ADVERTENCIA o DISCLAIMER o LO QUE SEA: Los personajes y localizaciones en su mayoría pertenecen a J.K, la trama pertenece a la película Holidate de Wonderland y Netflix. Lo único que es mío es la adaptación.
ADVERTENCIA DOS: Repito, es una adaptación de una COMEDIA ROMÁNTICA, así que puede contener un Snape con poco auto desprecio, y unos Malfoy mas ablandados. Pero es lo que hay XD.
ADVERTENCIA….. DA IGUAL: Es un fic de cinco capítulos, completamente finalizado, repartido en dos partes largas.
Acuerdo entre solteros
-Malditas fiestas.- Espetó con asco.
Bufó varias veces sopesando seriamente dar media vuelta. Aun estaba a tiempo. Cruzó las grandes puertas de hierro forjado llegando hasta la entrada y pasando al interior de la mansión sin llamar o pedir permiso.
-Felices fiestas.- Masculló con un marcado sarcasmo y una mirada de profundo asco y desprecio.
-¿Esto es lo que te pones en la fiesta de Navidad?- Preguntó el joven con una ceja alzada mientras se acercaba a él. Aun así, su gran sonrisa de superioridad no se quitó de su cara.- ¿No tienes otra cosa que ponerte? ¿Una túnica de gala? ¿Un traje?
-¿Por qué iba a hacer eso Draco?- Preguntó de forma retórica mientras alzaba él también una ceja.- Bonita decoración.- Se burló con ironía mientras observaba las paredes de la mansión llenas de nieve mágica, estatuas de hielo que se movían y copos cálidos de nieve que caían del techo.
-Mi madre quería que este año fuera especial.- Declaró el joven sin darle más importancia.- Quería traer al coro de Arpías de Canterbury, pero padre se ha negado.
-No me explicó porqué…- Soltó con ironía.
-Llegas justo a tiempo.- Comentó.- Padre aun no ha conseguido ejercer de celestino y juntar a algún desprevenido con alguna de las esperpentos de mis primas, quizás tengas suerte.- Se rió por lo bajo.
-No seas grosero Draco.- Le reprochó su padre con firmeza acercándose a ellos.- No son esperpentos.- Aclaró.- Sólo difíciles de mirar. Buenas noches Severus, felices fiestas.
-Buenas noches Lucius.- Saludó escuetamente. Una de las bandejas se acercó flotando mágicamente con unas copas cuyo contenido cambiaba de rojo a verde festivo. Snape frunció el ceño con desagrado. Demasiada festividad en lo que iba de noche y sólo llevaba ahí dos minutos. Lucius cogió dos copas y le acercó una.
-Ponche de hadas con un toque especial.- Explicó con una media sonrisa. Snape agarró la copa con asco.
-Maravilloso.- Siseó con ironía. Lucius se acercó a él y lo condujo al interior del gran salón de la Mansión Malfoy.- No has llamado a Sarah.- Le recordó.
-No puedo salir con una cabeza de chorlito.- Se excusó.- No puedo pensar por dos.- Declaró.
-Merlín Severus. Pones excusas ridículas.- Espetó Malfoy.- Antes de la guerra tenías excusa ¿pero ahora?- Malfoy le dio un trago a su copa, que en aquel momento era roja.- Han pasado dos año y medio desde la guerra, puedes volver al mercado.
-¿Cómo esperas que conozca a alguien si no sale del despacho ese que tiene en las mazmorras?- Aportó Draco uniéndose a ambos.
-Se llama trabajo.- Masculló con acidez el pocionista.- Dudo mucho que pueda ejercer de profesor de pociones en el bosque, o en el fondo del lago.- Siseó con sarcasmo mientras trataba de esquivar a los dos Malfoy.- Tampoco ayuda que el ministerio me esté mandando trabajo extra.- Miró a Malfoy sénior con rencor.
-No te estoy controlando si es lo que piensas.- La cara de Lucius se puso algo seria.- El ministerio pide muchas comprobaciones y eres el único maestro pocionista que conozco.
-¿Y tienes que venir tú en persona siempre?- Snape alzó una ceja.- Creí que eso lo hacía tú asistente.- Siseó con perspicacia. El hombre alzó la barbilla con orgullo pero no dijo nada, se acomodó su túnica bordada en plata y sonrió con malicia.
-No seguirás bebiendo sólo. ¿Cierto?
-No creí que hubiera alguna regla que indicara que hay que beber en compañía.
-Hueles a vino de duende.
-Era eso, o no venía a tu encantadora fiesta navideña.- Soltó de malos modos mientras por segunda vez trataba de largarse de ahí.
-Se que no te gustan las fiestas, pero ninguna mujer querrá casarse con un borracho solitario.
-¿Quién demonios ha dicho que quiera casarme?- Masculló asqueado por la implicación.
-Vale, casarte no.- Espetó.- Pero puedes acostarte con alguna mujer al menos.- Negoció mientras lo dejaba solo y atendía al resto de los invitados. Severus bufó, cinco minutos ahí y ya le dolía la cabeza. ¿En aquella maldita fiesta no había nada de alcohol que no pareciera vomitado por un unicornio diabético?
-¡Severus!- Narcisa se acercó a él para darle dos besos.- ¿Has venido solo?- El hombre bufó con molestia.
-A padrino no parece importarle mucho.- Comentó Draco a su lado.
-¿Por qué tanto empeño en estar solo?- Preguntó la mujer.- ¿No estarás deprimido? Te veo deprimido, triste…
-¡No estoy deprimido!- Bufó el pocionista.
-¿Seguro? Se te ve melancólico.
-Se me ve cabreado.- Escupió.- Que es como estoy cada vez que me hacéis venir a estos eventos.
-Buenas noches.- Indicó suavemente Astoria entrando en la sala.- ¡Severus!- Saludó efusivamente la joven mientras se acercaba a ellos.- ¿No llamaste a Sarah?- Preguntó con una sonrisa de tristeza.
Snape puso los ojos en blanco. Ocho…
Ocho interminables minutos en aquella fiesta y ya había pasado de estar asqueado a tener tendencias homicidas. Los tres dejaron al hombre solo, que agradeció la tranquilidad.
-¿No es genial?- El ministro de Magia se acercó al pocionista con alegría, Snape alzó una ceja y levantó la mirada hacia donde miraba el señor ministro.- La conocí en una tienda del callejón Diagon.- Comentó mientras observaban como una señora gorda y bajita de estrafalario atuendo arrasaba con la bandeja de canapés.- Le sorprendería la calidad de las mujeres que se encuentran en ese sitio.
-Imagino.- Susurró con frialdad.- ¿Qué tienda?- Preguntó el Slytherin con escepticismo.
-La de chanclas mágicas de Mike Spike.- Afirmó.
-Ya…- Susurró más para él que otra cosa.- Eso lo explica todo.
-Tranquilo.- Se rió el ministro.- No es que me vaya a casar con ella, solo es mi citavidad.- Explicó dándole un trago a aquella extraña bebida camaleónica.
-¿Su qué?
-Una cita exclusiva de una festividad.- Explicó tranquilamente como si fuera una palabra común en el diccionario.- Sin compromisos de ningún tipo, sólo compañía en este tipo de eventos. Así la gente no molesta con preguntas tontas sobre mi persona de porque llego solo, ni cuando pienso casarme. Y la prensa se ha cansado tanto de especular que ya ni Rita Skeeter me hace caso.- Explico mientras cogía un plato con una tosta de caviar.- Es lo mejor que he hecho.- Explicó el hombre tranquilamente.- ¿Quiere que le pregunte a ella si tiene alguna amiga para usted?- Sugirió. Snape quiso decirle que no, no quería saber cómo eran las amigas de aquella señora. Pero el Ministro ya se había ido a hablar con ella. Severus puso los ojos en blanco y procuró esconderse en las sombras de uno de los pasillos esperando que la noche pasara rápida.
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-Vamos, no estés nerviosa, están deseando conocerte.
-¿Conocerme?- Hermione se paró unos segundos mientras todos sus sentidos se ponían en alerta.- James, ¿tus padres saben que sólo es la tercera cita, cierto?
-No es para tanto Hermione, en serio, no creo ni siquiera que sepan que vienes. Tranquila.- Aseguró el joven mientras la llevaba a la puerta principal de la casa. Hermione se quedó pensativa. ¿No le había dicho que estaban deseando conocerla?- ¡Mamá!- La saludó con entusiasmo el chico en cuanto la puerta se abrió sin ni siquiera llamar al timbre.- ¡Papá! ¡Felices fiestas!
-¡Felices fiestas!- Gritaron sus padres abrazándolo. Ambos llevaban unos llamativos y horrorosos jerséis navideños, verdes, rojos, con mucha purpurina y muchos flecos en cuyo pecho había la cara de un gran Reno con una gigantesca bola de plástico que se encendía y apagaba. Se abrazaron efusivamente mientras sonreían con una alegría demasiado empalagosa incluso para ella.
-Tú debes de ser Hermione.- La saludaron.- Eres mucho más guapa que en las fotos.- Dijo la madre.
-¿Fotos?- Preguntó la bruja mirando a James. Los padres la agarraron del brazo y la metieron en su casa para luego sentarla en el sofá mientras el padre se sentaba a su lado dándole golpecitos en la pierna. Hermione les sonrió con incomodidad.
Todos se quedaron mirando unos segundos, aquella familia sonreía con demasiado entusiasmo para ella. Demasiado. Hermione era una chica alegre, pero lo de esa familia rozaba lo inquietante.
El hombre le dio otro golpecito en la rodilla y se levantó.
-Tengo una cosa para ti, espera.- Le indicó con una sonrisilla feliz. Hermione le sonrió de nuevo, no quería parecer descortés, pero se estaba planteando la huída. Justo cuando había tensado su cuerpo para levantarse e irse con alguna absurda excusa, el padre regresó con lo que parecían docenas de álbumes de fotos. Se sentó a su lado, cogió el primero y lo abrió.- Mira, esta es de la primera vez que James se sentó en el regazo de Santa Claus.- Hermione asintió fingiendo aquella sonrisa.- Se meó en la pierna de Santa.- Se rió el padre. La bruja se rió también, forzando a que sus labios se curvaran.- Mira, su primera obra de teatro.- Le indicó mirando otra foto.- Mira esta es la foto del primer día que su madre lo pilló masturbándose en el baño.- Explicó el hombre entusiasmado.
Hermione se quedó pálida.
