X . x . X
.•. SERENITY .•.
X . x . X
• Capítulo •
• IV •
X . x . X
:•: Atrevimiento :•:
X . x . X
.
.
El ritmo de la música le contagiaba. Han sido innumerables ocasiones las que su cuerpo reacciona involuntariamente a tales vibraciones. Y le fascinaba. Amaba ser admirada por quienes pasaban frente a ella y no se atrevían a llevarla a la pista. Cortésmente llevo la copa de su mano a sus labios por múltiples ocasiones. Sus labios al tocar la bebida partían para darle paso a tan burbujeante sensación. Y con ese ultimo acto, había terminado su segunda bebida.
Al dejar la copa sobre la barra, inmediatamente otra nueva se postro al costado de la vacía. El acto fue acompañado de un brazo que ella siguió hasta llevarla a encontrarse con un rostro inesperado. Aquel gesto malinterpretado pudo ser esperado. "¿De nuevo tú?" Bufó despreocupada.
Él sonrió deslizando la copa vacía fuera del alcance de la dama para así reemplazarla con la que él ofrecía. "Por favor."
Ella soltó una ligera carcajada. Fue tan suave que pudo haberse confundido con un dulce susurrar. "No lo puedo creer. Espero que no pienses que soy lo suficientemente ingenua para tomarla."
Él pretendió pena por el comentario. "Oh." Y así también lo expreso mediante los vagos segundos que ella lo vio de nuevo. Su gesto había sido bien practicado minutos atrás. "Lo lamento…mi distinguida dama. No he querido ofenderle con tan antipático acto de justificación." De inmediato supo que algo de todo aquello había funcionado cuando ella de nuevo lo miro. Al encontrar esa una oportunidad perfecta, él de inmediato utilizo aquella arma que hasta ahora nunca ha fallado en su vida perfecta. Y es que aquella sonrisa que ha mantenido a más de una a sus pies se sintió victoriosa una vez más al ver a la dama frente a él sonreír vagamente también.
Pero el acto de la dama fue acompañado de un gesto cualquiera. "Me incomodas." La preciosa sonrisa del príncipe encantador se vino abajo cuando aquello se expreso. "No miento cuando digo que tu presencia me desagrada."
De haber sido en otro momento y en cualquier otra circunstancia, el joven millonario Kou Seiya habría optado por otra solución. Pero no la existía. No existía ni otro momento, ni otra circunstancia porque él nunca había sido rechazado por ninguna mujer. No existía otra solución porque no la sabía. Estúpidamente no sabía como actuar ante esta inesperada situación. Pero a su mente llego el registro de todas las apuestas que ha hecho con su amigo y de lo casi perfecto que ese registro es. Y esta mujer no iba arruinar ese casi perfecto historial.
"Permítame remediar mi falta. No me gustaría que cuando mañana lleguemos al primer puerto, usted baje con la misma impresión que tiene de mi."
"No tengo ninguna porque simplemente no pierdo el tiempo pensando en empleados." Comenzó a mover la mano de un lado a otro. "Puedes retirarte."
Él frunció el ceño mientras intentaba no decir cualquier idiotez. "No estoy en horas de trabajo." Ella miro hacia otro lado, pretendiendo ignorarlo. "Mi horario termino horas atrás."
"Con mayor razón, desconozco por que los empleados pueden mezclarse con los pasajeros de esta manera." Exhalo girando hacia él nuevamente. Notó como él mantenía sosteniendo la copa que había ofrecido minutos atrás. "¿Realmente pretendes que yo la acepte?"
"No." Respondió sorprendiéndola. "Solo pretendía poder hacerle un poco de compañía." Admirada, la dama frente a él lo vio llevar la misma bebida a sus labios. Aquello si pudo cautivar su atención. Ella en todo momento imagino que la bebida estaba siendo ofrecida para ella. "Con permiso." Dio media vuelta.
"Me sorprendes." Expreso haciéndolo así detenerse. "¿Acaso piensas que con ese acto capturaras mi atención?"
Él giro sonriendo. "¿Y es que no lo he hecho ya?" De volver a verla, recorrió su alrededor con una simple mirada. "Solo sentí un poco de pena, eso fue todo." Y aunque estaba seguro de no haber tenido eso en mente, su indestructible orgullo comenzaba a tomar posesión de él. "Me sorprendió ver a una mujer joven por mas de una hora sentada en el mismo lugar. Imagine por un momento que la compañía podría favorecerle."
