Capítulo 3

Negociando una admisión

El probable profesor vestía una túnica azul marino con patrón de estrellas plateadas, algo que Dumbledore aprobaría con seguridad, ¿las gafas redondas serían un remanente de una pasada moda que Harry impuso? Junto a él, caminaba una niña con una vestimenta sobria, claramente muggle, lo que hacía una curiosa postal. —Ella es la solicitud—susurra la directora antes de, con un gesto, permitir la apertura de la reja y extender la mano al adulto joven de tal vez veintitantos años—un placer conocerlo en persona, señor Hiragizawa.

—El gusto es mío—con la sonrisa y el brillo en los ojos, Harry encuentra cada vez más similitudes con Dumbledore, afortunadamente sus barreras mentales eran más fuertes que en sus años escolares.

Dos acompañantes más se encuentran por detrás, adolescentes, 17 tal vez 18 años, una chica también con túnicas y el joven con ropa muggle que susurra al oído de la niña mientras las presentaciones surgen.

—Usted debe ser la señorita Kinomoto—indica sutilmente la profesora McGonagall a la niña.

—Hola—la niña que se ve claramente tímida realiza una inclinación—así es—interrumpe el candidato al trabajo—también nos acompañan mis asistentes Yukito Tsukishiro y Nakuru Akizuki, espero no sean una molestia. Yukito está teniendo la amabilidad de traducir a la pequeña Sakura, porque su inglés aún está en aprendizaje—comenta mientras extiende la mano a Harry para estrecharla, ¿Qué edad tiene? ¿veinticuatro? —¿Usted es? —el no tener que presentarse es una de las pocas ventajas de la fama—él es el señor Potter que ha tenido la cordialidad de apañarnos este día.

—Eriol Hiragizawa, encantado.

—Igualmente—Nakuru lo mira con reconocimiento, pero no hace ademán de aproximarse, lo que Harry agradece. Con el escuadrón en las inmediaciones no necesita una escena de fans.

—Por aquí, por favor— la directora dirige la procesión hacia su oficina, Harry se coloca al final de esta para poder observar a detalle a los visitantes. Primero, los apellidos claramente de todos no son ingleses, los rasgos de la niña y el joven indican origen asiático, por las palabras sueltas que logra captar de la pequeña charla que se ha despegado entre los adolescentes con la señorita Kinomoto, podría suponer Japón o Corea. Sobre la señorita Kinomoto, la única que carga con un bolso, está impresionada con la edificación y se sobresalta al ver las pinturas moverse, eso junto con la vestimenta indica que probablemente sea criada en un entorno muggle. Cuando llegan a la estatua de fénix, la fascinación desplaza al sobresalto—mecanismo físico, pero energía mágica ¿no es así? — hablan sin duda en un lenguaje de oriente, el señor Hiragizawa le confirma a Sakura Kinomoto en inglés—cada vez más perspicaz—ella frunce el ceño, el cambio de idioma aun es una molestia.

Al entrar a la oficina de dirección, Harry instintivamente saluda las dos pinturas que se encuentran en la parte trasera del escritorio, la profesora McGonagall ocupa su puesto antes de transformar un par de libros en dos sillas extra, dos de los visitantes no eran esperados, Harry se ubica a su derecha para poder ver de frente a los visitantes, una silla ya lo esperaba a él.

—Bien, señorita Kinomoto ¿por qué le gustaría estudiar en Hogwarts? —así que esa es la peculiar solicitud, una plaza de estudiante. Eso deja dos opciones, la chica no tiene ninguna conexión con Gran Bretaña o no tiene suficiente magia. El joven Yukito se aproxima a su oído a traducir, esto llevara tiempo.

—Ella sabe que es una gran oportunidad estudiar en una escuela tan importante como Hogwarts y yo, como su apoderado, estaría agradecido del apoyo para su formación—Hiragizawa toma la palabra—además, si las cosas hubieran sido más estables hace 12 años, su nacimiento hubiera tenido lugar en esta gran nación y su admisión seguramente habría sido automática.

—Bueno, pero claramente la situación no fue así—interfiere la profesora McGonagall—en todo caso me gustaría escucharlo de ella misma, lo que destaca otra preocupación. Si la señorita Kinomoto aún está luchando por comprender el idioma, no creo que pueda aprovechar la educación, después de todo las clases se imparten en inglés— la niña parece por momentos querer llorar, hay que admitir que la directora nunca ha sido sutil.