-Encantador.- Susurró con una sonrisa que parecía más una mueca.
Tras varios minutos de enseñar fotos, el hombre la agarró y la llevó por la casa hasta la habitación de James. Las paredes estaban llenas de trofeos y diplomas.
-Este fue de cuando ganó el concurso de comer fish and chips cuando tenía 8 años.- Relató con orgullo.- Y esta de aquí de cuando salió en el periódico del pueblo por salvar a aquel patito del parque.- El hombre colocó el cuadro con el recorte en su sitio.- El alcalde lo nombró niño honorario del pueblo.- Comentó como si fuera todo un logro. Después la miró con picardía.- Quiero que sepas que a su madre y a mí nos parece bien que durmáis aquí.- El hombre le señaló la cama de la habitación. Una cama individual con las sábanas de superhéroes y las paredes llenas de posters con mujeres medio desnudas y estanterías con trofeos.
Hermione miró a su alrededor y se puso pálida.
-No, está bien… No se preocupe.- Se apresuró a decir.- No me voy a quedar.- Aseguró viendo el percal.
-No digas tonterías.- Aseguró el hombre.- Ya eres de la familia.- Este salió de la habitación dejándola allí sola rodeada de Posters de PlayBoy y superhéroes.
-Ni de broma me quedo aquí.- Susurró. Llevó la mano a su varita en caso de tener que salir de allí de improvisto.
Esa familia era espeluznante.
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-Basta.- Espetó Lucius Malfoy acercándose a él con cara de pocos amigos.
-¿Qué?- Espetó Snape con una ceja alzada.
-No puedes cenar aquí.- Indicó el rubio mirando a su alrededor.
-¿Por qué no?- Comento tranquilamente mientras pinchaba una patata.
-No puedes cenar con los elfos domésticos en la cocina el día de noche buena.- Se negó con impaciencia.- No seas niño.
-Lo creas o no, su conversación es más interesante que la que hay unos pisos más arriba.- Sentenció pinchando esta vez un trozo de asado.- No hay mujeres acosándome, ni Ministros buscándome amigas de su cita, ni ex compañeros de colegio empeñados en controlar mi vida.- Siseó casi con peligrosidad.- No gracias, prefiero quedarme aquí.
Lucius resopló resignándose y dejándolo allí solo.
-Señor Snape, señor.- Llamó uno de los elfos.- He oído hablar al amo, de que el señor Snape, señor, no ha llamado a la señorita Sarah.- Preguntó uno de los elfos trayéndole una gran fuente con verduras.
-¿Por qué no la llama usted?- Inquirió Snape molesto.
-Porque soy un elfo señor, y la señorita Sarah es una bruja Señor Snape, señor.
Severus alzó una ceja mirando al elfo que traía otra bandeja, esta vez con más patatas y salsa.
-No sé de por vencido, por lo que tengo entendido esa mujer no le hace ascos a nada.- Espetó molesto mientras añadía una gran cantidad de salsa de carne a su asado. El elfo lo miró como si se le hubiera fundido algo en el cerebro.- Imagínese lo que le hará a un elfo una bruja con semejante apetito sexual.
El pequeño elfo miró horrorizado y asqueado a Snape. Después salió huyendo de allí dejando al pocionista llenando su copa de vino hasta arriba.
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James entró en la habitación tirando a Hermione sobre la cama con lujuria.
-Genial, mis padres te adoran.- El joven comenzó a lamer el lóbulo de la bruja casi como si quisiera sacarle brillo.
-¿Qué demonios te pasa?- Le espetó la bruja preocupada.- Hemos tenido tres citas. ¡Tres! ¿Le has dicho a tus padres que somos pareja?- Preguntó preocupada y algo enfadada. Hermione vio como el chico comenzaba a desabrocharle la camisa y dejaba su sujetador a la vista.
-Se que te gusto Hermione.- Le susurró en el oído mientras le metía la lengua en la oreja casi como si fuera un perro.- Es noche buena, no estarías en noche buena en mi casa si yo no fuera importante para ti.- El chico se acercó a la mesita y apagó las luces, sin embargo quedó encendida la mesilla de noche, proyectando la imagen de un payaso inquietantemente sonriente sobre el techo, justo encima de Hermione.
-Mis padres están en Australia y mis amigos…- Hermione trató de explicarle, pero el hombre ya había bajado a sus pantalones.- Nada…- Se resignó cuando lo sintió bajar también su ropa interior y meter la cabeza dentro.
Hermione se dejó hacer, que la noche al menos sirviera para algo.
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Snape estaba en una esquina de la sala, viendo como los Malfoy repartían sus habituales regalos de la fiesta de noche buena. Normalmente eran presentes destinados a hacer negocios, contactos e incluso a veces sobornos.
Lucius Malfoy se acercó a él para entregarle un sobre.
-No me digas que no lo vas a aceptar, porque entonces tú y yo vamos ver quien es mejor en duelo.
-Yo, Malfoy.- Le recordó Severus entornando los ojos con irritación. Snape abrió el sobre y clavó sus ojos negros inexpresivos en aquel cheque.
-Un pequeño regalo.- Aseguró Malfoy feliz.- Para que te compres una casa donde vivir.- Sentenció tranquilamente.
-Ya tengo casa.- Masculló Snape.
-Pensé que bromeabas cuando me dijiste que te ibas a comprar un adosado a las afueras de Londres, en aquel barrio obrero.- Siseó Lucius asombrado y asqueado por la idea de una casucha en un barrio muggle obrero. El pocionista alzó una ceja molesto.- Bueno, pues para que te compres una más grande.
-¿Tres millones de galeones?- El jefe de Slytherin no sabía dónde meterse.- Estás de broma.- Afirmó enfadado.
-No te dará para una Mansión, pero si para algo pequeño, unos 500 metros en una buena zona de Londres.- Comentó con entusiasmo, como si su idea fuera perfecta.
-Ya tengo casa y no pienso cambiarla.- Espetó furioso.
-No puedes vivir en una casa de 100 metros cuadrados.- Le reprochó.- Y menos en un barrio obrero.- Dijo con asco. Snape lo miró, Lucius no podía ser más snob.
-No Lucius.- Severus le devolvió el cheque.
-Pues cómprate otra cosa. Un laboratorio nuevo.- El profesor negó.- Un traje.- Negó de nuevo.- Maldita sea Severus, cómprate aunque sea un dichoso caldero.- Espetó molesto.
-Para eso no necesito dos millones.-
-Tres.- Lo corrigió. Snape le dejó el cheque allí y se alejó de él.
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Hermione sonrió como pudo una vez más.
-Que bien.- Fingió.- Unas zapatillas de estar por casa.- Agradeció la bruja tratando de sonreír.
-Como se que te gusta estar en casa pensé en regalarte algo cómodo. No sé qué talla de zapato usas, pero puedes cambiarlo si quieres.- La bruja asintió. ¿Por qué no se había ido ya? Intentó moverse, pero estaba flanqueada en el sofá por los padres de James.
-Gracias.- Dijo con otra sonrisa forzada. Hermione vio con horror, como James esperaba por su regalo.
-Eh… esto…- La joven se removió incómoda.- No sabía que… No sabía que había que traer regalos.- Se excusó.- No es navidad.
-Es noche buena.- Le recordó el chico.
-Dijiste que no había que traer nada.- Comentó la bruja sorprendida.
-Oh…- James cambió su sonrisa por un gesto más serio.- Claro. Ahora lo entiendo.- Su enfado se hizo visible.- No quieres traer regalos pero si quieres que te haga sexo oral en mi cama.- Sentenció con rencor.
Hermione se puso pálida y entró en pánico. Se vio siendo juzgada por las miradas inquisitorias de sus padres que estaban al lado de ella. Tragó saliva y se obligó a respirar. No sabía dónde demonios meterse.
-Eh… yo…- Balbuceó tratando de decir algo. Pero no sabía qué hacer. Si hubiera pensando algo rápido podía haberse excusado un momento para ir al baño y haber configurado algún elemento simple de la casa en algún regalo. A fin de cuenta eran muggles, ni se iban a enterar. Pero ya había dicho que no había llevado nada. Estaba jodida.- No sé, puedo darte un cheque regalo.- Propuso cogiendo su bolso y sacando su cartera.- O dinero… creo que tengo algún billete.
-¿Dinero?- El joven se levantó indignado.- ¿Quien te piensas que soy? ¿Un puto?
-¡No! ¡No! James… yo no…- Hermione no sabía dónde meterse.- Yo no quise decir eso. Desde luego que no…- La bruja no sabía qué hacer. Si no fuera por esa estúpida ley que decía que no se podía hacer magia enfrente de muggles ya los hubiera hechizado y salido corriendo de aquella casa.
El joven esperó un rato.
-Bien, dame 100 libras.- Pidió el chico extendiendo su mano.
-¿Qué?- Granger estaba perpleja.- No te voy a dar 100 libras.- Protestó.
-¡Hemos tenido sexo, Hermione! Dos veces.- Remarcó indignado.- De verdad no me puedo creer que no hayas tenido la decencia de comprarme nada para Navidad.
Hermione resopló y estalló. Aquella situación era surrealista.
-Y yo no me puedo creer que me metieras en este lío con tus padres.- Indicó alterada.- No me lo puedo creer, esta es la tercera cita.- Insistió mientras trataba de calmarse sin ningún resultado.- ¿Sabes qué? En realidad si me lo creo. Estás loco James.- Indicó.- Loco.- Repitió por si no había quedado claro la primera vez. Hermione se giró a los padres, que tenían cara de estupefactos.- Deliciosa cena, feliz navidad.
La bruja cogió el bolso y salió de la casa rápidamente antes de que aquella familia de locos y entusiastas navideños hasta el hartazgo decidieran secuestrarla y hacerle beber ponche de huevo mientras veían más fotos familiares.
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Severus Snape se alejó de aquel tumulto de gente después de recibir, dos regalos mas, a cual más inútiles y estúpidos.
Su ahijado se levantó y pidió silencio.
-Astoria Greengrass.- Dijo con solemnidad.
Snape puso los ojos en blanco. No por favor, una pedida de mano no. Se le iba a indigestar la cena.
-Mis sentimientos hacia ti son honorables.- Sentenció con firmeza.- ¿Me harías el honor de casarte conmigo?
El pocionista frunció el ceño. ¿En serio?
-Si.- Asintió la bruja mientras Draco el besaba la mano y la gente aplaudía a su alrededor.
