Me alegro de que te haya gustado, Roxanne, ya viene en camino el capítulo 3


Dormir había sido mano de santo para eliminar la mala experiencia de llevar el horrocrux y las peroratas de Filch. Se levantó sintiéndose como una Pansy renovada. Se detuvo un momento a simplemente disfrutar de ser ella misma. Se detuvo un momento a revisar su cabello despeinado frente al tocador y, con una sonrisa, comenzó a peinarse.

Se puso la túnica y se ajustó la corbata verde. Iba sonriendo mientras subía las escaleras al comedor, seguida de Millicent y las otras chicas. Ahora sí que entendía la jerarquía. Pansy era su líder. Así que se acomodó a ese papel durante la mañana. La verdad es que con quien se moría de ganas de hablar era con Luna. Al final pudo abordarla en el pasillo, de camino a clase de pociones.

_ ¿Te puedo ayudar en algo, conejito? _ Luna sonrió un poco.

_ Para empezar no me llames así. _ Dijo, negando con la cabeza. _ Déjalo en Pansy, Pansy está bien. Es sólo que… necesitaba desahogarme un poco, ser yo misma un rato.

_ ¿Tú misma o tú mismo? _ Luna sonrió. _ ¿No decías que antes eras un hombre?

_ Sí, claro… eso es cierto. _ Se encogió de hombros.

_ ¿Y no te molesta ser una mujer ahora? _ Luna se cruzó de brazos.

_ No, la verdad… No es que estuviera muy aferrado a mi masculinidad en primer lugar. _ Se encogió de hombros. _ Es algo extraño, pero sólo es una cosa más dentro de todo lo extraño de la situación.

_ Entiendo… _ Luna la miró con curiosidad. _ Es bastante fascinante lo que te ha pasado. ¿No tienes ganas de volver?

_ No lo había pensado… Tampoco sé si puedo. No sé, quizá incluso esté muerto. _ Se encogió de hombros. _ Venir a Hogwarts siempre había sido un sueño para mí. Ahora que lo tengo no quisiera estropearlo, ¿Sabes?

_ Y… ¿Qué hay de Pansy? ¿Sigue por ahí, en alguna parte?

_ Me temo que no, Luna… en esta cabeza estoy yo sólo. Salvo algunas reacciones de memoria muscular… no hay nada de ella.

_ Significa entonces que… ¿Ha muerto? _ Luna la miró con cierto miedo.

_ No lo sé, Luna. Pero si es así, te juro que yo no he tenido nada que ver.

_ Te creo, Pansy. _ Le puso la mano en el hombro. _ Pero no dejo de preguntarme quién te habrá hecho esto… y para qué.

Pansy también se lo preguntaba mientras bajaba a las mazmorras. Llegaba temprano. Y, de hecho, se encontró la puerta del aula abierta y vacía. El profesor Slughorn aún no había llegado. Pansy miró a un lado y al otro y acto seguido, se dirigió al armario de material.

Allí encontró rápidamente lo que estaba buscando. Dos manuales de elaboración de pociones avanzadas. Uno en perfecto estado, y otro viejo, muy desgastado. Fue a este segundo al que apuntó con la varita.

_ Gemino. _ Susurro en voz baja.

El libro emitió algo parecido a un quejido y se estiró, provocando una duplicación del mismo. Pansy tomó la copia en sus brazos y se adentró en la clase justo a tiempo para ver llegar al profesor.

_ Ah, señorita Parkinson, llega pronto. _ La saludó el profesor. _ Tome asiento.

_ Muchas gracias, profesor Slughorn. _ Respondió.

Ya había visto aquella clase en la película y leído en el libro. Así que, mientras Slughorn hacía su particular espectáculo, mostrando sus pociones, ella estaba ya repasando cómo preparar el filtro de muertos en vida. Le daba verdadero miedo esa clase. Las pociones eran su punto flaco, no era como levantar una varita y decir cuatro palabras graciosas.

Era como la repostería… y, sorpresa, la repostería no era lo suyo. Cantidades exactas, tiempos muy concretos. Él siempre había sido un despistado. Había depositado toda su fe en Pansy, que parecía bastante más metódica que él. Volvió a la realidad cuando notó que sus compañeras se habían adelantado en dirección a la Amortentia.

Para ella no tenía ningún interés. No le interesaba un falso sentimiento de amor. En eso siempre había sido bastante clásico y lo que había ansiado era sentirse querido de verdad. Levantó la vista y su mirada se cruzó con la de Hermione. Se estuvieron mirando unos segundos hasta que Pansy notó que se sonrojaba y apartó la vista. Genial, lo había hecho genial.

Para colmo de males, cuando se sentó, lo hizo junto a Hermione y Harry porque se había quedado embobada y no había llegado a tiempo a su mesa. Podía notar la mirada asesina que le estaba lanzando Draco desde el otro lado de la clase.