—Señor Hiragizawa, en verdad estaría encantada de ofrecerle a usted el puesto de maestro de historia de la magia, su renombre lo precede en el área, pero su solicitud sobre la admisión de la señorita Kinomoto es irregular en el mejor de los sentidos—Hiragizawa sabe que lo está perdiendo, el joven traduce al oído de Kinomoto ella solo se encoge otro poco.

—Entiendo lo irregular de mi solicitud, sin embargo, debe intentar comprender que Sakura realmente necesita esto, la educación mágica en Japón como ya le comentaba en mi carta no es factible para ella, por eso mismo la tome bajo mi cuidado y mi incorporación a su personal estoy seguro de que mejorará el desempeño global de la escuela. Por otra parte, Sakura misma es un prodigio que con el impulso adecuado llegará a lo más alto.

—Todos queremos ver grandeza en nuestros niños, señor Hiragizawa, yo misma me sorprendo por lo rápido que aprenden y parecen comprender el mundo, pero debemos comprender en muchos casos que, en algunas áreas tendrán dificultades, la señorita Kinomoto podrá tener talentos, pero tal vez no los suficientes para la magia.

—Ella los tiene.

—Señorita Kinomoto podría realizar algo de magia para nosotros, tal vez un poco de chispas—la discusión tenía que ser zanjada, la niña se levantó del asiento con ligeros espasmos—yo no tengo una varita—se inclinó pidiendo disculpas. Nadie parecía dispuesto a ofrecer una así que Harry saco una de su bolsillo accesorio, era su varita de repuesto, no es como si estuviera muy aferrada a ella y, de todas maneras, casi con seguridad no funcionaría en sus manos. Algo de magia involuntaria estaría más de acuerdo con su edad.

La señorita Kinomoto tomo la varita ofrecida y agradeció el gesto con otra inclinación, su apoderado parecía enigmáticamente complacido y por primera vez en la discusión la joven Nakuru mostró interés por lo que sucedía en la habitación.

Varias cosas sucedieron, la varita en las manos de la niña empezó a vibrar generando una luz cálida que luego fue eclipsada por otra surgiendo desde el suelo. Algo salió volando del bolso que, momentos antes sostenía aprensivamente la niña. La adolescente Nakuru se interpuso delante del, cada vez menos probable profesor, como si intentara protegerlo con su cuerpo, mientras unas alas blancas envolvieron el cuerpo del joven traductor.

Entonces todos estaban de pie, la varita ya no estaba en las manos de Sakura, sino tirada en el suelo a un par de metros y lo que parecía un ángel de largos cabellos blancos se encontraba parado junto a la niña colocando un ala a manera de escudo, por delante de ella. El joven de cabellera gris no se encontraba en la habitación. Las varitas de McGonagall y Harry estaban en ristre.

—Mi señora ¿se encuentra bien? sentí su llamado—la voz fría y autoritaria del ángel se dirigió a la señorita Kinomoto—ella tuvo un pequeño atisbo de miedo que rápidamente suprimió antes de colocar su mano en el hombro del ángel—todo bien, Yue, disculpa.

—Realmente Yue que inoportuna interrupción—habló la chica aun por delante de Hiragizawa. Yue se desplazó flotando con una mirada amenazante hacia la chica—aun cubriendo con un ala a su proclamada señora—¿está segura, mi señora?

—Bastante hermano, lo tenía todo controlado ¿sabes? —la cosa resultó un pequeño osito de peluche que flotaba ahora frente a la cara del ángel.

—No lo parecía, sobre todo para la cantidad de inquietud que sentí del ama, antes de que desplegara el sello.

Bueno, yo… fue por error, lo siento, Yue. Estaba un poco nerviosa, me pidieron hacer un poco de magia, pero creo que exagere—Sakura ahora parecía bastante azorada.

Mis disculpas, mi señora—el ángel se arrodilló frente a la señorita Kinomoto, en lo que parecía una disculpa.

—¿Qué está pasando aquí? —McGonagall interrumpió el diálogo que había virado al japones, aun apuntando con la varita. Hiragizawa pasó por delante de Nakuru con las manos en alto ilustrando que se encontraba desarmado, Harry aprovecho el momento para tomar la varita descartada—supongo que se nos ha salido el conejo del sombrero—comentó con una sonrisita—Sakura si pudieras hacer el favor, Voz será de gran ayuda. Sakura ahora realizará un poco de magia, nada peligroso, solo algo para que todos podamos entendernos sin barreras lingüísticas—McGonagall asintió y Harry bajó la varita. Los hechizos lingüísticos son realmente complejos pero inofensivos—ahora Sakura invocará su propio catalizador mágico—unos pases aquí y allá, y la señorita Kinomoto sostenía un báculo con una estrella en la punta—ahora realizará la convocación del hechizo—explicó con voz calmada. Harry ya había tenido la experiencia de ver magia oriental en una ocasión con folios, por lo que no fue una completa extrañeza cuando la jovencita tomo una especie de carta que el peluche había aproximado del bolso. Lo sorprendente fue el pequeño ser fantasmal que salió de la carta después de ser aproximada a la estrella del báculo para rodear la habitación antes de desvanecerse.

