Acuerdo entre solteros.

-¿Puede explicarme que hago aquí?- Espetó Snape mirando con asco a las decenas de niños no mayores de 10 años que correteaban por el Ministerio de Magia buscando los huevos de pascua.

-Cada año el Ministerio organiza la búsqueda de los huevos, yo, como encargada del catering estaba obligada a venir, y tenía claro que no lo iba a pasar sola.- Se enrocó cruzándose de brazos.- Para eso es la citavidad ¿no?- Inquirió con seguridad. Snape gruñó de malos modos, pero no dijo nada más. Vio sin embargo como la bruja se acercaba a la mesa de los dulces y cogía unas bolas de chocolate que flotaban solas.

-¿No se supone que es para los mocosos?.- Bufó.- Tiene un serio problema con el azúcar.

-De mis galletas no se quejó.

-Eso es otro tema.- Siseó con rabia mientras la miraba degustar con deleite aquel dulce de chocolate. Eran bolas de chocolate crujientes que por dentro tenía lo que parecía una nube de color crema de exquisito aroma a naranja.

-¡Snape, señorita Granger!- Los llamó el Ministro de Magia, a su lado había una mujer exuberante y joven que llevaba un escueto disfraz de conejo. Sobre su cabeza había una diadema con largas orejas que se movían solas, al igual que el pompón que tenía sobre el trasero y que se agitaba en cuanto la mujer sonreía.

-¿Sabe que es una fiesta infantil?- Gruñó Snape mirando las pintas de aquella chica.

-Por eso llevo un conejito.- Comentó feliz.- A los niños les encantan los conejitos.- Severus entornó los ojos. Esa mujer no podía ser más cabeza hueca.

-Estás encantadora bomboncito.- Declaró el Ministro. La chica dio media vuelta y se fue dando pequeños saltitos. Snape resopló de nuevo. ¿Se podía ser más tonta?

-¿Severus?- Llamaron con suavidad. A sus espaldas, una joven de rasgos exóticos y caderas exuberantes se acercó a ellos con una gran sonrisa amable en sus labios.

-Señorita Beachaump.- Saludó Snape escuetamente. Hermione observó la escena algo divertida por el trato que tenía ellos dos. Severus se veía incómodo, y todo lo que a ese hombre le parecía incómodo a Hermione le parecía divertido.

-Michelle…- Susurró el Ministro con voz seductora.- Estás especialmente hermosa esta noche.- La recién llegada sonrió ampliamente con suavidad. Snape, irritado ya de aquella situación surrealista, empujó al Ministro hacia un lateral donde había un grupo de magos discutiendo de política para alejarlo de ellos.

-¿Cómo has estado?- Le preguntó Michelle al pocionista.

-Bien.- Contestó sin interés.- No sabía que había vuelto a Londres.

-Trabajo.- Respondió con una suave sonrisa. Su mirada cálida y sincera era embriagadora.- Aunque quien sabe si es sólo trabajo…- Dejó caer mientras ampliaba su bonita sonrisa.

-Encantada de conocerte.- Se presentó Hermione con amabilidad.- Hermione Granger.

-¿Tú eres la famosa Hermione?- Preguntó la chica entusiasmada.- Es un honor.- Dijo con sinceridad.

-Así que por trabajo…- Comentó con interés la castaña.

-Sí, soy medimaga.

-Anda… medimaga. ¿En algo especial?

-Enfermedades infantiles.- Comentó con suavidad. Hermione sonrió aunque no pudo evitar la punzada de molestia en su estómago.- Ha sido un placer verte Severus, la verdad es que no esperaba encontrarte aquí… Y menos…- Michelle sonrió con cierto aire de decepción de fondo.- Tan bien acompañado.

El Slytherin miró de soslayo a Granger, quien estaba claro que estaba incómoda, aunque siguiera sonriendo abiertamente.

-Voy a saludar a los niños.- Se despidió Michelle. Se acercó suavemente al hombre, y depositando un lento beso en su comisura se despidió.- Adiós Severus, espero verte pronto.- Se giró hacia Hermione y sonrió con sinceridad.- Ha sido un placer conocerte Hermione.

La castaña observó con el ceño fruncido como aquella mujer perfecta desaparecía para ir a jugar con los niños mientras los ojos negros de Snape no le quitaban los ojos de encima.

El Ministerio se acercó un momento al ver que la bella Michelle se iba.

-La tenías en el bote querido Severus.- Afirmó entusiasta el Ministro.

-Yo no quiero tenerla en ningún lado.- Seseó lentamente.- No me interesa.

-Santo cielo. ¿Estás ciego?

-No me interesa.- Repitió impaciente.

-Es la mujer perfecta.- Insistió.- Es culta, encantadora, medimaga y además increíblemente hermosa.- Relató, pero al Slytherin parecía darle igual.- ¿Puedo quedármela yo?- Preguntó esperanzado. Snape gruñó y puso cara de asco. Por suerte su citavidad la apartó de él.

-Esa mujer era increíble.- Soltó Hermione lentamente.- Si no fuera porque prefiero los hombres, me hubiera quedado yo con ella. Ha desaprovechado una oportunidad.

-¿Creí que habíamos dejado claro el sentido de estas citas Granger? Quedo con usted para que nadie se meta en mi vida ni en lo que hago con respecto a ella… Eso la incluye a usted.- Escupió molesto.

-Yo sólo digo que es una gran oportunidad. ¿Por qué no lo intenta?

-No me interesa y no lo necesito.

-¿Cuánto ha pasado?- Pregunto suavemente la bruja. Snape sabía perfectamente a que se refería.

-¿No le dije que no se metiera en mi vida?

-Vale…- Hermione levantó las manos en señal de rendición.

-Fue a la única persona a la que he amado.- Escupió con rabia de repente.- No es cuestión de olvidarlo por las buenas.- Siseó apretando la mandíbula.

-En algún momento tendrá que hacerlo.- Dijo simplemente.- No es el único al que le han roto el corazón.- Le recordó la bruja.- Y aun así seguimos adelante.

-¿Cómo usted con Viktor?- Preguntó con una ceja alzada y marcado sarcasmo.

-Buen punto.- Reconoció con una sonrisa. Ambos se quedaron ahí de pie, apartados un poco del resto mientras veían a los niños corretear y buscar los huevos de pascua en cualquier sitio.- Pero eso no excluye al sexo.- Comentó la bruja con diversión.

-Granger…- Gruñó. Pero Hermione ya se estaba riendo.

-No puede vivir solo con masturbaciones frente a la chimenea.

-¡Maldito Malfoy!- Gritó el profesor, pero Hermione ya no podía parar de reír.

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-¿Explíqueme de nuevo porque estamos aquí?

-Es la pedida de mano oficial de mi ahijado, y no iba a venir solo.- Susurró.- Si usted me llevó al día de San Patricio y al evento de Pascua, yo la traigo aquí.

-Me parece justo.- Respondió la castaña levantando las manos en señal de paz.- Pero no entiendo lo de la temática Mexicana.- Comentó confusa mientras fruncía el ceño.

-Yo tampoco.- Gruñó Snape.

-¡Severus!- Gritó Lucius Malfoy acercándose a ellos.- ¿Tenéis las manos vacías?- El hombre chascó los dedos, y frente a ellos, flotando, aparecieron dos chupitos con lo que parecía tequila.- Eso no se va a vaciar solo.- Indicó, después, cuando ambos, con escepticismo, habían cogido los chupitos como si en lugar de tequila fuera veneno, Lucius desapareció.

-No respondió a mi pregunta sobre el sexo.- Recordó la bruja mientras se llevaba a la boca el vaso.

-¿Qué pregunta?

-En pascua…

-En pascua no me preguntó sobre el sexo.- Recordó con una ceja alzada.- Sólo hizo una afirmación sobre él, yo simplemente no lo corroboré.- Respondió con inteligencia.

-Muy bien Snape, las cosas sobre la mesa. ¿Cuánto hace que no tiene relaciones sexuales?- Preguntó.- La masturbación no cuenta.

-¿Perdón?- Sus ojos negros la miraban con irritación en aquel momento.

-No sea un niño, puede responder a una pregunta de sexo como un adulto.- Le reprochó.

-Por supuesto que puedo, pero ya le dije que es mi vida privada.- Bufó.

-No sea mojigato. Vamos… Cuanto hace, ¿un mes? ¿Dos meses?- Probó mientras una sonrisa divertida se asomaba en su rostro.- ¿Un año?

-Que usted no sea recelosa con su vida privada no significa que los demás tengamos que airear nuestras intimidades.

-No lo voy contando a todo el mundo, pero no me escondo en un caparazón.- Contraatacó con firme.

-¿En serio?- La ceja de Snape se alzó en automático.- ¿Cuándo fue la última vez que tuvo usted relaciones sexuales?

-Hace quince días.- Contestó tranquilamente la chica.

-¿Quince días?- Preguntó sorprendido.- ¿Con quién?- Hermione se rió suavemente ante la repentina curiosidad de Snape.

-Respóndame usted primero a mi pregunta, y le responderé con quien.

-No es usted quien crea los términos de ese juego Granger. ¿Con quién?

-No sabía que le interesaba tanto, pero… Con Charlie.

-Charlie…

-Weasley.

-¿Se acostó con otro de los Weasley?- La ceja de Snape se alzó rápidamente.

-Fui a cenar con ellos a la madriguera y estaba él allí.

-¿Y ya está?- La sorpresa en Snape era visible.

-Sí.

-Pero ustedes dos…

-¿Qué? A no… No, no. Entre Charlie y yo no hay nada, fue algo esporádico, pero él estaba allí, yo también. Ya sabe como son estas cosas.- Explicó sin importancia.- Yo he respondido, ahora responda usted…- Snape fruncía el ceño con seriedad.- ¿Sabe qué? Tiene razón Snape, que no tenga vida sexual no es asunto mío.- Se rindió tranquilamente.- No me interesa.

-Ahora de repente no le interesa.

-No. No es como si fuera a acostarme con usted, así que no me interesa.

-Cierto Granger, le parezco repulsivo.- Espetó.

-Repulsivo no es la palabra… Simplemente no me parece atractivo.- Dijo llanamente mientras se tomaba un chupito.- Es demasiado desagradable con la gente, sarcástico, e hiriente, no me gusta su ropa y definitivamente no me gusta su pelo.- Enumeró segura. No estaba enfadada ni mucho menos.

-No es que usted sea una Venus.- Soltó el mago.- Siempre tiene que saberlo todo, siempre va vestida como si se hubiera acostado con la ropa puesta, su pelo sigue pareciendo un nido de pájaros y tiene los pechos muy pequeños.- Siseó Snape con desdén.

-Y sin embargo tengo más sexo que usted.

-Se trata de calidad Granger, no de cantidad.- Masculló entre dientes.

-Para poder cuestionar mi calidad tendría que acostarse conmigo, y eso jamás pasará.- Indicó con desgana.- Así que la duda entre la calidad y la cantidad seguirá ahí.

-Que se le va ha hacer.

Las copas de tequila siguieron pasando por delante de sus narices, el alcohol alcanzó un punto en sus cuerpos donde ya no sabían que tenían delante.

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Snape abrió los ojos con lentitud. Todo a su alrededor se movía, le dolía la cabeza horrores y tenía la boca seca. Trató de enfocar con dificultad. Estaba en la alfombra de una habitación, con su camisa puesta encima a modo de sábana.

Un suave gemido le hizo girar la cabeza, sobre uno de los sofás del salón, estaba Granger.

-Buenos días.- Se quejó la bruja tapándose la cara con las manos para evitar que el sol quemara sus retinas. Snape gruñó a modo de saludo.- ¿Está en el suelo?

-Eso parece.- Espetó de malos modos mientras trataba de incorporarse un poco.- No recuerdo como llegué al suelo.- Snape observó a la bruja, estaba en ropa interior.- Dígame que no nos hemos acostado.

-¿Qué? Claro que no.- Se negó, aunque no parecía muy convencida.- Es decir… No me acuerdo de lo que hice anoche, pero sería imposible que me acostara con usted.- La bruja se levantó del sofá mientras se llevaba las manos a la cara.

-Granger…- La llamó.- Granger.- Insistió.- ¿Por qué lleva mi ropa interior?

-¿Qué?- Hermione no sabía de que hablaba, miró hacia abajo rápidamente para darse cuenta de que el hombre tenía razón. Llevaba su sujetador puesto, pero no su parte de abajo.- Eh… esto…- Snape alzó una ceja rápidamente mientras ella trataba de no hiperventilar.- Seguro que me dio frío de noche… y… - Su explicación era absurda.- A lo mejor quería taparme.- Espetó sin más.