-Ponte las pilas Severus.- Le soltó Lucius.- No puede ser que Draco se vaya a casar con veinte años y tú con casi cuarenta sigas soltero.- Sentenció mientras sonreía y le daba la enhorabuena a los futuros novios. Snape gruñó y bufó mientras veía la escena con cierta repulsión. Se "alegraba" por su ahijado. Pero tanto amor y ceremonias matrimoniales le daban nauseas.
Tras el entusiasmo inicial, Draco se le acercó.
-Padrino.- Lo llamó trayendo a su prometida de la mano. El profesor los observó a ambos con una especie de mueca extraña.
-Enhorabuena.- Escupió rápidamente.
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-Perdone.- Se disculpó la bruja.- Llevo aquí todo el día.- Se quejó. A falta de 24 horas para fin de año, aquello estaba lleno de gente. Pero no hubiera ido si no fuera porque era estrictamente necesario.- Perdone.- Insistió.
-Sin la llave no puede acceder a su cámara.- Repitió del duende con recelo.
-Pero soy la dueña de ella, me llamo Hermione Granger, mi cámara es la 1367.
-Sin la llave, no hay acceso.- Dijo con más firmeza.
-Necesito el dinero.- Pidió casi desesperada.
-Y yo su llave.
-¡Pero no la tengo!- Espetó la bruja perdiendo la paciencia.- Le juro que en cuanto pueda me iré de este banco.- Le amenazó.
-Para eso tiene usted que vaciar su bóveda. ¿Desea vaciarla?
-¡Sí!- Dijo al fin.
-Su llave por favor.- Pidió de nuevo. Hermione pegó un pequeño grito de desesperación.
-¡Ya le he dicho que no tengo la dichosa llave!- Gritó a pleno pulmón. Todo el banco se quedó mirando para ella.
-Señorita Granger.- Masculló Snape avanzando unos pasos hacia ella.- Si tiene la llave, saque su dinero. Si no la tiene, váyase.- Espetó molesto.- Algunos tenemos trabajo que hacer y entorpece.- Siseó con acidez.
-Muy inteligente.- Se burló la bruja.- No es el único que tiene trabajo que hacer ¿sabe?- Soltó la bruja molesta. Hacía tiempo que no veía a Snape, pero desde luego no tenía ganas de aguantarlo y no lo iba a hacer. Por suerte para ella, ya no era su profesor.- ¿Por qué demonios piensa que no trabajo?
-Es miércoles en horario laborable y está en el banco.- Snape la miró de arriba abajo. La bruja estaba completamente despeinada, llevaba ropa muggle arrugada, y la parte de arriba tenía incluso alguna mancha blanca.- Y va vestida como si hubiera salido de un basurero.- Se burló con frialdad.
-Resulta que estoy trabajando ahora mismo.- Se defendió la bruja. Se giró de nuevo al duende.- Necesito retirar dinero.- Pidió de nuevo.
-Su llave por favor.- Le indicó otra vez. Hermione bufó perdiendo la paciencia. Snape se acercó a ella, y mirándola con asco la apartó de un manotazo.
-Cámara 813.- Siseó él.
-¿Y tiene el señor Snape su llave?- Preguntó el duende con el mismo recelo con el que le había preguntado a Hermione. El pocionista metió la mano en su levita y gruñó con fuerza al sacar la mano y tenerla vacía.
-Soy Severus Snape.
-Y yo Ragnuk señor.- Se presentó el duende.- Pero sin llave no hay acceso.
-¿Quién tiene ahora problemas Snape?- Se burló Hermione cruzándose de brazos.
-No estoy para aguantar sus estúpidas bromas señorita Granger.- Escupió con rabia.- Ya he tenido unos días insoportables para ahora tener que soportar su presencia y sus chistes de mocosa.- Siseó con peligrosidad.- Así que le sugiero que deje sus preguntitas retóricas para otro momento.
Ambos miraron al duende, que puso un cartel delante de ellos y se fue.
-¿Dónde va?- Increpó el profesor.
-Es mi hora del té.- Comentó el duende tranquilamente mientras se iba de ahí. Los dos se quedaron estupefactos sin saber qué hacer.
-Si le sirve de consuelo mis Navidades no han sido las mejores tampoco.- Le hizo saber la bruja mientras resoplaba resignada.- He pasado las fiestas bebiendo cocteles extraños en compañía de gente que no conocía, y que debería estar en una institución sanitaria custodiada por psiquiatras... o personal armado.- Comentó molesta.
-No se queje Granger.- La cortó con frialdad.- Sus quejas infantiles no superan a pasar la noche buena en la Mansión Malfoy mientras intentaban emparejarte con mujeres de dudoso gusto, y con peticiones de mano demasiado cursis hasta para usted.- Escupió con repulsión al recordarlo.- Por no mencionar ver al Ministro de Magia usar su varita en temas que no son estrictamente mágicos.- Soltó mientras se ponía pálido.
Hermione abrió los ojos sorprendida.
-Que imagen tan…- La joven buscó la palabra exacta. Pero la palabra exacta era repulsión. Así que un eufemismo sería una perfecta sustitución.- Festiva…
-Lo tengo en mi cerebro como si me hubieran lanzado un maldito hechizo.- Siseó con asco.- Estoy sopesando la idea de desmemoriarme.
El duende volvió.
-Disculpen, si no tienen la llave les agradecería que se apartaran de la cola.- Pidió con amabilidad.- Pueden volver otro día si lo desean.- Ofreció.- También puedo ofrecerles una copia de la llave.- Hermione abrió los ojos sorprendida y con esperanza.- Sólo tiene que rellenar este formulario y después de un mes les llamaremos para hacer las pruebas y verificar su identidad mágicamente.- Explicó con aquella tranquilidad exasperante que estaba volviendo loca a Hermione.
-Un mes.- Siseó Snape arrastrando cada letra.- Un mes…
Severus estaba a punto de matar al duende cuando uno de los altos cargos se presentó.
-Disculpen las molestias, es política del banco, por su seguridad.- Les recordó.- Pero en compensación, puedo invitarles a desayunar en Florean Fortescue.- Ofreció. Snape tenía ya la varita en la mano.
-Vale.- Se rindió Hermione mientras cogía el papel que le ofrecía el banco.
-¿Está de broma Granger?
-¿Qué?- Soltó encogiéndose de hombros.- Está claro que no vamos a solucionar nada, y ya que tengo hambre y no tengo dinero, al menos gano algo.- Se rindió mientras salía del banco.
-¿A dónde demonios va señorita Granger?
-A cobrarme el vale, le dije que tenía hambre.
-La mitad es mío.
-Creí que tenía trabajo que hacer.
-No me diga lo que debo hacer y no.
Hermione se encogió de hombros.
-Pues venga conmigo. No le voy a insistir.- Indicó impaciente mientras entraban en la heladería. Hermione se pidió una tarta y un café.- ¿Que va a querer usted?
-Nada.
-¿Pero no decía que la mitad era suyo?
-Sí. Pero yo no como a estas horas.- Espetó mientras se sentaba frente a ella con la mirada fija y expresión indiferente. La castaña ni se inmuto.
-Pues si quiere verme comer haya usted.- Dijo con indiferencia mientras hincaba la cuchara en la tarta de fresas.- ¿Quiere?- Ofreció por cortesía más que otra cosa.
-Yo no como porquerías, Granger.- Indicó con desprecio.- ¿Sabe lo que provoca esa cantidad de azúcar en su cuerpo?- Siseó mirando el pastel con repulsión.
-Si.-Dijo tranquilamente mientras le daba otro bocado.- Me provoca una deliciosa y cálida felicidad azucarada. Igual que cuando se come un helado el día de su cumpleaños.- Explicó feliz comiendo su tarta.- Salvo que le digan que es diabético, claro.- Susurró más para sí misma. Snape alzó una ceja ante su razonamiento.- ¿Cuándo se dio cuenta de que era un aburrido?- Preguntó la bruja con curiosidad y burla mientras jugueteaba sin darse cuenta con la nata de la tarta.
-Soy realista.- Siseó.- Pero a los ocho años.- Masculló el Slytherin.- Cuando pide una tarta por su cumpleaños y le ponen una manzana con una vela porque para que celebrar nada...- Escupió. Hermione abrió los ojos con algo de tristeza.
-Mi mejor cumpleaños fue con una tarta de chocolate y nueces pecan…- Explicó riéndose.- Sin gluten, lácteos, ni azúcar.- Especificó.
-Padres odontólogos.- Susurró Snape por la bajo.
-Si.- Dijo sorprendida de que lo supiera.- Mi infancia dulce fue una tragedia.- Hermione cogió aire y suspiró.- No pensaba…
-¿No pensaba que lo supiera?- Snape alzó su ceja de nuevo. Hermione asintió.
-Pues sí, para que engañarnos.
-Le hizo un comentario a Potter sobre eso en la Orden.- Sentenció sin importancia. La bruja lo miró sorprendida porque se hubiera acordado de un detalle como ese de años atrás, pero no dijo nada.
-En cuanto entré en Hogwarts vi el cielo abierto con los dulces.- Hermione abrió los ojos con deleite y se metió en la boca uno de los últimos bocados.- No soy una glotona como Ron que come a todas horas cantidades exageradas, yo soy más comedida, pero mi dulce diario no me lo quita nadie.
-Pues acabará con problemas de azúcar.- Masculló el profesor.
-No creo.- Sonrió. Hermione rebañó hasta el último trozo y pidió otro más.
-Tiene un problema con el azúcar.- Afirmó esta vez.- ¿Sabe que crea adicción?
-Peor es el alcohol o el tabaco.- Hermione se encogió de hombros mientras metía la cuchara esta vez en una tarta de chocolate y crema.
La puerta de la tienda se abrió y un grupo de mujeres que rondaban los cincuenta entraron mientras parloteaban alegremente.
-Pero si es el profesor Snape.- Dijo una de las señoras con una amplia sonrisa. Su vestido azul eléctrico con flores amarillas era un ataque a las retinas. Snape, que estaba de espaldas a la puerta, se puso pálido y su cara se tornó en un rictus de fastidio e irritabilidad. Disimuladamente Severus se deslizó un poco por su silla, completamente rígido con la esperanza de pasar desapercibido si no respondía.- ¡Severus!- Insistió con una sonrisa.
-¿Una ex novia profesor?- Se burló Hermione, todos aquellos años de humillaciones en la escuela por fin estaban dando sus frutos en aquellos pocos minutos. El karma era aun más dulce que aquella tarta…
El Slytherin la asesinó con la mirada, y estaba seguro de que lo hubiera hecho con su varita si hubiera podido. Hermione sonrió divertida ante el mal trago que estaba pasando el profesor.
