La silla se había caído al suelo debido a sus movimientos, pero no se había roto como esperaba y las ataduras se mantenían firmes en ella. Pansy sabía que Draco no era un asesino… o eso creía. Sabía que cuando la situación había sido propicia, había sido incapaz de matar a Dumbledore. Pero ahora estaba desesperado.
Trató en vano de romper las ataduras, pero no cedieron. Lanzó un quejido involuntario y le pareció escuchar a alguien. Era absurdo, no podía haber nadie en la sala de menesteres, pero le pudo la desesperación.
_ Ayuda… por favor. _ Rogó.
_ Vaya, ya era hora de que lo pidieras.
Levantó la vista y vio a la otra Pansy. La muchacha sonrió y se acercó, soltándole las ataduras. La morena se incorporó y se quedó congelada, claramente sorprendida.
_ Entonces… ¿Eres real? _ Le preguntó.
_ Tan real como tú quieres que sea. _ Bufó. _ Lo suficiente para colarme en Gringotts y para desatarte ahora.
_ Pues podrías haber aparecido antes. _ Susurró, poniéndose en pie.
_ Sólo he aparecido porque deseabas profundamente que lo hiciera. Igual que deseabas profundamente que alguien encontrara la copa de Hufflepuff.
_ ¿Tú eres Pansy? La auténtica Pansy, quiero decir. _ Aclaró mientras se dirigía a la salida.
_ La auténtica Pansy está muerta. _ Dijo, como si fuera evidente. _ Intentó hacer un conjuro y salió mal…
_ Que triste, realmente. _ Susurró Pansy. _ Pero entonces… ¿Qué eres tú?
_ Lo que queda. Los recuerdos y poco más. _ Sonrió. _ Supongo que el cómo serías tú si hubieras nacido siendo Pansy. Ya sabes dónde estoy si me necesitas.
Le guiñó un ojo y con el siguiente pestañeo, se desvaneció. Pansy se estremeció. Había llegado frente a la puerta. Tragó saliva, abrió y comenzó a correr por el pasillo. Era la final de Quidditch, así que asumió que todos debían estar en el campo.
Comenzó a correr en esa dirección, sintiendo que el corazón se le desbocaba. En el campo, con todo el mundo distraído por el quidditch y causando un griterío. Era el lugar perfecto para cometer un asesinato.
Se detuvo, sin embargo, al llegar frente al gran comedor. Draco estaba tirado en el suelo, inmovilizado y atado por completo. Frente a él, Hermione sostenía su varita con decisión, respirando con dificultad.
_ Sabes… siempre había oído que tratar con los ex es complicado… pero esto es ridículo… ha intentado matarme. _ Le expresó, respirando apresuradamente.
Pansy se lanzó a sus brazos, estrujándola con todas sus fuerzas, sintiendo un alivio como no había sentido en toda su vida.
_ Hey… calma… estoy bien. Sé cuidarme sola… no es más que Malfoy. ¿Qué iba a hacer?
Pansy bajó la cabeza, algo avergonzada.
_ Bueno, visto desde esa perspectiva… _ Sonrió. _ No es lo mismo ahora en frío que atada a una silla en la sala de menesteres. ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en el partido?
_ El amor de mi vida… y sí, me refiero a ti… no se pasa a saludarme en el desayuno ni me da mi beso de buenos días. _ Comenzó Hermione, Dramática. _ Y no pasa a saludarme antes de que empiece el partido siquiera. Me acerco a las gradas de Slytherin para ver si la encuentro y tampoco está… ¿Qué crees, que no me preocupo por ti?
_ A lo mejor somos un poco codependientes. _ Susurró Pansy.
_ Exageras. Puedo pasar tiempo sin ti… me paso la mayor parte del día sin verte. _ Hermione puso los ojos en blanco. _ Pero una cosa es esa y otra que desaparezcas por completo. Más después de lo que hicimos ayer.
_ Lo que hicimos ayer… _ Pansy se puso como un tomate.
_ Sí, quemar el armario. _ Le recordó. Hermione también se había ruborizado. _ Deduje que Draco habría querido hacerte algo y al ver que no estaba tampoco en la grada vine a buscarlo para que desembuchara porque no iba a dejar que te pusiera la mano encima.
