Symphogear no me pertenece, es de sus respectivos autores.
Aunque fuera poco, siempre la protegería. Estaría con ella en las buenas y en las malas, la salvaría, definitivamente lo haría. Me vestirá con una armadura y terminaré con su pesadilla.
- ¡Entrega a la princesa! – vocifero fiera mi rival.
Apreté con fuerza mi espada y encaré a ese ser de rosado cabello.
- ¡Nunca! – respondí firme ante su exclamación.
Tome la mano de la pequeña asustadiza que estaba a mi costado, intente con ese apretón brindarle seguridad.
- ¿No crees que estas yendo muy lejos? – inquirió una niña de brillante cabello castaño dorado. Su voz declamaba cierto pánico y nerviosismo.
- ¡Ah callar, esto es necesario! – gruñó el demonio rosado, esos ojos cían destellaban y a clamaban un baño de sangre.
Le di otro apretón a mi espada, al alzar la un poco logré acomodar ese "casco" monstruoso con cuernos a los costados y dos agujeros para permitirme ver.
Aunque fuera de cartón, su significado no sería diferente al de una espada o casco de verdad: defender a un ser querido.
-T-Tsubasa – musito tímidamente la princesa.
Levemente mire a la "princesa", su cabello negro amarrado con dos colitas acentuaba su aura de niña tierna, estaría fascinada con eso de no ser por su débil voz y ojos llorosos. Mi corazón se contrajo al notar la gravedad de la situación: ella estaba asustada.
Tomé aire y en una bocanada de valor, supe que tenía que hacer.
-Te protegeré – aunque ella no pudiera ver mi sonrisa liviana, sentí que mis ojos le transmitieron el sentimiento de seguridad que le deseaba- es mi promesa, a fin de cuentas.
Aunque fuera por pocos segundos, la niña de ojos rubí aligero su conmocionada mirada.
- ¡Ataquen al monstruo! – grito la ojiverde que alzó su martillo de cartón y corrió hacia mí posición.
- ¡María-chan, no! – grito en pánico la acompañante de la rosada.
Mire en milisegundos a mis acompañantes, asentí y al soltar su mano cargue con mi acartonada espada contra el demonio rosa.
No permitiría que algo le pasara a mi damita, la protegeré hasta el fin del mundo.
Con cada choque de mi espada contra la suya, a mi memoria llegaban recuerdos de la pequeña pelinegra que intentaba proteger fervientemente.
-Dos años atrás-
Mi conciencia infantil aun podía reconocer que mis pensamientos no eran aptos para una niña de seis años de edad. Viéndola a unos metros de mí, no pude evitar la necesidad de mirarla y analizarla: su piel era blanca con leves destellos sonrosados; ese cabello negro era corto, un estilo que la parecía ver más infantil con ese copete; sus ojos grandes de color rosa se limitaban a ver detrás de la pierna de su madre y verme de vez en cuando.
Ahí me encontraba yo, viendo a una infante de cuatro años como si fuera la cosa más preciada de la humanidad. Mi padre buscaba una reacción de mi parte al palmear mi espalda, pero él nunca lo entendería, el efecto que tiene la joven dama enfrente de mis ojos es simplemente hechizante.
-Tsubasa- la fuerte voz de mi padre me hizo entrar en razón. Sacudí la cabeza y alcé la mirada para verlo- anda y saluda a Tsukino y a Shirabe.
Asentí suavemente con la cabeza y caminé delicadamente hacia las dos señoritas.
-Es un placer conocerla -me incline levemente ante la bella señora de cabello azabache y ojos azules que me miraba enternecida.
-El placer es mío, Tsubasa-chan -la mujer educadamente y de forma amable inclino su cabeza y me dedico una sonrisa- me gusta mucho tu kimono, te quedan los colores pasteles.
-Se lo agradezco -correspondí aquella sonrisa y me dirigí hacia la niña que aún se ocultaba detrás de su madre- Shirabe- la llame por su nombre de pila, dada nuestra situación, no vi inconveniente en ser formal con ella- espero que nos llevemos bien -sabía que estaba nerviosa e intente animarla con una liviana sonrisa.