Snape miró hacia arriba y después a la bruja.

-¿Después de que accidentalmente tirara las suyas al techo?- Preguntó mientras ambos observaban las bragas azules de la bruja colgadas del candelabro del techo.

Merlín. ¿Qué habían hecho?

-Vamos Granger, seguro que debe saber que ha pasado aquí.

-¿Y cómo debería saberlo? ¿Por adivinación? Es usted el que puede usar legeremancia.

-De ninguna manera voy a meterme en su mente.- Se negó con repulsión.

-Pues entonces no hay forma de saberlo.

-Es mujer Granger, supongo que lo notará.

-Tengo vagina, no máquina registradora.- Espetó molesta.- Pero no tengo nada seco en mis piernas, ni veo ningún…- Hermione se metió tras unos de los sofás para recuperar su ropa y ponérsela.- Así que supongo que eso lo explica todo.- Soltó incómoda y molesta mientras le tiraba a Snape sus calzoncillos.- ¿Los hombres no podéis saberlo?

Severus alzó una ceja, levantó la camisa y miró un momento debajo.

-La veo como siempre Granger.

-Bien, entonces el tema está zanjado.- Comentó aliviada.- No nos hemos acostado.- Indicó más alegre mientras lo miraba.- Me muero de hambre. ¿Desayunamos?

-Bien.

-¿Té?

-Cargado.- Masculló.

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-Es tu cumpleaños Lucius.- Gruñó Snape mientras pinchaba a desgana algo de su plato.- ¿podemos no hablar de mi vida personal para variar?- Le increpó enfadado.

-Es mi día, y como tal puedo hacer lo que quiera.- Le recordó.- Incluyendo interrogatorios. Tengo derecho a saber qué haces con tu vida.

-Tienes un hijo, ocúpate de la suya.- Escupió.

-Pero Draco no está soltero.- Soltó con alivio mientras lo miraba de forma inquisidora.

-No veo como mi vida privada debe interesarte.- Snape apretó los puños. Ya no sabía cómo decirle eso para que lo entendiera. Al menos, desde que traía a Granger, ya no intentaba juntarlo con la primera persona con falda que veía por la calle.

-Si vas a tener citas con Granger, al menos aprovéchalas.- Indicó.

-Tiene sentido.- Respondió la implicada con tranquilidad.- Si no fuera porque este es el trato y nos va muy bien.

-¿Y que gana Severus con ese acuerdo?

-No hables de mi como si no estuviera delante.- Estalló.- Gano tranquilidad y si no gano tranquilidad la conseguiré de un modo u otro. ¿Sabes a lo que me refiero?- Lo amenazó.

-Snape y yo somos… socios.- Espetó la bruja, no se le ocurría otra palabra para describir su relación más que un acuerdo.

-No tengo nada en contra de ti, Granger, al menos contigo ha conseguido asistir a eventos sociales.- Susurró.- Pero no necesita un socio, necesita un amante. O una mujer si nos ponemos y ya no digo nada de otros asuntos, no te matará casarte Severus.- Soltó irritado.- Necesitas a alguien que te aguante. Seamos honestos, con tu carácter, tu vestimenta y esa nariz, no hay muchas opciones.- Afirmó mientras comía tranquilamente su langosta. Narcisa estaba feliz a su lado, sin decir nada. Draco y Astoria lo miraban todo como quien observaba un documental de animales.

-Al carácter de Snape no le pasa nada.- Lo defendió Hermione. Severus la miró con sorpresa pero lo disimuló bastante bien convirtiéndolo en una pequeña mueca de irritación.- Y a su nariz tampoco, ya puestos.- Contraatacó ella, aunque seguía manteniendo la calma. El pocionista se quedó contrariado al escucharla, pero en su interior sonrió brevemente.

-¿Y porque no te acuestas con él entonces?

-¡Lucius, maldita sea!- Le reprochó el pocionista.- Déjala en paz.- Granger ya había hecho bastante por él en realidad y aunque no pretendía defenderla, (nunca lo había hecho, ni lo había necesitado) le había salido sólo porque… Era lo justo.

-Ya que no vas a buscar mujeres por ahí, al menos prueba la que tienes al lado.- Le reprochó con firmeza.

-Padre.- Le llamó la atención su hijo.

-Más fácil imposible.- Siguió Lucius.

-Lucius.- Lo cortó Narcisa.

-Es sexo, por el amor de Merlín, no necesitáis sentiros atraídos.

Snape estaba a punto de matar a alguien. A alguien con pelo rubio largo y cara da superioridad.

-Tiene su punto Snape.- Comentó Hermione tranquilamente. Ambos se quedaron mirando, había un brillo extraño en sus ojos castaños. Casi como si aquello le hiciese gracia. Durante una milésimas de segundo el Slytherin pensó que a su ex alumna se le había ido la cabeza.

-¿Está loca?

-Para nada.- Afirmó.- Hay baños en el restaurante, uno rápido.- Sugirió sin más.- Podemos probar.- Insistió tranquilamente, demasiado tranquilamente. Snape entonces abrió los ojos. Hermione sonrió con gran amplitud y el asintió.

-Porque no.- Escupió Snape.- Ahora que lo dice los lavabos tienen pinta de ser sólidos.- Siseó.

Hermione cogió a Severus de la mano y ambos se levantaron de la mesa marchándose del restaurante. Draco frunció el ceño inseguro solo unos segundos, después sonrió con diversión. Su padre en cambio, tenía mirada de triunfo y felicidad, hinchó el pecho mientras sonreía con soberbia hasta que miró a su mujer y su hijo, que se reían por lo bajo disimuladamente.

-Acaban de mentir. ¿Verdad?

-Por supuesto.- Aseguró Draco.- Lo que me extraña es que te lo hayas creído padre.

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De todas las fiestas a las que había tenido que asistir, la fiesta del 2 de Mayo era la que menos le gustaba. Esa idea de rememorar lo que había ocurrido años antes era un despropósito. Era una mezcla entre el 4 de Julio y el día de Acción de Gracias que se celebraba al otro lado del atlántico, pero versión mágica y trágica.

Bajo un aura de nostalgia, alegría y tristeza, las personas se reunían para celebrar el fin de lo que había sido una época desoladora y oscura. Para él, ese día no era más que un recordatorio de lo que había sido. Nada más ni nada menos. Pasaba el 2 de Mayo aislado en su mundo lo máximo posible, aunque nunca le dejasen.

Pero ese año, al menos no tendría tantas ganas de matar a nadie, porque no era el único al que esa fiesta se le hacía eterna.

Ese año, la reunión se había celebrado en la Madriguera, tras dos años consecutivos en Grimmauld Place, Molly había querido tomar las riendas de esa festividad.

Los hombres reunidos todos en un rincón del jardín, gritaban, bebían cerveza y lanzaban fuegos artificiales en honor a Fred Weasley. El primer fuego siempre era el más emotivo. Pero después, a medida que las bromas aumentaban, la tristeza dejaba paso a la alegría de poder estar vivos y compartir aquello.

-¡Otro!- Gritó Bill.- ¿Preparados? ¡Ya!- George y Harry cogieron ambos un cohete cada uno, hicieron unas cabriolas para lanzarlo al aire y después con las varitas los hicieron estallar enfrentándolos como si fuera un duelo. El de Harry había sido un lindo gatito, y el de George un tigre. Había habido un claro ganador.

-¿A quién le toca ahora?- Preguntó Charlie.

-Snape, ¿te unes?- Preguntó Arthur. El pocionista negó rápidamente. No se le había perdido nada en aquellos juegos infantiles.

-Vamos Severus.- Pidió Remus cogiendo un cohete y enseñándoselo a modo de reto, después, en señal de desafío le sonrió con burla mientras asentía. A pesar de su temple y su carácter, no hizo falta mucho para que Snape sucumbiera a sus envites y se acercara y cogiera uno también.

-¡Brutal!- Gritó Bill con entusiasmo. Ese duelo iba a ser épico.- A la de tres…- Ordenó. Pero ninguno de ellos lo respetó, tiraron los cohetes y lanzaron el hechizo. El de Remus se convirtió en un tiburón blanco de grandes fauces que se giró sobre sí mismo para abrir la boca enseñando su dentadura amenazadoramente, Snape convirtió el suyo en un delfín.

Todos gritaban y vitoreaban al que creían que ganaría, y todos claramente animaban a Remus con su gigante tiburón blanco. Sin embargo, el delfín atacó al tiburón, que tras un par de envistes disolvió el cohete en miles de volutas grises y azules. El delfín de Snape, dio un par de vueltas antes de desaparecer en un pequeño estallido. Con orgullo y satisfacción, el pocionista se giró hacia Lupin, y tras alzar la comisura del labio con triunfo se alejó de ellos un poco.

-¿Qué le ven los hombges a los fuegos agtificiales?- Preguntó Fleur con cara de incredulidad desde el otro lado del jardín.

-Yo creo que es algo de su hombría.- Explicó Tonks cerca de ellos.

-¿Qué tendrán que ver los fuegos artificiales con su hombría?- Preguntó Ginny.

-Es todo cuestión de sentirse importantes, explotar cosas los hace sentirse más hombres. Yo creo que es por el poder y la testosterona…- Comentó Hermione con una risa.

-Ya que no mandan en la relación, que manden sobre algo.- Bromeó Tonks mientras las chicas bebían al unísono un trago de aquella curiosa bebida que había hecho Molly.

-¿Crees que serán capaces de mandar y dejar de pensar en sexo a la vez?- Preguntó Ginny con curiosidad.

-Para nada.- Aseguró Tonks.- Remus sólo piensa en eso.- Afirmó.

-Pero es un hombre lobo; todos saben que su libido es mucho más alto.

-Bill no es un hombge lobo y solo piensa en eso.- Confirmó Fleur.

-Y ya sabemos aquí que a Harry no se le da mal.- Se rió Hermione señalando la barriga de Ginny.- Es el segundo.- Le recordó la chica. El grupo se rió con ganas.

Una explosión se oyó más fuerte de lo normal al otro lado del jardín de gnomos, donde los hombres lanzaban cohetes.

-Chicas.- Llamó Harry acercándose a ellas con una sonrisa delatora.- ¿Qué tal se os dan los hechizos sanadores?- Preguntó como quien no quiere a cosa.

-¿Ahora qué demonios habéis hecho?- Preguntó Hermione entornando los ojos. Harry la miró con cara de culpabilidad. El grupo de chicas se acercó al lugar de la tragedia. Snape estaba inconsciente, en el suelo, con una fea herida en la cabeza.- ¿Estás loco o qué?

-No lo hicimos queriendo.- Se disculpó George.

-Fue un accidente.- Confirmó Arthur.

-Uno de los cohetes salió en la dirección incorrecta e impacto en la cabeza de Severus.- Explicó Remus con calma. La bruja se acercó al pocionista, estaba tumbado con una herida en mitad de la sien de cuya brecha salía bastante sangre y con media cara llena de pólvora y hollín.

-¿Aquí nadie sabe ningún hechizo sanador?- Les reprochó la bruja. Molly se acercó al Slytherin, se agachó y con un par de movimientos cerró la brecha.

-Con eso bastará de momento.- Aseguró la bruja.- Si he conseguido reparar huesos rotos y laceraciones de siete hijos, valdrá para un corte.- Aseguró.- Pero yo lo llevaba a San Mungo, mis conocimientos son básicos, y con un golpe en la cabeza …

-¿No me digas que ahora Snape se ha quedado tonto?- Bromeó Ron. Al momento una mano voló en el aire dándole una colleja.

-Gracias Charlie.- Le agradeció Hermione.

-Y da gracias que no he sido yo Ronald Weasley.- Resopló Molly señalándolo con el dedo.- Hermione, querida Severus no dejaba de ser tú…

-¿Mi cita?

-Eso…

-Aun no me creo que tu y Sn…

-No es el momento Ron.- Lo cortó su amiga.

-Cómo tú cita, creo que sería adecuado que te lo llevases a Severus a San Mungo, ¿quién va con ella?

-Yo.- Ofreció Remus.

-Bien, los demás, los chicos recoger eso, no quiero verlo. Las chicas ¿me ayudáis a trasladar la comida al interior?

Con un asentimiento de cabeza todos se fueron.

Entre Hermione y Remus levantaron a Snape. El hombre pareció recuperar la consciencia poco a poco. Pero estaba bastante mareado y confundido.