_ Hermione… _ Se mordió el labio. _ No te haces una idea de lo sexy que estás ahora mismo…
_ Pansy, que me sonrojas aún más. _ Se quejó. _ Además, no delante de Draco… ya bastante tiene con lo que tiene.
Aún con todo a Pansy le dio algo de pena que condenaran a Draco a prisión preventiva. Por otro lado, seguramente estaba más seguro allí que libre para que los secuaces de Voldemort pudieran echarle el guante. Pansy estuvo días dándole vueltas a algo, y Hermione lo notaba.
_ Es Voldemort. _ Dijo, cuando le preguntó. _ Es que… mientras siga por ahí rondando… no voy a estar tranquila, ¿Sabes?
_ Bueno, ni tú ni nadie. Son pocos los que duermen a pierna suelta con ese pensamiento rondando sus cabezas. _ Suspiró Hermione.
_ Tengo que trazar un plan… para acabar con él de una vez. _ Dijo, elevando la vista por la ventana.
_ ¿No crees que es un poco pronto para meternos en este lío? _ Suspiró Hermione. _ Quiero decir. Mira a Harry. Acaba de empezar a salir con Ginny y Ron aún no lo supera.
_ A lo mejor estoy siendo egoísta al querer resolver esto, lo sé… _ Le acarició el rostro lentamente. _ Pero que haya gente ahí fuera que te odie tan sólo por haber nacido… me enferma.
Hermione se estremeció y se aferró al contacto de la mano ajena, dándole un suave beso. Le dedicó su mejor sonrisa.
_ Pansy… no creo que desear librar al mundo del mal sea egoísta. Hablas con mucha convicción… _ Sonrió. _ Creo que es una de las cosas que más me gustan de ti… Tienes un corazón muy noble.
_ Tú también lo tienes, Hermione. _ Se aproximó para besarla de nuevo. _ Tengo mucha suerte de tenerte.
_ Sí, sí que la tienes. _ Le guiñó un ojo. _ ¿Qué vas a hacer?
_ Voy a hablar con el profesor Dumbledore… y a compartir con él todo lo que sé y los medios de los que dispongo.
_ Los medios de los que dispones. _ Repitió Hermione. _ ¿Te guardas secretos que no me cuentas? ¿Tienes poderes especiales?
_ Quizá. _ Pansy alzó una ceja.
El Profesor Dumbledore se había quedado en silencio. Frente a él, Harry, Ron, Hermione y las dos versiones de Pansy estaban en silencio, expectantes. Hermione miraba de soslayo a las dos Pansy. Sí que le había ocultado que tenía cierto talento.
_ Bien… _ Dumbledore la devolvió a la realidad. _ Todo lo que me ha contado ha sido muy útil, señorita Parkinson. Creo que he podido trazar un plan a partir de todo ello. Pero si lo llevamos a cabo… será peligroso. Pueden quedar cosas al azar. Estaríais corriendo todos un gran peligro.
_ Señor, creo que todos los presentes llevamos ya mucho tiempo deseando acabar con esto. _ Dijo Harry. _ Ya ha muerto demasiada gente. Y si lo que dice Pansy es cierto, no tiene sentido seguir posponiéndolo.
_ Además, la que se pone en peligro soy yo, ¿No? _ Bufó la segunda Pansy. _ Ni siquiera soy real, así que… no es que esté en riesgo nada importante.
Bellatrix estaba en la casa de su hermana, lugar al que habían trasladado el armario evanescente. Se suponía que iba a ser una tarea fácil. Y ahora Draco estaba preso. Había pateado múltiples veces el armario ante la atenta mirada de su señor, que estaba clarísimamente disgustado ante el fracaso del plan.
Voldemort abandonó la saga, seguido de Nagini, que se movió por el suelo de la cocina con una extraña soltura para una criatura tan grande. Su olfato captó algo fuera de lugar, un olor nuevo, y se lo hizo saber a su señor.
_ Encuéntrale. _ Siseó Voldemort.
Pansy no era capaz de entender aquella lengua. Pero no le costó comprender sus intenciones. Aferraba un pequeño objeto entre los dedos, esperando el momento preciso. Sabía que la serpiente la descubriría. Contaba con ello.