Nunca me he caracterizado por ser gentil y cálida, la gente normalmente me catalogaba como fría y seria aun a mi pequeña edad. Pero al menos, solo por hoy, quise transmitirle a esa indefensa niña que podía confiar en mí, las veces que quisiera y que yo estaría para ayudarla.
-T-Tsubasa… -musito mi nombre cuando me miro de reojo- u-un placer.
Su manera tierna de decirlo, género en mí que un millón de mariposas bailaran por la boca de mi estómago, mis pómulos se habían tornado tibios e imagino que sonrosados. Era una sensación extraña de querer protegerla, aunque fuera la primera vez que nos vimos. Incluso, si en ese momento alguien atacara la mansión, saldría en su defensa y no perdería con ninguno de mis rivales con tal de que su seguridad quede integra.
-Me alegro que por fin se presentaron -mi padre soltó un suspiro. A veces era algo arisco en las relaciones personales, pero resultaba buena persona cuando lo llegabas a conocer- bienvenidas a la familia, Tsukino y Shirabe.
Mire a mi padre y él sonreía de forma suave, Tsukino-san asintió sonriendo y la pequeña Shirabe volvió a ocultarse detrás de su madre. A partir de ese día en adelante, seriamos hermanastras y aunque fuera por pocos segundos, sonreí ante esa idea de que esa misteriosa niña fuera mi hermanita menor.
o-o-o-o
En un mundo ideal, ambas nos llevaríamos bien, Shirabe y yo. Pero ella se comportaba distante en mi presencia y rehuía mi contacto con las cosas más simples como pasarle la sal o simplemente tocar el pomo de la puerta al mismo tiempo.
Busque y busque estrategias para acercarme a ella, pero ninguna funciono como pensé. Cuando intente hablarle, unas palomas me atacaron y ella salió corriendo; después intente invitarla a una de mis prácticas, mi padre prohibió las visitas al dojo para no minimizar mis esfuerzos en el mismo. Entre eso y otras cosas sucedieron para que nuestro acercamiento no fuera lo que imagine.
Quería acercarme a ella de alguna manera, íbamos a vivir toda la vida juntas, ¿Qué hacer si no nos llevábamos bien? Me inquietaba que ella me llegara a odiar y que se fuera de la casa para siempre. Lo sé, no son pensamientos de una niña de mi edad considerando que Shirabe con suerte y salía de su cuarto… Pero estaba asustada de la situación, por primera vez en mi vida experimente el miedo de perder a alguien que quería a mi lado.
-Las cosas no son siempre como uno quiere -salí del dojo entre suspiros.
La práctica con el shinai había ido bien, logre concentrar mis pensamientos en uno solo para no desenfocarme, el problema venia cuando mi mente no estaba ocupada: ella solo pensaba en la nueva inquilina.
- ¿Es Shirabe? -aunque estuviera a varios metros de distancia, logré distinguir su pequeña figura y negro cabello- ¿Qué hace aquí? -con cuidado fui acercándome a su posición.
Era curioso, como mencione, ella no solía salir de su cuarto y si lo hacía era porque su mamá estaba cerca y la incitaba a hacerlo. Su presencia combinaba armónicamente con el árbol de cerezos que aún no florecía. Daba la impresión de que era algún tipo de hada en busca de solucionar la "sequedad" del árbol.
-Shirabe -mencioné su nombre cuando estuve cerca de ella. Respete su distancia y no me acerque a más de unos 60 centímetros de ella- ¿Por qué estás aquí? -me anime a preguntar, no espere a que contestara mi saludo.
Al mirarme sus mejillas se tornaron sonrosadas, instintivamente quise abrazarla, pero logre controlar esa fiera emoción-Y-Yo… -observe como trago saliva y suspiro profundamente- s-solo me gusta venir aquí a leer.
-Oh, entiendo… -no había notado que en su mano derecha llevaba un pequeño libro con pasta roja- ¿Qué libro es?
-U-Uno -desvió la mirada apenada. Si, no me lo diría, de eso estaba segura.
-Está bien -le ofrecí una pequeña sonrisa- te dejare entonces, ¿sí?