-Qué demonios…- Trató de hablar, pero todo se difuminaba. Le dolía la cabeza, no podía mantenerse en pie, y notaba su cuello húmedo. Un olor a sangre le llegó a su nariz. Trató de mirar a ambos lados, pero no era capaz.- ¿Lupin?- Preguntó aturdido. Después giró la cabeza hacia su ex alumna y se abrazó a ella soltándose del hombre lobo.

-¡Remus!- Gritó con él encima.- Remus ayúdame que se me cae… ¡Remus!- Suplicó. Tenía a Snape sujeto de la ropa por debajo de los brazos, pero era imposible que lo cargara ella sola. Rápidamente Lupin volvió a cogerlo.- Será mejor que nos aparezcas tú, la última vez que aparecí a tres personas Ron acabó con despartición.-Le informó. Remus puso mala cara.

-Vale, me encargo yo entonces, agárrate.- Ordenó con suavidad.

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Una risa escandalosa llenó la sala de urgencias del Hospital San Mungo. Hermione, en la espera, levantó la cabeza para ver de dónde provenía esa risa. Remus la miró, y ambos se quedaron confundidos un momento.

-¿Señorita Granger?- Llamó un medimago.

-Sí.

-Bien, el señor Snape se encuentra perfectamente, no hay conmoción y los hechizos examinadores han salido limpios.- Indicó.- Le hemos dado una poción reabastecedora de sangre, sin embargo debido a su historial…

-¿Historial?

-Debido al tratamiento recibido hace dos años por la mordedura de Nagini, el señor Snape no puede sintetizar el polvo de hierro...- Indicó. Una gran carcajada se oyó de nuevo.

-Espere… ¿El que se ríe es Severus?- Preguntó Remus. El medimago asintió.

-La acumulación de hierro en su organismo puede provocarle euforia placentera y sensación de relajación. También puede tener una mayor percepción sensorial…- Una sonora carcajada lo interrumpió.- Risa descontrolada, como habrán comprobado y alteración de la percepción del tiempo y aumento del apetito.

-Parece como si estuviera drogado.

-No exactamente… Bueno si. Pero es perfectamente seguro y el efecto se le pasará en unos minutos.- Explicó brevemente.- Si quieren pasar a verlo, la Medimaga les explicará las cosas con más detalle.

-¿Quieres que vaya contigo?

-No hace falta Remus, puedes volver y decirles que está todo bien.- Afirmó con una sonrisa de tranquilidad.

-¿Seguro?

-Por supuesto.- Ambos se despidieron y Hermione pasó a una de las habitaciones, tras un biombo estaba Severus Snape, con la camisa blanca, tumbado en una camilla mientras sonreía y se reía sin parar.

-Hola Granger.- La saludó feliz mientras se entretenía en desabrocharse los botones.

-¿Qué hace? Pare.- Le indicó cerrándole de nuevo la camisa. Pero Snape sólo se rió otra vez. Hermione bufó, aunque no pudo evitar reírse, Snape colocado era muy gracioso.

-¿A quién tenemos aquí?- Preguntó la medimaga entrando en tras el biombo.- ¿Severus, Hermione?

-¿Michelle?- Preguntó Hermione.

-Hola.- Saludó Snape levantando la mano y riéndose solo.

-¿Qué haces aquí?- Preguntó Hermione.

-Estaba arreglando unos asuntos y me pidieron opinión profesional sobre un caso. No sabía que erais vosotros.

-Creí que te especializabas en niños.- Comentó con la voz más calmada posible, no quería que se le notase la incomodidad.

-También soy experta en diagnóstico y enfermedades infecciosas.- Indicó suavemente con aquella sonrisa cálida que Hermione estaba empezando a odiar. ¿Es que aquella mujer no hacía nada mal? Un extraño silencio se apoderó de la situación, sólo interrumpido de vez en cuando por las carcajadas de Snape.- Por lo que parece no hay nada anómalo, no en él al menos. Le hemos dado la poción reabastecedora y comprobado sus vitales. En cuanto rellene el informe de alta y se le pase el efecto del hierro podrás llevártelo.

Hermione le sonrió para agradecérselo de corazón. Pero solo consiguió una especie de sonrisa psicópata e inquietante.

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-¿De verdad vive aquí?- Preguntó la bruja tras aparecerse en la casa de Snape.

-¿No me diga que esperaba unas mazmorras?

-Sí, con telas de araña, cadenas, aparatos de tortura…- Bromeó. Hermione lo ayudó a sentarse en el sofá a regañadientes. En cuanto los efectos de la poción habían pasado, el desagradable y cruel profesor de pociones había vuelto en todo su esplendor, y por supuesto se había negado en redondo a que Granger lo llevara hasta su casa. Pero tras algunos forcejeos y amenazas había cedido.

-Bien.- Suspiró.- ¿Tiene para cenar?- Preguntó. Snape asintió de mala manera y se acomodó en el sillón.- Mejor.- La bruja hizo otra breve pausa, se le notaba un poco nerviosa.- Aunque ya lo sabe, acuérdese de que la poción de la tapa azul es para el dolor, y la verde sólo si no puede dormir.- Le recordó. Severus resopló ante las atenciones.- Y nada de carne roja ni alimentos con hierro en una semana…

-Yo también lo escuché Granger, no estoy sordo.- Masculló con molestia.

-Bien. Le he mandado un patronus a Draco.- Confesó rápidamente.

-¿Qué ha hecho que?

-Ya oyó a Michelle, hay que controlarlo durante 24 horas.

-Me he dado un golpe en la cabeza, no me he quedado tullido.- Escupió con acidez.- Ni cuando estuve ingresado por lo de Nagini estuve tan controlado.- Se quejó con rabia. Sin embargo Hermione no parecía molesta ni afectada por su enfado. Tras un par de minutos Severus la miró. - Gracias.

-No hay de qué.

-Ya puede volver a la madriguera.- Siseó con algo de rencor.

-No, gracias, ya he tenido suficientes emociones fuertes por hoy.- Indicó mientras se sonreía suavemente.- ¿Necesita algo más?- Preguntó mientras le apartaba el pelo de la cara para verle la herida.- Necesita…- Pero se calló al darse cuenta de lo que estaba haciendo. Snape respiró profundamente al sentir los dedos de la bruja tocarlo con aquella delicadeza.- Necesita descansar.- Dijo rápidamente quitando la mano. Podía fingir que no había pasado nada sonriendo y quitándole importancia, pero el rubor de sus mejillas y el brillo de sus ojos no se podía fingir. Severus asintió lentamente.

Hermione se levantó, pero se quedó a medio camino.

-A menos que haya algo que quiera…-Susurró.

-No…- Dijo con lentitud. Severus la miró, no sabía que estaba pasando ahí, pero el aire se había hecho más pesado y le costaba respirar con normalidad. Su corazón se había acelerado solo y la sensación se le hacía incómoda y extraña. Hermione tragó lentamente y sonrió.- Estoy cansado.

-Vale, entonces me voy.- Hermione se quedó ahí de pie como una pasmarote. No sabía por qué tenía la necesidad de quedarse ahí y no apartar sus ojos de él. Estaba…

Hipnotizada.

Hermione desapareció de su casa dejándolo solo. Severus frunció el ceño sin saber muy bien que acababa de pasar, echó la cabeza hacia atrás y resopló con fuerza mientas cerraba los ojos.

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Severus estaba en su despacho, corrigiendo trabajos antes la mirada expectante de Lucius. Malfoy llevaba media hora allí con él. Era una táctica que ya había usado varias veces, preguntaba algo, y si el pocionista no respondía, se quedaba allí esperando eternamente hasta que decidiera hacerlo.

-Me tocó.- Espetó Snape de repente soltando la pluma y el pergamino.

-¿Te tocó?

-Sí.

-¿Quién?

-Granger.

-Granger te toco.

-Sí, ya lo he dicho.- Escupió irritado.

-¿Usaste protección?

-¿Qué?- Snape alzó una ceja.- No hemos tenido sexo, sólo… Sólo me apartó el pelo de la cara para comprobar la herida antes de irse de casa.

-Vale.- Siseó Malfoy alargando la palabra, casi con burla y desdén.

-Fue raro.- Sentenció el profesor mientras tachaba de malos modos un trabajo entero.

-Raro…- Repitió Lucius alzó una ceja.- ¿Ese raro no será raro de sentimientos?

-¿Qué?- Contestó rápidamente alterado.- ¡No!

-Severus ¿Te gusta Granger?- Snape se puso pálido.

-Ni en sueños… es…. Es insoportable.- Gruñó. Pero Lucius no le creyó.

-No va a pasar nada porque te guste Granger.

-No… es demasiado complicado, este no era el trato.- Severus negó enérgicamente.- No, los sentimientos están fuera de la ecuación, ese era el trato.

-No seas estúpido Severus.- Le encaró.

-Se acabó.

-La boda de Draco es la semana que viene.- Lo amenazó.- Ya le he enviado la invitación y no voy a cambiarlo porque a ti ahora te apetezca cambiar de planes.- Le encaró serio.

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-Te digo que ahí hubo algo.- Susurró Hermione dejándose caer en la silla de una de las mesas de su local.

-¿Seguro? Es Snape.- Le recordó Ginny.

-Sí, lo sé… Pero te digo que hubo algo Ginny.

-¿Así que al final te gusta Snape?

-No es que me guste, sigue sin parecerme atractivo, y odio su carácter…

-Pero…

-No sé…- Sonrió.

-Pues dile algo.

-¿A Snape?- Hermione se escandalizó.- ¿Has perdido la cabeza? ¿Qué quieres que me humille eternamente? No gracias.

-Pues algo tendrás que hacer.- Ginny se quedó pensativa un rato mientras le daba vueltas a su chocolate distraídamente.- ¿No tenías que acompañarlo a la boda de Malfoy?- La castaña asintió lentamente.- Las bodas son los peores eventos para los hombres, las odian incluso si son ellos los que se casan, las evitaran a cualquier coste. Y más si es Snape.- Razonó.- Así que lo único que tienes que hacer es esperar, si te pone pegas para ir a la boda, no le gustas. Si no te dice nada… Ahí tienes la solución.

Hermione cogió aire y lo soltó de golpe. Odiaba esperar.

La pelirroja se despidió de ella con un abrazado y la dejó trabajando en su pastelería.

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La chimenea del pequeño despacho que tenía en su negocio se iluminó cambiando las llamas de rojo a verde. Levantó la vista con curiosidad, no esperaba ninguna llamada. De entre las llamas surgió la cabeza de Severus Snape.

-No es festivo. ¿Porque me llama?- Preguntó con curiosidad mientras sonreía.

-La semana que viene es la boda de Draco.- Masculló.

-Lo sé.

-Necesito… ayuda.- Siseó con molestia como si le costara mucho reconocer que necesitaba ayuda. El no pedía ayuda.- No me cuesta nada enviarles como regalo de bodas un libro de pociones o una caja con ingredientes.- Espetó irritado.- Pero dudo mucho que les sea útil.- Masculló.- Un caldero tampoco…

-Merlín Snape, no.- Se rió.- Pero no creo que pase nada porque no les regale nada.

-Es mi ahijado…- Sentenció.

-Bueno pues… Pruebe con unos candelabros de plata, hay un juego de sábanas de seda con flores en...- Sugirió lentamente.

-Yo no regalo sábanas de seda Granger.- Escupió con desagrado.- No le voy a regalar a mi ahijado sábanas con flores.- Se negó.

-No es para Draco, son para Astoria.- Indicó con impaciencia, como cuando se le explicaba a un niño porque no podía desayunar helado. Snape gruñó en señal de entendimiento.

-Malfoy me dijo que le había mandado invitación a la boda.- Sentenció lentamente, parecía un poco incómodo.- Son invitaciones individuales mas el acompañante.

-Si.- Confirmó la bruja.

-La opción más sensata sería ir…

-Claro, yo he pensado lo mismo.

-¿Si?- Snape alzó una ceja.- Perfecto Granger, si estamos de acuerdo no hay problema, cada uno por su lado.- Afirmó con seguridad. Hermione se quedó rígida, su rostro había empalidecido y estaba claramente sorprendida… Para mal. Aunque ¿Qué esperaba? Era Snape. Era evidentemente la única estúpida de los dos que había roto el pacto. Le gustaba Severus… Aunque fuera un poco.

Menudo desastre.

-Si…- Hermione cogió aire.- Claro… Cada uno por su lado.

-Bien…-Siseó frunciendo el ceño.

-Bien… si.- Confirmó Hermione con la voz pequeña. Las llamas se apagaron y Snape desapareció.- Mierda.- Se quejó la bruja mientras se dejaba caer hacia atrás en la silla de su escritorio.- Estúpida.- Se lamentó resignada.

