HISTORIAS DE HOGWARTS 2.0
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
ADRIAN PUCEY
Brujo. Cazador del equipo de quidditch de Slytherin.
Juego limpio
—¡Maldito Potter!
Marcus pateó la bancada de madera y le dio un puñetazo a la pared.
—Te vas a romper los dedos.
—¡Vete al cuerno, Pucey!
Adrian se encogió de hombros. Cuando su compañero se ponía así, no había manera de hacerle entrar en razón. A él tampoco le gustaba perder, pero la derrota había sido justa y estaba harto de escuchar las quejas de Flint.
—Ni siquiera atrapó la snitch. ¡Casi se la traga!
—Hooch dijo que fue una acción justa.
—¡A la mierda con Hooch!
Marcus se acercó a él. Tenía los dientes enormes y una expresión muy fea en el rostro. A lo mejor un niño de primero se hubiera sentido intimidado, pero Adrian sabía muy bien cómo tratarlo. Ni se inmutó cuando le habló muy cerca de la cara.
—¿Tú de parte de quién estás?
Adrian Pucey se dio cuenta de que el resto de miembros del equipo de quidditch los estaban mirando. Miles había dado un paso adelante como si estuviera preparado para intervenir. Graham tenía el ceño fruncido. Los golpeadores hacían crujir sus nudillos. Terence era el único que rumiaba su derrota sin prestarles atención.
—De Gryffindor, claro. ¿No ves mi uniforme?
Marcus retrocedió un par de pasos. No se esperaba esa respuesta y la confusión le hizo parecer un poco menos hostil.
—¡Potter ha hecho trampa!
—Y tú has hecho trampa antes —Adrian se levantó—. ¿O me vas a decir que ese bloqueo fue legal?
Marcus sabía perfectamente a qué jugada se refería. Lejos de sentirse avergonzado, sonrió.
—A veces hay que jugar un poco fuerte. No somos niñitos, Pucey —Alzó la vista, buscando la complicidad de los demás—. Bueno, Potter sí lo es. Y a lo mejor tú también.
Adrian se cruzó de brazos. Su idea de cómo era el quidditch era muy distinta de la de Marcus. Eso había quedado patente en otras ocasiones. Esa vez, tampoco le importó responder.
—Yo sé cómo proteger la quaffle sin necesidad de dar golpes. Y también se me da bastante bien esquivar la bludger. ¿Tú cómo llevas eso, Flint?
Marcus respiró hondo un par de veces. Se puso rojo de la ira. No le gustaba recordar sus cagadas y Adrian disfrutaba mencionándoselas. Cuando se abalanzó sobre él, Miles ya estaba preparado para sujetarlo antes de que le pusiera una mano encima.
—¡Eres hombre muerto, Pucey!
—¡Venga, tío! No te lo tomes así. Sólo te estoy diciendo la verdad.
Marcus gritó. Los golpeadores parecieron dispuestos a ponerse de su parte. Terence siguió a lo suyo y Graham colocó una mano en el pecho de Pucey y lo apartó.
—Cállate, Adrian.
—¿Por qué? Estoy harto de ese idiota.
Otro grito de Marcus. Miles no podría contenerlo durante mucho tiempo y gritó.
—¡Qué te calles, Pucey!
—Yo no tengo que callarme. Es ese salvaje el que tiene que calmarse.
—¡Adrian!
Marcus se escapó. Adrian retrocedió hasta chocar contra la pared. Su compañero lo agarró del cuello de la túnica y alzó un puño para pegarle. Adrian cerró los ojos, pensando en que tal vez se había buscado el golpe. Un golpe que nunca llegó. Al abrir los ojos, vio a Terence sujetando a Marcus. Estaba más serio que nunca.
—Parad ya. Somos un equipo.
Marcus seguía rojo como un tomate. Poco a poco su respiración se calmó y soltó a Adrian con un empujón. A lo mejor hubiera sido mejor quedarse callado, pero no pudo contenerse.
—Sólo digo que podemos ganar sin hacer trampas.
Terence le miró con los ojos entornados, asegurándose de que Marcus no volvía al ataque.
—Tú no sabes parar, ¿eh?
—Es verdad. El año pasado dimos una paliza a Gryffindor. Jugamos de puta madre y sin trampas. Podemos hacerlo otra vez.
Marcus volvió a mirarlo. Seguía furioso.
—Tú eres tonto, chaval.
Bufó de nuevo y se fue del vestuario dando un portazo. Ni siquiera se había cambiado de ropa. Los golpeadores chasquearon la lengua al mismo tiempo y siguieron a lo suyo. Terence se sentó y comenzó a pasarse las manos por la cara. Graham, que por norma general peleaba mucho con Marcus, le miró como si también pensara que era estúpido. Miles fue el único que se le acercó, sonriente y relajado.
—Adrian, vas a conseguir que Marcus te eche del equipo.
—No lo hará —Adrian también sonrió—. Soy demasiado bueno. Y tengo razón.
Miles se encogió de hombros y Adrian decidió que había llegado la hora de compartir algo con él. Había recibido la noticia una semana antes y no se lo había dicho a nadie. Y tal vez Miles no hubiera sido su primera elección, pero le pareció que venía muy a cuento decírselo ahora.
—Los Tornados quieren hacerme una prueba.
Miles le miró como si no dieran crédito.
—El hijo de uno de los directivos juega en Ravenclaw y vino a ver el último partido del año pasado.
Habían jugado muy bien. Todo se había basado en puro talento. Fue un espectáculo bonito y limpio y Adrian lo había disfrutado muchísimo.
—Le gusté tanto que hasta llamó a mi padre. Pero él no quiere que me presente a la prueba aún.
—¿Por qué no? Si es fantástico.
Adrian se encogió de hombros y tomó asiento de nuevo.
—Dice que tengo que terminar en Hogwarts que, aunque me cojan para el equipo y pueda jugar en la liga profesional, eso sólo serán unos años y que necesito prepararme para lo que vendrá después.
Miles asintió, sentándose también.
—Tiene su parte de razón.
—Por eso me da igual lo que diga Flint. Es un idiota y un tramposo. Yo solo quiero jugar bien, prepararme para la prueba. Si tengo suerte y me cogen todo esto no tendrá sentido.
La rivalidad entre casas, el campeonato estudiantil, el mal perder del capitán Flint. Todo le traía sin cuidado.
—Ya, Adrian. Te entiendo —Miles le pasó un brazo por los hombros—. Pero haz el favor de no pelearte con él. Se pone insoportable y lo tenemos que aguantar entre todos. Y te recuerdo que, entre partido y partido, hay mucho tiempo.
Adrian tuvo que reírse. Realmente el mal perder de Flint no se producía únicamente después de los partidos. Podía durarle semanas. Lo más seguro es que estuviera de morros con él hasta Navidad. Como mínimo.
—Vale. Intentaré contenerme.
—Mejor para todos.
Miles le dio una palmadita y fue a cambiarse él también. Adrian se quedó sentado unos minutos, pensando en lo maravilloso que podría ser su futuro si conseguía jugar con los Tornados. Todos los sueños de su infancia se cumplirían y sería muy feliz. Debía pelear por ello a como diera lugar.
A mí Pucey me gusta. No sale mucho en los libros, pero parecía un tipo legal. Y así me ha quedado.
Besetes y hasta pronto.