Nagini abrió la puerta del armario en el que se escondía con un golpe de su cola. Pansy no se lo pensó y se lanzó directamente sobre la serpiente, clavándole el objeto que llevaba en las manos directamente en la cabeza. Se trataba de un colmillo de basilisco.
_ Grandes conjuros para impedir miradas indiscretas, Voldemort… lástima que no funcionen conmigo.
Se desvaneció, aún en su presencia, y apareció en otro rincón de la casa. Bien, ese era el último Horrocrux. Por la forma en la que Voldemort gritaba, estaba claro que se había dado cuenta. Se disponía a desaparecer cuando se cayó al suelo, convulsionándose de dolor.
Aquella no era cualquier maldición tortura. Era una estudiada y practicada a la perfección. Aquella risa enfermiza le indicaba que se trataba de la persona que se temía. Bellatrix Lestrange la mantuvo atrapada, agitando su cuerpo presa del dolor.
_ Parece que se te da bien entrar en sitios bien protegidos. _ Bellatrix se rio con ganas. _ Imperio
Lord Voldemort encabezaba una comitiva que había aparecido en mitad de los terrenos de Hogwarts de la mano de la segunda Pansy. Voldemort observó el castillo con una cruel sonrisa y se adelantó. Miró a Bellatrix, que sujetaba a Pansy.
_ Ocúpate de ella. _ Le ordenó antes de adentrarse en el castillo.
El señor tenebroso y sus mortífagos se encontraron el castillo extrañamente silencioso. No había alumnos por los pasillos, la cabaña del guardabosques estaba vacía. Un extraño presentimiento envolvió al mago mientras se acercaba al comedor, esperando encontrar allí a los alumnos. Pero no había nadie.
Nadie salvo él. Harry estaba plantado frente a la mesa de los profesores, con la varita en la mano, que adelantó directamente contra Voldemort.
_ Es mío. _ Indicó a los otros mortífagos. _ Dispersaos, buscad a los profesores.
Harry estaba nervioso, incrédulo ante las palabras que Dumbledore y Pansy le habían dado, sobre cuál era el verdadero significado de la profecía. Adelantó la varita, esperando el momento. Notaba el pulso desbocado cuando Voldemort adelantaba la mano y decía aquellas dos palabras.
El fogonazo de luz verde llenó el comedor y Harry se desplomó, cayendo al suelo ante Voldemort, que por algún motivo notaba un extraño desasosiego. Se estaba acercando, pensando en qué hacer con el cadáver cuando una risita le hizo girarse. Bellatrix estaba a su espalda, jugando con su varita. Tras ella, tres mortífagos sostenían a Ron, Hermione y Pansy, que se encontraban inconscientes.
_ No hemos encontrado a nadie más. _ Suspiró Bella. _ Deben estar todos escondiditos en sus salas comunes.
_ Nos esperaban. _ siseó Voldemort. _ Pero… ¿Cómo iban a saberlo? Nos hemos saltado todas las protecciones… La chica, debieron preveer que podíamos usarla, pero… ¿Por qué enviarla, entonces? ¿Por qué dejar a Potter desprotegido?
_ Expelliarmus
La varita de Voldemort salió despedida por los aires. El brujo se quedó observando a Harry Potter, completamente ileso, con la varita en la mano y expresión de triunfo.
_ ¡Matadlo! _ Exclamó Voldemort. _ Matad al chico.
_ Sí… creo que tengo una idea mejor. _ Bella lanzó una risotada. _ Creo que voy a matarte a ti.
Con expresión enloquecida, colocó su varita sobre el cuello del mago. Y por primera vez en mucho tiempo, Voldemort pareció estar plenamente aterrorizado. Miró a sus mortífagos, esperando algún tipo de ayuda, pero ninguno intervino.
_ Bella, no lo postergues más. _ Llegó a decir uno de ellos.
Voldemort trató de articular alguna palabra… Pero no lo consiguió. El resplandor verde que llenó el comedor fue lo último que vieron sus ojos antes de que el mago más temido de los tiempos modernos cayera al suelo del gran comedor
_ Vaya… ha salido todo de acuerdo al plan. _ Dijo Harry, incrédulo, dejándose caer en el banco de la mesa más cercana.
