HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
ANDREW KIRKE
Brujo. Estudiante de Hogwarts en la década de los 90. Golpeador del equipo de Gryffindor
Del fango a la gloria y vuelta a empezar
1
Fango
—¡Andy! ¿Te has enterado?
Andrew Kirke estaba escribiendo una redacción para Historia de la Magia. A esas alturas, debía ser el único alumno de su curso que aún se tomaba en serio las lecciones de Binns, pero su asignatura le interesaba. De hecho, por lo que escuchaba aquí y allá, no había más de tres o cuatro alumnos que perdían el tiempo de aquella manera (Granger, él mismo y algún Ravenclaw despistado)
Le hubiera gustado continuar a lo suyo, pero Jack había venido corriendo y estaba parado frente a él, jadeante y con una sonrisa inmensa en la cara.
—¿De qué?
—Umbridge ha expulsado a los hermanos Weasley del equipo de quiddicht. ¡De por vida!
Andrew asintió, reflexionó un instante sobre ello y volvió a la tarea.
—No me extraña nada.
Tan sólo le quedaban un par de párrafos para terminarla. Mojó con cuidado la pluma con tinta y se dispuso a escribir una nueva palabra. Desgraciadamente, Jack le cogió la mano y por su culpa se le hizo un borrón.
—¡Sloper! Joder, tío. Mira.
Su compañero no se inmutó ante su mirada amenazante y fastidiada. En vez de eso, chasqueó la lengua.
—¿A quién le importa?
—¡A mí!
A Andrew le gustaba que sus deberes fueran bonitos. No le bastaba con que tuvieran buen fondo. Siempre se preocupaba por escribir en línea recta, sin faltas ortográficas y sin manchas ni tachones. Y Jack Sloper le había fastidiado un pergamino entero. Y era demasiado tarde para empezar de nuevo. Odiaba a Jack. Mucho.
—Pero, Andy. ¿Es que no te das cuenta?
—¿De qué?
—¿Tú has oído lo que te he dicho? ¡Han echado a los Weasley!
—Después de la que montaron y conociendo a Umbridge, no sé por qué te sorprende tanto.
—No me sorprende. Me alegra.
Esa vez sí, Andrew dejó la pluma y le miró con interés. Jack no era de los que se deleitaban con el mal ajeno, así que debía estar así de contento por otra razón.
—¿En serio? ¿Por qué?
—Porque es nuestra oportunidad, ¿no lo ves?
—¿Nuestra oportunidad? ¿De qué?
—¡Pues de entrar en el equipo de quidditch, idiota!
¡Oh, eso! Andrew parpadeó un par de veces, mirando a Jack y comprendiendo perfectamente su actitud. A los dos les gustaba muchísimo el quidditch. De niños, ambos habían fantaseado con dedicarse profesionalmente a ese deporte. Por desgracia, ni el uno ni el otro había demostrado el más mínimo talento para hacerlo.
—Pero si somos malísimos.
—No tanto, hombre. Al menos nos podemos mantener encima de la escoba sin matarnos.
—Nunca estaremos a la altura de los Weasley.
—Y ni falta que hace.
Tenía razón, por Merlín. Seguramente todos en Gryffindor lamentarían la pérdida de los gemelos Weasley, pero tampoco era una tragedia. ¡Qué demonios! Era una oportunidad. Todos tenían el mismo derecho a jugar en el equipo de quidditch si querían y ellos no iban a ser menos.
—¿Van a hacer alguna prueba?
Jack pareció entusiasmado por su pregunta. Llevaba muchísimo tiempo sin sonreír de esa manera.
—Supongo.
—Entonces, tendremos que presentarnos.
—¡Sí! ¡Eso es!
Jack dio un salto y realizó un par de pasos del baile de la victoria. Andy lo interrumpió con un gesto.
—¿No es un poco pronto para eso?
—¡Qué va!
—No es seguro que vayan a cogernos.
—Desde luego, no con esa actitud —Jack le cogió del brazo y tiró de él—. Venga, tío. ¡Anímate!
Andrew consideraba que Sloper era un buen amigo, pero odiaba cuando se ponía así. Ese entusiasmo casi infantil a veces era ridículo. Y lo peor era que pretendía hacerle partícipe de ello.
—Tengo que terminar los deberes.
—Tengo que terminar los deberes —Jack le imitó poniendo una voz muy aguda.
—No seas idiota.
—No seas idiota.
—Vete al cuerno.
—Sólo porque te presentas conmigo a las pruebas de quidditch —Jack empezó a alejarse de él y le tiró un beso—. Voy a enterarme de cuando son. ¡Adiós!
Andrew agitó la cabeza. Asió con firmeza su pluma, la introdujo en el tintero y, ahora sí, siguió escribiendo. Era una lástima que los deberes estuvieran manchados, pero qué se le iba a hacer. Todavía tenía un montón de trabajo por delante y no podía perder el tiempo rectificándolos. Aunque si no cenaba y se iba a la cama un poco más tarde, podría organizarse y las tareas quedarían tan bonitas como le gustaban.
2
Gloria
—¡Nos han cogido! ¡Nos han cogido!
Jack no dejaba de saltar y agitar los brazos. Estaba contentísimo. A Andrew también le alegraba haber cumplido con su objetivo, pero su victoria le sabía amarga en la boca. Y se lo hizo saber a su amigo.
—Creo que Johnson nos ha elegido por descarte.
