HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0

Por Cris Snape


Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.


AUGUSTUS PYE

Brujo. Sanador en prácticas en el Hospital San Mungo.

Doctor en Medicina

1

Sanador

—Nadie me entiende, Tom. ¡Nadie!

Augustus se sorbió los mocos. Tom le dio unas palmaditas en la espalda para consolarle.

—Ya pasó, ya pasó.

A Tom le ponía muy nervioso que el pobre hombre no dejara de llorar. Estaba espantándole a la clientela. Por desgracia, Pye estaba demasiado borracho como para calmarse.

—No fue culpa mía. Esa herida tenía algo raro y a mí sólo me pareció que sería buena idea ponerle los puntos muggles. Funcionan bien, ¿sabes? —Augustus miró a Tom con ojos enloquecidos—. Si las heridas no están malditas, funcionan bien. Pero no. La herida tenía una maldición y los puntos se disolvieron. ¡Y no es mi culpa!

—Claro que no. Cálmate.

—Es que nadie lo entiende. Y la medicina muggle no es una tontería. Si no, ya me dirás cómo se curan.

Tom se encogió de hombros. El Caldero Chorreante era el punto de unión entre el mundo muggle y el mágico. En más de una ocasión había visto una ambulancia y sabía que los muggles solían usar largas agujas para sanar a la gente, pero su conocimiento del tema no iba más allá.

—Pueden arreglar las enfermedades de los ojos. ¿Lo sabías? —Tom negó con la cabeza, incrédulo—. ¡Y a ti podrían quitarte la joroba! O eso creo.

A Tom podría haberle mosqueado la parte de la joroba, pero Pye seguía estando borracho. Si se peleara con todos los brujos que decían sandeces mientras bebían, a lo mejor a esas alturas no estaría vivo.

—Me han dicho que no más medicina muggle en San Mungo. ¿Puedes creerlo? ¿Y por qué? ¡Sólo me ha salido mal una vez!

Augustus no mencionó que fue la única ocasión en la que lo había intentado. Tom le palmeó el hombro otra vez y observó cómo el brujo se servía otra copa de whisky de fuego. Con disimulo, escondió la botella. Sabía bien cuándo un borracho había bebido demasiado.

—No valoran la medicina muggle. ¡Mentecatos!

Tom suspiró. Llevaba media hora escuchando la misma perorata y ya estaba harto. Y puesto que intentar consolar no funcionaba, decidió probar con otra cosa.

—Si tanto te interesa, ¿por qué no te centras en ello? Independientemente de lo que digan en San Mungo.

Augusto Pye entornó los ojos y le miró. Aquello era muy interesante. Aunque esa expresión también podría significar que no se enteraba de nada. Tom insistió.

—Supongo que los muggles se preparan para ser sanadores.

—Médicos. Son médicos —Pye parecía un poco más sobrio—. Van a la universidad.

—Lo que sea —Tom agitó una mano con desdén—. A lo mejor, tú también podrías ir a la universidad. Aprender todo lo que tengas que aprender y ser uno de esos médicos.

Augustus se quedó inmóvil durante largo rato. Al menos ya no lloraba, pero a Tom le pareció que se le caía un poco la baba. Se sobresaltó cuando el otro se levantó de la silla, sonriendo como si fuese el hombre más feliz sobre la faz de la Tierra.

—¡Eso es! ¡Me voy ahora mismo a la Universidad! Seré médico y te quitaré la joroba. ¡Gracias, Tom!

Y dicho eso, Augustus Pye salió del Caldero Chorreante. Tom se preguntó si lo volvería a ver algún día. No era un mal cliente, aunque se pusiera pesado cuando bebía demasiado.


2

Médico

Augustus Pye llevaba años sin ir al Caldero Chorreante. En realidad, llevaba años sin pisar el mundo mágico. Desde que decidiera estudiar Medicina, se había alejado radicalmente de todo aquello. Por supuesto, supo que hubo una guerra que a él le pilló en Estados Unidos, y suponía que las cosas habían cambiado mucho desde entonces, pero de todas formas le sorprendió no encontrar a Tom el tabernero detrás de la barra. En su lugar, había una chica de pelo rubio y cara roja.

—Buenos días —Augustus la saludó con una sonrisa.

—Buenos días, señor. ¿Le sirvo algo?

—En realidad, estaba buscando a una persona —El hombre miró a su alrededor—. Tom. El dueño.

—¡Oh! —La chica también le sonrió—. Él ya no trabaja aquí. Se retiró hace años. Ahora, el Caldero Chorreante es mío.

El local había cambiado bastante desde la última vez. Para empezar, ahora estaba limpio y lucía más moderno y acogedor. Y olía bastante bien.

—Se retiró después de la guerra. Era muy mayor.

—Ya.

—Se fue a vivir a Liverpool. Creo que su familia era de allí.

Augustus asintió. Estaba un poco decepcionado. La verdad era que había ido hasta allí movido por un impulso bastante tonto. Semanas atrás, abrió su nueva consulta cerca de la zona y se había acordado de que sí, aparte de doctor en Medicina, también era un brujo. Ya no usaba la varita casi nunca, pero había pasado mucho tiempo en el Caldero Chorreante y Tom siempre le había escuchado. Posiblemente porque lo consideraba parte de su trabajo y no por sincero interés. En cualquier caso, si el doctor Pye era el doctor Pye se debía, en gran parte, a Tom el Tabernero.

—¿Hay alguna manera de ponerse en contacto con él?

La chica se encogió de hombros. A Augustus le pareció que lo consideraba un poco bobo. En el mundo mágico le había pasado mucho.

—Supongo que puede enviarle una lechuza.

Claro. Uno de esos bichos infernales. Ni hablar.

—Por supuesto.

Se dispuso a marcharse. La nueva dueña del local le observaba con interés. Augustus dio unos pasos atrás y se encaminó hacia la puerta. Antes de salir, dio media vuelta.

—¿Sabe si se encuentra bien?

—La última vez que le vi, se quejaba bastante de la espalda. Por lo demás, está como siempre.

—Me alegro. Hasta luego.

—Adiós.

Augustus salió de la taberna. Hubiera estado bien poder conversar un rato con Tom, aunque por otro lado, lo más probable era que el hombre ni siquiera se acordara de él. Decidió que esa parte de su pasado volvería a quedar atrás y caminó tranquilamente hacia su consulta. Estaba convencido de que sería un éxito.


Augustus fue el sanador que atendió a Arthur Weasley cuando Nagini le mordió. Y así creo que fue su futuro.

Besetes.