"¿Oh? ¿Y es que ha sido tanto su interés que ha tomado en cuenta el tiempo de mi soledad?" Él encogió los hombros, acompañado con un gesto desinteresado. "Y de permitirle, a usted, un empleado…" Tuvo que resaltar. "…poder sentarse a mi costado, ¿Qué podría ser mas interesante que mi soledad?"
Él sonrió por segunda vez, pero en esta ocasión la razón fue su mejor amigo a lo lejos, quien le recordó el numero cinco con la mano derecha. Y es que su amigo había comenzado a contar los días para poder ganar. "Estoy seguro que mi pobre vida no tendría interés alguno para una dama como usted." Ella asintió estando de acuerdo con lo dicho. "Por tal razón, lo único que puedo ofrecerle…" Le ofreció la mano. "…es diversión."
A eso ella tuvo que sonreír. La mirada de aquel hombre había cambiado y por primera vez pudo ver seriedad en él. Ese tipo de seriedad que ella conoce; cuando alguien, ella, se propone conseguir algo. Y de momento le agrado tal determinación. Él continuaba con la mano extendida frente a ella, esperando. "Esta bien." Tomo su mano. "Te hare el honor." Se puso de pie con su ayuda.
Él rio por la soberbia de la mujer. De camino a la pista se pregunto vagamente la razón de esa soledad. Y era extraño porque a pesar de ser hermosa, ya que no podía negar que la mujer realmente lo era, no podía encontrar interés alguno en ella.
En cuanto llegaron a la pista, él tomo su mano izquierda mientras deslizaba su otro brazo alrededor de su cintura. A él enseguida le llego su fragancia. Y esa mezcla de jazmín y rosas lo obligo a recordar a otra mujer que años atrás había sostenido de la misma manera. La única mujer que él ha amado desde que tenía quince años y a la cual conoció en la que por años considero una cárcel. Misma mujer que su mejor amigo no para de catalogar como interesada. Él sabía que no lo era. Quería estar seguro que no era así. Ella nunca fue interesada y fue aquella sencillez lo que lo enamoro. Pero a esa misma mujer no podía volver a sostener de tal manera, porque ese privilegio lo poseía ahora su único hermano.
Sin saber en que momento se dejo hipnotizar, Seiya comenzó a abrir los ojos. Al hacerlo, encontró su rostro oculto en el cuello de aquella mujer. Y de nuevo sintió un ligero golpe sobre su pecho. Al retroceder supo que ella en todo momento intentaba alejarlo con la misma mano que actualmente sostenía.
La soltó completamente. Agradeciendo mentalmente por la reducción de luz, reverencio retrocediendo. "Lo…lo siento…yo…realmente…lo…lo siento." Dio media vuelta dejando aquella mujer impactada en el centro de la pista.
.
.
X . x . X
.
.
"Vaya que listo soy." Yaten llego elogiándose. "¿Cómo no imaginarme que estarías aquí?" Se acerco hasta llegar a la borda, recargándose sobre el mismo barandal. "Vi todo, ¿Qué fue lo que paso allá adentro? Cuando te vi dejando a esa preciosa mujer en el centro de la pista no lo pensé dos veces para ir hacia ella, pero decidí abstenerme para saber primero que fue lo que paso. Ibas tan bien y mira que yo te lo digo."
Su amigo rio. "¿Y desde cuando he pedido critica por mi trabajo?" Volvió a reír, pero en esta ocasión Yaten pudo ver lo cristalino de sus ojos.
"¿De nuevo ella?" Seiya negó inútilmente. Y fue inútil porque Yaten conocía a su mejor amigo por muchos años y sabia mejor que nadie que el despreocupado-millonario Kou Seiya, después de la muerte de sus padres, ha llorado únicamente por una mujer.