Jack se detuvo y le miró de forma muy fea. Realmente no quería estropearle la fiesta, pero no podía dejar que viviera ajeno a la realidad. Y la realidad era que Angelina Johnson, la capitana del equipo de quidditch, no estaba contenta con sus actuaciones en el campo.
—Pero, ¿qué dices?
—Digo que, dentro de lo malo, ha descartado lo peor.
Jack entornó los ojos y pareció muy enfadado. Andrew se preguntó si realmente era consciente de lo mal que lo habían hecho.
—Eres un puto aguafiestas.
—¿Y qué quieres que te diga? ¡Somos los mejores golpeadores de la historia de Hogwarts! ¡Hurra!
Andrew supo que Sloper se estaba planteando la posibilidad de arrojarlo desde la Torre de Astronomía, pero como sería muy cansado llevarlo hasta allí sólo para tirarlo, se conformó con darle un empujón.
—Imbécil.
—No sé por qué te enfadas. Sabes que estoy diciendo la verdad. Cuando juguemos nuestro primer partido, vamos a hacer el ridículo.
—¿En serio? —Jack puso los brazos en jarra—. ¿Y qué sugieres? ¿Quieres echarte atrás?
—Pues no lo sé. Puede.
Jack bufó. Se puso a andar tan deprisa que a Andy le costó seguirle.
—Haz lo que te salga de los huevos.
—Jack.
—Déjame.
—Venga, Jack. Sabes que tengo razón.
Su amigo se detuvo y se giró para mirarlo. Suspiró profundamente y se encogió de hombros.
—Vale, Andrew. Tienes razón. Somos pésimos. ¿Y qué?
Jack le había llamado Andrew, así que debía estar realmente enfadado con él.
—No quiero que todos se rían de mí.
—Pues renuncia.
—Tampoco quiero que se rían de ti.
—No se van a reír de mí.
—Porque tú lo digas.
Jack suspiró de nuevo y logró calmarse un poco. Le puso las manos sobre los hombros y le habló con absoluta sinceridad.
—Mira, Andy. Siempre estás preocupándote por todo. Lo único que digo es que, si tenemos que hacer el ridículo, lo haremos independientemente de que esta tarde me amargues el día. Así que hazme un favor y háztelo a ti mismo y disfruta del momento. Te vendrá bien.
Dicho eso, Jack prosiguió con su camino. Andy no le siguió en esa ocasión. Se quedó un rato parado en mitad del pasillo, pensando en lo que le había dicho. Posiblemente tuviera razón. A lo mejor, nunca jamás en su vida fuera a alcanzar un éxito como aquel, así que iba a disfrutarlo mientras pudiera.
Y lo haría con Jack. Si es que antes no le daba un puñetazo en la cara, por supuesto.
3
Y vuelta a empezar
Andrew no había abierto la boca desde que regresaran del campo de quidditch. Se había sentado junto a la chimenea de la sala común y miraba fijamente el fuego. Estaba triste y enfadado y no quería que nadie le molestase.
A lo mejor Jack se sentó a su lado justo por ese motivo.
—Bueno, amigo. Se acabó lo que se daba.
Andrew no reaccionó. Al principio, había puesto muchas pegas para formar parte del equipo de quidditch, pero después le había gustado. Incluso después de sus pésimas actuaciones, se sentía bien volar sobre la escoba mientras toda la escuela te animaba (bueno, casi toda). Y ahora todo se había ido al garete. Por lo visto, había gente que no creía en las segundas oportunidades.
—Venga, Andy. Anímate. No es para tanto.
Andrew pensaba que Jack no estaba lo suficientemente indignado con el asunto. Le miró con el ceño fruncido.
—Te recuerdo que eras tú quién quería hacer eso.
—Y fue bonito mientras duró.
Jack parecía contento de verdad. Andrew no entendía nada.
—¿Y ya?
Jack asintió, sonriente como un idiota.
—¿Me estás diciendo que no estás ni un poco enfadado?
Jack negó con la cabeza.
—Si ni siquiera nos han dejado hacer las pruebas.
—Porque saben perfectamente que somos malísimos.
Andrew se enfurruñó y volvió a mirar el fuego.
—No somos tan malos.
—Casi me rompo la nariz con mi propio bate, Andy. Somos malísimos.
Andrew tuvo que sonreír. Sí. Dentro de lo trágico, aquello tuvo su gracia.
—Y tú te caíste de la escoba y no te rompiste el cuello de milagro.
Andrew amplió su sonrisa.
—Sí que éramos malos.
—¡Claro, joder!
Tampoco le extrañaba que no les hubieran dado otra oportunidad. Nadie se convertía en un genio del quidditch en un verano.
—¿Y ahora qué?
Sonó bastante lastimero. Jack le dio una palmada en el hombro.
—Ahora nada, tío. Sólo tenemos que seguir como siempre. Tú haciendo esas tareas tan ordenadas y yo disfrutando de la vida por los dos.
Tenía razón. No merecía la pena seguir dándole vueltas al asunto. El quidditch ni siquiera le gustaba tanto.
—Yo también disfruto de la vida, Jack.
Le miró con incredulidad.
—¡Claro, Andy! Nadie disfruta de la vida como tú. Sigue así, chaval.
Otra palmada en el hombro. Jack se puso de pie y comenzó a armar bulla por ahí. Andrew se quedó junto al fuego un poco más, hasta que se sintió reconfortado. Pensó en todos los deberes que tenía por delante y decidió que se pondría manos a la obra esa misma tarde. No tenía tiempo que perder.
Y hasta aquí el segundo capítulo. Espero que os haya gustado.
Besetes.