Resultó que Pansy sí que sabía trabajar en las pociones. Sus manos se movían ágilmente por la mesa recuperando los ingredientes mientras repasaba mentalmente las anotaciones extra del libro del príncipe mestizo. Sabía que la poción era complicada, pero no era una vena competitiva la que la llevaba a esforzarse tanto.

A lo largo de su vida, había tenido muchas pasiones, pero el sueño de ser un mago era una de las mayores que podía haber tenido. Y por primera vez, quería ser el mejor en algo.

_ ¿Cómo es que vas tan bien? Yo ni siquiera consigo cortar los granos de sopósoforo. _ Le gruñó Hermione.

_ No lo cortes, aplástalo con la hoja. _ Le dijo, mientras echaba la judía soporífera.

_ En el manual pone que… _ Pansy sonrió a Hermione, y ella no terminó la frase.

_ No siempre hay que seguir las instrucciones tal cómo vienen, Granger. Pero te entiendo. Eres de las que dibuja siguiendo las líneas.

La castaña apartó la mirada volviendo a su tarea. Pansy intercambió una mirada con Harry, pero la apartó rápidamente. No quería compartir con él que supiera lo del libro. No había confianza entre los dos. Pansy había terminado la poción y se dejó caer sobre el asiento.

Estaba temblando como un flan cuando llegó el profesor Slughorn a su mesa. Se quedó un tiempo congelada, esperando su valoración.

_ Perfecta, señorita Parkinson… tanto usted como el señor Potter nos han dado una lección a todos. Difícil decisión a quién entregar pues el felix felicis.

_ Potter ha terminado antes que yo. _ Puntualizó Pansy. _ Entrégueselo a él.

Pansy no quería correr riesgos. Sabía lo importante que era que Harry tuviera esa poción a mano. Quería ayudar, no poner trabas a los acontecimientos. Con todo, se sentía satisfecha con los resultados de su poción. Y cuando salió del aula, estaba relajada.

Por desgracia, fue algo que no duró. Apenas habría cruzado la esquina cuando notó que la tomaban por los hombros y la empujaban contra la pared. Ella era más alta que Harry, pero no era más alta que Draco.

_ ¿Se puede saber a qué estás jugando? _ Le espetó, enfadado. _ ¿Qué hacías en la clase con Potter y Granger? ¿Acaso ahora él te gusta o qué?

_ ¿Yo y Potter? Ugg… vaya ideas tienes, Draco. _ Pero mejor no preguntes por Hermione, que se me da muy mal mentir, pensó.

_ Primero te pasas el día con Lovegood, y luego te juntas en clase con Potter y esa sangre sucia de Granger.

_ Ignoraba que fueras mi padre para darme lecciones, Draco. _ No, aquello no había sido su cuerpo actuando por sí mismo, había sido ella… él… o el pronombre que diablos correspondiera. _ Soy muy capaz de tomar mis propias decisiones. No soy tu muñequita. Así que suéltame.

Draco la dejó en el suelo.

_ Es que… no te reconozco… me asustas. _ Dijo, mirándola. _ ¿Qué diablos te pasa, Pansy?

_ Pues me pasa que no sé quién soy. _ Le miró a los ojos. _ Llevo a tu sombra desde que entré aquí, Draco. Y estoy cansada.

_ Pero Pansy… ahora es cuando más te necesito…

_ Draco… si hay algo de lo que estoy segura en esta vida es de que no me necesitas. _ Le miró fijamente a los ojos. _ Deja de fingir que sí, ¿Quieres?

Pansy no quería seguir con aquel romance adolescente. Y no era sólo porque no le interesasen los hombres, que también, si no porque sabía que para empezar ellos dos no tenían futuro juntos, así que en parte se alegraba de romper esa relación cuanto antes.

_ Pansy… más adelante en el curso puede que pasen cosas y… si estás por ahí, tratando con la gente incorrecta… no voy a poder protegerte. _ Parecía genuinamente preocupado.

_ Sé cuidarme sola, Draco. _ Sonrió y le puso la mano en el hombro. _ Pero agradezco que te preocupes. Intenta no hacerme daño en el proceso a partir de ahora, por favor.

Pansy se sintió algo mal después de aquella conversación. A fin de cuentas, Draco estaba preocupado por ella. Sus motivos eran erróneos, pero sus sentimientos eran buenos. Estuvo dándole vueltas a aquello hasta que acudió al campo de Quidditch. Se suponía que no debía estar presente durante las pruebas de Gryffindor, pero no pudo evitarlo.

Aún no sabía si le gustaría volar. Le habían dado miedo las alturas toda la vida, pero la forma en la que las escobas se elevaban y los jugadores se alzaban provocó que expresara una sonrisa inconscientemente.