"Me lo pregunto y no encuentro respuesta. ¡No encuentro respuesta!" Golpeo fuertemente el barandal dejando que lo vasto del mar se llevara las lagrimas que le continuaron. "¡Yo la amaba!" Yaten movió la cabeza no entendiendo la razón de tal quebrantamiento. Imaginó que su amigo había ya superado esa etapa de su vida. Pero por lo que ahora presenciaba, Yaten entendió que aquella herida había profundizado más de lo que su amigo había descrito. "Ella era…era…"
Furioso, Yaten lo tomo por la camiseta y comenzó a sacudirlo con fuerza. "¿¡Que diablos te sucede!? ¡Mírate! Este no es el Seiya que por años ha tenido a cualquier mujer que desee. Ella no fue más que un error en tu vida. ¿¡Me escuchas, Kou Seiya!? ¡Un error! ¡Una interesada!" Al haber escuchado lo ultimo, Seiya enfureció a tal punto de levantar el puño y golpear a su mejor amigo. Pero antes de que su puño hiciera contacto con el rostro de su amigo, Yaten ya lo había echo retroceder con el suyo propio. "Si tú no le importaste cuando decidió aceptar a tu hermano, ¿Por que demonios tiene ella que importarte para tomar cualquier decisión? ¡No seas estúpido, Seiya!" Aun furioso, Yaten decidió irse de ahí antes de terminar de explotar toda su ira.
Con la mano bajo la mandíbula, más que sorprendido, Seiya se puso de pie mientras intentaba asimilar lo que había sucedido. De inmediato se pregunto como pudo llegar a tal punto. Encontró respuesta inmediata cuando recordó aquella fragancia. Aquella mujer compartía la misma fragancia. No estaba seguro de si su sanidad le ayudaría a poder continuar con la que en ese instante considero una estúpida apuesta.
.
.
X . x . X
.
.
Ella hubiese querido ignorarlo, pero la insistencia con que la llamaban a su habitación la llevo a prender su lámpara de noche. De camino a la puerta se repetía que si no se trataba de algo importante golpearía a quien haya tenido el descaro de despertarla. Abrió. "Hola." Y encontró el rostro menos esperado.
"¿Tú?" Pregunto con molestia. Estaba apunto de comenzar a insultarlo por dos razones; haberla dejado de pie en aquella pista haciéndola pasar tal vergüenza y por haber interrumpido el que comenzaba a ser un maravilloso sueño.
"Lamento lo sucedido." Pero antes de que ella pudiese decir algo, él comenzó. "Nunca fue mi intención desaparecer de esa manera." Y es que por más que se ha repetido lo prepotente que es esa mujer, en realidad a él mismo no le pareció de caballeros haberla dejado en la pista de esa manera. Ella se cruzo de brazos, dispuesta a expresarle la poca importancia que le daba a su disculpa. "Y para poder remediar ese error permítame invitarla a una clase especial de tenis."
"¿Tenis? ¿Tú?"
Él asintió. "Le aseguro que es mas divertido de lo que suena."
"¿Y que te hace pensar que iré? ¿Acaso crees que tú, un empleado, dispones de mi tiempo?"
Seiya sonrió cansado. "No lo creo, solo pretendía mantener mi palabra cuando dije que lo único que puedo ofrecerle es diversión. Yo podría ser su instructor."
Al escuchar eso, ella tuvo que reír. "¿Tú instructor de tenis?"
A la ironía él le acompaño con otra sonrisa fingida. "Los pobres no disfrutamos los goces de los ricos, solo los hacemos." Ella dejo su burla al escuchar eso. "Si le resulta interesante, puede llegar a las ocho. Yo estaré ahí." Sonrió por tercera vez. Él tenía que contar las sonrisas que le daba a esa mujer, porque sabía que ella no merecía más de una. "Buenas noches." Con un movimiento de cabeza, dio media vuelta dejando aquella antipática mujer detrás.
Él va a ganar. Aun así le cueste continuar sonriéndole a una mujer que no se lo merece, él va a ganar. Y va a ganar porque es él; Kou Seiya.
.
.
X . x . X
.
.
Día 3
Con una pierna sobre la otra, Seiya cómodamente levanto el brazo para observar su lujoso reloj de mano el cual marcaba ocho y cinco. Levemente le dio ligeros golpecitos con su otra mano solo para asegurarse que el lujoso aparatito estuviese funcionando correctamente o al menos para matar el tiempo. No podía, ni quería, imaginar que el estuviese siendo rechazado en una cita. ¡Un momento! Seiya se levanto aterrado observando de un lado a otro. "¿Esto es una cita?" Tiritó.
Todo pensamiento fue puesto de lado cuando vio aquella mujer del otro lado de la cancha. Al llegar al centro, Serena se cruzo de brazos. "¿Y bien? ¿Tengo que esperar a que termines de hablar solo?"
Él sonrió igualmente cruzándose de brazos. "No, solo me preguntaba el por qué de la existencia de la impuntualidad."