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-Un poco de atención por favor.- Les llamó la atención Draco Malfoy. El chico se acercó a su preciosa mujer Astoria, y cogió una copa de oro con champán.- Agradecerle a mis padres por esta boda, y a mi encantadora esposa por este momento.- Explicó.- Si le hubiera hecho caso a mi padre no te hubiera conocido.- Reprochó suavemente, aunque no era un reproche realmente. Lucius había sido reticente al principio, su ideología aun estaba muy presente. Pero tras salir de Azkaban gracias a la ayuda de Potter y Granger, su forma de ver las cosas había cambiado bastante. Lucius sonrió con orgullo.

Tras el discurso inicial, la fiesta volvió a su cauce.

-Ahora que Draco está casado…- Comenzó Lucius.

-No se te ocurra acabar la frase.- Espetó Severus, a su lado, Michelle estaba increíblemente hermosa en su vestido negro bordado en oro. Su piel brillaba con tonos dorados y su sonrisa cautivadora encandilaba a más de uno.

Hermione, en el otro lado de la fiesta conversaba tranquilamente con el señor Ministro.

-¿Con Michelle tenía que venir?- Le comentó Hermione a Astoria.- ¿No es raro? Pero si ni siquiera le gusta.- Gruñó Hermione. Astoria se rió por lo bajo y le puso suavemente la mano en el hombro.- ¿Te estoy estropeando la boda?

-Llevo despierta desde las cuatro de la mañana por todos los protocolos y ceremonias mágicas que hay, no he hablado con nadie de nada, al menos nada interesante, desde ayer.- Comentó aliviada de poder tener una conversación normal.- Y siento decirte, que ambos son atractivos y están solteros, le guste Michelle o no, no es raro.

-Pero es Snape, es un antisocial, ¿no le gustan estos eventos y viene acompañado?

-Lo hace por Draco.- Aseguró.- Si no, estoy segura que ni aparecería, por mucho que Lucius lo amenazase.- Desde el otro lado de la sala, Hermione sintió los ojos negros de Snape sobre ella.

La bruja agarró del brazo a su acompañante en un gesto cariñoso y sonrió con suavidad, casi con coquetería.

-¿Longbottom?- Los ojos de Snape se estrecharon.- ¿El inútil de Longbottom?- Masculló con asco mientras Draco le ofrecía una copa.

-¿Quién es ese Longbottom?- Preguntó Michelle con curiosidad sana.

-Antiguo compañero de la escuela.- Comentó el recién casado.- Gryffindor y gran amigo de Granger.- Explicó.

-Es muy atractivo, y parece fuerte…- Enfatizó Michelle mientras sonreía.

-Es un inútil.-Espetó Snape.

-Era, padrino.- Lo corrigió.- Tiene una empresa de invernaderos.

-Jardinero inútil.- Escupió con burla.

-Un jardinero inútil que acaba de abrir otra tienda en Inglaterra y ya tiene doce por Europa.- Susurró casi con admiración profesional.- Y además acaba de firmar un acuerdo para proveer de ingrediente herbolarios a los principales laboratorios del país.- Snape alzó una ceja ante las palabras de Draco.- Lo sé porque una de nuestras empresas lo ha contratado.

-¿Cómo?

-Los negocios son los negocios padrino. La calidad de sus productos son incomparables, sus métodos de cultivo han revolucionado la industria.- Admitió mientras bebía un poco. Los tres observaron como Longbottom sonreía con caballerosidad y se despedía brevemente de Astoria con una elegante reverencia y un beso en la mano.

-Guapo, rico y encantador.- Sonrió Michelle interesada.- Menuda suerte tiene Hermione.- Afirmó. Severus la miró rápidamente mientras bufada y gruñía. ¿Suerte? ¿Por haber traído de cita al torpe de Longbottom? ¿Estaba de broma, no?

Neville sacó a Hermione a bailar ante la mirada feliz de Astoria. La pareja se deslizó grácilmente por la zona de baile al compás de un vals.

-Guapo, rico, encantador y además bailarín.- Corrigió Michelle.- ¿Quizás me lo podrías presentar después Draco?- Preguntó con picardía y una gran sonrisa. Severus gruñó de nuevo. ¿Se puede saber que veían en el estúpido de Longbottom?

-¿Desde cuándo a Granger le gustan los jardineros bailarines?- Escupió con rabia.

-Sería tonta si no le gustase.- Aseguró Michelle. Severus la miró con interrogación. Después alzó una ceja.- Me gusta hasta a mí, y eso que los prefiero mayores.- Afirmó tranquilamente mientras miraba a Neville como si fuera una obra de arte, lo cual sólo provocó que Severus bufase con más fuerza. Michelle colocó la mano en el pecho del hombre.- Tienes competencia.

Neville la hizo girar una última vez con suavidad hasta que finalmente la música acabó y Astoria los aplaudió por su actuación. Hermione no se había perdido ni un momento el gesto cariñoso de Michelle.

-Mira.- Le dijo a Astoria.- Mira…- Insistió un poco molesta y celosa.

-Sabes que a Snape no le gusta, y Michelle es muy sociable y encantadora, es eso.- Le indicó Astoria. Neville miró la escena, pero no dijo nada, no sabía de qué iba.- Jamás intentaría…- Pero la bruja se calló cuando Michelle le dio un beso en la comisura y Snape pasó un momento la mano tras su espalda.

-¿Jamás? ¿Eh?- Hermione abrió los ojos con una mezcla de emociones que no podía describir.- Sólo le falta quitarle la ropa y tirarlo sobre la mesa.

-¿Estas celosa?- Preguntó directamente Astoria.

-De Snape… Qué asco.- Se defendió, pero sus ojos no dejaban de fulminar a Michelle.- Me da igual lo que haga, es adulto. ¿Bailamos otra vez Neville?- El joven asintió feliz.

Mientras la nueva pareja bailaba en la pista, Snape se separó de Michelle con un poco de asco.

-Necesito una copa.- Se excusó para salir de ahí.

-Severus.- Lo llamó Lucius a los pocos metros. Snape entornó los ojos con impaciencia.

-¿Y ahora qué demonios quieres?- Preguntó con una ceja alzada.

-Ahora que Granger está con Longbottom, tú puedes quedarte con Michelle.

-¿Qué tonterías dices Lucius?- Espetó molesto. Severus cogió una copa de whisky y se la bebió del tirón. Después se largó de allí para esconderse en algún rincón.

¿Cómo iba a estar Granger saliendo con ese?

Se perdió por los jardines de la mansión, esperando que Lucius, Draco o ya puestos Michelle, se olvidasen de su existencia y lo dejasen en paz por un rato.

Giró una esquina y llegó a una pequeña fuente rodeada de setos altos y rosales En el centro, sentada en un banco estaba Hermione con una copa de champán en la mano. Se sorprendió al verla ahí, pero no dijo nada, se acercó y la observó durante un par de minutos.

-Buenas noches.- Saludó Hermione por fin. Era la primera vez que le dirigía la palabra directamente en todo el día.- Bonita boda.- Comentó sin más.

-Si.- Respondió a desgana.

-Diviértase.- Masculló Hermione mientras se levantaba para irse.

-¿Va a acostarse con Longbottom?

-Puede, aunque me gustaría primero probar la tarta, y quizás beber un par de copas mas.

-¿Eso es un sí?

-Eso es un: no es su asunto.- Le cortó Hermione con firmeza.

-Es la boda de mi ahijado, no quiero un escándalo.

-Ni que me lo fuera a tirar encima de una mesa.- Le reprochó con sorna.- ¿Y usted a Michelle?

-Me atendió en San Mungo, piénselo como un medio de pago.- Se mofó con acidez.

-Dijo que no le gustaba Michelle.

-También dije que me gustaban sus pechos.- Espetó con ironía.- Estaba siendo cortés.

-¿Sabe? Creo que ya no será necesario entonces esto de las citavidades.- Comentó la bruja con molestia.- Está claro que se las puede apañar bien y que ninguno de los Malfoy le dirán nada.

-Estupendo.

-Fantástico.

-Adiós Granger.

-Adiós Snape.

Un ruido les hizo girar la cabeza. Tras ellos, cerca de una de las carpas que habían instalado, el Ministro trataba de quitarse la ropa al ritmo de una canción de Vivaldi.

-Merlín.- Soltó Hermione preocupada.- Alguien tiene que pararlo antes de que se quite la ropa del todo.- Siseó divertida pero con algo de asco.

-No quiero que El Profeta arruine la boda de mi ahijado por una foto del señor Ministro desnudo. – Sentenció irritado. Justo decir eso uno de los periodistas invitados se acercó a la zona.

-Usted se encarga del periodista, yo del Ministro.- Y tras decir eso cada uno se marchó rápidamente para arreglar el asunto.

Severus lanzó un confundus al periodista ágilmente y Hermione lanzó un hechizo de bloqueo para evitar que las manos del hombre siguiesen desabrochando su ropa. Tras evitar el posible desastre mediático, y en profundo silencio ambos volvieron al salón principal.

Los dos se quedaron sorprendidos al ver como Michelle y Neville bailaban bastante pegados en la pista. Demasiado pegados.

-Esto es un poco incómodo.- Susurró Hermione. Ambos se giraron para verlos.

-Hermione.- Susurró Neville cohibido.

-Severus.- Susurró Michelle.

Las dos parejas se colocaron como habían estado al principio de la noche. Snape y Michelle por un lado y Neville y Hermione por otro.

La joven Parisina intentó que Severus bailara, pero el pocionista gruñó mientras se mantenía rígido en su sitio. Sus ex alumnos en cambio, bailaban animadamente.

Longbottom cogió a Hermione de una mano y la hizo hacer un grácil giro para luego acabar en sus brazos, pegados, muy pegados. Estaba claro lo que Hermione pretendía hacer, y estaba funcionando. Severus no apartaba sus ojos de ella.

Un camarero torpe golpeó a Michelle y Neville, con unos reflejos de bailarín asombrosos, soltó a Hermione y la cogió antes de que pudiera tocar el suelo.

-¿Estás bien?- Preguntó Neville.

-Ahora si…- Le susurró suavemente mientras le sonreía y se pegaba a él. Ambos desaparecieron de la sala de baile dejando a Severus y Hermione juntos nuevamente. No parecía que esos dos fueran a volver.

-Maldita sea.- Gruñó Snape. Hermione suspiró y se resignó. Severus hizo lo mismo.

-¿Alguna idea para Halloween?- Preguntó la bruja anticipándose a ese par de meses hasta octubre.

-Hay fiesta en Hogwarts.- Sentenció enfadado.

-¿Le veo allí?

Snape asintió y ambos se alejaron para desaparecer de la boda.

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-¿Truco o trato?- Gritaban las estatuas encantadas cuando entrabas en el gran comedor. Hermione se acomodó el corsé de su disfraz de pirata del Caribe.

-¿Seguro que esto está bien puesto?- Le preguntó Hermione a Ginny.

-¿Puedes respirar?

-No.

-Entonces está bien puesto.- Aseguró la pelirroja mientras ella se colocaba su vestido.- No me puedo creer que por fin tengamos Harry y yo una fiesta de adultos.- Confesó entusiasmada.

-Estamos en Hogwarts, es un colegio…

-Pero no lloran cuando hay que cambiarles lo pañales ni cuando tienen hambre.- Se quejó Ginny.- Así que son adultos.- Aseguró mientras se reía. Hermione se colocó de nuevo su corsé.

-¿Cuándo se pasa de disfrazarse de princesa a pirata sexy?- Preguntó la castaña.

-¿Con catorce?

-¿Catorce?- Quiso saber Hermione.

-Cuando tienes tetas para lucirlas.- Ambas se rieron. Al fondo vieron a Harry en el gran comedor. El se había disfrazado de jugador de fútbol, aunque nadie entendiera su disfraz.

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En el gran comedor sólo quedaban los cursos superiores, profesores, acompañantes e invitados especiales. La noche de Halloween estaba bastante avanzada.

Snape gruñó mientras se mantenía en un lateral del comedor, escondido como siempre tras la decoración de una calabaza gigante. Por obvias razones, él odiaba los 31 de Octubre, más incluso que los 2 de mayo.

-¿Vas a quedarte ahí toda la noche?- Preguntó Minerva.- Podrías socializar un poco.

-Sí y no si puedo evitarlo.

-Directora.- La saludó Hermione acercándose a ellos.- Profesor Snape.- Lo saludó alegremente.- Buenas noches.- Aunque el pocionista fuera su citavidad, lo había evitado desde que había llegado. Su último encuentro había sido… Incómodo al final.

-Hermione, querida.- La anciana se acercó a ella dándole un gran abrazo.- Ya era hora de que te dignaras a saludar.- Hermione sonrió con culpabilidad.- No sabía que ibas a venir.