Me di la media vuelta con el fin de irme. No era la plática extenuante que tenía pensada, pero era mejor que nada.
- ¡T-Tsubasa! -soltó un gritillo cuando me encontraba algo lejos de ella.
- ¿Shirabe? -la observe, con cuidado me acerque a ella.
-Y-Yo… -bajo la mirada, apenada buscaba las palabras para hablar- l-lo…
-No tienes que forzarte si no puedes -le di unas palabras de ánimo- debe ser difícil adaptarse a una nueva casa, ¿verdad? No tienes de que preocuparte, Shirabe.
Ella negó fervientemente y en un rápido y torpe movimiento tomo mi mano izquierda con la suya- ¡L-Lo siento! -soltó en un grito diminuto al momento de bajar la cabeza- s-sé que has intentado acercarte a mí, es solo que… tu… -espere su respuesta, no quería parecer impaciente cuando de verdad quería exigirle más respuestas- n-no he podido hablar contigo bien, me da pena… Es solo que… -alce la ceja con cierta duda porque había comenzado a temblar- t-tienes una cara muy seria y siento que me vas a regañar si hago alguna tontería.
Parpadee un par de veces, mi mente estaba en shock mientras la damita no paraba de buscar algo que la salvara. ¿Mi cara? Se que me lo han referido mucho, pero no pensé que le diera ese miedo a Shirabe.
-S-Se que es algo tonto. Mamá ha dicho que eres una persona amable aun pese a las apariencias.
Groseramente reí divertida. Simplemente no pude parar de hacerlo aun cuando la damita me veía desconcertada. Preguntaba activamente que me sucedía y yo no paraba de reírme. Si señores, ella no me hablaba porque tengo una cara muy seria, ¿pueden creer eso? Me parece un descubrimiento interesante.
-Lo-lo lamento -repuse cuando las risas fueron cesando- es solo que me pareció divertido -manifesté mi gusto con una sonrisa tranquila -sus mejillas se pusieron coloradas, parecía una pequeña cereza- debería disculparme, ¿verdad? Soy yo la que te causo problemas en todo caso -antes de que ella hablara, interrumpí al levantar la mano- quitare esa mascara -me atreví a colocar mi mano derecha sobre su agarre a mi mano izquierda- solo por ti, relajare mis defensas, ¿sí? -sonreí amigable y de forma sincera.
La pelinegra me miro expectante, aunque creo que estaba aún más avergonzada. No decía nada por un momento y después comenzó a hablar.
-G-gracias… -musito y una pequeña sonrisa se asomó por su cara.
-Es muy bonita -confese tontamente y cuando me di cuenta de mi error abrí los ojos cuales platos grandes y sacudí inmediatamente mi cabeza- olvida lo que dije.
- ¿Uh? -ladeo la cabeza dudosa- no puedo olvidar algo que no escuche.
Suspire aliviada y volví a asentir- es mejor así -sonriendo jale un poco su mano- ven, quiero mostrarte la librería de la casa -sus ojos, por primera vez se abrieron en su totalidad y mostraron un impecable brillo inocente.
- ¿P-Puedo leerlos? -asentí y ella volvió a sonreír tímidamente- aun no entiendo muchas palabras…
-En ese caso te ayudare -dije segura- soy la más avanzada de mi clase, si tienes dudas las resolveremos -comenzamos a caminar.
-G-gracias… -otra vez musito, pero este tenía la diferencia que era un tono sutil y tierno.
No dije nada, me mantuve callada porque tenía la idea de que si abría la boca mi alocado corazón saldría bailando a diestra y siniestra.
Si, era un acercamiento tonto y sin chiste, pero era el empujón que necesitaba nuestra relación para evolucionar y seguir haciéndolo por todos los tiempos.
-Actualidad-
Intuyo que aún se preguntan que hacíamos peleando contra dos niñas, o más bien yo peleando contra la mayor de estar y la otra solo suspiraba resignada. Nuestros padres nos habían dejado ir al parque y nos topamos con una niñita un poco más grande que yo y otra que posiblemente solo era un año mayor que Shirabe. Platicando y con la niña Hibiki animando a Shirabe a hablar un poco más, llegamos a la conclusión de que jugaríamos a castillos y dragones. La princesa seria Shirabe por ser la más chica de las cuatro, Hibiki sería un tipo de escudero, María un caballero que salvaría a la princesa y yo iba a ser el demonio-dragón que custodiaba a la damita.