_ Lo planeó Dumbledore. _ Terció Bella. _ Era un plan bastante bueno.
Los tres Mortífagos soltaron a Pansy, Hermione y Ron y empezaron a cambiar de aspecto hasta tomar el de los cuerpos que acababan de dejar caer al suelo.
_ Buen trabajo, yo. _ Terció Pansy, tratando inútilmente de acomodarse bien la túnica del mortífago. _ ¿Dónde está Bella? ¿Encerrada en algún armario?
_ Pues… verás… te vas a reír… _ susurró ella. _ Pero esta es Bella. Me asusté… le salté encima y… me metí dentro… de alguna forma.
_ Bueno… entonces dame su varita y sal. _ Ratificó Hermione. _ La reduciremos.
_ Es que… no puedo salir. _ Terció ella.
_ ¿Y está Bella ahí contigo?
_ No… _ Se mordió el labio, nerviosa. _ Creo que… ha volado.
_ ¿Y ahora qué hacemos? _ Preguntó Ron.
_ Yo no haría nada. _ Terció Pansy. _ Antes te estabas quejando de que no eras una persona de verdad… problema solucionado.
_ Y… ¿Ya está? _ Preguntó Hermione. _ Ha sido muy fácil.
_ Un poco anticlimático, sí. _ Reconoció Pansy. _ Pero ya está. Deberíamos avisar al resto y empezar a prepararnos.
El resto del año transcurrió con relativa normalidad. Pansy se levantaba cada mañana con una gran sonrisa en el rostro y se dirigía hacia el gran comedor para encontrarse con su chica, le pasaba el brazo sobre los hombros y la besaba apasionadamente ante la vista de todo el mundo.
Finalmente estaba relajada, tranquila, y no sentía que se estuviera entrometiendo en nada. Fue el último día del curso en el que se le pidió a Dumbledore que le dejara ponerse el sombrero. Se despidió de Hermione con un beso, sabiendo que no la volvería a ver hasta después del verano.
Cuando Hermione volvió al andén nueve y tres cuartos, después de un verano de lo más anodino, estaba ansiosa por volver a encontrarse a Pansy. Estaba allí, junto con "Bella" y Janet. No le sorprendió.
Pansy le había contado en sus cartas que se había mudado a la residencia Lestrange con Bella y con Janet después de una terrible discusión que había tenido con la señora Parkinson sobre el derecho de su criada a usar magia. Lo que sí que le sorprendió fue el escudo que adornaba el uniforme y el color rojo que lo adornaba.
_ Sorpresa. _ Dijo, como saludo, girando sobre sí misma. _ Ahora soy una Gryffindor.
_ Que sepas que en la torre ya estábamos bastante apretadas. No sé si va a caber otra cama. _ Dijo Hermione, con tono de circunstancia.
_ Bueno… entonces supongo que tendré que compartir la tuya. _ Susurró, rodeándola con los brazos y uniendo levemente sus labios a la castaña.
_ ¿No deberíais esperar a que los tutores legales estén fuera de la vista para hacer eso? _ Preguntó Bella, alzando una ceja.
_ Hace unos meses eras yo… creo que has visto bastante. _ Puntualizó Pansy.
_ Pero yo no he estado dentro de ti. _ Janet tosió.
_ Correcto. Os veo en Navidad. _ Pansy se subió al vagón.
_ Hasta entonces. _ Se despidió Janet. _ Cuídate, Pansy.
Hermione se subió tras ella y avanzaron por los vagones, con las manos sujetas a la cintura contraria.
_ Sentémonos con Luna, quiero ver qué tal ha ido su verano. _ Pidió Pansy.
_ Claro, me encantaría… ¿Pero no te interesa el mío?
_ Podremos hablar sobre ello largo y tendido esta noche… en tu cama. _ Le guiñó el ojo.
_ Pansy Parkinson… eres terrible… _ Hermione se echó a reír.
Pansy sonrió. No sabía si aquello era real o un sueño, pero mientras viviera en él, tenía intención de seguir disfrutando de la experiencia.