-Pensé que el profesor Snape se lo habría dicho.- Comentó.- Soy su cita.- Los ojos de la anciana se abrieron con sorpresa y diversión. Después se alejó de allí guiñándole un ojo a su ex alumna, quién levantó una ceja sorprendida. La noche se estaba haciendo más rara por momentos. -¿Una copa?- Propuso la bruja.

-Usted ya lleva unas cuantas.- Masculló con una ceja alzada. Hermione impaciente se quedó a la espera.- Pero que sean dos Granger.- Ordenó. La bruja se giró, cogió las copas de la mesa y se las ofreció sin más.

Tras aquella decoración, los dos se dedicaron a observar el salón lleno mientras vaciaban una copa tras otra. No había mucho que hacer más que resignarse y esperar a que pasara la fiesta para poder desaparecer. En una esquina, Neville y Michelle se besaban con pasión.

-¿Qué demonios hacen aquí?- Preguntó con asco.

-Invitados por la directora.- Respondió sin más.- Neville se ha ofrecido para sustituir a la profesora Sprout después de Navidades.- Explicó con tranquilidad. Estaba muy orgullosa de Neville.

-¿No le llega con ser jardinero?- Se mofó.

-Herborista.- Le corrigió.- Pero ahora que su negocio ya está en marcha tiene tiempo libre.- Sonrió.- Neville es increíble.

Severus gruñó y apretó los puños con fuerza. ¿En serio lo iba a tener que aguantar como compañero? Ni hablar…

Para fastidiar aun más la noche, Potter, o los Potter ahora, habían decidido tomarse una copa con ellos.

-¿Has visto a quien han invitado?- Le preguntó Ginny a su amiga con urgencia.

-¿De qué hablas?- Nada mas decir eso, aparecieron entre los grupos de personas una pareja más. Viktor iba acompañado de una mujer.

-Viktor.- Susurró Hermione sorprendida.

-Herr-mione.- La saludó algo incómodo.- No sabía que ibas a estar aquí.

-Yo tampoco que tu venías…- Espetó por lo bajo.- Yo tampoco.- Repitió mientras sonreía lo máximo que podía. Estaba segura de que su sonrisa se veía forzada, pero no es algo que le preocupase.- Traes a una amiga…

-Es mi mujerr.- Explicó. Un silencio incómodo se hizo en aquel rincón del comedor de Hogwarts. Hermione se fijó en los anillos brillantes de sus dedos.

Genial…

-Tú mujer.- Hermione se rió histéricamente.- Que bien.- Se rió de nuevo.- ¿No es maravilloso?

- Lo es…- Dijo él asintiendo con la cabeza.

-De que vas disfrazada… ¿De canguro?- Le preguntó Hermione.

-Sí, es el único disfraz que me cabía con la barriga ya de ocho meses.- Habló con felicidad.

-¿Estás embarazada?- Hermione se puso pálida. Luego sonrió, aunque era una sonrisa extraña, forzada y casi psicópata.

-¿Quiere tomar otra copa?- Le ofreció Snape a Hermione, que asintió aumentando aquella sonrisa inquietante y de película de terror.- Mejor dos para usted.- El pocionista les lanzó una par de miradas cómplices tanto a Potter como a Weasley. Ambos asintieron y Ginny rápidamente se puso a hablar con la futura madre para suavizar la huída de esos dos.

Snape la arrastró hasta un rincón, fuera del comedor y de la gente.

-¿Cómo que embarazada? ¿Cuándo?- Preguntó algo alterada. Hermione hizo cuentas.- ¡La dejó embarazada cuatro meses después de salir conmigo!- Se quejó.- Joder, una cosa es que rehagas tú vida y salgas con gente.- Trató de excusarse.- ¿Pero casarte y embarazar a alguien?- Preguntó un poco histérica y dolida. El había sido un capullo al engañarla con otra. Pero antes de eso, ella había estado completamente enamorada de él; aunque fuera un completo idiota. Y ahora se sentía echa una mierda.

Hermione, resignada se encogió de hombres y se dejó caer sobre las escaleras del pasadizo. Hacía tiempo que no se sentía tan vulnerable y menos delante de Snape.

-Mi vida es una mierda.- Se quejó.

-Beba Granger.- Le ordenó dándole la copa.

-En serio Snape, mi vida es un asco.

-Beba.- Espetó llevándole la copa a la boca. La bruja se lo bebió de golpe.

-Es culpa mía, si yo hubiera… si…- La chica balbuceó abatida.- No me encuentro bien.- Dijo de repente.- Me voy a casa.- Granger se levantó y trastabilló consigo misma.

-Está borracha.- Afirmó. Lo cual era lógico, él no había parado de darle alcohol.

No estaba borracha por su culpa, Granger ya llevaba un buen fondo cuando lo había saludado; pero definitivamente él había ayudado a aumentar su embriaguez.

-Un poco.- Confesó. Snape alzó una ceja. ¿Un poco? La observó mientras se recolocaba aquel dichoso corsé que no la dejaba respirar.

-¿Puede aparecerse?- Gruñó ante el estado de la bruja.

-Claro.-Dijo con seguridad mientras se apoyaba contra una de las paredes y cerraba los ojos.- Solo necesito saber cómo… Como salir del castillo.- Soltó.- Luego es pan comido.- Espetó mientras sonreía con nerviosismo. Severus entrecerró los ojos y bufó irritado.

-Así no se puede aparecer.- Le reprochó serio.- Vamos.

-No necesito que me cuide.- Protestó cruzándose de brazos.

-No la voy a cuidar.- Escupió molesto mientras pasaba un brazo alrededor de su cintura para estabilizarla.- Es mi excusa para no volver a la fiesta.- Espetó sin más.

Bajaron lentamente hacia las mazmorras, a medida que bajan las piernas de la joven mas flaqueaban con más frecuencia.

-Me quedo aquí.- Gruñó Hermione dejándose caer contra la piedra húmeda del pasillo. La bruja no estaba un poco borracha… Estaba muy borracha y además deprimida.- Es un buen sitio.- Farfulló.

-Ni de broma Granger.- Snape bufó enfadado, la alzó de una mano y se la puso al hombro como un saco de patatas mientras caminaba con ella.

-¿A dónde me lleva?- Balbuceó en su espalda.- ¿No se querrá aprovechar de mi, cierto?- Preguntó mientras su cabeza se tambaleaba al compás de los movimientos de su ex profesor.- Porque me sigue pareciendo desagradable…- Espetó. Snape siguió avanzando.- Bájeme.- Ordenó de repente.- ¡Bájeme!- Gritó desesperada.- ¡Bájeme!

-¿Qué demonios le pasa?- Escupió furioso.

-Creo que voy a…- Snape la bajó y vio como la bruja se ponía pálida, con un tono verdoso preocupante y se llevaba las manos a la boca.

-No vomitará en el pasillo.- La amenazó. Con rapidez se metieron en su despacho, atravesó una puerta, después otra y después cruzando su dormitorio la metió en el baño y cerró la puerta.

Hermione se derrumbó sobre el váter mientras borracha y deprimida, vomitaba y lloraba a la vez.

-Soy patética.- Resopló. Después Snape sólo oyó como su ex alumna vaciaba su estómago repetidas veces. Algunos minutos después, y sin pedir permiso, Severus entró en su baño, Hermione tenía una aspecto horrible, se le había corrido el maquillaje, estaba pálida y sudorosa, su pelo estaba alborotado y se abrazada a la taza del váter como si fuera su último recurso.- Váyase…- Pidió derrotada.

-Es mi baño.- Se cruzó de brazos. Snape no dijo nada más, sólo se acercó a ella y la examinó un segundo.- Vamos Granger.- No era una pregunta, Snape la levantó con cuidado y llevó sus manos a su vestido.

-¿Qué hace?- Preguntó confusa y un poco desconfiada.

-Necesita una ducha.- Aconsejó. Hermione resopló una vez más derrotada. Se sentía fatal, pero ya no tanto físicamente, si no anímicamente. Con determinación y sin vacilar, Snape la desvistió rápidamente, no se fijó de más en ella, no dudó. Lo hizo clínicamente. Cuando la joven quedó en ropa interior, Snape se giró y la mandó desvestirse. Después la mandó meterse en la bañera; era de patas, se veía que tenía muchos años, y era increíblemente grande.- Siéntese.- Pidió esta vez. Era la opción más sensata, en su estado no podía arriesgarse a que se cayera. Hermione se sentó, con las rodillas pegadas al pecho y la cara enterrada en las rodillas.

Severus se quitó la levita, se quedó con la camisa blanca, se remangó las mangas y cogió a alcachofa de la ducha.

-Que…- Hermione levantó la cabeza al sentir el ruido.- ¿Qué hace?

-No se gire.- Ordenó Snape. Después, tras comprobar que el agua estaba a una correcta temperatura comenzó a mojarla poco a poco. Sus hombros, su espalda, su pelo.

-Soy patética.- Comentó de nuevo enterrando la cara entre sus piernas.

-No diga tonterías.- Espetó enfadado.- No es patética.- Insistió. Hermione respiró con profundidad para luego dejar escapar un largo suspiro. La joven giró la cabeza levemente para verlo.- No se gire.- Repitió irritado. Estaba desnuda, con verle la espalda ya tenía más que suficiente. Su piel era…

Merlín.

Severus gruñó.

-Gracias.- Susurró sonriendo. Tras un buen rato, y una vez que comprobó que el estado de la bruja había mejorado. Se apartó de ella. La tenía ahí, desnuda, con el pelo mojado en su espalda, vulnerable y abatida.

-Será mejor que se dé una ducha en condiciones, tómese el tiempo que necesite.- Y sin decir nada mas, desapareció del baño rápidamente.

Hermione salió de la ducha unos minutos después, con la cara libre de maquillaje, el pelo limpio y con algo más de color en su piel. No había encontrado su ropa, por lo que había salido con la enorme toalla de Snape en su cuerpo. Abrió los ojos con sorpresa al darse cuenta de que estaba en los aposentos de Snape, quiso echar un vistazo, pero lo vio aparecer por la puerta. Seguía con la camisa blanca puesta, remangada y llevaba un libro en la mano.

-Parece que ya puede mantenerse en pie.- Se burló.

-Si.- Dijo sin más. Snape asintió conforme.

-Tiene ahí algo de ropa si quiere.- Siseó lentamente. Hermione miró a su derecha, para ver un conjunto de algodón gris. Abrió los ojos al darse cuenta de lo que era.- No voy a dejar que se vaya así a su casa.- Indicó con firmeza.- Es una orden.- Hermione sonrió suavemente. En cuanto dio el primer paso hacia el pijama, Snape se quedó quieto.- Vendré en unos minutos.

Puntual, tal y como había dicho, minutos después entró lentamente en la habitación. Hermione llevaba su pijama. Le queda enorme, se lo había enrollado un poco en las muñecas y en los tobillos para no arrastrarlo. Severus le hizo un gesto señalando la cama. La bruja no estaba en posición de protestar, ni de pensar con claridad, la borrachera se le había pasado casi por completo, pero no estaba en su momento óptimo. Acató la orden, se subió a la cama de dosel y gateó hasta la cabecera metiéndose en las sábanas de algodón negras.

Snape agitó su varita y frente a la bruja apareció una taza humeante.

-Poción para contrarrestar los efecto del alcohol mezclado con té de menta para las nauseas.- Susurró arrastrando las palabras. Hermione resopló un poco más tranquila y cogió el té.

-Supongo que ahora tendrá una razón más para reírse de mi.- Afirmó medio en broma medio en serio mientras dejaba que el té calentara sus manos y su estómago dolorido. Al segundo sintió su mente mas despejada.- La chica que vomitó borracha en su baño.- Soltó resignada y avergonzada mientras dejaba la taza de té a un lado y se escondía bajo las sábanas.

Snape se acercó un poco y tiró de la ropa de cama para que saliera.

-Técnicamente no necesito ninguna razón para reírme de usted.- Reconoció con malicia.- Puedo hacerlo siempre que quiera.- Le recordó. Hermione sonrió con franqueza por primera vez en toda la noche. Sabía que Snape tenía razón y por alguna razón eso sólo hizo que sonriera mas.- Descanse.- Ordenó mientras se iba.

-¿Dónde va?

-Dormiré en el sofá.- Declaró con firmeza.

-No, no es justo.- Se quejó.- Hay sitio para los dos, duerma aquí conmigo.- Pidió tranquilamente mientras se hacía a un lado. Snape alzó una ceja ante su petición.- Sigue sin parecerme atractivo, no me voy a insinuar.- Bromeó la castaña.