—Mis más sinceras disculpas por el alboroto que causé junto con mis guardianes—ella completamente sonrojada pidió disculpas, el ángel que, ahora había pasado a colocarse protectoramente detrás de ella mientras ejecutaba el complicado hechizo, se inclinó junto con ella y el peluche que ahora descansaba en su hombro proclamó—bueno Sakurita pudo salir peor. De verdad Yue no podías confiar que estaría segura—Yue solo gruño por lo bajo.

—Señorita Kinomoto puede explicarse, por favor—comento Harry, mientras guardaba su varita, ahora necesitaba respuestas.

—Tengo magia, más de la que me gustaría y ese es el verdadero problema, necesito aprender a controlarla y también necesito un lugar seguro —su mirada, cuantas veces el reflejo de Harry no le había devuelto esa misma mirada: determinación, pero miedo al mismo tiempo. La señorita Kinomoto era sin duda más peculiar a cada momento.

—Así que, Sakura es la heredera de una magia única, tan sorprendente que ha trascendido la mortalidad de su creador. El poder de Sakura es tan grande que alimenta a dos seres que fungen como sus guardianes y mantiene estable la magia de más de 50 conjuros de la complejidad del aplicado en este momento. Puedo afirmar que realmente es excepcional y bastante talentosa si me lo pregunta, directora.

—Señorita Kinomoto, si es tan talentosa ¿por qué requiere más educación mágica? —Harry podía afirmar con el encantamiento que había visto que Sakura dominaba la magia como un adulto completamente formado.

—Todavía cometo errores—contestó tímidamente—además está la situación de que aun soy demasiado joven para mantenerme a salvo junto a los que mi importan—confesó sin devolver la mirada en esta ocasión, fijando la vista en el báculo que sostenía—Yue y Kero ayudan mucho, pero los magos podrían no ser amables con ellos—Yue no parecía necesitar de protección, por la letal presencia que imponía detrás de la señorita Kinomoto.

—Esto realmente lo cambia todo—admitió McGonagall—entonces, señor Hiragizawa, más que una plaza estudiantil a cambio de sus servicios, lo que está solicitando es asilo para su pupilo ¿no es así?

—Además el asunto de que le encantaría ser profesor—habló Nakuru, que ya había retomado su asiento y miraba sus uñas sin demasiado interés por el resto de los presentes.

—Debo admitir que por complicaciones personales y otros intereses, había declinado las ofertas de su parte y de sus predecesores para convenirme en profesor de Hogwarts, pero viendo el delicado dilema en el que me encuentro, debo admitir que lo considere una carta para negociar.

—Sakura, ¿cierto? —Sakura asintió al señor Potter—¿tu presencia considera un riesgo para esta escuela o sus estudiantes?

—Podría ser—admitió aun con la mirada perdida, pero la fuerza volvió y fijó la mirada en Harry—pero también puedo proteger, pondré todo mi esfuerzo para no ser un riesgo y si fuera necesario cuidaré de todos—la directora y Harry coincidieron en una mirada. McGonagall rodeó su escritorio y extendió un sobre ante la joven—señorita Kinomoto será un placer ofrecerle un lugar para que se incorpore como alumno en este nuevo ciclo escolar.

—Entonces ¿me quedo?

—Por supuesto, Hogwarts siempre estará ahí para quien lo necesite, ¿no es así, profesora? —con eso ella sonrió ampliamente y tomó el sobre.

—Así es señor Potter. Pasando al otro asunto, señor Hiragizawa, me reuniré con usted la próxima semana para discutir su incorporación a la plantilla de profesores. Debo aclararle que, como miembro del personal, su honestidad para conmigo no solo será deseada sino francamente una condición contractual; de ser así lo veré el próximo lunes. Por el momento le sugiero ir de compras— McGonagall volvió a sentarse detrás de su escritorio.

—Bien Sakura creo que deberías...