-Fue la cita del señor Ministro.- Sentenció con asco.
-¿La de la varita?- Preguntó Hermione tratando de no reírse. El profesor estaba a punto de maldecir a alguien, su rostro apenas tenía color y su mandíbula estaba apretada con fuerza. La bruja no podía divertirse más.
-Si.- Siseó. Ambos se estremecieron de asco.
-Eh… Severus, dile a tú amigo que me mande una lechuza.- Sonrió la señora mientras le guiñaba un ojo. Su estómago dio un vuelco desagradable. Después, el grupito de mujeres, tras unas miradas lascivas y cuchicheos hacia su persona, desaparecieron tras cogerse sus helados.
-Era su citavidad.- Masculló Snape entre dientes.
-Perdón, ¿qué es una citavidad?- Preguntó Hermione con curiosidad. No había oído eso jamás.
-Sólo una mujer que consiguió para pasar las fiestas de Navidad.- Explicó Snape a desgana.
-¿Sólo Navidad o todos los festivos?- Preguntó la bruja con interés. Severus alzó una ceja y se cruzó de brazos.
-No sé lo que el señor Ministro hace en su vida privada, y por mi salud mental prefiero que siga así.- Escupió. Hermione resopló frustrada, quería saber de qué iba esa cosa.- Pero creo que se refería a cualquier fiesta dónde se viera obligado a llevar a alguien.- Snape observó como los ojos de la bruja se abrían como si fuera una gran revelación.- Sin compromiso alguno, sólo alguien que llevar para que la gente no preguntase porque volvía solo a un evento.- Explicó impaciente.
-Es eso…- Dijo Hermione como si su vida estuviera solucionada.- Es eso lo que necesito para Fin de año, una citavidad.- Soltó de repente. Hermione se levantó para irse.- Solucionado.
-Inténtelo, pero no creo que haya muchas personas decentes disponibles a 24 horas vista.- Espetó Snape sin interés mientras se levantaba también.
-Estoy segura que si las hay.- Dijo convencida. Después si dirigió a él.- Usted no lo ve, pero la idea es perfecta, me he cansado de citas banales y estúpidas en festivos.- Le explicó la bruja.- Sólo para no tener que escuchar porque voy sola. Además de ridículo es demasiada presión.- Aclaró cansada de tantas citas insustanciales.- Siempre acabo con chicos raros de todas formas.
-¿Si? Imagínese llevar soltero desde hace casi cuarenta años.- Seseó.- Vaya donde vaya, me persigue un mar de miradas tristes y condescendientes.- Gruñó.- ¿Sabe lo que es que su vida amorosa salga publicada en el periódico Granger?- Preguntó con rencor.- Todos me compadecen. ¿Tan complicado es de entender que quiero estar solo?
-Pero usted no quiere estar solo.
-Claro que quiero.
-No, no quiere.
-Si quiero.
-No quiere.- Se enrocó la bruja.- Los seres humanos no están destinados a estar solos, y menos en las fiestas. Por muy antisocial que sea.- Declaró la joven con seguridad. Severus estaba impertérrito como siempre, aunque había cierta frialdad marcada en sus ojos negros, y quizás también algo de sorpresa.- En realidad necesitamos calidez, compañía.- Remarcó.- Y usted además alguien con quien criticar la inteligencia subdesarrollada de algunos individuos.
-Yo no critico la inteligencia de nadie.
-Si lo hace.
-No, no lo hago.
-Si lo hace.- Se empecinó Hermione mientras le sonreía.- Esto es perfecto.- Dijo Hermione de repente entrando en razón.- Podemos ser nuestra citavidad de Fin de Año.- Propuso la bruja como si fuera la opción más lógica.
-¿Qué?- Snape negó con la cabeza.- No.
-Vamos, es perfecto.- Insistió la castaña.
-No.- Severus entrecerró los ojos.- Ni lo sueñe Granger.- Bufó.- No la soporto y usted a mi tampoco.
-Por eso es perfecto.- Indicó.- No hay presión, ni expectativas, ya nos conocemos y obviamente no va a haber nada platónico ni romántico entre nosotros. Es perfecto.- Repitió.- Ni si quiera me parece atractivo.- Comentó la joven.
-No sé si es lo más brillante o estúpido que le he oído decir señorita Granger.- Masculló el pocionista mientras alzaba una ceja.
-No es que no sea atractivo.- Intentó arreglarlo. La ceja de Snape se alzó aún mas.- Es que a mí no me lo parece.
-Adiós Granger.- Se despidió alejándose de allí.
-Espere, acaba de decirme que está harto de las miradas tristes y condescendientes, de que su vida amorosa salga publicada en el periódico y de que todos lo compadezcan.- Argumentó con inteligencia. El hombre se limitó a bufar.-Vamos.- Pidió la bruja.- Tengo que ir a la fiesta de Fin de año que da el Ministerio.- Espetó bufando. Snape esperó un momento.
Los Malfoy irían a esa fiesta seguro. Si se dejaba caer con compañía, aunque fuera Granger, dejarían de tocarle las narices durante un tiempo. Y no había nada que quisiese más que la tranquilidad.
-Quiero poder ir, tomarme una copa tranquila, relajarme, quizás intercambiar un par de opiniones interesantes y no preocuparme porque me aborde algún amigo, la prensa, o algún desconocido con preguntas de porque no estoy ya casada con Ronald y con cuatro pelirrojos.- Confesó resignada.- Tampoco quiero llevar a un cualquiera y estar pendiente de que me pida matrimonio a medianoche o algo así.
-¿Qué le hace tan segura de que yendo conmigo no la abordaran de todas formas?- Preguntó con suspicacia y una ceja alzada.
-Nadie que conozco se atrevería a juzgarme si con ello se meten en la vida de Severus Snape.- Informó casi con una sonrisa de diversión.- La noticia sería tan impactante que dudo que fuera capaces si quiera de preguntar nada. Creo que lo ignorarían pensando que están soñando.- Hermione se rió por lo bajo.
-¿Tan inverosímil es que usted y yo salgamos juntos en un cita?
-Desde luego.- Afirmó con seguridad.- Así que es perfecto. Nadie preguntará, créame.
Hermione miró su reloj.
-Maldita sea, llego tarde.- Hermione le sonrió un poco.- Piénselo y llámeme a mi chimenea.- La bruja se sacó una tarjeta del bolso del pantalón y se la entregó.- También puede mandarme una lechuza.
-¿La pastelería mágica La Calabaza Encantada?- La ceja del pocionista se alzó de nuevo.- ¿Habla en serio?
-Piénselo.
-Ni lo sueñe.- Se negó, pero la bruja ya había desaparecido calle abajo.
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-La esencia de eucalipto neutraliza la acidez…- Snape se detuvo, en la puerta de su despacho estaba su ahijado. Masculló enfadado y continuó.- Neutraliza la acidez de las escamas de serpiente verde del Brasil.- Draco se quedó ahí sonriendo. Severus cabreado e irritado hizo un movimiento con la mano y la puerta se cerró en las narices del rubio.- Por lo tanto, creo que…- Malfoy entró de nuevo.- ¿Lo dejamos para otro momento Slughorn?- Preguntó de mala manera. El Slytherin se deslizó rápidamente hasta la entrada, dejando que su túnica ondeara con violencia a sus espaldas.
-Estoy en una reunión.- Escupió con peligrosidad.
-Obvio.- El chico lo miró de arriba abajo.- Podías plantearte cambiar tú atuendo. Algo que no parezca sacado de un monasterio.- Sugirió Draco sin más.- A lo que venía, padre me ha mandado decirte que quiere que conozcas a alguien.
-¿Para eso interrumpes así?- Le increpó aun mas enfadado. Su palidez se estaba haciendo más visible.- No tengo tiempo para las tonterías de tú padre. Deberías saberlo ya.- Siseó con tanta suavidad que dotó a sus palabras de un aire extremadamente peligroso. El joven se encogió de hombros, se había negado ante la petición de su padre, pero su resistencia había durado pocos minutos. No había tenido alternativa. O su padre o Severus y prefería lidiar con el humor de su padrino.
-Te presento a la señorita Michelle Beachaump.- Presentó el chico mientras metía la mano tras el marco de la puerta y hacía aparecer a una joven algo mayor que Draco. Era una joven de tez morena, ojos oscuros penetrantes y larga melena negra. A pesar de su nombre francés, la mujer presentaba rasgos de oriente medio.- Michelle es medimaga, y está en Londres unos días por negocios.- Explicó brevemente.- Y además… está soltera.
-Bon Jour.- Saludó la bruja en francés.
La mirada helada que le lanzó Snape a su ahijado hubiera sido suficiente para congelar el polo norte de nuevo. Bufó airado y apretó la mandíbula con fuerza.
-Podría decirte, Michelle, que Severus normalmente tiene mejor cara y viste mejor.- Comentó tranquilamente ignorando la pétrea mirada de su padrino.- Pero lamentablemente esto es lo que hay.
-Adiós.- Snape se apartó de ellos tratando de cerrar la puerta.
-Michelle está libre en fin de año.- Comentó rápidamente.
-Fuera de mi vista.- Escupió al borde de su paciencia.
-A padre se le había ocurrido…
Pero Draco no acabó la frase, la puerta se cerró en sus narices con un gran portazo. El pocionista bufó. ¿No iban a dejarle en paz nunca? ¡Era ridículo! Se atrincheró en su despacho. Si alguien le molestaba en ese momento, fuera quien quiera, sufriría la más horrible de las muertes. Se sentó tras su escritorio y abrió el cajón para coger unos pergaminos. Suspender alumnos siempre templaba un poco su carácter.
Al fondo del cajón, destacando sobre la madera envejecida estaba el sobre blanco nácar de la tarjeta de Hermione Granger. Negó varias veces.
No.
No iba a llamarla.
No iba a usarla para eso.
Calificó un par de trabajos, pero la tarjeta sobre la mesa no dejaba de torturarlo silenciosamente.
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-¿Qué tal Richard?- Preguntó Ginny sopesando la idea.
-¿Richard?
-Sí, Richard, el amigo de Billy.
-¿El que vive con su madre y viste como su abuelo?- Preguntó la bruja mientras preparaba unos pedidos de última hora en la tienda.
-Es guapo.- Razonó la pelirroja.