-Acaba de vomitar en mi baño.- Le recordó.- No se ofenda pero no le daría un beso ni aunque mi vida dependiera de ello.- Escupió con asco. Sin embargo Hermione sonrió, un segundo después Snape estaba tumbado junto a ella. La bruja suspiró, se giró para verlo un momento y después cerró los ojos.

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Hermione se movió lentamente. Las sábanas que la cubrían olían a hierbas y madera. Sintió un agradable peso en su cintura. Abrió los ojos sólo para ver a Severus Snape durmiendo frente a ella con una mano sobre su cuerpo.

Sorprendida, se tensó. El movimiento hizo que el hombre abriera los ojos, bufó incómodo sólo para ver su mano sobre ella, después cómo si quemara, la apartó rápidamente. Pero no se movió. Siguió allí a su lado.

Hermione le sonrió suavemente, ahora que él había abierto los ojos se sintió más relajada. Ya no tenía la cara de abatimiento ni nostalgia que había tenido ayer. Ya no tenía surcos de lágrimas ni el maquillaje corrido. Y definitivamente no tenía copas de alcohol nublar sus sentidos.

Severus respiró profundamente sólo para darse cuenta de que había sincronizado su respiración con la de ella. Entrecerró los ojos un poco y se quedó quieto, muy quieto. Un rizo rebelde se escapó de la mata de pelo de la bruja tapándole la cara. Antes de poder sopesar la situación y los posibles escenarios, levantó la mano y le apartó el mechón. Después se acercó a ella y la besó.

Severus se dio cuenta de que era una locura, y se hubiera apartado de ella rápidamente si no fuera porque le estaba devolviendo el beso. Se lo estaba devolviendo con el mismo cuidado y la misma lentitud con la que él la había besado.

Pasó su brazo tras su espalda arqueada para acercarla a él y Hermione se abrazó a su cuello. Era una locura y debía detenerse, pero no lo iba a hacer porque no quería. Se acababa de dar cuenta de que no quería separarse de ella. Resopló contra sus labios dulces y deslizó su mano hasta la parte baja de su espalda, justo en la curvatura, sólo para poder atraerla más a su cuerpo. Se separó un segundo sólo para ver una sonrisa dibujarse en el rostro de aquella bruja. La besó de nuevo y dejó que ella enredara sus dedos en su pelo sacándole suaves gruñidos.

Snape la colocó debajo, y acomodándose entre sus piernas se incorporo lo justo para poder quitarse la camisa. Esperaba que en algún momento su ex alumna lo detuviese, pero no parecía muy por la labor. Granger le sonrió con felicidad mientras lo observaba desvestirse. Sin camisa volvió a besarla, con lentitud, con tortuosa lentitud mientras sus labios exploraban la delicada piel de su cuello.

Hermione acarició sus brazos, su pecho y recorrió con sus yemas sin darse cuenta las cicatrices de su espalda y su cuello. Sintió como se estremeció por su contacto, pero aun así no se apartó de sus labios.

Ni de sus labios, ni de su cuello, ni de su clavícula, ni del pequeño hueco bajo su oreja.

Un movimiento lento pero firme colocó a Severus contra la cama y Hermione encima. Se apartó para atrás y se quitó despacio la parte de arriba del pijama de Snape.

El hombre observó con deleite como poco a poco la piel se iba descubriendo, hasta que ya no hubo nada que entorpeciera su visión. Los rayos de sol mágicamente creados, incidieron sobre los mechones castaños de la bruja, cayendo hacia abajo como hilos de oro, su piel expuesta brillaba suavemente. Sintió ansiedad al no tenerla junto a él, y se levantó por besarla con fuerza.

Recorrió su cuello, su escote, la delicada curva de su pecho y sus caderas. Bajó a sus labios para saborear la delicada textura de sus pechos, y se fascinó cuando al rozar con sus labios unos de los pezones rosados estos se erizaron ante el contacto.

Hermione arqueó la cabeza hacia atrás dejando que los dedos hábiles de su ex profesor de pociones la recorrieran como quisiera. Y se sorprendió al darse cuenta de que en ningún momento se había planteado aquello, ni se había cuestionado su decisión. Quería hacerlo…

Cambiaron los turnos de nuevo, la bruja acabó sobre la cama, observando con deleite y el deseo que ya no podía ocultar, cómo Severus se quitaba los pantalones. Sin esperar, Hermione hizo lo mismo, y se abrazaron de nuevo, pero esta vez completamente desnudo. Ambos gimieron y jadearon.

Hermione cerró los ojos.

Suerte que Severus "no" le parecía atractivo.

Snape apretó sus pechos con las manos y deslizó su lengua por su escote, rodeó el ombligo y descendió bajo el. Una breve e intensa mirada a sus ojos castaños bastaron para que agachara su cabeza del todo.

Hermione gimió al notar el calor de su lengua realizar movimientos circulares sobre ella. Echó la cabeza hacia atrás y enredó las manos en su pelo mientras lo sentía moverse, lamer y succionar la zona con una destreza que no había sentido nunca. Gimió cuando además de su lengua y sus labios, uno de sus dedos la tanteó suavemente. Se arqueó contra él y tensó las piernas.

Su cuerpo se agitaba con irregularidad, los pequeños calambres que invadían su cuerpo se habían empezado a intensificar y su cuerpo comenzó a vibrar involuntariamente.

Severus se movió más deprisa, la agarró con sus manos en las caderas y se apretó a ella con fuerza intensificando el roce. Sintió la presión de sus piernas contra su cabeza, la oyó dejar de jadear y sintió su cuerpo arquearse con violencia. Un par de movimientos más y un grito de placer estalló contra las paredes de su dormitorio.

Agitada, y con un fuerte rubor en sus mejillas, Hermione sonrió con felicidad. Cuando Snape levantó la vista no esperaba ver aquella intensa mirada sobre él. La abrazó y la besó con fuerza, con ansiedad y sobre todo con confusión. No esperaba aquel gesto de satisfacción en su rostro.

La joven sonrió de nuevo al sentir la fuerte erección de su ex profesor contra su muslo. Lo besó de nuevo acallando los fuertes latidos de su corazón que amenazaba con salirse de su pecho. Abrió las piernas en una clara invitación, y Severus no se hizo de rogar. Lo sintió entrar con lentitud, apretó los dedos contra su espalda y cerró los ojos para sentirlo por completo. Poco a poco, sus caderas se sincronizaron y comenzaron a moverse, al principio había sido lento, pasional, tortuoso. La cadencia de sus caderas era pausada y cuando llegaba al fondo apretaba contra ella como si pudiera ir más allá. Después su ansiedad aumentó y sus cuerpos empezaron a chocar con fuerza, todo se hizo más rápido y brusco. Las caderas de Snape la golpeaban con fuerza mientras la mantenía abrazada a él como si temiera que fuera a escaparse.

Enterró su cara en su cuello aterciopelado cubierto de su suave sudor, su pelo olía a su jabón. Sintió las uñas de ella clavarse en su espalda mientras gemía incontroladamente.

Le embistió una vez más, y otra, y otra, y otra más hasta que se olvidó incluso de quién era y donde estaba.

Se besaron sólo para darse cuenta de que todo llegaba a su fin. Sintió las piernas de ella tensarse y apretarse casi dolorosamente contra sus caderas, la sintió perder la respiración, y arquearse con fuerza. Severus se dejó llevar y la embistió una última vez justo antes de sentir el gemido de Hermione de nuevo en su habitación.

Completamente exhausta y con una gran sonrisa en la cara, la bruja se dejó caer en un lateral, mientras trataba de recuperar el oxígeno del que había privado a su cerebro. Severus, en las mismas condiciones colapsó a su lado, mientras dejaba una mano sobre su pecho que subía y bajaba con rapidez.

-Vaya.- Soltó de repente la bruja casi riéndose. Snape a su lado levantó una ceja, pero no dijo nada.- Supongo que deberíamos…

-Puede irse si quiere.- Espetó Snape rápidamente. Hermione frunció el ceño y su sonrisa se opacó un poco. Se incorporó lo justo en la cama para mirarlo.

-¿Quiere que me vaya?- Preguntó directamente. El pocionista se incorporó también, la miró a los ojos con intensidad, quizás así pudiese averiguar que estaba pensado la bruja en ese momento todo sería más fácil.

-Si quiere si…- Gruñó, no podía obligarla a quedarse. Hermione estaba confusa, se acercó la sábana y se tapó un poco incómoda.- No se sienta obligada a quedarse.- Sentenció con frialdad.

-¿Obligada?- La bruja frunció el ceño, a punto de enfadarse.

-Ya no es Halloween, por lo tanto ya no es una festividad.- Declaró con indiferencia.- Nuestro trato es sólo para eventos.- Le recordó secamente, no pretendía que se fuera. Sólo le estaba recordando su trato para que no se sintiera presionada. Estaba claro que ella no lo veía así.

La escasa felicidad que conservaba la bruja se disipó rápidamente. Aunque se esforzó en sonreír como si no pasara nada. Para Snape era ella era solo un acuerdo.

-Claro.- Dijo tratando de aparentar normalidad.- Es cierto, ya no es Halloween.- Confirmó como si hubiera sido un despiste tonto. Hermione abrió los ojos un poco, parecía que quería decir algo, pero no lo dijo. Snape estaba allí tratando de entender que ocurría y porque se comportaba como lo hacía, pero las emociones humanas, a pesar de todo, siempre habían sido un enigma para él.

Alguien llamó con fuerza a la puerta de sus aposentos. Levantándose con agilidad, Severus cogió su varita y se colocó la parte de abajo del pijama.

-¡Abre!- Gritaron con fuerza.- ¡Abre!- Snape reconoció la voz de su ahijado.

-¿Qué modales son estos?- Le reprochó con frialdad mientras abría la puerta.

-La he besado.- Confesó pálido entrando en la sala como un vendaval.- La he besado.- Espetó al borde de la histeria.

-Es tú mujer.- Escupió irritado.- Es lo que deberías hacer.

-¡A Astoria no!- Le gritó mientras colapsaba contra él sofá. Snape alzó una ceja, mientras lo fulminaba con su mirada oscura y penetrante.- A Michelle.- Se lamentó.

-¿Qué?

-En realidad me besó ella a mí, pero…- Draco lo miró.- ¿Llevamos unos meses casado y ya engaño a mi mujer? Yo no quiero un matrimonio como el de mi padre…- Se quejó horrorizado.

-Cálmate.- Ordenó.

-Soy horrible.- Siguió.

-¿Quieres calmarte de una vez?- Preguntó, aunque más bien era una orden.

-¿Tú has oído lo que te he dicho?

-Perfectamente, no estoy sordo.- Espetó molesto.- Y lo que me has dicho es que ella te besó.

-Sí pero…

-Te besó ella ¿o no?

-Sí.

-¿Le devolviste el beso?

-No.

-Pues ya está.

-Pero…

-Draco.- Susurró su nombre en plan amenaza. De repente el chico se quedó quieto.

-Buenos días Malfoy.- Saludó Hermione apareciendo por una esquina vestida y con los zapatos en la mano. Los tres se quedaron un rato en silencio mientras la bruja avanzada hacia la salida, sobretodo Malfoy que estaba histérico y sorprendido de haberla visto allí.- Yo me voy.- Informó en voz baja tratando de pasar desapercibida.

-Espera…- Dijo el rubio cuando la chica ya tenía la mano en el picaporte. Draco los miró a ambos y su cara cambió de la vergüenza a la diversión.- Vosotros os habéis acostado.

-No digas tonterías Draco.- Espetó Severus con asco.

-Tonterías ¿eh?- Susurró la bruja decepcionada.

-Vale, creo que me debería ir.- Comentó Malfoy mientras retrocedía rápidamente.

-Tú no estás en condiciones de irte de aquí.- Le gruñó Severus a su ahijado.

-Cierto.- Afirmó la bruja.- Soy yo la que se tiene que ir.- Hermione miró a Severus directamente, había decepción en su mirada castaña y quizás algo de esperanza, sus ojos brillaban con fuerza, pero Severus estaba sobrepasado. Por lo general solía controlar sus emociones y sus impulsos a la perfección, pero haberse acostado con Granger había hecho que todo su orden se viniera abajo como un castillo de naipes.- ¿Verdad?- Le preguntó a Snape. Pero Severus no supo reaccionar, frunció el ceño y bufó, y se quedó en el sitio sin hacer nada.- Vale.- Afirmó la bruja resignada. Recogió sus cosas y salió de allí con rapidez.

-La veo en el día del Mago…- Espetó Snape.