—Sí claro—primero la carta volvió a materializarse en su mano, después el báculo desapareció y ella se abrochó algo al cuello mientras se giraba al ángel que había ocupado su puesto como guardaespaldas—Yue disculpa las molestias, ¿podrías, por favor? —ahí estaba de nuevo la natural actitud de una niña de 11 años—por supuesto, mi señora—las alas lo cubrieron, el suelo volvió a mostrar un intricado patrón y en un pestañeo el joven Yukito estaba donde antes el intimidante ángel había estado—¿qué ha pasado?

—Nada realmente serio. Deberíamos despedirnos—Eriol sonrió de forma afable.

—Buena tarde y espero puedan concedernos la cortesía de no divulgar lo que han visto aquí hoy, todo en nombre de la seguridad de Sakura, por supuesto—el peluche dio una mala imitación de la cara de rudo del ángel, cuando tuvieron el asentimiento de los ingleses, el peluche solo volvió al bolso de donde surgió. Una inclinación de despedida y algunas despedidas sueltas después, terminó una de las más extrañas juntas que había tenido la directora—verificaré que encuentren la salida— Harry comentó como una ocurrencia tardía—sí, por supuesto. Muchas gracias, señor Potter, por tu asistencia.

—Cuando lo necesite, Minerva—el salvador del mundo mágico salió detrás de los visitantes.

—Así que, el señor tenebroso lo único que tenía que hacer era ir a oriente—habló la voz rasposa de su último antecesor—verás, mi buen amigo, no es el egocentrismo la mayor debilidad de todos los que son demasiado poderosos— replicó, el retrato más grande detrás de la directora—que fuera la tuya, viejo, no significa que lo fuera de todos—replicó de forma mordaz el primer retrato—entonces solo podemos decir que a Tom no le gustaba la comida asiática, después de todo las casualidades no existen—esos dos siempre tenían las discusiones más irreverentes.

Ya en los pasillos de la que ahora oficialmente sería su residencia la mayor parte del año, Sakura pudo respirar más tranquila, se suponía que mentiría descaradamente sobre los motivos por los que era importante su admisión a la escuela. Una escuela o un banco en Europa son los lugares más seguros para ti ahora mismo, había confirmado Eriol cuando su exilio del continente asiático fue inminente. Pero al final no pudo mentirle al señor de ojos verdes, la sensación de estarse viendo a sí misma inicialmente fue desconcertante para después volverse una fuente de tranquilidad, un augurio de que todo saldría bien. Si era honesta consigo misma y con los demás, solo esperaba que Eriol no se molestara por ello, esta mañana les había recalcado a todos lo importante que era mantener en el anonimato el asunto de las cartas y guardianes.

—Entonces ¿de qué me perdí? —insistió Yukito.

— Sakura estuvo muy nerviosa ahí dentro y usó la varita como si fuera una llave concentrando la magia en el objeto y su sello se formó—Nakuru comenzó a explicar.

—Le colocaste más magia de la necesaria por eso tuve que intervenir, Sakurita, lo siento— murmuró desde el bolso abierto la bestia del sello.

—Entonces el amargado de Yue decidió dar un paseo—concluyó Nakuru.

—Tenemos que conseguirte una varita propia. Ahí estabas consiguiendo más que un poco de luz—agregó Eriol sin un atisbo de molestia.

—Sobre lo demás...—empezó a comentar Sakura.

—Conseguimos lo que queríamos: tu admisión. La directora algún día lo tendría que saber y sobre el señor Potter… de momento tendremos que confiar—el señor Potter tal vez era parte de su éxito, sin él, Sakura suponía que el miedo no la habría dejado, la directora era intimidante. Pero la mirada del mago fue alentadora a pesar de sus expresiones faciales serias, algo en su ser fue reconfortante; como un alma afín. Por un momento sus vidas se sintieron como la misma.

N/A: gracias a mi editora Sagitta y mi lector beta Abril.

Ha solicitud de Sofihikaricha esta el la breve historia de Eriol Hiragizawa. Nacido en Inglaterra en 1972, actualmente tiene 37 años y es la mitad de la rencarnación del famoso Clow Reed, por ello tiene todas sus memorias. Fue a Hogwarts pero debido a los planes de su vida pasada dejo la escuela en su segundo año y paro su crecimiento para parecer un niño de forma indefinida. Aprovechando su conocimiento de una vida pasada se hizo de un nombre publicando ese conocimiento como estudios históricos. Concluidos los compromisos de su vida pasada, revirtió hechizo sobre si mismo y regreso a Inglaterra con planes de incorporarse a la sociedad mágica cuando su apariencia se aproximara mas con su edad. Sin embargo sus planes fueron interrumpidos por la activación de la carta negativa de Clow. Eriol entonces se vio comprometido a cuidar de Sakura la nueva dueña de las cartas Clow.