EL SECRETO DE LA ETERNA JUVENTUD

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.

Este fic participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.


Tabla 6: Musical. Prompt: Estrella.

Tabla 7: Personajes. Prompt: Rubia.

Tabla 8: Técnica. Prompt: Serie de drabbles. Historia sin diálogo.

Zenith Xeep es un personaje que aparece en el videojuego Harry Potter. Hogwarts Mistery.


1

Acto primero

Lydian y Octavia Xeep eran dos estrellas internacionales de la ópera. Se conocieron sobre el escenario, interpretando los papeles protagónicos de La Telaraña. Ambos eran altos, esbeltos y bien parecidos. Tenían los ojos castaños y el pelo rubio. Nadie era capaz de decir a quién se parecía Zenith, una niña preciosa de voz prodigiosa.

Zenith creció entre bambalinas. Durante toda su infancia escuchó a sus progenitores ensayar, pelearse y volver a ensayar. Por lo visto, era lo único que sabían hacer. No acostumbraban a prestarle atención. Los tramoyistas del teatro la hacían volar sobre el escenario. Los encargados del vestuario le enseñaron a coser. Los músicos y cantantes, educaron su talento musical.

Cuando tenía trece años, se calzó unos botines de tacón alto, se vistió la túnica más bella que jamás había usado y se subió al escenario. Fue la primera vez que interpretó el aria de la Reina de la Noche, la antagonista principal de La Flauta Mágica. Aquel día, sobre el tablado de madera, decidió que no regresaría a Hogwarts. Lo consideraba una pérdida de tiempo.

Por lo visto, sus padres también. Contrataron a una institutriz para que la versara en el noble arte de la magia y la animaron a desarrollar su carrera artística. Zenith era apenas una niña cuando vio cumplido el sueño de su vida. No iba a decepcionar a nadie. Ni a sus progenitores, ni al público, ni a sí misma.


2

Acto segundo

París fue su gran prueba de fuego. Tenía diecisiete años y ya había triunfado en los escenarios de Reino Unido. Londres y Dublín cayeron rendidos a sus pies. Conquistar Europa era una tarea harto complicada. Las sopranos alemanas triunfaban por todo el continente. Las francesas destacaban por su elegancia y las italianas por cierta belleza salvaje que en nada se parecía a la de Zenith. Pocas eran las cantantes británicas que triunfaban más allá de las islas. Su madre fue, tal vez, la única excepción a la regla.

Zenith desearla superarla en todo. Debutó como estrella principal cuando era más joven. Su rostro apareció en la prensa nacional a una edad muy temprana. Y París llegaba cuando acababa de cumplir la mayoría de edad.

Para preparar tan importante acontecimiento, la joven artista sabía que tendría destacar en todas las facetas. No sólo debía cantar como los ángeles: era imprescindible que pareciera un ángel. Necesitaba que su aspecto físico fuera el mejor, así que ideó su propia fórmula de cuidado del cabello. Aquella noche, estaba más rubia que nunca. Los bucles dorados caían sobre sus hombros e iban a morir justo donde nacía el escote. La túnica roja se ajustaba a su cintura. Casi parecía un ser etéreo. Sabía que su presencia imponente no pasaría desapercibida. Se colocó en su lugar, justo en el centro del escenario, y emitió las primeras notas musicales.

Como no podía ser de otra manera, su debut fue un éxito.


3

Acto tercero

Rita Skeeter era una joven periodista, atractiva y ambiciosa. Tenía el cabello rubio y a Zenith no le resultaba complicado verse reflejada en ella. La fuerza de su juventud era abrumadora. Aquella mañana de domingo, se sentó frente a ella y comenzó a formular sus preguntas. Una tras otra, sin darle tregua alguna.

Se interesó por sus padres y su vida familiar. Por sus amantes y los motivos que la llevaron a no contraer matrimonio. Por los hijos que nunca nacieron. Por las nuevas y las antiguas amistades. Por sus numerosos éxitos y sus escasos fracasos. Y, por supuesto, por sus secretos de belleza.

Todos en el mundo mágico sabían del tónico que inventó para fortalecer su cabello. Durante décadas, le habían preguntado una y mil veces por la fórmula del mismo. Zenith no pensaba revelarla ni bajo amenaza de muerte. Era su secreto y se lo llevaría a la tumba. Skeeter sonrió al recibir su negativa e insistió sobre el mismo tema. Intentó averiguar su edad. Fue de muy mal gusto. A continuación, quiso saber cómo era posible que siguiera tan joven. Después de todo, los años no pasaban en balde.

Zenith rodeó con la mano derecha el amuleto que colgaba de su cuello. Tenía la forma de una lágrima de fénix, era azul celeste y resplandecía en la oscuridad. Se lo regaló una antigua amante norteamericana, mucho antes del ascenso al poder del mago tenebroso Gellert Grindelwald. Le prometió que, mientras lo llevara puesto, nunca perdería su belleza. Con el paso del tiempo, sólo se lo había quitado dos veces. El espejo le devolvió un reflejo de sí misma que no le agradó en absoluto y decidió que la acompañaría por toda la eternidad.

Obviamente, no reveló sus secretos. Temía que algún envidioso deseara robarle su fuente de juventud. Habló sobre la buena alimentación y el ejercicio físico y siguió respondiendo las preguntas de Skeeter, a ratos molesta y a ratos admirando su osadía. Le gustaban las mujeres fuertes que destacaban en sus profesiones. El mundo necesitaba muchas más como ellas.


4

Acto final

Zenith Xeep se había convertido en una carcasa vacía de vida. El amuleto rejuvenecedor le permitía mantener el aspecto físico de una mujer joven y atractiva, pero no engañaba a la naturaleza. Su cuerpo entero dolía, los achaques la acosaban y su voz se había extinguido. Lo lamentaba muchísimo. Llevaba diez años sin poder subirse a un escenario.

Se había retirado a una casita de la campiña inglesa. Cuidaba de los rosales y las peonías. Escuchaba a los nuevos talentos de la música en su gramófono. Echaba de menos los buenos tiempos. Se sentía como una farsante que ocultaba al mundo su verdadera naturaleza.

Aquella noche se quitó el amuleto y vio a la estrella negra en la que se había convertido. Su luz se extinguió mucho tiempo atrás. Rita Skeeter ya no la visitaba. Estaba cayendo en el olvido. Había sido feliz, pero cada vez sentía mayor necesidad de traspasar los velos para ir al otro lado. Tal vez fuera pronto. Tal vez pudiera recuperar el brillo de antaño y seguir siendo Zenith Xeep, la gran estrella de la ópera.