Pero la bruja lo miró con desagrado mientras desaparecía de allí.

-¿Qué demonios ha sido eso?- Le demandó el chico a su padrino.

-¿El qué?- Gruñó impaciente.

-¿Cómo que el qué?- Preguntó con más énfasis.

-Tengo que trabajar.

-Es sábado.

-También trabajo los sábados.- Siseó secamente zanjando el tema y echándolo de su despacho.

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Ginny le acercó una taza de chocolate y se sentó a su lado.

-Prácticamente me echó de sus aposentos.- Resopló Hermione enfadada y decepcionada.

-Y dices que fue… agradable.- Repitió Ginny como si no se lo creyera.

-Fue sexo del bueno Ginny.- Afirmó.- Increíblemente bueno.

-¿Y no fue desagradable? ¿Borde?

-Durante… No.- Repitió de nuevo.

-¿Entonces qué pasó?

-No sé, parecía…

-¿Parecía Snape?- Preguntó con obviedad.

-Tienes razón, Snape se comportó como Snape.- Suspiró apoyando la cabeza contra la mesa de la pastelería.- Pero somos adultos, no le estaba pidiendo matrimonio.- Resopló.- Es que no me ofreció ni un té por la mañana.- Le explicó Hermione.

-Eso duele.- Comentó Ginny con suavidad.

-¿Sabes lo último que me dijo?

-Nos vemos el día del Mago…- Se quejó.- ¿Te lo puedes creer? Como si no hubiera significado nada.- Resopló, miró a su amiga y asintió.- No me estoy imaginando nada Ginny, entre Snape y yo había algo.- Aseguró.- De verdad que no me lo estoy inventado y si yo lo sentí él también.- Bufó.- Es imposible que no se diera cuenta de ello.

-Que frialdad.- Comentó la bruja.- Aunque lamento decirte que se veía venir, es Snape en todo su esplendor, pensé que cuando empezaste a salir con él sabías a lo que te enfrentabas.- Le recordó con tristeza.- ¿Todavía seguís con lo de las citavidades?

-No lo sé, de todas formas dudo mucho que pueda seguir con esto Ginny.- Confesó. Snape le gustaba y ahora… le gustaba mucho.

-Tú lo que tienes que hacer es ir al día del Mago igual y actúa como si no pasara nada.- Aconsejó.- Que vea que estás bien, no hay nada que mas fastidie a los hombres que eso.

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Aquel 30 de Noviembre hacía frío. Se notaba la llegada anticipada del invierno.

-Coloca los platos.- Pidió Narcisa. Lucius masculló, no tenía problemas con celebrar el día del Mago. Pero no entendía porque su mujer se empeñaba en prescindir de los elfos ese día. Sobre todo porque sus habilidades con la cocina eran nulas. Podría negarse, pero la mirada de su mujer era suficiente aliciente para que levantara la varita y la mantelería y cubertería se colocaran en la larga y elegante mesa del comedor.

Snape se alejó un poco para evitar ser usado por Narcisa.

-Lucius.- Llamó el Ministro entrando en la sala.- Gracias por invitarme, Narcisa…- Saludó cortésmente. El mago venía acompañado de una mujer, era la primera vez que lo veía con alguien que no pareciera sacado de un circo. Era más o menos de su edad, vestía discretamente y sonreía con suavidad.- Os presentó a Aurora Rosefield.

-Encantada.- Saludó la mujer. Narcisa se acercó para saludar a los nuevos invitados.- Tiene una casa encantadora señora Malfoy.

-Narcisa, querida.- Indicó. Snape gruñó un poco ante tanto protocolo. Antes de poder huir, se dio cuenta de que el Ministro y Lucius lo habían abordado con una copa en la mano.

-¿Qué fue de su última conquista?- Preguntó Malfoy con lentitud.- Pensé que por fin lo vería asentar la cabeza.

-¿Yo?- El hombre se rió.- Jamás, así es mejor, corto e intenso. Así no me canso.- Espetó entre risas.

Snape gruñó por su comentario, no sabía porque le estaba molestando tanto.

-¿Y Granger?- Preguntó Lucius mientras miraba el reloj y la sala.- ¿No debería estar aquí?

-Debería.- Sentenció Severus con molestia.

-Mas te vale, sabes que no me gusta que queden asientos vacios, cuando te podía haber traído a alguna amiga.- Afirmó serio.- ¿Por qué huele a quemado?- Preguntó. Todos se quedaron mirando y entornaron los ojos. Narcisa salió por las escaleras de acceso a la cocina sonriendo con complicidad. Tras ella una columna de humo se disipaba lentamente por el salón.

-Todo controlado.- Siseó.

-Madre…- La llamó Draco.- No crees que los elfos…

-¡No!- Le reprendió.- Es la cena del día de Mago y la haré yo.- Se enrocó. Padre e hijo se lanzaron miradas cómplices de resignación.- Sólo necesito… Severus.- El pocionista asintió con anticipación, aunque de mala gana.- ¿Te importaría conseguirme otro cordero?- Pidió con tranquilidad.

Snape asintió y dio media vuelta, no le gustaba hacer de recadero, pero cualquier cosa era mejor me estar ahí.

-Y también salsa de menta.- Pidió. Severus paró y asintió, aunque estaba ya de espaldas a ellos.- Y ya que estás, zanahorias, patatas y la salsa de carne.

Justo antes de irse, Malfoy padre se le acercó con disimulo.

-Por Merlín, trae una tarta.- Suplicó.- O dos...

Todos los años igual. Sólo se había librado en la época de auge del señor Oscuro, porque no se atrevían a prescindir de los elfos. Pero había tenido que sufrir sus escasas habilidades culinarias el resto del año.

Malfoy le abrió la puerta y ante ella estaba Granger, enfundada en un grueso abrigo y con la mano levantada.

-Buenas tardes.- Saludó con cortesía y una sonrisa más bien tímida.- ¿Llego tarde?

-Granger.- Saludó Severus escuetamente.

-Buenas tardes señorita Granger, llega justo a tiempo.

-Tengo que ir a por unas cosas.- Sentenció Snape.

-Nuestra cena.- Indicó Malfoy.- Ponla al día Severus.

El pocionista gruñó enfadado, no le gustaba que lo usaran como una lechuza.

-Narcisa ha quemado la cena.- Masculló irritado e impaciente.

-Necesitamos algo que poder cenar.- Lo secundó.- Que no esté quemado.- Siseó con desagrado.

-Puedo ayudar.-Informó Hermione encogiéndose de hombros.

-¿Si?- Preguntó curioso.

-Tiene una pastelería Mágica en el callejón Diagon.- Indicó Snape claramente impaciente.

-Perfecto.- Agradeció Malfoy aliviado. Al menos tendrían algo seguro que cenar.- No tardéis, no vaya ser que le dé por hacer otro intento. Creo que puede seguir quemando cosas.- Se quejó con frialdad.

-¿Tienen chimenea con red Flú?- Preguntó la chica. Malfoy asintió. Severus, que ya conocía la casa la llevó hasta una sala repleta de chimeneas de diferentes estilos y tamaños. La bruja se metió en una de ellas.

-Voy con usted.- Indicó el Slytherin.

-Ya sabe la dirección.- Comentó con algo de indiferencia mientras tiraba contra las llamas el polvo Flú.- La calabaza encantada.- Y las llamas verdes la engulleron.

Tras ella, Snape apareció saliendo de su chimenea. A diferencia de ella, Severus no traía ni una mota de hollín en sus ropajes negros. Hermione sin embargo tuvo que arreglarse un poco el abrigo. Nada grave, con los años se aprendía a salir de las chimeneas sin apenas ceniza.

La bruja se quitó el abrigo y se puso manos a la obra.

-Así que…- Empezó lentamente.- ¿Cómo ha estado?- Preguntó mientras lo primero que hacía era envolver un par de tartas.

-Ocupado.- Escupió.- ¿Usted?

-Ocupada.- Respondió con la misma sequedad. Hermione envolvió de mala manera unos delicados pastelitos y lo miró.- ¿Vamos a fingir que lo que pasó no pasó?- Espetó cruzándose de brazos.

-A mi me vale.- Gruñó Snape mientras la miraba mover la varita. Hermione resopló tratando de ignorarlo.

-¿Qué necesitan?- Preguntó con brusquedad mientras cambiaba de tema.

-Cordero, salsa de menta, zanahorias, patatas, salsa de carne y el postre.- Enumeró irritado. Hermione agitó su varita con rapidez. Y los hornos comenzaron a encenderse. Después de la punta de su varita salió una especie de luz que salió por la ventana.

-Yo me encargo de todo, el cordero lo recogemos en 5 minutos en el Caldero.- Espetó. La bruja lo miró y bufó.- Pues que sepa que yo no quería irme de su habitación, y tampoco voy a fingir que no ha ocurrido nada.- Confesó con los labrios apretado por el enfado y la indignación.

-Tampoco dijo que quisiera quedarse.- Le reprochó Snape molesto. Sus ojos negros se habían vuelto indescifrables.

-No me dio ni tiempo para ello.- Resopló mientras sacaba las zanahorias y las empaquetaba aun humeantes.

-De que se lamenta ahora Granger, para empezar ni siquiera quería acostarse conmigo. Le parecía desagradable.- Le recordó con rencor.- No le agrada ni mi carácter, ni mi persona en general.- Le echó en cara.

-No me puedo creer que siga con eso.- Explotó Hermione sorprendida.

-Cuando una mujer empieza una conversación diciendo que nada de sexo porque el hombre le parece desagradable marca el tono del resto de la relación.- Escupió el profesor.

-¡Por favor!- Se burlo la bruja.- Fue usted el que dijo que yo le parecía insufrible y que le parecía que tenía el pelo alborotado y poco pecho.- Le reprochó enfadada.

-Está hablando conmigo Granger.- Indicó con furia.- Soy su ex profesor, cuya relación escolar ha sido desagradable, y la posterior ha sido nula.- Siseó.- Nos vimos por primera vez en dos años en el Callejón Diagon.- Masculló con fuerza.- ¿Qué cree que hubiera pasado si le hubiera dicho en ese momento: Eh, Granger, me parece preciosa, ¿quiere tomar un té conmigo?- Le gritó colérico.- ¿Que quería que le dijese? ¿Creo que quiero besarla? ¿Tiene los ojos más hipnóticos que he visto jamás? Espabile Granger.- Rugió.- No hubiera tenido ni la más mínima oportunidad.- Escupió con rabia.- Y menos después de que la última vez que la vi le dije en el hospital que se alejara de mi.- Siseó arrastrando las palabras.- Así que…

Snape se calló y se la quedó mirando, esperando que ella dijese algo.

-¿Cambia eso algo?- Demandó con frialdad.

-No.-Dijo con rotundidad. Hermione tendría que haber dicho que si. Tendría que haber dicho que también le gustaba, incluso desde el primer día aunque dijese que no. Pero estaba dolida, enfadada y buscaba a toda costa proteger su corazón de salir más dañado de lo que ya estaba.- Puede hacer lo que quiera.- Hermione acabó de empaquetar todo lo pedido y se cruzó de brazos. Estaba segura de que en un futuro no muy lejano, se arrepentiría de su decisión. Pero en aquel momento sus sentimientos confusos la estaban bloqueando.

-Gracias.- Escupió Severus con ironía, sus ojos negros proyectaban odio y rabia. Después sonrió de manera cínica y malvada.- Al menos esta vez no soy yo el cruel y desagradable.- Bromeó con maldad.

-¿Qué significa eso? ¿Cree que yo soy cruel?

-Sí.

-¿Yo?

-¡Sí! Nos miente a ambos al decir que puedo hacer lo que quiera. Antes se enfadó conmigo cuando me dijo que usted no iba a fingir. Y ahora resulta que si está fingiendo. Tiene razón Granger, no es cruel y desagradable… Es una hipócrita.- Le gritó con odio.

-Prefiero ser una hipócrita, que dejar que me haga daño.- Confesó. Aunque estaba demasiado enfada para darse cuenta de que su reacción estaba siendo equivocada.- ¿En qué momento decidió aceptar algo como esto? Si no era para hacerme daño.

-En el momento en que decidió preguntármelo.- Gruñó.- No era por hacerle daño, era por la compañía.- Confesó. Pero ya se estaba cansando de tanta sinceridad, no le estaba sirviendo de nada.

-Como si no hubiera tenido que insistir.- Le recordó.- Yo no busco lástima.- Hermione indignada, encogió los paquetes y se los dio en una pequeña bolsa.- Adiós.

-¿Cómo?