-¿En serio?- Hermione alzó una ceja.- Salí con él hace dos meses.
-¿A sí?
-Si.- Le recordó la bruja mientras negaba con la cabeza.- Su madre le lee cuentos para dormir.- Espetó la castaña mientras ponía cara de incredulidad y asco al acordarse.
-Aun conserva su lado infantil, eso es tierno.
-¡Tiene 32 años Ginny!- Gritó. Por la puerta entró una señora. Ambas se callaron y la bruja atendió con amabilidad a la mujer que había entrado. Hermione agitó su varita y una gran tarta de chocolate se empaquetó con cuidado en una gran caja de cartón con lazos dorados. Las figuras de chocolate de la tarta patinaban y hacían piruetas sobre el glaseado. La señora, encantada con su pedido, pagó diligentemente y salió por la puerta.- ¿Por qué sigues insistiendo en que salga con alguien?
-Tienes que olvidar a mi hermano.- Confirmó con seguridad.
-Ginny, ya he olvidado a tu hermano hace mucho tiempo, salimos sólo dos meses.- Afirmó tratando de explicárselo por enésima vez.- De verdad está todo completamente olvidado.
-¡Pues entonces sal con otro!
-¿Tú sabes los problemas que tienen todos esos chicos?- Preguntó Hermione mientras se ponía a decorar el escaparate con una bandeja de galletas variadas que variaban solas de color.- Están locos, y son unos inmaduros, no necesito a ningún hombre así en mi vida. Ni para unas horas ni para unos meses. No Ginny.- Confirmó.- Necesito una citavidad.- Comentó sonriendo.
-Perdona. ¿Una qué?
Hermione y Ginny giraron la cabeza para ver una lechuza colocarse en el atril para aves que había en la puerta. En su pico traía una carta doblada en un triángulo. Con curiosidad y sin saber que era, o de quien era. La bruja la desdobló y leyó.
Una sonrisa de triunfo se instaló en su cara.
-¿Qué pasa?- Quiso saber Weasley.
-Nada.- Respondió la castaña alzando la comisura del labio con satisfacción y diversión.- Tengo trabajo Ginny, ¿nos vemos esta noche?- La joven asintió y la dejó allí con aquella carta.
A las 7 en el puente Lambeth. Hacia el centro.
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A la siete, puntual. Hermione se presentó en el puente, cerca del parque infantil Horseferry.
-Vamos.- Susurraron a su espalda de golpe. Hermione se giró para ver a Snape tras ella, esperando con impaciencia.
-Pensé que no vendría.
-¿Por qué iba a faltar si ya le dije que vendría?- Espetó con una ceja alzada.
-No parecía muy convencido ayer.
-Sigo sin estarlo, pero prefiero aguantarla a usted que a alguna de las opciones de Malfoy.- Siseó incómodo.- ¿Le molesta mi comentario?
-Para nada.- La bruja se acercó a él un poco.- Usted es el menor de los males para mi, así que estamos en igualdad de condiciones.
-Bien.- Asintió sin más. Hermione enfundada en su vestido negro de gala y Snape con su levita negra habitual, se colaron por una estatua del parque y accedieron al ministerio de magia.
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-No me venga con esas.- Espetó Snape.- El señor Alexander tiene más semejanza a un chimpancé que a un ser humano.
-¿No me dijo que usted no criticaba la inteligencia de nadie?- Preguntó divertida con una ceja alzada.
-En este caso no critico su inteligencia. Un primate también posee inteligencia desarrollada.- Escupió con acidez.- Yo sólo estoy haciendo una comparación entre la materia gris de su cerebro y la de un simio.- Soltó mordaz. Ambos estaban en una esquina del gran hall del Ministerio, apartados de la muchedumbre de la sociedad mágica, ocultos tras una de las grandes estatuas que adornaban el atrio. -Además, no la tenía por alguien hipócrita señorita Granger.- La atacó mientras la miraba directamente.
-¿Perdón?
-No finja que no sabe de que le hablo.- Espetó con malicia.- Antes, cuando fue a por una copa de champán la oí perfectamente.
-Eso no es justo, solo fue una crítica, una.- Se defendió.- Usted crítica a todo el mundo.
-¿Y porque critico a todo el mundo, yo carezco de razón y usted no? ¿Qué hace su diatriba hacia otros, más válidas que la mía?- La bruja abrió los ojos ante la pregunta pero después frunció el ceño.
-Pero yo tengo motivos.- Se defendió.- McLaggen es un baboso.- Comentó la bruja con cara de asco.- No dejaría que me tocase ni con un palo. Es mezquino, estúpido y tiene más poca sustancia que una ameba.- Explotó con rabia.- Usted critica a cualquiera, yo hablo solo de los que conozco personalmente.- Aclaró.
-Y parece que al señor McLaggen lo conoce muy bien.
-Más de lo que quisiera.- Confesó con repulsión.- Si tengo que volver a estar con él a menos de diez metros creo que vomitaré.- Dijo con sinceridad mientras trataba de bloquear las imágenes que llegaban a su cerebro.
-No hace falta conocer a alguien personalmente para saber cosas sobre su persona.- Declaró con indiferencia.
-Es decir, que las juzga antes de conocerlas.- Soltó cruzándose de brazos.
-No es juzgar si pasa de ser una suposición a un hecho.- Remarcó con seriedad. No hizo falta que Hermione preguntara cómo. El pocionista miró hacia la esquina opuesta un segundo, apartados ligeramente había un grupo de personas. La mayoría desconocidas para ellos, sociedad mágica anónima.- Por ejemplo, el hombre que tiene a su derecha, con traje azul, le va a pedir matrimonio a la mujer del vestido gris que está frente a él y ella lo va a rechazar porque él es un mequetrefe que no tiene donde caerse muerto.- Indicó sin más mientras colocaba las manos tras su espalda.
-Eso es juzgar sin conocerlo.- Insistió.
-¿Por qué piensa que no lo conozco? Quizás no personalmente, pero ya me ha dicho todo lo que necesitaba sin abrir la boca.- Bufó indiferente.- Está sudando y se toquetea las manos todo el rato, está nervioso. Se ha llevado varias veces las manos al mismo bolsillo comprobando que la caja con el anillo sigue ahí, eso es inseguridad. No para de mirarla fijamente y aunque sonríe, no para de temblar. Lleva un traje arrugado, más grande de lo que debería y sus zapatos están manchados, al igual que su camisa. Tiene salsa cerca de la corbata.- Explicó como quien no quiere la cosa.- ¿Cómo se que él es un estúpido y que su novia lo va a rechazar?.- Preguntó de forma retórica.- Porque está tan ciego que no se ha dado cuenta de que su novia lleva coqueteando con el otro hombre de enfrente toda la noche, hasta se dejó manosear mientras reía estúpidamente.
Hermione abrió los ojos con sorpresa, no quería creerlo, pero tras fijarse unos segundos en la escena se dio cuenta de que Snape algo tenía razón.
-Es realmente bueno analizando a las personas.- Afirmó la bruja.
-No me mantuve vivo todos estos años por azar.- Espetó con seriedad.
-No quería decir eso.- Se medio disculpó, aunque seguía sonriendo.
-De todas formas nunca me ha preocupado juzgar o no, y lo que opinen de mi por mis comentarios también me da igual.- Escupió.- Por ejemplo, no tengo problema en decirle que ese vestido le resalta los pechos y le hace un trasero de lo mas redondo.- Comentó tranquilamente sin cortarse, su mirada oscura era desafiante y fría.
-Gracias.- Agradeció la bruja con una sonrisa.- Me gasté un dineral en el, hubiera sido una decepción que no me quedara bien.- Confesó mientras se giraba un poco para que Snape pudiera apreciar toda su figura envuelta en aquel ajustado vestido negro de escote provocativo.- Es un detalle que se haya fijado.
-Hasta un ciego lo vería.- Gruñó.- Reconozco que esto no está siendo mala idea. Puedo venir a una fiesta, sin que me acribillen a preguntas estúpidas sobre mi vida o tener que esquivar a mujeres vulgares y aprovechadas. Puedo comentarle lo que quiera, porque esto no es realmente una cita y sinceramente me da igual lo que piense de mi.- Espetó con indiferencia.
-Y yo llevo un vestido provocativo que normalmente nunca me pondría porque tendría que quitarme de encima de decenas de hombres asquerosos y repulsivos que lo único que querrían sería meterse en mi ropa interior.- Confesó también.- Y con usted no se me acerca nadie.
-Ciertamente es una ventaja para ambos.- Afirmó Snape.
Una mujer relativamente mayor, demasiado maquillada y de vestido rojo de cuero se acercó a ellos bailando.
-No.- Le cortó la bruja divertida.- No hace falta que me diga nada de ella, quiero seguir durmiendo por las noches.- Se rió. Snape alzó una ceja. Tras la mujer de rojo apareció el Ministro de Magia.
-¡Severus, señorita Granger!- Los saludó.- Felices fiestas.
-Felices fiestas señor Ministro.- Hermione le devolvió el saludo. Aquella mujer se acercó a los tres tocándole sin escrúpulos el trasero al Ministro.
-Encantada, Mildred Bradford.- Saludó la mujer.- Vaya, me encanta ese vestido, estuve a punto de comprármelo yo.- Aseguró Mildred.- Pero a ti te queda mucho mejor. ¿Esos pechos son naturales o retocados con magia?- Preguntó la mujer. Hermione se quedó cortada un segundo.
-Eh…- Dudó unos segundo pero luego se obligó a sonreír.- Son todos míos.
-Pues tienes unos pechos espectaculares.- Afirmó Mildred. Hermione no sabía dónde meterse.
-Eso mismo le dije yo.- Soltó Snape tranquilamente. Hermione le lanzó una mirada, pero a Snape le dio igual. Aunque con cara indiferente, se lo veía de lo más tranquilo.
-Felices fiestas.- Hermione se despidió de ellos rápidamente mientras agarraba a Snape de la mano y lo arrastraba más atrás, alejados de todo. Con horror, vio como Severus tenía una pequeña sonrisa de burla bailando en sus finos labios.
-¿Le ha hecho gracia?
-¿Verla pasar incomodidad?- Preguntó.- Si.
-Necesito una copa.- Soltó la bruja mientras se colocaba bien el vestido haciendo que sus escote resaltase mas. Hermione no lo vio, pero Snape sonrió con malicia Slytherin.
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Tras la cuarta copa de champán, y varios quiebros al personal de la fiesta. Snape y Hermione acabaron sentados en unas escaleras de servicio, a varios metros de la fiesta.