_ No deberías estar aquí. _ Se giró y se topó de bruces con Hermione. _ ¿A qué has venido? ¿Vas a tomar notas para contárselo a tu novio?

_ ¿Novio?

_ Sí, a Malfoy. _ Se cruzó de brazos.

_ Malfoy no es mi novio… ya no. _ Pansy suspiró. _ Perdona… no quería espiar… sólo quería ver el entrenamiento.

_ ¿Ver el entrenamiento? ¿No deberías estar harta de verlos?

_ Bueno, pero no los del equipo de Gryffindor… me gusta mucho cómo juega Weasley. Quiero ver si vuelven a cogerle.

_ Ah, sí. Recuerdo cómo cantabais todos a coro para reíros de Ronald el año pasado. _ Pansy bajó la cabeza.

_ Siento eso. _ Bajó la cabeza.

_ Parkinson… me cuesta mucho creer que de la noche a la mañana hayas cambiado tanto de actitud. No sé lo que pretendes, pero lo voy a averiguar tarde o temprano.

_ Pues mira, mi plan malvado es que quiero ser amiga vuestra.

_ ¿Amiga nuestra? _ Hermione la miró a los ojos. _ ¿Tú quieres ser amiga de dos descendientes de muggles y un "traidor a la sangre" como llamáis a Ronald?

_ Pues sí, es lo que quiero.

_ ¿Por qué? _ Hermione se cruzó de brazos.

_ Después de lo que pasó el año pasado… con Umbridge… Me di cuenta de que no quería seguir siendo así. Yo hice todo lo que esa mujer me pidió porque Draco me dijo que era lo correcto… y luego ella… hizo cosas horribles.

_ Sí, eso es cierto. Pero no pensé que precisamente tú te ibas a arrepentir. _ Hermione relajó su postura.

_ Tengo dieciséis años, Hermione. Creo que ya es hora de que madure. _ Tragó saliva. _ Ahora deberías entrar al campo. Van a hacer las pruebas de guardián. No querrás perdértelo.

_ Tienes razón… Ron me necesita bastante más que tú. Ya nos veremos, Pansy…

_ Sí, hasta otra, Hermione. _ Suspiró, mientras la miraba marcharse.

Ver al trío de oro con sendas sonrisas cuando dejaron el campo de quidditch le confirmó que estaban en camino para volver a la sala común, y que Hermione había lanzado el confundus a Cormac para asegurarse de que Ron fuera seleccionado. Le preocupaba haber estropeado eso.

Se puso en pie, de camino hacia la sala común de Slytherin, maldiciendo tener que volver allí. Ya no había nada que pudiera sacar de aquellas habitaciones. Estaba cansada de reírle los chistes a Millicent. Suspiró largamente, atravesando los pasillos del castillo, cuando se vio interrumpida por el profesor Snape.

_ Profesor. _ Dijo, dando un bote.

_ Señorita Parkinson, por fin la encuentro. He estado buscándola. _ Sí, debía admitirlo, Snape daba bastante miedo. Sabía imponer. _ El profesor Dumbledore me ha pedido que la lleve a su despacho. Si es tan amable de acompañarme.

_ Por supuesto, profesor.

Pansy se mantuvo en silencio durante todo el trayecto. Sabía que Dumbledore no iba a quedarse de brazos cruzados si sabía que ella tenía la información. Así que cuando la gárgola la ascendió, sólo puedo agradecer que Snape se quedó abajo. El director estaba sentado en su despacho, observándola a través de sus gafas de media luna.

_ Buenas tardes, profesor Dumbledore. _ Le temblaba la voz. _ ¿Quería algo de mí?

_ Nada que no quiera darme, señorita Parkinson, tome asiento. _ Pansy se sentó. _ Verá, se trata de aquello que como usted sabe, yo busco. He tenido éxito en destruir la diadema que me entregó, pero aún sigo sin comprender la naturaleza de estos objetos.

_ Y quiere que yo le diga de qué se trata. _ Pansy sonrió. _ Sí, lo cierto es que, si yo se lo dijera, se ahorraría muchos problemas.

_ Confiaba en que quisieras compartir esa información conmigo. _ Pansy bajó la mirada. _ Sé que te debo muchos favores, ya… pero quizá pueda compensarte.

_ Son Horrocruxes, profesor. Los horrocruxes de Voldemort. Puede explicarle con más detalle lo que son, e incluso dónde se hayan algunos… Le sorprenderá saber que tiene otro en su posesión y ni siquiera es consciente.

_ Pansy… Si hay alguien que te amenaza para que nos ocultes esa información, podemos protegerte. _ La miró a los ojos. _ Si hubiera algo que yo pudiera hacer para ponerte las cosas más fáciles… tan sólo tendrías que pedírmelo.

Pansy elevó la vista hacia un objeto de entre las pertenencias del profesor.

_ Lo cierto es que… hay una cosa. _ Dijo, en un susurro.