El problema radica que Shirabe no quería hacerlo, no quería que me golpearan y no quiso jugar así. Por lo que se quedó atrás de mí, argumentando de que solo yo podía salvarla protegerla, nadie más podía hacerlo.
La niña pelirosa no gusto de esa idea e intento persuadirla al igual que la castaña de dorados cabellos; Pero Shirabe se negó ante esta posibilidad y no lo haría conociéndola.
Así que, la pelirosa decreto entonces que jugaríamos así: el demonio-dragón había secuestrado a la princesa y este seguiría peleando hasta el final. Prácticamente la misma historia del principio.
Shirabe miedosa se quedó a mi lado, ella no quería jugar a algo donde me hicieran daño y yo tampoco quería arriesgarla, pero la niña se veía segura e incluso un brillo escalofriante se asomó por sus ojos. Mi instinto de guerrero en crecimiento me pedía a gritos que luchara contra ella para sacar sus verdaderas intenciones, pero otra parte de mi alegaba que no metiera a Shirabe en esto.
Esa fue la historia con la cual comenzamos a golpearnos con espadas de cartón que había traído Hibiki de su casa.
- ¡pedía! -soltó tremendo grito la niña de ojos dorados cuando vio a la aludida caer contra el piso- ¿estas bien? -su voz detonaba preocupación pura.
-Si… -musito, pero aun si logre escucharla- fue una gran batalla -me miro al estirar su cuello y sonrió débilmente- eres fuerte, aun así, te venceré la próxima vez.
Cansada se acostó en el piso con los sollozos y gritos exagerados de la que supongo yo es su hermana menor.
-Lo logré… -dije en mi triunfo cuando caí de rodillas contra el piso- sí que es terca esa niña…
-T-Tsubasa – la pelinegra se quedó a mi lado, retirando velozmente el casco de cartón que llevaba puesto- ¿e-estas bien?
-Si -conteste suavemente- ¿tu estas bien? ¿no te tocaron?
Ella negó un par de veces antes de continuar- Tsubasa -cerro los ojos y se abalanzo sobre mí, recargando su cabeza sobre mi pecho- no lo hagas de nuevo, ¡no me hagas esto!
-Shirabe… -al mirarla, no pude evitar sonreír livianamente- no te lo puedo prometer -alzo la cabeza en duda con mis palabras- porque siempre que estés en peligro iré a salvarte, nunca lo dudes.
-T-Tsubasa, te quiero -lloro en mi pecho, simplemente me limite a acariciar su espalda.
Solo por hoy, no ¿Qué estoy diciendo? Desde que la vi supe cuál era mi misión; protegerla. No importa quien sea el rival lo hare. Por ella incluso cambiare y tirare mis más oscuras mascaras. Aun con mi edad sé que puedo permitirme cumplir una promesa tan grande como esa.
Shirabe, mi linda y misteriosa Shirabe, aún tengo mucho que descubrir de ti. Pero mientras este corazón siga latiendo, creeme que no dejare de estar a tu lado.
¡Juro por mi perrita que no me estoy yendo al lado oscuro de otro Sip que no sea Tsubasa y Shirabe! Es solo… Es solo que me parece bonita esa relación tipo fraternal. No sé porque después de que cantaron juntas mi mente no las deja de ver así jaja…
¿No sientes que su alma se purifico? Porque la mía si se purifico, extrañamente y eso que yo lo escribí xD.
Es super corto, pero en lo personal me gusto escribir algo cortito y bonito. No como las cosas que escribo que nunca parecen tener fin xD.
Sin más que decir: dudas, criticas o alguna cosa por favor no duden en comentarlo. Sus reviews alimentan la creatividad de cualquier escritor, que regalen, aunque sea un review a cada historia que lean en sus hermosas vidas.
Nos vemos en la siguiente actualización~ n_n