-¿A caso piensa que por ser mujer busco el final de una historia de amor?- Preguntó mientras le alzaba la ceja a Snape.
-Si.- Dijo sin más.- Es lo que todas quieren, el final perfecto de película.- Masculló con ironía.
-Las películas son ficción.- Comentó mientras vaciaba otra copa de champán.- En la vida real los finales perfectos no existen.- Le recordó la bruja.- ¿Desde cuándo se ha visto en la vida real que a una mujer se le aparezca el hombre de sus sueños delante como por arte de magia? No, no busco al hombre perfecto. - Remarcó antes de que Snape pudiera decir nada. Aun así, la ceja del profesor se alzó ante el tono ácido y mordaz de la chica, más parecido al suyo propio que al que solía usar la bruja.- Pero con lo que hay, prefiero estar soltera.- Habló con seguridad.- No soy tan exigente, si me apareciera el hombre correcto no empezaría a quejarme ni decir que prefiero estar soltera.- Aclaró.
-No es la única.- Confesó Snape.- Yo tampoco lo haría, la diferencie es que yo si soy exigente.- Siseó mientras vaciaba su copa de champán.- Vamos Granger.- Susurró de repente.- ¿Qué inútil arruinó su final feliz?
-Prefiero no hablar de ello.
-Sí que vamos a hablar de ello.- Ordenó.- Empiece.- Su ceja se alzó rápidamente.- ¿No me diga que fue Potter?
-¿Qué?- Gritó horrorizada.- ¡No! ¡Merlín, no!
-Cómo me diga el cenutrio de Weasley creo que me vomitaré.- Escupió con asco.
-No.- Negó.- Si que estuve con él dos meses, tras la guerra.- Confirmó.- Pero no se puede tener una relación basada en una historia de adolescente que se formó entre tensión, guerra, y dolor.- Explicó sin más.- Aquello no iba a salir bien jamás.
-¿Entonces quién?
-Viktor Krum.- Susurró con una pequeña sonrisa.
-¿El cabeza de chorlito de Durmstrang?- Siseó sorprendido.
-No era un cabeza de chorlito.- Confesó.- En realidad era inteligente, solo que tímido.- Hermione cogió un poco de aire.- Tras dejarlo con Ron, volví a cartearme con él. Se mudó a Londres para jugar con los Chuddley Cannons y empezamos a salir.
La bruja se quedó callada, mirando a algún punto oscuro y neutro.
-¿Y qué pasó?- La curiosidad le pasó factura.
-Que en aquel momento queríamos cosas diferentes.- Dijo simplemente mientras se encogía de hombros.- Yo quería ir despacio, tener una relación tranquila, alguien a quien llevar a estas fiestas y él quería ir de fiestas, pero para meterse en la falda de alguna que otra.- Hermione desvió la vista de nuevo y le dio un trago a su copa.
-Confirmo mi comentario señorita Granger, fue un cabeza de chorlito.- Masculló entre dientes.
-Culpa mí, me dejé influenciar y dejé de pensar con la cabeza.- Se disculpó con indiferencia.- Harry me había aconsejado que tuviera cuidado. Pero no le hice mucho caso. ¿Qué chico podía ser peor que Ron? ¿O McLaggen? En fin… Tengo que ir al baño.- Se disculpó. La bruja lo dejó solo, atravesando la sala esquivando a todos cuantos podía. Se metió por fin en el baño. Había varias brujas dentro, pero no conocía a ninguna, aunque le sonaba aquella mujer de la que había hablado Snape minutos antes.
Estaba llorando como una desconsolada, mientras dos de sus amigas trataban de consolarla.
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Hermione se acercó a Snape y este le miró con una ceja alzada. La bruja se había cambiado de vestido y llevaba uno gris, roto y manchado.
-Ni se le ocurra preguntar.- Le advirtió.- Sólo le puedo decir que su análisis de antes no fue del todo cierto.- Confirmó mientras se sentaba a su lado y se bebía la copa de champán de golpe. Ni todo el alcohol del mundo podría arreglar aquella noche extraña.
Se acercaron a una de las zonas con butacas. La bruja se estiró en el sofá y se relajó. Escasos minutos después, aquella bruja que se había encontrado en el baño se acercó a ella rápidamente, estaba sonriendo feliz, y tiraba de la mano del joven con el que había estado coqueteando. Llevaba su vestido negro.
-Gracias, muchas gracias.- Agradeció la chica mientras le enseñaba la mano con un extravagante anillo de pedida. Hermione asintió con la cabeza y la feliz pareja se fue de ahí.
-¿De verdad espera que no pregunte?
-Creí que la curiosa era yo.- Se burló.
-Y yo creí que en estas citas no tendría que fingir.- Espetó con una ceja alzada.
-Cierto.- Recordó la bruja.- El chico que vio nervioso no era el novio, sólo era el amigo del novio, estaba encargado de llevar el anillo para que ella no se lo descubriera. El novio curiosamente, era el chico con el que estaba coqueteando.- Explicó.- En una cosa no se equivocaba, el amigo del novio estaba tan nervioso que cuando llegó el momento de darle el anillo a su mejor amigo para la pedida, tropezó consigo mismo y cayó sobre la chica, le rompió el vestido y se lo manchó. Y como encima estaba confeccionado por magia…
-No se podía arreglar con ella.- Escupió.
-Ahora ya sabe porque voy así.
-No entiendo su obra de caridad, pero vale mientras le siga resaltando el escote.- Siseó sin más.
-¿Sólo me quiere por mi cuerpo?- Dramatizó Hermione fingiendo molestia.
-Por su carácter no, desde luego.- Confirmó. Hermione soltó una carcajada y Snape alzó una ceja. ¿Quién iba a decir que se lo iba a pasar tan bien con la insufrible sabelotodo? La presencia de la bruja había alejado a los Malfoy de él. No evitaría las preguntas posteriores, pero en aquel momento lo estaban dejando tranquilo.
-Voy a por otra copa.- Indicó la bruja.- ¿Quiere otra?
-¿No cree que ya ha bebido suficiente?- Hermione miró a su alrededor viendo las miradas depredadoras de más de uno.
-Desde luego que no.- Confirmó riéndose.
-Entonces debería pasarse a bebidas de adultos.
-Cierto, una copa de whisky no me vendría mal.
-Que sean dos.- Snape se levantó y con un asentamiento de cabeza desapareció entre la muchedumbre.
Con la agilidad que lo caracterizaba por sus años de espía, Severus se deslizó sutilmente hasta el bar. Con dos copas en mano, volvió rápidamente junto a su ex alumna.
-Y dime… ¿Estás sola?- Oyó que preguntaban con extremada suavidad. El Slytherin giró la esquina para encontrarse a un hombre de mediana edad, le recordaba con bastante desagrado a Gilderoy Lockhart.
-Está sola.- Afirmó Snape con peligrosidad.- Y dentro de escasos treinta segundos seguirá estando sola, pero con un cadáver a su lado.- Siseó enfatizando su voz aterciopelada mientras empuñaba su varita con destreza. El hombre al escuchar al Slytherin se apartó rápidamente de ella.
-Snape.- Tartamudeó.- No… No sabía que estaba contigo. Lo siento.- Tras una breve reverencia se alejó.
-¡No me dejes!- Lo llamó la bruja.- Tú y yo íbamos a tener una bonita historia de amor. Íbamos a tener hijos. ¡Vuelve!- Gritó con dramatismo. El hombre ni miró atrás, corrió rápidamente hasta perderse en la fiesta. En cuanto desapareció, Hermione soltó una gran carcajada.
-Su actitud Slytherin a veces me impresiona.- Confesó Snape.
-Gracias.- Agradeció la chica con una sonrisa traviesa.- Es uno de mis talentos ocultos.- Susurró mientras aceptaba la copa de Snape.
-Si me disculpa un segundo.
El hombre desapareció y Hermione se quedó sola de nuevo. Suspiró mientras oía la música de fondo y el jaleo de la fiesta. El Ministro de Magia gritó algo y sobre ellos se iluminaron unos grandes números que comenzaron su descenso.
Diez, nueve, ocho, siete…
Buscó a Snape, pero no lo veía por ningún lado. Los números siguieron descendiendo.
Seis, cinco, cuatro, tres…
Lo buscó una vez más.
-¡Feliz año!- Gritaron todos mientras el techo estallaba en fuegos artificiales. Hermione suspiró con algo de tristeza. Al final y a pesar de todo, había entrado en el año nuevo igual que había salido del anterior.
Sola.
No quería estar sola, simplemente que las opciones eran…
Bueno, cómo había dicho siempre su madre. Mejor sola que mal acompañada.
Miró a su alrededor para ver como varias parejas se besaban, otros se abrazaban. La pareja de recién prometido se besaba con felicidad en una esquina mientas ella, allí, sola, se resignaba y suspiraba. Se dio media vuelta para ver como Snape se acercaba rápidamente a ella.
-Disculpe.- Dijo en realidad sin sentirlo.
Por primera vez en toda la noche entre ellos se formó un silencio extraño, incómodo incluso. Tras unos momentos, la bruja se giró y le dio un suave beso en la mejilla.
-Feliz año.- Comentó Hermione.
-Feliz año.- Respondió con sequedad.
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Ambos atravesaron una de las salidas del Ministerio dando a una pequeña calle solitaria y oscura.
-No ha sido tan desastre como pensaba.- Confesó la bruja sonriendo.
-Digamos que no ha sido la peor noche de mi vida.- Gruñó Severus.
-Bien.- Hermione se dejó de caminar y lo miró directamente.- ¿Qué va ha hacer para San Valentín?
-¿Cómo?- La ceja de Snape se alzó de nuevo, se había elevado tantas veces aquella noche que en algún momento se quedaría trabada en aquella posición.- Yo no celebro San Valentín.
-Yo tampoco.- Confesó.- Pero si esta vez lo hago, quizás después no termine haciendo una estupidez de última hora sólo por no aguantar a mis amigos.- Razonó con calma.
-Es dentro de dos meses.- Le recordó el pocionista.
-Mejor aun.- Afirmó.- Así ya puedo ir diciendo que dejen de buscarme citas.- Soltó divertida.
-Muy halagador.- Escupió con sarcasmo.- Pero sigue siendo mucho tiempo Granger.
-Cierto.
-Además, ese día creo que ya tengo cosas que hacer.- Bufó.
-¿Pasar el día en su despacho?
-O en el laboratorio.- Completó.