-Adiós Snape.- Se despidió mientras agitaba la mano, el pocionista se vio arrastrado fuera de la tienda.

-Bien Granger.- Escupió.- Siga llorando cuando vuelva a ver a alguno de sus ex casados.- Le gritó con rabia. Hermione abrió la puerta de la tienda y levantó la cabeza con orgullo.

-Puede que sí, que me siga lamentando por ello.- Confirmó con firmeza.- Pero no estaré sola acudiendo a fiestas por obligación, y fingiendo que estoy mejor sin nadie, mientras culpo de mis problemas a otros.- Siseó con desafío.- ¿Y sabe qué? Escudarse en lo mal que lo trata la prensa por su amor por Lily, es infantil. Yo no he superado a mis ex, pero usted tampoco.

Nada más decir eso, la puerta se cerró de nuevo y el interior de la tienda quedó totalmente a oscuras.

-¡No tiene ni idea de lo que dice!- Gritó. Pero no había nadie a quien gritárselo.

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-¿Todo colocado?- Preguntó Malfoy orgulloso.

Snape entró por la puerta como un vendaval.

-¿Y Granger?- Preguntó Lucius.

-¡Ni lo sé ni me importa!- Escupió con veneno.

-Si al final no se iba a quedar podía haber avisado.- Se lamentó.

-¿Qué has hecho padrino?- Preguntó Draco con una ceja alzada.

-No he hecho nada. ¿Por qué demonios crees que es culpa mía?- Dijo a la defensiva.

-Tú historial lo dice todo.- Espetó Lucius serio.

-¿Quizás puedas disculparte?- Sugirió Astoria.

-Hermione es una buena muchacha.- Dijo el Ministro.

-Un momento todos. ¿Granger se ha ido y creéis que es culpa mía?

-Si hubieras sido honesta con ella desde un principio…- Soltó Draco.

-¿Honesto?- Explotó colérico.

-Si padrino, tú vida personal es un desastre.- Se quejó.- No finjas que no te importa, no finjas que eres así, nunca tuviste vida social, pero desde la batalla. Estás completamente insoportable y a Granger no le importaba eso.

-No me obligues a hablar de desastres personales Draco o puede que tengamos un problema.- Lo amenazo.

-¿Draco?- Preguntó el padre. El joven se quedó callado, fulminando a su padrino como nunca lo había hecho.

-Fue un error, Michelle apareció en la fiesta y me besó.

-¿Te besó?- Astoria se levantó rápidamente de la silla.- ¿Y no me lo has dicho?

-Yo no hice nada, me aparté de ella.- Se defendió.- Iba a decírtelo pero…

-No confías en mí.- Se escudó Astoria casi al borde de las lágrimas.

-¡Si! Pero tenía miedo de convertir mi matrimonio en uno como el de mis padres.

-¡Esa lengua Draco!- Masculló Lucius con veneno.- Tú madre y yo hemos pasado por mucho, algunas cosas las sabes, otras te pondrían los pelos de punta… No te atrevas a juzgar lo que tu madre o yo hemos hecho.- Le amenazó.

Aquella cena rápidamente se había convertido en un campo de batalla.

-¡Kinsgley!- Gritó Aurora. Todos se giraron hacia el Ministro, se había llevado la mano al pecho colapsando contra el suelo.

-¡Qué alguien llame a San Mungo!

Lo que faltaba.

Snape alzó una ceja. ¿Y luego él tenía problemas?

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Los Medimagos se llevaron al Ministro en camilla.

-¿Quién va con él?- Preguntó uno de ellos.

-¿Aurora?- Dijo Narcisa. La mujer rápidamente asintió.

-Severus tú también deberías ir.- Sugirió Lucius. El pocionista alzó una ceja.

-Ni lo sueñes.- Bufó. Pero Lucius de dio un empujón en el momento en que los medimago desaparecían por la chimenea.

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-La fastidié.- Balbuceó el Ministro en la camilla. Snape estaba a su lado, gruñéndose y quejándose de tener que estar ahí.- He conocido a muchas mujeres en mi vida y siempre cambiaba de una a otra… Y ahora mírame.- Se lamentó. Severus puso los ojos en blanco. No estaba para escuchar dramas amorosos, ni problemas personales. No le importaban.- ¡Tenía que haber luchado por lo que me interesaba!

-Le ha dado un infarto leve.- Gruñó Snape.- No sé muere, no hace falta que cree un obituario.- Siseó irritado y molesto.

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Hermione se sentó en el sofá de su casa y abrió uno de los libros que tenía sobre la mesita de café. Suspiró incómoda por muchas cosas, y resignada agachó la cabeza para leer un poco. Ante sus ojos vio uno de los trozos de periódico que usaba como marca libros, la nota de prensa era del 2 de Mayo, donde de fondo y de casualidad habían salido Severus y ella. Ambos se miraban, no recordaba lo que habían hablado en aquel momento, pero se dio cuenta por primera vez como brillaban los ojos de Snape.

Por fin, todos sus conflictos y sus bloqueos se deshicieron, como si hubieran tirado un hielo a una enorme fogata. Se lamentó profundamente de su estupidez y sus reticencias.

Se acercó a la chimenea y tiró unos polvos flú.

-Ginny.- La llamó.- Necesito a alguien.- Pidió abatida.

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Cogió aire con fuerza, su valentía Gryffindor tenía que servir para algo. No había llegado hasta ahí para nada. Sólo tenía que levantar la mano y llamar a su despacho.

Ya había reconocido lo tonta que había sido. Podría enmendarlo rápidamente.

¿O no?

El había sido sincero. Con lo que le había supuesto para él exponerse así y había sido sincero. Y ella lo había tirado todo abajo. Era imposible que le hiciera caso, era imposible que obviara eso.

Oyó como la marabunta de estudiantes salía del aula de pociones. Snape había dado una clase. Lo vio salir apresurado… Sólo tenía que llamarlo…

Llamar su atención levantando la mano. Cualquier cosa.

Pero no hizo nada, se sentía una persona horrible por no atreverse a hablar con él. Vio como salía en dirección contraria sin ni siquiera volver la vista atrás y con la túnica hondeando con fuerza tras de sí, se perdió por uno de los corredores de las mazmorras mientras ella…

Seguía allí paralizada.

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Severus se cruzó de brazos y esperó de nuevo. La lista de espera en Gringotts era interminable y mas en época Navideña. Bufó y los fulminó a todos. Malditos duendes.

-¿No has vuelta a hablar con ella?- Preguntó Draco a su lado.

-¿Con quién?- Gruñó.

-Granger… ¿No has vuelto a hablar con ella?- Repitió. Severus entrecerró los ojos y resopló.

-La vi en mi despacho el otro día.- Espetó.

-¿Y no le dijiste nada?

-Si vino a mi despacho es porque ella era la que tenía algo que decir.- Bufó irritado.- No yo.

-Quizás quería disculparse.

-Ya… pero no lo hizo.- Lo cortó molesto.

-Deberías ir pensando en quitarte esa máscara.- Recomendó su ahijado.

-No gracias.- Masculló entre dientes.- Me gustan mis máscaras.

Con molestia se acercaron a una de las mesas, a su lado, con rapidez, Severus y Draco se cruzaron con Hermione y Ginny. La bruja pasó a su lado mirándolo con intensidad, trató de sonreír, pero parecía cohibida.

Las brujas continuaron caminando.

-Hermione.- Susurró Ginny varios metros adelante.- Es el destino, ve a hablar con él.

-No es el destino.- Se quejó la bruja.- Snape pasa mucho tiempo en Gringotts. Es probabilidad.

-Hermione.- La llamó de nuevo.- La vida te está dando otra oportunidad. No la desperdicies.- Aconsejó su amiga casi a las afueras del banco.- Vamos.- Le sonrió.

-Pero…

-Vamos…

Hermione cogió aire y se metió dentro de nuevo.

-¿Severus?- Preguntó en el Hall. El banco estaba casi lleno, había magos y brujas, semigigantes, y diferentes tipos de criaturas caminando por el banco.- ¿Severus?- Gritó más alto. Pero había demasiado ajetreo para que lo pudiese oír. En un arrebato de inconsciencia, Hermione escaló a una de las mesas de los duendes, que la miraban como si se hubiera vuelto loca.- ¡Severus!

-Señorita… Señorita bájese de ahí.- Pidió alarmado el funcionario.

-¡Severus!- Gritó a pleno pulmón.

El banco se quedó en silencio, todos giraron sus cabezas hacia la joven loca que se había subido a una de las mesas.

Snape, con una ceja alzada y Draco a su lado, se giraron para observar como Granger había perdido la razón. En cuanto Hermione sintió sus ojos negros sobre ella, la bruja sonrió con timidez.

Hermione no había planeado su estrategia, se había subido a la mesa y ahora no sabía qué hacer.

-Hola.- Saludó con una pequeña sonrisa de vergüenza.- Yo…- Hermione balbuceó con indecisión.- La fastidié.- Dijo por fin con rapidez. Sentía los cientos de ojos mirarla con curiosidad, molestia y algunos hasta con diversión. Snape simplemente la miraba sin más.

Eso no era malo, al menos no había odio en sus ojos, eso ya era bastante viniendo de él. Tampoco se había ido, eso era otro punto a favor.

-Reconozco que me lo he pasado mejor contigo este año que con todos mis patéticos ex novios juntos.- Indicó encogiéndose de hombros.- Tenías razón, en todo lo que dijiste sobre mí.- Y la jo…- Hermione se cortó.- Lo estropeé…- Se corrigió.- Porque tenía miedo.- Confesó.- Dejarte marcha fue seguramente un gran error.- Se sinceró.- Te echo de menos…- Susurró mientras sonreía dándolo todo por perdido.

Snape bufó con seriedad, mientras seguía con aquella máscara de frialdad en su rostro.

-No he podido volver a hacer aquellas galletas que tanto te gustaban porque me recuerdan a ti.- Comentó en voz baja.- Y no paro de recibir peticiones de los clientes para que vuelvan.- Susurró con un poco mas de esperanza.

-¿Es por él?- Preguntó de repente un hombre en una esquina.- Diga que sí a lo que sea que tenga que decirle esa señorita, queremos sus galletas de vuelta.- Se quejó.

El banco se llenó de cabezas asintiendo mientras prestaban atención a la situación.

-Ahora sólo me como un trozo de tarta.- Confesó otra vez la bruja.- Y soy incapaz de pasar otra festividad sin tener tus constantes gruñidos de molestia a mi lado. Pensé…- Cogió aire de nuevo.- Pensé que sólo quería algo para las fiestas, pero…- Hermione sonrió, ya no tenía nada que perder.- Sólo te quiero a ti.- Soltó al fin mientras se encogía de hombros.- No solo los días festivos, también los días de semana, y los laborales también sería perfecto.- Pidió. Después resopló nerviosa y aliviada a la vez. Ya no podía hacer nada más.

Snape seguía allí, sin decir nada. Bufando de vez en cuando.

-No es necesario, pero podrías decir algo.- Pidió.

Snape levantó la ceja con escepticismo, para luego soltar una sonrisa de medio lado. Hermione sonrió al reconocer aquel gesto.

-No Granger.- Masculló. Después se dio media vuelta y salió del banco.

La bruja se quedó allí encima creyendo que el mundo se le venía encima.

-¡No te está diciendo que no!- Gritó Draco de repente. Su padrino tenía un sentido del humor nefasto.- Corre.- Ordenó.

Hermione tras unos segundos de duda bajó de un salto de la mesa y salió corriendo del banco. Fuera, el callejón Diagon estaba lleno de gente haciendo sus compras de última hora de Navidad.

La bruja dejó caer los hombres rendida. Giró por unos de los callejones medio desérticos, pero no había nadie.

-Mierda.- Se quejó.

-Esa lengua Granger.- Le espetaron en el oído. Hermione se giró para ver a Snape a su lado, con cara de frialdad y sus ojos negros penetrantes. Estaba esperando un reproche, un insulto. Pero sólo la miró con su interminable ceja alzada.

Entonces Hermione lo supo.

Sonrió aliviada y se lanzó a sus brazos con fuerza. Antes de que el pocionista pudiera arrepentirse, la bruja lo besó.

-Lo del banco ha sido completamente innecesario Granger.- Se quejó mientras la besaba.

Hermione sonrió de felicidad, innecesario; si… ¿Pero había funcionado?

Seguro…

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.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-Fin.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Espero que os guste, no tengo más que añadir.

Salvo recordaros las advertencias del principio y recodaros que esto está adaptado de una comedia romántica.

Saludos de Cloe

PSD: No es lo que te prometí, eso sigue pendiente. Pero esta también va para ti Valeska.