Ella comenzó a lanzar al aire la pequeña pelota de su mano. "No deberías de quejarte tanto, al contrario, deberías de estar feliz porque te hice el favor de estar aquí. De otra manera te hubiese dejado esperando. Podrás agradecer en cualquier otro momento, por ahora…" Le miro retándolo. "…que comience el juego." Y así ella fue la primera en comenzar el deporte.
.
.
X . x . X
.
.
Por primera vez en su estadía en Serenity, Seiya pudo ver en aquella mujer una sonrisa…¿Sincera? Y es que nunca se imagino que algo que a él le apasiona tanto, ella también lo disfrute. Tal sorpresa fue concluida porque ella no parece ser el tipo de mujer que se interese por una obra de arte detrás de algún marco. "…Pero ya no lo practico." Aquella sonrisa desvaneció al instante. Al haberse dado cuenta que estaba compartiendo algo íntimo con un completo extraño, y más aun con un empleado, peor aun él, Serena retrocedió su silla para enseguida ponerse de pie. "Creo que…gracias por un buen juego y por…" Señalo la copa delante de ella. "…un buen jugo."
Sin querer esperar por algún tipo de respuesta, la joven mujer salió de la cafetería para querer llegar rápido a su habitación y poder tomar una ducha antes de que el trasatlántico llegase a su primer puerto. Quien la conociera bien se daría cuenta que aquel gesto cualquiera era una sonrisa. Pero nadie de los que pasaban junto a ella se daría cuenta que ella en realidad recordaba que hacia años que no practicaba aquel deporte por el cual llego a ganar numerosos reconocimientos.
Pero así mismo tampoco imagino que aquel simple empleado resultara siendo un problema para ganar. Realmente llego a sorprenderla.
Sin darse cuenta se encontró frente a su habitación. Al entrar se dirigió sin pausas al baño, pero antes de abrir la puerta una muy conocida melodía le impidió cualquier otro acto. Se dirigió hacia su mesita de noche y tomo el aparatito. Inhalo hondo antes de responder. "Hola."
"¿Hola? Eso no me gusto. Imaginaba algo más dulce. ¿Puedo saber como se encuentra la mujer más hermosa de este universo?" Serena se tiro sobre la cama soltando una risita. "No sabes cuanto te extraño y todo lo que daría por estar contigo en este instante."
"Lo se."
"¿Tú también?"
"Uh-hum."
"Llame hace poco y no hubo respuesta. Esperaba ser el primero en darte los buenos días."
"Lo estas haciendo. Eres el primero." Exhalo. "¿Cómo te va en Austria?"
"Ahora estoy en el hotel. Mañana partiremos a Rumania. Me encantaría que me dijeras que has hecho tú en estos días."
"No puedo hacer mucho porque sabes que sin ti no puedo divertirme. He estado en mi habitación la mayor parte del tiempo. Anoche dormí temprano pensando en ti y hoy desperté tarde soñando contigo."
Del otro lado del aparato se pudo escuchar una ligera risa. "Me hace feliz saberlo."
"Lo se." Se sentó de golpe sobre la cama al extrañamente sentirse incomoda. En cuanto lo hizo, Serena pudo encontrar en la puerta la razón de aquella sensación. "¿Esta bien si te llamo en unos minutos? Me gustaría ducharme." Su mirada en todo momento se mantuvo fija en aquel intruso.
"Esta bien, pero no demores porque muero por continuar escuchando tu voz. Te adoro." Espero respuesta, pero respuesta no hubo. "Serena… ¿Serena, estas ahí? ¡Serena!"
Serena reacciono. "Si. Yo también te adoro." Finalmente dejo el aparato sobre la cama, poniéndose de pie furiosa. "¿Puedo saber que haces en mi habitación?"
"La puerta se encontraba de par en par, imagine que invitabas a alguien a pasar. Solo quise ser amable y traerte esto." Le mostro su cachucha. "Nunca fue mi intención escuchar tan dulce conversación. Aunque debo admitir que nunca imagine a alguien como tú diciendo tantas mentiras. No se si lo olvidaste, pero anoche no fuiste a dormir temprano y esta mañana madrugaste." Se acerco hacia ella entregándole lo que había llevado. "Mira." Le apunto el rostro. "Te esta creciendo la nariz."
Ella manoteo alejando aquella mano de su rostro. "No es algo que tenga que importarle a un empleado. Vete de mi habitación antes de que te mande a sacar."