-Por supuesto.- Hermione se rió pero no dijo nada mas.- Buenas noches Snape.
-Buenas noches Granger.-
El Slytherin asintió y ambos se desaparecieron a la vez, pero cada uno por su lado.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
-¿Cómo que no tienes una cita por San Valentín Severus?- Le increpó Lucius completamente alarmado.
-Te he dicho que no voy a salir con nadie, no que me estuviera muriendo.- Escupió con acidez ante su actitud.
-Pero es San Valentín.
-Es viernes, y yo tengo clase.
-¿Todo el día?- La cara de Malfoy se contorsionó en una mueca escéptica.
-Corregiré trabajos, iré un rato al laboratorio, y depende de lo mucho que te metas en mi vida, incluso puede que me tome una copa o dos.- Sentenció metiendo su nariz tras el periódico.
-Merlín Severus, como me digas que también piensas masturbarte en la ducha me corto las venas.
-Estás de suerte, pensé en hacerlo frente a la chimenea.- Masculló con ironía.
-No será porque no te haya ofrecido a amigas.- Se quejó Malfoy.- ¿Qué le pasaba a la última?- Snape alzó una ceja.
-Que era un hombre.
-¿Natasha?
-Sí.
-Eso explica algunas cosas.- Comentó pensativo con cara de estar recordando algo.
-¡Merlín Lucius!- Espetó con asco. No es que le desagradase la idea de ver a dos hombres. Lo que le asqueaba era imaginarse a Lucius en esa tesitura, independientemente del género.
-¿Y qué tal Michelle? La francesa.
-No voy a salir con ella sólo como último recurso.- Gruñó el pocionista.- Prefiero estar solo.
-Bueno, vale. ¿Y Granger?- Preguntó de repente.- Tuviste una cita con ella en fin de año y no os matasteis.- Sugirió.
-No era exactamente una cita, ¿y tengo que recordarte cuan desagradable y repulsivo le parezco?
-Eso te dijo.
-No exactamente.
-Pues mientras no te diga eso, aun tienes opciones. Mándale una lechuza.
-No.
-Severus…
-¡No!
-Vale.- Malfoy hizo una breve pausa y lo miró.- Pero a ti sí que te gustaba Granger.
-No.- Un largo silencio se instaló en la sala.- Prefiero estar solo, hago lo que quiero cuando quiero.
-Y me parece perfecto, pero no puedes ir solo a la boda de Draco.
-Aun faltan ocho meses para eso.- Le recordó más que molesto.- Y ahora si me disculpas, tengo cosas más importantes que hacer que discutir contigo lo que hago en mi tiempo libre.- Severus salió del despacho de Lucius en el centro de Londres.
-Padre. ¿Qué hacemos?
-Plan B, mándale una lechuza a Michelle por si acaso.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Snape paseó entre los libros de Flourish&Blotts buscando algo que le fuera útil. Se había escapado de Hogwarts para buscar algo urgentemente, aunque él no tenía prisa per se, lo que estaba investigando si le apremiaba un poco. Cogió varios libros que, con suerte, le serían de provecho.
-Severus.- Lo llamaron. Snape se giró molesto.
-Señorita Hart.- Siseó.
-Sarah, por favor. Llámame Sarah.- La mujer quiso acercarse y darle un beso en los labios, pero la esquivó echándose hacia atrás.
-Sarah.- Escupió entonces molesto. La rubia voluptuosa trató de acercarse a él de nuevo, contoneando sus caderas y sonriendo con superficialidad, pero la altura y rigidez del cuerpo de él le otorgaban una barrera natural. Sarah era muy baja. La mujer resignada por el momento, le enseñó un cuento infantil que tenía en las manos.
-Acabo de encontrar algo para leer.- Afirmó feliz. Snape la miró con una ceja alzada.- ¿Lo tenéis con más dibujos?
-Lo desconozco, no trabajo aquí.- Gruñó impaciente.
-Perdona, pensaba que estabas llenando las estanterías o algo.
-Soy maestro de pociones.- Le recordó, aunque dada su inteligencia subdesarrollada no se sorprendía que no supiera lo que era.- Solo vengo a comprar libros.- Siseó tratando de calmarse y no hechizarla.- Es lo que se hace en las librerías.- Soltó con acidez. Se quedaron unos segundos en silencio, Sarah mirándolo como si fuera comestible, y él mirándola como si fuera un bicho.
-Cielo…- Susurró seductoramente.- No me has llamado.- La mujer se acercó más, arrinconándolo. Snape tragó saliva.
-Estabas aquí.- Susurraron con alegría a su espalda.- Pensé que habíamos quedado en mi pastelería.- Severus se giró para encontrarse a Hermione de la nada. Snape se tensó. ¿Qué demonios hacía ahí? La bruja se acercó lentamente, abrazó a su ex profesor y le dio un beso en la mejilla.
-¿No nos vas a presentar?- Preguntó Hermione fingiendo interés y con una amplia sonrisa de felicidad en la cara. Severus estaba pálido y completamente rígido.- ¿Tú eres?
-Sarah.
-Sarah… Sarah…- Repitió la bruja tranquilamente.- No me suena ninguna Sarah.- Confirmó con aquella exagerada amabilidad. La rubia abrió los ojos con posesión y malicia.
-Fuimos amantes.- Espetó Sarah con una sonrisa de satisfacción. Severus tuvo que hacer un esfuerzo para no matarla en un lugar público. Hermione simplemente estaba intentando no echarse a reír allí mismo. No sabía que aquello iba a resultar tan divertido. ¿De verdad esa mujer estaba tratando de darle celos? Trató de no reírse. Era como ver a un perro marcar territorio. Sólo que con perfume barato y ropa de mercadillo.
-Que suerte tuviste.- Comentó Hermione siguiéndole el juego.- Muchas chicas desearían haber estado en tu posición. ¿No es maravilloso?- La Gryffindor sonrió mientras abrazada a Severus y apoyaba la cabeza en su hombro.- Es todo un semental en la cama. Se le nota que es hábil con los dedos, debe ser por eso de ser pocionista. ¿No crees?- Sarah había empezado a perder el poco color que tenía, y sus ojos refulgían con rabia contra Hermione.- Perdona, no me he presentado aun. Soy Hermione Granger…
Sarah abrió los ojos impactada.
-Por eso me sonaba tú cara, te he visto en la Revista Corazón de bruja, eres la condecorada heroína de guerra. - Susurró con una mezcla entre asco, sorpresa y rabia.
-Ahora sólo soy el nuevo juguete sexual de Severus.- Afirmó feliz. Notó como el cuerpo de su ex profesor se tensaba como la cuerda de un arco. Podía sentir su mirada gélida aunque no estuviera destinada a ella. Sarah endureció su mirada mientras miraba con lujuria y posesión a Severus. Hermione trató de comportarse, pero aquello era demasiado divertido.- Oye, me encanta ese cuento ¿Es para tú hijo? Tienes edad de tener hijos ya.- Le sonrió con falso interés bien fingido.- Aprovecha, ese libro les encanta a los niños, tiene dibujos, pocas letras, palabras simples. Es ideal…
Un silencio extraño y muy incómodo se apoderó de la situación. Hermione se pegó aun mas a Snape mientras le hacia alguna carantoña y besaba su cuello de vez en cuando.
-¿Podemos irnos ya?- Preguntó Hermione con voz dulce.- Perdona, es que tenemos planeado para hoy unos masajes, un poco de champán, unas esposas…-Le susurró con picardía a Sarah.- Ya sabes… -Le guiñó un ojo a la mujer.- Bueno, un placer conocerte Tara.
-Sarah…
-Eso.- Espetó con desinterés mientras le sonreía y cogiendo a Snape de la mano desaparecieron de allí.
-¿Está loca?- Espetó Snape molesto cuando estaban ya a buen recaudo.
-Pensé que necesitaba ayuda.- Hermione lo soltó y se acomodó la ropa.- ¿Qué tal Snape?- Preguntó tranquilamente con una sonrisa como si no hubiera pasado nada.
-Esa mujer me da náuseas.
-No creo que sea para tanto.- Sentenció la bruja poniéndose a un lado.- Pero si le sirve de consuelo, le entiendo.- Dijo con repulsión recordando a Sarah. Dudaba que hubiera algún centímetro de su cuerpo que no hubiera sido modificado con cirugía o magia.
Hermione caminó tranquilamente por el callejón Diagon.
-¿A dónde va?
-A la pastelería. ¿Recuerda? Trabajo aquí.- Snape alzó una ceja.- ¿No va a venir?- Granger se acercó a él, le cogió de la mano y lo arrastró varios metros hasta que se metió en un pequeño callejón tranquilo. Frente a una floristería y una tienda de aparejos mágicos estaba su pequeña pastelería.
-¿En serio trabaja aquí?
-No es que trabaje aquí, soy la dueña.- Le recordó perdiendo un poco la paciencia.- La bruja movió la mano y el cartel de la entrada se giró sólo, después pasó.
-Una bruja con semejante trayectoria y acaba haciendo dulces.- Inquirió levantando un ceja.
-No son solo dulces.- Hermione se acercó al mostrador y cogió una de las galletas.- Pruébelo.
-No cómo dul…- Pero la bruja le metió la mitad de la galleta en la boca.
-Que sepa que para realizar dulces se necesita la misma destreza y precisión que para realizar pociones.- Remarcó.- Sólo que si me equivoco con un ingrediente no hay peligro de que me quede calva, me salga otro ojo, o acabe sin una extremidad.- Indicó.
-Puede.- Espetó mientras masticaba lentamente la galleta con desconfianza.- Pero pudiendo acabar en un alto cargo ha decidido…- Snape se calló de golpe. De repente se quedó quieto, pensativo. Sus ojos se abrieron con sorpresa y miró hacia la galleta que tenía la bruja en la mano.- ¿Qué demonios lleva?
Hermione sonrió.
-No solo hago dulces.- Explicó con orgullo.- Esa galleta es de las que más se venden.- Continuó feliz, la bruja le dio un bocado a la misma galleta que había probado Severus.- A mi me saben a las galletas de navidad de mi madre, jengibre, canela, y nueces de Macadamia. A cada uno le sabe a sus recuerdos dulces de la infancia. ¿A usted?- Preguntó. Severus se quedó allí, con el ceño fruncido y auténtica cara de sorpresa.
-Tarta de calabaza.
Hermione sonrió.
