dar al celador la posibilidad de castigarla.
_ Lo cierto. _ Pansy recuperó la compostura. _ Es que tengo un mensaje muy importante para el profesor Dumbledore. Tengo que verle ahora mismo.
_ Chiquilla… no sé que esperas conseguir. Pero a estas horas el director no…
_ Es muy importante. ¿De verdad cree que le molestaría si no lo fuera? _ Mostró la clásica sonrisa de Pansy. _ ¿De verdad cree que usted me asusta más que el director como para inventarme algo así?
_ Está bien. _ Gruñó Filch. _ Por aquí.
Argus Filch siempre le había causado sentimientos encontrados. No era el personaje más agradable del mundo, pero era capaz de entender su situación. Como alguien que había vivido toda su vida sin magia, podía imaginarse los extraños celos que el conserje debía sentir. En aquel castillo, viendo como tantos y tantos alumnos aprendían conjuros que no estaban a su alcance. Debía ser doloroso.
No intercambió palabras con él, manteniendo un perfil bajo hasta que llegó al despacho del profesor Dumbledore, se subió a la gárgola y al grito de "caramelos de fresa", esta comenzó a ascender. Llamó a la puerta y, sorprendentemente, el director estaba despierto y en su despacho.
_ Señorita Parkinson… Aún no he tenido tiempo de darle las gracias por nuestro último encuentro. _ El director le sonrió. _ ¿A qué debo el placer de su visita?
Pansy se ajustó los guantes de cazador, se metió los dedos en el bolsillo, extrajo la diadema y la colocó sobre el escritorio del director.
_ Esta es la diadema de Rowena Ravenclaw. _ Dijo, directa. _ Forma parte del grupo de cosas que usted está buscando, profesor. La he buscado para que la pueda destruir, y así ahorrarle más problemas en el futuro.
_ Señorita Parkinson… su ayuda está siendo inestimable. Pero no puedo evitar preguntarme de dónde ha sacado esa información. _ El director se quedó ante ella y la miró fijamente a través de sus gafas de media Luna.
Pansy tragó saliva. Sabía que Dumbledore era capaz de llegar hasta lo más profundo de su alma si se lo proponía. Le asustaba un poco, pero intentó, sin demasiado éxito, mantener la compostura.
_ Ya… se lo dije… pro… profesor. _ Tartamudeó. _ Adivinación.
_ Es extraño, porque no estás matriculada en esa clase. La profesora Trelawney y Firenze me confirmaron que no tenían idea de que tuvieras interés en su asignatura.
Pansy empezó a notar que le temblaban las manos. Se había metido en un buen lío, lo sabía.
_ Pansy… no me tienes que contar todo… _ Dumbledore sonrió. _ Pero agradecería que no me mintieras. ¿Esto es realmente lo que has dicho?
_ Se lo juro, profesor. _ Confirmó Pansy.
_ No sé por qué, pero tengo la impresión de que sabes exactamente de qué se trata. _ Dumbledore sonrió. _ Está bien… no te insistiré. Me aseguraré de que el señor Filch no te castigue. Y después me ocuparé de esta diadema. No quiero que veas cómo la destruyo. De momento, vuelve a la cama, Pansy. Mañana es tu primer día, y deberías descansar.
_ Muchas gracias, profesor.
Pansy no era tonta. Sabía que a partir de aquel momento iba a tener que poner un ojo a su espalda. Estaba completamente segura de que Dumbledore no se iba a quedar de brazos cruzados sabiendo lo que ella sabía.