"Ya, esta bien." Levanto las manos dándose por vencido. "Admito que fue mi error escuchar una conversación ajena. Realmente no fue mi intención. Mi única intensión para venir fue para invitarte a la exposición que se llevara a cabo en Tailandia. Quizás imagine que la invitación te parecería interesante, eso fue todo."
"A ver, espera un segundo. ¿Por qué de un momento a otro intentas ser tan, pero tan, amable conmigo? ¿Es que realmente me crees tan estúpida? ¿Crees que me dejo llevar tan fácilmente? Me parece que te equivocaste porque yo no soy una mujer como a las que seguramente estas acostumbrado."
"¿Y como son las mujeres a las que estoy acostumbrado?"
"Posiblemente cualquier tontita que caiga ante una sonrisa bien lograda. O quizás te consideras el rompecorazones de tu pequeño mundo, pero que te quede algo muy claro; yo nunca…nunca…" Enfatizo. "…me atrevería a salir con alguien como tú."
"¿Ah, no? ¿Y al menos puedo saber el por qué?"
A la pregunta, ella simplemente tuvo que reír. "¿Es que no lo has entendido aun?" Movió la cabeza aun siendo cínica. "Yo jamás me atrevería a salir con un…" Lo miro con desprecio. "…con un empleado."
Las manos de Seiya se tensaron hasta convertirse en dos puños mientras al mismo tiempo intentaba forjarse una sonrisa. "¿Un empleado?" El también rio con cinismo. "¿Y es que no te has dado cuenta tú que yo no soy cualquier empleado?"
"¿Ah, no?"
"No." Le acompaño el movimiento de su cabeza.
"¿Qué te puede diferenciar a ti de los demás?"
"La simple razón de que yo soy el due –" Calló antes de echarlo todo a perder. "Nada…nada me diferencia de los demás. Solo que jamás encontraras un empleado como yo, tan aventurero, varonil, deportista, inteligente pero sobre todo…extremadamente apuesto."
Ella rio, simplemente tuvo que hacerlo. "Y se te olvido mencionar con un ego extremo."
"Quizás, pero si te atreves a rechazarme ahora…" Se acerco a ella. "…jamás sabrás lo que se siente besarme. Y cuanto lleguemos al final de este viaje, te habrás arrepentido de no haber experimentado la que hubiese podido ser la mejor experiencia de toda tu vida." Retrocedió. "Yo no busco enamorarme, solo busco poder atreverme tal y como estoy seguro que tu piensas." Dio media vuelta. "Pero esta bien, posiblemente la persona con quien hablabas tan dulcemente puede ofrecerte una mejor aventura." Se detuvo. "Solo espero que sea un hombre."
"¿¡Que!? ¡Por supuesto que es un hombre! Un hombre que me ofrece mucho mas de lo que tu podrías imaginarte con tu mísero sueldo."
"¿Y quien dijo que yo quería ofrecerte algo mas? Yo no soy hombre de compromisos y te aseguro que menos con una mujer como tú."
"¿Estas dando a entender que yo solo soy vista como una aventura?"
"No. Solamente estoy diciendo a viva voz todo lo que leo en tus ojos. Quieres libertad, diversión, aventura y sobre todo…cuanto deseas besarme. ¿Miento? Si miento pediré una disculpa y saldré de aquí y de Serenity esta misma tarde. Pero si no miento…" De nuevo regreso a ella. "…quizá podríamos compartir grandes diversiones."
Ella de nuevo se enfoco en sus labios, como estaba segura había echo la noche anterior y esta misma mañana. Quizás era así, quizás no, pero enseguida recordó a todos los hombres que ha conocido a espaldas de quien le llama con tanta adoración todos los días. Pero nunca ninguno de ellos ha sido de tan bajo nivel. Y este hombre era…era... "Ya se lo que habrá si digo que no, ¿Pero y si digo que si?"
Él sonrió victorioso. ¡Oh como se sentía victorioso! Su orgullo se enaltecía una vez más. Deslizo sutilmente su mano detrás del cuello de aquella mujer. "Ese será un reto." La llevo hacia él y por primera vez probo de esos labios, pero cuando intento retroceder algún tipo de droga se lo impidió. Y es que ella realmente era lo mas dulce que jamás había probado. Ella era un deleite.
o
¡Hola!
Esta bien, ya no me disculpare más. Solo espero que esto les siga gustando.
¡Se les quiere montones!
.•. Serenity Kou .•.