-¿Cree que he perdido el tiempo?- Quiso saber mientras se colocaba tras el mostrador. Snape se limitó a gruñir. Eso podía significar muchas cosas. La bruja no insistió, solo sonrió mientras trabajaba en unas anotaciones y rellenaba una bandeja con unos pastelitos color café.- No hace falta que me da las gracias por lo de antes.
-¿Disculpe?
-Le salve de esa arpía.- Afirmó la bruja con diversión.
-Creo que a estas alturas Granger, soy bien capaz de defenderme por mí mismo.
-No parecía tener la situación controlada cuando llegué.- Soltó con una risa.
-¿Se piensa que no me puedo defender de una mujer?
-De una mujer si, de una arpía interesada no.- Remarcó.- Un minuto más y lo hubiera violado contra las estanterías.- Confirmó con una sonrisa mientras se cruzaba de brazos. Snape no dijo nada, volvió a bufar con enfado y Hermione lo asumió como una victoria más.
-Vale si, felicidades, me salvó. ¿Quiere algo a cambio?- Preguntó con ironía el hombre. Estaba claro que no era una pregunta de verdad.
-Hace mucho que no tengo sexo. Puede empezar por ahí.- Bromeó. Snape se quedó pálido y sus ojos se abrieron con sorpresa. Después alzó una ceja.
-¿Sexo? Por supuesto.- Soltó con malicia.- ¿Por dónde quiere que empiece? ¿No me diga que no sabe lo que le gusta?
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-No se mueva Granger, a si no hay quien se lo coma.- Espetó molesto.
-¿Qué espera?- Se rió.- Me hace gracia.- Confesó.- Siga, se que le gusta.
-¿A usted no?
-A mí siempre me gusta.- Confesó con picardía mientras lo miraba a los ojos.- No, no. – Negó con diversión.- Métala hasta el fondo.- Le retó.- Si lo hace, lo hace bien.- Snape gruñó, pero le hizo caso. Metió la galleta hasta el fondo de la taza y le dio un gran bocado.- Lleva cuatro galletas profesor.- Se burló la bruja, mientras mordía otra vez la suya.- Creí que no era de dulces.
-No lo soy.- Gruñó indiferente.
-Y yo que pensaba que lo estaba disfrutando.- Hermione alzó la comisura del labio con una sonrisilla divertida.
-Es una mala influencia Granger, es mas Slytherin de lo que piensa.- La bruja se encogió de hombros y sonrió. Snape agarró un paquete de cigarrillos y se encendió uno.
-¿Fuma?
-De vez en cuando.- Masculló molesto.
-Claro…- Dijo lentamente mientras alzaba una ceja.
-¿Ahora tiene problemas con que fume?
-Por mí como si se los fuma de tres en tres.- Declaró con indiferencia.- Pero tiene gracia que me diga que el azúcar es malo para mí, pero luego usted fuma.
Snape gruñó disconforme, la retó con la mirada, y tras un par de minutos lanzó la cajetilla contra la papelera. Hermione, a pesar de que había estado intentando contenerse, no pudo evitar la sonrisa de satisfacción.
-¿Sabe?- La joven se giró para mirarlo directamente.- Al final si está pasando San Valentín conmigo.
-No es lo peor que he hecho en mi vida.- Confesó dándole otra bocado a su galleta.
-¿Por qué no me ha llamado?- Preguntó la chica con curiosidad.
-¿Para qué?- Quiso saber.- No celebro San Valentín, es solo la presión social de un evento sin el menor interés.
-Pero de eso se trata todo esto de la citavidad, evitar esa presión sin sentido.- Le recordó.- No tenemos que demostrar nada a nadie, y menos a nosotros.- Espetó con confianza.-
-Las fiestas ya han pasado. ¿Qué sentido tiene?
-No hablo sólo de las fiestas grandes… El día de San Patricio, el solsticio de verano, el día de la magia, cumpleaños, eventos laborales...- Siseó por mencionar algunos.- Cualquier tontería de esas valen. Es preferible aguantarnos nosotros que aguantar a otros.- Indicó sabiamente.
Snape la miró un segundo mientras mojaba la última de sus galletas.
-Supongo que no estaría mal quedar en Pascua.- Siseó con desgana.- Los Malfoy dan una estúpida fiesta en la Mansión.- Espetó sopesando sus opciones.- Está bien Granger, hagámoslo.- Snape cogió aire y la miró.- Hagamos esto de la dichosa citavidad oficial. Hasta nuevo aviso, soy su cita, y viceversa.- Sentenció a desgana.
-Bien.- Asintió la bruja.- Espere… ¿Qué hay del sexo?
-¿Cómo dice?- Snape alzó una ceja.
-No es usted santo de mi devoción.- Aclaró, como si no hubiera quedado claro desde un principio que Snape no le parecía atractivo.- Pero en las citas eventualmente hay sexo.- Explicó la bruja.- Pensé que con cuarenta años lo sabría.- Severus gruñó.
-También puede haber sexo sin cita.- Aclaró.- No veo su punto.
-Los hombres siempre acaban todas sus citas en sexo.- Le reprochó.
-¿Disculpe?- El pocionista alzó una ceja.- Fue precisamente una mujer la que casi me viola hace una minutos. Sois las mujeres las lujuriosas y sentimentales.- Escupió irritado.- De toda formas le recuerdo que aunque creo que tiene un buen trasero, no es usted mi tipo Granger.
Hermione alzó la ceja junto a su profesor. Ambos estaban con ella alzada.
-Mejor aun, así seguro que queda fuera de las citas lo del sexo.- La castaña levantó los brazos en señal de rendición.- Citavidades célibes.- Le ofreció la mano en señal de trato.
-Trato hecho Granger.- Severus le estrechó la mano rápidamente.- ¿Tiene más galletas?
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-No lo haga.- Masculló Snape mientras miraba a su alrededor.
-Yo no soy tan aburrida Snape.- Le reprochó mientras cogía algo.
-No va a poder…- Siseó con seguridad.
-Ya lo veremos…
-Granger.- La advirtió el pocionista, pero Hermione no le hizo caso y empezó a beber.
-¡Granger, Granger, Granger!- Gritaban. Hermione trató de apurar hasta la última gota de su pinta de cerveza. Pero no se le daba bien beber. A mitad de camino la bajó. Un grito de decepción y diversión retumbó en el local.
-No puedo…- Se disculpó.- No puedo…- Un hombre relativamente mayor que no conocía de nada salvo de esa noche del Día de San Patricio, le pasó un enorme brazo por sus hombros y la apretó diciéndole algo. La bruja sonrió. No sabía que le había dicho, no entendía gaélico, ella era de Londres. El jefe de Slytherin que estaba a su lado, miraba la escena con una mezcla entre diversión y curiosidad, aunque por su puesto su rostro seguía tan gélido como al empezar la noche.
-Le dije que no podría.- Le echó en cara con acidez.
-Snape, Snape, Snape…- Comenzaron a gritar. El maestro se cruzó de brazos.
-No me voy a prestar a estos juegos estúpidos.- Indicó con frialdad.
-Snape, Snape, Snape…- Corearon. Los miró a todos con odio, pero había demasiado alcohol en las venas de aquellos irlandeses como para que se pudieran percatar de ello. Hermione cogió una pinta del centro de la mesa y la deslizó hasta colocarla delante del profesor.
-Hágalo.- Le retó.
-¿Por qué haría semejante barbaridad?- Su ceja se alzó en automático.
-No lo sé, escoja una excusa y hágalo.- Susurró con diversión mientras levantaba la comisura de la boca. Snape gruñó y se giró levemente para poder mirar a la bruja con mayor intensidad, la tenía a escasos centímetros de él. Sin apartar la mirada de su ex alumna, Severus agarró la pinta y se la llevó a los labios vaciándola con gran destreza y rapidez. Con elegancia y sin derramar ni una gota, depositó la pinta en su sitio ante el asombro de la bruja. El local vitoreó.
Hermione abrió la boca para decir algo pero la cerró de golpe.
-¿Malfoy?- Dijo la bruja sorprendida. El rubio se acercó de la mano de su prometida.
-Granger, que haces aquí… ¿Padrino?- El joven los vio a ambos, no dijo nada, sólo levantó la comisura del labio en una sonrisa de triunfo y satisfacción. Los cuatro se quedaron en silencio.
-Hola.- Saludó Astoria. Hermione no la conocía en persona aunque había oído hablar de ella.- Por fin te conozco.
-Hola.- La saludó con una sonrisa. Astoria se acercó para darle un efusivo abrazo. La recién llegada miró a Severus y a Hermione, y volvió a mirar a Severus que los miraba a todos con cara de odio. Astoria sonrió y se acercó a Hermione.
-¿Por qué Snape?- Preguntó divertida.
-Eso me pregunto yo.- Respondió la Gryffindor mientras observaba como su cita bufaba y refunfuñaba irritado.
-Parece que necesitas una copa.
-Me he tomado una cerveza…
-Eso no es lo suficientemente fuerte.- Astoria la agarró del brazo y la arrastró hasta la barra dejando a aquellos dos solos.
-Cuándo te vi en fin de año con Granger pensé que era casualidad.- Le susurró el chico.- ¿Estás saliendo con Granger?… ¿Sois amigos con derechos?
Severus lo fulminó con la mirada, pero nada impidió que la curiosidad morbosa de Draco siguiera ahí a la espera.
-Nada de eso.- Escupió con asco viendo donde se había ido Hermione.- No la soporto apenas, y definitivamente no me parece atractiva.- Espetó de mala manera.- Esto es sólo para eventos y fiestas. Ni si quiera hablamos en medio.- Explicó brevemente.
-¿Qué sentido tiene?- Preguntó el rubio con una ceja alzada.
-El sentido es que no estoy solo, y no tengo que aguantaros a ti ni a tu padre buscándome unas bragas donde meterme.- Siseó con peligrosidad.
-Si ni siquiera te acuestas con ella.- Reprochó Draco.- ¿Qué sentido tiene?- Repitió.
-Estoy con alguien, sexo o no. Puedo ir a eventos sin tener que esquivar a cualquier cosa con dos patas que trate de babosearme sin permiso.- Masculló mirando a su alrededor con desagrado.
Astoria se acercó por detrás y le dio a Draco un beso en la mejilla. Después colocó varias copas sobre la mesa. Hermione y Severus cruzaron una mirada extraña, pero se quedaron en silencio. Draco fue el primero en coger una copa y llevársela a los labios.
Ese día de San Patricio no estaba yendo según lo previsto. Hermione sonrió.
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